Pasar al contenido principal

Opinión

Carlos Raúl Hernández

Al lado del campus de Apple en Silicon Valley, y también en Hollywood, coexisten la mayor concentración de millonarios con la de homeless en EEUU, y, distinto de ser una paradoja de la desigualdad, es perfectamente comprensible. En medio de apagones en sus empleos o negocios en la post pandemia, no es extraño que los afectados se desplacen a donde está el dinero, a ver si cambia su fortuna, cosa que puede ocurrir. Pero para el insólito resentimiento que se enseña en muchas escuelas de ciencias sociales, tal cosa expresa la condición del capitalismo (aunque el socialismo no produce más que estados fallidos). Vibra en académicos barbudos que fuman pipa y leen a Adorno (auténticos fósiles de los 70) contra las grandes empresas informáticas, motejadas no por casualidad GAFA y GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft). No es fácil cuestionar la historia de estos gigantes, que comenzaron como microbios y en una generación cambiaron la historia del mundo, pero la ceguera de esos profes es implacable aunque posiblemente reciban la anunciada invitación oficial para venir a Venezuela a reforzar supersticiones.

¿De qué se puede acusar a Apple, que comenzó en 1977 en un garaje de 15 metros cuadrados con 1300 dólares, superó innumerables obstáculos imaginables y todas las pruebas para ser hoy la primera empresa del mundo? La respuesta es que son imputables del crimen más imperdonable: el éxito. Jeff Bezos es otro ejemplo; Amazon estuvo casi quebrada desde 2000 por diez años y su violenta recuperación no se basa en marketing ni en grandes inversiones, sino en la habilidad gerencial que logró en articular miríadas de empresas para hacer delivery global con máxima eficiencia. Por su resentimiento y envidia, las críticas contra el milagro de Amazon dan risa: “oportunismo” para “reducir al mínimo el tiempo que tardan los envíos”. Las empresas tecnológicas crearon en una generación un mundo inimaginable, milagroso, mágico, transformaron los hábitos humanos, la sociedad, sus costumbres. Multiplicaron la productividad por miles, redujeron el costo de las cosas y la pobreza a sus mínimos históricos mundiales, pero los profes las odian.

Ejemplo: 35 años atrás una llamada telefónica a Europa desde Latinoamérica podía costar cien dólares; hoy es gratis por WA. Las críticas barbudas son ideológicas y decimonónicas y no guardan ninguna relación con la realidad, porque viven en el mundo de la lucha de clases. La excomunión inventada es que son monopolios, y con eso les borran mágicamente su condición de pioneras en actividades antes inexistentes, el milagro de las altas tecnologías comunicacionales, telefonía celular, internet, chats electrónicos, y la competencia mundial con las asiáticas Samsung, Huawey, Lenovo, Tick Tock, Tencent, Ali Baba, y muchos no saben que el iPhone es un teléfono chino. Producen masas extraordinarias de riqueza, miles de millones que se distribuyen por la pirámide social, con las que se pagan “los maestros, las enfermeras, los fontaneros, las cuidadoras, cuyo trabajo, impide que la sociedad se derrumbe”. A nadie parecen importarle que sus políticas llevan desarrollo a poblaciones remotas. Un ejemplo entre muchos: Facebock instala una planta en Prineville, Oregón, de apenas 8.500 habitantes, “en medio de la nada” dice DW, pueblo en crisis por la quiebra de su industria maderera.

En un espacio de 650 mil metros cuadrados, construyen instalaciones por 250 millones de dólares, que producirán 180 mil dólares anuales de impuestos. Según el contrato la remuneración de los trabajadores estará 150% por encima de la media. Además, financia el mantenimiento de la infraestructura vial, las escuelas y realizará cursos permanentes de formación profesional para que la comunidad se incorpore a la empresa. Ante las críticas de Greenpeace, explicaron que utilizarán 100% de energías limpias y para los efectos adquirieron una planta termoeléctrica que servirá a toda la población. Cuando yo estudiaba sociología, la academia estaba frontalmente contra los medios, por su influencia alienante que nos rellenaban la cabeza de falsedades kapitalistas que distorsionaban nuestra mente y se hablaba de la utopía de medios participativos, biunívocos, que surgirían “en el socialismo”.

Un filósofo coreano alemán, Byung Chul Han, autor de libros antikapitalistas para leer en el baño, descubre que la verdadera alienación está en las redes participativas, que propician discusiones intrascendentes, hacen olvidar los auténticos dramas y ¡repámpanos! auspician el narcisismo. Resulta que la maldita opresión capitalista está en los chismes de Facebook o en las fotos de las Kardashians en Instagram. Shoshana Zuboff autora de El capitalismo de la vigilancia, dentro de la misma teoría académica de toillete, tiene una con alto componente paranoico: según, la verdadera “culpa” del asalto al Capitolio por Trump es de “los medios” y no del presidente. Y como si no nos hubiéramos enterado de ese episodio, de sus turbias entretelas dolosas y de la falsa denuncia de fraude, precisamente a través de los medios. Detrás siempre el autoritarismo de los profesores radicales. Solo hay libertad de expresión cuando se publican las cosas con las que estoy de acuerdo.

@CarlosRaulHer

 3 min


Ismael Pérez Vigil

A la memoria de Olga Ramos y Rafael Macquhae,

rocas de la sociedad civil, Impenitentes luchadores

por la democracia, la libertad y una educación libre

y de calidad, descansen en paz, amigos…

Siempre que se habla de las formas prácticas de combatir ese sentimiento de angustia y pesar que acogota a todos los venezolanos, la desesperanza, invariablemente pienso en la resistencia de los ciudadanos y de la sociedad civil al régimen que nos asola desde 1999.

Desde siempre y de muy variadas maneras, la sociedad civil, los ciudadanos, han estado presentes en la historia política de Venezuela; pero, especialmente desde 1999, que empezó este régimen de oprobio, que continua hasta hoy, nadie contaba, mucho menos el propio Chávez Frías, que la muerte de los partidos políticos, que él propicio, no sería tan definitiva y mucho menos contaba con el surgimiento de este actor que le ofrecería una denodada resistencia: El ciudadano, organizado como sociedad civil.

Antes de continuar aclaro que, para este concepto tan amplio y algo esquivo, adopto el criterio que sociedad civil (SC) es para mis análisis lo diferente a partidos políticos, organizaciones religiosas, sindicatos y obviamente organizaciones militares. Se trata, entonces, de ciudadanos organizados para actuar política y socialmente, por ejemplo, pero al margen de los partidos y cuyo objetivo no es la búsqueda del poder.

El “comienzo” de lo actual.

Paradójicamente, la actividad política de dos personajes −por muchos motivos antagónicos y opuestos−, Carlos Andrés Pérez y Hugo Chávez Frías, va a ser pieza fundamental en el surgimiento y desarrollo de ese actor político que, sin ser nuevo, pues como dije, está presente a todo lo largo de nuestra historia política, pasa a ser fundamental de 1999 en adelante.

Desde un punto de vista positivo, el impulso a la privatización de las empresas del estado, la descentralización, el impulso a la elección directa de los gobernadores y la elección nominal de los diputados al Congreso Nacional, entre otras políticas desarrolladas durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, abrieron las puertas para una entrada, más sólida, en la política, de este actor.

Desde un punto de vista negativo, Hugo Chávez Frías, con su prédica antipolítica y contra los partidos y a la vez propiciar que fueran los ciudadanos y la sociedad civil los únicos que participaran en la elección de la Asamblea Constituyente de 1999 −que él convocó y cuyos términos, parámetros y contenidos, él definió e impuso−, fue también un impulso para que, como actor, la SC, se manifestara, de manera decisiva. Todos recordamos que en 1999 en las regulaciones con las que se convocó a una Asamblea Constituyente, a la sociedad civil se le dio preeminencia y todo el espacio; pero, no tardamos en descubrir que en realidad esto no era así, sino que se trataba simplemente de una forma más de restar importancia y relegar a los partidos políticos. Desde entonces, la arremetida de este régimen en contra de la sociedad civil, no ha cesado.

El “chavomadurismo” contra la sociedad civil.

Las instituciones controladas por el régimen, desde sus inicios, han arremetido contra la sociedad civil. Por ejemplo, el TSJ con varias sentencias dictadas por la Sala Constitucional, en las que se alude a la sociedad civil, se ha disminuido, confiscado o menoscabado sus funciones. Las arremetidas de la Asamblea Nacional, controlada por el régimen, han sido también notables: limitando su papel en el CNE, con intentos de legislación para controlar sus recursos; y desde luego, las tentativas de control, la persecución a sus lideres y la criminalización de sus actividades, por parte del gobierno de Nicolás Maduro, especialmente desde 2018; y estos son solo algunos de los ejemplos, de los que no voy a entrar en detalles, pues no voy a repetir lo que he dicho en otras ocasiones (ver Nueva Arremetida Contra la Sociedad civil, https://bit.ly/3wAsNR4)

En estos 23 años se han emprendido innumerables iniciativas para salir de este régimen de oprobio: huelgas empresariales, paro petrolero, intentos de golpe de estado, intentos de rebeliones militares, manifestaciones gigantescas, miles de protestas al año, hemos votado innumerables veces, nos hemos abstenido, hemos dialogado y negociado, designamos un gobierno paralelo, etc., y nada ha dado resultado, produciendo esta situación de desánimo y desesperanza que nos agobia.

