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Opinión

Corina Yoris-Villasana

Mientras leía estupefacta la noticia aparecida en toda la prensa internacional, cuyo titular es «Activistas escriben ‘bastardo’ en la estatua de Cervantes en el Golden Gate Park de San Francisco», con el subtítulo “La estatua del misionero español fray Junípero Serra también ha sido derribada en California», pensé inmediatamente en el terrible daño que ocasiona el fanatismo, sea del tinte que sea.

Los fanáticos se distinguen por su carencia de audición, oyen solo aquello que encaje en sus creencias más arraigadas. Al no oír nada que pueda contrariar sus convicciones llevadas al paroxismo, distorsionan cualquier idea que los confronte y alimentan de esa manera su inmoderada palabrería o acción vandálica.

Se vive una etapa llena de fanatismos. Uno de ellos, el que motiva hoy a mi artículo, es el ataque a las estatuas mencionadas. Soy consciente del riesgo que corro; ya oigo los epítetos de ¡racista, xenófoba, fascista, extrema derecha, neoliberal! Como conozco los seudo argumentos, conocidos como las falacias contra la persona, argumentum ad hominem, no me detendré a rebatir ni uno solo de ellos.

La primera reacción que tuve al leer la infausta noticia fue rechazar la traducción de bastard. Ese vocablo, usado en forma peyorativa, no significa lo mismo que bastardo en español. Sus sinónimos ingleses son evil-doer, son of a bitch, y otras lindezas por el estilo. De tal manera que no es simplemente “hijo ilegítimo”, o algo similar, lo que se le está diciendo a Miguel De Cervantes. Además, dibujaron dos cruces célticas, en las dos figuras que completan el monumento escultórico.

En primer lugar, Miguel de Cervantes, nacido en Alcalá de Henares, en 1547, no es un representante tan solo de la cultura española; es el escritor de mayor relevancia universal, se le ha llamado el Príncipe de los Ingenios. Su excelsa obra, El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha (El Quijote), es considerada como una de las mejores obras de la literatura universal; asimismo, ha sido el libro de mayores ediciones y traducciones de la historia, tan solo aventajado por la Biblia.

¿De qué crimen nefasto se le acusa a don Miguel para ser blanco de esta ola de fobia a las estatuas? ¡Pues se le acusa de formar parte de los represores raciales! Por otra parte, las dos figuras que están al pie de la estatua son Don Quijote y Sancho. A ellos les fueron pintadas dos cruces célticas. ¡Vaya, por Dios! ¡Qué incultura tan crasa y supina! En cualquier enciclopedia, libro de Historia, comentario sobre semiología, se puede encontrar la explicación del significado de las cruces célticas; ellas son vistas universalmente como un símbolo religioso y una parte de la herencia irlandesa; representan, precisamente, el legado y la fe del pueblo de Irlanda.

A quienes ven en estos hechos vandálicos reivindicaciones de los pueblos originarios, bien podrían sentarse un rato a leer sobre Historia. Los revisionismos históricos demandan, por parte del revisionista, un conocimiento profundo de los hechos para que sus razones no estén descontextualizadas. Es conocido que a los revisionistas o seudocientíficos se les suele atribuir un uso político de la historia y, por supuesto, de irrespetar la indispensable e ineludible neutralidad y espíritu crítico hacia las fuentes; cualidades cardinales en la tarea del historiador.

Y a quienes han aupado estas interpretaciones, les recomendaría que se sentaran a leer concienzudamente la monumental obra de Luis Astrana Marín, fundador de la Sociedad Cervantina, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra. Después de que lean y digieran, sobre todo esto último, pueden sentarse a discutir si don Miguel fue un bastard, un evil-doer, o deben someter a revisión sus falsas interpretaciones históricas.

Pero, no pararon allí. Se fueron contra fray Junípero Serra. Desde que fue canonizado por el papa Francisco en 2015, la figura del misionero ha sido objeto de revisiones sobre su papel en la historia de California. Lo han llegado a llamar «santo del genocidio». Varios historiadores han desmontado las mentiras sobre el fraile.

Fernando García de Cortázar, historiador español, ganador del Premio Nacional de Historia, España, dice del revisionismo del que es víctima el misionero: «Es como si hoy un soriano se pusiera a culpar a los romanos de todos sus males cada vez que pasa delante de un monumento clásico. Es decir, como si la historia se hubiera detenido para siempre cuando Escipión destruyó Numancia».

Tales revisionismos han engendrado ese fanatismo cuyo sueño no es otro que dirigir con sus trastornos emocionales la acción política.

