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Opinión

Inconformes son quienes no están de acuerdo con lo establecido, sea en el orden político, social, moral, estético o cualquier otro. Es inevitable y deseable que haya disensos. Aplaudimos las críticas que se hacen a nuestra dirigencia política por parte de personas, conocidas o no, que alertan y protestan ante determinadas decisiones. Sin embargo, cuando se critica que el agua no tiene sabor, olor o color, estamos ante rebeldes sin causa, de gente que desea notoriedad, que tiene intereses creados o fanáticos, aunque muchos proceden de buena fe desesperados ante la tragedia que padecemos.

En los últimos tiempos los demócratas hemos obtenido importantes triunfos en el ámbito internacional que nadie debería negar o minimizar. Cincuenta y cuatro países reconocen a Juan Guaidó como presidente (e), lo cual no tiene precedentes. El Informe de la doctora Michelle Bachelet, Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, fue contundente contra el régimen de Maduro y sus esbirros, para quienes terminará siendo mortal. Sin embargo, algunos inconformes lo critican por alguna omisión.

La Trigésima Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores actuando como Órgano de Consulta del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) aprobó por 16 votos:

  1. Elaborar un listado de personas vinculadas al régimen relacionadas con narcotráfico, terrorismo, violaciones a los derechos humanos y corrupción
  2. Congelar sus cuentas y propiedades
  3. Crear equipo operacional de inteligencia financiera y de seguridad pública para acciones judiciales y policiales.
  4. Tomar medidas para investigar sancionar, perseguir, extraditar y capturar a los señalados y
  5. Hacer seguimiento a la situación en Venezuela y realizar nueva reunión en dos meses.

Lo aprobado evidencia que esos países conocen de las relaciones estrechas de Maduro y sus compinches con el narcotráfico y la guerrilla, sin embargo algunos inconformes critican a varios de los firmantes porque no estuvieron de acuerdo con una intervención militar.

La Unión Europea sancionó a siete miembros de las fuerzas de seguridad del régimen por violaciones a los derechos humanos. Esto se aprobó a solicitud de Josef Borrel, Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de España, a quien los inconformes descalifican frecuentemente porque no actúa conforme a lo que desean.

El Grupo de Lima, en el que además de países de nuestra región participa Canadá, mantiene una posición muy dura en contra de la narcodictadura venezolana. Al igual que Luis Almagro, el Secretario General de la OEA, que defiende a la democracia a capa y espada. Es algo inédito que la OEA haya aceptado que el representante de Venezuela sea el distinguido constitucionalista Gustavo Tarre Briceño, designado por el presidente de la República (e) Juan Guaidó.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU designó una Misión de Investigación de los hechos denunciados, lo cual es un importante paso para reforzar las denuncias ante la COrte Penal Internacional.

Los Estados Unidos elaboraron una lista de 146 chavistas-maduristas incursos en diferentes delitos y cada día profundiza las sanciones económicas en contra del régimen. Sin embargo los inconformes, que andan de la Ceca a la Meca, critican que no se materializa una invasión, la cual traería consecuencias no deseadas.

Los logros mencionados no se han producido por generación espontánea, sino por el tesón de varios de nuestros dirigentes que merecen reconocimiento. Citar nombres tiene el inconveniente de olvidar algunos, pero es inevitable reconocer la labor de Julio Borges. Lo identificamos porque frecuentemente los inconformes lo descalifican injustamente.

Sin duda hemos avanzado mucho hacia el fin del totalitarismo. Sin embargo, algunos inconformes aseveran que el presidente (e) Guaidó es “incapaz de desafiar al poder”, otros lo critican por aceptar las peticiones internacionales de dialogar con los bandidos que usurpan el poder y no falta quienes descalifican a la nueva generación de dirigentes, los cuales cometen errores y tienen algunas carencias, pero arriesgan su vida, su libertad, tranquilidad familiar y sus bienes.

Ahora que el régimen sacó una nueva carta para dialogar con un grupo que no representa a la oposición, ojalá los intolerantes genuinamente de oposición den paso a la comprensión y entendimiento para integrar una unidad sólida en contra del régimen.

