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Opinión

Las transiciones en Venezuela solo han producido algunos cambios de la personas que detentan el poder y, a veces, lo único positivo ha sido el paso de un gobierno dictatorial a uno democrático con ciertas limitaciones. Hoy, el colapso del país obliga a una transición que realice cambios profundos, no solo para instaurar una verdadera democracia, sino para poder enrumbar al país hacia el desarrollo y que este sea sustentable. Por ello no puede ser una transición corta.

No nos referimos a la transición que está planteada hoy para después de la salida de Maduro, la cual en un lapso perentorio debe convocar una nueva elección presidencial. Esa transición puede que ocurra o no, pero en todo caso la salida de Maduro es inevitable. Lo que planteamos es una transición producto de un pacto de gobernabilidad que dure varios períodos presidenciales, los cuales deben ejecutar políticas consensuadas que permitan lograr el desarrollo.

Para lograr ese consenso hay que aceptar que nuestros males no son solo consecuencia de los múltiples atropellos, corrupción e ineptitudes de los últimos veinte años. Algunos señalan que esos males arrancaron a partir de la década de los 70 del siglo pasado, pero es muy probable que nunca en nuestra historia republicana hayamos tenido una estrategia adecuada para lograr nuestro desarrollo. Desde luego hemos tenido unos gobiernos mejores que otros y hay que reconocer que varios presidentes actuaron de buena fe pensando que sus premisas eran las adecuadas.

¿Será posible lograr ese consenso que va mucho más allá de elegir un candidato de la unidad y una repartición de curules? Ojalá nuestra dirigencia tenga la suficiente madurez y desprendimiento. La tarea sobre el qué hacer está hecha. Hay varios trabajos al respecto. Uno que nos parece muy apropiado, por haber sido elaborado desde las bases de la sociedad, es el contenido en el libro “Venezuela, vértigo y futuro¨, recientemente publicado por Editorial Dabhar y que también puede conseguirse en Amazon. Este importante aporte se lo debemos a Werner Corrales y a la lamentablemente fallecida Tanya Miquilena.

Estos investigadores realizaron un trabajo cíclope, iniciando en el 2009 la construcción de una Visión Compartida de País. Lograron unir esfuerzos con las organizaciones no gubernamentales Ciudadanía Activa, Manifiesta, Pon Tu Ladrillo, ProPaz, Observatorio Hannah Arendt y Foro Inter Universitario. En un medio como el nuestro, donde cada quien quiere actuar por su cuenta, sin duda esta Alianza por la Venezuela que Queremos fue un logro muy importante que denota el desprendimiento de las organizaciones mencionadas y el tesón de Tanya y Werner.

Cinco talleres de expertos y seis simposios fueron realizados en alianza con el Cendes de la UCV, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Metropolitana, en los cuales participaron más de 500 profesionales, con 143 expositores académicos y especialistas, tanto cercanos a la oposición, como al “proceso”. En alianza con la directiva de Fedecámaras y con la Asociación de Trabajadores, Emprendedores y Microempresarios, se realizaron diez encuentros regionales entre líderes de los gremios empresariales y emprendedores populares. Además, “veinte autoridades universitarias y capitanes de empresa acordaron una agenda común para cooperar en proyectos de economía del conocimiento, de elevación de la calidad y pertinencia de la enseñanza superior y reducción de la pobreza”. Con un gran trabajo previo, en el 2013 iniciaron la construcción de la Visión Compartida de País, que duró tres años, y que está contenida en esta importante publicación.

El libro cuenta con un brillante prólogo del distinguido académico Héctor Silva Michelena. En su Parte I nos ilustra cómo y por qué llegamos hasta aquí, que en tres capítulos nos pasea desde 1920 hasta el presente y en el cuarto asoma cómo salir del vértigo y construir un nuevo futuro. La Parte II trata en detalle la visión compartida: objetivos y estrategia para nuestro desarrollo futuro, en la cual los autores tratan sobre la necesidad de robustecer el capital humano, fortalecer la educación superior, ciencia y tecnología, la economía que hay que desarrollar, la reforma del Estado, la reforma institucional , reformas y políticas para relegitimar a Venezuela en el mundo , la Fuerza Armada , la reconciliación con justicia y finaliza el con el pacto necesario para el progreso de todos y la superación de la pobreza.

