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Opinión

Eddie A. Ramírez S.

Esta malquerida no es la joven Acacia, de la obra teatral de Jacinto Benavente. En el caso de la empresa Citgo, podría decirse que es malquerida por la mala voluntad que le tienen tanto el régimen de Maduro, como parte de la oposición. Afortunadamente, hay otros que la valoran y defienden. El Chavismo-Madurismo siempre se opuso a tener refinerías en el exterior, por ello vendió varias y endeudó a Citgo, no importándole que se pierda. Lo inaudito es que la mayoría de los diputados de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional 2015, es decir la oposición, no apruebe el presupuesto para cancelar los honorarios de los abogados que la defienden de las múltiples demandas en su contra, causadas por entuertos de Chávez y de Maduro.

El colmo del cinismo es que Julio Borges declare que “la defensa de esos activos ha sido un desaguadero de recursos y que en el parlamento se llegó a un acuerdo de que, si no había rendición de cuentas de lo gastado en esos juicios, nosotros no vamos a seguir aprobando recursos ”. Borges miente. El distinguido Procurador especial del gobierno interino, Enrique Sánchez Falcón, evidenció que rindió cuentas a esa Asamblea en sus comunicaciones PERP-274, PERP-392 y PERP-244. Pareciera que Borges y parte de la oposición apuestan más a perder Citgo y al fracaso del gobierno de Guaidó que a salir del gobierno usurpador.

Los demoledores que ocupan el poder desde 1999 se propusieron acabar con nuestro sistema de refinación en Europa y en Estados Unidos. Consideraron que era mejor negocio político participar en refinerías en Cuba, República Dominicana y Jamaica. Como se dice en criollo, cambiaron zapatos por alpargatas, con el agravante de que también perdimos las alpargatas. Los responsables son principalmente Hugo Chávez, Alí Rodríguez, Rafael Ramírez y Nicolás Maduro.

Cabe mencionar que el programa de internacionalización fue diseñado para colocar en el exterior nuestros crudos pesados y extrapesados que tienen menor demanda y cuyo aumento de producción estaba planificado por la Pdvsa meritocrática. Hoy, solo nos queda el complejo refinador de Citgo, integrado por las plantas de Corpus Christi, Lemont y Lake Charles, con una capacidad de procesar 769.000 barriles de petróleo por día y una capacidad de almacenar 23 millones de barriles; además, cuenta con tres plantas de lubricantes, 38 terminales activos y una red de oleoductos. El indebido endeudamiento de Citgo por parte de Maduro para dilapidar esos recursos en Venezuela, y las expropiaciones ordenadas por Chávez de empresas estadounidenses en Venezuela han ocasionado una serie de demandas en contra de esa empresa. Entre otras, cabe citar los Bonos Pdvsa 2020, Crystallex, Conoco-Phillips, Northrop, Russoro, títulos financieros Pdvsa -Dresser y Syracusse. Por si fuera poco, algunas víctimas de la Farc y del ELN también están demandando, alegando que Chávez-Maduro han protegido a esas organizaciones narcoguerrilleras. Hasta ahora, los acreedores se han mantenido firmes en sus demandas ante los tribunales.

Cuando los funcionarios designados por el gobierno interino asumieron el control de la empresa, la misma estaba a punto de perderse. Gracias a la excelente gestión operativa de Carlos Jordá, de su equipo gerencial y de los trabajadores, la empresa está generando ganancias, produce con récords de eficiencia y tiene premios por operar con seguridad. Las dificultades por heladas, huracanes, la pandemia de la Covid 19, escasez de petróleo pesado que ha obligado a realizar cambios para procesar crudos livianos y medianos han sido superadas por la capacidad gerencial y mística del personal.

Paralelamente, las gestiones de Luis Pacheco, anterior presidente ad hoc de Pdvsa, de Horacio Medina su actual presidente, de los integrantes de las directivas, la protección del gobierno estadounidense, la labor del Procurador Especial y del grupo de abogados que defiende a Citgo de los acreedores que desean cobrarse las deudas han evitado que la empresa sea embargada.

En webinar organizado por Venamérica y Venezuelan American Petroleum Association, Horacio Medina, apoyado por Carlos Jordá y Julián Cárdenas, presentó los resultados del 2021 y primer trimestre del 2022. En este último lapso hubo una ganancia de 245 millones de dólares. También Medina presentó los resultados de la Fundación Simón Bolívar, brazo ejecutor de Citgo para programas de responsabilidad social. La Fundación administró con pulcritud 3.401.692 dólares, en programas de salud en Colombia y Venezuela, apoyándose en la Cruz Roja Internacional y en centros académicos. Indigna escuchar opiniones que descalifican a esta Fundación, cuyo desempeño es auditado por el gobierno de los Estados Unidos.

Desde luego que, a pesar de los buenos resultados operativos y de las defensas ante los tribunales, todavía hay un peligro real de que podamos perder Citgo. Esperamos que no ocurra y, si llegara a suceder, la responsabilidad será del régimen de Chávez- Maduro.

Mientras otros realizan un gran esfuerzo para que la empresa continúe operando eficientemente y para ganar las demandas, el resto de los venezolanos debemos desmentir a los detractores, exigir a la Comisión Delegada de la Asamblea 2015 que apruebe los presupuestos y darle apoyo moral a quienes operan y defienden a Citgo y a su Fundación Simón Bolívar. Desde luego, toda la oposición debe formar un solo frente para defender a Citgo y que esta pueda salvarse. Conservarla es muy importante para la recuperación de nuestra industria petrolera cuando salgamos del régimen usurpador.

Como (había) en botica : Maduro y Daniel Ortega siguen arremetiendo en contra de defensores de derechos humanos y de Organizaciones No Gubernamentales. Chaves, el presidente de Costa Rica, pareciera estar dando pasos no apropiados. En actitud que no se corresponde con el cargo que ocupa, está sembrando dudas sobre la solidez financiera de La Nación, diario que lo adversó en su campaña ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Beatriz De Majo

Poco antes de las elecciones, el periódico de la Universidad Nacional de Colombia se refería a las inversiones extranjeras que pudieran llegan al país si el presidente fuera Gustavo Petro y aseguraba que “el marco regulatorio colombiano es lo suficientemente sólido como para garantizar la llegada de capitales extranjeros, incluso ante la incertidumbre que genera el cambio de gobierno”.