Pero, a la vez surge de todo esto una reflexión que no podemos olvidar, aunque algunos lo hacen y el gobierno la exacerba: el régimen con sus incontables recursos, que ha utilizado a discreción para comprar voluntades y conciencias y a pesar de todo su poder realizando amenazas, chantajes, intimidación, represión a mansalva, inhabilitación de candidatos y partidos, forzando a miles al exilio, llenando las cárceles de presos, con juicios amañados y sin defensa, torturas y violación comprobada de derechos humanos, etc., no ha logrado eliminar a la oposición, sacarla del juego, evitar que de todas maneras se manifieste y surja. Ese es nuestro principal activo en esta lucha, que no podemos dejar de lado y despreciar, porque es el argumento más fuerte que tenemos contra la desesperanza. Así que, veamos cómo se dio este proceso, desde sus orígenes.

Matizando a la sociedad civil.

En buena parte esa resistencia de la SC se debe a que ha surgido con fuerza y se ha fortalecido desde 1999, con sus oenegés y la actividad de los ciudadanos y vuelve siempre por sus fueros; pero se hace necesario matizar esta actividad, pues me preocupa que se deifique y la cierta sobrevaloración que hacemos de ella.

La SC siempre ha sido celosa de su independencia, sobre todo de los partidos; pero estamos conscientes que en Venezuela, por acción u omisión, todo fue creado por los partidos −los sindicatos, los gremios, incluso los grupos vecinales−; no obstante, precisamente, la caída en desgracia de los partidos y la arremetida que sufrieron desde 1999, fue creando el espacio para que surgiera y se hiciera más fuerte el fenómeno de la SC, con algunas importantes diferencias de la SC, llamémosla histórica, que se manifestó tan ligada a los partidos políticos desde 1958 y que participaba en las campañas electorales apoyando diferentes candidatos, sobre todo de la partidos principales de entonces: Ad y Copei.

Sociedad Civil y régimen de Chávez Frías.

La primera manifestación de resistencia ciudadana y de la SC al régimen impuesto por Hugo Chávez Frías desde 1999, fue la participación de cientos de ciudadanos buscando firmas para postular candidatos y luego elegirlos para conformar la ANC de 1999. Allí tuvimos, los que participamos activamente en la actividad, el primer atisbo de que no es posible derrotar en lizas electorales a las maquinarias partidistas. Luego vinieron otras protestas contra el régimen. De especial mención la de las mamás, en aquellas jornadas de protesta, por todo el país, en las plazas públicas, en defensa de la educación libre y contra del decreto 1011, bajo la consigna: “con mis hijos no te metas”. Y tantas otras, que en estos 23 años, con ese impulso de resistir y combatir a Hugo Chávez, su constituyente y su régimen, desarrollaron un verdadero “boom” que al régimen, que lo propició, se le fue de las manos. Surgieron entones cientos de organizaciones, ligadas a la actividad política, a la resistencia, gente muy crítica que quería hacer oposición y quería hacer política, pero no lo quería hacer en los partidos, bien porque estaban desprestigiados o porque esos ciudadanos no eran capaces de tolerar la disciplina de los partidos.

Los ciudadanos, resistiendo al régimen que se imponía, formaron sus propias organizaciones, a las que se sumaron los disidentes de los partidos, que antes, al desgajarse de su partido de origen, formaban otro y que ahora forman una oenegé. Y también, al sumarse a esa resistencia las oenegés que ya estaban formadas para atender problemas educativos, ambientales, de salud, etc.…y que comenzaron a involucrarse en la política, fueron formando una numerosa e intrincada red.

Sociedad civil hoy.

Hoy tenemos, entonces, cientos de oenegés, cercanas al millar, de organizaciones con motivación específicamente política. Organizaciones que por momentos, es verdad, se comportan, dividen y tienen disputas muy similares a la de los partidos, pero con la diferencia que no están diseñadas, como tales, para luchar por el poder, aunque algunas lo quieren hacer y reemplazar a los partidos. Obviamente estas organizaciones no se comportarán igual cuando retornemos a la democracia y será allí, cuando nadie las persiga ni acose, que van a probar su verdadero valor, pues podrán ser una verdadera fórmula de control ciudadano sobre el desempeño de los gobiernos, locales y nacional. Toda esa energía, volcada hoy hacia la actividad política y el rescate de la democracia, podrá dirigirse el día de mañana a resolver de manera eficaz y eficiente, acuciantes problemas sociales y económicos del país; siempre que no olvidemos, como ocurrió en el pasado, especialmente desde 1958, que los políticos están allí porque nosotros los pusimos allí y dejamos de controlarlos, los abandonamos a su suerte o su buen saber y entender, pues preferimos la vida profesional, la vida académica, dedicarnos a las empresas y la actividad económica, etc. Perdimos todo control sobre la acción de gobierno y sobre la posibilidad de contribuir como ciudadanos a enfrentar los problemas del país, desde una perspectiva que no suponga obtener prebendas políticas, figuración o cargos.

Cómo prepararse.

Ciertamente hoy tenemos muchas oenegés, muy activas algunas, pero una gran indiferencia ciudadana hacia la política, hacia los partidos y hacia las propias organizaciones de la SC que se dedican a la política; ¿Qué se puede hacer para que los grupos locales y vecinales, arremetan contra la desesperanza y como en el pasado, se organicen para votar y sobre todos para defender los votos?

Creo que la respuesta es mantenerlos allí, en ese nivel local, formando redes sociales y políticas, fuertes por su versatilidad y eficaces por su constancia y tenacidad; y desde allí, con posiciones firmes, velar porque las decisiones se tomen democráticamente. Esa es una forma además de crear “capital social”, pues la gente se vuelve demócrata, viviendo democráticamente, tomando decisiones por consenso, tolerando y aceptando las diferencias, siendo flexible. No tenemos democracia en el país, pero la podemos tener en la comunidad en la que vivimos y nos desempeñamos, en el grupo de vecinos, en el barrio, en el liceo, en las universidades, los gremios, en la comunidad inmediata, en nuestras oenegés; y que comprendan que ese problema, local y vecinal, con el que lidian todos los días, no se va a resolver completamente sin conexión a lo general y por eso hay que dar el salto a lo general, a lo político. Para cuando lo den, ya habrán aprendido a vivir en democracia, a ser flexibles y tolerantes, a aceptar las decisiones de los demás. Habremos aprendido lo que es la democracia.

Sociedad civil y “grupos de electores”.

Eso implica aprovechar todas las oportunidades que se presenten y una forma de combatir ese pesar de la desesperanza; por ejemplo, aprovechar que el CNE ha abierto un lapso para que se registren e inscriban “Grupos de Electores”; esto se puede hacer en el nivel local, vecinal, para que los ciudadanos organizados en sus vecindarios puedan presentar o apoyar candidatos; es también una manera de presionar y poner a las organizaciones políticas en la posición de que acepten las reglas del juego democrático de los ciudadanos y sus aspiraciones. Éste es un simple ejemplo de una manera de comenzar un proceso, real, de organización y construcción de redes, de organizaciones políticas al alcance de cualquier ciudadano, en donde los ciudadanos puedan participar sin renunciar a su condición de tal, al espacio vital que conocen y dominan.

Conclusión.

A pesar de todos sus esfuerzos, la sociedad civil venezolana, aun cuando no ha sido exitosa en su empeño de salir de este régimen de oprobio, ha resistido y sobrevivido y ha logrado crecer, en número, en miembros y en determinación. Le quedan dos tareas importantes, una inmediata y otra pendiente.

La inmediata, creo yo, es conectarse con las primarias opositoras, sobre todo en el exterior; tal como ya mencioné la semana pasada −en Contradesesperanza, https://bit.ly/3Ln0OLR −, esa es una tarea que perfectamente puede quedar completamente en manos de la sociedad civil, siempre y cuando se lleguen a acuerdos básicos de aceptar los resultados, de incorporarse todos a la campaña del ganador y en el propósito de llevar una respuesta a un país que espera y hoy muere de mengua y abandono; acuerdos que sean respetados por los precandidatos y partidos que compitan; aunque si no lo hacen, de todas maneras la SC les sabrá pasar la factura.

Y la tarea pendiente, desde hace muchos años, es ayudar y presionar a los partidos políticos a profundizar en su renovación y en sus procesos de reorganización; una manera, a nivel local y vecinal, es ayudar a incorporar cada vez más ciudadanos a la tarea de resistir y se me ocurre que una fórmula puede ser organizando los “grupos de electores”, que ya mencioné, que muestren a ciudadanos y partidos una vía y una forma de organizarse, de ser tolerantes y flexibles, de desarrollar democracia desde la base.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 10 min


Javier Solana

"¿En qué momento, pues, cabe esperar la llegada del peligro? Respondo que, si alguna vez nos llega, surgirá de entre nosotros. No puede venir del exterior. Si la destrucción es nuestra suerte, nosotros mismos seremos su autor y su finalizador". Así vaticinaba Abraham Lincoln, en su célebre discurso de 1838 titulado "La Perpetuación de Nuestras Instituciones Políticas" que, en caso de darse, el ocaso de los Estados Unidos no vendría como consecuencia de una amenaza del exterior, sino por disfunciones internas.

En momentos de gravedad histórica, las inquietudes de los grandes líderes norteamericanos suelen impregnar la retórica de la política estadounidense. Tras meses de preparación, Joe Biden expresó la misma preocupación por la democracia estadounidense en un reciente y mediático discurso en el Independence Hall de Filadelfia, el lugar donde se debatió y adoptó la Declaración de Independencia en 1776. El título del discurso – La Batalla Continua por El Alma de la Nación – no engaña en cuanto al momento histórico por el que atraviesa la sociedad norteamericana.

