Dinero, salario y conflictividad social

Estos tres elementos definen la coyuntura económica, social y política de Venezuela. Los venezolanos enfrentamos una situación de indescriptibles calamidades derivadas de la relación que delimitan este triángulo semántico.

La lucha por aumentos salariales que libran diversos sectores gremiales, sindicales y sociales es una lucha que no podrá tener éxito en virtud de que sólo se puede hablar de salario si podemos correlacionar la cantidad de dinero recibido como compensación por el trabajo con un poder de compra efectivo, es decir, como lo planteo el propio Marx, si este estipendio es capaz de garantizar las condiciones sociales de subsistencia de quien lo recibe. Cosa que no existe en Venezuela, porque el proceso hiperinflacionario evapora antes de ser recibido el salario y los aumentos del ingreso nominal de los trabajadores. Y de manera simultánea ocurren un doble fenómeno el salario deja de existir en tanto no hay real y efectivo poder de compra porque no hay dinero, porque, eso es lo que hace la hiperinflación derrite el dinero. No puede haber salario si no hay dinero. Lo que desde luego hace de la economía un espacio altamente distorsionado o inexiste en términos de una sociedad moderna. Con lo que es difícil saber que se puede llamar economía en Venezuela cuando: la economía formal esta reducida a su mínima expresión como resultado de la abrumadora y obscena cantidad de controles que la desregulan, la economía monetaria es prácticamente inexistente cuando no existe una monedad nacional con real y verdadero poder de compra y se opera con una divisa clandestina, pero tampoco estamos en una economía de trueque porque no hay bienes que intercambiar.

Todo lo anterior es lo que viene determinando la conflictividad social. Una conflictividad social que no se sujeta sólo al problema salarial, sino que se expande a otras cuestiones fundamentales para sostener una vida digna, como lo es el transporte, el agua, la electricidad. Ahora bien, todos estos problemas tienen una matriz común la liquidación de la economía por el proceso hiperinflacionario que es el resultado que resumen el más grande y oscuro entramado de operaciones y manejos que desde el poder terminaron liquidando una economía petrolera como la de Venezuela.

El problema del salario es un problema más complejo, porque, como lo planteo valiente y claramente la Presidenta del Colegio de enfermeras de la Gran Caracas, no se puede solucionar el problema del salario sin solucionar el problema de las condiciones de trabajo, aquellas que garantizan que la labor realizada, como es el caso de estas trabajadoras de la salud, pueda salvar vidas. Argumentos económicos y éticos se extienden a otros gremios y sindicatos, como los Médicos, maestros, profesores universitarios. El salario sin condiciones de trabajo es fraudulento. Pero, además, desvaloriza el trabajo, roba las capacidades efectivas de realizar una función eficiente en el puesto ocupado. Destruye todo sentido del trabajo y destruye al trabajador en el sentido ético del trabajo y de su valoración social.

Es por ello que la lucha debe plantearse por el cambio de régimen, por recuperar las condiciones efectivas de operación de una sociedad y economía moderna regulada por el acervo de conocimientos acumulados por las Ciencias Económicas, Sociales y las Humanidades. Hay que volver a la República y la democracia. Es una ilusión, por decir lo menos, de parte de aquellos que lo predican, que se puede abatir la hiperinflación negociando con la banda en el poder. A éstos lo único que les interesa es conservar el poder sine die, si lograr su objetivo pasará por ahí, ellos mismos lo hubiesen planteado. El problema es entender que este entramado ominoso construido por el castro-chavo-madurismo como “economía” es lo que permite el control de los dólares, que es el verdadero quid del problema. No hay ni habrá voluntad de cambio de quien sólo quiere conservar el poder. Es por ello que la lucha social debe escalar por el cambio político, económico, social y ético.

@pedrovcastrog