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Opinión

Mariana Mazzucato

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) realizada la semana pasada en Glasgow, participé en un panel con líderes políticos nacionales, que incluía a la Primer Ministra escocesa Nicola Sturgeon y la Ministra española de Transición Ecológica Teresa Ribera, para hablar acerca de cómo tomarnos en serio la economía verde. En momentos que los líderes mundiales, abrumadoramente hombres, hacían tiras y aflojas sobre compromisos, posturas y promesas, -lo que la activista sueva Greta Thunberg memorablemente calificó como más “blah, blah, blah”- nuestro panel de cuatro mujeres se centró en qué nuevas herramientas e instituciones necesitará el planeta en su proceso de descarbonización.

Tras la COP26 es más evidente que nunca que las promesas desde arriba no bastan y que, más bien, se necesita una transformación estructural e institucional desde las bases mismas. Nuestra única esperanza de mantener el calentamiento global dentro de límites “seguros” (de hecho, el objetivo acordado es mucho más seguro para unos que para otros) es acelerar una transición verde con una masiva inversión pública coordinada que apunte a saltos de innovación y a un cambio de paradigma económico.

Tal como el cambio climático es un fenómeno dinámico y no lineal causado por una serie de puntos de inflexión –cada uno con repercusiones que hacen extremadamente difícil de predecir el ritmo y la escala de cambio-, el proceso de restringirlo o incluso revertirlo depende de puntos de inflexión en cascada en la dirección contraria. Si se pudieran dar saltos sinérgicos en innovación tecnológica y transformación institucional, se podrían precipitar bucles de retroalimentación positiva y efectos multiplicadores acumulativos.

Esa es precisamente la dirección de lo que llamo una política de innovación orientada a una misión. Tenemos que reunir y organizar recursos y alinear políticas en torno a objetivos medibles, como el surgimiento de nuevas innovaciones tecnológicas y la preparación de nuevos mercados. Cada misión debe inspirar y catalizar, y hacer que nuevos actores y sectores innoven de maneras nuevas y colaborativas, sea para hacer que una ciudad alcance la carboneutralidad o lograr un océano sin plásticos. Cada misión debe reunir inversiones de distintos actores, con unas fuertes condiciones para cualquier tipo de apoyo público, de modo que impulse “cascadas de inflexión hacia arriba” Sin embargo, para reorientar la economía en torno a saltos de innovación, necesitaremos nuevas instituciones en todos los niveles, desde lo local a lo global, que amplíen el actual horizonte tecnológico y abran el camino hacia un futuro de emisiones cero.

En el nivel internacional, por ejemplo, un “CERN de tecnologías climáticas” (que tenga por modelo el cuerpo de investigación científica supranacional europeo) podría coordinar las inversiones de los gobiernos participantes, mediante una hucha colectiva para financiar el desarrollo de tecnologías innovadoras que el sector privado no desee desarrollar por ser estas muy riesgosas o sus retornos financieros demasiado escasos. Esta idea fue destacada en el informe final del Panel del G7 sobre Resiliencia Económica, en el que representé a Italia.

En el nivel nacional, los bancos públicos de inversión verde pueden proporcionar el capital paciente necesario para expandir mercados de cero emisiones de carbono. Un modelo prometedor es el del Banco Nacional Escocés de Inversiones (a cuya creación tuve el honor de ayudar), una institución financiera pública cuya principal misión es ayudar a descarbonizar la economía escocesa. El nuevo banco canalizará la inversión entre sectores y empresas que se estén especializando en tecnologías de cero emisiones de carbono.

Por último, pero no menos importante, está el nivel municipal, que es donde la acción climática se materializa en proyectos tangibles como la vivienda de cero emisiones de carbono, vecindarios sin vehículos y cadenas de suministro circulares. Aquí, el nuevo Consejo de Iniciativas Urbanas, del que el University College de Londres, la Escuela de Economía de Londres y ONU Hábitat son coanfitriones, tiene un papel crucial para compartir información sobre proyectos exitosos y alinearla con acuerdos internacionales, no en menor medida los que provengan de la COP26.

Para despegar, estas instituciones deberán ganarse la confianza y la participación de los ciudadanos, específicamente los trabajadores vulnerables. Los gilets jaunes (chaquetas amarillas) y otros movimientos de protesta ciudadana han demostrado por qué el impulso para la transición verde debe venir desde abajo. Las consideraciones que sustentan las propuestas del Nuevo Trato Verde giran alrededor de cómo hacer las que las energías populares pongan a la gente al centro de la transición económica.

Participación popular significa involucrar a los ciudadanos en procesos de nivel comunitario, como la Comisión de Renovación de Camden, que ha hecho uso de debates clave entre asociaciones de residentes para poner conjuntos de viviendas sociales al centro de la estrategia de crecimiento limpio del municipio de Londres. Además, implica invitar a asociaciones comunitarias, cooperativas y sindicatos a formar “asociaciones por los bienes públicos” con los gobiernos. Otra opción es crear asambleas ciudadanas sobre el cambio climático, como se ha hecho en España. Tales innovaciones institucionales servirán de base para un nuevo contrato social, la única forma de generar confianza pública y alcanzar una transición socialmente justa.

El mayor error del activismo climático ha sido no comunicar de manera realista y atractiva una transición verde que promueva los intereses de los trabajadores. Un Nuevo Trato Verde que genere buenos empleos nuevos, eleve los estándares de vida, y reduzca la precariedad y la desigualdad debería ser su máxima prioridad. El éxito de la transición verde dependerá de medidas que aseguren a los trabajadores cuyos empleos estén amenazados por la descarbonización el desarrollo de habilidades y empleos en la nueva economía. En su defecto, se les debería otorgar un ingreso mínimo garantizado como un derecho básico.