Como (había) en botica:

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), reconoce que más de cuatro millones de venezolanos han solicitado refugio y el Fondo de la ONU para la Infancia (Unicef), señala que uno de cada tres niños venezolanos requiere ayuda humanitaria, es decir 3,2 millones

La empresa Monómeros Colombo Venezolanos, cuyo control asumió el gobierno legítimo de Guaidó, estaba muy deteriorada cuando Jon Bilbao se encargó de la Gerencia General; inexplicablemente Bilbao fue sustituido, a pesar de que la había recuperado.

Los intolerantes descalifican a Edgar Zambrano porque declara que no es partidario de la intervención militar, obviando que si la solicita va de nuevo a la cárcel.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Una victoria para las víctimas: ONU aprueba una misión de determinación de hechos para Venezuela

Cuando a las víctimas de violaciones a los derechos humanos no se las escucha, y más aún, se les ignora, todos somos los afectados, pues la injusticia no es materia de un país, una raza o ideología, sino que afecta las bases esenciales de la naturaleza humana.

Por ello, cuando en un país no se imparte justicia y se violan masivamente los derechos humanos, esa situación involucra a la comunidad global, pues no se puede ser indiferente a la injusticia, y cuando esto tiene las dimensiones de la crisis humanitaria venezolana es obligatorio hacer algo al respecto.

Es consecuencia de lo anterior que, luego de un ingente esfuerzo por parte de muchas organizaciones de la sociedad civil venezolana y otras entidades de derechos humanos de rango internacional, el Grupo de Lima presentó una resolución aprobada hoy, 27 de septiembre, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la que se establece una Misión internacional independiente de determinación de los hechos para Venezuela.

Que el largo nombre de este mecanismo no nos engañe, pues no se trata de otro medio para generar un informe destinado al polvo de los escritorios, sino que busca la rendición de cuentas respecto de los crímenes relacionados con los derechos humanos, en particular los vinculados con ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada, detenciones arbitrarias torturas y tratos crueles inhumanos y degradantes ocurridos en el país a partir del año 2014.

En este caso, la rendición de cuentas implica la determinación de los responsables de estas atrocidades y, en particular, de la cadena de mando involucrada, pues al tratarse de crímenes cometidos dentro de una política de estado, la responsabilidad personal de quienes los cometen apenas se inicia con los autores materiales y luego escala a los supervisores y jefes de las instituciones en las que se cometieron. He ahí la trascendencia de esta resolución.

Para ello, la Misión, que se espera esté conformada por tres miembros nombrados por el presidente del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, tendrá un lapso de un año para presentar en septiembre de 2020 las resultas de su investigación, lo que también es un buena noticia, pues tendríamos resultados a corto plazo y no como en el caso del examen preliminar de la Corte Penal Internacional (CPI), que no tiene límite de tiempo para pasar a la siguiente fase.

A los efectos de ilustrar un caso en el que se utilizó este mecanismo, debemos hacer referencia a Myanmar, país en el que se ha denunciado la comisión de crímenes de enorme gravedad. En esa situación, la Misión destinada al efecto presentó sus resultados en septiembre de 2018 y concluyó que las fuerzas de seguridad de ese país habían cometido crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y genocidio, y propuso al Consejo de Derechos Humanos que remitiera el caso a la CPI o incluso, si así lo consideraba, creara un tribunal especial para juzgar estos crímenes. Asimismo, la Misión concluyó que el comandante en jefe, general Min Aung Hlaing, junto con su alto mando, debían ser juzgados por dichos crímenes, enfatizando que la cadena de mando era responsable de esos hechos.

Igualmente, la Misión redactó una lista de presuntos perpetradores de estos crímenes, además de los ya mencionados, destacando entre ellos, los comandantes de las zonas militares donde ocurrieron los hechos, con lo que la investigación no se limitó a la autores materiales sino que se extendió a los responsables finales de estas atrocidades.

Todo lo anterior fue la base de la conformación de un mecanismo de investigación independiente para continuar las pesquisas, el cual llevó a que el 26 de junio de este año la Fiscalía de la CPI solicitara a la Corte el inicio de la fase de investigación contra los responsables de los crímenes antes mencionados.