La salud política de la primera potencia mundial es fundamental para la estabilidad global. En este sentido, tampoco hay que remontarse muy atrás en el tiempo para darse cuenta de que lo que pasa en la política interna de la primera potencia mundial – para bien y para mal – acaba condicionando en gran medida la estabilidad internacional en su conjunto. Dicho en los términos más claros posibles, ninguno de los grandes problemas globales a los que nos enfrentamos podrán ser abordados en las organizaciones multilaterales de manera eficaz sin la estabilidad política de los EE. UU.

La primera vez que pisé suelo estadounidense fue en 1965, durante la presidencia de Lyndon B. Johnson, y lo hacía con una beca Fulbright. Permanecí ahí durante cinco años. Me encontré con un país en ebullición que estaba sumido en la Guerra de Vietnam, sus consecuencias domésticas y el movimiento por la extensión de derechos civiles a la población afroamericana.

Hoy, la sociedad estadounidense está atravesando por una situación preocupante, pero cualitativamente distinta a la de los años sesenta. Si bien la conflictividad social que definió la década de los sesenta en EE. UU. giraba en torno a injusticias inasumibles para una sociedad moderna, no ponían en entredicho a las instituciones fundacionales de la república estadounidense. Ahora, el problema existencial ante el cual se encuentra la sociedad norteamericana se puede resumir en la falta de legitimidad de sus principales instituciones democráticas, y, entre ellas, de su sistema electoral. En otras palabras, en 1965, nadie cuestionaba el hecho de que Johnson era el presidente de los EE. UU.

Sesenta años después de esa década crucial de la Guerra Fría, nos encontramos ante un mundo incierto y fragmentado. Tras una pandemia global de la cual todavía no nos hemos recuperado, el mundo sufre las consecuencias económicas y sociales de una guerra en suelo europeo, con la que tampoco contábamos. Para agravar la situación, las instituciones multilaterales creadas para gestionar la globalización, sus oportunidades y sus riesgos, se están viendo superadas por la creciente división del mundo en bloques geopolíticos y el peligro de un decoupling entre sus dos principales potencias.

EE. UU. se enfrenta a un periodo electoral determinante para los propios americanos y para el mundo. A pocas semanas de las elecciones legislativas (midterms), los estadounidenses y el mundo se están jugando mucho. Sobre todo, porque uno de los partidos que han sustentado la democracia estadounidense ha sucumbido a la deriva populista de Trump. De todos los candidatos que recibieron el apoyo del expresidente (doscientos ocho concretamente) el 95% ha ganado en las primarias republicanas para las elecciones a la Cámara de Representantes y el Senado.

Resulta preocupante que el Trumpismo se convierta en un elemento permanente de la política estadounidense, dado el grado de poder político que ha podido acumular en los últimos años. El Trumpismo no hubiese podido consolidarse sin el éxito previo del Partido Republicano al hacerse con el control de los centros de poder político más accesibles durante una época de declive electoral para el conservadurismo norteamericano. Tras la victoria electoral de Barack Obama en 2008 el Partido Republicano cambió el color político de trece cámaras bajas estatales en 2010, mientras los Demócratas estaban concentrados en llevar a cabo su agenda doméstica e internacional en Washington.

Como consecuencia del dominio Republicano sobre las cámaras legislativas de los Estados, el Partido Republicano ha sido capaz de cambiar el dibujo del mapa electoral estadounidense a su favor – que afecta a las elecciones a nivel federal o nacional – por medio de la manipulación de las circunscripciones electorales en su propio beneficio, un proceso conocido como gerrymandering.

Aunque Trump haya conseguido cooptar en gran medida al Partido Republicano, el Trumpismo no siempre tiene todas las de ganar. Incluso en Estados indiscutiblemente republicanos, el populismo puede ser derrotado como hemos visto con el reciente triunfo de la candidata Demócrata Mary Peltola frente a Sarah Palin, en las elecciones al escaño del Estado de Alaska en la Cámara de los Representantes. Para el calendario electoral que se viene, Biden tiene la tarea histórica de unir a Demócratas y a Republicanos moderados en un frente común.

A veces, construir mayorías democráticas no es suficiente para preservar la democracia. Por suerte, una de las fortalezas del sistema democrático es su arquitectura institucional, que separa al poder del Estado en ramas – ejecutivo, legislativo y judicial - para evitar los abusos en los que pueda incurrir cada una de estas ramas. Con las recientes sentencias de la supermayoría conservadora, la legitimidad del poder judicial estadounidense está siendo cuestionada. Como apuntaba el último juez del Tribunal Supremo en dejar su cargo, Stephan Breyer, si los jueces son vistos como políticos, la legitimidad de los tribunales que sostienen el Estado de Derecho solo puede disminuir,

La Historia, y sus estudiosos, son fuentes de un valor incalculables para analizar la coyuntura actual y estar en las mejores condiciones para gestionarla. Hace unas semanas el presidente Joe Biden decidió convocar a la Casa Blanca a un grupo de historiadores de las universidades más prestigiosas del país para analizar la actual situación por la que atraviesa la sociedad americana. El mensaje principal de esa reunión fue rotundo: la polarización política está llevando a la democracia estadounidense al borde del colapso.

En 1838, Abraham Lincoln empezaba su discurso con una pregunta y una respuesta rotunda sobre el futuro de la democracia estadounidense. Hoy, las palabras de Lincoln sobre los peligros a los que se enfrenta la sociedad estadounidense son de una triste relevancia, para los propios americanos y para la estabilidad internacional.

22 de septiembre 2022

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/health-of-american-democrac...

 5 min


Laura Vanderkam

Este verano, se habló mucho de la “renuncia silenciosa”, que, en esencia, se refiere a hacer lo mínimo necesario en el trabajo. Y quizá eso no sorprenda a nadie: después de más de dos años de incertidumbre pandémica, los niveles de estrés de los trabajadores están a tope en todo momento y ahora la gente sigue languideciendo. Cuando estás agotado y saturado, sientes que se pierde algo de algún modo y, para muchos, pareciera que lo que se pierde es la búsqueda de la excelencia laboral.

Pero ¿la respuesta es dejar de echarle ganas? Yo diría que no. Como escritora que aborda el tema de la gestión del tiempo, me he dado cuenta de que lo opuesto al agotamiento no es no hacer nada, ni siquiera es hacer menos. Es el compromiso activo. Por contradictorio que parezca, agregar nuevas actividades energizantes a tu agenda podría hacer la vida más llevadera.

Eso es lo que descubrí cuando hice un estudio de satisfacción del tiempo con más de 140 personas con vidas ajetreadas para un libro en el que estaba trabajando. Al comienzo de mi proyecto, durante la primavera de 2021, los participantes decían sentirse exhaustos y sin energía. “La vida es muy caótica, se malabarean muchas cosas al mismo tiempo”, me dijo una persona. “Mi lista de tareas es interminable”, comentó otra. Otro participante se lamentaba de sentir “como si necesitara que el día tuviera más horas a fin de tener tiempo para la familia y la vida”.

Los participantes pusieron en práctica nueve estrategias de gestión del tiempo en el transcurso de nueve semanas. Pero en lugar de pedirles que redujeran sus actividades o establecieran límites más estrictos entre el trabajo y la vida, la mayoría de las estrategias que les enseñé eran adicionales. Les pedí que incorporaran una actividad física regular. Les pedí que dejaran espacio para pequeñas aventuras. Y en cuanto a las actividades de ocio, les pedí que antepusieran “el esfuerzo a la falta de esfuerzo”; es decir, que eligieran las que requieren acción en lugar de las que son pasivas (incluso algo tan sencillo como leer una novela en lugar de ver un programa de televisión).

También les presenté el principio de “una noche para ti”; es decir, comprometerse a hacer algo que les gustara, aparte del trabajo y la familia, durante al menos unas horas a la semana. Al igual que en el caso de la renuncia silenciosa, esto puede significar dejar el trabajo un poco antes de lo habitual, pero no se trata de hacer menos; la idea es que unirse a un coro, a un equipo de sóftbol o a cualquier otra actividad a la que se tenga que asistir nos impulsa a pensar en la logística, a organizar el cuidado de los niños si es necesario y a ir, incluso si la vida parece demasiado ocupada para contemplar tal cosa.

Y funcionó. En el transcurso de las nueve semanas, los participantes sintieron que sus agendas estaban repletas de actividades que habían elegido activamente y que tenían ganas de hacer, y como resultado, sintieron que el tiempo era más abundante. Su satisfacción con la forma en que empleaban su tiempo en general aumentó un 16 por ciento del comienzo al final del proyecto. Cuando se les preguntó cómo habían pasado su tiempo de ocio “ayer” tras nueve semanas, la satisfacción de los participantes había aumentado un 20 por ciento. Incluso informaron haber avanzado más en sus objetivos profesionales —lo que resulta bastante opuesto a la renuncia silenciosa—, ya que su energía y compromiso reforzados se extendieron a todos los ámbitos de la vida.

Cada uno de nosotros dispone de las mismas 168 horas a la semana. Pero el tiempo también tiene que ver con las historias que nos contamos a nosotros mismos. Cuando la vida está llena de tareas pendientes, con apenas breves periodos de inactividad entre ellas, podemos sentirnos abrumados por las responsabilidades. Pero si añadimos cosas que realmente queremos hacer, para competir con esas mismas tareas pendientes, el tiempo parece distinto. Nos sentimos un poco más en control de nuestras vidas.

