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Opinión

Alberto Hernández

1.-

Tengo sobre mis rodillas el pesado tomo del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, mi muy fiel “mata burro”, como decían algunos viejos maestros de la otrora escuela venezolana, la que nos enseñó a usar ese libraco en el que a veces nos ahogamos y otras salimos ilesos. Y que me desmienta desde su lejanía mi querido profesor Manuel Bermúdez, quien también hacía lujo de estas costumbres lingüísticas.

Pues bien, con el recuerdo y el dolor (por los ausentes y por los que siempre estarán frente a nuestros ojos) de tener que repasar de nuevo las grietas de este país, resuelvo consultarlo para sacarme de dudas y establecer un contacto afectivo con quienes tienen asuntos pendientes con los significados y usos del bello idioma español, tan caro a nuestros orígenes, aunque algunos renieguen de él y se crean chinos.

Pues bien, vuelvo y digo, la Política (con mayúscula) es, según nuestro gran libro: “Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. // Actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.// Cortesía y buen modo de portarse.// Por extensión, arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado”.

De la cursilería (con minúscula) explaya: “Acto o cosa cursi. // Conjunto o reunión de cursis”. También se puede decir “cursería”. Cursi: “Dícese de la persona que presume de fina y elegante sin serlo// Aplícase a lo que, con apariencia de elegancia o riqueza, es ridículo y de mal gusto. // Dícese de los artistas y escritores, o de sus obras, cuando en vano pretenden mostrar refinamiento expresivo o sentimientos elevados”.

Y ahora Odio (siempre con mayúscula porque hace mucho daño): “Antipatía y aversión hacia alguna cosa o persona cuyo mal se desea”.

2.-

Tres palabras que hoy están de moda, pero no sólo de moda sino que se aplican con toda su crudeza y fuerza, como para desmoronar conductas y acabar con la vida de una persona o de un país. La política, es bien sabido, es la realización de los asuntos del Estado. Es decir, construir un estado para que funcione. Un estado se construye con política, con inteligencia, con las habilidades de los seres humanos. Para que pueda haber equilibrio social, económico y cultural. Es decir, la política arropa todos esos aspectos. Recordemos a los griegos, quienes nos dotaron de las herramientas que hoy conforman el mundo Occidental. Sin ahondar, para no confundir a quienes dicen que la lectura hace daño a los ojos y a la mente.

De la cursilería, sálvanos señor. Suele aparecer producto del azucaramiento de muchos espíritus livianos, muy sensibles a cualquier motivación superficial. O por algún rasgo de ignorancia. La cursilería abunda en nuestro acontecer por los discursos que se han entronizado en nuestro ser colectivo. La política ha caído en esa trampa. De modo que política y cursilería muchas veces se dan la mano y pasean felices por todo el estamento nacional.

3.-

El odio, esa cosa purulenta que crece en el espíritu humano, sólo humano, porque los tigres ni las moscas odian. Odian los humanos. Porque el odio es un acto de inteligencia. Se elabora la tesis y sobre ella se aposenta el sentimiento aversivo. El instinto no crea el odio, lo disipa. La inteligencia acapara los sentimientos, los amontona, los hace una masa y allí se concentra el odio, como podría concentrarse la alegría, el amor, las ganas de comer chocolate o de acostarse con una mujer o un hombre.

No es preciso devanarse los sesos para entender que estamos metidos en un verdadero problema, porque la política (con minúscula), la que suele ser apostillada como “politiquería”, anda amigada con el odio. Cuando se junta el poder, en este caso esa política, y el odio, las familias o los países (total, son una familia) entran en crisis en conflictos. Aparece la violencia que es la sustitución de la Política. El odio se hace presente. Y los regímenes que lo sembraron no lo pueden controlar o detener, como no pueden controlar o detener las distorsiones de la economía. Inventan, en consecuencia, leyes inútiles e ilegales para tratar de contener el desbocamiento de la brutalidad provocada por la “política” de quien gobierna o dice gobernar.

Queda a un ladito la cursilería porque es tan inane que quien no sepa leer o entender la ética, la estética o la política, se dedica a decir sandeces, mientras el mundo afectivo se les viene encima.

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Tim, el muchacho del barrio La Dolorita de Petare convertido en estilista del concurso Señorita Venezuela que terminó siendo un agente encubierto de una operación de inteligencia montada por la CIA, el FBI y la DEA, es uno de los protagonistas de la última novela de la excelente periodista y escritora Ibeyise Pacheco.

Las Muñecas de la Corona es un retrato del entramado de corrupción y degradación moral de la casta gobernante que en nombre de los pobres convirtió al país en un gran casino donde unos pocos hacen sus apuestas y siempre ganan, usando el dinero de todo un pueblo condenado a la miseria, el hambre, las enfermedades y la violencia.