Es fundamental tener presente en esta propuesta gira alrededor de “que los venezolanos se conviertan en agentes de sus propias vidas”. Tenemos la mesa servida para emprender nuestro desarrollo.

Como (había) en botica:

Se pueden entender algunas críticas y dudas sobre la actuación de la doctora Bachelet, pero sus declaraciones evidenciaron las violaciones a los derechos humanos. Su visita no podía ser para desconocer a Maduro. La Comisionada reconoció la existencia de presos políticos y solicitó su libertad, también que se sintió conmovida por denuncias de tortura, aceptó que hay crisis humanitaria y conversó con organizaciones de derechos humanos y familiares de víctimas; además dejó una misión de seguimiento Esperemos su informe.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Vaya usted a saber qué misterioso sino se ha instalado a esta gente en el alma para que la ruina del país les genere un pervertido disfrute, una inocultada satisfacción. Son como la mala mujer de la historia del rey Salomón que prefería la muerte del niño antes que entregarlo a su verdadera madre. Se les ha medido en la cabeza que lo que no ha de ser de ellos, no será de nadie, que su apropiación del país es irreversible, que la soberanía popular les pertenece, al punto que poco importan ya las convicciones de su dueño originario, ni su vida, ni su suerte. Prefieren ver a Venezuela borrada del mapa de las naciones, vuelta desierto y tierra arrasada, antes que propiciar los cambios que la gran mayoría del país reclama con urgencia y en cuyo reclamo se va, literalmente, la vida.

Quemar, destruir, robar, saquear, son las palabras que mejor definen sus acciones. La creatividad e inteligencia que les falta para el buen gobierno, la tienen con creces para darle la rienda suelta a las más diversas maneras de convertir en escombros el destino de millones de seres humanos. No dan puntada sin hilo, distinguen perfectamente aquello que tiene fuerza de símbolo, de lo que no.

Quemaron y saquearon la Escuela de Estudios Políticos de la UCV, nuestra “casa que vence la sombra”. Pocas veces en nuestra historia, como en estos tiempos, ha estado tan claro cuál es la sombra a vencer.

Cuando don Manuel García-Pelayo funda los estudios de ciencia política, lo hace con la finalidad de separar los estudios sobre política del ámbito de lo jurídico, poniendo de manifiesto que hay un terreno fecundo para el estudio de la política más allá de lo normativo

La política como actividad propia del ser humano puede ser estudiada con rigor científico. Era común en nuestra EEPA (Escuela de estudios políticos y administrativos) la discusión acerca de si nuestros estudios constituían una ciencia, en el estricto sentido de la palabra. Propiciamos sobre el tema debates entre los profesores que queríamos y admirábamos y que tenían posiciones encontradas frente al tema. Viene a la memoria un inolvidable debate entre los profesores Juan Carlos Rey y Pedro Martínez. La comprensión filosofía política nos persuadía de que la política, sin el concurso de la ética, sin un profundo sentido espiritual de compromiso, servicio, justicia, termina fomentando las peores perversiones. Nos graduamos pensando que el cuadro del buen y mal gobierno de Lorenzetti en Siena, al que el maestro García-Pelayo dedica también alguna reflexión, tenía –como sigue teniendo– plena vigencia.

No es casual pues que se queme la Escuela de Estudios Políticos y que se saqueen sus espacios. Es la idea de la política lo que se está incendiando en Venezuela desde hace tiempo. Los últimos presidentes de la Federación de centros universitarios han salido de nuestra escuela. Nuestros estudiantes efectivamente saben ganar elecciones y saben hacerlo con convicciones e ideas. Eso -es verdad- los hace peligrosos, no solo a ellos, sino al espacio que los forma.

La destrucción de la educación, en todos los sentidos, la formal y la cívica es una de las peores secuelas que dejará este terrible “huracán revolucionario”. Ya no les basta con ahogar financieramente a las universidades insumisas, es menester incendiar sus espacios, borrar todo vestigio de vida civilizada.