Hannah Bogensberger, quien participó en mi estudio del tiempo, descubrió que así le había sucedido. Siendo una ajetreada ingeniera de software que cría a tres niños pequeños con su marido, un enfermero, sus días estaban repletos y el trabajo a menudo se colaba en las noches y los fines de semana. Añadir algo más no parecía un camino obvio hacia la satisfacción con el tiempo. Pero accedió a intentar tomarse una noche para sí misma: un partido de tenis semanal, los martes con sus hermanas y, más tarde, una clase regular.

“Durante una hora a la semana, todos mis pensamientos obsesivos se callaban”, me contó. La primera vez que regresó a casa después de la hora de tranquilidad que le otorga el tenis, su marido le dijo: “Te ves radiante”. Bogensberger me reveló que jugar tenis la hacía sentir “reenergizada” el resto de la semana, además descubrió que así estaba más al tanto de su familia. “Creo que cuando no me concedía un verdadero tiempo libre, sentía algo de resentimiento”, dijo. “Pero ahora, saber que hay un tiempo reservado y protegido en la agenda ha aminorado ese sentimiento”.

Otro estudio de hace unos años descubrió que los estudiantes universitarios a los que se les pidió ayuda para editar ensayos de estudiantes de bachillerato en situación de riesgo durante 15 minutos, después declararon tener más tiempo libre que los sujetos a los que se les permitió salir del laboratorio 15 minutos antes. Pensando de manera lógica, esto no tiene sentido, ya que los que se fueron más temprano tuvieron más tiempo libre. Pero quienes dedicaron su tiempo a la gratificante y atractiva actividad de ayudar a los demás sintieron que su tiempo era menos escaso.

Dicho de manera sencilla, cuando le dedicamos tiempo a lo que nos parece energizante, nuestro relato interno cambia. Ya no sentimos que la vida es un lastre.

Ese fue justo el caso de Kathleen Paley, madre de dos y abogada en un bufete de Washington D. C., que entrevisté para mi libro. Ella dijo que había pasado por un periodo sombrío en el que sentía que su ser estaba consumido por el trabajo y la familia. Describió una sensación, que muchos padres conocen, de que “cada pedacito de tu ser, como individuo, tiene que quedarse en segundo plano por un tiempo”.

Pero en lugar de hacer una renuncia silenciosa, renunciar en voz alta o abandonar sus deberes en casa, Paley se dedicó a algo que le apasionaba: comenzó a trabajar como voluntaria en la Autoridad de Desarrollo Económico de la ciudad de Fairfax, realizando proyectos completamente diferentes a sus responsabilidades laborales y familiares. Ayudó a organizar la Semana de los Restaurantes en Fairfax e ideó formas de promover su incubadora de pequeñas empresas.

Le pareció que este trabajo la llenaba más de energía que sentarse a ver televisión después de que los niños se iban a la cama y la emoción hacía que su tiempo pareciera multiplicarse. Al final, Paley resultó electa como presidenta de la autoridad de desarrollo. Y todo esto lo hizo sin dejar de hacer bien su trabajo ni dejar de ser una integrante activa de su familia. Comprometerse con algo que le apasionaba renovó su energía para todo lo demás que hacía.

Por supuesto, no hay ninguna razón para atiborrar la agenda por obligación y hay que evitar las actividades que nos drenan la energía. Pero cuando te sientas abrumado, dedicar tiempo a algo que te haga sentir bien puede ser mejor que solo hacer menos.

21 de septiembre 2022

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2022/09/21/espanol/opinion/trabajo-burnout-re...

 6 min


Norberto Paredes

Los Demócratas de Suecia, un partido ultraderechista, se convirtieron la semana pasada en el segundo movimiento político más importante del país escandinavo, con posibilidades de gobernar.

Aunque el ascenso de este partido nacionalista y antiinmigración viene cocinándose lentamente por décadas, aún no deja de sorprender en una nación reconocida internacionalmente por ser un bastión de tolerancia e igualdad.

Puede que no haya sido el partido que más votos obtuvo en la contienda electoral, pero la mayoría de analistas concuerda en que fue el gran ganador de la jornada, reemplazando a la oposición conservadora tradicional y obteniendo más del 20% de los votos.

La periodista y autora sueca Elisabeth Åsbrink también está de acuerdo y le preocupa.

Åsbrink es autora de obras como "Y en Wienerwald, los árboles siguen en pie" (2011), una historia real basada en 500 cartas que unos padres le escribieron a su hijo desde Viena, después de que el pequeño huyera de los nazis a Suecia como refugiado en 1939.

Más recientemente, la autora publicó "Made in Sweden: 25 Ideas That Created a Country" (Hecho en Suecia: 25 ideas que crearon un país), un libro en donde habla de "los verdaderos valores suecos" y de todas las cosas que han hecho de Suecia el lugar que es hoy.

En entrevista con BBC Mundo, Åsbrink asegura que muchas de esas características que en el extranjero aún definen a Suecia se han perdido.

Y el auge de la ultraderecha en el país así lo demuestra. Lee la entrevista completa a continuación.

¿Qué dice de la sociedad sueca el resultado de las últimas elecciones generales?

Revela que mucha gente siente que el estado del bienestar no les está dando lo que tienen derecho a esperar.

Es el resultado de una serie de cambios fundamentales en la sociedad sueca, donde el estado de bienestar tradicional, basado en altos impuestos por un lado y buenos servicios a los ciudadanos por el otro, se ha transformado durante las últimas tres décadas.

¿Cómo ha sido esta transformación?

La sociedad sueca ha pasado de una estructura basada en lo colectivo a una estructura basada en el individualismo.

Esta transformación ha afectado el sistema educativo, cambiado los términos de jubilación y creado una descentralización del mercado laboral.

También se han cambiado las reglas para despedir personas y se inició la venta de viviendas públicas a propietarios privados.

Hay una idea de lo que Suecia es y lo que debería ser, pero la realidad es que están equivocados.

Esto ha creado un clima en el que los Demócratas de Suecia han obtenido ventajas al afirmar que los cambios negativos en la sociedad son por culpa de la inmigración y los inmigrantes.

¿Por qué solemos ver a Suecia de ese modo? Y entonces, ¿esa Suecia ya no existe?

Es por el legado del país, que se puede decir que comenzó a construirse después de la Segunda Guerra Mundial, y luego, cuando Olof Palmer se hizo cargo a principios de los años 60, se siguió construyendo.

La Suecia detrás de esta imagen ya no existe. La desigualdad de ingresos se ha vuelto enorme. Los ricos se han vuelto muy ricos y los pobres se han vuelto muy pobres.

Ha habido una serie de cambios que han empeorado las cosas para los ciudadanos. La gente siente que ha perdido algo y se trata de un sentimiento que ha persistido.

Los Demócratas de Suecia simplemente han sido los mejores en tomar eso y usarlo para sus propios fines.

¿Qué representan los Demócratas de Suecia como partido político?

Muchos de los votantes que votaron por los Demócratas de Suecia dirían que el partido representa una alternativa a los partidos establecidos que no le han dado a la gente lo que prometieron.

Afirmarían que los partidos establecidos se han vuelto demasiado cómodos, que todos tienen una orientación urbana y tienen ideales neoliberales con los que mucha gente no está de acuerdo.

¿Cuán es su ideología? ¿En qué creen?

Diría que la ideología de los Demócratas de Suecia es etnopluralista de derecha, es decir, creen que las naciones deben formarse en base a una raza y una cultura homogénea con el fin de preservar su herencia cultural.

Es una idea que tomó forma después de la Segunda Guerra Mundial. Después del genocidio de los judíos y romaníes europeos, muchos viejos nazis y fascistas todavía querían que Europa fuera un continente blanco, de esto escribo en mi libro "1947: When now begins" (1947: Cuando el ahora comienza).

Todavía querían que Europa fuera blanca pero ya no podían usar la palabra raza, entonces empezaron a hablar de cultura. La idea señala, por ejemplo, que las culturas no se deben mezclar porque son "incompatibles".

Los Demócratas de Suecia vinculan el crimen que ha ido en aumento con la afluencia de inmigrantes en las últimas décadas, ¿crees que la mayoría de las personas que votaron por ellos creen en esa narrativa?

Sí. Creo que mucha gente vincula a los inmigrantes con el crimen. Esta es la respuesta corta, pero creo que es más complejo que eso.

¿La gente en Suecia sabe sobre los orígenes nazis de ese partido? ¿Les importa?

Sí, deben saber, porque muchos medios, escritores y periodistas lo han señalado varias veces.

Pero los otros problemas que tienen parecen más urgentes y por eso descartan este.

Además, los Demócratas de Suecia han sido muy inteligentes en crear medios alternativos donde no reconocen este pasado.

Dicen que los medios tradicionales exageran o malinterpretan lo que defiende el partido y dicen que son perseguidos por los medios tradicionales.

Y esto parece funcionar. Cuando alguien señala algún hecho sobre sus orígenes nazis, se percibe como persecución.

La izquierda lleva décadas perdiendo terreno en Suecia, ¿cómo puede volver a ser una alternativa atractiva?

No sólo la izquierda, el centro y los liberales también han perdido terreno.

Para que todos estos partidos ganen terreno nuevamente tienen que darles a los votantes una visión clara de lo que quieren hacer con la sociedad en general, les hace falta una visión política hacia el futuro que sea clara.

Y es por eso también que los Demócratas de Suecia han crecido. pintaron una imagen que la gente puede ver ante ellos, en la que yo no creo.