Eso no ocurrirá a menos que los trabajadores tengan un lugar en la mesa de negociaciones. Sean cuales sean los nuevos compromisos a los que llegue la COP26, debemos redoblar el trabajo tras bambalinas de desarrollo de instituciones, con especial énfasis en ampliar la participación para incluir a los ciudadanos de a pie. Para evitar un desastre climático se necesitará una experimentación generalizada con nuevas tecnologías y, no menos importante, con nuevas instituciones en todos los niveles.

16 de noviembre 2021

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/climate-institution-buildin...

 5 min


Ismael Pérez Vigil

Lo que vaya a ocurrir mañana, 21N, en el proceso electoral, ya está decidido. Nada de lo que hoy se diga, ningún argumento a favor o en contra, tendrá ningún poder para cambiar la decisión que ya han tomado los votantes; a menos, obviamente, que ocurra hoy un cataclismo político, difícil de prever o especular al respecto. Eso de un movimiento espontáneo que lleve a la gente a las urnas a expresar alguna posición, aun cuando sea votar nulo −cosa que además no es nada fácil con nuestro sistema electoral− solo ocurre en las novelas de Saramago.

Yo me he pronunciado a favor del voto, en contra de la abstención o de dejar de participar y por supuesto, votaré por la tarjeta de la MUD −la de “la manito” – para fortalecer esa opción, que es la oposición que considero válida, genuina, que ofrece una alternativa −viable, realizable− a los venezolanos; y estaré “ligando” que se haya logrado convencer a buena parte de los electores para que vayan a votar. Difícil perspectiva esa.

Siendo realistas, todo apunta a lo contrario: a que la campaña del régimen para motivar la abstención opositora −en lo que lleva años− y que ha sido muy intensa y ha recibido la “ayuda” de buena parte del sector opositor; unos, llamando abiertamente a la abstención o descalificando las elecciones, sin proponer u organizar una abstención activa, para movilizar a la oposición; es decir, no se tomó, por parte de quienes plantean la abstención, ninguna acción que los diferenciara de la mera desesperanza e indiferencia. Y otros, que planteando la participación −y me refiero a la oposición democrática, la que se agrupa en la tarjeta de la MUD− han contribuido a alejar a los votantes por los errores cometidos, las decisiones tardías, la mala selección de candidatos, los retrasos o fallas al hacer cambios de candidatos, la falta de una propuesta que motive a votar, a movilizarse, en donde se vea una esperanza por haberse emprendido un camino para superar este oprobio.

No soy de los que hace predicciones y no me parecen adecuadas algunas que he visto circular, ni sobre el volumen de la abstención, ni sobre el número de gobernadores que obtendrá la oposición; pero, sí me parece importante, comenzar a considerar algunos elementos que nos permitan analizar objetivamente lo que ocurrirá mañana, para reconstruir la oposición democrática a partir del lunes 22 de noviembre. Y es la abstención el factor cuya eficacia quiero analizar, para efectos futuros.

Lo he dicho otras veces, aunque votar o abstenerse es solo una táctica o parte de una estrategia más amplia, me he opuesto a la abstención porque considero que sin conducción o “pasiva”, como ha sido hasta ahora, nos ha perjudicado como fuerza opositora al régimen. La abstención, como he dicho, si no es una política activa, no se diferencia en nada de la mera indiferencia, del apoliticismo. Si hacemos caso a las cifras, cada vez que la abstención se ha incrementado en los procesos electorales, hemos retrocedido en la lucha política, entregado espacios y contribuido a la desmovilización del pueblo y hemos ayudado a que se pierda en los venezolanos el valor del voto, conquista política y social, fundamental de la democracia venezolana.

Pero como ahora se trata de hacer un análisis más objetivo y descarnado, les resumo algunas cifras, que he recogido y presentado en anteriores ocasiones y que en ésta pueden servir para que tengamos mejores elementos para evaluar, para hacer análisis y llegar a conclusiones.

Comencemos por decir que el promedio general de la abstención en Venezuela, en todos los procesos desde 1958 hasta 2020, es del 35,9%. Aquí incluyo 32 procesos electorales de 35 realizados y excluyo de las cifras las elecciones locales, que por sus dimensiones son difíciles de calcular y generalizar; y excluyo también las parlamentarias de 2005, el Referendo Constitucional del 2007 y la elección de la ANC del 2017, para las cuales no hay cifras oficiales publicadas. Por supuesto todas son cifras del CNE, no hay ninguna otra fuente disponible. De manera que solo debemos considerar como “efecto abstención” −cuando es convocada o definida como táctica política− los puntos de porcentaje que estén por encima del porcentaje “histórico” mencionado.

Como mera referencia, en las elecciones presidenciales, la abstención es algo más baja, pero tampoco mucho, con relación a la abstención general, que como hemos dicho es del 35,9%. Separando las elecciones presidenciales en algunos períodos, la abstención es como sigue:

1958 - 1978: 7,2% (Primeros 20 años de democracia)

1983 - 1998: 26,7% (Comienza a ser evidente el desgaste político del sistema democrático)

2000 - 2013: 27,2% (Período “chavo-madurista”)

En la elección presidencial de 2018 la abstención −registrada por el CNE− que fue convocada por la oposición democrática, fue del 53,9%; si se incluye esta cifra, el promedio de la abstención en las elecciones presidenciales de 2000 a 2018, sube al 32,6%.