Con lo expuesto se pone de manifiesto que cuando instrumentos como las misiones de determinación de hechos son conducidos con la imparcialidad, independencia y diligencia del caso, es posible acercar la justicia a las víctimas.

Por ello, aunque quizás para algunos estos mecanismos son lentos y fatigosos, la aprobación de esta misión es un éxito para las víctimas de Venezuela en la medida en que finalmente podrán ser oídas en su búsqueda de una justicia que aquí se les niega.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

Cuando se ignora a quienes padecen violaciones de derechos humanos, se ultraja la dignidad de todos y cada uno de nosotros; por ello, todos estamos llamados a levantar nuestra voz exigiendo justicia y garantías de que esos atroces hechos no se repitan.

Por ello, la creación de una Misión internacional independiente de determinación de los hechos para Venezuela es una victoria contundente para las víctimas de crímenes atroces, para la sociedad civil y, sobre todo, para todo aquel que crea en la dignidad esencial del ser humano.

Enlace a la nota: https://www.accesoalajusticia.org/una-victoria-para-las-victimas-onu-aprueba-una-mision-de-determinacion-de-hechos-para-venezuela/

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Cristina Manzano

Mucho se habla estos días de la guerra comercial-tecnológica entre China y Estados Unidos, pero hay otra dimensión de la relación entre las dos potencias que está también llamada a moldear nuestro futuro.

American Factory, primer documental producido por los Obama, muestra el choque cultural que surge cuando un millonario chino abre una fábrica en un pueblo de Ohio. Tras la euforia inicial de los locales —años antes había cerrado una planta de General Motors, dejando en la calle a miles de personas— comienzan las dificultades.

La firme oposición a que se organice un sindicato, salarios ridículos, el desprecio por las normas medioambientales y de seguridad, por la capacidad de trabajo de los estadounidenses…; frente a ello, una clase obrera norteamericana que ha sido vapuleada por la crisis, que solo desea hacer bien su tarea y ganarse la vida dignamente, y que asiste con estupor al comportamiento de sus nuevos jefes.

La cinta, estrenada en agosto, muestra a lo largo de tres años el arduo camino de este experimento, en el que también los gestores chinos tratan de adaptarse y entender el nuevo entorno. Aunque cuesta. Un solo ejemplo: “Hay que acariciar el burro en el sentido del pelo”. Con esta “sutil” metáfora explica el presidente (chino) a los supervisores (también chinos) que los obreros americanos esperan, de vez en cuando, una palmadita en la espalda como reconocimiento a su trabajo.

American Factory habla también del fracaso de un capitalismo salvaje, de una crisis que ha arrasado con el sueño americano —“antes yo era de clase media”— y que ha dejado un rastro de frustración y de orgullo herido.

La mirada neutral que buscan ofrecer los autores choca con la del espectador occidental, que se siente tocado en algunas de sus convicciones más íntimas. Lo que trasluce es la complejidad de fusionar dos sistemas de valores tan diferentes. Del lado chino, la cultura del esfuerzo y del mérito, la que lleva a compartir un objetivo común de superación nacional, la que ensalza lo colectivo sobre lo individual (sin olvidar que detrás siempre se encuentra el todopoderoso Partido Comunista Chino); del americano, la que cree firmemente en el individuo, en una serie de derechos adquiridos, en el pensamiento propio…

¿Es una nueva fase del choque de civilizaciones que dibujara Huntington? Tal vez. Es, sin duda, un retrato de los desafíos de un mundo globalizado en el que los valores, y no solo el poder militar o la potencia económica, desempeñan un papel importante. Sobre el futuro, sin embargo, la sombra de una amenaza que se cierne sobre todos: las máquinas. American Factory deja ver que el enemigo final de los trabajadores no será el vecino, sino un robot. Pero también para gestionarlos necesitaremos un sistema de normas y valores. ¿Cuál prevalecerá?

27 de septiembre de 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/09/26/opinion/1569498880_386409.html?prod...

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Jesús Elorza G.