Han sido muy buenos dándole a la gente una idea de la sociedad que aseguran que van a crear: una sociedad segura con ley y orden, con la menor cantidad de inmigrantes posible.

Una idea de que ser sueco es ser blanco, que personalmente yo no acepto.

¿Qué dice el avance de la ultraderecha de un país conocido por ser un bastión de la socialdemocracia y la tolerancia?

Bueno, es una tendencia general que vemos en todo el mundo. La gente está perdiendo la fe en sus autoridades, en sus políticos tradicionales o en sus medios de comunicación.

Esta pérdida de fe es alentada y utilizada por los partidos extremistas y populistas para ganar terreno. Entonces, en ese sentido, Suecia se ha vuelto como muchos otros países.

¿Marca también el fin del excepcionalismo sueco?

Sí. El avance de la extrema derecha en Suecia marca el fin del excepcionalismo sueco, de Suecia como una sociedad igualitaria en lo que se refiere a ingresos o derechos de hombres y mujeres.

Otro aspecto es la imagen internacional.

Suecia se ha denominado a sí misma una "superpotencia humanitaria" y tradicionalmente ha actuado como mediador en muchos conflictos internacionales difíciles o como agente de la paz.

Hemos dado una autoimagen sueca de que somos racionales y de que mantenemos altos estándares morales en cuestiones morales y humanitarias.

En febrero, el líder del partido se negó a elegir entre Biden y Putin. ¿Ha cambiado de opinión?

Lo extraño es que nada de lo que hicieron o dijeron pareció perjudicarlos frente a los votantes.

Pero esto no significa que el 20 % de los votantes suecos sean etnopluralistas o algo similar.

Mi opinión personal es que el ataque ruso a Ucrania también influyó en el resultado de las elecciones. La gente quiere sentirse segura.

Cuando ves las encuestas sobre lo que los votantes y las votantes consideran importante, puedes ver que estas elecciones se han centrado en gran medida en las cuestiones prioritarias para los votantes masculinos, como el crimen, la ley y el orden, las cuestiones energéticas, la energía nuclear y la migración.

Las mujeres votantes tienden a priorizar el clima, la educación y la igualdad.

Pero debido a la guerra en Ucrania, estas cuestiones han quedado fuera del debate y esto ha beneficiado a los Demócratas de Suecia.

@norbertparedes

24 de septiembre 2022

BBC News Mundo

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62996390

 6 min


Andrea J. Arratibel

El año 2011 marcó un antes y un después en los paisajes caribeños. La proliferación sin precedentes de algas sargassum pelágicas, el sargazo arrastrado por las corrientes oceánicas, empezó a quedar varado en las playas de toda la región, con un impacto catastrófico en los medios de vida costeros y en las economías nacionales, muchas sustentadas por el turismo.

Pero, donde algunos solo ven una amenaza, otros han hallado una oportunidad, como los tantos emprendedores y equipos de investigación que utilizan el sargazo como recurso primario para diferentes beneficios. “Son muchos los sectores que lo están aprovechando y más los que podrían hacerlo”, apunta Brigitta van Tussenbroek, especialista en macroalgas del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, y una de las autoras de una guía sobre los usos del sargazo que ha lanzado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que aglomera su potencial para hasta 15 ámbitos distintos.

La aplicación de la macroalga como materia prima para una amplia gama de industrias no es novedosa: se estima que cada año 12 millones de toneladas de algas son aprovechadas en todo el mundo, particularmente en Asia y el Pacífico. En el Caribe, el uso de vegetales marinos ha sido hasta ahora bastante limitado. No obstante, la gravedad que ha generado este problema asociado a los efectos del cambio climático ha despertado el ingenio empresarial de la región.

Alimento para el ganado y sustrato para la agricultura

Las algas se han utilizado tradicionalmente en la cría de animales, “y el sargazo pelágico, compuesto por una amplia gama de macro, micronutrientes y minerales, puede ser utilizado para su alimentación con muchos beneficios”, asegura van Tussenbroek, de origen holandés, pero que lleva más de tres décadas en México.

Análisis detallados del sargazo señalan su composición rica en proteínas, vitaminas, grasas poliinsaturadas ácidos, carbohidratos, fibras y compuestos bioactivos, apta para alimentar a un sinfín de especies como vacas, ovejas, caballos, aves, peces o camarones, entre muchos otros, “y hasta mascotas”, agrega la bióloga. Según apuntan diversos estudios, estas algas pardas tienen el potencial de incrementar el crecimiento, desarrollo, salud general y la inmunidad animal, por lo que varias iniciativas de investigación en el Caribe están estudiando el valor de los vegetales pelágicos para la alimentación animal y algunas ya lo están comercializando, como la empresa jamaicana Awganic Inputs, que transforma la macroalga en alimento para ganado caprino.

“El sargazo también es activador del crecimiento de plantas, resultando un magnífico bioestimulante”, señala la bióloga marina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Rosa Rodríguez. La empresa dominicana AlgeaNova, que un principió ofrecía soluciones para frenar el sargazo que llegaba hasta las playas paradisíacas de Punta Cana, anunció recientemente su asociación con otra empresa canadiense para empezar fabricar una composta orgánica de alta calidad que reacondiciona los suelos agrícolas.

Los proyectos caribeños de investigación y desarrollo comercial de sargazo pelágico en aplicaciones de producción de cultivos comprenden desde la producción de composta para hortalizas, fertilizantes, hasta bioplaguicidas. “Pero es importante extraer antes los metales pesados evitando que pasen a los vegetales”, aclara Rodríguez. Los altos niveles de arsénico y otros químicos tóxicos del vegetal marino son perjudiciales para la salud animal, con el riesgo sumado de que salten a la cadena alimentaria.

“Un proceso que nosotros llevamos a cabo rigurosamente”, afirma Héctor Romero, fundador de Ficotecnología Bianco, la única empresa a nivel mundial que produce fertilizante del sargazo en dimensiones industriales. Alineada con las estrategias ambientales del Gobierno, esta compañía mexicana recibe en su extensa planta entre Cancún y Puerto Morelos hasta 60 toneladas diarias de sargazo que procesa en fertilizante orgánico. “En vez de que deposite en la selva o en cualquier lado, el sargazo es descargado en nuestras instalaciones y se evita su impacto en los subsuelos”, explica Romero, responsable de una iniciativa que, según cuenta, “aprovecha el 100% de las macroalgas sin generar residuos”. El material recogido de la limpieza de playas que llega a sus manos puede llegar a constituirse de un 70% de arena y sólo un 30% del vegetal marino. “Nosotros recuperamos hasta el 95% de esa arena y la regresamos a las playas”, asegura, exponiendo uno de los grandes problemas que presenta retirar el enredo de macroalgas de las costas.

“Las malas prácticas a la hora de recolectarlo generan un gran impacto en los ecosistemas, y los métodos de extracción acaban arrancando la arena, haciendo que perdamos kilómetros y kilómetros de playa”, explica van Tussenbroek. Como expone la bióloga, “un poquito de sargazo no hace daño, incluso ayuda a fijar la arena, pero mucho provoca su erosión”. Cuando el sargazo se acumula en las orillas forma un nudo de materia orgánica en descomposición que ahoga al resto de especies, entre ellas los mantos marinos, lo cuales se encargan de reducir la fuerza destructora de las olas, protegiendo así la línea de costa contra las embestidas del mar.

La macroalga parda desplaza estas praderas de la orilla, arrastrando hacia el interior los pastos y haciendo que la pendiente costera, a falta de la arena extraída, cada vez sea más pronunciada. “Por eso es importante mejorar estas prácticas de recolección de sargazo y seguir buscando aplicaciones. La energía el uso de algas como materia prima para producir bioenergía es otra aplicación muy prometedora”, anuncia la bióloga.

Bioenergía, moda sostenible, alta cocina y uso terapéutico

El rápido crecimiento y alto rendimiento, así como la capacidad de capturar CO2 de estas especies pelágicas, entre otras características, está siendo ya aprovechado para producir los llamados biocombustibles de tercera generación: bioetanol, biodiesel, biopellets y biometano. De acuerdo con los expertos que lo están investigando, como el equipo del Centro de Investigación Científica de Yucatán que ha desarrollado una metodología prototipo para producirla, la bioenergía derivada de las algas se considera una opción más sostenible que las que utilizan cultivos como maíz, caña de azúcar y semillas oleaginosas.

México no es el único país que está aprovechando rentabilidad del crecimiento descontrolado de las macroalgas. Entre otros ejemplos, compañías como la costarricense C-Combinator también investiga la utilización del sargazo para la obtención de energía. “Y hay iniciativas que lo aprovechan para la elaboración de bioplásticos y material de construcción”, señala van Tussenbroek. Además de ser un buen candidato para la construcción de edificios de arquitectura sostenible, el sargazo se utiliza ya para la producción de fibras y colorantes en la industria textil y del calzado, en la cosmética y alta cocina como ingrediente emulsionante y espesante, y hasta para producir cerveza artesanal, como demostró la colaboración entre un grupo de investigadores la de la Universidad de Texas y la empresa Galveston Island Brewery, que crearon la bebida alcohólica a base de macroalga.

Pero, si hay un campo en el que destacan las posibilidades de este vegetal marino que tanto daño ecológico y económico está provocando es el farmacéutico, que está destinando recursos para investigar las propiedades de las impurezas sobrantes del proceso de extracción de su biopolímeros por su acción antitumoral.

