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Opinión

Francisco Russo Betancourt

La independencia de los poderes públicos y su colaboración entre sí como contrapesos para lograr los fines del Estado. El tema que abordamos hoy resulta satisfactorio para cualquier abogado, especialmente cuando ha dedicado su vida al ejercicio de la judicatura por más de treinta años. Porque fui Juez, me permito en esta exposición comenzar señalando, que el doblez en la función jurisdiccional por el de la subordinación política es tan notoria y bochornosa en nuestro más Alto Tribunal, que se refleja en un afiche de Chávez colocado por un Juez a la puerta del tribunal a su cargo en el edificio Ariza donde funcionan los tribunales civiles de Valencia. Se perdieron los principios de autonomía e independencia por una lealtad que tiene pie de barros, como la que exhibía el magistrado Aponte Aponte, ahora testigo protegido del Estado norteamericano, denunciando a sus camaradas en la comisión de delitos que él mismo recién compartió. La función jurisdiccional es hoy de temores y de corruptelas ante la ausencia de valores personales, de carrera judicial y estabilidad profesional. Para concluir esta introducción recuerdo que hace muchos años escuché a un viejo magistrado, con M mayúscula, decir, que prefería a un Juez cargado de expedientes que cargado de temores. Es lo que hoy tenemos del TSJ para abajo. Temores y algo más. Hablar de la independencia de las distintas ramas del Poder Público y su interrelación y cooperación entre sí para cumplir los fines de un Estado moderno en un sistema de gobierno democrático, es un tema que sobresale en estos momentos por la agravada y perniciosa conducta ejercida desde hace ya algunos años, por el actual gobierno, de anular el ejercicio constitucional del poder legislativo y de manipular y controlar al llamado poder judicial representado por el Tribunal Supremo de Justicia. Pero más grave aún, es la bochornosa utilización del Tribunal Supremo de Justicia en sala constitucional para debilitar el ejercicio constitucional de la Asamblea Nacional en sus funciones de control sobre el Gobierno y la Administración Pública Nacional y la de legislar en las materias de competencia nacional y sobre el funcionamiento de las distintas ramas del Poder Nacional. Nunca antes, ni en las dictaduras más recientes que hemos padecido habíamos visto al más Alto Tribunal del país, ejercer su ministerio del modo más dependiente y postrado al capricho de un presidente, como ocurre con el actual Tribunal Supremo de Justicia en sus distintas Salas, y más aún en la Sala Constitucional. Por ello resulta relevante conversar hoy, sobre la independencia de los poderes públicos y los contrapesos que en ellos se desarrollan para llevar a cabo los fines del Estado. A mi modo de ver, desde la Revolución Francesa, los estados modernos y en consecuencia, los sistemas de gobierno democráticos, admiten la existencia de tres (3) ramas del Poder Público: El ejecutivo, el legislativo y el Judicial. Creo que más del 98% de los Estados soberanos asumen su funcionamiento con esos tres poderes. A la llegada del actual gobierno, la Contraloría y el Consejo Nacional Electoral como poder electoral, que antes funcionaban como órganos de la Administración Pública, hoy son por obra de un capricho analfabeto, ramas del Poder Público Nacional. La Contraloría General de la República fue un órgano periférico cuya función primordial ha sido el hacer efectivo el control del Poder Legislativo sobre la Administración Pública. El Ministerio Público es otro órgano periférico en la tradición constitucional venezolana, que participa del control jurisdiccional. En síntesis, a través de estos mecanismos de auto control institucionalizado, se trata de realizar la idea expresada por Montesquieu, cuando escribiera, (cito): “Es una experiencia externa que todo hombre que tiene poder, se ve inducido a abusar de él y llega hasta donde encuentra límites. El abuso del poder solo se ve impedido, si por disposición de las cosas, el poder detiene el poder. Todo estaría perdido si el mismo hombre o el mismo cuerpo de los principales, o de los nobles, o del pueblo, ejerciera estos tres poderes: el poder de hacer las leyes, el poder de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar los crímenes o las diferencias de los particulares” Allí está la esencia de los contrapesos institucionales que nos permite en un sistema de gobierno democrático, que no es el que tenemos, a garantizar el imperio del Derecho, vale decir, obligar a los detentadores del poder a mantenerse dentro de su esfera de competencias y de actuar con arreglo a los procedimientos establecidos en la Carta Fundamental y en la Ley. También está allí la base de la democracia, pero está igualmente el reclamo que hace la sociedad en cuanto a que en vez de ver al Poder Judicial como el primer soporte del orden social y político de la República sea hoy, desde el más Alto Tribunal, un cuerpo constituido por militantes de un partido político armados con la función de jueces y no, como debe ser, un poder judicial robusto e independiente capaz de garantizar y fortalecer los equilibrios y controles democráticos. Pero vayamos al grano. Cuando Maduro considera írrita y nula la decisión de la Asamblea Nacional de aprobar el voto de censura al ministro de Alimentación, y condiciona su acatamiento hasta que el