Lo cierto es que, hasta el presente, si cualquier país con los dramas de seguridad que existen en Colombia quisiera actuar como un imán para captar inversiones de fuentes externas no lo podría lograr. Colombia sí ha configurado un polo de atracción de capitales foráneos a pesar de que la inseguridad y la violencia representan un costosísimo rubro que castiga poderosamente los Estados financieros de cualquier empresa que opera en su suelo.

Hace muchos años- tantos que me cuesta recordarlo- me tocó trabajar en un nivel alto con un grupo empresarial colombiano con experticia en el sector petroquímico. Las necesidades de protección que era imprescindible contabilizar para rodear a las unidades fabriles, a sus operarios, planta profesional y directiva, a sus “tractomulas y dobletroques”, a sus ductos de trasporte de combustible y a sus puertos pesaban fuertemente dentro de las variables a considerar en el mantenimiento de las industrias existentes y en cada nueva instalación. No obstante, la seguridad jurídica de que gozaban tales inversiones de capital mixto, las facilidades otorgadas por las administraciones departamentales regionales y estatales, y el respeto al esfuerzo empresarial conseguían estimular nuevas y nuevas inversiones, aunque – es preciso decirlo-la tributación fuera un factor a deleznar, muy por el contrario.

El modelo de libre empresa en cada uno de los gobiernos que han tenido el turno para dirigir al país ha sido lo que ha imperado, y dentro de ese contexto, han sido formuladas normas para otorgar las seguridades indispensables para la entrada y salida de capital y beneficios, y han imperado parámetros normativos estables, aunque los mismos no siempre fueran sido compartidos por los empresarios, lo que es razonable. Los excesos del poder – léase expropiaciones, incautaciones, intervenciones ilegales por ejemplo- hasta el presente, no le han quitado el sueño a quien arriesga sus dineros en una actividad económica.

¿Será otro el cantar con Gustavo Petro? Sus señales, hasta el presente, no han estimulado la confiabilidad, lo que no quiere decir que no reflexione dos veces o que sus adláteres no lo orienten en el sentido de lo que más le conviene a Colombia.

Hay que decir que los mercados han venido protegiéndose de lo que se podía anticipar en lo electoral. Mientras en 2020 llegaron a Colombia 13.234 millones de dólares, 4% del PIB, ya en el 2021 la cifra descendió a 9.403 millones para configurar solo un 3% de participación en el Producto. Las cifras son del Banco de la República. Los anuncios sobre la manera de Gustavo Petro de ver a la industria extractivista durante la campaña electoral tienen en vilo a las empresas petroleras, justo en el momento en el que petróleo y gas son temas estratégicos, al igual que la minería.

No faltará, sin embargo, quien le haga ver al Jefe del Estado que los ingresos por la via de regalías e impuestos en estos sectores son los que financiarían en buena parte las políticas sociales que intenta emprender, y son los que facilitarían la inversión en infraestructura, gran generadora de puestos de trabajo.

El mismo cuidado debe prestarse al área tributaria. Los capitalistas del mundo y los colombianos por igual estarán atentos a los movimientos en este terreno antes de poner un dólar dentro de la geografía neogranadina pero estarán dispuestos a examinar con atención a propuestas razonables para el país y para sus actividades.

Las atareas del campo colombiano están, hoy por hoy, más devaluadas que nunca. Pero el Plan de Gobierno del presidente electo aspira a hacer de Colombia un país con autosuficiencia alimentaria. Las oportunidades son grandes dada la situación del desabastecimiento mundial, pero para intentar acercarse a esta meta y, a la vez generar rubros de exportación para países cercanos y los consumidores latinoamericanos, se requerirá de ingentes cantidades de recursos de los que el país no dispone, pero inversionistas propios y ajenos sí. No será tarea sencilla atraer inversiones con un gobierno de izquierda radical al frente del poder.

Así pués el momento es bueno si existen las garantías necesarias. De lo contrario la sequía colombiana en este terreno va a ser grande.

 3 min


Mibelis Acevedo Donís

¿Ser leales a las prácticas democráticas, aunque se esté inmerso en un régimen no-democrático? El dilema no ha dejado de azuzar a los venezolanos, ni dejado de asomar desafíos para una oposición que, tanto en lo prescriptivo como en lo operativo, está obligada a distanciarse de los modos autoritarios y excluyentes del gobierno. No hay pantano más fullero que la presunta legitimidad que fines virtuosos endosarían a medios éticamente cuestionables. Allí, nos consta, prospera el germen de la autonegación, la pérdida de límites entre la propia ambición y la del adversario, ya de por sí desbordada.

Cuando el gobierno es el caos, la oposición debe ser el orden; cuando aquel es violento, debe proponer la paz; si viola la ley, debe representar al Estado de Derecho”, recuerda Carlos Raúl Hernández. Un ejercicio tenaz de equilibrio y autorregulación, sin duda. Los esguinces de los últimos años, el enajenamiento identitario, dan cuenta que cómo el remedo distorsiona valores que inspiran el deber ser democrático, aquellos destinados a cristalizar en una praxis nunca libre de tensiones y yerros, sí, pero modulada por una irrebatible teoría. Como advierte Sartori, lo que la democracia sea no puede separarse de lo que la democracia debería ser. Para los ciudadanos, sujetos deseantes y aún así proclives a la elección racional (no simples creyentes) apreciar esa coherencia en la oferta política es vital. Porque, ¿cómo confiar en actores cuya contradictoria conducta los vuelve no sólo borrosos, no sólo indistintos respecto a sus demonizados rivales, sino del todo impredecibles?

Las preguntas surgen a cuenta de lo que aparentemente ya es una decisión tomada por parte de un sector opositor, el vinculado a la Plataforma Unitaria. Saltándose alertas y cuestionamientos, todo indica que el plan de convocar elecciones primarias intra-oposición en nombre de la auctoritas de una alianza hoy desmembrada -la MUD- seguirá desplegándose, contra todo trance. Contra el hecho, incluso, de que más allá de asuntos como la disputada representatividad o las discrepancias doctrinarias, la renuencia a sentarse a hablar con el otro es literal.

Aun con tan estrambótico arranque, cabría preguntarse por las características y alcances de un plan que pide consensos mínimos. En el mejor de los casos, se trataría de promover el ensayo de una elección libre y competitiva, crear una “burbuja” democrática operando en ese contexto no-democrático que, muy probablemente, seguirá vigente en 2024. Un proceso que, de entrada, no estaría exento de tanteos erróneos, de pujas intensas, del conflicto y la confrontación agonista que distingue la construcción colectiva de respuestas, siempre susceptibles de revisión. No se puede temer a esa imperfecta índole, sin embargo. “La única virtud esencial de la democracia es el amor por la incertidumbre”, señalaba Hirschman, y sobre ese punto importa alinear expectativas. ¿Cómo manejar la pluralidad para que esta sea anticipo de un proyecto de reforma política profunda; una que no sólo implique hacerse del poder, sino instaurar un gobierno sustancialmente mejor?