Cuando atentamos contra el lenguaje, cuando nos olvidamos que nuestro español de América, con sus modismos y peculiaridades, ha enriquecido el idioma, cuando el esnob, imitador de las maneras y opiniones de quienes considera distinguidos (DEL), y, para usar una hermosa palabra de nuestra lengua, el petimetre, se empeña en introducir neologismos, más bien barbarismos, como el “webinar”, en esos momentos también se está mancillando, vandalizando a Miguel De Cervantes y Saavedra, a Andrés Bello, a Juan Rulfo, a Gabriel García Márquez, a Miguel Ángel Asturias, a todo cultor de las buenas letras. No en balde, cuando se habla del castellano se suele decir “la lengua cervantina”. ¿También se va a erradicar esa locución?

Quiero recordar un párrafo con el que finalicé un viejo artículo en este prestigioso diario, por allá en 2014. Decía: “(…) en una ocasión, el gran Víctor Hugo, respondiendo a una pregunta que le fue hecha sobre las bondades de los idiomas, respondió: ‘El inglés es ideal para hablar de negocios, el alemán se hizo para las ciencias, el francés es el lenguaje del amor y el español, ¡ah, el español!, es el idioma para hablar con Dios’. También se cita algo similar atribuyéndose al gran Carlos I de España, Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico”.

Estos hechos salvajes, perpetrados por fanáticos, ocasionan una fuerte erosión cultural y merecen el repudio de nuestras sociedades; y para aquellos que han mancillado valores tan sublimes como el cultivo de las artes y de la vida consagrada, la exclusión social, es decir, el ostracismo.

Junio 23, 2020

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/erosion-cultural/

 4 min


Mañana 24 de junio se cumplen 60 años del magnicidio frustrado en contra del presidente Rómulo Betancourt. El dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo no le perdonaba a Betancourt su campaña para establecer un “cordón profiláctico“ para aislar a los gobiernos no elegidos en procesos electorales transparentes y que sistemáticamente violaban los derechos humanos. Para asesinarlo el sátrapa suministró un artefacto explosivo a control remoto y recursos para esa vil acción, asociándose con venezolanos descontentos con el presidente que había sido electo apenas hacía año y medio.

Betancourt resultó con quemaduras en sus manos, lesiones en un oído y en un ojo. Lamentablemente falleció el coronel Ramón Armas, Jefe de la Casa Militar, y un estudiante que acudía al desfile en Los Próceres. Con quemaduras leves resultaron el ministro de la Defensa y su esposa. Al parecer, el atentado estaba sincronizado con un alzamiento militar, el cual no se produjo, sea porque Betancourt sobrevivió o porque no existía tal conspiración.

No es la intención ahondar sobre el mismo. Al respecto hay varios escritos. Solo pretendemos comentar superficialmente lo sucedido desde entonces. ¿Qué hubiese pasado si el presidente Betancourt hubiese sido asesinado? Durante su presidencia la extrema izquierda adoradora de Fidel Castro puso bombas, asesinó policías, organizó guerrillas y participó en sublevaciones militares; también hubo alzamientos de oficiales que seguían pensando que Betancourt era el comunista de los años 30 o que, equivocadamente, eran los llamados a enderezar entuertos. Gracias a que Betancourt los enfrentó con gran decisión el país no cayó en manos del comunismo o de militares.

Se puede o no estar de acuerdo con Betancourt, pero nadie puede señalarlo de corrupto, ni de ambicionar el poder por el poder. No quiso ser candidato en 1947, ni en 1973. Fue actor determinante en la aprobación del voto universal y directo, así como en la unión contra la dictadura de Pérez Jiménez. Algunos lo consideran el padre de la democracia. Una democracia muy imperfecta, pero perfectible. Sentó las bases para que el país progresara y quizá es el presidente con mayor visión de estadista.

Gracias a él fue posible que un presidente electo entregara el mando a otro también electo por el voto popular. Raúl Leoni tuvo que enfrentar el fortalecimiento de la guerrilla rural e inició la pacificación del país. El presidente Rafael Caldera en su primer gobierno completó la pacificación. Los presidentes citados fueron honestos y sentaron las bases para construir un mejor país Además fueron garantes de elecciones transparentes. Los tres tuvieron mentalidad estatista y propiciaron la sustitución de importaciones, sin visualizar el potencial de exportación.