Veamos ahora únicamente el caso de las elecciones de gobernadores, que es el evento que tenemos por delante. La abstención en elecciones de gobernadores y el número de éstos obtenidos por la oposición, con esos niveles de abstención, es el siguiente:

Año Abstención # Gobernadores

2000 42% 7

2004 48% 2

2008 34% 5

2012 47% 3

2017 42% 4 + 2 (uno robado, en Bolívar; otro no se juramentó, en Zulia)

Promedio de Abstención: 43%

Agrupando las cifras de otra manera, para incluir el periodo democrático, desde 1989 en que se realizó la primera elección de gobernadores, hasta el año 2000, que fue la primera elección bajo la Constitución de 1999, se realizaron cuatro (4) elecciones de gobernadores y la abstención fue del: 46,3%. ¿Sería que el pueblo venezolano no estaba acostumbrado a elegir gobernadores, sino a que estos fueran designados por el Presidente de turno? Puede ser una hipótesis de explicación.

A la oposición democrática siempre le ha ido mal en los procesos electorales regionales; el mejor resultado fue en el año 2000, que obtuvo siete (7) gobernaciones y con una abstención del 42%, seis (6) puntos por encima de la abstención “histórica”. Con base en estas cifras, me hago algunas reflexiones:

1) Si tomamos como base la abstención general del 35,9%, que he llamado “endémica” o “histórica”, esta cifra nos podría servir para medir el éxito de las llamadas abstenciones “espontáneas”, esas que nadie convoca, como la de las elecciones de gobernadores del 2012 y 2017.

2) A partir de la vigencia de la Constitución de 1999, en la que votar es un derecho y no un deber, como era en la de 1961, se podría concluir que cada vez que aumenta la abstención en las elecciones de gobernadores, por la razón que sea, disminuye el número de gobernaciones que obtiene la oposición. Esta regla tiene una excepción importante, la abstención durante la elección de gobernadores de 2017 que no fue convocada y que a pesar de que fue alta, no fue tanto como las del 2004 y el 2012.

3) Estas altas abstenciones, antes de 2017, creo que se explican por los triunfos y decepciones que se producen en la población opositora, tras las victorias o derrotas electorales. En 2004, la oposición venia de ser derrotada en el Referendo Revocatorio, con alegaciones de fraude y demás, la respuesta fue la abstención más alta que hemos tenido para gobernadores: 48%. En 2008 descendió la abstención, quizás debido a que veníamos de triunfar en el Referendo Constitucional de 2007. En 2012 subió nuevamente, tras la derrota de H. Capriles por H. Chávez, en su última elección, poco antes de su fallecimiento. Y en 2017 fue nuevamente alta, pero no tanta como las mencionadas, quizás debido a que en 2017 veníamos de un triunfo muy importante en la última elección, la de la Asamblea Nacional de finales de 2015; probablemente hubiera merecido una abstención más baja esas elecciones de 2017, pero hay que recordar que esa elección de gobernadores se aplazó un año, pues debió realizarse en 2016, pero el gobierno temiendo el impacto de la elección de la AN 2015, retrasó esa elección y metió en el medio la elección de una ilegitima Asamblea Nacional Constituyente, que se celebró tres meses antes de la convocatoria de la elección de gobernadores; tanto el impacto de esa elección, aunado a la fiera represión desatada en el país desde marzo de 2017 −en los que fallecieron 158 venezolanos−, el recrudecimiento de la crisis económica del país y la emigración o diáspora de millones de venezolanos, impactaron el ánimo de la población opositora para participar en procesos electorales. En todo caso, esos números de abstención en las elecciones de gobernadores, nos podrían llevar a decir que la mayor abstención estaría en las filas opositoras, a las que ha perjudicado irreparablemente.

4) Las cifras nos servirían también para medir el éxito de las abstenciones “convocadas”, como las presidenciales de 2018, que fue del 53,9%; es decir, aumentó 18 puntos sobre la cifra general. ¿Podemos considerar que esa es la fuerza real de la abstención? ¿La consideramos una fuerza significativa? (Nicolás Maduro obtuvo el 30% del padrón electoral) ¿A quién representa esa abstención?, ¿A los llamados opositores radicales, a los decepcionados o disidentes del chavismo?, ¿A la decepción o indiferencia de la gente?, ¿A la diáspora, que para 2017 ya era del 10% o 12% del padrón electoral? (Hoy se calcula que es ligeramente inferior al 18%)

5) Espero que estas cifras y reflexiones sirvan para estimular el voto, en contra de la abstención, para erradicarla como política, que ha sido inútil y perniciosa, que no ha traído ningún beneficio. La abstención ha sido una estrategia fracasada a lo largo de la historia política venezolana.

Con dos fenómenos nos podemos encontrar mañana, 21N; uno, que se confirmen los peores pronósticos, que haya calado la campaña de desmoralización del régimen en contra del voto, ayudada por lo errático de una oposición que no supo o no pudo presentar una alternativa coherente, más unitaria, que entusiasmara a los electores. Y otro fenómeno, ojalá sea así, que se profundice la tendencia que se ha visto durante las últimas semanas, que parece indicar que un mayor número de personas estarían dispuestas a votar por la oposición o en contra del régimen.