parlamento acate la sentencia del TSJ que modifica el Reglamento Interior y de Debates de la Asamblea Nacional, o cuando Maduro anuncia un Decreto o amenaza con dictar un Decreto para dejar sin efecto decisiones de la Asamblea Nacional contra Ministros o Instituciones, o dejar sin energía eléctrica a la Asamblea Nacional, o peor aún, suspender el pago al Poder Legislativo, no sólo desconoce las atribuciones que la Constitución Nacional encomienda al Poder Legislativo en el ordinal 1° de su artículo 187, sino que promueve el deterioro moral de la República y nos obliga a considerar que en Venezuela no podemos en estos momentos, darnos el lujo de continuar hablando de democracia, sencillamente porque no funcionan o funcionan arbitrariamente, dos de las Instituciones fundamentales del país: el Ejecutivo Nacional y el Tribunal Supremo de Justicia. El control que ejerce la legislatura nacional sobre el poder ejecutivo, se manifiesta permanentemente, cuando en uso de sus facultades, designa comisiones de investigación, interpelan o dan votos de censura a los Ministros, fijan los gastos públicos, discuten el mensaje presidencial y la memoria y cuentas de los Ministros del Despacho, y particularmente, cuando legisla sobre las atribuciones de aquel Poder o establece los procedimientos que regulan su actuación dentro del marco de la Constitución. Y cuando el máximo Tribunal de la República asume una conducta político partidista a favor de los intereses del gobierno desnaturaliza el aliento moral y patriótico a que está llamado a ejercer. No hay duda, entonces, que las actuaciones del Presidente de la Republica frente a las decisiones del Poder Legislativo y las no menos parcializadas sentencias del TSJ en Sala Constitucional y Sala Electoral frente a las leyes sancionadas por la Asamblea Nacional no solo alteran gravemente el equilibrio democrático a que aspira la mayoría de los venezolanos que con su voto conformaron la nueva Asamblea Nacional, sino que, podríamos afirmar sin exageración alguna, que estamos en presencia de la barbarie avasallante de quienes nos gobiernan, por no controlar al poder legislativo de la Nación. Es insólito que en pleno siglo 21, el presidente de la República se constituya en un poder omnímodo que está por encima de la Ley y que hace lo que quiere y amenaza a sus opositores sin responder ante nadie. Acaba de ocurrir, que ante la contundente manifestación de la sociedad de firmar la solicitud de revocatorio presidencial conforme a la disposición constitucional, el presidente de la República dispuso nombrar una Comisión para verificar la validez de las firmas promovidas por la Mesa de la Unidad Democrática, sustituyéndose o dándole un manotazo a las potestades del CNE. En este arbitrario ejercicio de gobierno no hay Contraloría, ni Fiscalía ni Consejo Nacional Electoral, ni TSJ que valga. Este absurdo y primitivo sistema de gobierno, instaurado el 1999, que tiene sus raíces en las viejas tiranías estalinianas y más recientemente en la antipatriótica sumisión a la más feroz tiranía conocida en nuestro continente dirigida por los hermanos Castro, en Cuba, permite que el presidente controle desde Miraflores el ejercicio jurisdiccional del TSJ, al dictar sentencias de contenido político que interesan al gobierno, anulen las atribuciones de la Asamblea Nacional y a su discreción, manipule al ente electoral como si se tratase de un departamento de su partido. Para reafirmar este bellaco comportamiento, los ventrílocuos de Maduro declaran que van a auditar las firmas de solicitud del revocatorio. Este valimiento gubernamental resulta contrario a los principios de la democracia y al acatamiento de las competencias de los otros poderes, con lo cual el Estado venezolano aparece gobernado por un jefe absoluto, sin limitaciones de ningún orden, que más bien se asemeja a una borrasca administrada por un gamonal con toga romana; todo esto ocurre cuando el presidente desconoce las potestades constitucionales de la Asamblea Nacional, y peor aún, cuando ordena que no se acaten sus actos y resoluciones como órgano directo que es de la representación popular. Para su cumplimiento está, por supuesto, el brazo jurisdiccional. Llegados a estos extremos, la responsabilidad y la legalidad son dos vanas palabras que no existen cuando no hay órganos que limiten la arbitrariedad presidencial. De modo, pues, que la independencia de las distintas ramas del Poder Público Nacional y su actuación de colaboración entre sí, está alterada porque no hay ejercicio de los contrapesos institucionales que requiere la gobernabilidad del país. Hemos vuelto a lo que ocurría en las sociedades primitivas donde la actividad legislativa tenía escasa significación para los gobernantes. El problema del control y cooperación entre sí de los poderes públicos, es un asunto que concierne a una República respetable y democrática porque a través de ese control y su colaboración permite conciliar la libertad con la necesidad de autoridades capaces de mantener la paz y la felicidad entre sus ciudadanos. Los gobiernos autocráticos no tienen interés en ser controlados, al contrario, su mayor preocupación es eliminar o suprimir todo lo que pueda constituir un obstáculo a su poder discrecional. En los gobiernos democráticos, en cambio, el control surge como un medio normal y necesario para asegurar la paz, la libertad, la justicia y los valores que son