La relación de la política y el ser humano es el eje fundamental sobre el cual se ha construido la civilización; es una concepción tan antigua como vivir en comunidad.
Aunque luzca y parezca extraño, últimamente alguno habla de “Capitalismo Espiritual”, definido, como han tratado, como “la mercantilización de la espiritualidad y el bienestar”.
El tema de la dolarización de nuestra economía está planteado y lógicamente ha generado muchas opiniones y consideraciones; a propósito de ello escribo estas líneas en términos muy elementales y si se quiere, algunos solo enunciados.
Nuestro país, muy lamentablemente y con hondo pesar, es el de más alta tasa inflacionaria del mundo, superando por amplio margen a naciones con severas crisis económicas.
Se informa que el régimen concedió libertad a 131 presos políticos y según las organizaciones que se dedican a estar pendientes de este asunto tan humano, aún siguen presos más de 350
“Quien espera, desespera”, así lo registra un antiguo dicho popular y es verdad tan clara como el agua potable, máxime en nosotros que somos tan inmediatistas, que algunos califican de error y otros de una condición que acelera lo buscado o esperado.
A mi parecer, la situación de nuestro país es inmensamente grave en todas sus áreas; una figura representativa de cómo estamos podría ser un inmenso barril de pólvora de alta potencia, donde estamos sentados, con mecha muy corta.
El concepto de la unidad en política, en mi criterio, abarca dos dimensiones: por un lado, se refiere a la estrategia de coalición entre actores sociales para alcanzar el poder o transformar una realidad y por el otro, alude a la estructura de organizaciones estatales institucionales bajo un mando central.
En algún momento debe cesar el sometimiento que tenemos a Estados Unidos (USA) por imposición de ellos, que se inició el tres del pasado mes de enero con la captura y sacada del poder de Maduro y su siguiente enjuiciamiento en New York.