El Secretario Privado del Camarada Kim Jong-un, Presidente de la Republica Popular y Democrática de Corea del Norte (RPDKN), entró apresurado a la oficina de su jefe para notificarle la llegada de Diosdado Cabello….

-나는 머리카락을 가져 오라고 명령하지 않았으며 대머리로 고통받지 않습니다. (yo no he ordenado que me traigan ningún tipo de pelo, no sufro de calvicie, dijo Kim Jong-Un.

No es un producto para implante de pelo, es el Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de la República Bolivariana de Venezuela…

- 누가 그를 초대 했습니까? (¿Quién lo invitó?)

Nadie camarada presidente, el vino por su cuenta, huyendo de presentarse a las sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional que está en manos de la oposición…

-어떻게 두 개의 어셈블리 (¿Cómo es eso? dos asambleas)

No solo eso camarada presidente, en ese país todo es doble: 2 TSJ, 2 Cancilleres, 2 Fiscales Generales, 2 representantes en la OEA-ONU…. y lo más extraordinario ¡¡¡2 Presidentes de la República!!!

- 처음으로 그런 문제에 대한 소식이 있습니 (Primera vez que tengo noticias de un problema como ese), 저 남자가 한국에 오는 것은 무엇입니까 (¿A qué viene ese señor a Corea) …

Camarada Presidente, el señor Cabello viene con la intención de solicitarle la firma de un Tratado de Cooperación que les permita a ellos enfrentar y derrotar el imperialismo norteamericano. Sostienen que el apoyo de los rusos sigue condicionado por la guerra fría y no va más allá de las gestiones diplomáticas. En cambio, la RPDKN mantiene en caliente la confrontación contra el imperialista Donald Trump y los revolucionarios socialistas y bolivarianos quieren hacerse participe de esa lucha.

-그거 좋은데 (eso suena bien). 동맹은 혁명 국제주의의 개념과 조화를 이룹니다. 그러나 나는 이데올로기 적 차원에서 한국 정부의 근간이되는 취체 사상에 대한 당신의 입장이 무엇인지 알고 싶습니다 (la alianza armoniza con el concepto del Internacionalismo Revolucionario). Pero, me gustaría conocer previamente, en el plano ideológico ¿cuál es su postura frente a la Idea Zuche, base fundamental del gobierno coreano?

No hay problema camarada, dijo Cabello. Con plena satisfacción debo decirle que a diario nuestras masas revolucionarias se alimentan con el pensamiento ideológico que usted Camarada Presidente ha señalado. Desde el tiempo de la colonia, producto del sincretismo cultural que caracteriza a nuestra población, el Funche o Zuche como usted lo llama, forma parte de los elementos nutricionales de nuestra gente.

Vuelvo a repetirle, que nuestras revoluciones están unidas por el fuerte lazo que representa la ideología del Camarada Kim ll- Sung “los propietarios únicos de la revolución y la construcción posterior son las masas” y sin lugar a dudas el Funche o Zuche es la masa principal para la construcción revolucionaria. Que el mundo entero escuche nuestra consigna “Zuche o Funche…Venceremos”

-이 녀석은 일본의 혹을 피 웠을 것입니다. 할아버지와 요리 요리사, 그리고 우리의 이념을 음식과 비교하는 사람은 누구일까요? 그 (loqueras) 를 공개적으로 말하는 것이 당신에게 일어난다면, 나는 Zuche Idea가 무엇인지 배우기 위해 재교육 캠프 중 하나에 당신을 보냅니다 (este tipo se debe haber fumado una lumpia japonesa. A quien se le ocurre comparar a mi abuelo con un chef culinario y a nuestra ideología con un alimento. Si se le ocurre decir esas loqueras en público lo mando para uno de nuestros campos de reeducación para que aprenda lo que es la Idea Zuche).

La comitiva que acompañaba a Cabello, se abrazaban entre si y manifestaban “Jefe, se la comió” No teníamos idea de sus conocimientos acerca de la historia coreana y su relación con nosotros. Qué grande es. Si se firma el Tratado, estamos seguros que usted será el próximo presidente. Nunca nos imaginamos que el Funche lo llevaría a la primera magistratura.