Si la idea es demostrar que hay compromiso con otra manera de hacer las cosas, asegurar el potencial inclusivo de estas acciones no es asunto menor. En este sentido, conviene recordar las observaciones de Anthony Downs. La calidad de la dinámica democrática, dice, emerge de un proceso competitivo que se funda en la interacción de la libre oferta de los partidos y el derecho de los votantes a participar en una elección exenta de coacciones (esto es, expresión del poder para gobernarse a sí mismo y escoger a quien se delegará ese poder). Aun eludiendo modelos “normativamente ambiciosos” a fin de priorizar lo posible frente a lo deseable, cuando los partidos compiten bajo el paraguas de estas saludables premisas se activa la infraestructura institucional de la democracia. Justo ese déficit que prevalece a nivel macro es lo que tocaría revertir en el lote de terreno que ocupa una fragmentada oposición.

Cómo conducirse para evitar que esa competencia cancele la normatividad democrática, algo que un utilitarismo anti-ético terminó justificando en su momento: esa es una prioridad. Allí, la calidad del liderazgo político -su intervención eficaz, sus extravíos o su trágica dejadez- sigue siendo medular. Si las condiciones formales que dan sustento a la dinámica democrática, como anunciaba Schumpeter, determinan el desarrollo de competencias que ostentarán los líderes, podríamos estimar que una situación no-democrática escamotearía esa irrupción. La clave entonces es apuntalar ese valor contextual mediante mecanismos que aseguren no sólo el reclutamiento de los agentes mejor dotados para la tarea en cuestión. También el dinamismo y flexibilidad en la toma de decisiones, la autodisciplina democrática que sirve de dique contra la corrupción, el aprovechamiento de lo políticamente diverso, la capacidad para sintetizar visiones opuestas y facilitar el relevo cuando sea necesario.

Quizás ese ejercicio de democracia competitiva supone renunciar a la comodidad de ciertos atajos procedimentales; de imaginar estructuras más idóneas, más inclusivas. No sólo más simples y expeditas. La racionalidad implícita en sistemas donde prevalece esta lógica, lleva así a detenerse en la dificultad que entraña no anular las pretensiones del deber ser; la “utopía concreta” expresada en equilibrios que permiten acoplar las complejas demandas ciudadanas y las ofertas electorales, el alma pragmática y el alma redentora de la democracia (M. Canovan). Para eso es indispensable una competencia que, más que a los contendores, conceda tribuna a las propuestas que ellos encarnan. Sobre las últimas, por cierto, hemos tenido muy pocas noticias.

@Mibelis

 4 min


Benjamín Tripier

Si ya estamos claros que “Venezuela no se arregló”, al menos debemos admitir que se respira un aire diferente; hay una especie de optimismo dudoso, no convencido, pero optimismo al fin; el cual genera endorfinas, que “son neurotransmisores opioides producidos en el sistema nervioso central”, que nos predisponen para cosas buenas. Tendemos a ver el vaso medio lleno, así la cantidad de agua sea poca.

Y hay un efecto contagio por derrame, que hace que, si la parte de arriba de la pirámide está optimista, algo de la parte de abajo tenderá a hacer lo mismo, pero sin estar muy seguros de por qué. Lo importante es que esa actitud permite ser constructivos y ver oportunidades en medio de los problemas, que, en nuestro caso, son muchos.

Porque los espacios de oportunidad siempre estuvieron allí. En la medida que caía en barrena el PBI desde 2014, se iban abriendo espacios que eran abandonados. Y como la desconfianza en el gobierno era –y sigue siendo- mucha, entonces la tendencia no era a tratar de ocupar y cubrir esos espacios, sino a abrir nuevos, por el éxodo y la incertidumbre.

Pero en 2019 comenzó una manera diferente de hacer las cosas por parte del gobierno, que, con algunas idas y vueltas, ha mantenido la consistencia. La dolarización, el control de la inflación, la liberalización de precios, la emisión monetaria, la licuación del gasto público, y las señales de disciplina fiscal; en un entorno de apertura al mercado de valores, ha hecho que cualquiera que estuviera medianamente informado, le diera un segundo pensamiento a la tendencia a irse, versus la posibilidad de quedarse.

Por lo que el segundo pensamiento generó también una segunda mirada a las oportunidades y los espacios vacíos. Y si bien el incremento de la actividad económica sigue concentrado en lo transaccional de última milla, y muy apalancado en importaciones, hay que observar un leve aumento en la utilización de la capacidad instalada de plantas industriales. Débil, pero cierta y real.

Sin desconocer nuestros inhibientes estructurales de falta de energías primarias y limitaciones de electricidad y gasoil; de problemas en las telecomunicaciones y en las carreteras y el transporte; en el suministro de agua y gas. Y si utilizamos productivamente lo que sí tenemos (sin poner tanto énfasis en lo que no tenemos) es posible que encontremos un camino para consolidar nuestra muy pequeña economía; y utilizarla como plataforma para buscar incrementos reales de la actividad, que vayan más allá del rebote pospandemia.

Desde el FMI que cree que vamos a crecer 1,5% este año, hasta CreditSuisse que cree que creceremos 20%, todos deben aplicarse sobre una base del 20% del PBI que teníamos en 2014; o sea que, si fuera 1,5% del 20%, daría un crecimiento del 0,3%; y en el mejor de los casos, significaría 4%. Pero cualquier crecimiento es mejor que ningún crecimiento.

Porque se trata de un crecimiento orgánico, financiado por el accionista y sin crédito, ni nacional ni internacional; y en medio de un aislamiento al que estamos siendo sometidos por el posicionamiento ideológico del chavismo. Con lo cual podríamos inferir que, con un cambio en las condiciones, nuestro crecimiento podría ser explosivo.

El siguiente paso en este camino al optimismo informado sería la consistencia y continuidad en las políticas públicas, reforzándolas con un marco jurídico que ofrezca garantías mínimas del respeto a la propiedad privada y a los derechos de las personas, las naturales y las jurídicas.

No se puede perder de vista que parte de los factores que impulsaron el optimismo fueron los relacionados con los rumores de levantamiento de sanciones y reactivación de la producción petrolera, los cuales nunca probaron ser ciertos.