Ibeyise Pacheco es una periodista que desde sus inicios se ha destacado por ser acuciosa en sus investigaciones y por narrar con destreza y valentía los crímenes perpetrados por la élite, ya sea politica, militar, policial, religiosa, empresarial o académica. Su anterior novela, Sangre en el Diván, tuvo un gran impacto social al publicar los detalles del asesinato cometido por un encumbrado académico, ex rector universitario, ex candidato presidencial y siquiatra de Hugo Chávez.

Como ya es usual con las informaciones que exponen la trama corrupta y degenerada que se adueñó del Estado, la censura está tratando de evitar que los venezolanos descubran los entretelones de un certamen que degeneró en una palanca para utilizar la belleza como instrumento de influencia y facilitación de relaciones y negociados en las altas esferas del poder en Venezuela.

La Barbie, o Rita Blanco en la novela, es una ex miss que logra relacionarse sentimentalmente con el Presidente y a partir de allí, asociada con el Tesorero de la nación, Alejandro Andrade y algunos seudo banqueros y operadores, amasa una fortuna en los turbios negocios financieros en base al diferencial cambiario.

En la lectura de la novela, los venezolanos encontrarán otros reconocibles perfiles de los responsables del gran saqueo que ha sufrido el país.

Exhibir lo robado se convirtió en una obsesión para los funcionarios corruptos, familiares, testaferros y aliados. No bastaban los carros de las marcas más lujosas, ni las mansiones y los aviones privados. Entre los símbolos de estatus de la nueva casta venezolana corrupta, también denominada boliburguesa, figura en lugar destacado la visión machista de la mujer como objeto. Se trata de algunas misses y modelos, las nuevas glamorosas parejas de los integrantes de esta red delictiva, convertidas en amantes o a veces en segundas y hasta terceras esposas, que son exhibidas como especie de trofeos obtenidos por haber alcanzado un supuesto éxito social al convertirse en multimillonarios.

Para llegar a ellas, no han realizado mayores esfuerzos. Más que buscarlas, se las han ofrecido. Los certámenes de belleza han sido la veta de donde ha surgido la mayoría de estas mujeres-trofeo que hoy disfrutan de los millones robados a la nación por sus parejas.

Los organizadores de los certámenes se las han servido en bandeja de plata, seguramente no de forma gratuita. Se trata de jóvenes que ven en los miembros de la casta, el trampolín a una nueva vida de comodidad y lujos alejada de la pobreza y la violencia que ha instaurado en Venezuela el mal llamado socialismo del siglo XXI.

El deseo de impresionar a los otros es innato en el ser humano. En el caso de los corruptos, la necesidad de reconocimiento es mayor aún debido precisamente al origen oscuro y pecaminoso de su fortuna.

Romel Bustamante, principal protagonista del libro de Ibéyise, organizador y promotor del certamen de belleza en Venezuela y ahora en Miami, vinculado a una poderosa cadena televisiva, se convirtió en el proveedor del portafolio de misses para la casta gobernante, utilizado para concretar negocios con el Estado delincuente. Un ejemplo es la ostentosa vida de Diego Salazar, primo hermano del ex presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez y sus oscuros y multimillonarios negociados en base a la renta petrolera.

En Las Muñecas de la Corona, Ibeyise Pacheco describe en detalle situaciones y personajes en un relato sin desperdicio que no podemos dejar de leer si queremos comprender cómo se instauró la cleptocracia que desgobierna en Venezuela, principal causa de la falta de libertad y de los males que estamos padeciendo.

14 de noviembre de 2017

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Maxim Ross

La muy particular encrucijada que enfrentamos en los inicios de 2017 y lo que se espera para 2018, después de haber experimentado todos los métodos constitucionales que pudieran resolver el conflicto político, obligan una serie reflexión sobre lo que pueda venir, principalmente para evaluar hasta donde es posible la viabilidad de un cambio político o, por el contrario, la permanencia del gobierno hasta el 2018 o, quizás más allá de esa fecha.

En ese sentido, este articulo está orientado a discutir que fortalezas o debilidades tiene ese cambio en un masivo respaldo popular, el cual, como es comprensible es el más difícil de obtener, inclusive con todo y las graves dificultades económicas y sociales que sufre la población, especialmente la de menores recursos y más necesitada.

Entonces, cabe la pregunta de ¿Hasta dónde ese pueblo, con todo y lo que indican las encuestas del apoyo que se supone le da al “cambio político”, será capaz de expresar su respaldo a esta medida públicamente? ¿Hasta dónde será capaz de levantar la voz y protestar enérgicamente en su favor? En ese sentido, propongo responder esa pregunta hurgando en algunos factores históricos que pueden darnos una pista, en una dirección u otra. Por esa razón apelo otra vez al título del famoso libro de Von Hayek “El camino de la servidumbre”1, en el cual defiende rigurosamente el peligro que corría Alemania frente a Hitler, pero además realiza un severo juicio sobre las posibilidades democráticas del socialismo, en particular el basado en las doctrinas marxistas.

