Lo bueno, lo malo y lo feo de la globalización

 

"La globalización implica la emergencia de nuevos poderes que trascienden las estructuras estatales".

Ignacio Ramonet

Antes de profundizar en el análisis del tema, es necesario aclarar que la globalización no es un fenómeno de reciente aparición. Aunque no hay un evento particular que inicie el proceso de globalización, si se pueden diferenciar sucesos que le fueron dando impulso, favoreciendo su desarrollo.

Entre esos sucesos destacan, a manera de importantes ejemplos, entre otros, la expansión del antiguo imperio romano y la llamada “Era de los Descubrimientos”, centrada en tierras de África y Asia, y que permitió, para el mundo europeo,  el descubrimiento del continente americano. Todos estos casos implican las conquistas territoriales con fines de dominación, de explotación de recursos y comercialización.

Las potencias dominantes pudieron también obtener relevantes ventajas, en cuanto a conocimientos se refiere, como el acceso al concepto numérico del cero y el proceso de fabricación de la pólvora, que permitió la invención de las armas de fuego; así como de los pueblos dominados a las ventajas que representan las grandes culturas, como los conocimientos para la producción y comercialización de productos y bienes de consumo, entre otros. Aunque no necesariamente se compensa el sometimiento a los intereses de los países más desarrollados.

La globalización se caracteriza por la influencia de los países desarrollados más poderos, políticamente más influyentes, y la ventajosa posición de las grandes empresas que tienden a dominar los mercados internacionales, en defensa de sus intereses particulares; que también  suelen hacer inversiones en los países menos desarrollados, para acrecentar su eficiencia operativa.

A partir de la Revolución Industrial, iniciada a mediados de la segunda mitad del siglo XVIII, la mecanización de los procesos productivos y el avance en las técnicas de comercialización y mercadeo produjeron importantes transformaciones en el orden de las relaciones económicas, las mayores ocurridas hasta ese entonces, lo que provocó grandes cambios y causó un desmesurado impulso y profundización del proceso general de la globalización y de la importancia de las grandes compañías internacionales.

La globalización no solo se manifiesta directamente en los aspectos tecnológicos, de comercialización y manejo gerencial de la economía; su influencia también permea los aspectos culturales, las interrelaciones sociales y, particularmente, la actividad política. 

En los últimos tiempos, cuatro factores han afianzado y potenciado el proceso de globalización generalizada:

1. La apertura de mercados nacionales al libre comercio.

2. La eliminación de regularizaciones locales que ponen trabas al libre intercambio comercial a nivel internacional.

3. La formación y consolidación de grandes, empresas multinacionales.

4. Los grandes avances en los sistemas de comunicación terrestres y aéreos, así como en la telefonía y tecnología satelital.

Lo realmente feo y preocupante de la globalización es que lo que puede estar por venir podría ser peor que lo que ya hemos sufrido con sus aspectos negativos. En la universidad, nuestro profesor de Economía Agrícola, en su primera clase, nos recalcó: “El que tiene el poder político suele aspirar al poder económico, y el que tiene grandes intereses económicos busca el poder político para proteger sus inversiones”. Esta visión de las relaciones del poder económico y el político parece confirmarse en el planteamiento de la búsqueda de lo que se conoce como el “Nuevo Orden Mundial”.

Desde hace décadas se han incrementado los planteamientos y discusión sobre una supuesta conspiración de factores políticos y económicos  interesados en el establecimiento d un Nuevo Orden Mundial, destinado a lograr un gobierno universal unificado; por supuesto, controlado por destacados poderes políticos y económicos, entre los que destacarían grandes consorcios comerciales internacionales, políticos de gran relevancia mundial y poderosas naciones con aspiraciones hegemónicas; también reconocidos e influyentes multimillonarios partidarios de este tipo de causa política, a la que suelen destinar cantidades elevadas de dinero. Se suele señalar al neoliberalismo como sustento y eje de este planteamiento de dominio político económico. Se cree que, de alguna manera, incluso podrían estar involucradas organizaciones internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Sería éste un régimen de poder dominado por un número muy reducido de individuos y organizaciones con capacidad de acumular mucho poder y disponer de abundante capital, con pocas posibilidades de interferencia por persona u organización alguna.

No se han presentado pruebas definitivas de la existencia real y alcances de esta teoría de la conspiración de poderes; pero si hay indicios importantes y concordantes que no nos permiten desechar su existencia, al menos hasta un cierto nivel de amplitud y posibilidades.

Profesor UCV