A partir de las dos visitas del gobierno de Estados Unidos a Venezuela, se tejieron esos rumores, que perdieron de vista que el propósito principal de las visitas fue el rescate de rehenes; pues en las dos estuvo Carstens que es el negociador de rehenes americanos por parte de la Casa Blanca. El resto, lo de los diálogos y lo del petróleo, nunca pasó del campo de las especulaciones, siempre amarradas a alguna declaración aislada de algún funcionario de Estados Unidos.

La realidad es que nuestra distancia con Estados Unidos, que a veces pareciera que se acorta, está tendiendo a alejarse, tanto por lo de la cercanía con Rusia (visita del canciller a Moscú) como por el caso del avión iraní con bandera venezolana retenido en Buenos Aires, que nos retrotrae a las épocas de Obama con lo de la “amenaza inusual y extraordinaria”. Sin mencionar las noticias sobre maniobras militares conjuntas con Irán y Rusia; pareciera hecho a propósito para incomodar e irritar.

Cada vez se les hace más difícil a los demócratas de Biden que quieren el acercamiento lograr sus propósitos. Porque hoy en día la cantidad de petróleo que pudiéramos aportar al sistema mundial no es suficiente como para compensar el precio político que tendría que pagar el gobierno de Estados Unidos de cara a las elecciones de medio término.

La Ley de Zonas Económicas Especiales, como una continuidad de la Ley Antibloqueo, y de los anuncios de apertura al mercado de valores del capital de las empresas del Estado, es una manifestación clara de la búsqueda, por parte del gobierno, de inversiones para la reactivación del país.

Si hubiera que pensar en capas u olas de inversión, las primeras deberían apuntar a la infraestructura energética, pues esta se constituye en la plataforma habilitante de inversiones en cualquier otra área. Una vez avanzadas las inversiones en energía, ya se puede pensar en la industria y en el agro.

Desde el año 2019 el gobierno se encuentra construyendo una plataforma de confianza que va estructurando paso a paso, pero aún no a la velocidad que hace falta para atraer inversores. Porque es diferente decir “tengo confianza, pero las sanciones me impiden invertir”, a que “no invierto porque no tengo confianza, sin importar si hay sanciones o no”. La confianza es esencial y se construye con acciones que no vayan solo en lo económico, sino que se trata de algo integral, donde un ámbito realimenta al otro.

En sociología y psicología social la confianza es la creencia, esperanza y fe persistente que alguien tiene, referente a otra persona, entidad o grupo, en que será idóneo para actuar de forma apropiada en una situación o circunstancia determinada; la confianza se verá más o menos reforzada en función de las acciones y los valores.

Es difícil tener confianza solo-en-lo-económico, pero tener desconfianza en lo político, lo social o lo internacional.

Esa integralidad debe ser construida para poder aspirar a que, si se aliviaran las sanciones, las inversiones podrían llegar. Con un riesgo país de 33.000 puntos, habría que ofrecer una cantidad muy grande de ventajas para atraer un inversor.

Tal como ha venido ocurriendo, las inversiones que han ido llegando han sido para el segmento transaccional, de ciclo corto de recuperación, y provistas por venezolanos con fondos afuera. Porque hay que estar claros: solo venezolanos con dinero afuera serán los primeros en aventurarse… y siguiendo el camino que ellos abran, es que vendrán los demás.

En cuanto a la política interna, estamos en una meseta en la cual pareciera que no está pasando nada; pero la realidad, es que la “procesión” va por dentro. Tanto en el gobierno como en la oposición sacan cuentas y juegan nombres de cara al 2024, que pareciera el nuevo punto focal con elecciones presidenciales.

Sin olvidar que el gobierno, con el poder absoluto que tiene fronteras adentro, no tiene ninguna necesidad de ponerlo en riesgo, para darle la oportunidad de que lo tomen personajes que nunca han asumido riesgos para ganárselo.

Por supuesto, con la excepción hecha de los que estuvieron –y los que aún están– presos, y de Guaidó que expone su vida diariamente, llevando el catecismo de la democracia y la libertad. El gobierno no se prestará a elecciones si existe la remota posibilidad de perderlas, porque en eso les va la vida.

Pero también hay que asumir que un día de elecciones, cualesquiera que sean las condiciones, siempre puede deparar una sorpresa. Y mucho más en el ambiente de controles en el que vivimos donde se siente el poder del gobierno en cualquier ámbito de la vida del país; pero ese mismo control va generando zonas ciegas que no pueden ser vistas por el gobierno, y desde allí pueden venir las sorpresas.

Los números que le dan las encuestas al gobierno han mejorado desde que comenzó la sensación de optimismo. Aún el rechazo sigue siendo muy grande, más de 60%; pero la aceptación ha ido creciendo. Según la encuestadora de la que se trate, lo positivo pasó de 12% a 20%; de 18% a 25%; y de 30% a 38%; lo cierto es que habiendo abierto las compuertas de liberalidad que abrió, puede observarse un reflejo positivo en la percepción de la gente.

El mayor reflejo positivo está en el lado del chavismo y el menor en la oposición. Y si bien siempre se dice que lo económico es un gran condicionante del voto en una elección, en nuestro caso, por más “cosas buenas” que hagan, un opositor siempre tenderá a votar en contra. En pocas palabras, es poco probable que el gobierno pueda ganar una elección.

Profundizando un poco más en el pensamiento de la gente, en un mundo ideal, hay una tendencia a que ninguna de las ofertas existentes sea lo que la gente querría. Están como en votar por el menos malo, que para la gran mayoría es la oposición.

Pero si tuvieran la opción de algo diferente, disruptivo y novedoso, casi 70% se inclinaría por esa opción. Sería una opción no estatista, de libertades y respeto, muy apoyada en la empresa y en los mercados, y muy clara y transparente con relación a que el rentismo (y toda la filosofía asociada) ya se acabó y no volverá.

Quien se plante con una oferta de ese tipo (y nadie aún lo ha hecho) tiene todo el chance de quedarse con el 70% de una elección. Porque ya está claro que los pobres, si dependen del gobierno, nunca dejarán de serlo; mientras que el sector privado, que necesita imperiosamente que dejen de ser pobres y se conviertan en consumidores, hará todo lo que esté a su alcance por disminuir la pobreza.

Pasando al campo internacional, la reunión de la OTAN en Madrid dejó como corolario que las relaciones internacionales que pasaban por la ONU ahora pasarán también por la OTAN, que actuará como una opción paralela. La lectura ya no será solo pacífica, sino también militar…y las palabras, podrán ser consideradas como armas, y generar una respuesta militar si ese fuera el caso. El ámbito de acción se vuelve global, y el enemigo puede estar en cualquier parte.