inherentes al sistema democrático. La democracia participativa que nos vendió el tcnel golpista que luego accedió al gobierno por vía electoral, es una caricatura de ella, es hija del empirismo, del espíritu de partido único y del sometimiento del gobierno a los intereses personales y crematísticos de sus más altos dirigentes, que rechaza la autonomía y el principio de colaboración entre las distintas ramas del poder público cuando alguna de ellas no está dominada por el presidente y su gabinete, amén de otros factores que se ensamblan en el escenario para envilecer el poder. Contra esa particular y mal llamada democracia estamos obligados todos a trabajar para instaurar un gobierno nuevo, de unidad nacional, identificado con el valor cívico de la democracia. Pero volvamos al asunto que nos convoca esta noche. II En las actuales circunstancias, nos preguntamos y nos angustiamos, qué hacer con un Tribunal Supremo de Justicia constituido por jueces en cuya designación se violentaron los procedimientos legales y constitucionales, convertidos luego en el brazo judicial del Ejecutivo para romper el equilibrio que conlleva la separación de los poderes en las funciones del Estado. La Asamblea Nacional desde un principio se propuso anular aquellas designaciones a través de la revocación del acto administrativo dictado por la anterior legislatura. Desde entonces ha corrido mucha agua debajo del puente y los magistrados electos, tanto en la sala constitucional como en la sala electoral se convirtieron en el obstáculo para el normal desenvolvimiento del legislativo. Son muchas las voces contradictorias que han emplazado a la Asamblea Nacional para actuar, y aquí viene a mi memoria la actuación de uno de los hombres de la transición española a la muerte del dictador Franco y además, preceptor del Rey en sus tiempos de príncipe, llamado en la democracia española, el guionista de la transición. De la ley a la ley. No se puede perder el rumbo. El gran reto del cambio político en nuestro país, que no quepa dudas, debe conjugarse bajo dos ambiciones: la política y la ley, es decir al amparo de la constitucionalidad, por ello celebramos que la Asamblea Nacional esté construyendo las piezas políticas que nos permita, en esa tesitura legal, unas instituciones que respeten el funcionamiento del Estado. Pues bien, lo cierto es que el TSJ actual está infectado de torpes y descarados hechos violatorios cometidos en el proceso de postulación y designación de los actuales magistrados. Hemos hablado que el trámite es de la ley a la ley y por ello resulta prioritario determinar cuál debe ser el procedimiento a seguir para que haya viabilidad en el propósito de invalidar aquellos actos administrativos de designación que deben tramitarse en el orden administrativo de actuación de la Asamblea Nacional para evitar la abusiva e inconstitucional injerencia judicial. Aquí tengo que detenerme en algunas expresiones técnicas y por ello señalo que son múltiples los criterios que se esgrimen para anular aquellas designaciones y colocar al Supremo Tribunal al servicio de la democracia y permitir el equilibrio institucional. Me inclino por la llamada autotutela del Poder Legislativo, que en términos coloquiales, es la potestad que tiene la Administración, en nuestro caso, la Asamblea Nacional de revisar sus propias decisiones administrativas. Lo que quiero significar es que la invalidación o la revocación de un acto fallido consiste en la potestad que tiene la Administración Pública de dejar sin efecto un acto anterior que está afectado de ilegalidad, mediante un acto administrativo posterior dictado por el mismo órgano administrativo emisor del primero. A mi modo de ver, la revocatoria o la invalidación del acto administrativo es una opción que puede tramitarse sin facilitar la intromisión del ente judicial. Esta opción se encuentra respaldada por la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos que es ley vigente de la república, que establece “que la Administración podrá en cualquier momento, bien sea motu propio o como dice la legislación, de oficio, o a solicitud de particulares, reconocer la nulidad absoluta de los actos dictados por ella misma. Sostengo que declarada la invalidez absoluta de los actos administrativos fallidos dictados por la anterior A.N., se debe ordenar la desincorporación inmediata de principales y suplentes integrantes de la Sala Constitucional y Sala Electoral, sin menoscabo de revisar la designación ilegal en las otras salas, y para evitar un vacío institucional se ordenaría la designación provisional de magistrados con ciudadanos que llenen los requisitos de elegibilidad conforme a la previsión contenida en el artículo 264 de la Constitución. Entiendo que hay que tener coraje para que los nuevos designados se apersonen a ocupar sus cargos. Para finalizar, la ventaja de esta opción radica en que no puede ser atacada por el Ejecutivo por vía administrativa ni tampoco por vía judicial a través del TSJ, toda vez que los actuales magistrados de la Sala Constitucional con motivo del fallo administrativo a que he hecho referencia, dictado por la AN, le han sido revocados sus nombramientos a través de la decisión de la legislatura que tiene rango constitucional, fundamentada en los artículos 25 y 187 de la Constitución Nacional y los artículos 19, 82 y 87 de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos.