Diversas serían las razones para que el segundo fenómeno ocurra; bien porque el pueblo ve una cierta posibilidad de infringir una derrota al régimen en algunos estados o municipios; bien porque se considera necesario pasar una factura al régimen por las pésimas condiciones de vida, el deterioro de los servicios básicos, la pérdida de empleos por la destrucción de la economía, la falta de medidas para combatir los efectos de la pandemia, en síntesis, por el agravamiento de la crisis humanitaria; o bien, porque, al no estar en juego el poder, el régimen podría haber “bajado la guardia” en algunos estados, que abrirían una fisura que se puede aprovechar. En cualquier caso, estamos a pocas horas de conocer los resultados.

Yo no sé si lo que estamos haciendo, votar, aprovechar la elección para organizar y movilizar a la población, es lo que deberíamos hacer; pero, en todo caso sé que, para acabar con este régimen de oprobio, dentro de pocas horas, a partir del 22N, comenzaremos de nuevo y cada quien tendrá que hacer lo que pueda y sepa hacer para la reconstrucción de la oposición y del país, con bases más sólidas.

No importa tanto el color del mapa de Venezuela con que amanezca el 22de noviembre para el futuro del país, importará más cuáles sean los pasos que de la oposición después de esa fecha, con relación a la unidad política opositora y los próximos acontecimientos políticos, como lo es un eventual referendo revocatorio presidencial en 2022, que ya deberíamos estar discutiendo.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 9 min


Juan Diego Quesada

La misión de observación electoral de la Unión Europea tiene en sus manos el futuro inmediato de una nación. El informe que se desprenda de los 130 observadores que se repartirán el domingo por toda Venezuela para ser testigos de las elecciones municipales y regionales en las que por primera vez en cinco años va a participar la oposición marcará a corto plazo la ruta para salir de la crisis política y social en la que está inmersa el país.

Un resultado favorable a la organización de los comicios, con las obvias limitaciones que se producen por el control chavista del aparato del Estado, legitimaría la vía de negociación y reconstrucción de la institucionalidad desde dentro del sistema que ha emprendido una parte de la oposición, sobre todo la que vive en el país. Ellos creen que ese es el camino para organizar en unos años unas presidenciales con ciertas garantías en las que se pueda derrotar al presidente, Nicolás Maduro. Otra facción opositora considera que el chavismo no tiene voluntad de ceder poder y que la participación en estas elecciones a la que le quiere dar una apariencia democrática, a su parecer, atornilla a Maduro en el Palacio de Miraflores.

La misión tiene, por tanto, material sensible entre manos. Los observadores se desplegaron el jueves desde Caracas a todos los rincones del país, los 23 estados, incluido el del Amazonas, el de más difícil acceso. “Cualquier irregularidad la reportaremos al CNE (Centro Nacional Electoral). Hasta ahora no ha ocurrido nada, está todo muy bien, todo el mundo está haciendo un esfuerzo extraordinario”, explica Isabel Santos, diputada socialista portuguesa y la jefa de la misión.

En el Parlamento Europeo no todo ha sido consenso en torno a esta aventura. El Partido Popular Europeo decidió no enviar a ningún eurodiputado. “El PPE no forma parte de esta farsa electoral de Maduro en Venezuela”, dijo la diputada Dolors Montserrat para justificar la ausencia. Sus tesis concuerdan con la de los opositores más rígidos, que ven en esto una maniobra del chavismo para ganar tiempo, en cuanto mejora muy levemente la situación del país con la dolarización de su economía y gana algo de crédito en la escena internacional. Venezuela, sin embargo, es hoy día el país más pobre de América Latina.

A los observadores les han llovido críticas por los dos lados. María Corina Machado, una opositora férrea, despreció su trabajo y los invitó a ir a la frontera, donde los conflictos armados se han disparado por la presencia de guerrilla y grupos criminales, o a los hospitales para ver la escasez de medicinas. Uno de los políticos chavistas más prominentes, Diosdado Cabello, jefe de campaña del PSUV, el partido oficialista, dijo en su programa de televisión que algunos de los observadores tenían actitud de “espías”. “Ellos no saben cómo el pueblo chavista es capaz de defender hasta con los dientes la revolución”.

La jefa de la misión se quedará en Caracas durante toda la jornada electoral. Calcula que podrán estar pendientes de más de 1.200 mesas electorales.

- ¿En todas ellas habrá un representante de la oposición?

- No puedo saberlo. Estaré pendiente de si ocurre o no ocurre y se dirá en el informe.

- ¿Ha observado una plena disposición del Gobierno venezolano?

- Hasta ahora no he encontrado lo contrario.

Santos, cuyo segundo de abordo es un español, el gallego Xabier Meilán, también recogerá en su informe el desarrollo de la campaña electoral. Esta, a todas luces, es desigual. El partido oficialista cuenta con el aparato del Estado para hacer campaña. Algunas ciudades están empapeladas solo con el rostro de los candidatos chavistas, como si los otros no participaran. Además, el PSUV recoge en sus mesas callejeras datos de los electores para facilitarles el bono social o el Clap, una bolsa alimentaria. No hay distinción clara entre partido y Gobierno. El CNE, por ejemplo, ha iniciado un expediente contra Maduro por llevarse al acto de inauguración de una potabilizadora al candidato chavista a un municipio de Caracas. El problema es que la resolución se tomará una vez que hayan acabado las elecciones.