Pobres ignorantes, tan estrechos de miras, tan pobres de espíritu que no saben que lo que queman y destruyen es el futuro de sus propios hijos

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Un vecino me escribe indignado. Mientras leo su correo puedo percibir, debajo de las esdrújulas y detrás de los acentos, sus jadeos entrecortados, el ruido de la rabia instalado en su respiración. Él esperaba que Michelle Bachelet le metiera –por lo menos- un dedo en el ojo a alguien, a cualquiera, aunque fuera a un ex ministro, a adulador de turno, a un oficial de la guardia presidencial. Y no lo decía metafóricamente. Esperaba algo contundente. Había imaginado una escena donde la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU se paraba ante las cámaras y, sin sonreír, le decía a todos los venezolanos que Tarek Williams Saab es un farsante, un sicario al servicio de los poderosos y –además- un pésimo poeta. En el fondo de sus sueños, existía la imagen vaporosa donde esta señora chilena agarraba por las greñas a Cilia Flores y la llevaba a rastras desde el patio hasta la puerta del Palacio de Miraflores: ¡pa´fuera! No podía tolerar la foto de la chilena, con media sonrisa de circunstancia atrapada sobre los labios, junto a Maduro o junto al General Padrino López “¿Acaso no sabe que son unos torturadores, que son unos asesinos?”, se preguntaba con genuina exasperación.

Uno de los elementos esenciales de la antipolítica es el dominio del afecto sobre las formas. Así se construye el clima ideal para el desarrollo del populismo. La experiencia sentimental se impone sobre cualquier protocolo, sobre cualquier ceremonia, saboteando incluso la idea de que el acuerdo y las negociaciones son un vínculo fundamental para la vida en común. Hugo Chávez destruyó la institucionalidad del país basándose en sentimientos. Lo único importante era lo que los ciudadanos sintieran por él. Todo lo demás quedó fuera del debate. La emoción sustituyó al discernimiento.

Este proceso ha ido variando, complejizándose y agudizándose con los años. Y en él estamos todos envueltos y revueltos. Las distintas diatribas que, con respecto a la visita de Michelle Bachelet, se han dado esta semana entre diferentes ciudadanos de oposición a veces parecen un enjambre de estridencia sentimental. La antipolítica puede llegar a ser un melodrama absurdo, sin contención. En el fondo, no importa qué siente Michelle Bachelet. No importa si se conmovió o no, si lloró o si solo se le aguaron los ojos, si su corazón es sincero y se inclina hacia el sufrimiento de las grandes mayorías del país. Tampoco importa lo que sintamos cada uno de nosotros. No importan las sospechas entrañables ni las devociones íntimas. Necesitamos desafectivizar la política, llevarla de regreso al territorio del razonamiento.

Hay otra forma de ver los hechos

Esta semana vino al país una funcionaria de alto nivel, a cargo del tema de Derechos Humanos en la más importante organización internacional del planeta. Pudo reunirse con las víctimas de agresiones, escuchó distintos testimonios. Habló con el liderazgo opositor, con la iglesia, con representantes de ONGs que trabajan en la defensa de derechos humanos en todo el país. Pero además consiguió acuerdos importantes que comprometen al gobierno con respecto a la situación carcelaria y a los presos políticos. Puso en evidencia el tema de la tortura, exigió datos claros sobre la situación sanitaria… Logró, además, que el gobierno de Nicolás Maduro acepte que dos representantes de la oficina de Derechos Humanos de la ONU permanezcan en el país y monitoreen de forma permanente todo lo que ocurre.

No importa que esta alta funcionaria sea chilena, no importa que se llame Michelle Bachelet. No importa su historia personal, su vida privada, su experiencia sentimental. Una Alta Comisionada de la ONU estuvo aquí y formalmente dejó constancia de que hay profundas violaciones a los derechos humanos y un alarmante deterioro humanitario en el país.

No tumbó al gobierno, ciertamente. Tampoco vino a hacerlo. Tenía una labor que cumplir, según los requerimientos y exigencias de su misión y de su cargo. Eso es acción política. Y quizás nunca sabremos lo que realmente sintió, lo que en verdad siente en su interior. Vino a trabajar no a emocionarse.

23 de junio 2019

Efecto Cocuyo

http://efectococuyo.com/opinion/michelle-bachelet-y-la-experiencia-senti...

