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Opinión

En esta Venezuela, el país remolino, lo que hasta hace poco era un susurro, un "no se te ocurra mencionarlo", ya es de uso cotidiano.

En junio del año pasado, antes que aparecieran los productos importados, cuando el desabastecimiento era el combustible que elevaba la presión, y parecía inminente el estallido, el líder de moda y miembro del selecto G4 nos tranquilizaba: "el pueblo aguanta, pero el chavismo tiene que caer aún más, para que más nunca se levante". Por el otro lado, Maduro anunciaba que no había tiempo para el Referendo Revocatorio, y el CNE invalidaba 600 mil firmas

Y así nos fuimos deslizando, a paso de vencedores, hacia una polarización más extrema. Pero esa misma fuerza centrífuga que distanciaba aún ms los polos, hizo crecer el campo despolarizado. Hoy ese campo, esa tierra de nadie, sigue creciendo

Los polos se desgastaron, pero no se han desactivado.

Y así, con el fraude de la Constituyente, nos acercamos al borde del barranco. Pero al mismo tiempo, comienzan a desprenderse, piezas y grupos importantes del oficialismo, ante lo que a todas luces se nos aproxima: más miseria, atropello y represión.

Comenzamos entonces a confluir en la defensa de la Constitución.

Soy de los cree y confía, que esa confluencia es lo que nos pudiera salvar del salto al vacío. Es por ello, que me sumo a ese pequeño grupo que se ha atrevido a cruzar el puente para encontrarnos con aquellos con quienes no habíamos tenido comunicación, pero que la gravedad, en sus dos acepciones, de la situación y la fuerza, no has aproximado.

Sin duda, cruzar ese puente, en ambos sentidos tiene un costo político, y en términos más coloquiales, una raya. Desde la simpleza de colaboracionista o tonto útil, al extremismo de traidor e inmoral. Sin embargo, o hablamos, o nos matamos

En ese marco, en relación al tema de la posibilidad cierta de una guerra civil en Venezuela, los invito a escuchar a Nicmer Evans (De la polarización a la Guerra Civil; https://youtu.be/YxCPcdHHps), dirigente de Marea Socialista, e integrante de la plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución, quien próximamente vendrá a Maracay,

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La Asamblea Nacional Constituyente no tiene razón de ser. Como ya se ha dicho mil veces, es inoportuna, inútil, ilegal y contraria a la opinión mayoritaria de los venezolanos. Es un truco político, cuyo propósito es conservar el poder, aun sin tener el apoyo popular.

Encima, y por si fuera poco lo anterior, el proceso constituyente se está organizado con prescindencia de las pautas básicas establecidas para las consultas electorales. En un trabajo organizado por el Observatorio Electoral Venezolano (OEV), a cuya directiva pertenezco, se registran diversas irregularidades, tales como la de no haber previsto la campaña institucional dirigida a informar a la ciudadanía acerca de la naturaleza y pormenores del proceso ; la de no cumplir con las normas respecto a la publicación del registro electoral; crear los sub registros electorales (recuérdese que se decidió una elección tipo sectorial) de manera acelerada y a puertas cerradas, sin dar ocasión para que pudieran impugnarse; no realizar jornadas de inscripción (ocasionando que no puedan votar quienes hayan cumplido 18 años después de 2015, última vez que se hicieron,); dejar dudas en lo que atañe a la definición de las suscripciones electorales; alterar lo dispuesto en las normas en materia de postulaciones; eliminar 14 de las 21 auditorías técnicas que se realizan antes, durante y después de la realización del proceso ; reducir, sin que se conozcan los motivos, el lapso de la campaña electoral; o la de no dejar claras las cosas respecto a los miembros de mesa, ni tampoco la situación de los observadores nacionales y de los llamados acompañantes internacionales, aspectos todos que pueden verse con mayor detalle en la página web de la mencionada organización (oevenezolano. org)

En fin, todo parece haberse concebido a la carrera, apretando los tiempos y suprimiendo tareas, a fin de que el proceso se lleve a cabo “contra viento y marea”, de acuerdo a lo solicitado desde el gobierno y conforme a maneras muy poco transparentes que, seguramente, dejaran dudas sobre el resultado de las votaciones del próximo 30 de julio, puesto que no se contara con los mecanismos que en pasados eventos electorales sirvieron para cotejar las cifras anunciadas por el CNE.