Además de la presencia de los observadores, como gesto de apertura el Gobierno cedió a la oposición dos de los cinco puestos directivos del CNE, un gesto que propició la conformación en agosto de una mesa de negociación en México. Esas conversaciones fueron un paso importante porque sentaron las bases para el formato de estas elecciones, aunque a mediados de octubre Maduro suspendió el diálogo tras la extradición a Estados Unidos de Alex Saab, presunto operador financiero del chavismo. Uno de los nuevos lugares de la autoridad electoral lo ocupa el opositor Enrique Márquez, nombrado subdirector. “Es muy difícil que se puede alterar el resultado”, explica Márquez en su despacho. Cuenta que hace unos meses un conjunto de académicos realizó una inspección completa de todo el sistema de voto. El proceso fue retransmitido por streaming.

El informe, de acuerdo a Márquez, concluye que el sistema es “fiable, robusto y seguro”. Se ha auditado también el sistema de huellas dactilares del banco del CNE. Si se presenta un error en la identificación biométrica de un elector, los miembros de la mesa tendrían que pedir una autorización especial al CNE. Si ocurre una segunda vez, volverá a auditarse. En caso de una tercera el sistema quedará bloqueado. “Así el voto múltiple fraudulento queda imposibilitado”, agrega. “Eso no quiere decir que todo esté bien”, prosigue Márquez, “hay muchas cosas que están mal”. “Pero en Venezuela soplan vientos de cambio. Hemos vuelto a una ruta muy difícil aunque indispensable: la política. Para que haya una democracia tenemos que reconstruir las instituciones que permiten que exista la democracia”.

La misión tendrá un informe preliminar de lo ocurrido el martes, 48 horas después del cierre de urnas. En unos dos meses publicará el documento definitivo, aunque las conclusiones generales serán las mismas. Las palabras de Santos, por tanto, podrán tener un efecto importante en la ruta a seguir para Venezuela.

19 de noviembre 2021

El País

https://elpais.com/internacional/2021-11-20/venezuela-material-sensible-...

 4 min


José Luján Alcaraz

Desde hace ya varios años se registran profundos cambios sociales, económicos y culturales que venían afectado a todo el sistema universitario, tanto en su dimensión como principal productor de ciencia, tecnología y cultura, como en su vocación formativa y de capacitación profesional. La pandemia y el conjunto de medidas de toda índole y naturaleza ideadas y puestas en práctica para enfrentarla simplemente han actuado como acelerante de un proceso que ya estaba en marcha.

La Universidad —es decir, la idea de una institución consagrada a la creación y transferencia del conocimiento— se encuentra ante una especial coyuntura en la que se juega su propia subsistencia.

En este sentido, resulta prioritario insistir y poner el foco en aquello que representa nuestra razón de ser: los estudiantes de la universidad española. Las necesidades a las que hemos debido de hacer frente en las universidades han variado notablemente en la última década y las posibilidades que las nuevas tecnologías incorporan a nuestro quehacer académico han generado demandas anteriormente desconocidas y en algunos casos incluso inesperadas.

Desde esta perspectiva, debemos adaptar el sistema universitario a las necesidades docentes de los y las estudiantes, y no realizar un proceso inverso. La innovación docente juega un papel decisivo en este proceso; pero también los valores de igualdad, inclusión y participación.

Nuestra misión es compartir el conocimiento y enriquecer el debate.

La homogeneización, utópica en muchas ocasiones e inviable en el sistema actual, ya no es una opción. La Universidad debe ser una institución inclusiva, que integra la diversidad y consigue la igualdad de oportunidades entre todos sus miembros y ofrece un modelo docente que garantiza la satisfacción de las necesidades de educación superior de la sociedad compleja característica del siglo XXI.

Para ello es preciso el compromiso, la colaboración, la cooperación y la convicción de todos los profesionales que conforman las universidades. La Universidad tiene la responsabilidad de ser motor e impulso de cultura y conocimiento, pero también es instrumento de transmisión de valores como la tolerancia, el respeto, la diversidad y la integración.

Todo ello requiere un trabajo conjunto de todas las organizaciones e instituciones, ya que sin la colaboración de todos los agentes implicados no es posible garantizar una formación integral de nuestros y nuestras estudiantes.

Apoyo a la internacionalización

Por otra parte, resulta especialmente necesario el apoyo a la internacionalización y el fomento de la movilidad nacional e internacional de nuestros estudiantes. Una ciudadanía crítica precisa de herramientas que le ayuden a entender e interpretar el mundo de forma adecuada. La riqueza cultural que aporta al estudiantado –y al profesorado, naturalmente– la experiencia de la internacionalización y la movilidad, dentro y fuera de nuestras fronteras, fomenta la participación activa en el entorno universitario y una mayor implicación con la formación integral de las personas que conformamos las universidades.

La gestión de las universidades españolas ha de contemplar un escenario en el que muchos de los postulados asentados durante decenios ya no son válidos, y ello vale también, y muy especialmente, respecto de la participación y representación estudiantil, cada día más cerca de los órganos de gobierno y más comprometida con el diálogo y el acuerdo. Como las demás instancias representativas universitarias, también la que en el ámbito de su autonomía protagonizan nuestros estudiantes necesita del refuerzo diario –diríase que de la legitimación permanente– que le proporciona la cada vez mayor presencia entre el estudiantado y su reconocida capacidad de interlocución.

Desde otro punto de vista, es preciso que todos los agentes concernidos en la Educación Superior formen parte del necesario cambio de marco educativo y la implicación de cada uno de los organismos desde su ámbito es crucial para impulsar un cambio de modelo que contemple los aspectos mencionados con anterioridad. El progreso solo es posible gracias a la unión de todos los estamentos y organismos, ya sea desde el ámbito educativo en sentido estricto, como, más ampliamente, desde los ámbitos empresarial, político o institucional.