Sin embargo, todos quedaron boquiabiertos, cuando vieron en televisión a Kim Jong-un decir, refiriéndose a Cabello, "이 바보, 그것은 Zuche입니다 ... 그것은 Zuche하지 않습니다 funche"

“Idiota, es Zuche…es Zuche no funche”…el regreso de la comitiva fue de inmediato.

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Daron Acemoglu y James A. Robinson

CAMBRIDGE – La revelación de una denuncia anónima en la comunidad de inteligencia estadounidense que acusa al presidente Donald Trump de hacer ofertas inadecuadas a un líder extranjero reactivó las esperanzas que hace poco pendían del informe del fiscal especial Robert Mueller. Muchos que no soportan la presidencia transgresora, mentirosa y polarizadora de Trump creyeron que el sistema hallaría el modo de disciplinarlo, contenerlo o destituirlo. Pero esas esperanzas eran erradas entonces, y son erradas ahora.

La mayoría de votantes que están hartos de Trump y del Partido Republicano que lealmente se encolumnó a sus espaldas no deben esperar que el freno a Trump se lo pongan figuras salvadoras o iniciados del poder en Washington. Cumplir esa tarea es responsabilidad de la sociedad, primero que nada votando en las urnas, y de ser necesario protestando en las calles.

La fantasía de que a Estados Unidos puedan salvarlo figuras de Washington y la Constitución es parte de una narrativa compartida en relación con los orígenes de las instituciones estadounidenses, según la cual, los habitantes del país deben la democracia y las libertades a los padres fundadores y al modo brillante y visionario con que diseñaron un sistema con la provisión correcta de controles y contrapesos, separación de poderes y otras salvaguardas.

Pero como explicamos en nuestro nuevo libro The Narrow Corridor: States, Societies, and the Fate of Liberty (hay traducción al español: El pasillo estrecho: estados, sociedades y cómo alcanzar la libertad), no es así como surgen las instituciones y libertades de la democracia; más bien, las hacen surgir y las protegen la movilización de la sociedad, su asertividad y su voluntad de usar las urnas cuando puede y las calles cuando no puede. Y Estados Unidos no es excepción.

Los padres fundadores de los Estados Unidos, como las élites económicas e intelectuales británicas en aquel tiempo, procuraron elaborar leyes e instituciones que sostuvieran un Estado fuerte y capaz, bajo el control de gobernantes con ideas similares a las suyas. Algunos consideraron que la mejor solución era alguna especie de monarquía.

La Constitución de los Estados Unidos, redactada en 1787, es reflejo de esos preconceptos. No incluía una carta de derechos, y consagró muchos elementos no democráticos. No fue un descuido. El objetivo principal de los padres fundadores era aplacar el creciente fervor democrático de la gente común y someter a las legislaturas de los estados, que habían sido empoderadas por el documento que antecedió a la Constitución: los Artículos de la Confederación.

En los días que siguieron a la Guerra de la Independencia, muchos, entusiasmados por las nuevas libertades que se les habían prometido, estaban decididos a participar activamente en la formulación de políticas. En respuesta a la presión popular, los estados perdonaban deudas, imprimían dinero y cobraban impuestos. Esa prodigalidad y autonomía pareció subversiva a muchos de los padres fundadores, en particular James Madison, Alexander Hamilton y George Washington. El propósito de la Constitución que redactaron no era sólo el manejo de la política económica y la defensa de la nación, sino también volver a encerrar al genio de la democracia en la botella.

Madison lo recalcó con elocuencia: “primero hay que dar al gobierno capacidad de controlar a los gobernados; y luego forzarlo a controlarse a sí mismo”. De hecho, los padres fundadores no creían que fuera buena idea que la gente protestara, eligiera a sus representantes en forma directa o tuviera demasiada participación en política.

A Madison también le preocupaba que “un aumento de la población necesariamente aumentará la proporción de los que sufren las penurias de la vida y secretamente anhelan una distribución más igualitaria de los beneficios. Con el tiempo, estos pueden superar en número a los no alcanzados por la sensación de indigencia”. La Constitución buscaba prevenir que ese deseo de “una distribución más igualitaria de los beneficios” se trasladara a las políticas en la práctica.

