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Los proxenetas del desastre

Opinión
Artículos de opinión
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En el sostenido crecimiento y desarrollo del país durante la República Democrática, cuando se oían voces de alerta sobre los desvíos políticos, sociales, económicos, educativos, etcétera, la dirigencia política de entonces espetaba que eran “profetas del desastre” los que auguraban un futuro sombrío, siniestro, a una nación y a su pueblo que marchaban hacia al destino bendito por Dios y pertrechado por la providencia gracias a su madurez, su arraigo y su adaptación al tamaño de los compromisos que se les presentaran.
Sin embargo, al momento de presentarse ese compromiso, tristemente augurado, quienes tuvieron a su cargo la institucionalidad del país para hacerle frente a la situación que comprometía la integridad de la nación, se entregaron mansamente, bajándose los calzones unos y deslizando sus blúmers otras para que el felón, sin formación ni escrúpulos, hiciera lo que le diera su pura gana con los recursos humanos, naturales y morales de una república que sí tenía las bases para sustentar su sueño.
Los grandes medios de comunicación, tanto impresos como audiovisuales y radioeléctricos, haciendo uso de la libertad que los acompañaba, formaron parte de los proféticos y desastrosos augurios y poco hacían, con seriedad, para promover cambios más allá de sus interesados deseos de ganancias económicas y sociales por encima de los obvios privilegios y prerrogativas que su tarea les otorgaba como favores condicionados a sus mismas imposiciones.
El pueblo venezolano, militante o reserva de los grandes partidos políticos tradicionales y de la decente izquierda emergente, previamente azuzado por pescadores del río revuelto, se entregó en cuerpo y alma enteros al felón que, sin formación ni escrúpulos, prometía villas y castillos, pero que terminó entregando grillos y casillas para someter a todos aquellos que no se plegaran al régimen del terror que impera y desespera, despojando al país de lo más valioso de su riqueza, su gente, que sin brújula huye en busca de un futuro tan incierto como el que aquí nos espera.
Pero si hubo aquellos, los desoídos profetas del desastre y los embelesados con el sátrapa, también surgieron los “proxenetas del desastre”, estos que buscando provecho político-electoral aprobaron, auparon y celebraron el artero golpe al Estado constitucionalmente estructurado, al Presidente democráticamente posicionado y a las Fuerzas Armadas profesional e institucionalmente preparadas. no obstante ser sorprendidas por la aviesa sedición entre gallos y medianoche.
Y así fueron sumándose más alcahuetas y proxenetas a las jaculatorias en pro de la supuesta revolución no para lograr verdaderos cambios, sino para llenar y rellenar sus bolsillos con dineros mal habidos en detrimento del grueso de la población venezolana que sobrevive en medio de las necesidades, el hambre y las enfermedades, esperando a la impávida comunidad internacional para que venga de fuera la salvación porque los llamados a encontrar fórmulas políticas para la solución se encuentran imbuidos en sus propias miserias y ambiciones, haciendo real el viejo refrán de que “no lavan ni prestan la batea”.
Mientras el poder ju-judicial y el ministerio impúdico están postrados ante el poder ejecutivo, y la prostituyente neutraliza a la Asamblea Nacional para que ninguna ley ni resolución adquiera legalidad, el resto de las instituciones entronizó la corrupción como indebida fuente de ingresos, haciendo más torturante y desesperante la vida de un bravo pueblo muy cerca de la implosión y tan lejos de la explosión, gracias a que ve una sola imagen y oye una sola voz que arrulla el silencio de sus sueños, opaca la luz del sol y apaga el brillo del alumbrado público.