Apelo a este ensayo porque ilustra muy claramente como un pueblo puede ser sometido fácilmente a los dictámenes de gobiernos totalitarios, eliminando las fuerzas que les permiten resistirlos. Este, a mi juicio, puede ser el caso de la sociedad venezolana, cuyas específicas características podrían comprometer un cambio de esa naturaleza.

¿Puede una sociedad rebelarse por sí misma?

A juzgar por varias experiencias históricas eso no es posible, a menos que exista una “idea fuerza” o un liderazgo que movilice la población. Si se examinan los casos ocurridos modernamente encontramos que las sociedades que cambiaron el curso de los acontecimientos tuvieron líderes y propuestas que permitieron movilizar amplias capas de la sociedad, aun cuando pueden encontrarse casos de “rebeliones” más espontaneas o menos dirigidas, pero lo que interesa no es dirimir estas opciones, aunque dicen que más se producen por la presencia de un liderazgo que sabe recoger las insatisfacciones sociales, que por reacción espontánea.

Lo que realmente interesa es indagar en qué medida la población venezolana, repito la de menos recursos, la que hace las “colas”, la que ha perdido su capacidad adquisitiva, la que no consigue medicinas o alimentos básicos, está en capacidad y posición de rebelarse realmente frente a la situación que impone el gobierno.

La sumisión tiene largo tiempo.

Mucho se ha dicho y escrito sobre el efecto nocivo que ha tenido la presencia del petróleo en la vida de la sociedad venezolana, el cual, a pesar de los beneficios que sin duda ha traído, deja una estela de conformismo, de pasividad y de dependencia, que lleva a una excesiva paralización para reclamar sus reivindicaciones y ello motivado, en mi opinión, no solo por el efecto “renta petrolera”, que permite vivir de ella sin necesidad, al menos aparente, de otras fuentes económicas, sino porque ella permitió desarrollar un Estado nacional sumamente poderoso que apabulla todo intento de expresarse.

Si a ello se agrega la circunstancia de que los particos políticos venezolanos sucumbieron a una severa crisis de representatividad y de ausencia de propuestas doctrinarias, incluyendo el caso del partido que domina en el gobierno, el PSUV, entonces el circulo vicioso de la inacción se cierra peligrosamente. Un país donde las fuerzas productivas de la sociedad fueron siempre hipotecadas al Estado y donde este domina plenamente la vida económica, la sociedad civil nunca tiene “fuerzas propias” que le den autonomía e independencia, repercute en la ausencia de una democracia efectivamente activa, participativa y representativa.

A ello se agrega que los partidos políticos se organizaron en base a idearios “socialistas” que dieron sustento a ese Estado “fuerte”, pero que además se conformaron mediante pactos y acuerdos en los que poco participaron los intereses genuinos de la sociedad civil. Por esas razones el pueblo venezolano puede estar histórica y peligrosamente atado a una línea de conducta que lo imposibilite a reaccionar y rebelarse contra este o cualquier situación global que lo perjudique.

Esa desigualdad de fuerzas explica razonablemente porque los venezolanos pudieran ser más pasivos que otras sociedades, a la hora de enfrentarse ante el infortunio que han creado distintos gobiernos. La lógica de una relación como esta hace que el enfrentamiento sea explosivo, como lo fue el 27 de febrero, con el “Caracazo”, pero no con un patrón de reacción colectiva que tenga consistencia y organicidad, que de pautas de alguna posibilidad de reacción. Ese temor persiste en el seno de este ensayo.

¿Posibilidad de un cambio político?

Si esto fuera así, las posibilidades de un “cambio político” en Venezuela se verían, como se dijo antes, seriamente comprometidas y nos podríamos ver frente a un escenario donde la “servidumbre o la sumisión” se hagan permanentes. La pregunta es, entonces: ¿Puede este escenario ser superado? ¿De qué podría depender?

Desde luego la respuesta viene por el lado del liderazgo, porque, como se dijo, las sociedades “no se rebelan” solas y, está, la venezolana difícilmente lo hará, dados los determinantes señalados. En este caso, las exigencias de liderazgo para un “cambio político” son notablemente mayores que los requeridos en otras sociedades con mayores grados de autonomía e independencia.

La historia nos dice que esas “rebeliones” se producen cuando a la sociedad se le proponen ideas o propuestas de alta envergadura que tengan enorme conexión con lo que ella sufre. Estaría demás poner ejemplos que dan luz al respecto. En Venezuela un Betancourt, un Villalba y un Chávez supieron interpretar esos sentimientos y esa relación y lograron “arrastrar” grandes movimientos sociales detrás de ellos. Esa es la lección, nos guste o no en sus lados positivos o negativos. ¿Entonces se le está proponiendo a la sociedad venezolana, esa adormecida y seducida, algún proyecto de similar calibre y envergadura?, o ¿esta nuestra oposición encerrada en un conflicto que poco o nada tiene que ver con las imperiosas necesidades de la gente?