Uno de los catalizadores de la Constitución fue la Rebelión de Shays en Massachusetts occidental (1786‑87), cuando unas 4000 personas tomaron las armas y se unieron a una protesta liderada por un veterano de la Guerra Revolucionaria, Daniel Shays, contra las penurias económicas, los altos impuestos y la corrupción política. La incapacidad del gobierno federal para financiar y desplegar un ejército que suprimiera la rebelión fue un llamado de atención: se necesitaba un Estado más fuerte, capaz de contener y aplacar la movilización popular. El objetivo de la Constitución era hacerlo posible.

Pero el plan no se desarrolló según lo previsto. Los intentos de los padres fundadores de construir un Estado generaron sospechas. Muchos temían las consecuencias de un Estado poderoso, especialmente en cuanto el impulso democrático se revirtiera; se multiplicaron los pedidos de que se incluyera una declaración explícita de los derechos de los ciudadanos, algo que Madison mismo empezó a promover, para persuadir a su propio estado (Virginia) de ratificar la Constitución. Luego se presentó a la presidencia con una plataforma favorable a la Carta de Derechos, con el argumento de que era necesaria para “apaciguar las mentes del pueblo”.

La Constitución incluyó los controles y contrapesos y la separación de poderes en parte para “forzar [al gobierno] a controlarse a sí mismo”. Pero su objetivo principal no era hacer a Estados Unidos más democrático y proteger mejor los derechos del pueblo. En la visión de los padres fundadores, estos arreglos institucionales, incluido un Senado elitista de elección indirecta, eran necesarios no para proteger al pueblo del gobierno federal, sino para proteger a ese gobierno de un fervor democrático excesivo.

No es extraño entonces que en coyunturas críticas de la historia estadounidense, no hayan sido tanto las salvaguardas del sistema contra el exceso democrático o el diseño brillante de la Constitución los que promovieron los derechos y libertades de la democracia, sino la movilización popular.

Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando poderosos magnates (los “barones ladrones”) se hicieron con el dominio de la economía y la política de Estados Unidos, no les pusieron freno los tribunales o el Congreso (ya que por el contrario, controlaban estas ramas del Estado). Esos magnates y las instituciones que les daban poder tuvieron que rendir cuentas cuando la gente se movilizó, se organizó y consiguió elegir a políticos que prometieron imponerles regulaciones, nivelar el campo de juego económico y aumentar la participación democrática, por ejemplo, mediante la elección directa de los senadores.

Asimismo, en los años cincuenta y sesenta, no fue la separación de poderes lo que finalmente derrotó al sistema legalizado de racismo y represión en el sur de los Estados Unidos, sino la acción de manifestantes que se organizaron, protestaron y construyeron un movimiento de masas que obligó a las instituciones federales a actuar. Lo que finalmente convenció al presidente John F. Kennedy de intervenir (y promulgar la Ley de Derechos Civiles) fue la “cruzada de los niños” del 2 de mayo de 1963, cuando cientos de niños fueron arrestados en Birmingham (Alabama) por participar en las protestas. Como expresó Kennedy: “Los hechos sucedidos en Birmingham y otros lugares han intensificado de tal modo las demandas de igualdad que no sería prudente que ninguna ciudad, estado u órgano legislativo decida ignorarlas”.

Hoy también, lo único que puede salvar a Estados Unidos en esta hora de agitación política y crisis es la movilización de la sociedad. No se puede esperar que lo hagan figuras salvadoras o los controles y contrapesos. E incluso si pudieran, cualquier cosa que no sea una derrota contundente en las urnas dejará a los partidarios de Trump con la sensación de haber sido agraviados y engañados, y la polarización se profundizará. Peor aún, sentará un precedente en el sentido de que las élites deben controlar a las élites, y aumentará la pasividad de la sociedad. ¿Qué pasará la próxima vez que un líder inescrupuloso haga cosas peores que Trump y las élites no acudan al rescate?