Los presidentes que les sucedieron, unos más, otros menos, realizaron obras importantes. Sin embargo, una gestión gubernamental no puede evaluarse solo por las obras construidas. El país tuvo crecimiento económico, pero no desarrollo. La economía no se diversificó, se constituyeron empresa privadas, pero con las excepciones del caso, recostadas del Estado. Se predicó que éramos ricos, pero el medio rural era pobre y los servicios públicos solo tenían una cobertura limitada. Se formaron buenos profesionales, pero no buenos ciudadanos. La corrupción se generalizó y el clientelismo político alcanzó grandes dimensiones.

Con sus pro y contras todos los presidentes desde 1959 a 1999 construyeron. No pueden compararse con los destructores Chávez-Maduro. Al finalizar cada período presidencial los ciudadanos decidíamos con el voto quién sería el próximo mandatario. Hoy, eso es cuesta arriba porque el narcorégimen se prolonga en el poder con la complicidad de un Tribunal Supremo de Justicia ilegítimo y del Alto Mando militar.

Para perpetuarse designaron una pantomima de CNE, le otorgaron a unos tarifados la “legalidad” de la directiva de Acción Democrática y Primero Justicia; ya antes lo habían hecho con Copei , pretenden hacer lo mismo con UNT y señalar a VP como terrorista. Hecho ese trabajo sucio van a convocar elecciones parlamentarias. ¿Qué hacemos? ¿Votamos o no votamos? ¿Qué es lo que quiere el ciudadano común? Si boicoteamos las elecciones el régimen de todos modos las realizará y quedará rueda libre en la Asamblea contando con los diputados que le permita tener a la nano mesa. Si votamos tendremos una voz no mayoritaria en la Asamblea, pero algo se logrará. El punto es que lo que importa a la mayoría es que mejore la economía y disponer de buenos servicios de salud, educación, agua, electricidad y combustibles, lo cual hoy son muy precarios. Ahora bien, lo citado solo mejorará cuando Maduro y sus acólitos salgan del poder. A falta de otras opciones realistas, hay que seguir luchando por condiciones electorales aceptables y restitución de los derechos de los partidos políticos, ojalá contando con presión internacional. Para ello, uno de los requisitos es la unidad opositora.

¡Cómo hace falta un estadista como Rómulo Betancourt que los meta en cintura!

Como (había) en botica:

Luís Fuenmayor, suplente del parapeto de CNE, es tan fanático que niega el holocausto.

Lamentamos el fallecimiento del doctor Francisco Kerdel, un gran venezolano.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Está claro que este no es un nuevo CNE, es la continuación de los anteriores, con algunos nombres nuevos o cambiados –el mismo musiu con diferente cachimbo– pero lo ocurrido con su designación y algunos hechos posteriores, no debió ser una sorpresa para nadie.

La designación y otras medidas

Desde el momento que el grupo Mujica, Fermin, Zambrano, etc. introdujo la solicitud ante el TSJ de declarar la omisión legislativa, ya sabíamos que esto era lo que iba a ocurrir; todo lo demás fueron fuegos artificiales, incluida esa solicitud a la AN de que presentara una lista de candidatos. El TSJ sabía perfectamente que la AN no podía tener esa lista, pues nunca concluyó el proceso de selección, ni hizo siquiera el llamado para que fueran presentados candidatos de acuerdo con las disposiciones legales en la materia. De todas maneras, el TSJ ni siquiera esperó a que se cumpliera el plazo de las 72 horas –que ellos mismos establecieron– para designar y juramentar al “nuevo” CNE.

Las medidas contra AD, PJ —y pronto UNT—, mientras un rector habla de habilitar a todos los partidos políticos, son la verdadera cara del “nuevo” CNE. Estas medidas no son más que la continuación de lo que vienen haciendo hace tiempo; ya en el pasado reciente, tras la derrota sufrida por el régimen en las elecciones de 2015, han tomado medidas de cambiar directivas contra 7 partidos y hay varios más que no les permitieron relegitimarse o fueron inhabilitados. Pero las de ahora no son solo una advertencia para nosotros –no tienen nada que demostrarnos que no sepamos– están preparando el terreno para decirle a la comunidad internacional que convocarán elecciones en las que “participarán” todos los partidos, incluyendo AD, PJ, VP, UNT, etc., de donde saldrá una AN, ampliamente dominada por ellos, que les aprobará todos los contratos y acuerdos que necesitan para que Rusos, Chinos, Iraníes y Turcos sigan ayudándolos a saquear el país y algunos les presten dinero, que pagaremos con minerales y sangre.

El rector declarante.