Visto lo anterior resulta difícil exagerar la irresponsabilidad con la que ha actuado el Presidente Maduro de cara a la severa crisis que envuelve la vida de los venezolanos. Irresponsabilidad, digo, porque en frente a ella, opto por salvar su propio pellejo político.

HARINA DE OTRO COSTAL

Albert Camus dijo más de una vez que “La Patria es la selección nacional de fútbol”. En parecida dirección, los sociólogos han argumentado que el fútbol es un agente importante en el fortalecimiento de la identidad nacional. La cancha, explican, es un lugar en donde resulta posible, tal vez como en ningún otro lugar, el despliegue de la épica nacionalista. Si la selección no es la Patria, al menos se le parece, diría uno, en tono seguramente más comedido que el filósofo francés.

Digo lo anterior a propósito del sub campeonato mundial logrado por nuestro magnífico equipo juvenil, en Corea el Sur. En estos momentos ásperos de nuestra vida colectiva, la selección fue un motivo para recordar que vivimos juntos en este pedacito del mapamundi. Y aunque fuera sólo por un breve instante, dejo entrever una hermosa metáfora, la del país sentido como afán común.

El Nacional, miércoles 19 de junio de 2017

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Consciente como estoy de lo reducida de mi zona de influencia y lo limitado de mi círculo de lectores, pero dada la iniciativa del Poder Ejecutivo para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, me voy a tomar la libertad de plantear la siguiente reflexión:

Para que una Asamblea Nacional Constituyente contribuya a la Paz de la Republica y a sacarnos de la crisis que nos está agobiando, ella debe ser la fuente de la autoridad legítima, el depósito de la soberanía popular y el árbitro del destino de la Nación, como tan sabiamente lo expuso Simón Bolívar en su Discurso de Angostura.

Y eso, en mi opinión, solo se logra activando el Poder Constituyente Originario para que convoque a una Asamblea Nacional Constituyente que tendría como objetivos específicos: transformar el Estado Venezolano, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución, cuyo texto sea lo suficientemente capaz de convencernos que solo unidos y reconciliados podremos comenzar a construir una nación agrícola, pecuaria, petrolera, minera e industrialmente desarrollada, a través de la educación eficiente, el trabajo creador, la solidaridad ética, la responsabilidad militante, la tolerancia política, el respeto al derecho del otro y la moral pública; pues, fuera o al margen de estos parámetros, todo cuanto pueda hacerse por Venezuela, no pasara de ser más que pastorear nubes sobre el cielo azul de la patria buena.

Finalmente, no haber hecho partícipe ni protagónico al depositario del poder constituyente originario para la convocatoria a una constituyente, es un acto antipedagógico por cuanto en nada contribuye a la estimación y valoración del pueblo en general.

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Con voz propia

Los once principios de la propaganda de Alemania nacionalsocialista, de Joseph Goebbels, figura clave de Adolf Hitler, considerado el mejor de prosélitos políticos de la historia, son el manual de instrucción del corrupto e inhumano narco régimen militar que padecemos. Hace consigna de la frase «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad», cuya autoría se le atribuye y que motivará el denominado orquestación: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto”

Estudios del nazismo revelan que es de Vladímir Ilich Lenin, líder que dirigió la revolución que implantó el comunismo en desaparecida URSS.

“Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá” –catequizaba el “enano cojo y diabólico” así apodado en alusión a su baja estatura y a una malformación en el pie, quien se declaraba simpatizante de lucha comunista contra burgueses.

“Somos socialistas y enemigos mortales del capitalismo”, slogan del oficialista Pusv, es copia fiel y exacta del manifestó político nazi 1933.

En esta crisis de hambruna e inseguridad que conlleva a manifestaciones de protesta que arriba a 3 meses en el país, con trágico balance de 90 muertes en su mayoría jóvenes, la voz militar reitera la doctrina goebeliana:

“Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.”

Para “chequeados” (orden de pago) mantenidos y enchufados portavoces del régimen “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar” (Goebbels deixis)

Un esbozo del método evidenciará su caletre por los funcionarios. La hegemonía comunicacional, fortalecida con el desequilibrio informativo, censura, autocensura, silencio de medios a través del chantaje con suministro de papel a periódicos y concesiones a radiodifusoras y televisoras.

Pregonan la justicia y la paz, pero siembran el odio.

Jamás se había registrado criminal actuación de la Guardia Nacional, incrementada con brutales allanamientos y robos en edificios. Se le suma la alianza con la Policía y los “colectivos” armados.