Texto usado de base para una presentación en el foro “La guerra de los poderes en Venezuela”, organizado por Aragua en Red y realizado en Maracay, el miércoles 4 de mayo de 2016.

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Lester L. López O.

Apreciación de la situación nacional # 60 La acertada decisión de los factores políticos integrantes de la MUD nacional de concentrarse en el referendo revocatorio como método constitucional para acortar el periodo del jefe del régimen, y también de su corte, se tradujo en una recolección de firmas que, en mucho, excedieron las expectativas de la sociedad política; pero también el esfuerzo mancomunado hizo posible que las mismas se entregaran al ente rector electoral con anticipación al día previsto, lo que impidió que los grupos violentos efectos al régimen tendieran sus acostumbradas emboscadas a los miembros de la oposición que se dirigen al CNE a intentar cualquier gestión administrativa ante ese organismo. La entrega sorpresiva de las firmas los dejó con los crespos hechos, bien por la MUD que demuestra que también, cuando se lo proponen, pueden actuar con astucia. Rápidamente, los voceros emblemáticos del gobierno, incluyendo al propio jefe, declaran una comisión propia para revisar “una por una” cada firma con el afán de inducir miedo a los firmantes y revivir la vieja lista Tascón, sin tomar en cuenta que la mayoría de la población (casi el 80%) rechaza al gobierno, precisamente, porque ya le ha quitado casi todo, incluyendo la cacareada patria. ¿Qué más nos pueden quitar? es la pregunta del ciudadano de a pie. Las trampas y obstáculos del régimen se mostraran, como ya empezaron a mostrarse, durante todo el proceso revocatorio y tanto la MUD, como la sociedad civil democrática, deben estar preparados para enfrentarlos con decisión y desprendimiento. Pero las opciones no deben quedarse allí; según el calendario electoral del CNE, el 04 de diciembre del presente año, está prevista la elección de gobernadores estatales y diputados de los concejos legislativos, evento que también está previsto constitucionalmente y por lo tanto de fiel cumplimiento. En esta ocasión, no debe caer la sociedad venezolana, y mucho menos la MUD, en restarle importancia o priorizar el referendo revocatorio por encima de estas elecciones, que dadas las circunstancias actuales, favorecerían completamente a la oposición democrática, es decir, existe la posibilidad real de que se ganen las 23 gobernaciones en disputas y esa sí sería un derrota final para el régimen, aún en el supuesto de que el RR no se haya realizado para esa fecha. Solo habría que imaginar un Consejo Federal de Gobierno, presidido por el vicepresidente, con todos los gobernadores de la oposición. También se puede pensar en otras alternativas como la conformación de un gobierno de transición presidido por el presidente designado por el revocado pero con un gabinete negociado con la oposición para comenzar a salir de la crisis actual; también el gobierno, ante el limbo de legitimidad que lo sostendría, podría llamar a elecciones anticipadas, entre otras cosas. Enfocarse, desde ya, en estas elecciones implica que la MUD debe organizar unas elecciones primarias antes de que finalice el mes de julio para honrar, así, el compromiso adquirido en julio del 2015, donde se comprometió a realizar elecciones primarias para todos los cargos de elección popular, esa es la palabra empeñada y no pueden venir nuevamente con la solución del consenso porque “no hay tiempo” o porque el CNE niegue el apoyo para las mismas. La sociedad civil organizada tiene, actualmente, diferentes organizaciones electorales que pueden conducir esas primarias. Por cierto, que esto obligaría al PSUV a idear sus propias primarias para sus candidatos a ver si el CNE si tiene tiempo para ellos. Planteadas las elecciones regionales en estos términos, es una obligación de la MUD realizarlas como opción de cambio válido para salir del régimen y no dejarla como una opción dependiente de los resultados del RR, y la sociedad civil, en general, debe entender que esta es una opción viable, y la de mayor factibilidad, para lograr el cambio necesario y no una componenda de los partidos políticos para ganar cuotas de poder a expensas de la tragedia que nos gobierna. 7 de mayo de 2016

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Juan Gonzalo Aguilar

El comentario de la semana Muchas letras se han escrito y muchas aguas han pasado debajo del puente, pocos han tomado en cuenta el valor cualitativo y cuantitativo del histórico hecho; en primer término, para ubicarnos mejor y a manera de provocación, podemos hacernos una pregunta, ¿cuál liderazgo sobresalía previo al año 11 y 12 en la oposición venezolana correspondiendo cada interrogante al número de precandidatos que participaron en la contienda electoral a nivel nacional, Leopoldo López?, María Corina Machado?, ,Enrique Capriles?, Pablo Pérez?, Pablo Medina?, Diego Arria? Ciertamente las encuestas del momento favorecían al candidato que al final resultó ganador, sin embargo, la polarización que existía y aún sigue existiendo, negaba como niega ahora, la figura de un líder sobresaliente que aglutinará emociones en el electorado opositor y que luego del resultado del 12F lo mantuviera como candidato unitario a la presidencia de la Republica; este aspecto se revirtió y el tejido social se centró en Capriles Radonski, como el nuevo líder que vencería al difunto presidente. A este hecho poca relevancia se le ha dado, quizás por falta de un poco de humildad o quizás por querer desconocer lo que siempre ha estado presente en todas las encuestas; más del 50% de los electores se ubican como ciudadanos independientes no militantes de los partidos políticos. Otro elemento que ha pasado por debajo de la mesa es el hecho histórico que este Proceso de Primarias, se realizaba por primera vez en la historia de Venezuela, para elegir un candidato presidencial y los candidatos a cargos regionales y municipales, que se reafirmaba con el evento, que la soberanía reside en el pueblo a la hora de elegir a sus gobernantes y que la participación en el mismo sorprendió al mundo entero con un universo de 3.079.284 electores, para un 16.79 % del total de los inscriptos en el Registro Electoral. Es importante recordar que la MUD acordó realizar ese evento en el 2012, y que nombró una Junta Nacional de Primarias y en coordinación con las MUD Regionales, se nombraron las respectivas Juntas Regionales de Primarias con la responsabilidad de organizar elecciones primarias para escoger sus candidatos a Presidente, Gobernadores y Alcaldes. Estas JRP debían tener todo listo para el 5 de diciembre de 2011 y el CNE participaría con sus máquinas y gente. El costo fue de 40 unidades tributarias por cada Mesa Electoral de las cuales 22 UT las pagó la MUD y las 18 UT restantes las pagaron los candidatos. El número de mesas electorales se determinó bajo el criterios de nucleación y para los centros de votación se escogieron los más votados, procurando más Centros que Mesas. La nucleación de las Mesas Electorales y la S, elección de los Centros de Votación fue responsabilidad de la JPR y las JRP fueron responsables nombrar las Juntas de Primarias Municipales, designar su Secretario Ejecutivo y de la custodia de los cuadernos de votación. El 12 de febrero se realizó el evento y una nueva forma de participación ciudadana salía en escena para elegir a los candidatos a cargos de representación popular. Amén de la excelente labor desempeñada por la Junta Regional de Primarias con el Doctor Francisco Russo como Presidente de la misma, quedan muchos elementos que resaltar y por razones de espacio es muy difícil exponer en esta entrega.

