La solución a la escasez no está en la ayuda humanitaria

El comentario de la semana

El tema de la ayuda humanitaria he estado en estos días sobre el tapete informativo y en las conversaciones de todos los venezolanos. No obstante que repetidamente diversas fuentes han tratado de dejar claro el significado y fin práctico de la misma, en el inconsciente colectivo, a ella se le ha atribuido un significado casí mítico ligado al deseo de libertad y seguridad que compartimos la mayoría.

A pesar de que la ayuda humanitaria no resuelve todo, es indispensable que el esfuerzo de muchos logre introducirla para alivio de los que sufren terribles enfermedades y que los desposeídos de toda oportunidad para saciar el hambre puedan, mediante operativos especialmente dirigidos a ellos, lograr un respiro momentáneo en su agónico vivir.

Para la mayoría de los que compartimos este increíble país, la solución a nuestras necesidades no podrá ser alcanzada mientras el régimen usurpador se mantenga en el poder físico. Por ello, la muletilla “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” refleja fielmente el camino que tenemos que apoyar políticamente.

Alcanzada la etapa “gobierno de transición” es indispensable entender que el mismo estará imposibilitado económicamente para enfrentar el reto de volver a llenar los anaqueles de supermercados, abastos, bodegas y farmacias, debiendo concentrar sus esfuerzos en empezar a recuperar la atención pública en salud y el programa social indispensable para atender a los venezolanos en pobreza crítica.

La responsabilidad de revertir la escasez tiene que recaer, como corresponde, sobre el sector privado que contando con el respaldo y la seguridad jurídica que le brindará el que tengamos un gobierno legítimo, podrá invertir en actividades de importación, producción, transporte, almacenamiento y expendio de todo aquello que hoy notamos en falta crítica.

La concertación entre gobierno y sector productivo privado bajo la vigilancia de la sociedad civil que ha aprendido que no puede ceder su papel fiscal, será la garantía de que tendremos un sistema comercial libre y equitativo en lo económico pero consciente de su responsabilidad social que en definitiva es lo que nos importa a todos.

Al final, para que el negocio sea bueno para todos, partiendo de que no ser así podrá llamarse de cualquier otra manera menos negocio, es indispensable la disminución al mínimo de las desigualdades y que esto solo se logra con el acceso verdadero de nuestra población a oportunidades de salud, educación trabajo y esparcimiento de calidad, en un ambiente amigable que hay que preservar para que lo siga siendo para el disfrute de las generaciones por venir.

Este futuro es posible, nadie no los va a regalar y mucho menos lo conseguiremos por la gracia de un líder providencial, por lo que no queda otra que trabajar arduamente para hacerlo realidad. Entre nosotros hay diferencias y la conciliación de las mismas sin que nadie tenga que renegar de lo que piensa, es el camino que en libertad ha permitido el desarrollo de la humanidad.