Las trabas y limbos legales para la comercialización del sargazo

Como exponen algunos de los empresarios y expertos consultados, el mayor problema para aprovechar el sargazo por parte tanto del sector privado como público es la dificultad para gestionar los permisos de comerciarlo. “Al tratarse de un fenómeno muy reciente, hay un vacío legal y los trámites resultan muy confusos y complicados. Y cuando no hay legislación no hay transparencia”, lamenta la bióloga. “Y ya se está creando un mercado negro alrededor de estas algas”, advierte a su vez Romero.

Otro de los inconvenientes consiste en que la gran mayoría de iniciativas que han salido adelante hasta el momento “son a pequeña escala, y para solventar este problema se requieren la comercialización del sargazo a nivel industrial”, asegura Rodríguez. En México, por ejemplo, se estima que sólo del 10% al 20% de sargazo se está utilizando. “Lo que significa que el 90% se queda en la costa dañando al ecosistema”, apunta van Tussenbroek. Para ella, el paisaje de enredaderas marrones arrasando las playas, “ya se ha vuelto una normalidad en la mayoría de regiones que conforman el Caribe”.

“No hay que olvidar que este fenómeno es afloramiento algal, es decir, un evento increíblemente imprevisible”, recuerda la experta. “Al igual que hace años no nos imaginábamos que podría expandirse como lo ha hecho, tampoco podemos predecir su comportamiento a futuro: aunque es una necesidad para atacar por algún lado el gran problema, dedicarse al sargazo no deja de ser una actividad empresarial de riesgo”.

23 de septiembre 2022

El País

https://elpais.com/america-futura/2022-09-23/el-potencial-del-sargazo-cu...

 6 min


Miro Popic

El dilema

La historia de la polarización venezolana es de larga data y comenzó, no con la política, sino con la alimentación. Mucho antes de convertirnos en nación, los primeros grupos humanos que se asentaron en esta geografía llegaron divididos. En oriente se instalaron los comedores de yuca y en occidente los comedores de maíz. Es lo que en antropología se conoce como teoría de la H. El paso de recolectores a sedentarios supuso un proceso de fijación de la tierra y el surgimiento de relaciones sociales jerarquizadas, con la creación de una ideología de poder y el control de los medios de producción. A partir de entonces no nos hemos detenido y hoy una nueva discrepancia nos divide como si siguiéramos en Bizancio buscando el sexo de los ángeles. Esta vez son las caraotas negras. ¿Se comen dulces o saladas? ¿Con azúcar o sin azúcar?

Llevamos varios miles de años comiendo caraotas de manera natural, sencilla, condimentadas sólo con algo de sal, onoto y ají, y unos pocos cientos de años, que no llegan a quinientos, adicionándoles algo de dulce. Y no lo hacemos todos por igual, sólo algunos, dependiendo más de la región donde nos encontremos que del gusto que, como todos sabemos, se adquiere y tiene su propia dinámica. Como dice F. Bellisle, citado por Christian Boudan en Geopolítica del gusto (2004): “Lo bueno y lo malo son, por lo tanto, nociones en gran medida culturales, y participan de un repertorio de sabores que pueden extenderse hasta lo profundamente amargo o hasta lo picante y lo ardiente que produce dolor”. En cocina y en la vida misma, ¿cuáles son las razones para el uso de ingredientes con sabores marcadores, como el azúcar, por ejemplo? ¿O el comino?

El caso de las caraotas negras venezolanas es la síntesis del eterno enfrentamiento entre lo dulce y lo amargo donde la sensibilidad actúa como disposición heredada, pero también impuesta por circunstancias alejadas del gusto y del sabor. ¿Qué sería de lo amargo sin lo dulce? ¿Qué sería de lo dulce sin lo amargo?

La palabra

El Diccionario de americanismos reconoce como venezolana la voz caraota y la describe como:

“Planta herbácea de hasta 4 m de longitud, de tallos endebles, hojas grandes, compuestas de tres hojuelas acorazonadas unidas por la base, flores blancas en grupos axilares, y fruto en vainas aplastadas”.

En Colombia tienen 251 acepciones para designar a los frijoles americanos. Están en el Atlas linguístico-etnográfico de Colombia (ALEC). Entre ellas se incluyen las voces caraota, carauta, caraúta, indicando que son de origen cumanagoto del oriente venezolano, usada también en la Orinoquia colombiana. Para el maestro Ángel Rosenblat, en Buenas y malas palabras, esta es una de las pocas voces indígenas privativas de Venezuela que son de carácter general en el país.

La primera vez que se dejó constancia escrita de la palabra caraota fue en italiano, en la narración de Galeotto Cei, Viaggio e Relazione delle Indie (1539-1553), traducida como carabotas, descritas por el viajero florentino como “una semilla que siembran los indios en las montañas frías o calientes. Las hay de varias clases: como habas pequeñas, algunas redondeadas y otras más grandes un poco aplanadas. Son de diversos colores: algunas todas negras o moradas, otras verdes, o mixtas de todos colores y también grises, blancas y rojas. Es comida pesada de digerir, y amarga, hinchan mucho y son ventosísimas. He visto personas comerlas con tanta avidez, por hambre, que luego casi revientan”.

Juan de Pimentel, en 1578, en Descripción de Santiago de León de Caracas, reseñando la alimentación de los indígenas, habla de frisoles pero también de “carahotas, que son como habas”. Antonio Arellano Moreno, en su Relación Geográfica de Venezuela, cita un documento de 1578 donde consta la presencia de caraotas en El Tocuyo, diciendo que “son a modo de habas de España”. Un escribano en 1585 le dirige al Rey un largo relato de lo que se cultivaba en el valle de Los Caracas, y le habla de la caragota. Por su parte Joseph Luis de Cisneros, en su Descripción exacta de la provincia de Benezuela (sic), de 1764, escribe que la plaza principal de Caracas “es hermosa, y muy bien delineada, con dos fuentes por sus lados, adornada de pórticos, primorosamente hechos, donde se vende diaria, y abundantemente, quanto (sic) comestible da el país; y es abundante en hortaliza y de todo género de vituallas, garbanzos, lentejas, avichuelas cardos, escarolas, remolachas, espárragos, caraótas y zanahorias”.

Lo popular

La incorporación de las caraotas a la nueva dieta que surgió con el intercambio y el aporte hispano fue casi inmediata. Ya los conquistadores traían en sus alforjas habas, garbanzos y lentejas cuyo consumo era habitual en la Europa del Renacimiento. No hubo aquí transculturación, sino una simple sustitución de ingredientes. Según el historiador José Rafael Lovera, en Historia de la Alimentación en Venezuela, en la Provincia de Venezuela, en 1775, el consumo diario de caraotas era de 107,3 gramos por persona, con un aporte de 333 calorías. Hoy ese consumo se ha reducido a 20 gramos por persona/día. No porque no nos gusten, sino porque la mayoría carece de recursos para adquirirlas o para pagar la energía (agua, luz o leña) que acarrea su procesamiento para hacerlas comestibles.

Pedro Núñez de Cáceres, un dominicano que llegó como exiliado a Caracas en 1822, junto a su padre, escribió una Memoria sobre Venezuela y Caracas. En uno de los capítulos dedicado a la comida en Caracas se lee:

“Las caraotas no son buenas ni malas sino por el condimento que les pongan; más no han de faltar en ninguna casa: las usan los ricos, las comen los pobres, los presos y soldados se mantienen con ellas, los esclavos apenas conocen otro alimento. Confieso que me acomodo bien con las arepas, así como siento aversión a las caraotas, porque en ellas contemplo el símbolo inequívoco de la desgracia, de la miseria y de la esclavitud”.

Revisando esos escritos aparecen dos constantes: 1) Fueron consumidas en todos los estratos de la sociedad, tanto la colonial como la republicana. 2) Todos reconocen que se trata de una comida popular, económica. Para José García de la Concha, en un escrito que habla de la Caracas de antaño, “las caraotas negras eran el plato de ley en toda mesa; principalmente, alimento de la pobrecía, las caldúas, las fritas y hasta las re-fritas, siempre fueron inseparables del arroz blanco”. Ramón David León, en su Geografía gastronómica venezolana, dice que “siendo la caraota negra plato eminentemente democrático, el alimento de las clases pobres, sabe penetrar en los comedores de grandes campañillas, y es muy solicitado por los pudientes”. Similar opinión expresa Graciela Schael Martínez en su clásico libro La cocina de Casilda, donde escribe que se trata de un plato de acendrada raigambre criolla y de extraordinario poder alimenticio que goza de la mayor popularidad. “El rico -dice- no desdeña su presencia; la clase media se enorgullece de él y es frecuente verle en la mesa del campesino y del obrero como plato principal, sabiamente condimentado y acompañado de las típicas arepas o hallaquitas de maíz”.

La flatulencia

Un elemento de discriminación con las caraotas es lo que denominan “factor de flatulencia”, debido a sus hidratos de carbono no digeribles, lo que contribuyó al menosprecio por ser consideradas un producto de consumo de las clases bajas.

La flatulencia es un problema común que nos afecta a todos, hayamos o no comido caraotas. Hay una contribución venezolana a su solución por parte de bióloga Marisela Granito, de la Universidad Simón Bolívar, consultora en alimentación y nutrición, colaboradora de diversas publicaciones científicas. Granito logró identificar el microorganismo que genera el efecto. Mediante un truco que no ha revelado, ni tiene por qué, se reducen los componentes del alimento que estimulan la flatulencia. “Estos componentes –dice Granito– son los alfagalactósidos, rafinosa y estaqueosa que, pese a que son hidrosolubles, son muy duros y no se pueden eliminar fácilmente por medio de la cocción”. Una propuesta venezolana que ayudaría a la humanidad, especialmente a aquellos que temen consumir granos por las consecuencias que comentamos y que ahora podrán hacerlo si temor a pasar vergüenza antes los comensales.