Visto en esta perspectiva, el mayor regalo de Mueller a la democracia estadounidense fue un informe que se abstuvo de iniciar el proceso de juicio político, pero expuso la mendacidad, la corrupción y los delitos del presidente, para que los votantes puedan movilizarse y ejercer el poder y la responsabilidad que les competen de reemplazar a los malos dirigentes.

La Constitución no salvará a la democracia estadounidense. Jamás lo ha hecho. Sólo la sociedad estadounidense puede hacerlo.

Traducción: Esteban Flamini

24 de septiembre 2019

Project Sybdicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/only-social-mobilization-ca...

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Redacción BBC News Mundo

Hoy, cuando se cumplen 70 años del triunfo de los comunistas, el país es radicalmente diferente: es una potencia mundial de primer orden y aspira a convertirse en la primera economía del globo.

Pero su "milagro económico", único en la historia, no se debió al "Gran Timonel", sino a una campaña impulsada por otro líder comunista, Deng Xiaoping.

Se llamó "Reforma y apertura" y logró sacar a 740 millones de personas de la pobreza, según cifras oficiales.

Bajo la idea de un "socialismo con características chinas", Deng rompió con lo establecido e impulsó una serie de reformas económicas, centradas en la agricultura, la liberalización del sector privado, la modernización de la industria y la apertura de China al comercio exterior.

Ese camino alejó al país del comunismo de Mao Zedong y supuso una "ruptura de las cadenas" del pasado, en palabras del propio presidente chino, Xi Jinping.

El cambio comenzó en 1978.

Entonces, China era muy diferente a la nación que hoy puede situarse al nivel de Estados Unidos o la Unión Europea.

Era un país empobrecido, con un Producto Interno Bruto (PIB) de US$150.000 millones para sus más de 800 millones de ciudadanos, muy por debajo de los US$12,2 billones de este 2018, según cifras de la ONU.

El histórico fundador de la República Popular China, Mao Zedong, había fallecido dos años antes, dejando un controvertido legado.

Entre sus grandes proyectos, se encuentran el Gran Salto Adelante (1958-1962), que buscaba transformar la economía agraria del país, que provocó una hambruna por la que murieron al menos 10 millones de personas (hasta 45 millones, según fuentes independientes); o la Revolución Cultural (1966-1976), la campaña de Mao contra los partidarios del "capitalismo", que dejó entre centenares de miles y varios millones de fallecidos, según la fuente, y paralizó la economía.

Deng rompió con lo establecido por Mao.

Fue en esa situación de pobreza y hambre cuando Deng Xiaoping, entonces el secretario general del gobernante Partido Comunista de China (PCCh), propuso un cambio.

Nueva fórmula

Deng apostó por las llamadas "cuatro modernizaciones" y por evolucionar hacia una economía en la que el mercado tuviera un protagonismo creciente.

Su programa fue ratificado el 18 de diciembre de 1978 por parte del Comité Central del PCCh y en él se situó la modernización económica como principal prioridad.

En los años posteriores, se fueron poniendo en práctica cambios que entonces se consideraron ambiciosos y que salieron adelante pese a la oposición del ala más conservadora del partido.

En el sector agrícola, por ejemplo, se abandonó progresivamente el sistema maoísta de economía rural planificada, lo que permitió incrementar la productividad y sacar a zonas del país de la pobreza, fomentando la migración de mano de obra hacia las ciudades.

También se aflojaron "las cadenas" del sector privado y, por primera vez desde la creación de la República Popular en 1949, el país se abrió a la inversión extranjera.

Se crearon zonas económicas especiales, como la de la ciudad de Shenzhen, que sufrió una increíble transformación y hoy en día suele describirse como el "Silicon Valley chino".

Esa apertura al exterior contribuyó a aumentar la capacidad productiva de China y nuevos métodos de gestión.

Sus cambios llevaron a que, tras un largo proceso, China consiguiera entrar a la Organización Mundial del Comercio en 2001, lo que le abrió definitivamente las puertas a la globalización, que tanto ayudó a su auge económico.

