De un compañero de camino

Con profunda indignación y tristeza copiamos a continuación el texto recibido de un consecuente colaborador de esta publicación, que refleja lo que la inmensa mayoría de los venezolanos estamos viviendo, mezcla de realidades amargas con sueños de que un futuro mejor es posible y merecido.

Vaya para Alfredo Maldonado Bustamante nuestro reconocimiento y la ratificación que no está solo y que al igual que él, siempre seguiremos pensando que la democracia con todos sus defectos es infinitamente superior a un régimen fascista.

Reporte Informativo

Martes, 18 de septiembre de 2018

reporteporthos@gmail.com

msalazar257@yahoo.com

Apreciados amigos: duele –al menos a mi- anunciarlo, pero éste será el último Reporte Informativo. Una de las razones es la falta de conexión a internet. Sigo sin el servicio en casa y aunque la gentileza de Analítica y de Emilio Figueredo es amable y grande, al mismo tiempo es mucha la problemática causada por tener que venir día tras día desde El Hatillo hasta Los Palos Grandes y viceversa, sin carro propio. Mi hijo, quien me hace el favor dependiendo también de sus propios compromisos laborales, debe desviarse cada día unos 20 kilómetros entre ida y vuelta, y eso no es justo para él.

Por otra parte está la nula remuneración económica. Es mucho y largo el trabajo, y para no recibir nada y encima complicarme la vida y complicársela a otros, mejor dedicarme a lo que sólo me cuesta algo de vida diaria, que de ésa he tenido bastante. Me quedaré tranquilo en casa escribiendo lo que por tantos años, por mal dimensionamiento y pereza, he retrasado. Quizás no vea publicados mis cuentos y novelas, pero al menos, salvo que muera hoy –no pareciera, pero en cosas de la vida y especialmente de la muerte, todo es posible-, quedarán escritas. Si después mi hijo quiere y puede editarlos, ya será otra cosa. Y de él.

Han sido ustedes muy amables al recibir estos reportes año tras año, aunque últimamente con extrema irregularidad, y les estoy agradecido. Espero lo hayan pasado bien cada mañana, y en las últimas semanas algunas tardes. Recuerdo con melancolía no tanto estos días en Analítica –a quienes reitero mi agradecimiento- como las tantas noches en El Hatillo, con los sonidos típicos de las noches tropicales montañosas, algún que otro apagón, aguaceritos a la llanera –rudos y cortos, así son por allá-, con óperas o DirecTV de fondo, revisión tranquila de la prensa a medida que las páginas web se iban armando, y todo eso en cholas y mono de casa. Y fumando, el único y ya casi impagable vicio que me queda. Dentro de poco creo que ni eso.

Vienen nuevos tiempos para Venezuela, y no serán nada fáciles, incluso peores. Pero al menos, pareciera, en tránsito a la democracia.