En lo político y diplomático, las caraotas también son marginadas, tal como lo encontramos en esta anécdota contada por Rafael Cartay en El pan nuestro de cada día. Dos grandes seguidores de Juan Vicente Gómez, César Zumeta y Laureano Vallenilla Lanz, tuvieron un encuentro en París donde ambos vivieron algunos años cumpliendo funciones para al régimen. Cuando Vallenilla Lanz llegó a París, en 1931, este fue el consejo que recibió de Zumeta: “Siempre he pensado que las caraotas negras, por ejemplo, no inspiran grandes cosas. Al Libertador no le gustaban. En París hay venezolanos que las comen. Creo que las encargan a Caracas y ya ve usted los resultados. Usted va a conocer aquí dos categorías de compatriotas: los amigos del gobierno que no valen nada, y los enemigos, que valen menos. Prescinda de unos y otros. Dedíquese a estudiar, a cultivarse y… suprima las caraotas”.

La primera vez que se dejó constancia escrita de la palabra caraota fue en italiano.

Lo dulce

El azúcar llegó a Occidente con los árabes. Fueron los persas quienes introdujeron el azúcar en la cocina espolvoreando sus blancos cristales sobre arroz, costumbre que luego se fue ampliando a carnes, aves y legumbres. Felipe Fernández-Armento, en Historia de la Comida, cita una carta de 1560 atribuida al médico de Felipe II donde escribe que “hoy no se prepara casi nada para el estómago sin azúcar. El azúcar se añade al hornear el pan y se mezcla con el vino. El agua azucarada mejora en sabor y salubridad. La carne es espolvoreada con azúcar, como el pescado y los huevos. No usamos la sal más de lo que usamos el azúcar”. En la Italia del Renacimiento, la pasta se comía blanca, con azúcar y canela, según escribe Bartolomeo Scappi, cocinero de Pio IV y otros papas, en su obra Opera dell’Arte del cucinare, de 1570.

A finales del Medioevo y en el Renacimiento, prácticamente todos los platos de la cocina europea eran dulces. A medida que se populariza el consumo de azúcar, el gusto de las clases dominantes varía y evoluciona hacia fórmulas menos especiadas, más grasosas gracias al uso de la mantequilla, y se separa lo dulce de lo salado. Esto fue posible gracias a la influencia de la cocina francesa y la tendencia de preservar el sabor propio de los alimentos. Se privilegia lo salado y el servicio dulce se deja para el final, se come a la postre, dando origen al postre y a la cocina del dulce cuyas preparaciones se separan y crean tienda propia.

El uso de azúcar en la comida cumplía una función específica: falsificar los sabores en un mundo donde no existían sistema de refrigeración y la descomposición de los alimentos era implacable. Como lo documenta B. Guégan: “Por todas partes había que disimular y falsificar… el sabor dulce se yuxtaponía al salado, al modo de la cocina española. Se echaba azúcar en las carnes en las que hoy se echa sal; además, se probaban combinaciones que le habrían puesto los pelos de punta al ilustre Carême. Pero el procedimiento más simple y más utilizado para disimular el sabor de las carnes era el empleo de especias”. Los pobres que consumían carnes para nada frescas y de sospechosa calidad, ante los costoso de las especias, recurrían al azúcar que bajó de precio y se popularizó cuando la caña de azúcar prosperó en las nuevas tierras descubiertas.

La caña

La caña de azúcar inició su peregrinar en estas tierras a partir de 1545 y la fundación de El Tocuyo, que dio inicio al poblamiento de la Tierra Firme por los conquistadores. Igual cosa ocurrió en cada pueblo que se fue fundando. Esa modificación del paisaje agrario y de la geografía humana que significó su cultivo, se vio reflejada necesariamente en la cocina y marcó la sazón de lo que comenzó cocinarse de ahí en adelante, llegando a transformarse en expresión cultural gracias a la abundancia de su producción y al significado emocional de su consumo que va más allá de lo fisiológico porque, en definitiva, más que nutrientes, que los tiene, el azúcar es un alimento psicológico, emocional, gratificante. No fue la necesidad de dulzor lo que dio un toque característico a ciertas preparaciones venezolanas, sino la abundante disponibilidad de un producto de prestigio como el azúcar de caña lo que incrementó su demanda al popularizarse el consumo por su bajo costo y su disponibilidad.

Rafael María Baralt junto con Ramón Díaz Martínez publicaron 1841, en París, un ensayo titulado Resumen de la historia de Venezuela, donde dicen: “La abundancia y baratura de los productos de la caña son causa de que en Venezuela se consuma una cantidad de ellos proporcionalmente mayor que en ninguna otra parte del mundo. El guarapo y el aguardiente son las bebidas ordinarias del peonaje, el papelón constituye una parte esencial del alimento del pobre y el azúcar labrado de mil maneras forma siempre el postre en la mesa de los ricos”. Y de los pobres también, porque hasta los esclavos lo comían como si fuera queso. En sus Notas de Viaje 1822-23, Richard Bache dice que “también se encuentra una mezcla de sustancias mucilaginosas y melazas, llamada papelón, al que son muy aficionadas las clases populares, quienes lo comen como queso”. Pal Rosti comprobó en 1857 que “el papelón sustituye en cierto modo al pan”. Friederich Gerstäcker escribió en 1868 que “luego de la carne y el casave, como necesidad igualmente imprescindible, viene el papelón, es decir, el azúcar ordinaria, morena tal y como es reducida a melao y vaciada en hormas”.

El tono dulzón de muchas de las preparaciones venezolanas se transformó en costumbre por la herencia cultural transmitida por las cocineras esclavas que llegaron a cocinarle a sus amos hispanos y por las funciones propias que cumple el azúcar en cualquier cocción.

La diferencia

La literatura culinaria venezolana comienza con el escrito de José Antonio Díaz, de 1861, incluido en el libro El agricultor venezolano, donde, en una sección especial dedicado a la cocina campestre, el autor registra las primeras recetas de lo que llamamos cocina criolla. Esta es la receta de las caraotas:

“Las caraotas y los frijoles se ponen a cocer en agua sola hasta que estén blandos: entonces se le agrega la sal y los aliños, y no antes porque la sal entorpece la cocción y los endurece, los aliños consisten en manteca, y para el gusto criollo un poco de dulce: algunos dientes de ajo pelados y machacados y un ligero picante de pimienta. El ají, tan agradable a los trabajadores, debe evitarse en lo posible por ser muy irritante y, en caso de usarlo, debe ser con mucha moderación. Estas legumbres estarán mucho mejor guisadas de un día para otro”.

El historiador Germán Carrera Damas, en su libro Elogio de la Gula, tiene un capítulo dedicado a la cocina a la manera de Cumaná, donde discurre sobre los platos que eran frecuentes en la mesa materno-paterna, a comienzos de la década de 1940, donde transcurrió su infancia y adolescencia. En el aparte sobre las caraotas negras dice palabras así: “Seleccionadas unas caraotas frescas se limpiaban muy bien, sacándoles basuras, piedritas, granos dañados. Lavadas, se montaban sólo con agua, hasta que ablandacen. Se añadían cebolla, ajo y ají dulce, y se dejaban guisar. Por último, sal, pimienta negra molida y un toque de papelón para darle gusto oriental. Se consideraba casi una aberración comer las caraotas saladas, como los caraqueños”. Carrera Damas escribió esto en 1986 cuando lo presentó como trabajo de incorporación a la Academia Venezolana de Gastronomía. Lo hizo cuatro años después de que su entrañable amigo Armando Scannone publicara Mi Cocina, a la manera de Caracas donde, en relación a las caraotas, de las cinco recetas incluidas, cuatro llevan papelón y una azúcar. Scannone era caraqueño y decía que las caraotas en su casa se hacían con papelón. Carrera Damas es cumanés y estima una aberración el comer caraotas saladas, como los caraqueños. ¿Quién se equivoca? ¿Quién tiene la razón?

Más recetas

En el año de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial apareció el libro de cocina bilingüe inglés-español ¡Buen Provecho! Caracas Cookery, editado Dorothy Kamen-Kaye y la British War Charities, del que luego se hicieron cinco ediciones más, convirtiéndose en el primer best seller de la cocina venezolana. Incluye una receta de caraotas negras donde se lee “1/3 de taza de papelón”. Lo curioso es que en la preparación inicial no se emplea el papelón sino una vez que ya están cocinadas: “Si las caraotas no se sirven todas de una vez, no se les agregan más aliños; estos se añaden cuando se sirven las caraotas. Si se comen enseguida, agréguese el papelón con la sal”. Esto es una constante que se repite en las recetas que incluyen papelón en su elaboración.

En 1975 se publicó en Caracas el libro Anuario de la Cocina Criolla Venezolana, de Álvaro Peñalver, que incluía 376 recetas de la cocina típica venezolana, con cuatro ediciones consecutivas en menos de un año y casi 40 mil ejemplares vendidos en todo el país hasta ese momento. Este Álvaro Peñalver es una persona poco estudiada en nuestra culinaria, pese a su éxito editorial que se prolongó por casi una década. Sus textos los enriquecía con colaboraciones de personas comunes y corrientes, a las que solicitaba una receta típica de la región donde habitaban, a las que prometía pagar, por cada receta seleccionada, 30 bolívares, más 20 bolívares si venían con una foto en blanco y negro y 30 bolívares si venían con una fotografía a color. Eso sí, “debe cerciorarse de que la receta que nos envía, o las recetas, no han sido publicadas en ediciones anteriores de este anuario”.