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Edgar Benarroch

El daño causado al país y sobre todo al pueblo más necesitado y débil por la destructiva y dañina gestión pública de los últimos veinte años es verdaderamente gigantesco. Acabaron con todo lo bueno y provocaron males nuevos y mayores. Han arruinado nuestra economía después de ser el país más rico de Latinoamérica. La de los huevos de oro, PDVSA, que producía 3.500.000 barriles de petróleo todos los días, ha pasado a menos de 700.000 según cifras de expertos, acabaron con el complejo siderúrgico de Guayana y nos han metido en un infierno inflacionario de los más horrorosos del mundo que ha llevado a nuestra moneda a carecer de valor de intercambio, recibimos más dinero, pero podemos menos, en un kilogramo de queso se va el salario mínimo mensual. Provocaron cierre o indebidamente se apropiaron de una buena parte de las industrias del país, ahora existe un cementerio de galpones vacíos, el comercio ha cerrado sus puertas en más del 60%. Nuestras fértiles tierras están despobladas o tomadas por malandros con el consentimiento del régimen El empobrecimiento es general.

Han desvirtuado y desnaturalizado la institucionalidad nacional. Todos los Poderes Públicos, a excepción de la Asamblea Nacional son ilegítimos. Montaron un mamotreto que llaman constituyente también irrita y como tal ilegítima. No hay división menos autonomía de las ramas del Poder Público y todo se resuelve en Miraflores, desde allí se ordena y hasta se dictan veredictos propios de la administración de justicia. Desde Miraflores se inhabilitan partidos políticos y dirigentes y se ordena la persecución, encarcelamiento, tortura y hasta asesinato de la disidencia.

Estos daños, económicos y político-institucional son superables a relativo corto plazo. El primero, económico, con una sana administración que entre otras medidas reflote a PDVSA, prácticamente refunde la siderúrgica de Guayana, reestructure y revise la inmensa deuda pública, promueva y estimule el aparato productivo y detenga y si es posible desaparezca la inflación, estimule y promueva la reindustrialización y rescate nuestras fértiles tierras para volverlas a hacer productivas seguramente podemos empezar a subsanarlo. Se mejorarán de esa manera nuestras cuentas nacionales (macroeconomía) y el día a día del venezolano (microeconomía). Claro está estas medidas son fácil enunciarlas y nada fácil ejecutarlas, su implementación supondrá sacrificios que se tratará no recaigan en los sectores más necesitados, ya bastante sacrificados y que sean soportables por el resto del país.

Lo segundo, político-institucional también es superable con una administración democrática, decente y respetuosa de los valores y principios fundamentales para la convivencia. En la próxima elección, Dios mediante iniciaremos esta tarea. Especial empeño habrá que dedicar a nuestra Fuerza Armada para que recobre su institucionalidad y sea fiel a su juramento de servirle y defender los valores y principios patrios.

Así pues, esos dos grandes problemas son perfectamente corregibles o iniciar con buen pie su corrección en el transcurso de tres o cuatro año lo económico, lo institucional a mucho menor tiempo.

Lo que nos abruma, atormenta y preocupa más es el daño social. La sociedad es el conjunto de individuos que comparten una misma cultura e interactúan entre sí para conformar una comunidad. El régimen ha hecho lo posible para distanciarnos y dividirnos: Somos "leales o traidores", "patriotas o apátridas", "importantes o escuálidos", "explotadores o explotados", "burgueses o pueblo", es decir, ha querido lograr el insólito e inaceptable esquema de dividir el país entre explotadores y proletariado en busca de la lucha de clases propuesta por el comunismo. A ese esfuerzo por desagregarnos se suma el odio, rencor y venganza que caracterizan al régimen. Han pretendido cambiar nuestra cultura, nuestra interacción y nuestro comportamiento que siempre ha sido tolerante, de hermandad, bondadoso, caritativo, en fin solidario y todo ello en medio de una gran permeabilidad social. En nuestra diversidad y diferencias siempre hemos encontrado caminos para entendernos civilizadamente y de esa manera hemos conformado nuestra colectividad.