Es posible que haya conflictos focalizados en paralelo al tema Rusia-Ucrania, como asegurando los laterales del canal principal que es el nuevo “eje” Moscú-Teherán-Pekín. Hay un antes y un después de Madrid.

Las comparaciones entre Hitler y Putin, y entre los prolegómenos de la II Guerra Mundial, y esta guerra que se nos viene, comienzan a parecerse; pero con el aditivo de las lecciones aprendidas. A Putin no le darán el voto de confianza que Chamberlain le dio a Hitler, y que le dio la oportunidad de reforzarse y conquistar territorios. A Putin ya no le creen.

La cohesión europea y mundial en contra de Rusia no tiene precedentes, y la reunión de Madrid sirvió para posicionar el concepto de 360 grados que les permite mirar hacia Latinoamérica, Norte de África y Medio Oriente.

No hay que olvidar que en marzo pasado los rusos nos pusieron, a nosotros los venezolanos, en el mapa de la guerra cuando su vicecanciller mencionó que ellos podrían poner misiles en Venezuela. Para los escenarios de la OTAN somos esa posibilidad y con ese lente nos observan.

La visita del canciller venezolano a Moscú, y el mencionado anuncio de maniobras militares conjuntas (¡sumando a los iraníes!) nos refuerza en esa posición. Que tal vez en el corto plazo no signifique mucho, pero cuando la guerra esté en desarrollo, nuestra posición, la de nuestro pasaporte y de nuestro pueblo, no será cómoda… de hecho será complicada.

Recomendación

Al gobierno:

  • Que extienda al ámbito político la estrategia de credibilidad que va logrando en lo económico. Es importante abandonar la estrategia de los compartimentos estancos y comenzar a trabajar en forma integral manejando, en conjunto, las variables económicas, políticas, sociales y económicas…y alinearlas con el campo internacional que hasta ahora ha sido la principal fuente de problemas y limitantes.

A la dirigencia de la oposición:

  • Que mejoren la estrategia de comunicaciones y redes de forma tal de difundir cuál es la estrategia del Grupo Guaidó, y cuál la de la Plataforma Unitaria. En qué coinciden y en qué difieren. Porque hoy pareciera que son lo mismo y que persiguen lo mismo, y la realidad no es así. Para evitar las confusiones en las bases opositoras que siguen desinformadas.

A los dirigentes empresarios:

  • Que hay que evitar que sigan cerrando empresas. Hay que armar fondos privados de rescate que aporten, más que financiamiento, prácticas gerenciales y finanzas corporativas para lograr optimizar recursos vía fusiones, adquisiciones y reestructuraciones, y evitar la improvisación del empresario quien, hasta ahora, en muchos casos, había mantenido su empresa por inercia y por olfato. En este tipo de circunstancias país hace falta gerencia profesional.

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 10 min


Eduardo Fernández

Colombia nos sigue dando lecciones de política, de democracia y de civilización. Contra todos los pronósticos el triunfo de un candidato de izquierda no ha significado un cataclismo. Mucho menos han significado el inicio de una guerra civil entre los colombianos.

Gustavo Petro gana las elecciones después de un proceso muy conflictivo y sus primeras palabras son de apertura y de conciliación. Antes de haberse proclamado la victoria oficial del candidato vencedor, el otro candidato, Rodolfo Hernández, que no logró el triunfo electoral pero cuya votación se acercó al cincuenta por ciento de la votación nacional, se apresuró a llamar al candidato vencedor para felicitarlo por su triunfo. Petro no vaciló en tomar la llamada, agradecerla y manifestar su deseo de conversar con Hernández dentro de su propuesta de lograr un gran acuerdo nacional.

Hay que decirlo con toda claridad: Petro se comporta como un ganador democrático y civilizado que tiene conciencia de que recibió el voto de la mitad de los colombianos, pero sabe que la otra mitad no votó por él. Hernández se comporta como un político democrático y civilizado cuando llama a su adversario para felicitarlo por su triunfo a conciencia de que por él voto la mitad de los electores colombianos.

En seguida, el Presidente electo, Gustavo Petro se comunica con él líder más importante de lo que ha sido y seguirá siendo la oposición a sus propuestas, el expresidente Álvaro Uribe. Este último toma la llamada, acepta la invitación a dialogar y reunirse con el nuevo mandatario para conversar acerca de los intereses superiores de Colombia y de los colombianos.

Que gran demostración de cultura cívica, de conciencia democrática y de responsabilidad para con los ciudadanos colombianos, que en toda esta ecuación, son los más interesados en que Colombia avance y no retroceda.

En sus declaraciones luego de la reunión con el Presidente Petro, el ex Presidente Uribe habla en términos de concederle el beneficio de la duda, ofrece lo que el mismo llama una «oposición razonable» y mantiene un discurso de elevada textura democrática y ciudadana.

¡Qué gran lección para nosotros los venezolanos; ojalá seamos capaces de aprenderla, de asimilarla y de emularla! Ojalá la transición democrática que todos anhelamos para nuestro país, podamos lograrla en un ambiente civilizado, de diálogo constructivo, de aceptación de las reglas que impone la cultura democrática, de colocar los intereses de Venezuela y de los venezolanos por encima de banderías partidistas, de odios y de retaliaciones.

Seguiremos conversando.

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 2 min


Fernando Mires

Si hay un término en boga en la política internacional, este es: punto de inflexión. Quiere decir, cambio de paradigma, cambio de estrategia, cambio de orientación, en cualquier caso, cambio radical. Ese punto de inflexión se ha hecho presente en las dos grandes conferencias internacionales de junio del 2022: la de la UE y, sobre todo, la de la OTAN. No es casualidad.

El punto de inflexión puede ser visto como una adecuación a un cambio en la estructura militar y política que ha experimentado el mundo en los dos últimos decenios del siglo XXI. En términos escuetos, las líneas estratégicas aprobadas en la cumbre de la OTAN tienen que ver con ordenamientos generados a nivel global.

En efecto, hay tres grandes potencias pero esas potencias no son equivalentes. China, Rusia y Occidente. La primera se define en términos económicos y militares. La segunda en términos territoriales y militares. Y la tercera en términos económicos, políticos y militares. En el único punto donde hay equivalencia entonces –y es lo decisivo– es en el militar. De ahí la importancia de la OTAN y su cambio de orientación. Se trata de crear, de acuerdo a las palabras de su presidente Jens Stoltenberg, lineamientos para limitar a las otras dos potencias en el único espacio común a las tres: el militar. Así se explican los objetivos principales del nuevo paradigma de la OTAN.