Es lo que defiende el modelo Universidad 2030 impulsado por CRUE Universidades Españolas y que integra internacionalización, inclusión, formación multidisciplinar y transversal, orientación académica y participación estudiantil al servicio de una reforma docente que considera la demanda de cada uno de estos factores en las universidades españolas.

Nuestras universidades deben estar preparadas para formar a personas que no sólo adquieren conocimientos técnico-científicos, sino que buscan un desarrollo competencial amplio que les capacite profesionalmente para un mercado laboral altamente competitivo y exigente y les forme de manera integral para desenvolverse como ciudadanos informados y responsables en un mundo en permanente transformación.

16 de noviembre 2021

The Conversation

https://theconversation.com/la-universidad-que-queremos-para-responder-a-las-demandas-de-la-sociedad-172022?utm_medium=email&utm_campaign=Novedades%20del%20da%2016%20noviembre%202021%20en%20The%20Conversation%20-%202117520962&utm_content=Novedades%20del%20da%2016%20noviembre%202021%20en%20The%20Conversation%20-%202117520962+CID_a70a0509603c7e01bddbb9bf5a191522&utm_source=campaign_monitor_es&utm_term=La%20universidad%20que%20queremos%20para%20responder%20a%20las%20demandas%20de%20la%20socieda

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​José E. Rodríguez Rojas

El gobierno ha declarado su intención de recuperar la producción petrolera, planteándose metas irreales, que probablemente buscan enmascarar la realidad de una producción que viene en caída libre, retrocediendo a los niveles de la década de 1940. En el periodo reciente la producción se ha incrementado pero moviéndose por debajo de los bajos niveles del año 2019, que se han convertido en un tope.

En el año 2020 la demanda mundial de petróleo colapsó debido a la contracción de la actividad económica como consecuencia del confinamiento que siguió al inicio de la pandemia de Covid 19. Recientemente se ha iniciado un proceso de recuperación el cual se ha dado como consecuencia del proceso de reactivación de las actividades económicas que se ha producido en el periodo post pandemia.

Loa principales países petroleros aglutinados en lo que se llama OPEP+, que incluye a los países de la Opep más varios aliados encabezados por Rusia, habían recortado su producción en el año 2020 a fin de evitar un mayor colapso de los precios del petróleo. La restricción de la oferta que mantienen los países de la OPEP ha generado que la recuperación de la demanda se traduzca en mayores niveles de precios los cuales rondan los 80 dólares el barril.

La situación en Venezuela es contrastante con la que domina a nivel de la industria petrolera global. La producción de petróleo no se mantiene restringida por la decisión de la OPEP, sino que viene en caída libre desde hace muchos años debido a los problemas de gestión de la industria agudizados por la escasez de recursos financieros y de recursos humanos calificados. En los problemas de gestión ha influido la designación al frente de la petrolera estatal, de personas sin experiencia en la gerencia de este tipo de industria. Este fue el caso de la designación del General Manuel Quevedo en el lapso comprendido entre el año 2017 y el 2020, durante el cual la industria redujo drásticamente su capacidad de producción. Como consecuencia de ello en el año 2020 la producción cayó a niveles de 1944, según declaraciones del experto petrolero Rafael Quiroz a la prensa local.

Probablemente para enmascarar la debacle señalada el jefe del gobierno Nicolás Maduro anunció, en el año 2020, su decisión de incrementar los niveles de producción a dos millones de barriles diarios. Luego a inicios del 2021 corrigió sus ambiciones y redujo la meta a 1,5 millones. Recientemente PDVSA corrigió las declaraciones del primer mandatario y redujo su meta de producción diaria a 1 millón de barriles (El Nacional. 2021 a).

Sin embargo la cruda realidad es que Venezuela no está en condiciones de incrementar sus niveles de producción a las cifras señaladas, incluso a la más modesta de 1 millón de barriles diarios, pues su producción ha llegado a un tope muy bajo debido a las limitaciones financieras de PDVSA y la escasez de recursos humanos calificados tanto para las tareas operativas de la industria como las tares gerenciales. Así lo ha señalado el Instituto de Investigaciones Económicas de la UCAB. (IIES), en su informe de coyuntura de mediados de este año. En el mimo señala el IIES que “será muy difícil retornar en el corto plazo a los ya muy bajos niveles de 2019 (796.000 b/d). En ese sentido esta cifra tiende a privar como un tope en el desenvolvimiento de la producción (IIES. UCAB. 2021)

Cifras recientes confirman los señalamientos del IIES. Las cifras provenientes de fuentes secundarias de la OPEP indican que la producción de petróleo de Venezuela se ha venido recuperando pero manteniéndose siempre por debajo de los niveles del año 2019. La mejor cifra de producción obtenida en el periodo post pandemia ha sido la de octubre de este año cuando la producción se ubicó en 590.000 b/d, un poco más de 200.000 barriles por debajo del tope señalado por el IEES (El Nacional.2021 b).

Referencias:

El Nacional. 2021 a. PDVSA redujo su meta de producción petrolera diaria. Noviembre 7.

El Nacional. 2021 b. Producción de petróleo venezolano en octubre se ubicó en su mejor número desde abril del 2020. Noviembre 11.

Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES). UCAB 2021. Informe de Coyuntura Venezuela.

Profesor UCV

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Enrique Fanjul

Condiciones favorables para la atracción de talento, digitalización, resiliencia económica, adaptación al cambio climático y bienestar (individual y de la comunidad): éstos son los cinco retos principales que afrontan las ciudades globales cara al futuro, de acuerdo con el 2021 Global Cities Report que ha publicado recientemente la consultora Kearney. El estudio recoge un retroceso en la valoración de Madrid y Barcelona.