¿La “guerra” entre el TSJ, la Asamblea o el “dialogo” pueden ser suficientes detonadores de una masiva reacción social? La respuesta es un contundente NO. No parece posible que quienes hacen “colas” y sufren el impacto del caos general que se ha creado en Venezuela se sientan representados en ese “conflicto”. Muy por el contrario pareciera contraproducente seguir focalizándose solamente en él. Luego, las posibilidades de un “cambio político” en Venezuela van a depender de que ese salto se produzca y alguien, o algo sustantivo, le sea propuesto a esa sociedad atrapada entre el miedo, el subsidio, la propaganda, la intimidación, la compra de conciencias y el “bozal de arepa”.

Esa condición pareciera indispensable para que la sociedad “le ponga el oído” a una opción distinta a la que nos gobierna. De lo contrario podríamos, como he defendido, estar condenados, como dijo Hayek en su tiempo a un “camino de la servidumbre” y a la sumisión permanente, como ha sido el caso de los pocos países que no consiguieron la fórmula secreta para desprenderse de los regímenes totalitarios, como lo son Cuba, Corea del Norte y sus variantes “ligeras” China, Vietnam, Cambodia y otros menos fáciles de identificar.

La “gente” tiene que identificar una salida, una solución para sus problemas, una propuesta creíble y confiable.

¿Cuál propuesta?

El tema es que no se trata de una cualquiera, sino de una que realmente toque el fondo del problema, esto es la superación de la forma en la que el petróleo modela la economía y la sociedad venezolanas, hasta subyugarlas a sus poderosas fuerzas, a sabiendas de que no es “culpa natural del petróleo”2, pero sí de la forma en que los distintos gobiernos lo manejaron haciéndonos completamente dependientes de él y sus ingresos. Supone superar el “estatismo”, el centralismo, el “Presidencialismo” y el gran déficit democrático que, por ejemplo, explica la debilidad de nuestra Asamblea frente al Poder Ejecutivo y el presidente.

En el fondo, no es otra cosa que la expresión de los distintos “socialismos” que orientaron a Venezuela en toda su vida contemporánea y, donde ningún partido político. fue capaz de escaparse de ellos en cualquiera de sus versiones, cristiana, marxista o keynesiana.

De lo que se trata es de presentarle a Venezuela una propuesta que genuinamente le permita liberarse de todas esas fuerzas “represivas” que la conformaron modernamente. Solo si una propuesta de ese calibre “sale a la luz”, entonces habrá posibilidades de un “cambio político”, pero: ¿Esta alguno de los partidos adversos al gobierno en esa capacidad? Sus manifestaciones, hasta ahora, se parecen, más que menos a las del PSUV, por lo cual esa masiva, seducida, adormecida sociedad de gente sin recursos, a la que aludo, difícilmente pueda captar alguna diferencia entre unos y otros. Y allí quien tiene todas las de ganar es el gobierno con todo el aparato que maneja.

Consecuencia y conclusión: para romper el modelo de “servidumbre y sumisión” hace falta algo muy distinto a lo que tenemos, mucho más audaz y que no se ve en el panorama político quien pueda proponerlo. En el mundo de la sociedad civil, en especial en su campo intelectual y profesional, en las Universidades y Centros de Estudios, estos caminos han sido propuestos, sin conseguir suficiente eco en los principales partidos. Quizás un mejor encuentro entre esos dos mundos pueda producir algo que los venezolanos compren con confianza y credibilidad, tal que puedan distinguir claramente que se trata de su liberación del modelo que, sin darse cuenta, los ha subyugado por largo tiempo.

1“The road to serfdom” F. A .Hayek. London, 1944

2 Me refiero a versiones tipo el “Excremento del diablo”

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Luis Ugalde

⁠⁠⁠⁠⁠Hoy tenemos mucha oscuridad con pocas luces y moral. Estamos frente al abismo con algunas necesidades políticas de vida o muerte para lograr un futuro democrático de esperanza. Nombraré algunas.

Venezuela necesita:

  1. Salir de este régimen con su modelo político y económico ruinoso y empezar de inmediato a superar la acelerada y espantosa crisis social, política y económica.
  2. Un consenso con gran unidad en torno a la manera de parar la ruina económica productora de miseria social, y poner las condiciones que promuevan las inversiones nacionales e internacionales indispensables para la recuperación y reactivación de miles de empresas productivas.
  3. Retomar la Constitución y los derechos humanos consagrados en ella, como punto de encuentro y base para activar las virtudes ciudadanas y valores solidarios.
  4. Que predomine una Fuerza Armada decidida a respaldar el restablecimiento de la Constitución y su democracia frente a la dictadura.
  5. Un gobierno de transición de unidad nacional con el fin de preparar las bases y condiciones indispensables para la elección de un gobierno democrático de reconstrucción. O un presidente electo para la “salvación nacional”, que trascienda a los partidos, pero con apoyo y compromiso de estos con un gobierno que responda a la emergencia social.
  6. Apoyo internacional excepcional, como lo requieren los países luego de una devastadora guerra o de un terremoto de destrucción masiva.
  7. 7Una movilización interna e internacional en torno a la ayuda humanitaria indispensable e inmediata para el logro de comida y medicinas de primera necesidad.
  8. Una nueva esperanza nacional con movilización de conciencias y grupos descentralizados, sacando cada uno lo mejor de sí, rompiendo exclusiones y tendiendo puentes que activen la solidaridad reconstructora.

