No transformemos la tragedia en comedia

Se sabe que el origen del teatro, tal y como lo conocemos, se remonta a la antigua tragedia griega, que según dicen los entendidos, se basaba en rituales para apaciguar a los dioses. A través de los años, el desarrollo de la interpretación de una ficción para entretener a la gente fue separándose de lo trágico o dramático para compensar la tragedia por algo más ameno para el público y se convirtió en comedia.

En nuestro país, los gobernantes fabrican comedias para ocultar la tragedia que vivimos, e intentan con nosotros aquello que los romanos perfeccionaron: pan y circo. El problema es que la harina para el pan está por agotarse y las arepas se han convertido en un lujo.

Lo preocupante, en estos momentos, es que lo que fue un aspecto jovial y característico del pueblo venezolano de tomar todo, lo bueno y lo malo, a chanza, ya no es útil para enfrentar seriamente a la dictadura y sus desplantes tragicómicos.

Ya no sirve de nada la burla contra la maniobra de algunos pseudoopositores que se prestan, por las razones que tengan, a tenderle la cama a un régimen agónico que está conduciendo al país a la paralización total de la actividad económica, con todas las consecuencias que ello trae consigue.

No es hora de risas, sino de apretar el rostro y decir de una buena vez, al unísono,  ¡¡basta!! . Si, basta de indiferencia, de esperar que alguien nos resuelva la vida. Es hora de enseriarse y de luchar unidos contra la tragicomedia que quieren imponernos y hacer todo lo que esté en nuestras manos para desmantelar la farsa y ponernos a construir un futuro real, no otra ficción más.

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