Las declaraciones del vicepresidente del CNE, Rafael Simón Jimenez (RSJ), tampoco son una posición nueva; él tiene meses repitiendo algo similar; pero ahora, forman parte del libreto y de la misma estrategia. El grupo que él representa (Falcón/mesita), no va a propiciar la abstención, le conviene que la gente vaya a votar para sacar su cuota de diputados. El régimen posiblemente –o seguramente– los financie y aunque no los va a estorbar, tampoco les va a regalar curules, ni votos; ellos tienen que atraer sus votantes y por eso van a mantener una posición “opositora”. Ese va a ser su juego, su estrategia para desplazar a la oposición mayoritaria, que coincide con la del régimen, cuyo objetivo es acabar con la oposición democrática. Por eso el grupo Falcón/mesita va a llamar al voto y especialmente RSJ, que es un veterano político, dirá cosas que suenen a “oposición”. Lo que les interesa es confundir más a la población, pues su objetivo es convertirse en la referencia opositora del país, no por la lucha política en las calles, sino por efecto de los medios de comunicación, las redes sociales y las ventajas que el régimen les brinda. Por su parte el régimen ya logró una parte de su objetivo: la oposición democrática está más disminuida, con menos recursos, le costará más trabajo y esfuerzo movilizar a sus seguidores y el régimen tiene ahora una “oposición” leal, dócil, que participa y no representa una amenaza real.

La abstención

Aunque aún no es una posición oficial, al tenor de lo que han dicho algunos de los voceros de la oposición mayoritaria y se deduce de las declaraciones de otros, todo parece encaminado hacia la abstención. Yo he dicho que respetaré la decisión, una vez que se adopte de manera oficial, pero mientras no sea así, yo argumentaré con fuerza en favor de analizar a fondo esa decisión. Desde luego que ahora no hay las mismas condiciones que en 2005, pero si se cometerá el mismo error.

¿Por qué se abstienen los ciudadanos de votar o participar en procesos políticos y electorales? No es un tema simple, por más que lo hayamos discutido muchas veces y hoy lo tengamos nuevamente sobre la mesa. La abstención es uno de los fenómenos políticos que menos se ha estudiado a nivel mundial y particularmente en Venezuela, donde, además, hasta el año 2000 no fue un evento significativo. La Constitución de 1999 eliminó el carácter obligatorio del voto y desde esa fecha se ha incrementado la abstención. Desde 1999 las elecciones más concurridas, que suelen ser las presidenciales, la abstención más baja fue del 25,3%, en las elecciones presidenciales del 2006. La abstención más alta fue en las elecciones parlamentarias de 2005, que superó el 75%, incluso más que en la irrita elección presidencial de 2018, que fue del 57%.

Hay una máxima de los pensadores de principios del siglo pasado —como Bertrand Russell, por ejemplo— quienes decían que la política la practican las minorías porque la mayoría es indiferente a la política. Por eso, por mucho que queramos disfrazarla, la primera razón para la abstención en cualquier proceso electoral es la simple indiferencia. Y la abstención, cuando no se diferencia de la indiferencia, no solo es el morbo de la política, la negación del derecho al voto, sino también el enemigo número uno de la participación ciudadana.

¿Para qué votar?

No voy a repetir la discusión sobre el tema, consciente de que a pesar de que existen sobradas razones teóricas y filosóficas para moverse a votar, al evaluar las consideraciones actuales, también hay muchas razones que aconsejan que no se debe hacer y estoy también seguro que aun llamando a votar y superando la barrera “radical”, la oposición democrática no va a sacar la mayoría de la AN, como en 2015. No está fácil la situación en este momento, con la abstención alta que hoy se prevé, con los votos que le quitará la “oposición mesita” y con más de 2,5 millones de votos en el exterior, que aunque no votan en elecciones parlamentarias, tampoco están aquí para hacerlo personalmente. Por lo tanto, hay que prever políticas alternativas para hacer control de daños, sabiendo que convertir la abstención en una política que sea movilizadora y se distinga de la simple indiferencia requiere de un gran esfuerzo, sostenido, y de mucha capacidad organizativa, y ese esfuerzo es lo que no veo de manera concreta en ninguna de las posiciones abstencionistas.