Ante necesidades tan evidentes, nadie que piense en el bien de Venezuela entera, debiera estar en desacuerdo. Pero la política no se puede contentar con enumerar las necesidades, su responsabilidad es hacer que lo necesario se haga posible y convertir lo posible en realidad.

En el paso de lo necesario a lo posible nos encontramos con que los actores sociopolíticos están exigidos por otras necesidades e intereses propios.

Intereses propios:

  1. Los maduristas dan prioridad de vida o muerte a la imposición y perpetuación de su poder absoluto.
  2. Varios líderes de la oposición sienten que ha de ser él y más nadie quien presida el cambio, con apoyo de los demás.
  3. Los empresarios parecen demasiado agobiados y dedicados a salvar lo suyo.
  4. Mucha de la población frustrada y sufriente parece estar pensando en sobrevivir agachando la cabeza o en escaparse del país.

Pero contra toda apariencia la derrota puede ser una buena cura contra la ceguera y nos puede volver a la sensatez y unión.

Necesitamos producir signos radicales de conciencia democrática que, tomando en serio las necesidades básicas del país, sean capaces de convertirlas en metas de acción y proponer, por ejemplo, que otro -y no yo- sea el próximo presidente. “Yo y mi grupo” no pueden ganar y menos gobernar solos y reconstruir el país.

El gobierno está demasiado cegado blandiendo sus tramposos triunfos electorales que le impiden caer en la cuenta de su espantosa e irremediable derrota económico-social: La miseria social, el cerco internacional y el sufrimiento de la población lo atrapan.

Está acabado pero busca someter por resignación y miedo. Concentrado y obsesionado en la erradicación de la Asamblea Nacional y en la legitimación de la anticonstitucional y dictatorial Asamblea Constituyente; no como una institución más, sino como el poder supremo supraconstitucional que puede eliminar todo lo que no se someta y se arrodille. Que los resultados electorales solo sean válidos si reciben la bendición de la dictatorial Constituyente.

Ante esta dramática realidad, es absolutamente necesaria la unión básica en el país, con decidido apoyo internacional de los gobiernos democráticos, que no se conseguirá sin una unidad política interna trascendente y sólida donde los intereses particulares estén sometidos al esfuerzo excepcional para la salvación nacional

Nota.- Es necesario presionar en todos los frentes. La negociación con acompañamiento internacional será buena si se exigen las condiciones democráticas (que el régimen no quiere) para la próxima elección presidencial y restablecimiento de la constitución. El régimen ha demostrado que puede producir o violentar cualquier resultado, por eso los mayores partidos políticos y agrupaciones se niegan a acudir a las inmediatas elecciones tramposas de alcaldes. Por otra parte muchos demócratas están horrorizados ante la alternativa de entregar su alcaldía con más de 80% población opositora. Esto llevará en la práctica a una especie de conducta dual:

  1. Unos no votarán y deberán concentrar esfuerzos en levantar con fuerza nacional e internacional una bandera que exige condiciones para las elecciones presidenciales y para el cambio de régimen.
  2. Otros irán a votar con la movilización local descentralizada de la sociedad civil.

Inevitablemente ocurrirán las dos cosas incluso en un mismo partido. Lo importante es no caer en acusaciones después de la votación que impidan formar una unidad mayor para el indispensable gobierno de salvación nacional.

Caracas, martes 14 de noviembre de 2017

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Jesús Elorza G.

Arrechisísimos, se encontraban los miembros de los colectivos armados de La Piedrita, los Tupamaros y Alexis Vive, por la reciente Ley contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente.

-¿Se volvió loca la camarada Delcy? Preguntó uno de los comandantes.

- ¿Qué es lo que buscan con esa ley? ….que nos callemos la boca frente a los golpistas de la derecha,...no me jodan, dijo el comisario político de la Brigada de Milicianos del 23 de Enero.

- Ay papá, esa tipa como que se pasó pa los contras, señaló el jefe de los motorizados,

Realmente estamos frente a una grave distorsión del proceso revolucionario, manifestó Valentín Santana, Jefe Supremo de La Piedrita. Nosotros, los verdaderos revolucionarios, somos fieles a las enseñanzas de nuestro Máximo y Único Líder, el Difunto Eterno. Quien, desde hace mucho tiempo nos ha guiado en lo que debe ser nuestra irreductible posición frente a los enemigos de la revolución. Recordemos, que su primera enseñanza fue la de decirnos “Que iba a freír en aceite hirviendo la cabeza de los adecos”

A partir de ese momento, sus enseñanzas se fueron multiplicando exponencialmente. En cada discurso, en cada entrevista o en cada intervención pública o privada lanzaba uno o varios calificativos contra la derecha reaccionaria. Vienen a mi memoria algunos de ellos: Moribunda, escuálidos, golpistas, pitiyanquis, arrastrados, aprátidas, pagados por la CIA, delincuentes, hijos de papá, analfabetas, cachorros de los Estados Unidos, peones del imperio, váyanse pal carajo yanquis de mierda, con el bate que me regaló Sammy Sosa le voy a caer a batazos, frijolito, etc, etc, etc.