Tengamos muy presente que el régimen tiene montado un macabro laboratorio para manipular la opinión pública con invenciones y mentiras y crear en nosotros mal entendidos, sobresaltos y confusiones. Cuidado con hacernos eco de esa desinformación. Toda noticia que nos produzca confusión, desánimo, sorpresas desagradables, irritación o malestar, tengamos la plena seguridad que proviene de ese laboratorio. No nos dejemos engañar ni confundir.

Hay quienes por su formación y personalidad desechan y enfrentan el criminal dilema que el régimen procura, pero hay también quienes por debilidad o carencia de formación adecuada pueden ser tierra fértil para que prospere las consejas de la usurpación. Dios quiera que la espada no haya llegado hasta la encachadura.

Así pues, reacomodar y reordenar el país socialmente será una tarea titánica que estamos en el ineludible deber de atender con decidida voluntad y esfuerzo. Especial atención nos merecen los jóvenes que han crecido en la pesadilla de los últimos veinte años. Esos jóvenes son el relevo y debemos atenderlos y formarlos para que afronten con éxito los desafíos que se les presentarán.

Nos corresponde atender la dramática situación nacional con mucha inteligencia, capacidad, voluntad de servicio y toda la dedicación posible. Todos los sectores del país hay que acomodarlos, creo, como antes indiqué, que lo económico y político-institucional son superables en relativo corto tiempo, lo socio-cultural seguramente nos demandará mayor tiempo e intensidad. Hoy estamos luchando por el cese de la usurpación, por un gobierno de transición y por elecciones generales, pero también hagamos conciencia que lo que nos corresponderá más adelante es un desafío del tamaño de nuestra historia. Continuemos en la lucha y preparémonos para mañana.

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Las fallas, errores y manipulaciones que “invalidan” el Registro Electoral (RE), es uno de los temas favoritos de quienes rechazan la vía electoral como alternativa para salir de este régimen de oprobio.

No cabe duda que el RE tiene fallas, que hay errores, que ha sido manipulado arbitraria e ilegalmente y esas irregularidades contribuyen a la trampa y el fraude que monta el régimen, a través del CNE, para desacreditar e impedir el voto, derecho político y humano fundamental; pero hasta el momento debo decir que ninguna de las “pruebas” que han aportado quienes lo critican me han parecido convincentes y determinantes, sobre todo como para afirmar que antes de acudir a cualquier proceso electoral se debe comenzar por hacer un “nuevo” registro, empezando desde cero. Parece que algunos no se han paseado por lo que significa, sobre todo en términos de tiempo, construir, desde cero, un nuevo registro electoral de más de 22 millones de electores, que es lo que debería de tener hoy nuestro RE.

Como decíamos, estamos hablando de un registro que hoy, oficialmente, sin estar debidamente actualizado, ya contiene 20 millones de electores y debería tener por lo menos millón y medio más. Por supuesto que todos los errores e irregularidades cuentan y van sumando, pero decir que hay 50 mil apellidos extraños, que no aparecían en registros anteriores (el 0,25%), o 100 mil casos –y exagero– de cédulas repetidas (0,45%), o unos miles de personas de edad centenaria, no son una proporción significativa sobre el total; siempre habrá errores y omisiones, “deliberados” o no, y no es algo que, aunque llame la atención, deba ser considerado de gran preocupación como para justificar la necesidad de rehacerlo por completo.

Tampoco es razón suficiente afirmar que hay “millones” de extranjeros: chinos, rusos, turcos, iraníes y –los favoritos–, colombianos, con cédula venezolana inscritos y que “alteran” los resultados, sin aportar información o datos que demuestren eso. Pero sobre todo porque, además, hoy en día, nadie puede asegurar, que de ser cierto y de votar esos “millones” lo vayan a hacer por los candidatos del régimen; al menos no es eso lo que dicen las encuestas. Y así pudiéramos seguir enumerando fallas y errores, pero, repito, ninguna tiene un peso o una proporción significativa sobre el total.