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La RED DE ORGANIZACIONES VECINALES DE BARUTA, luego de debatir y analizar el conflicto de Poderes que amenaza los principios democráticos, en cuanto a la separación de poderes, la soberanía popular y la propia vigencia de la Constitución, acudimos al Tribunal Supremo de Justicia y a la Asamblea Nacional a los fines de expresar: Repudiamos contundentemente la reiterada conducta de la Sala Constitucional de obstaculizar, obstruir e impedir que la Asamblea Nacional cumpla con la misión que la Constitución le ordena y que, por votación directa, secreta y universal, los electores le encomendamos. Rechazamos a una Sala Constitucional que lejos de garantizar con objetividad e imparcialidad la supremacía de la Constitución, actúa como agente de este régimen, manipulando las normas constitucionales a los fines de buscar interpretaciones “jurídicas” para afianzar el camino hacia un modelo de gobierno mucho más autoritario y corrupto, que simplemente ignora el bienestar común y los fines últimos del Estado previstos en la propia Constitución. Exigimos a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, respetar los valores y principios inherentes al ejercicio de sus funciones expresados en la Constitución y en nombre de las generaciones futuras, evitar que el tumor maligno que representa para ese órgano del Estado, la actual Sala Constitucional, haga metástasis, pues de lo contrario, sus nombres serán reconocidos con profunda vergüenza en la historia de una justicia que se volvió ciega, sorda y muda ante una crisis que va dejando al país en ruinas y a sus habitantes sin su cualidad de ciudadanos. Recordamos a los “Magistrados” de la Sala Constitucional, que intentar anular la Asamblea Nacional, es ignorar la voluntad política de un pueblo que, de manera soberana, asumió el voto como fuente originaria de legitimidad, de institucionalidad y de representación política. Por lo anteriormente expuesto, desconocemos a la Sala Constitucional, como intérprete de la Constitución y como único garante de la supremacía constitucional. Repudiamos el intento del Gobierno de dejarnos sin Asamblea Nacional, sólo porque expresa la visión democrática de la salida de la crisis, lo cual representa un claro desconocimiento a la vigencia efectiva de la Constitución. Expresamos a la Asamblea Nacional, nuestro más absoluto respaldo, así como también, nuestro deseo de acompañarles y que nos acompañen en la tarea de no dejar que el foro político nacional por excelencia nos sea arrebatado. Con la misma contundencia como voluntariamente y de manera espontanea salimos a la calle a firmar por la vía del revocatorio, de la misma manera, hoy nos activamos en defensa de la Asamblea Nacional y del orden Constitucional. Manifestamos nuestra satisfacción y apoyo a la Asamblea Nacional, por haber rescatado ese foro político nacional, sin discriminación y exclusión, que había sido confiscado en los últimos 15 años. Por último, exhortamos a todos los ciudadanos y organizaciones amigas, a no olvidar, que el artículo 333 de la Constitución nos advierte que, si en algún momento se intenta violentar la vigencia de la Constitución, es nuestro deber como ciudadanos actúar en su defensa para garantizar su efectiva vigencia. Aprobada y firmada en reunión extraordinaria el 2 de mayo de 2016, en el Municipio Baruta. Firmas en resguardo.

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MENSAJES CLAVES

Información general:

El salario mínimo mensual para trabajadores, pensionados y jubilados se ubica en Bs. 15.051. El salario integral de los trabajadores queda en Bs. 33.636

El aumento del salario mínimo es una medida que se queda corta en medio de los desequilibrios económicos que enfrenta Venezuela y aunque acumula 56% en lo que va de año, no compensa la caída del poder adquisitivo de los trabajadores.

Con 30% de aumento, el salario mínimo no llega al 65% de la canasta alimentaria normativa.

En marzo de 2016, la canasta básica familiar subió a Bs. 142.853,20. El aumento acumulado del año 2016 asciende a 105%

Mensajes:

  • En las actuales circunstancias que vive el país, con la tasa de inflación más elevada de nuestra historia desde 1950, nadie puede estar en desacuerdo con un aumento salarial.
  • Un aumento salarial no ataca la raíz de los problemas económicos que se esconden detrás del aumento de la inflación. Venezuela tiene 3 años consecutivos registrando las tasas de inflación más altas del mundo: 2013, con 56%; 2014, con 69%; y 2015, entre enero y septiembre, la inflación acumulada alcanzó 108,7%.
  • Causas de las elevadas tasas de inflación que persisten por varios años:
  1. Un creciente déficit fiscal, como consecuencia un gasto público desproporcionado (es decir, el Estado gasta mucho más de lo que le ingresa).
  2. Emisiones de dinero inorgánico por parte del BCV, sin el debido respaldo en reservas internacionales o en un crecimiento del nivel de actividad económica.
  3. Una aguda escasez, que en la actualidad también presiona los precios al alza. Estos son los tres factores que explican por qué a los venezolanos nos cuesta cada día más hacer que el dinero nos rinda.
  • Preocupa que en este anuncio como en los anuncios anteriores, no hubo ninguna mención que estuviese dirigida a plantearle al país cómo se puede reactivar la economía o cómo se puede frenar la inflación en el corto plazo.
  • Preocupa que, tras las propuestas que le hemos entregado al gobierno nacional, no se haya presentado un plan para reactivar el aparato productivo nacional o que al menos se hayan anunciado de medidas que contribuyan a aumentar el empleo digno en nuestro país.
  • El presidente Nicolás Maduro continúa presentando los aumentos salariales como un gran logro; pero para FEDECÁMARAS es una clara demostración de que el gobierno no ha podido derrotar o al menos controlar el incremento de la inflación.
  • Durante los 14 años de gobierno del presidente Chávez, este aumentó el salario mínimo en 21 oportunidades, mientras que Maduro en 3 años ya acumula 12 aumentos.
  • El aumento del salario vía decreto, no ataca la raíz de los problemas económicos que tiene Venezuela hoy.
  • La carrera de los salarios versus la inflación jamás la han ganado los salarios cuando ello no es parte de un plan económico que estimule la producción.
  • La única manera eficaz de combatir sostenidamente la inflación es estimulando una mayor competitividad en el país, es decir, estimulando el aumento de la productividad. Y esto es posible si -y sólo si- el gobierno hace un esfuerzo decidido por estimular la inversión privada nacional y extranjera.
  • Cuando los salarios se aumentan de manera inconsulta como se hace en Venezuela, sin la participación de empleadores y trabajadores, esto se traduce inmediatamente en nuevos costos, que terminan incrementando aún más los precios. Eso alimenta un círculo vicioso, que deteriora aún más el salario (se convierte en sal y agua).
  • El Gobierno Nacional sigue excluyendo al sector empleador de su enfoque de política económica.
  • Para que tengan efectos duraderos, los aumentos salariales no pueden ser medidas aisladas. No existe la posibilidad que ningún aumento salarial tenga un impacto positivo en la vida de algún trabajador, si no se atacan las causas de la inflación.
  • Este gobierno (Maduro- Chávez) está en mora con el pueblo de Venezuela. En 16 años no han logrado establecer un programa de seguridad social.
  • El sector privado siempre ha cumplido con los decretos salariales.
  • Una vez más el Gobierno incumple los Convenios ratificados en el seno de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) N° 26 y 144, sobre Fijación de los Salarios Mínimos y Consulta Tripartita, respectivamente, en desacato a las recomendaciones de la Misión de Alto Nivel de la OIT que visitó el país en enero de 2014 y cuyo informe fue aprobado en el Consejo de Administración en marzo del mismo año, así como de la Comisión de Aplicación de Normas dictadas en el seno de la 104° Asamblea Internacional del Trabajo entre el 01 y el 13 de junio de 2015.
  • Esperamos que, en algún momento, el Gobierno corrija las desviaciones presentes en cuanto al cumplimiento de sus compromisos internacionales que rigen los asuntos laborales de los países miembros de la OIT.
  • Esperamos que el Gobierno acoja las recomendaciones de los distintos órganos de control de la OIT en cuanto a la restitución del diálogo social y la conformación del diálogo tripartito de consulta, lo cual sin duda garantizará mayor eficiencia y productividad en las empresas y mayores beneficios para los trabajadores en términos de compensación de su esfuerzo y de sostenimiento y generación de empleo.