¿Para qué votar? ¿Para qué nos ha servido la AN?, ¿Para que ir a un proceso electoral, entonces?, son preguntas válidas, pues la AN electa en 2015 no pudo lograr el anhelado fin de acabar con la usurpación, ni pudo pasar una sola ley, ni aprobar un solo presupuesto, ni un solo contrato internacional; ni siquiera sirvió para proteger con inmunidad parlamentaria a sus diputados, pues el régimen violó esa inmunidad cuando le dio la gana, apresando diputados u obligándolos a irse al exilio. Ni siquiera sirvió como justificación económica para sus integrantes, para contar con un grupo de funcionarios con un salario, dedicados a la política, pues los diputados no cobran sus sueldos y viáticos hace años. No obstante, la verdad es que hay que reconocer que lo que hizo, poco quizás, según algunos, fue en realidad mucho para las precarias condiciones en las que trabajaron. Por lo que se impone evaluar, aunque solo sea un ejercicio retórico, la importancia de la AN con base en lo que demostró en los cinco años transcurridos desde 2015.

Importancia de la AN

Aún en las precarias condiciones en que se desenvolvió la AN, los diputados investigaron, denunciaron, acompañaron a muchos en sus protestas, defendieron presos políticos y un largo etcétera, que sería mezquino no reconocerles. Pero es evidente que la labor parlamentaria fundamental de legislar, de ser foro de discusión, de diálogo político, de control legislativo sobre el gobierno, no lo pudieron ejercer. Y aunque la oposición volviera a ganar la AN como en 2015, algo improbable, pasaría lo mismo, se repetiría la historia.

Pero hay que reflexionar en algunos hechos, porque –al margen de los valores democráticos y de preservar el derecho al voto, esa conquista, ese logro cívico tan importante– la AN, aun en su precaria condición sirvió –y no es poca cosa– para mantener un Gobierno Provisional, un Presidente Encargado, el reconocimiento y la legitimidad de ese gobierno y ese presidente, a nivel internacional, creando una dualidad de poder en el país, que algunos critican –tenemos dos presidentes, dos Asambleas, dos fiscales generales, dos TSJ– pero que ha sido fundamental para mantener viva a la oposición y a la resistencia democrática.

La oposición democrática, que es mayoritaria, tiene que mantener el respaldo de la comunidad internacional, con argumentos algo más sólidos que la ficción de que debido a la forma ilegal en que se designó el CNE, la elección parlamentaria está viciada de ilegalidad, es nula y por lo tanto la AN de 2015 continua, sigue vigente, mientras no se realice una elección “legitima”. Eso es algo difícil de aceptar. Esa posibilidad de un gobierno provisional, a partir de una AN, ya no será posible, por lo tanto, tendremos que definir como se mantendrá ese apoyo internacional, a través de los partidos democráticos y las instituciones y organizaciones de la sociedad civil.

Y hay un último aspecto a considerar. La AN jugó un papel fundamental de contención del régimen y de freno a sus desmanes y apetencias y las de sus socios/cómplices internacionales. Aunque la AN no legisló, “no hizo nada”, según algunos –que ya vimos que no es cierto– tampoco dejó hacer, pues impidió las deudas que el régimen intentó contraer y todos los contratos que quiso firmar para desangrar al país, en complicidad con Rusia, China, Irán y Turquía. Como se ve, es mucho lo que está en juego, como para dejarlo a la deriva, al albur de una comunidad internacional que nos quiera, o pueda, seguir apoyando. Habrá que trazar ahora una estrategia, nada fácil, para impedir que esto ocurra.

Conclusión final

A pesar de las últimas acciones del régimen en contra de los partidos políticos democráticos, no ha logrado su objetivo de dividir a la oposición mayoritaria; probablemente la ha unido más. Donde sí ha sido exitoso es en desmoralizarla –y a la población–, en cuanto a participar en el proceso electoral. El régimen sabe, que en materia electoral, no hay nada que irrite y ofenda más a la oposición democrática y al país que la imposición de un CNE por su obsecuente TSJ. Se garantiza así la abstención de la oposición democrática y consolida más su futuro triunfo. Ya no serían necesarias trampas como la de las últimas elecciones de gobernador en el Estado Bolívar”: actas mataron votos y un conteo manual anulo el triunfo opositor obtenido en las máquinas de votación.

Pero, aun si finalmente se decide no participar, o en el supuesto, hoy negado, que se participe y se pierda –con o sin fraude–, no se acabará el mundo, no desparecerá la política, ni la idea de libertad y democracia; ya hemos estado allí y en peores condiciones, sin el apoyo y reconocimiento internacional que hoy tenemos y con unos partidos algo más amalgamados entre sí, a pesar de los golpes recibidos, o quizás gracias a ellos. Simplemente pasaremos a otra fase de la lucha y la resistencia.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 9 min


Las acciones del Gobierno para neutralizar a la Asamblea Nacional electa en diciembre de 2015 y así gobernar sin tener que someterse a su control no solo le han valido la repulsa de la comunidad internacional, sino que además ha deteriorado aún más la ya maltrecha imagen de las instituciones venezolanas, incluidas las policías.