Por un lado, Rusia, sobre todo a partir de la invasión a Ucrania, es visto desde la OTAN como el peligro inmediato y por lo tanto, como el principal. Por otro lado, China será considerada como enemigo, solo si logra establecerse una alianza chino-rusa. Ahora, para que esa alianza no tenga lugar, será preciso debilitar al máximo a uno de sus eslabones y el más débil es, por ahora, la Rusia de Putin. Esas son las razones que llevaron a la OTAN no solo a ampliar su magnitud con la incorporación de Finlandia y Suecia sino, además, a fortalecer militarmente su flanco oriental, al mismo tiempo que mantendrá su esfuerzo en el apoyo militar a Ucrania. ¿Significan estos cambios un debilitamiento para Putin como ha sostenido la mayoría de las interpretaciones relativas al cambio estratégico de la OTAN? Aparentemente, sí. Pero también hay motivos para pensar en sentido contrario.

La tesis que sostiene en tono triunfalista que el punto de inflexión de la OTAN conlleva un duro revés para Putin, parte de la base de que las acciones de Putin en Ucrania, como ha sostenido la «escuela realista norteamericana», después usada por Putin como medio de propaganda, se debe a la ampliación de la OTAN. No obstante ha sido el mismo Putin quien la ha contradicho. Putin ha declarado, y no solo una vez, que para él no es ningún problema que Finlandia y Suecia sean miembros de la OTAN. No hay ningún motivo para contradecirlo.

Como hemos advertido en otros textos, las intenciones geopolíticas de Putin no se ven resentidas por el hecho de que la OTAN sea más o menos grande. Su objetivo, al menos el inmediato, es reconstituir el espacio originario de la antigua RUS, vale decir, el imperio ruso presoviético. Incluso Putin parece haber renunciado, por lo menos durante la primera etapa de su avance, a la reconquista de los países bálticos, pues esta acción demandaría una reacción de Occidente muy superior a la que ha mostrado frente a Ucrania.

Putin –lo demostró en el caso de Ucrania donde en meses de guerra ofensiva solo ha logrado hacerse de algunas ciudades en el Donbás– no está en condiciones de hacer la guerra en dos o más frentes a la vez. Su propósito por ahora solo se puede limitar a asegurar la fase de reconsolidación del imperio en la zona por él considerada «natural», a la que, según su mitología, pertenece Ucrania. Después, de acuerdo a las condiciones –parece pensar Putin– verá lo que hace. Por el momento lo decisivo para él es reintegrar a Ucrania, y si eso no es posible, destruirla por completo (evidentemente, lo está haciendo).

No obstante, hasta ahora su balance es magro: ha anexado a Bielorrusia vía Lukazensko, destruyendo a la sociedad civil de ese país y la guerra en Ucrania está lejos de ser ganada. Moldavia también podría ser anexada aunque para él parece ser una pieza menor.

En breve, Putin está atascado en el primer escalón de su proyecto imperial. El segundo escalón, ya lo anunció Putin en San Perterburgo, es derrotar a Occidente, entendiendo por ello su debilitamiento político y económico.

La guerra a Ucrania es vista por Putin como un factor decisivo para debilitar militar, política e incluso moralmente, si no a Occidente, por lo menos a su parte europea. Cuenta para ello, así como también contó Stalin, con potenciales aliados intereuropeos, entre ellos la Hungría de Orban, la Turquía de Erdogan, la Serbia de Vučic. Cuenta con las ultraderechas neofascistas que emergen en todos los países de Europa. Cuenta con la posibilidad de una crisis económica inducida por la guerra que, según sus cálculos podría derrumbar a las economías europeas, desatando descontentos sociales y debilitando gobiernos.

Cuenta con los efectos del hambre mundial provocada por sus bloqueos militares y por la crisis energética la que multiplicará a las masas migratorias, sobre todo a las provenientes de África. Y, no hay que olvidar, cuenta con la posibilidad de que en el 2024 triunfe en los EE UU la alternativa nacional-populista de Trump, quien en aras de la recuperación económica de su nación podría ofrecer a Putin todo el espacio euroasiático para que haga allí lo que más le convenga. En pocas palabras, Putin cuenta con un tiempo cuyos vientos, según sus meteorólogos políticos, soplan a favor.

Putin ya declaró en el congreso internacional de dictaduras que tuvo lugar en San Petersburgo que la guerra en Ucrania es solo el comienzo de una cruzada en contra de Occidente. En el marco de esa guerra Putin intentaría –de hecho lo está intentando– convertirse en la vanguardia político-militar de todas las naciones autocráticas, dictatoriales y por lo mismo, antioccidentales de la tierra. El antiguo sueño de Stalin, la capitulación de la Europa democrática, quiere convertirlo en realidad, pero bajo otras formas y mediante otros métodos.

Reconstituir a la antigua Rusia significaría en su afiebrada pero no imposible utopía, convertir a Rusia en el eje central de un nuevo continente llamado Eurasia. Y bien, para cumplir ese objetivo, ya ha dado los primeros pasos. Justamente en los días en que tenían lugar las conferencias de la UE y de la OTAN, Putin emprendió un viaje hacia naciones en vías de ser dominadas por Rusia.

A algunos observadores pareció solo un intento para demostrar a Occidente la extensión y solidez de su zona de influencia territorial. Pero a Putin no interesan los espectáculos mediales. Todo lo que hace, lo hace de acuerdo a un fin, muchas veces oculto. Y en este caso, más que una demostración de fuerza lo que más interesaba al dictador era asegurar su frente interior en aras de una expansión que escapa al área de competencia militar occidental: hacia la región caucásica y en Asia Central.

Veamos los países que Putin visitó: en primer lugar Tayikistán, donde posee fuertes conexiones económicas y diversas bases militares. Tayikistán además mantiene relaciones económicas y religiosas con los talibanes de Afganistán quienes, necesitados de asistencia material no dudarían en vincularse al imperio ruso bajo la condición de que le sean respetadas su soberanía, sus tradiciones y su orden religioso. No deja de ser sintomático que después del terremoto, Afganistán pidiera ayuda a Occidente, y luego del viaje de Putin, la rechazara sin dar explicaciones.