02.05.16

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Elecciones regionales y crisis nacional

.- Los venezolanos no elegimos; solo votamos

Si aún cabe hablar de “derecho natural”; el de decidir sobre las determinaciones que afectan su vida, personal comunal contextual; sería un derecho, “natural” de toda persona. O sea, elegir, para decidir quién gobierne, sería un “derecho natural”. Aunque; independiente de doctrinas jurídicas y demás; decidir o, elegir, sobre las condicionantes de su propia existencia, es un derecho no solo porque está en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; o en la Declaración Mundial de los Derechos del Ciudadano, etcétera. Ni, en nuestro caso, porque está en la Constitución. Sino porque es consustancial a la condición humana; porque, al solo existir, se tiene. Algo sobre lo que hoy ya no hay ninguna duda ni discusión; al menos en la racionalidad global en que hoy vive y se ordena la mayoría de la Humanidad.

Votar no es elegir; es solo escoger entre opciones. Y cuando quién vota no participó a consciencia y voluntaria y libremente en la determinación de dichas opciones; el votar compulsionado se concreta en la negación de su derecho a elegir. Los venezolanos no ejercemos el derecho de elegir; en Venezuela, solo votamos; no elegimos. Aunque como en todas las anteriores, en la novísima CRBV, también se consagra que “La Soberanía reside en el Pueblo…”; su ejercicio, ambiguamente, sin mencionar elección, se concreta en el voto; y aunque se establece que es “intransferible”. Pese a que un voto que no elige, como en general en nuestro caso, es la peor, la más perversa variante posible de transferencia compulsiva de no-ejercicio de la soberanía.

.- Suspender las regionales seria la negación, una más, de la soberanía ciudadana

La pretensión, por parte de sectores de ambas burocracias, de suspender las elecciones regionales de fines de este año, según, por parte de la MUD, para que se realice el Revocatorio; y del GPP por otras razones; implica que el derecho a elegir y hasta a votar, universal de todos los venezolanos; se supedita discrecionalmente a los intereses y expectativas de los factores nacionales de Poder que la promueven; y al ejercicio del derecho de la parte del país en que se apoyan. Tal suspensión sería, nada nuevo ciertamente, la negación del ejercicio de la soberanía ciudadana de todos los venezolanos; a designar gobernadores y legisladores, en los lapsos concretos pautados en la CRBV. No solo de los que, por sus razones y en su derecho; cosa de ellos; asumen voluntariamente no ejercerla.

A los ciudadanos de cualquier tendencia identificación o filiación nos toca rechazar cualquier variante de suspensión de dichas regionales; sea cual sea el pretexto. De darse un evento sobrevenido; el caso específico del Revocatorio; previsto pero no concretamente pautado constitucionalmente; su eventual realización, tiempos, procesamientos, etcétera, sean cuales sean; debe supeditarse a la legitimidad y la prioridad es de las elecciones regionales.

.- Regionales legitimidad y prioridad

Cambiar los poderes estadales; gobernadores y legisladores; al término de sus ejercicios pautados en la Constitución; es un derecho legítimo, vale reiterarlo, de todos los ciudadanos y las comunidades regionales y locales; de todos; no solo de una parte. No es un derecho relativizable; o, no debería serlo como ha sido históricamente aquí; salvo que fuera un evento de “fuerza mayor”; a ninguna circunstancia eventualidad o iniciativa concreta. Ni siquiera tendría que considerarse como tema político dicha pretensión de suspender las regionales; tratándose en realidad, cual es el caso, de una estrategia electoral partidista-candidatural de un sector de las oposiciones.

