Estupor

La decisión de AD o quizás sería más justo decir, de su “dirigencia”, nos sorprende cuando creíamos que habrían pocas cosas en la política nacional capaces de hacerlo.

Juramentar, ante la asamblea constituyente que hemos declarado espuria la mayoría de los venezolanos y el mundo democrático, a unos gobernadores que fueron electos como producto de un esfuerzo unitario, es confirmar que para algunos, en esta caso para Ramos y su séquito, la unidad es un instrumento utilitario que puede dejarse de lado tan pronto alcanzan el objetivo deseado.

Los principios, las declaraciones previas, las consignas que vocearon e hicieron vocear a otros, son dejadas de lado tan pronto aparecen oportunidades de acceder a las migajas que desde el gobierno nacional de seguro les dejarán caer, que suponemos no deben ser pequeñas y ya cobradas por los que tomaron la decisión.

No puedo hablar por otros, pero al calor de lo que ha ocurrido hoy, debemos ratificar la necesidad de replantearnos el ejercicio de la política, recuperando la dignidad que ella implica y diferenciándola del lodazal en que la han convertido tanto los oficialistas, como los “opositores” que lo único que adversan es no estar ellos haciendo lo que le “critican” al gobierno.

A partir de este momento se reivindica lo que hemos dicho muchas veces, “no volverán, porque nunca se fueron” o digan sí, salvando las magnitudes, algunas vez dejó de estar presente la corrupción en sus expresiones: negocios ilícitos con los dineros del Estado, contrabando en dos sentidos, explotación minera, manejo del estamento militar, manipulación de la justicia, clientelismo, apropiación de todos los espacios de actuación social y adicionalmente por si faltaran, las que cualquier venezolano puede añadir a partir de experiencias vividas.

Este es otro de esos momento que se presentan en la vida de las sociedades y de los que somos parte de ellas. Las indefiniciones no caben, el tomar posición es ineludible y el rechazo a la traición es obligante.

Tenemos años votando por un cambio y cada vez que avanzamos, las actuaciones colectivas de nuestros elegidos nos hacen retroceder y perder posiciones difíciles de recuperar.

Toca construir una verdadera unidad, ante el gobierno y ante aquellos que lo aspiran para seguir haciendo lo mismo. De ella no está excluido nadie, y hoy hay que decirlo con claridad, mucho menos los militantes de AD que sueñan con ver su partido de siempre apegarse a las ideas que le dieron origen.

Los dirigentes políticos tienen que actuar, los militantes partidistas recuperar su papel deliberante y no simplemente obediente, y los que no militamos pasar a actuar activamente en la política, aunque sea por un tiempo, antes de que ella sea totalmente expropiada por los mercaderes de cargos y contratos.

Es la hora de una nueva expresión política que nos agrupe en este intento de construir una Venezuela distinta. Lo ocurrido no es un problema que afecta solo a los adecos, que de seguro los afecta; es un problema de todos que nos toca enfrentar entre todos y en este todos también están aquellos que ayer creyeron en un cambio que se volvió más de lo mismo

Podrán quitarnos todo menos el derecho a soñar que es posible una Venezuela distinta. Consecuente con ello, hoy nos hacemos parte de la indignación de los demócratas pero también del compromiso de seguir persiguiendo el cambio deseado y en ello estamos seguros de que pertenecemos a una inmensa mayoría.