Las acusaciones de capitalismo salvaje, imperialista, exportadores del terrorismo, pitiyanki, es la adopción del principio de simplificación y del enemigo único, contra EEUU.

Actualizada lista de narcotraficantes, resalta caso de sobrinos de la pareja presidencial de Venezuela: Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas. Fueron capturados por la DEA cuando intentaron transportar 800 kilos de cocaína a EEUU, amparados con pasaporte diplomático.

Así como el idolatrado difunto comandante abogó por liberación en Francia del terrorista Carlos “El Chacal” Ilichi Ramírez, su delegatario lo hace a EEUU por sobrinos.

En este panorama convocan fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, que sondeos de opinión dan por rechazada, para ellos es irreversible. La meta es relegitimarse, con eliminación de Asamblea Nacional, destitución de Luisa Ortega Díaz como titular del Ministerio Público y supresión de elecciones

Al MARGEN: La pitiyanki abogada chavista Eve Winifred Golinger, conocida como Eva Golinger, nacida en Nueva York, donde reside, nacionalizada venezolana, se pronunció contra ANC Maduro. “Es sumamente preocupante”.

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Enrique Gil Calvo

Que el PP pueda gobernar pese a su patológica corrupción se debe a la división de la izquierda que le impide sumar fuerzas. ¿Por qué Podemos y PSOE resultan incapaces de negociar acuerdos mayoritarios? Es evidente que comparten tanto sus bases sociales, apenas separadas por una mera barrera generacional, como sus principales reivindicaciones y sus programas políticos, claramente compatibles al basarse ambos en un reformismo socialdemócrata en absoluto revolucionario. Entonces, ¿por qué no son capaces de negociar un programa común? Las razones que se dan son accesorias, al fundarse en cuestiones formales como el tipo de representación, o personalistas, dada la dificultad de confiar en alguien como Iglesias Turrión. Pero es posible que exista un factor más profundo, una especie de carencia congénita que veda, dificulta o hace problemático cualquier posible acuerdo.

Me refiero con ello a que en la herencia cultural de la izquierda coexisten dos culturas políticas disímiles y opuestas que resultan insolubles entre sí, en el sentido de que son tan incapaces de mezclarse como el agua y el aceite. Esto no es solo un problema español, pues se viene dando un poco por toda Europa. En el pasado ese criterio de demarcación separó y opuso al comunismo frente al socialismo, pero hoy se manifiesta preferentemente por la dicotomía entre populismo y socialdemocracia, que ha venido a heredar todo un legado histórico de incomprensiones e incompatibilidades mutuas. Y para caracterizar mejor ese infranqueable criterio de demarcación entre las dos culturas de la izquierda europea, lo sintetizaré en tres rasgos definitorios.

Ante todo la identidad colectiva, el quiénes somos nosotros, como cemento capaz de construir, integrar y erigir un sujeto político. Ambas culturas interpelan a unas mismas bases sociales heterogéneas entre sí, definibles como de clase media urbana (funcionarios y profesionales asalariados), de clase obrera (trabajadores de cuello azul) y de clase popular (empleados de servicios temporales y precarios). Pero mientras la tradición socialdemócrata trata de articularlas, estructurarlas y cohesionarlas apelando a sus intereses comunes, el populismo en cambio intenta hacerlo apelando a sus aversiones comunes, tal y como teorizó Laclau. Esto hace que la identidad populista se caracterice por su negatividad, pues necesita fabricar un enemigo del pueblo del que depende su propuesta de sujeto político. Mientras que la identidad socialdemócrata propone como objetivo positivo la creación política de oportunidades viables de ascenso social.

En segundo lugar, la estrategia o modelo de sociedad que se espera construir en el ejercicio del poder. La cultura socialdemócrata aspira al pluralismo universal incluyente, de tal modo que todos los sujetos sociales por diversos que sean logren cumplir sus aspiraciones. Un pluralismo que para Juan Linz es el mejor criterio de demarcación para trazar la frontera entre democracia y autoritarismo. Mientras que el populismo no busca desarrollar la pluralidad sino construir la hegemonía de Gramsci entendida como homogeneidad cultural, y de ahí su propensión a las purgas y las limpiezas excluyentes. Por eso la calidad democrática de la cultura populista deja tanto que desear.