Y son la verdadera prioridad nacional. Lo característico de la estructura de Poder en Venezuela es su centralismo y concentración presidencialista absoluta. Ha sido así, histórica, bicentenariamente; desde Bolívar, hasta hoy. Y ha resultado de la supeditación continuada de lo regional y local a “lo nacional” y central. Una supeditación que no ha variado en los doscientos años de nuestra vida republicana; haya sido cual haya sido la variante de autoritarismo; civil o militar, que estuviera en el Poder. La crisis nacional actual; la peor que hemos vivido en nuestra historia; es el resultado de haber llevado al extremo, al “llegadero”, dichas centralización y concentración presidencial del Poder. En función de movernos hacia salir de ella; ninguna acción a pesar de lo intenso de la crisis, de la exasperación nacional y las retóricas y matrices de opinión y creación de falsas expectativas; ni sacar a Maduro ni nada inmediato, ni nada que se venda para “ya”; es prioridad, ni en concreto, garantiza ni viabiliza nada, más ni antes, que activar, permitir y propiciar la activación de la subjetividad y dinámicas electorales regionales y locales; libremente, sin interferencias centrales ni nacionales. Vale hacer notar que en las últimas declaraciones de voceros de la MUD; ya arrancando la recolección de firmas para el referendo; se refieren a que se haría entre noviembre y diciembre; los meses en que se harían las regionales. Luego, aparte otras consideraciones; no vale el argumento de que la crisis y el riesgo de estallido sociales, de golpe, etcétera, son tales; Tan inminentes; que no se puede esperar a su realización.

.- Son el momento de las regiones; de las comunidades, de los ciudadanos

Son la oportunidad de revertir; de iniciar, la reversión del endogenísmo, el localismo y el atraso y aislamiento de la mayoría de nuestros estados; de revertir los desarrollos desiguales; tanto en los contextos nacional y mundial; como en los mismos regionales y locales.

Si el venezolano individualmente no ejerce su soberanía; a ninguna instancia; derivadamente, las comunidades locales y estatales y regionales, tampoco. Ni siquiera las gobernaciones y alcaldías son ejercidas plenamente. Salvo excepciones y en casos y aspectos específicos y circunscritos; los estados y las regiones; están atenidos; supeditados propiamente; al poder nacional central; en la mayoría de los aspectos e instancias de su vida y dinámica. La crisis que vivimos; en mucho es la crisis del centralismo y la concentración presidencialista del Poder; de la negación de lo regional y lo local, como dimensiones determinantes de lo nacional. Es también la crisis de la partidización. Estas regionales pueden ser; deben ser, la oportunidad en que la gente, los ciudadanos, local y regionalmente; por primera vez en nuestra historia; se activen para dinamizar lo local y regional; de afirmen soberanamente sobre lo central-nacional.

.- De la crisis saldremos a partir de las dinámicas regionales; no al revés

La condiciones político-institucionales y sociopolíticas que vivimos; de crisis general; en que está pautado elegirse gobernadores y legisladores; con una subjetividad altamente politizada; y la representatividad y el partidismo agotados; propician que ese proceso pueda tener un largo alcance en varios sentidos. Siempre, sobre que las regionales son la vía concreta hacia salir de la crisis; lo contrario y opuesto a lo que plantean las oposiciones; según; salir de la crisis, cambiando primero el gobierno nacional; para ir luego a lo regional.

El primer alcance estructural de que sea a partir de las regionales; será el de la máxima legitimidad posible que tendrán los gobiernos estatales resultantes. Que por primera vez en la historia los venezolanos a consciencia y voluntad, elijamos realmente a los gobernadores y legisladores que decidamos; que no solo votemos por “el mal menor”; compulsivamente polarizados; como siempre o casi; por candidatos decididos e impuestos por las burocracias partidistas-empresariales. Será un cambio cualitativo de base ciudadana determinante; que los nuevos gobernadores y legisladores, resulten de la calificación confrontación y apoyo fluido de la gente de las comunidades y las regiones.

Un segundo alcance; de fondo; de que las regionales sean un proceso abierto, transparente; política y totalmente manejado fluidamente desde el principio hasta el fin por la gente; por los ciudadanos; no manipulado partidista-empresarialmente; es que tendencial y espontáneamente serán despolarizadas. Que en ellas no se va a copia, no operará, la artificial, inducida, polarización actual; nacional; en la que se soportó el autoritarismo cívico-militares chavista y madurista; y antes los civiles puntofijistas. Una despolarización que se concretará en la activación de un nuevo sujeto político en la política nacional; de la gente, del ciudadano como sujeto político real; sin el cual nunca saldremos de la crisis; ni en lo inmediato, ni, menos, en perspectiva.

El tercer alcance de la ciudadanización de las elecciones de gobernadores y legisladores será que de ellas resultará una nueva e inédita correlación de poder, centro-regiones. Ni el modelo chavista, de Chávez; ni, ahora, el madurista; de “un solo gobierno” desde Miraflores hasta la última alcaldía; serán posibles. Ni ninguna variante puntofijista de cuadro homogéneo partidizado de gobiernos regionales. Ni con Maduro si sigue; ni con otro Maduro u otro Chávez que venga del signo que sea; habrá “un solo gobierno”; ni un mapa nacional monocromo ni bi-cromo de gobiernos regionales; con un cuadro de gobernadores que no le deban nada a ninguna burocracia partidista o factor de poder central, nacional. Sino que se deban determinantemente a sus electores a sus comunidades. Con la deriva político-institucional determinante de tal nueva correlación de poder centro-regiones; de que el Consejo Federal de Gobierno dejará de ser un escenario para la retórica y las escenificaciones presidenciales; para convertirse en lo que ha de ser; un espacio para la nivelación de los gobernadores y el presidente; de federalización, de des-presidencialización de la administración gubernamental. Un espacio de intercompensación nacional de todos los estados y regiones del país.