- Valentín, no te olvides de aquella famosa frase “Métanse su victoria de mierda por el culo”, grito uno de los presentes.

-Así es camarada. Por eso no entiendo cómo nos van a venir ahora con esa posición moralista desde la constituyente. Recuerdo también, como el pana Tascón contribuyó al deslinde e incentivación del rechazo a los contrarrevolucionarios con su Lista. Y en la confrontación con la iglesia, no titubeo nuestro Líder en calificar a la oligarquía eclesiástica como demonios, entupidos y vagabundos.

Más que una ley que pretenda callarnos, debemos hacer nuestro el pensamiento del Che Guevara “EL odio revolucionario como factor de lucha, es el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo”.

Honremos este pensamiento y fortalezcamos nuestro odio revolucionario.

-Aplausos y vivas …llenaron el recinto.

- Valentín, dijo un representante de las Fuerzas Bolivarianas de Liberación Nacional, yo le agregaría un pensamiento de Mao Tse Tung que leí en uno de sus libros rojos “Concentra tu odio y aprieta el gatillo”

Vale camarada, lo debemos imponer como lema de la Guardia Nacional.

Con el tiempo, nuestro glosario de odio revolucionario fue enriquecido por nuestros camaradas Rafael Ramírez con su famosa expresión Rojo-Rojito, La Fosforito con su típica expresión hijo de puta y coño de madre y no podía faltar el camarada Nicolás con su calificativo de Mariconson.

Por todo ello, camaradas, si queremos honrar nuestro acervo cultural, propongo que marchemos unidos hacia la Asamblea Nacional Constituyente para exigir de la derogatoria inmediata de ese instrumento legal que pretende ponernos una mordaza.

Digámosle NO a ese adefesio jurídico.

Voceando la consigna “Delcy, tu ley No pasará”, marchó la manifestación hacia la sede de la asamblea.

Megáfono en mano, Delcy salió para atender el reclamo de los manifestantes: Camaradas y camarados, creo que hay una ligera confusión en la interpretación de lo aprobado. Es nuestro deber revolucionario, defender por encima de todo a nuestra revolución. No cabe, en nuestro proceso ninguna crítica proveniente de la derecha reaccionaria, no podemos permitir manifestaciones de odio contrarrevolucionario. Nuestro norte es la construcción de la sociedad revolucionaria y el Hombre Nuevo con pensamiento único. Con esta normativa, de la Ley contra el odio se consagra un arma de retaliación política contra la disidencia de los oligarcas imperialistas de la derecha, y solo se garantiza la libre expresión de pensamiento único.

Finalmente, quiero decirles que con esta revolucionaria normativa jurídica, hemos fortalecido nuestro odio de clase, nuestro odio revolucionario y nuestra consigna es y será por siempre “Aquí no se permite hablar mal de la revolución socialista del Siglo XXI”

Los colectivos se retiraron alegres y contentos a celebrar con las cajas Clap de ron que le suministraron en la asamblea.

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Bien, nos encontramos en las semanas finales del año 2017 y a días para la celebración de las elecciones municipales. En esta ocasión, un sector político de la MUD (Acción Democrática, Vanguardia Popular y Primero Justicia) ha decidido no participar en estos comicios. Por otro lado, independientes y miembros de otras agrupaciones políticas han inscrito sus nombres como candidatos a presidir alcaldías en algunas regiones del país. En fin, el sector democrático, no ha asumido una posición unitaria en relación a estos sufragios. Ante esta circunstancia, no sería una sorpresa que el oficialismo gane la mayoría de las alcaldías del país.

En otros artículos he intentado reflexionar sobre la dificultad de los sectores políticos democráticos para leer en forma apropiada la presente coyuntura política. Sin ánimo de exagerar, en los pasados comicios, este sector se auto impregnó de una exagerada confianza. Se esperaba que la desastrosa situación económica y social que padecen los venezolanos actuara como catalizador de la voluntad del voto contrario al oficialismo. Circunstancia esta que operó como obstáculo para evaluar correctamente la capacidad operativa y fraudulenta del sector oficialista. Salvo algunas excepciones (Táchira, una de ellas) la campaña electoral se llevó a cabo en los términos tradicionales que han caracterizado estos eventos electorales. Su narrativa estuvo impregnada de un cierto racionalismo ingenuo que no alcanzó a tocar el corazón de los electores. Por ejemplo, el alto nivel de abstención pudiera ser explicado, parcialmente, como una conducta de sectores decepcionados que no fueron interpelados apropiadamente por la propaganda de los candidatos democráticos.