Así lo sostiene el informe El servicio de policía venezolano: Entre la realidad y la percepción (2000-2019), en el cual se afirma que desde 2015 el porcentaje de ciudadanos víctimas del hampa que acuden a los cuerpos de seguridad para reportar lo ocurrido no ha hecho más que reducirse a medida que el chavismo ha ido estrechando el cerco contra el Parlamento y haciéndose con el control absoluto del país. En 2015 65% de los afectados por el crimen no denunciaron lo que les pasó, en 2016 el número subió hasta 66% y en 2017 llegó a 69%, de acuerdo a datos de la Encuesta sobre Condiciones de Vida (ENCOVI) citadas en la investigación.

En el reporte se lee lo siguiente:

«La institucionalidad en Venezuela se ha visto disminuida por falta de mecanismos sociales que garanticen a los ciudadanos la seguridad jurídica y la imparcialidad e independencia en el ejercicio de los poderes públicos. Las instituciones se han visto mermadas por el poder de una minoría política y militar en el gobierno, por encima del poder ciudadano, actuando con discrecionalidad y violando derechos humanos. La consecuencia de ello ha sido la desconfianza y deslegitimación de las instituciones de la administración de justicia, entre ellas las instituciones del sistema policial. De allí que la no denuncia de delitos sea una conducta recurrente en las víctimas de delitos, porque saben que sus casos no van a tener ningún seguimiento por parte de las autoridades correspondientes».

Otro dato que corrobora que en los últimos años se ha producido en la ciudadanía un aumento de la desconfianza hacia los cuerpos de seguridad es que el 55% de los ciudadanos afirmó sentirse más protegido informando a sus vecinos sobre cualquier incidente con el hampa respecto al 30% que afirmó creer que la policía protege a los ciudadanos frente a la delincuencia. Estos datos figuran en la Encuesta de Violencia y Letalidad Policial que el Observatorio Venezolano de Violencia realizó entre finales de 2019 y principios de 2020, a cuyos resultados también hace referencia el informe de Acceso a la Justicia.

Pero si lo anterior no fuera suficientemente grave, en el estudio se recuerda que el Latinobarómetro de 2018 arrojó que los venezolanos son quienes menos se fían de sus Fuerzas Armadas con el 19%; de su policía, 12%; y de su Poder Judicial, 18%.

Por su parte, los datos proporcionados por la Encovi en sus cuatro ediciones permitían calcular que en promedio para el lapso 2014-2017 47% de los encuestados calificaba como malo y muy malo el trabajo realizado por la Policía y solo un 10% lo consideraba bueno o muy bueno, es decir, «por cada opinión favorable sobre el trabajo de la policía había casi cinco personas que opinaban desfavorablemente sobre el trabajo de los cuerpos policiales».

Caída sospechosa

En el documento, de treinta y siete páginas de extensión, se pone en duda la rigurosidad y veracidad de los datos en materia criminal aportados por las autoridades en los últimos años y los cuales dan cuenta de una drástica caída en el número de delitos registrados en el país. Así, de 2016 a 2018 se habría pasado de 216.427 delitos a 114.203.

Para sustentar las sospechas, en el reporte se recuerda que casi en el mismo periodo el número de venezolanos que dijeron ser víctimas directas o indirectas del hampa aumentó no disminuyó, como ocurriría si fueran ciertas las cifras antes mencionadas; de hecho, el número de víctimas del crimen osciló entre 18% y 23%, de acuerdo a datos manejados por la Encovi y por el OVV.

Este estudio es la continuación de otro presentado por Acceso a la Justicia recientemente, bajo el título de Visión panorámica del sistema policial en Venezuela (2000-2018) y en el cual se advertía que en el país hay más policías de los necesarios, pero que los mismos ni están bien entrenados ni equipados para cumplir eficientemente su función; y que las recomendaciones de la Comisión Nacional para la Reforma Policial (Conarepol), entre las cuales figuraba la profesionalización de los cuerpos de seguridad y su desmilitarización, no se habían implementado, lo cual explicaba por qué los índices delictivos no habían disminuido dramáticamente y por qué la ciudadanía no se sentía más segura.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

Los venezolanos reprueban a sus policías y por ello evitan acudir ante ellas, incluso aunque hayan sido víctimas del hampa. ¿Cuál es la consecuencia de esta situación? Que los delincuentes quedan impunes, pues si no hay confianza en la institución policial y las personas no hacen sus denuncias, es difícil la actuación policial para el combate del crimen.

