La nueva Barataria

Luego de haber transcurrido más de dos décadas, ha aparecido en el Nuevo Mundo otra ínsula a la que aún no se le ha puesto nombre dado que los habitantes del resto del continente todavía se muestran desconcertados debido a las características del nuevo territorio, de las personas que lo habitan y de sus gobernantes.

En efecto, la ínsula de marras irrumpió con gran estruendo dado su gran tamaño, mide casi un millón de kilómetros cuadrados y luego de las recientes investigaciones que se han hecho, parece ser que durante mucho tiempo ha contado con inmensos yacimientos de petróleo, enormes reservas de oro, hierro y otros muchos minerales, algunos de los cuales hoy son considerados estratégicos. El agua es tan abundante que podría abastecer las necesidades de muchos territorios y el caudal de sus grandes ríos es tal que además de suplir los requerimientos de consumo de sus habitantes, podría utilizarse para generar electricidad suficiente para usar en la ínsula y exportar los excedentes. Además cuenta con abundante vegetación y sitios paradisíacos. En fin, lo que podría llamarse una tierra de gracia.

En cuanto a la gente que allí vive, más no convive, se pudiera decir que son bastantes, aunque no tantas, dada la gran extensión de su territorio. Allí se encuentra gente muy variada, que al decir de muchas de ellas vivieron épocas de felicidad durante la primera década por la gran cantidad de recursos con que contaron pero que luego, dado lo difícil que se puso la situación, tuvieron que abandonar y dirigirse a otras regiones en busca de educación, alimentos, salud y proyectos de  vida que en la nueva ínsula se les negaban.

Los investigadores comenzaron a analizar las causas por las cuales, un territorio pleno de recursos y de oportunidades había caído en tan gravísima situación y concluyeron en lo siguiente: Quienes han gobernado la ínsula durante esas dos décadas se plantearon un proyecto curioso. Ellos no eran políticos sino delincuentes y como tales tenían que comportarse. Es decir, debían robar, asesinar, traficar con drogas e impedir que quienes no fueran como ellos tuviesen participación, pero tenían que hacer creer al resto del mundo que eran políticos y lograr que así los trataran. De esta manera, hablaban de diálogos, acuerdos y de todo lo que en democracia se practica, pero en el entendido que todo eso sólo serviría para continuar actuando como delincuentes.

El resto del mundo al fin entendió que la crisis en la ínsula no se resuelve con diálogos. Lo que se necesita es que se actúe como lo hace una verdadera policía en muchas partes del mundo: capturar a los delincuentes,  enjuiciarlos, hacer que devuelvan lo robado y mal habido y en la prisión paguen por sus crímenes. Así se logrará que gente honesta y capaz convierta a la ínsula en lo que antes fue. Una verdadera Tierra de Gracia y de progreso.