Y es que, en 2008, cuando la crisis financiera mundial estalló y Occidente emprendió la búsqueda de nuevos mercados, China destacó entre todos ellos, lo que le llevó a convertirse en la "fábrica del mundo".

Tras su boom económico, no obstante, Pekín lucha ahora para desprenderse de ese nombre: dejar atrás la manufactura y ser un país caracterizado por la innovación.

Cómo la crisis financiera ayudó al crecimiento económico de China

¿Y el cambio político?

Pese al éxito económico, las reformas también trajeron consecuencias negativas para el país, como la grave contaminación del aire que sufre la mayoría de sus ciudades o una gran desigualdad.

Además, las últimas décadas no han traído ningún cambio al rígido sistema de gobierno de un solo partido en el país.

Los críticos denuncian que la "represión" de los derechos humanos va en aumento y que el actual presidente, Xi Jinping, está coartando cada vez más libertades de la población, mientras acumula más poder.

Se considera que Xi es el líder chino con más poder desde Mao Zedong.

En el 40 aniversario de la "reforma y apertura", el pasado diciembre, Xi enfatizó la importancia del "liderazgo" del Partido Comunista en un discurso en el Gran Palacio del Pueblo de Tiananmen, la plaza pequinesa donde el Ejército acabó a la fuerza con las manifestaciones a favor de reformas políticas dejando un número aún indeterminado de muertes.

Ese oscuro capítulo de la historia reciente de China sigue siendo un tabú, como cualquier crítica sobre el sistema político.

29 de septiembre 2019

BBC

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46611462

 4 min


Maxim Ross

Ahora que se puso de moda lo de lograr cualquier acuerdo con el gobierno y aparece la iniciativa para que este se reintegre a la Asamblea y tengamos un nuevo CNE, me llama la atención que la crítica se concentre en quienes lo proponen y no en su contenido, porque si todo el esfuerzo se va en ese par de logros, estamos muy lejos de la meta de reconstruir este país, vale decir de acordarnos en cual debería ser el centro de gravedad de un verdadero Acuerdo Nacional y ¿Quién deberían promoverlo?

En tal sentido, ofrezco un criterio de escalada que pueda guiarnos hacia la complejidad de los problemas y soluciones que tiene Venezuela. Sitúo, en la primera escala el plano meramente político, comenzando por restaurar el ordenamiento institucional que permite expresar genuinamente la soberanía popular, lo cual comienza con realizar unas elecciones realmente libres. Dentro del campo político habría que pensar si la democracia es solo votar cada 5 o 6 años o si debemos pensar en darle mayor poder a la sociedad civil y si debería asumir una mayor responsabilidad en promoverlo.

En una segunda escala está el ordenamiento institucional del país que va más allá de lo político y que tiene que ver con rescatar la idea del equilibrio de poderes, colocando a la Asamblea Nacional en la primera jerarquía, pero que también implica un Acuerdo para reducir el extremo peso del centralismo, del estatismo y del presidencialismo que han tenido y tienen concentradas todas las capacidades decisorias en esta Venezuela petrolera. Un Acuerdo que le sume poderes a la provincia y regiones venezolanas.

En una tercera escala está, por supuesto, el tema económico, porque está más que comprobado que no podemos seguir viviendo del petróleo, que hay que integrarlo al resto de actividades económicas y darle todo el protagonismo del desarrollo al sector privado venezolano, que este tiene que regirse por las fuerzas del mercado, que a estas no podemos dejarlas solas, resolviendo todo y que, ese sector, tiene que asumir un mayor compromiso con Venezuela. Todo eso tendría que plasmarse en revertir el desarrollo hacia la provincia aprovechando al máximo la experiencia de sus vocaciones económicas.

En la escala de mayor calibre está nuestro principal y más urgente problema: eliminar la palabra pobreza del diccionario venezolana y desarrollar un política consistente y sostenible para atacar esa deficiencia, la cual sabemos tiene, no solo serias implicaciones económicas y sociales de equidad, sino una influencia decisiva en profundizar nuestra democracia.

En una próxima entrega defenderé una escala de mayor calibre: la necesidad de alcanzar un Acuerdo de Integración Nacional.

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