Y por último, la táctica o método de competir por el poder, una vez que la lucha armada quedó descartada y las elecciones se convirtieron en “el único juego en la ciudad” (según la metáfora de Linz para definir la democracia). Pero como teorizó Elias, la competición electoral es la continuación de la guerra civil por medios incruentos. Y esto hace que competir por el poder resulte ambivalente, al basarse tanto en la negociación, el acuerdo y el pacto como en la lucha, el conflicto y el antagonismo. Pues bien, de estas dos dimensiones de lo político (que también definió Mouffe), la cultura socialdemócrata se basa en la búsqueda de compromisos de suma positiva por consenso mutuo, mientras que la razón populista tiende a exacerbar el conflicto antagónico. Y ello no tanto por una afinidad electiva con la épica del heroísmo viril (que como el valor se le supone al militante) como por puro marketing político, pues la violencia simbólica de la lucha sin cuartel parece un espectáculo más eficaz para captar la atención de la audiencia. De ahí que los populistas desprecien la tibieza del compromiso socialdemócrata y opten por la dialéctica del enemigo antagónico.

Catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

El País. 21 jun 2017

http://elpais.com/elpais/2017/06/20/opinion/1497974261_479766.html

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¿Qué más puede venir? Todo. Todo lo que una mente retorcida pueda imaginar puede estar en nuestro destino futuro. La situación de actual del país es sustancialmente diferente de otros momentos históricos. Nosotros hemos tenido malos gobiernos, dictaduras y guerras, pero la sistematicidad de la destrucción nacional que vivimos en todos los órdenes es inédita. Nos encontramos a las puertas de la aniquilación de nuestra comunidad política, es decir al borde de esa temible palabra que tantas veces nos ha acompañado: anarquía, anarquía del S. XXI. Si en vez de una nación fuésemos un paciente ya estaríamos en el último aliento. Pero las naciones no fenecen, empeoran infinitamente. Cosas mucho peores pueden venir.

Esto es más que un mal gobierno, es un proyecto destructivo. La pregunta es ¿por qué? Por qué alguien quería ver a su patria completamente devastada solo por mantener su poder, reinando sobre un caos que se volverá irremediablemente en su contra, porque un pueblo sistemáticamente aniquilado por el hambre y las enfermedades se rebela: cada vez mas contundentemente, cada vez de manera más irracional, si se le cierran las salidas. La pregunta que usualmente hacen los investigadores de los delitos es: ¿a quién beneficia el crimen? Este crimen, ¿a quién beneficia? No se encuentra respuesta: incluso a las naciones que viven de nosotros les conviene que no caigamos tan profundo.

Mas preguntas: esta capacidad para la maldad, ¿dónde estaba escondida?, ¿por qué tanto resentimiento? Sin duda muchos guardan rencores –cada uno guarda el suyo en los intersticios de su alma y lo justifica- , pero por qué trastocar la política en venganza. Las grandes almas son aquellas que transforman el dolor en amor para el mundo, aquellas que habiendo padecido en carne propia la maldad quieren erradicarla, no reproducirla. ¿Por qué vengarse en los inocentes? ¿Por qué asesinar niños y violar los derechos humanos tan continua y sistemáticamente? Uno ha leído cosas horribles de la historia nuestra: hombres malvados, sanguinarios, desalmados. Pero es que este capítulo ya va batiendo record de crueldad.

Al final se van a ir. De una u otra manera se van a ir, por la fuerza civil de una ciudadanía determinada a ser libre, o por la fuerza de la biología, que nos llega a todos. ¿Por qué hacerlo con este aterrador saldo de muertes en la conciencia? ¿Por qué sumar tantos folios a un expediente que ya es demasiado abultado? Al final, un ser humano no trasciende por el poder que ha detentado o por la riqueza que ha guardado. Lo que hace de un ser humano digno de ser recordado con admiración y afecto por nuevas generaciones que le suceden, es por su contribución al engrandecimiento de esta misteriosa carrera de relevos que es la humanidad toda, por sus aportes, en el arte, en la ciencia, también en la política. La eternidad es nuestra morada definitiva, nuestra vida la única oportunidad de pasar a ella con dignidad. Ser virtuosos en el breve transitar de la existencia, es lo menos que podemos hacer por honrar el mágico y sagrado don de la vida. Decía san Juan de la Cruz. “en la tarde de la vida te examinaran de amor”.

