La semana del odio

Sí, era un día luminoso, recuerda Winston Smith. Lo era, no lo puede negar por la visibilidad que le permitía el sol: la inmensa pantalla del “Big Brother” no le quitaba la mirada de encima. Y si el ambiente hedía a podrido, “a legumbres cocidas y a esteras viejas”, en el ambiente nacional se respiraba la llegada de la “Semana del Odio”, encabritante evento en el que participan Rafi Ramírez, con su magnífica dicción desde el patio de Jose en el estado Anzoátegui, y el teniente Diosdy Hair, con su espada de palo siempre dando, quienes ahumados por la gratificante atmósfera de la ciudad despejan el camino a quien madura sobre su silla monárquica.

Es la Semana del Odio, que ya son décadas de mucho odio contra quien apela al uso de la protesta, la rabia y la disidencia contra las tropelías del Gran Hermano, el ojo que nos mira desde paredes públicas, ventanas, árboles, sanitarios, oficinas, iglesias, embajadas, consulados, consultorios, esquinas, ministerios, cines, comandos policiales y cuarteles militares, etc.

La Semana del Odio. Buen slogan para no dejar de leer “1984”, de George Orwell, la novela que fija como un cartel lo que exactamente ocurre en Venezuela.

Finalmente, Winston Smith no soporta tanta presión y grita enloquecido, al final de la novela y la semana o de todas las semanas del odio, que apoya al régimen, vencido por la manipulación y las amenazas. Así ocurre con algunos mendicantes y mendrugueros que se hacen pasar por demócratas y lucen sus atuendos de “middle class” en sus urbanizaciones mientras venden productos alimenticios a altísimos precios. Y luego salen con banderitas. Los típicos colaboracionistas.