Los datos contenidos en este informe deberían servir de reflexión para las autoridades, las cuales deberían comenzar a aplicar las leyes vigentes y las propuestas emanadas de la famosa Conarepol, que nunca fueron aplicadas.

Para leer el Informe, pulse

https://www.accesoalajusticia.org/wp-content/uploads/2020/06/Boletín-del-informe-El-servicio-de-policía-venezolano.-Entre-la-realidad-y-la-percepción.-2000-2019.pdf

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Julio Dávila Cárdenas

Venezuela es hoy una nación agobiada por inmensos problemas y cuando hacemos referencia a ella, estamos hablando de su población, de su estructura como país. Todos quienes en ella habitamos no sólo somos testigos de esa situación, sino que sufrimos de penurias inimaginables para otras poblaciones que carecen de los inmensos recursos con los que aquí se cuenta, o contaba.

De acuerdo con el Fondo para la Paz, un Estado se podría catalogar como fallido, cuando siendo un Estado soberano ha fallado en su capacidad de garantizar los servicios básicos. No sólo eso, la injerencia de otros países en sus asuntos haya hecho que pierda el control físico de su territorio, así como también haya ido perdiendo el monopolio del uso legítimo de la fuerza cuando el mismo es compartido con paramilitares armados por el régimen y provenientes, en gran cantidad, del mundo de la delincuencia.

Pero, si esto fuera poco, se debe agregar que no existe una autoridad legítima para la toma de decisiones y sesenta de las naciones más importantes no reconocen legitimidad a quienes hoy dicen dirigir al país, por lo que se encuentra incapacitado para interactuar con muchos otros Estados.

Si a esto unimos el evidente fracaso social, económico y político en que nos encontramos sumergidos y la existencia dentro del régimen de enormes casos de corrupción, así como los señalamientos que se le hacen de proteger a organizaciones terroristas y narcotraficantes y haber provocado que millones de personas se desplacen hacia otros países, no debería quedar duda sobre lo que acontece en Venezuela.

Para nadie es un secreto que la principal fuente de ingresos del país, es decir la industria petrolera se encuentra en desastrosa situación. Hoy el régimen está incapacitado de producir la gasolina necesaria para la movilización del país. Pdvsa fue dedicada por Chávez y Maduro a cumplir labores proselitistas, para lo cual despidió al personal calificado con el que contaba e ingresó a decenas de miles que en gran medida medraban de ella.

Los servicios de salud, en esta época de pandemia, no cuentan con los recursos, equipos, suministros y personal necesarios para enfrentarla. La calidad de la educación que se brinda a los estudiantes es cada vez peor. El deseo de tomar el control de las universidades autónomas, fuente de resistencia al régimen, ha hecho que sus ingresos sean insuficientes y tardíos.

Las persecuciones políticas están a la orden del día. Ahora pretender realizar unas elecciones para la Asamblea Nacional, para lo cual han ordenado designar como rectores del Consejo Nacional Electoral a individuos que en su mayoría obedecen las instrucciones del régimen, con lo que dichas elecciones tendrán de todo, menos trasparencia y pulcritud.

La resiliencia es la capacidad que se tiene de superar los obstáculos. Los habitantes de lo que fue un gran país, estamos obligados a la resiliencia, a unirnos para alcanzar un gobierno honesto y capaz. De cada uno depende lograrlo.

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​José E. Rodríguez Rojas

En los últimos años los precios del petróleo han disminuido en forma sostenida, lo que ha reducido la rentabilidad del negocio petrolero global, haciendo que los inversores pierdan interés en la actividad y reorienten sus capitales hacia otras alternativas. Los países con elevadas reservas, como Venezuela, corren el riesgo de que tengan que dejar las mismas en el suelo, debido al poco interés de los inversionistas en explotarlas. Ello soporta el planteamiento de Conindustria sobre la necesidad de buscar alternativas a la producción de petróleo.

Durante los últimos años la producción petrolera se desarrolló en un entorno en el cual predominaba la idea de que las reservas se habían agotado, en consecuencia la producción se expandía en función de lo que producían los campos existentes. El temor por el agotamiento del petróleo creó el ambiente para nuevos proyectos y emprendimientos como fue el caso del fracking en los Estados Unidos y nuevos proyectos costas afuera en Noruega y Brasil. Ello impulsó la producción no Opep y posicionó a los Estados Unidos como el principal productor de petróleo a nivel mundial.

