¿Hasta cuándo esperamos por otros?

A pesar de  que el escepticismo general inducido que embarga a una buena mayoría de los venezolanos es uno de los obstáculos a vencer, no dejaremos de insistir que para TODOS, tanto para los del régimen como los de la oposición, y por supuesto para los que se prefieren ni-ni, unas elecciones verdaderas son la única vía racional para una salida política a la insostenible situación que nos agobia.

Dicha salida debería ser producto de la negociación entre representantes de las partes, cosa que hoy se ve improbable no por innecesaria, sino por el temor que sienten los identificados públicamente como dirigentes a quedar expuestos al fuego artero de sus adversarios internos, temor totalmente justificado ante la falta de unidad de propósitos en sus filas respectivas.

Frente a la inacción en la que hemos caído, alterada solamente de forma justificada y valiente por las manifestaciones que se dan todos los días a lo largo y ancho del país, inspiradas en la necesidad de los trabajadores de todo tipo de contar con salarios dignos, sin olvidar los por mucho más importantes reclamos por salud, alimentos y servicio públicos que surgen espontáneamente ante la agudización de carencias fundamentales para la vida.

La satisfacción de los reclamos no radica en alcanzar pequeñas efímeras victorias económicas sectoriales olvidando que la aplicación de políticas erradas, la pérdida de la institucionalidad y la corrupción, causantes de todos los males, no van a permitir soluciones estables a menos que las erradiquemos mediante un nuevo acuerdo social que aprobemos todos.

Si se demostrase la incapacidad de la dirigencia para ejercer la esencia de la política, como pareciese evidente y que no es otra que la búsqueda de solucione consensuadas, la gente, haciendo uso de su irrenunciable derecho a exigir tendrá que, más pronto que tarde, solicitar la convocatoria de unos comicios generales que permita renovar todos los entes públicos, dándole así una oportunidad a que los deseos de las mayorías se expresen proporcionalmente sin que se obvien los de los que eventualmente no estén incluidos en ellas.

Consultar directamente a la gente, mediante mecanismos claros y bajo su control directo, pudiese como viene proponiéndose hace ya tiempo, demostrar que el deseo de cambio es mayoritario y que es posible solicitar la convocatoria a un proceso que conduzca a un gobierno de transición que comience a coordinar un esfuerzo colectivo que nos aproxime a un país distinto y mejor para todos.

Valga la oportunidad para recordar que la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente Originaria cuyas bases comiciales sean aprobadas por la gente es una alternativa absolutamente constitucional, que la misma ha venido siendo propuesta desde hace años y que sistemáticamente ha sido ignorada por los partidos de la oposición, mientras que el régimen, en su afán de buscar una legitimidad inalcanzable, distorsionó el concepto promoviendo una figura que lejos de cumplir con el objeto de servir de lugar de encuentro se ha convertido en un elemento que profundiza la división al ser utilizado como legitimador fallido de procesos que carecen de legalidad y sobre todo de aceptación pública.

Desde Aragua y en unión de las voces que han surgido en otros estados acompañamos el llamado a hacer realidad la rebelión de las regiones para el logro de una Venezuela de TODOS, que solo será factible con un gobierno democrático, federal y verdaderamente descentralizado, sometido a supervisiones institucionales independientes, todo ello bajo una constante contraloría ciudadana, teniendo presente que las democracias más estables son aquellas que limitan efectiva y rigurosamente el ejercicio de los poderes de sus funcionarios.