La segunda estación del periplo de Putin fue su visita a los gobiernos de Kazajstán, Kirguistán, Turkmenistán, Uzbekistán, la mayoría de ellos de orientación islamista. Acercamiento interesante: en la histórica asamblea de la ONU donde Rusia fuera condenado por 141 votos, ninguno de esos gobiernos votó a favor de Rusia. La mayoría se abstuvo. Fue un aviso a Putin de que ninguno de esos países quiere correr la suerte de Chechenia y Ucrania. Pero a Putin tampoco interesa por el momento anexar a esas naciones. Lo importante para él es incorporarlas a una línea estratégica común: la lucha en contra de ese Occidente poblado por infieles antiislámicos. Su objetivo ya declarado es ir formando un frente de naciones antioccidentales, sean ortodoxas o musulmanas.

Ya ejerce control sobre Siria, a la que ha convertido en colonia, del mismo modo como busca con denuedo una alianza más estrecha con Irán, vale decir una alianza de la civilización ortodoxa con la civilización islámica en contra de la «obscena» civilización occidental, algo que ni siquiera pasó por la cabeza de Samuel Hungtinton.

Ahora bien, en el cumplimiento de ese proyecto, la OTAN quedaría totalmente fuera del juego. Al fin, no es su espacio de guerra. La divisa de la OTAN, en términos elementales, parece ser la siguiente: «A Rusia no pertenece ningún país europeo. Si quiere aumentar su territorio, que vaya a otras partes».

Por cierto, conformar esa enorme alianza antioccidental exigiría un alto precio: la incorporación de China como potencia económica. Rusia pondría a disposición del proyecto chino de dominación económica mundial, sus fuentes energéticas, gas, petróleo y sus ejércitos. China, su capital y sus mercados.

En esa proyección, el mundo, según Putin, quedaría sometido a la dominación económica de China y a la militar de Rusia. ¿Un nuevo orden mundial? Si es que queremos, usemos ese nombre.

Pero todo ese, para Occidente tenebroso proyecto, puede ser realizado solo bajo una condición, y es la siguiente: que Occidente permaneciera impávido e inmóvil. No obstante, ese tampoco será el caso.

Es cierto que la nueva estrategia de la OTAN tiene por el momento un objetivo estrictamente defensivo. Mediante la incorporación de Finlandia y Suecia, más otras naciones que vendrán, se trata de tender una línea demarcatoria vedada a la expansión rusa. Un “no pasarán” territorial y militar.

Probablemente el Kremlin computa que en Occidente habrá deserciones, vacilaciones y caída de gobiernos democráticos. Y claro, seguramente habrá un poco de todo eso. No hay nada más inestable que una democracia en tiempos de crisis económica o guerra, y más todavía si estas dos catástrofes aparecen al unísono. Pero, a la vez, Occidente también confía en que las alianzas internacionales de Putin, sobre todo con una Rusia empobrecida por la guerra, no sean tan estables como a primera vista aparecen. Mientras la gran mayoría de los habitantes sometidos al imperio ruso o chino anhelan vivir como en Occidente, muy pocos en Occidente, aunque se declaren antinorteamericanos, quieren vivir como rusos o como chinos.

Competir económicamente con China en los mercados mundiales y a la vez guerrear con Rusia en espacios territoriales sería por cierto una tarea titánica. No obstante, la democracia política tiene una ventaja que no poseen los órdenes autocráticos antioccidentales. La democracia no solo es una forma de gobierno ni solo un modo de vida, es también, aunque a muchos parezca extraño, una fuerza económica.

La democracia, para serlo, supone la valoración del ser humano, y esa valoración supone a su vez aumentar el capital de todos los capitales habidos y por haber: la inteligencia de la inventiva. Inteligencia que no solo lleva a pensar filosóficamente sino también a recorrer el mundo de las ciencias. En otras palabras, Occidente dispone de una capacidad de creación que no puede desarrollarse plenamente bajo el peso de los estados dictatoriales.

La gran capacidad económica china tiene como fundamento los bajos precios salariales y una tecnología imitativa de la originaria, que es predominantemente occidental. Rusia, bajo Putin ha llegado a convertirse en un gigante militar, pero económicamente está condenado a subordinarse a China o a Occidente. Tanto China como Rusia podrían tener, sin duda, las mismas o mejores capacidades creadoras. Pero para que eso ocurra deberían ser liberadas fuerzas productivas de las que el capital humano es su fuente originaria. Eso supondría liberar al ser humano de yugos estatales, autocráticos y dictatoriales. En otras palabras, ambas naciones deberían negarse a sí mismas como dictaduras o autocracias. Algo que por el momento está muy lejos de ser posible.

Quizás pensando así fue que, en un día de rara inspiración, Joe Biden declaró que la gran contradicción de nuestro tiempo es la que se da entre democracias y autocracias. No sabemos si Biden se dio cuenta de la tremenda verdad que dijo. Pues esa verdad implica, entre otras cosas, situar a la guerra y a la economía bajo la hegemonía de la política (autocracias y democracias son ordenes políticos, no económicos ni militares) Una verdad en fin que no solo deberá realizarse al exterior sino al interior de cada nación.

Occidente saldrá lesionado de la guerra de Ucrania, no hay dudas. Pero también podría suceder que Rusia tampoco salga fortalecida y su alianza con China sea dificultada, entre otras razones, por la decisión de la OTAN de no solo invertir esfuerzos en el espacio Atlántico Norte, sino también en dirección del Pacífico Sur. Por eso fue muy importante que por primera vez hubieran asistido a la cumbre de la OTAN países cooperantes que no forman parte del tratado originario cono son Corea del Sur, Japón, Nueva Zelandia y Australia. De esa nueva orientación tiene que haber tomado nota Xi Jinping y su comité central.

La OTAN ha entrado definitivamente en la tercera fase de su historia. En la primera sirvió de protección en contra del avance de la URSS. En la segunda fue embarcada en una guerra difusa y sórdida en contra de un terrorismo internacional que no conoce patrias. En la tercera, la que recién comienza, ya ha decidido a servir de muro de contención en contra de la Rusia imperial de Putin para luego convertirse en la organización militar de todas las democracias occidentales.

Si Occidente lograra convencer a China que una guerra comercial y financiera pero no militar puede ser más rentable que una guerra militar a la que sería arrastrada por Rusia, sería un gran éxito político. Naturalmente, en ese caso Occidente, particularmente los EE UU, deberán hacer concesiones económicas a China. Pero así y todo ese sería un precio módico a pagar si se trata de evitar una maligna alianza antioccidental de carácter militar entre Rusia y China.