En la página 131 de la edición de 1976, aparece la receta de las caraotas. Dice así: “Las caraotas se seleccionan de buena calidad, sobre todo que sean blanditas, se escogen para quitarles todas las piedritas y hojitas que tengan. Se lavan bien y se montan al fuego con agua suficiente para que queden cubiertas, se dejan que ablanden antes de ponerle sal pues, de lo contrario, no se ablandan. Cuando ya estén blanditas se le pone la sal y aparte en un sartén con manteca se pone a dorar cebolla picadita y ajo machacado, cuando estén dorados se le agregan las caraotas y se le pone un puntico de comino. Se dejan a fuego lento a que sequen y tomen el gusto del aliño, siempre es bueno dejarles un poquito de caldo, pues así quedan más sabrosas”. Lo dulce aún no aparece. Luego hace la salvedad de que “cuando se quieren freír se pone manteca bien caliente, se saca un poco de caraotas con una espumadera y se ponen a freír, si se quiere con un punto de dulce, se le raspa un poquito de papelón y se mueven mientras se fríen hasta que estén tostaditas y brillantes”.

En occidente

Hacia el otro extremo del país, en occidente, encontramos más recetas de caraotas. Impreso en Barquisimeto, en la Tipografía Vogue, desgraciadamente sin fecha, tenemos el libro Así cocina doña Lulú, de la señora Lulú Tamayo, propietaria de la librería Vogue, hermana del gran investigador Francisco Tamayo Yepes. En la presentación, doña Lulú dice que se trata de “un conjunto de recetas de cocina que podríamos llamar populares”. ¿Qué nos dice de las caraotas? Dos recetas, una de caraotas negras y otra de caraotas fritas. Los ingredientes son: 1 kilo de caraotas negras frescas, sal, ajos, cebolla en rama y de cabeza, 3 cucharaditas de aceite, 1 cucharadita de orégano, cominos y pimienta. Luego: “A las 6 de la mañana se montan al fuego y con una paleta de madera se revuelven a cada rato. En caso de que el agua se seque y estén duras las caraotas, se les agrega más agua teniendo el cuidado de que sea caliente. Cuando ya se vean ablandar, se les ponen los aliños y el aceite con el orégano molido. Al estar bien blanditas se bajan del fuego”. Para las caraotas fritas para el desayuno: “Se ponen en una sartén una taza de aceite; al estar bien caliente se echan unos cucharones de caraotas cocidas en la forma anteriormente dicha y se dejan hervir por largo rato, revolviéndolas repetidas veces. Se le ponen unas conchitas de ají verde, un poquito de comino y pimienta. Se comen con queso rallado”. Releo una y otra vez y no encuentro azúcar ni papelón ni la palabra dulce.

Luego está la opinión del historiador y cocinero Juan Alonso Molina, autor de Un bocado del mundo, donde reúne sus principales trabajos sobre gastronomía larense, escritos entre 1994 y 2021. Cuando le pregunté si las caraotas en Lara llevan azúcar o comino, su respuesta fue tajante: “Azúcar nunca, a menos que no sea de aquí o se haya criado en una familia del centro y oriente del país. Comino sí, generalmente sofrito”. En un trabajo anterior, Elogio de la cocina caroreña, publicado en El Informador el 31/08/98, habla de la famosa mantequilla de caraotas del Adelis Sisirucá. Su receta recomienda cocinar las caraotas (previamente remojadas y escurridas) durante hora y cuarto con cebollín al que se le agrega un sofrito, que se hace aparte, con aceite onotado, cebolla, ajo, pimentón, ají dulce, apio España, ajoporro, orégano y sal. En los años ochenta tuve oportunidad de probarla, junto con otras especialidades larenses, cuando conocí a Adelis y su esposa Mercedes, en su restaurante Las Palmitas, en la carretera hacia Lara-Zulia, cerca de Carora. Y no, por ninguna parte encuentro azúcar ni papelón, y eso que estamos en la zona donde comenzó el cultivo de la caña de azúcar.

Leonor Peña, autora de Cocina Tachirense (1996), no las menciona, simplemente no aparecen en esas casi 500 páginas de sabor andino. ¿Por qué? Porque las caraotas negras no eran de consumo cotidiano en la cocina tachirense. Me explica Leonor que ni el ex Presidente Ramón J. Velásquez ni el poeta Luis Felipe Ramón y Rivera las consideran como propias del Táchira. Se consumen muchos granos, cultivados especialmente en Capacho, y los llaman fríjoles, pero las negritas que nos ocupan son de reciente data. Aparecen a partir de 1925 cuando Juan Vicente Gómez construye la carretera Panamericana y rompe el cerco que separaba esa zona del centro del país, y de Caracas especialmente, que luego se amplía bajo el gobierno de Marcos Pérez Jiménez a partir de 1950. Su consumo es contemporáneo y su preparación simple: no llevan ni azúcar ni comino.

En el Zulia las comen saladas y con comino, la receta la pueden conseguir en cualquier buscador si ponen caraotas zulianas. Sólo en Trujillo las caraotas asumen un rol protagónico en las famosas carabinas, como llaman a un bollito de maíz con picante relleno con caraotas saladas, para nada dulces.

Fritas y refritas

La presencia del azúcar en la cocina salada sirve para esconder lo amargo. Esta costumbre comenzó en el Medioevo donde predominaban los sabores fuertes, por las especies, y los sabores ácidos, por el uso de vinagre y agraz. El azúcar cumple la función de enmascarar el amargor y la acidez de otros ingredientes, así como magnificar los aromas de la comida, dándole complejidad, enriqueciendo su percepción organoléptica. Los alimentos sometidos al calor sufren una transformación química que modifica los sabores intrínsecos y producen a su vez nuevos sabores. Este cambio necesita ser controlado pues, si supera las temperaturas recomendadas, se vuelven amargos e incomibles, se producen cambios que llevan a subproductos diferentes al original. En cocina esta transformación se llama reacción de Maillard, en honor al médico francés que la descubrió en 1910.

Todas las recetas consultadas sobre la preparación de las caraotas incluyen dos versiones. Una, guisadas con agua y algunos ingredientes básicos, como ajo, cebolla y sal, etc. Y una segunda que llaman fritas y hasta refritas, partiendo de las caraotas ya guisadas, donde siempre se incluye algo de papelón o azúcar. ¿Por qué? Porque si no se controla bien el fuego o te distraes conversando o revisando el celular mientras cocinas, corres el riesgo de que se queme lo que estás haciendo, que pierdan sus propiedades gustativas, y se transformen en algo incomestible, intragable. Si eso llega a ocurrir, la solución es adicionar azúcar o papelón. Este truco nos llegó con las primeras cocineras y cocineros que vinieron con los conquistadores. Es posible que, a partir de este error, muy común en todas las cocinas -¿a quién no se le ha quemado algo en la cocina?- se haya creado el hábito de comerlas algo dulzonas, generando un gusto que se transformó en tendencia. Esta es una razón netamente culinaria que habría que sumar a otras que tienen que ver con el entorno, la repetición de fórmulas, el deseo, la necesidad, etc. Lo que no sabemos es el nombre del primero al que se le quemaron las caraotas, o la primera.

¿Dulces o saladas?

Esta polarización debe terminar. Durante milenios las caraotas se comieron al natural, solo hervidas, condimentadas con ají y onoto. No hay registro del dulce en la cocina prehispánica por la sencilla razón de que el azúcar era totalmente desconocida antes de la llegada del español. Es errado entonces decir que desde siempre en Venezuela, o parte de ella, las caraotas se han comido dulces, como se lee a menudo en redes sociales. El dulce en nuestra cocina es producto del aporte hispano y comenzó a desarrollarse desde el siglo XVII por las razones que hemos analizado. Es, por lo tanto, herencia colonial.

La penetración del dulce en la cocina venezolana fue paulatina, gradual, mesurada. Se manifestó en tres dimensiones. Primero como complemento de la sal al momento de la cocción, como vimos en la mayoría de las recetas, fórmula que no es exclusiva de las caraotas sino que se aplica en la mayoría de los guisados, desde las hallacas y el pastel de polvorosa a la masa para las empanadas hechas con harina de maíz y hasta en el pan mismo. Al menos, yo lo hago así, dos cucharadas de sal por una de azúcar, para aportar complejidad. Luego como parte del sellado de carnes, en sofritos y en el refrito de cocciones trasnochadas, ya elaboradas, como las famosas fritas y refritas que nos ocupan. Finalmente, adicionada a la preparación ya terminada, servida en la mesa misma, como muchos lo hacen sin siquiera haberlas probado, como se hace también con la sal.

Finalmente está el sentido del gusto para apreciar el sabor que tienen las cosas y la libertad de cada quien para consumirlas como desee. Pero con criterio, respetando la gramática de la cocina. Los puristas como yo preferimos las caraotas saladas. Los soñadores como Yolanda, mi esposa, las prefieren dulces. En cualquier matrimonio esta divergencia sería causal de divorcio. La solución es cocinarlas de manera neutral, equilibrada, sin sabores marcadores dominantes, para que cada quien sazone a su manera. Créanme, funciona. Cuarenta y tantos años juntos lo confirman.

20 de septiembre 2022

Prodavinci

https://prodavinci.com/el-amargo-dulzor-de-las-caraotasnegras-y-la-discr...

 21 min