Ni siquiera es significativo decir –aunque preocupante y a tomar en cuenta– que hay 600 mil “movimientos irregulares” en el registro, sobre todo considerando que lo que está en perspectiva es una elección presidencial –sin caer en afirmaciones o especulaciones sobre fechas– que es una elección de circunscripción nacional única y por lo tanto no tiene ningún efecto sobre el resultado en dónde vote el elector. Desde luego, no voy a desconocer que si un elector actualmente vota cruzando la calle de su casa o en la cuadra siguiente y lo “mueven” irregularmente para otro estado o ciudad, lo más probable es que no vote – y eso es precisamente lo que busca el CNE para favorecer al régimen– pero, en mi opinión deberíamos concentrarnos en otras críticas al hablar del tema del RE.

Una de las irregularidades importantes que se han cometido con el RE es quitarle su carácter de “permanente”, en la última modificación de la ley. Si bien se habla de que es de “carácter continuo” (Artículo 28.2 de la LOPRE), era mucho más claro cuando la ley establecía que se trataba de un “registro electoral permanente”, que implicaba que nunca se interrumpía, que en cualquier momento se podía acudir a una oficina del CNE o de algún centro habilitado para tal fin, para registrarse como elector. Nunca se “cerraba” la inscripción en el RE, simplemente se hacía un “corte”, meses antes de una elección, para establecer con ese corte los que tendrían derecho al voto en dicha elección, organizar circunscripciones electorales, centros de votación, mesas y cuadernos electorales, y establecer quién, de acuerdo a ese RE, tenía derecho al voto, siempre que tuviera al menos 18 años, una cédula de identidad y figurara en el registro, antes de la fecha del “corte” para dicha elección.

Hoy en día, al no ser un RE “permanente”, queda a criterio del CNE establecer “campañas” o “jornadas” u “operativos” de inscripción, que como hemos visto, especialmente desde el año 2013, son tan insuficientes, mal informadas y tan mal implementadas, que hoy tenemos un rezago en el RE de más de un millón seiscientos mil jóvenes electores que no están inscritos y ya tienen más de 18 años de edad.

Eso nos lleva a otra irregularidad importante que también debemos tomar en cuenta y es la cantidad de venezolanos que, por no estar actualizado el RE, están siendo privados de su derecho al voto.

De acuerdo con las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) –que no sé qué tan fieles y exactas sean, pero son las que tenemos– en 2019 para una población estimada en 32,5 millones de habitantes, debería haber 22 millones 418 mil venezolanos mayores de 18 años, con derecho al voto, y el RE actualmente solo tiene 20 millones 700 mil inscritos, incluidos los extranjeros con derecho a sufragar solo en elecciones locales; lo que significa que a través del CNE, organismo que debe estimular y proteger el derecho al voto como ya he dicho, paradójicamente, se está impidiendo, negando, ese derecho a más de un millón seiscientos mil jóvenes, nuevos electores.

A esa cifra debemos sumar la de los venezolanos en el exterior que no han podido actualizar su RE para hacer el cambio de domicilio que les permita votar en el exterior. En este caso estamos hablando, para finales de 2019, de un número aproximado de más dos millones y medio de venezolanos, con derecho al voto, que hoy viven en otro país y se les está exigiendo para actualizar su registro o registrarse, cuando ello es posible, no solamente la cédula de identidad, como dice la ley, sino que además presenten una “certificación” de un gobierno extranjero de que residen legalmente en ese país.

En síntesis, estamos hablando de que, por irregularidades en el RE, el CNE está privando del derecho al voto a más de cuatro millones de venezolanos, es decir al 18% del padrón electoral. Esa sí es una cifra que nos debe preocupar y nos los 50 mil apellidos irregulares, (que son apenas el 0,23% de los electores), o los 100 mil posibles doble cedulados, (que son el 0,45%), u otras irregularidades menores que puedan existir en el RE. El RE puede ser auditado, por especialistas, con apoyo internacional y con participación de los partidos políticos y electores y ni siquiera tiene que ser una auditoria total, sino a una muestra estadística bien calculada y determinada; por supuesto, no con este CNE ni en las condiciones actuales, sino cuando se despeje algo más el camino hacia unas elecciones libres.

Nuestra principal tarea está clara, incorporar en un RE –permanente– a los nuevos votantes y a los venezolanos en el exterior, para fortalecer el derecho al voto, minado por el régimen, con la ayuda del CNE.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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La visita de Bachelet a Venezuela representa oportunidades para ambas partes en conflicto y el saldo neto dependerá de cómo cada uno explote esas ventajas frente a su adversario. Es obvio que para el gobierno el análisis de costo-beneficio resulta positivo. Si no, jamás hubiera permitido la visita, incluso si antes la hubiera pedido por conveniencia.

