No terminamos de encontrar el camino que conduzca a que el poder responda al deber ser; legítimo, soberano y constitucional, dentro de las reglas del juego democrático, lo que exige, que el poder se alcance con los votos impregnados del sentir emocional de la gente.
Este circuito del pensar, sentir y expresar, está interrumpido, hay un corto circuito que afecta el pensar, sentir y expresar debido a la conducta impropia de quienes, en uso contrario a la superior razón para ejercer el poder, el bien común, lo detectan para intereses subalternos.