Si esa alianza fracasó entre la URSS y la China de Mao, no hay motivos para que esta vez tenga éxito. La tarea de Occidente no debe ser en ningún caso provocar a, sino negociar con China. Rusia, sin China, sería solo un gigante militar subdesarrollado, destinado a sucumbir por tercera vez bajo el peso de su propia historia.

En fin, el tan cacareado nuevo orden mundial no está todavía constituido. Como todo en esta vida, será configurado en el cada día, allí donde las contingencias suelen primar más que pronósticos basados en lógicas deterministas. Hay que prever y priorizar, claro está. Pero más no se puede.

Por el momento solo sabemos que Rusia es el enemigo principal y China el enemigo posible. De ahí que el próximo encuentro que tendrá lugar entre Xi Jinping y Biden será de importancia fundamental para el curso de la historia del siglo XXl.

El mundo no depende solo de los misiles sino también de las palabras. Eso lo supieron en su tiempo Churchill y Stalin (podríamos decir también Kissinger y Mao Zedong) cuando, amenazados por un mismo peligro, abandonaron por un instante sus miedos y sus odios, y se dispusieron a conversar.

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS, Político,

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Carlos Raúl Hernández

1. Calle-calle-calle, “Maduro vete ya”, “la salida”, “intervención militar democrática”, “movimiento popular constitucional”, “hora cero”, “trancón”, “referéndum popular”, “la ruta de la dignidad”, 350, “TIAR, “esto lo resuelve el catire Trump”, “referéndum popular”, “no se dialoga con delincuentes”, “falta poco”, “solo negociaremos qué va a comer en el avión”, “no lo llames elecciones”, “¡colaboracionistas!”, “alacranes”, “¿con ese CNE?”, “no es gobierno, es régimen”. “Henry Falcón será Vicepresidente”, “no voto sin condiciones electorales”, “si o si”, “operación libertad”, “intervención extranjera”, “marcha sin retorno”, “abstención”. El diccionario del vacío, arterías, engendros, quincallería conceptual que nos hundió. Y la reina madre de las burradas: el llamado abstencionista en 2018. El mundo está hecho de palabras y ellas cambian la vida de quien las pronuncia y de quien las oye, porque son el momento simbólico de la acción. Hablamos varios lenguajes al mismo tiempo sin saberlo, el verbal, los gestos, las miradas, el vestido, pero más allá de cualquier hermenéutica, los resultados.

2. A una amiga muy querida la atormenta el cinismo de aspirantes a líderes que demostraron no tener lo que hay que tener. Después de arrastrarnos a la desgracia, regresan como si nada a lo mismo que excomulgaron, y por lo que se ve, vuelven a hacerlo mal. Fanáticos del vacío, sacrificaron el movimiento de masas que los siguió lealmente. Dostoievsky expresó pánico por el fanatismo y el cinismo, porque él practicó ambos. En su juventud fue víctima de una simulación de fusilamiento, que, según cuenta, cambió su vida. Y describe ambas cosas en el capítulo quinto de Los hermanos Karamasov. En un pasaje llamado “El gran Inquisidor” narra la milagrosa reaparición de Cristo frente a la Catedral de Sevilla en el siglo XVI, en plena inquisición y al día siguiente de que hubieran quemado un grupo de acusados. Hace milagros, concentra una multitud, resucita una muerta, pero ordenan apresarlo. Una vez detenido se presenta en su calabozo el Gran Inquisidor, un erguido anciano de noventa años, vestido de manera pobre y rústica, y le pregunta –“¿Eres Tú?”. Jesús no se digna a contestar y el Inquisidor dice.

3. “No contestes nada. Ya lo has dicho todo. Mañana morirás quemado como el peor de los herejes”. Reconocer la presencia de la Vedad desestabilizaría sus bases y optan por la cínica expresión de las necesidades del status. ¿Pero existe la condición humana, algo que identifica a todos los hombres por el hecho de serlo, alguna trascendencia que nos dé dignidad como especie? La condición humana es el título de la estremecedora novela de André Malraux, en la que narra que durante el fracaso de la insurrección de Shanghai en 1927, ajusticiaban a un grupo de comunistas lanzándolos uno a uno a la caldera de la locomotora. Conmovido por el pánico de un joven militante, el jefe, Kyo, en sublime acto de abnegación, le regala al muchacho el mayor tesoro, la última cápsula de cianuro, y asume él la muerte en llamas. Kyo es un valiente, irreverente, heterodoxo, enemigo de dogmas de izquierda o derecha, personaje que representa a Malraux, revolucionario, bohemio, humanista. El sacrificio de Kyo no es “por la revolución” sino por un ser humano concreto, frágil y acobardado, merecedor del desprecio de Chan, el fanático cruel, la representación del Partido Comunista.

4. Para los antihumanistas teóricos y prácticos: Marx, Lenin, Spengler, Max Scheler, Nietzsche, Hitler, Michael Foucault, Althusser, Merleau Ponty, los individuos son “briznas de paja en el huracán revolucionario”, sacrificables, porque la revolución vale más que los individuos, familias, vidas, muertes, dolores. Nechayev quería seres “sin identidad ni nombre propio” y Foucault, en la misma tónica afirma que el hombre no es nada, sino “una invención fracasada del Renacimiento”. ¡Qué pueden importar la violencia, el terror, la tortura contra sujeto particulares, si son elementos revolucionarios de purificación, válidos porque persiguen fines superiores! Para Nietszche la decadencia de la civilización es producto de la piedad cristiana por los débiles ¿Es verdad, como dice, que el imperio romano se desplomó por tal influencia debilitadora del amor al prójimo, o porque la esclavitud, el trabajo gratuito, fundó el ocio de los grupos de poder, frenó el desarrollo de las fuerzas productivas, la ciencia, la tecnología, la creatividad, el esfuerzo individual, y se desplomó podrido de improductividad?

5. Pensadores alemanes, denuncian pérdida del sentido patriótico, la disposición de dar la vida por la patria, derramar la sangre en batalla, por obra del confort, capitalista, el comercio, el aburguesamiento, evocación de Esparta, y Max Scheler escribe que “los hombres se habrían devorado pacíficamente si no fuera porque la dignidad de la guerra ha justificado la violencia”. Por fortuna Kant escribió que el hombre se define por sus decisiones, ya que al actuar funda leyes universales y sabemos que asesinar, hacer pogromos contra grupos sociales, razas o naciones, no puede ser ley universal. Y ahí la filosofía ensambla con la acción política, dice Helmuth Plessner “el arte del momento adecuado, la ocasión favorable”. El hombre vive, como las demás criaturas, pero a diferencia de éstas, tiene conciencia de que vive.

@CarlosRaulHer

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