El gobierno conoce perfectamente la opinión del equipo de la Alta Comisionada de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela. Sus críticas pasadas han sido claras y severas y difícilmente cambiaron con esa visita. La capacidad oficial de maquillar problemas y abusos de poder es muy limitada y es obvio que no podían controlar gran cosa la agenda de visitas y reuniones que Bachelet desarrolló en el país. No cabe duda entonces que su reporte de visita incluirá críticas equivalentes a las que ya hizo su equipo previamente, aunque lo haga con el cuidado suficiente para mantener una condición de intermediario válido para todas las partes en cualquier proceso de negociación futuro.

Pero entonces, ¿por qué Maduro insiste en celebrar su visita? Porque lo que Bachelet diga en negativo no tiene nada nuevo, es llover sobre mojado, mientras que el haber estado aquí, ser recibida en aeropuerto por el canciller de Maduro, visitar el palacio presidencial controlado por la revolución es un símbolo más valioso para Maduro que las críticas que ella podía hacer… de nuevo.

Para un presidente en precaria situación de relaciones internacionales, no reconocido y aislado por una parte fundamental del mundo moderno, esta visita es una forma explícita de recordar quién controla el territorio venezolano, quién es el presidente, independientemente de los adjetivos que se usen para calificarlo, con quién se reunió Bachelet oficialmente, reconociendo así su investidura, algo que para la revolución hoy es un bien muy escaso y por supuesto un valor agregado muy preciado. ONU no está reconociendo a Maduro por vez primera. Su posición ha estado completamente alejada de las posiciones más duras adoptadas por Estados Unidos, Unión Europea y el Grupo de Lima. Pero esta era la oportunidad de Maduro de mostrarlo y registrar las visitas y reuniones que a él le convenían y explotarlas públicamente, haciendo uso de su control comunicacional.

Claro que los costos para el gobierno también están ahí. Las reuniones con los opositores, las visitas a los presos políticos, la visión de los problemas migratorios, el desastre en el sistema de salud, la precariedad de las instituciones y la situación dramática del sistema carcelario es imposible de ocultar.

Si bien la Bachelet tuvo que entenderse con Maduro y esa foto le vale la visita al gobierno, eso no significa que la oposición no tiene también aristas muy importantes que explotar sobre este evento. Es obvio que la presencia de Bachelet pone de nuevo a Venezuela y su crisis en el foco internacional. La visita de la expresidenta chilena, de tendencia de izquierda y cercana en algún momento al mismísimo Chávez, a un país deteriorado económica, política y socialmente se hace pública y notoria y ella no lo ocultó. La oposición expone de nuevo, ahora in situ, sus denuncias fundamentadas y la simpatía se ubica de su lado. Pero lo más relevante para mí es lo que buscaba la Bachelet y que podría haber conseguido: revalidar a la ONU como una institución creíble y útil para todas las partes enfrentadas, en el momento en que sea necesaria para implementar acuerdos políticos que ocurran a futuro, algo que otras organizaciones con gran experiencia, perdieron en el camino frente a cualquiera de las partes. Si eso lo logra, y me parece que puede, habrá valido la pena su visita.

luisvleon@gmail.com

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Jesús (Chuo) Torrealba

Es posible comprender los entusiasmos y también los desencantos que puede haber generado en algunos la visita de Bachelet. Para hacer un balance útil convendría tomar en cuenta algunos elementos:

