La penicilina o el declive ideológico

Crónicas del Olvido

Todavía suena en los oídos de un país casi olvidado la palabra “combiótico”. Tan rara hoy, comenzamos a alejarnos del antibiótico para montarnos en el caballo de los medicamentos alternativos, cambios que recuerdan los más de 80 años de la maravillosa penicilina, tan útil en el cuerpo vivo como en el cuerpo entumecido de la política, en desuso en algunos caudillos que suelen vestirse de militares para retornar a los tiempos de las compresas.

Cuando un grupo de jóvenes aguerridos, usuarios de las boinas negras, se enfrentaba a la dictadura de Juan Vicente Gómez, un sabio llamado Alexander Fleming inventaba en la fría Londres una medicina para derrotar las bacterias causantes de infecciones, la penicilina.

Estamos ubicados en el 3 de septiembre de 1928, cuando aquella generación venezolana, aún vigente en algunos libros y consejos, dejó la vida en cárceles y montes por falta de una inyección o pastillita que contenía la fórmula mágica contra la muerte.

El olvidado “combiótico” cabalga aún en los lomos de un viejo caballo, el que muchos asimilaron y no quieren dejar ir. El caballo de Bolívar, el de Boves, el de Ledesma, el de Zamora, cualquiera de ellos es bueno para inventar revoluciones, toda vez que aún el espejo de las infecciones ideológicas refleja el atraso de algunas ideas que no han querido abordar el tren de la modernidad.

Un poco después, Alexander Fleming fue reconocido con el Premio Nobel mientras los jóvenes de aquella generación terrible eran llevados a la tumba desde las ergástulas de El Bagre. Guasina, El Obispo, el Castillo de Puerto Cabello, la Isla del Burro, de allí, de esos horrores, salieron a morirse o a alcanzar el poder muchos de los odiados por este presente agónico.

A más de ocho décadas de ese descubrimiento, seguimos necesitados de la penicilina para acabar con algunas bacterias que corrompen el organismo y hasta lo gangrenan.

Lucrativo ha sido el mundo de la ciencia, también la estructuración de herramientas ideológicas que, en nombre de la justicia, hace ver milagros a los más ingenuos, mientras los engreídos quieren desconocer la dialéctica del reloj y hasta regresan al viejo caballo de la Federación vestidos de cachacos o de camuflaje moderno, con boina roja incorporada.

¿En qué caballo nos subiremos cuando hayamos salido de esta pista de carrera al revés?

¿Será posible que el Instituto Nacional de Hipódromos puede prestarnos algunos pura sangres para alcanzar la verdadera justicia y dejar a un lado las promesas, las profecías y los desórdenes mentales de quienes se creen enviados del Altísimo?

No creemos que sea necesario suministrarle penicilina a Dios, pero sí es dable inocularle a las ideologías un poquito de naturaleza moderna para evitar que el dogmatismo acabe con el resto de la humanidad. Por ejemplo, ¿hasta cuándo los árabes y judíos se matarán los unos a los otros mientras el mundo mira impávido lo que les acontece? ¿Hasta cuándo en nombre de Alá, Mahoma, Javé y Cristo el mundo es menos mundo?

Sin ambages, más allá de la penicilina y de los restos mortales de creencias traídas por los pelos, nos queda revelar un país que tiene en sus manos un instrumento constitucional para salir de este atolladero, aunque los afectos al poder digan lo contrario a la realización de un referéndum, éste podría favorecerlos a ellos en el sentido de que les quedaría la posibilidad de hacerle oposición al gobierno que se aproxima. El mundo no se va a acabar si la imagen de Chávez o la gordura de Maduro se quedan con su partido para aspirar al futuro. A menos que crean que el caballo de Zamora recibirá primero un balazo y quedará tendido en los campos de Cojedes, pero si piensa así que cargue su botiquín de penicilina para que la infección no le corrompa las ideas de justicia social, tan necesarias así como innecesarios los métodos que ellos aplican para invocarla. Por ahí no va la cosa.

Precisemos el momento, hace años nació la cura contra las infecciones. Hace muchas décadas un hombre deshizo una manera de filosofar y pensar el mundo. Pero también ha sucedido que todo el tiempo que distamos de él ha sido para crear nuevas propuestas, alejadas de fanatismos y deslices que terminan en dictaduras, corrupción y muerte. De seguir así, la penicilina no servirá para nada. Cuidado con las infecciones.