Es un capitulo triste de nuestra historia el que ustedes han protagonizado. Contando con todo lo quien gobierna puede necesitar para hacerlo bien: apoyo incondicional, recursos nunca vistos, un país ávido de cambio y progreso; transformaron ese sueño en la pesadilla que vivimos hoy. Es comprensible el miedo, el de ustedes y el nuestro. Seguramente es mal consejero para ambos. Llega la hora de abrir caminos a la paz y la reconciliación.

En 1951, Mario Briceño Iragorri escribió su famoso ensayo “Mensaje sin destino”. No sería ni malo darle una lecturita a ver si al fin nos enteramos de que la cosa es con nosotros, de que estamos al borde del abismo y hay alguien empeñado en dar un paso al frente.

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El 20 de junio de 2017 la Mesa de la Unidad Democrática anunció, a través del Presidente de la Asamblea Nacional, la aplicación de los artículos 333 y 350 de la Constitución, en el marco de las protestas iniciadas desde marzo de 2017, con ocasión al golpe de Estado permanente perpetrado en contra de la Constitución, y que luego avanzó a través de la fraudulenta e ilegítima convocatoria de la asamblea nacional constituyente.

Muchos se preguntan cuáles son las consecuencias prácticas de este anuncio. O en otras palabras: ¿cómo se aplican estos artículos de la Constitución?

1.- Entendiendo el artículo 333 de la Constitución

El artículo 333 indica que la Constitución, como es la “norma jurídica suprema”, no puede ser desconocida o derogada de manera indebida. Si ello sucediere, ese artículo ordena a ciudadanos y funcionarios a“colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”.

Por lo tanto, para que esa norma pueda ser aplicada, es necesario que la Constitución haya sido desconocida, lo que sucede en casos de golpe de Estado, o lo que es igual, ruptura del orden constitucional o del hilo constitucional.

Precisamente, desde el 2016 la Asamblea Nacional ha declarado que en Venezuela hay un golpe de Estado, con ocasión a las decisiones de la Sala Constitucional que invalidaron sus competencias, y luego, con ocasión a la suspensión del referendo revocatorio. En 2017 esa conclusión se reiteró frente a las sentencias 155 y 156, y posteriormente ante la ilegítima convocatoria de la asamblea nacional constituyente. La Fiscal General de la República también ha afirmado conclusiones similares.

2.- Entendiendo el artículo 350 de la Constitución

El artículo 350 de la Constitución reconoce un derecho propio de nuestra tradición republicana, muy estudiado por Juan Germán Roscio: el derecho a desobedecer todo Gobierno que vulnere la Constitución.

Mientras que la monarquía absoluta se basó en la obediencia ciega, la República iniciada en 1810 se basó en la obediencia racional: el ciudadano debe obediencia al Gobierno solo si éste actúa dentro de la Constitución. Pero si el Gobierno actúa fuera de sus facultades, invadiendo la libertad, entonces, el deber de obediencia cesa.

En 2003, la Sala Constitucional interpretó que el artículo 350 permitía invocar la desobediencia cumpliendo con tres esas condiciones: (i) debe existir un Gobierno, Ley o sentencia que usurpa la voluntad popular y actúa al margen de la Constitución; (ii) deben haberse intentado todas las acciones judiciales previstas en la Constitución, pese a lo cual (iii) se mantiene el desconocimiento a la Constitución. La sentencia, sin embargo, trató de limitar el alcance de ese derecho, lo que es una tarea inútil: el derecho a la desobediencia existe, incluso, frente a sentencias que arbitrariamente pretendan limitarlo.

3.- ¿Cómo se aplican en la práctica los artículos 333 y 350?

Los artículos 333 y 350 son dos caras de una misma moneda. Tal y como Roscio lo explicó hace doscientos años, frente a Gobiernos despóticos, el ciudadano tiene dos derechos: (i) un derecho pasivo que consiste en no obedecer o colaborar con ese Gobierno (artículo 350) y (ii) un derecho activo que consiste en realizar todas las acciones para restablecer la vigencia de la Constitución (artículo 333). Ambas facetas parten del desconocimiento jurídico del Gobierno que actúa al margen de la Constitución, y que por ende, no debe ser obedecido.