1) La dirección política del campo democrático no preparó a sus seguidores para dar a la Alta Comisionada de la ONU para los DDHH una bienvenida politicamente asertiva y para realizar un acompañamiento social solidario a su visita, que permitiera fortalecer la posición de la alta funcionaria ante el régimen y preparara el terreno para expandir y profundizar el impacto de su estadía en el país. *Muy por el contrario*. Hubo "dirigentes" políticos de partidos de oposición que llegaron al absurdo de "repudiar" públicamente la visita de Bachelet, mientras que un amplio sector de la clase media opositora, *sin liderazgo capaz de nutrir y orientar su perspectiva*, trataba a la visitante de "cómplice", "comunista", "boba que se deja engañar", "viene a recibir los dólares que Maduro le da", etc., etc.. Hubo "protestas de calle" (minúsculas, por cierto) en la que no era posible distinguir si se denunciaba a Maduro ante Bachelet o si se repudiaba a Bachelet por ser supuestamente "cómplice" de Maduro. *Si el informe del 5 de Julio de la Alta Comisionada dijera que su presencia en Venezuela tuvo que vencer la resistencia del gobierno e ignorar el hostigamiento de un sector de la oposición, lamentablemente no estaría faltando a la verdad*.

2) *La visita en su conjunto determinó avances que sólo es posible registrar y capitalizar desde una perspectiva política democrática, no desde el curioso "militarismo opositor" (curioso por ser un militarismo sin militares)*. Desde la perspectiva de la búsqueda de un cambio democrático, de una solución política a la crisis, casi cada línea de la Declaración de Bachelet es un aporte que vale oro: Al afirmar que las sanciones internacionales agravan la crisis pre-existente *señala a Chávez-Maduro como responsable de la catástrofe*; Al desnudar la emergencia humanitaria y la implosión institucional *evidencia la incapacidad del actual régimen para atenderla y pone de manifiesto la urgencia del cambio político*; Pero al colocar como causa, objetivo y propósito del cambio la necesidad de lograr el "Cese de la destrucción", el cese del sufrimiento de las mayorías, *Bachelet también rechaza implícitamente cualquier agenda que promueva (o alcahuetee...) la violencia, por cuando agravaría el sufrimiento social que el cambio deseado debe solventar*.

Por todo eso se comprende que algunos que hicieron muy poco para que la visita de Bachelet fuera exitosa, ahora se muestren "inconformes" con sus resultados, que injustamente tachan de magros...

3) *Ciertamente, lo que queda es Oslo. Pero el fracaso de Oslo pudiera estar cantado*. El régimen monitorea el deterioro nacional e internacional de su adversario; La oposición sigue asumiendo públicamente la negociación de manera vergonzante, promoviendo la incredulidad sobre sus resultados y renegando de la negociación como racionalidad; Varios voceros internacionales juntan en una misma frase "hay que esperar que pasa en Oslo... somos muy escépticos sobre cuales pudieran ser sus resultados"

4) *Mientras todo eso ocurre bajo los reflectores, la disolución fáctica del país avanza*. La crisis de la gasolina, del gas doméstico y de los demás servicios, que hoy tiene paralizada y agónica a la "Venezuela que no es Caracas", en menos de seis semanas se hará presente también en la mini-Venezuela caraqueña, destruyendo la vitrina que servía al régimen para fingir que la crisis es "vivible y superable" con ellos al frente, y volviendo trizas al mismo tiempo la absurda ilusión opositora de que manejar el sufrimiento de la gente como "daño colateral" colocaria el poder en sus manos...

5) *¿No se puede hacer ya nada? No lo creemos. En nuestra opinión se debe y se puede hacer mucho*, pero desde una perspectiva distinta a las utilizadas hasta ahora. Si la guerra civil o la intervención militar no son opciones frente a la crisis sino escenarios terribles de su agravamiento, las elecciones tampoco son por si solas una alternativa a la crisis: Sin un PACTO que garantice la competitividad de los comicios y la gobernabilidad posterior a ellos, unas elecciones no resolverían la crisis sino solo asegurarían la continuidad de la misma en otros ritmos, con otros tiempos: *Hay que tener el coraje político para decir que la situación del país es grave y va a empeorar; Hay que tener la estatura política para decir que la única carta que queda sobre la mesa es la NEGOCIACIÓN, y que cualquier solución política (elecciones, referendo, gobierno de transición) será hija de la negociación, o no será; Hay que aterrizar en la realidad de que un gobierno de transición muy probablemente sea en realidad un gobierno de coalición, y que eso (más que una "fatalidad" impuesta por las circunstancias) pudiera ser algo necesario para la evolución democrática del país.*

Ya no está planteado tratar de ganar el juego suma-cero. Ya ese juego terminó, y lo perdió el país...

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