Desde luego, la situación descrita es mucho más compleja. Existen otros eventos que ayudan a comprender estos resultados. Sin embargo, en esta ocasión me voy a detener en una de estas variables que se ubica en el centro de un razonamiento que podría dar cuenta de lo acontecido y lo que está por acontecer electoralmente. Me refiero a una sobrevaloración de las circunstancias de naturaleza económica. Lo que habitualmente, en la jerga académica, se denomina reduccionismo económico. En forma breve, podemos definir esta opción como un criterio o formulación política que concede al factor económico primacía sobre los de cualquier otra índole. Irónicamente, esta desviación generalmente es observada en la conducta política de actores de procedencia marxista.

En fin, la dirección política de la oposición otorgó un alto valor a las circunstancias económicas que caracterizan la actual situación del país. Se esperaba que la combinación de inflación, alto costo de la vida, depreciación del salario, deterioro de la calidad de vida, delincuencia, corrupción, entre otras variables, conformaran un contexto favorable a las invocaciones políticas del sector opositor. En consonancia a este precepto, su narrativa electoral se posó sobre este supuesto y no abordó en forma apropiada las condiciones de naturaleza subjetiva y las particularidades de naturaleza regional. En otras palabras, no fue “mercadeada” apropiadamente la oferta electoral en el plano subjetivo. Es apropiado señalar que esta explicación requeriría ser enriquecida por otras variables que juegan en la dilucidación de lo acontecido en las pasadas elecciones. En un próximo escrito abordaremos esas circunstancias.

En el año 2018 se producirá las elecciones presidenciales. Las recientes experiencias electorales deberían verse como un aviso de lo que no se debe hacer en el plano electoral. Es imprescindible que la dirección política democrática haga un esfuerzo de autocrítica y revise los criterios sobre los cuales se conformó la pasada unidad.

Un punto de partida podría ser despojarse de la tentación economicista. Entender que la crisis por sí sola no va a producir los cambios de subjetividad que se requiere para alcanzar la victoria en las presidenciales. Es imperativo, entonces, construir una narrativa alterna a la oficialista que interpele emocionalmente a los ciudadanos. La combinación de crisis económica y la subjetividad apropiada, a mi juicio, constituye la llave adecuada para poner fin definitivo a este desastre del socialismo del siglo XXI.

La política, sin duda alguna, es así.

http://autonomiaspoliticas.blogspot.com/2017/11/construir-una-nueva-narr...ón+y+Autonomías+Políticas%29

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Lluís Bassets

China está ya lista para convertirse en la primera superpotencia del mundo, a mitad del siglo XXI. Tiene la voluntad y cuenta con las condiciones para hacerlo, especialmente aportadas por las debilidades de las superpotencias que podían competir con ella, EE UU y la UE, corroídas ambas por la crisis de la democracia liberal y el resurgimiento fragmentador de los nacionalismos populistas. Y también tiene al líder acorde para este objetivo, el presidente Xi Jinping, al que el congreso quinquenal comunista le ha dado un segundo mandato reforzado para emprender tal tarea.

No es fácil descifrar las señales que emite la magna y secretista reunión cada cinco años de más de 2.000 delegados del Partido Comunista de China. Ni una sola de sus decisiones y debates se celebran a la luz del día, es una organización que cultiva obsesivamente la uniformidad y la opacidad y tiene auténtica alergia al pluralismo. Todo hay que deducirlo de la interpretación de los discursos, de los nombramientos e incluso de las imágenes y gestos de los dirigentes.

La conclusión unánime de los observadores del 19º Congreso que se ha celebrado entre los días 18 y 24 de octubre es que el actual líder, Xi Jinping, se ha convertido en el hombre más poderoso de China desde los tiempos de Mao Zedong, el fundador de la República Popular. Tres son los cargos señeros que acumula el líder chino: la secretaría general del partido, que es la que se dilucida en los congresos; y luego la presidencia de la República y la presidencia de la Comisión Militar, equivalente esta última a la categoría de comandante en jefe militar del presidente de los EE UU. Los antecesores de Xi también los ocupaban, pero siempre estuvieron sujetos al equilibrio entre facciones internas y a la idea de dirección colegiada, que implantó Deng Xiaoping como reacción al culto a la personalidad y a las arbitrariedades de Mao Zedong, sobre todo durante la Revolución Cultural.

Xi Jinping anula la dirección colegiada y la modestia en política exterior impuestas por Deng Xiaoping

Los signos del inmenso y excepcional poder de Xi son abundantes, pero destacan dos. De una parte, se ha inscrito su nombre en la definición constitucional del pensamiento oficial, algo que no había sucedido en vida de ningún otro dirigente que no fuera Mao. De la otra, ha quedado interrumpido el ritual oficioso de la sucesión generacional cada diez años, que obligaba a designar ahora a los dos sucesores de la sexta generación —futuros presidente y primer ministro— para su nombramiento en 2022 en el 20º Congreso, de forma que Xi podrá perpetuarse en el poder, como solo hicieron Deng Xiaoping y Mao, terminando así con la idea de dirección colegial y del equilibrio entre facciones que ha funcionado en las dos últimas décadas con los presidentes Jiang Zemin y Hu Jintao.