El derecho a la desobediencia, como derecho pasivo, tiene un contenido específico: no obedecer órdenes o mandatos derivados de Gobiernos que actúan al margen de la Constitución. Ese derecho debe ser ejercido por los ciudadanos por medio de mecanismos de no-cooperación, mucho de los cuales ya se han venido cumpliendo en el marco de las recientes protestas. Por ejemplo, cuando la UCAB y otras universidades decidieron no colaborar con el CNE en el fraudulento proceso constituyente, estaban actuando al amparo de este artículo, aun cuando no haya sido formalmente invocado.

Para los funcionarios, este derecho es ampliado en el artículo 29 constitucional, el cual reconoce el derecho a no obedecer órdenes violatorias de derechos humanos. Aquí, la desobediencia tiene un grado de eficacia mayor, pues en definitiva, las ordenes contrarias a la Constitución (desde la represión a manifestantes hasta las elecciones de la “constituyente”) requieren de actuaciones de funcionarios, quienes legítimamente pueden negarse a colaborar con esos procesos, impidiendo de esa manera la vulneración de los derechos humanos.

Por su parte, el contenido del artículo 333 es más amplio. En realidad, esa norma solamente establece una obligación de resultado: si la Constitución es desconocida, su eficacia debe ser restablecida. Pero la Constitución no explica cómo puede lograrse ese restablecimiento, lo que es lógico, pues esa norma rige frente a situaciones de hecho excepcionales en las cuales las normas constitucionales han perdido eficacia.

Por ello, para restablecer la vigencia de la Constitución, los ciudadanos y los funcionarios pueden adoptar cualquier acción, bajo dos límites: (i) la acción debe ser necesaria y pertinente para restablecer, en la práctica, la vigencia de la Constitución, y (ii) no pueden vulnerarse principios superiores como la libertad, el pluralismo y la democracia, así como los derechos humanos. Por ello, el artículo 333 no es un cheque en blanco.

4.- ¿Y qué puede hacer la Asamblea Nacional?

La Asamblea Nacional cumple un rol importante en la aplicación del artículo 333 constitucional, pues en su condición de representante del pueblo, tiene legitimidad democrática suficiente para emprender cualquier acción necesaria para restablecer la vigencia de la Constitución, dentro de los límites ya señalados.

Ese rol debe ser cumplido tomando en cuenta dos particularidades.

Lo primero que debe considerarse es que el artículo 333 se aplica para incidir en las condiciones materiales que impiden que la Constitución tenga vigencia plena. No basta, por ello, con decisiones jurídicas dictadas por la Asamblea: es necesario que en la práctica esas decisiones sean cumplidas.

Lo segundo que debe tomarse en cuenta es que la derogatoria de hecho de la Constitución de 1999 no responde a una única causa, sino a causas complejas. Por lo tanto, para restablecer la vigencia de la Constitución deben adoptarse decisiones complejas, planificadas y articuladas para lograr el objetivo querido por el artículo 333.

Como se observa, la aplicación del artículo 333 por la Asamblea no requiere simplemente de un acto que se cumpla de manera instantánea, sino más bien de un proceso a través del cual la actual situación de hecho actual pase a ser una situación de Derecho regida efectivamente por la Constitución.

Ese proceso, en suma, es un proceso de transición hacia la democracia, o lo que es igual, un proceso de transición democrática, al cual recientemente se refirió Luis Ugalde. Fue en este sentido que la Asamblea, en mayo pasado, decidió crear la Comisión de Garantías para la Transición.

De esa manera, la Asamblea Nacional, como legítimo representante del pueblo, es a quien le corresponde planificar y coordinar el proceso de restablecimiento efectivo de la Constitución. Para ello, ciertamente, es necesario continuar con los procedimientos de designación de los magistrados del Tribunal y de los rectores del CNE, entre otras accionesorientadasa la transición hacia una democracia constitucional estable.

Pero nuevamente debo advertir que esas decisiones de la Asamblea, en sí mismas, serían insuficientes, pues se requiere que ademássean cumplidas en la práctica. Para garantizar esa aplicación práctica no solo se precisa del apoyo de la sociedad civil (a través de métodos de protesta y no-cooperación), sino también de los funcionarios, quienes de acuerdo con los artículos 29 y 333 de la Constitución, deben colaborar en el restablecimiento efectivo de la Constitución, como ya ha hecho la Fiscal.

Precisamente, como anunció la Asamblea al crear la citada Comisión de Garantías para la Transición, es necesario establecer incentivos para que los funcionarios desconozcan los actos que configuran el golpe de Estado y colaboren en el restablecimiento de la Constitución.

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