.- Regionales: un nuevo sujeto político; una nueva correlación centro-regiones de fuerzas

La medida de lo que podrá llegar a ser un cuadro nacional, no partidizado, de gobernares electos por la real voluntad ciudadana regional y local; la da la impotencia a que se redujo el autoritarismo, primero, de Chávez y luego de Maduro; ante la resistencia de los tres gobernadores de oposición que quedaron pese al fraude del CNE-SMARTMATIC; que se impusieron y el chavismo tuvo que calarse, en el 2012 y hasta hoy. Para durante sus períodos; aun con las restricciones el acoso y la amenaza continuados; al saboteo y el paralelismo; mantenerse y ejercer sus funciones; evidente y determinantemente sobre la legitimidad y el apoyo populares que tuvieron al ser electos.

Tres gobernaciones; pese a la precariedad fáctica de Guarulla en Amazonas, lo dudosa y cuestionada gestión de Capriles en Miranda; y la de Falcón en Lara; que tuvieron que ser político-institucionalmente hasta respetadas por el chavismo y el madurismo. Como es perfectamente viable; una mayoría o todas las gobernaciones; una mayoría plural, incluidas las que eventualmente puedan mantenerse chavistas; no designadas a dedo y electas, no solo votadas, por la gente; en bloque nacional tendrían tanto poder fáctico; tanto o equiparable; y más poder político; que la presidencia y el gobierno central. Sería el verdadero freno al presidencialismo y el autoritarismo; vale reiterarlo; no solo a Maduro de continuar todavía hasta el 2019; sino a quién lo sustituya sea quien sea. Por lo demás; ya está dicho; las elecciones regionales son la verdadera deriva del, histórico, 6D. Con la nueva correlación centro-regiones de fuerzas que resultará de ellas; para decirlo en criollo: Maduro “brinca o se encarama”. Previsiblemente brincará.

El mayor avance posible inmediato hacia realmente crear las condiciones para avanzar hacia salir de la crisis nacional; se concretará en la medida de que las elecciones regionales se hagan como está pautado; y que la gente los ciudadanos libremente, despolarizados, a voluntad sean quien elijan los nuevos gobernadores y legisladores; que no solo los voten. En la medida de que por esa vía, un nuevo sujeto político; el ciudadano, la gente; desde la base regional y local comunal; entre a determinar las relaciones del Poder con la sociedad nacional.

Caracas abril de 2016.-

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Ciudadanía implica reconocer los derechos y deberes que garantizan y exigen la Constitución y las Leyes a todos los integrantes de una sociedad, asumiendo cada uno las responsabilidades que correspondan como parte de la estructura política de la nación.

Es poder ejercer el derecho de participar, con su opinión y acciones en los asuntos que le conciernen, en los espacios institucionales donde se toman las decisiones que interesan al individuo, la comunidad o la sociedad como un todo.

Al asumir el ciudadano este derecho como una responsabilidad derivada de su participación en la estructura social, el Estado debe ser garante de que podrá hacerlo sin coacciones de ningún tipo, ni limitaciones indebidas.

El ejercicio de la condición de ciudadanía implica una relación con el Estado en la que éste esté obligado a garantizar los derechos constitucionales que conlleva esta condición, que van desde el derecho a la vida, la seguridad, la salud, la educación, etc., hasta los servicios básicos que garanticen una calidad de vida satisfactoria.

La condición y características del ciudadano que queremos, deben ser promovidas por la apropiada aplicación de políticas públicas por parte de los distintos niveles de gobierno, diseñadas con su participación y constantemente sometidas a procesos de revisión

Ser ciudadano se facilita cuando se nace en el seno de familias consolidadas, establecidas al calor de principios y valores compartidos, deseados y en consecuencia, cuidados y protegidos desde la concepción. Incorporados a sistemas eficientes de salud y educación, en un clima político democrático que privilegie y proteja a la familia, respetando la libertad, promoviendo la solidaridad y aceptando la diversidad.

Los ciudadanos de Aragua deben ser exponentes de la aragüeñidad, entendida como identidad cultural colectiva de costumbres y valores, basada en el conocimiento de la historia de nuestra región y modelada por la dinámica de las diversas realidades locales,

Ser cultos en el sentido más amplio del término, lo que implicará que al estar capacitados para el trabajo productivo que su vocación defina, podrán derivar del mismo lo necesario para una vida plena, con acceso y disfrute de oportunidades de formación adicional, creación, esparcimiento y recreación.

Estar comprometidos con su familia y su comunidad, dispuestos a cumplir con las exigencias que se deriven de ese compromiso y a defender todo aquello que garantice un estado de bienestar para todos.

Absolutamente convencidos de que la consulta es el único mecanismo que garantiza que las decisiones que atañen a todos puedan ser aceptadas por la mayoría, sin que esto implique desconocer el derecho de las minorías a tratar que dichas decisiones puedan ser revisadas o cambiadas.

El objetivo de todo gobierno democrático tiene que ser crear ciudadanía, entendiendo por tal la existencia integrada de individuos educados en el respeto a los derechos de los otros, pero prestos a la defensa civilizada de los propios, capaces de vivir en sociedad, ejerc iendo labores productivas y recreacionales acordes con sus capacidades, intereses e inclinaciones, seguros de contar con protección ante los imprevistos que depara la vida y en consecuencia, ganados para la convivencia y la paz en ambientes que reconocen, respetan y sobre todo valoran las diferencias de raza, credo, ideas, género u orientación sexual.

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