La equiparación con Mao es la forma, es decir, el simbolismo y el folclore. No quiere decir que no sea inquietante, a la vista del terrible balance del maoísmo. Pero más lo es el contenido de la elevación a la máxima categoría del nuevo dirigente chino, canonizado en vida como el tercer emperador del imperio rojo. Después del fundador Mao y del reformador capitalista Deng, llega el emperador que quiere convertir a China en el nuevo imperio del centro, ahora global y no meramente asiático como lo fue hasta hace 200 años, y por tanto en la superpotencia global del siglo XXI.

Siendo el fundador Mao un emperador que se creía filósofo, todos sus sucesores se han visto obligados a fingir una vocación filosófica mediante una palabrería similar a la de su antecesor. El pensamiento o teoría de Deng, que abrió el país al mundo y al capitalismo, se inscribió en los principios del partido en 1997, diez años después de su muerte. Las ideas de Jiang Zemin y de Hu Jintao, consideradas menores, han merecido también su elevación a doctrina oficial pero sin mencionar el nombre, al final de sus respectivos mandatos. Xi, en cambio, recibe tal honor nominalmente, en vida y en el ejercicio del poder, como Mao.

El origen de esta operación ideológica se halla en el marxismo-leninismo, la denominación elegida por Stalin a la muerte de Lenin para convertir la doctrina política oficial y a su autor en las piezas de una construcción dogmática de una religión de Estado obligatoria y única. Mao Zedong fue todavía más audaz e inscribió su propio pensamiento en la doctrina oficial como marxismo-leninismo-maoísmo y, en buena lógica con el culto a su personalidad implantado ya en vida bajo sus órdenes, cuando murió su cadáver fue embalsamado e instalado en la plaza de Tiananmen al igual que el de Lenin fue instalado por Stalin en la plaza Roja.

El pensamiento de Xi Jinping ahora sacralizado se define como “el socialismo con características chinas para una nueva era”, y contiene en su nombre la teoría de Deng Xiaping de adaptación del mercado al socialismo, pero también la idea de una era inaugural con el horizonte para mitad del siglo XXI de una China convertida en superpotencia, incluso en el plano militar. Es el regreso en plenitud del imperio, una vez superadas las humillaciones de la época colonial y alcanzada la prosperidad que permite competir en el mundo.

Al contrario de las expectativas de hace una década, el capitalismo chino no tiene cita con la democracia liberal en un futuro cercano

En política exterior, significa el anuncio de una acción cada vez más agresiva, aunque se siga presentando como un ascenso pacífico. Taiwan está ya en la diana para los próximos años, con el fin de completar la soñada unificación china. La lengua de vaca del mar del Sur de la China, una extensa zona marítima lindante con seis países y con 200 arrecifes y peñascos donde Pekín construye puertos y aeropuertos, cuenta también como si fuera el patio trasero chino, al igual que lo fueron Centroamérica y las Antillas para Estados Unidos. En realidad, China ha construido ya su propia Doctrina Monroe (América para los americanos) por la que exige tratar bilateralmente a sus vecinos y sin interferencias ajenas al continente.

Con el emperador Xi se aclaran definitivamente tres ambigüedades que rodeaban la vía china desde el ascenso de Deng Xiaoping hasta ahora. El crecimiento económico y el mercado no conducirán a la democracia. El partido comunista no soltará jamás el control sobre la sociedad, permitiendo el pluralismo político y religioso. China no aceptará plenamente el derecho y el orden multilaterales internacionales, sino que intentará organizar en torno a su centralidad un orden internacional propio y paralelo, a semejanza o imitación de lo que ha hecho Estados Unidos en el siglo XX.

El modelo de Mao era la Unión Soviética de Stalin, que actuaba de espejo y de rival competitivo. Y no exactamente por el maxismo-leninismo, sino por la capacidad de construir un imperio mediante la dictadura de un partido fuertemente disciplinado. En su filosofía de la historia, China asciende cuando la autoridad central controla el país y se fragmenta y entra en decadencia cuando hay pluralismo y disputas civiles. Para los actuales dirigentes chinos, la República Popular es una Unión Soviética que ha triunfado.

El gran estudioso del maoísmo que fue Simon Leys ya caracterizó al pensamiento de Mao como una “mezcla de marxismo mal digerido y de taoísmo brumoso”. El pensamiento de Xi nada tiene de socialista ni de marxista, aunque mucho de confucianismo. Pretende ser en todo caso una doctrina imperial camuflada y la alternativa autoritaria y nacionalista a la democracia y al cosmopolitismo liberales de los países capitalistas.

El País. ideas

https://elpais.com/internacional/2017/10/27/actualidad/1509121825_145594.html

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