Al estudio de Kearney sobre ciudades hay que añadir el Smart City Index 2021 que elaboran la escuela de negocios IMD y Singapore University of Technology and Design, publicado también hace algunas semanas.

La publicación de estos estudios es un reflejo de la creciente atención que se presta a las ciudades en la globalización. Las ciudades han adquirido un protagonismo clave como actores en la internacionalización de la economía y de las empresas, frente al referente casi único que antes suponían el país o la región.

Ciudades globales

Para Kearney, una ciudad global se mide por su capacidad para atraer y retener capital, personas e ideas globales y mantener ese desempeño a largo plazo.

Kearney elabora el Global Cities Index, que mide la valoración de 156 ciudades del mundo en cinco dimensiones: actividad empresarial, capital humano, intercambio de información, experiencia cultural y participación política.

Elabora al mismo tiempo el Global Cities Outlook, que evalúa el potencial de las ciudades para convertirse en hubs globales en el futuro, en función de sus condiciones y políticas actuales. Para esta proyección hacia el futuro considera cuatro dimensiones: bienestar personal, economía, innovación y gobernanza.

Nueva York, Londres, París y Tokio encabezan el ranking de ciudades globales en la edición de 2021 del Global Cities Index. Un dato llamativo es que entre las diez primeras ciudades hay cuatro asiáticas: tres chinas (Pekín, Hong Kong y Shanghái), Tokio y Singapur. En general las ciudades chinas registran notables avances en esta última edición.

Por su parte, Londres, París, Múnich, Abu Dhabi y Dublín encabezan el ranking del Global Cities Outlook: son por tanto las ciudades que ofrecen mejores condiciones de desarrollo futuro.

Impacto de la pandemia

El estudio de Kearney revela la existencia de claras divergencias en las trayectorias de las ciudades como consecuencia del coronavirus. Aquellas que estaban más conectadas globalmente fueron las primeras en ser golpeadas por la pandemia.

Por el contrario, en las ciudades con menor conectividad global e interdependencia con otros países, el impacto fue menor. Sin embargo, Kearney apunta a que esta mejora relativa en las clasificaciones se debe sobre todo a un impacto retardado de la pandemia.

Además, añade el estudio, si bien las ciudades más globales fueron las más afectadas, también han mostrado su resiliencia y capacidad de adaptación. Y ahora están mejor posicionadas para la recuperación, gracias a su alto grado de conectividad.

De hecho, Kearney prevé que en el próximo año aumenten las divergencias entre las ciudades del mundo: “Si bien es probable que las ciudades globales que ya muestran signos de recuperación económica continúen con sus tendencias ascendentes, es también probable que las ciudades globales con puntuación más baja y menos conectadas retrocedan en nuestra clasificación (…) en particular dada la distribución desigual de las vacunas en el mundo”.

El talento es un aspecto al que se atribuye una gran relevancia en cuanto a promoción y competitividad internacional de las ciudades. Para las empresas disponer de una concentración de talento en un espacio geográfico próximo, así como de todo el ecosistema relacionado (universidades, escuelas de negocio, centros de investigación), es un factor crítico a la hora de tomar la decisión de dónde establecerse.

La pandemia está provocando cambios importantes en lo que se refiere al talento, cambios que van a tener un impacto a largo plazo, como el ascenso del teletrabajo o el crecimiento de los llamados “nómadas digitales”: personas que trabajan de forma remota, en lugar de estar físicamente presentes en la sede u oficina de una empresa. El estilo de vida “nómada digital” ha sido posible gracias a una serie de innovaciones tecnológicas asociadas a Internet, y se ha visto favorecido con la pandemia, que ha impulsado a muchos trabajadores, con el fin de reducir el riesgo de contagio, a marcharse a zonas rurales o de menor urbanización.

Un toque de atención para Madrid y Barcelona

En el índice de ciudades globales de Kearney Madrid se sitúa en el puesto 19 y Barcelona en el 28. La evolución de los últimos años es negativa para ambas ciudades, algo que debería ser motivo de reflexión para los responsables de sus administraciones municipales. Desde 2018, en que se situó en el puesto 13, Madrid ha ido retrocediendo año a año en el ranking. Lo mismo sucede con Barcelona, que en 2018 se encontraba en el puesto 23.

Por otro lado, en el índice que evalúa las condiciones de cara al futuro (el Global Cities Outlook), empeora la valoración de Madrid y Barcelona, que no se encuentran entre las 30 primeras ciudades. Ambas retroceden en la edición de 2021: Madrid pierde seis puestos y Barcelona tres.

Por su parte, el Smart City Index define a una ciudad inteligente como “un entorno urbano que aplica la tecnología para mejorar los beneficios y reducir las deficiencias de la urbanización para sus ciudadanos”. El estudio tiene en principio una metodología menos sofisticada que el de Kearney (en el que se analizan un gran número de indicadores objetivos). El Smart City Index está basado en una encuesta entre unas 115.000 personas de 118 ciudades, encuesta en las que se pregunta sobre sanidad, movilidad, educación gobernanza, etcétera.

En el ranking que resulta del estudio cabe destacar el puesto diez que alcanza Bilbao, y el 15 de Zaragoza, muy por delante de Madrid (34) y Barcelona (58). Los primeros puestos del ranking corresponden a Singapur, Zúrich, Oslo y Taipéi.

17 de noviembre 2021

Elcano

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Ignacio Avalos Gutiérrez

Lo sabemos todos. No hablemos, pues, de la situación de las universidades públicas autónomas. No hablemos, ´por tanto, del último golpe a la USB, ni de la reciente visita nocturna de Nicolás Maduro a la UCV presumiendo, con bombos y platillos, de la reconstrucción que el gobierno lleva a cabo en un recinto que “...se parece al retén de Catia…” como si su gobierno no tuviera nada que ver con las deplorables circunstancias en las que se encuentra desde lo que ya parece una eternidad.

El panorama es trágico en todo el sistema de educación superior y sus consecuencias las pagarán particularmente, y muy caro, las nuevas generaciones que, además, ya sufren en carne propia la precariedad que rodea a la educación primaria y secundaria, no importa la epopeya oficial que busca disimularla mediante estadísticas de origen desconocido, que tratan de refutar la obcecación de los hechos.

Una institución que abrió caminos

Pero a pesar de todo, hay buenas noticias que abren una ranura para que entre algo de aire fresco. Una de ellas, es el Centro de Estudios para el Desarrollo (CENDES), de la UCV, que por estos días cumple sesenta años de fundado, una verdadera proeza en un país más bien acostumbrado a organizaciones que si acaso llegan a su adolescencia, hecho notable sobre todo en estos últimos veinte años.

Se trata, el CENDES, de un organismo de investigación y postgrado, inaugurado cuando el país salía del régimen de Pérez Jimenes y se iniciaban cuarenta años de democracia que. con sus altibajos y déficits nada menores, hoy en día echan de menos comparados con los enormes e inéditos conflictos y dificultades que trazan la vida de los venezolanos.

Como resultado de la iniciativa de intelectuales venezolanos y algunos latinoamericanos emergió, entonces, un centro de investigación y postgrado dedicado a la planificación y a los problemas del desarrollo, que le venía al país como anillo al dedo. Según el testimonio de quienes han recogido su historia, el CENDES fue pionero en Venezuela en cursos de cuarto nivel en Ciencias Sociales y precursor igualmente, en este caso a nivel latinoamericano, en el diseño novedoso de líneas de investigación en torno a cuestiones tales como conflicto y consenso, cambio político, reforma agraria, procesos de urbanización, estilos de desarrollo, metodología de la planificación, procesos sociohistóricos del país y de la región, crisis del sistema mundial, y análisis de políticas en ciencia y tecnología, salud, educación, entre otros ámbito de enorme interés, asuntos que abordó a partir de ópticas interdisciplinarios. Además, y por si todo lo anterior no bastara, fue una institución pionera en los estudios de prospectiva.

Un mundo perplejo

A finales del Siglo XX, las controversias en torno al tema desarrollo empezaron a cobrar fuerza en todos los rincones del planeta. Los procesos de globalización (sin instrumentos adecuados para su gobernanza), la redefinición de los Estados Nacionales, los avances del conocimiento y las transformaciones tecnológicas “disruptivas” y aceleradas con incidencia en todos los escenarios de la vida humana, las consecuencias que derivan del cambio climático, la desigualdad social, el nuevo dibujo que traza la demografía y mejor no sigamos porque la lista es extremadamente larga y basta con advertir que se decanta en un consenso cada vez mayor en torno a la idea de que el modelo de desarrollo que nos ha traído hasta aquí, no da para más

Frente a esta pluralidad de urgencias, la investigación en el CENDES ha ido diversificando sus focos de interés, pero manteniendo el eje en la problemática del desarrollo, concepto que necesita ser redefinido y profundizado para insertarlo en los procesos históricos actuales., los que algunos prefieren describir como una “crisis civilizatoria”.

La realidad que estamos observando marcha rápidamente, dejando en el camino preguntas cuyas respuestas apuntan a encarar la manera de orientar el futuro que se nos viene encima. Son respuestas que buscan ir despejando el horizonte, tarea en la que desempeñan un papel fundamental las ciencias sociales y humanas. No creo exagerar si digo que los cambios revolucionarios que nos rodean no tienen piloto para darle un rumbo. Este pareciera ser anárquico, va en la dirección que le pautan diversos intereses sin que, en general, partan de la premisa de que habitamos un planeta en el que lo que ocurre nos concierne cada vez más a todos.

Uno celebra entonces este aniversario CENDES, una organización que, contra viento y marea, en medio caminos tejidos por piedras, funciona y va cambiándose, asumiendo la complejidad que tejen los tiempos que corren

La fachada

Paso frecuentemente por donde está el CENDES. El deterioro de su fachada, vaticina lo peor respecto al estado en el que se encuentra la institución. Casi imposible abandonar esa sensación. Es muy difícil imaginar que los que la integran sean capaces y les sobre el empeño y la pasión para tratar de llevar a cabo, con sus lógicas e imprescindibles variaciones, las tareas que le dieron origen a la institución, transcurridas estas primeras seis décadas seis décadas.

Como postdata, no puedo dejar de señalar que pertenecí de manera intermitente al CENDES. Intermitente, digo, porque entraba y salía, aunque no me acuerdo de los motivos por los que lo hacía. Lo que si tengo siempre presente es lo mucho que le debo al personal administrativo, a mis compañeros, a mis alumnos, a mis profesores y a quienes en diversas etapas dirigieron la institución. Tengo por seguro que el tiempo nunca me será suficiente para darle las gracias a todos, por tanto.

El Nacional, miércoles 17 de noviembre de 2021

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