En este contexto Arabia Saudita inició una guerra de precios impulsando la producción a fin de provocar la salida de las compañías que laboran bajo el sistema fracking del mercado, sin embargo las inversiones que realizaron dichas compañías lograron sorprendentes incrementos de productividad que permitieron competir exitosamente y superar la guerra de precios planteada por los sauditas. Los precios bajaron a tal nivel que afectaron las finanzas de los árabes los cuales se vieron obligados a abandonar su estrategia y recortar la producción para impulsar los precios.

Los precios se recuperaron pero en abril del 2020 la pandemia y el confinamiento colapsaron la demanda de combustibles iniciando un nuevo episodio que llevó los precios a niveles que hacían poco o nada rentable la actividad petrolera. Ello provocó nuevos recortes que llevaron los precios a niveles cercanos a los 40 dólares el barril en el periodo más reciente.

Todos estos episodios marcaron una tendencia sostenida a la disminución de los precios del crudo de 2015 en adelante lesionado la rentabilidad del negocio petrolero, llevando la misma por debajo de los costos del capital o sea la tasa de interés que cobran los bancos por los créditos concedidos. Ello ha presionado a los inversionistas a alejarse de la actividad petrolera y buscar otras opciones generándose un colapso en la inversión en la actividad petrolera global.

La caída de la rentabilidad afectará a los emprendimientos como los del fracking. Existe un consenso que el crecimiento del fracking americano en la década del 2020 será débil en comparación con el boom previo. Las inversiones, que generaron impresionantes incrementos de productividad en el sistema fracking, han disminuido. Los inversores pueden obtener mejores retornos en otras partes.

El colapso de las inversiones que se inició antes de la pandemia, ha cambiado el panorama del mercado petrolero. La Agencia Internacional de Energía (IEA), un organismo internacional especializado en proyecciones a largo plazo, estima que la inversión en exploración este año caerá a su nivel más bajo desde el año 2005. El banco Golman Sachs espera que la producción de crudo no Opep se estanque en la década del 2020, no debido a la geología sino a la carencia de inversión. Bernstein, una firma de investigación, piensa que la oferta no Opep, la cual aporta el 60 % de la producción global llegará a un pico en el 2025 y luego se mantendrá a nivel del último año.

La caída de la inversión ha agitado el debate sobre el futuro de la producción de crudo. Bernstein examinó las 50 compañías de energía más grandes fuera de la Opep y el caso de la extinta Unión Soviética. En el año 2019 ellos reinvirtieron un promedio de 64% de su flujo de caja operativo. El promedio en el largo plazo fue de 87%. La pandemia ha agudizado el asunto. Los productores han cerrado campos, retardado proyectos y contraído drásticamente la inversión. Se estima que el 15% de los emprendimientos clausurados no se reiniciarán. La IEA estima que la inversión que se traduce en incremento de la oferta será 33% menor este año que en el 2019 y 62% más baja en comparación al elevado nivel que alcanzó en el 2014.

En el contexto descrito, “si el apetito por petróleo disminuye en el futuro debido a los cambios de hábitos, tecnologías limpias, o regulaciones ambientales, los países con vastas reservas (como Venezuela) corren el riesgo de tener que dejar sus reservas debajo del suelo”.

En el hipotético caso que un gobierno de signo contrario al actual desee recuperar la industria petrolera venezolana, actualmente en ruinas, tendrá la dificultad de conseguir inversionistas extranjeros interesados en participar en la reconstrucción de la industria los cuales no abundarán. Ello confirma lo planteado por Conindustria, la recuperación de la industria petrolera será lenta y llena de dificultades. Por ello es necesario priorizar otras actividades que provean las divisas que necesita el país para sustituir las que en el pasado suministraba la actividad petrolera, como la industria, el turismo, el sector agroalimentario.

Referencia:

La mayor parte de este escrito está basado en una síntesis de un artículo publicado recientemente por la revista The Economist: The Economist. 2020.“Investment in oil supply has collapsed, it may no roar back”. Jun 11th 2020.

Profesor UCV

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Carlos Raúl Hernández

Las medallas olímpicas de los holocaustos habría que distribuirlas así. Oro al mayor genocida de todos los tiempos, Mao Zedong, cuyas obras magnas, el Gran Salto hacia Adelante y la Revolución Cultural, llevaron a la muerte entre 50 y 70 millones de chinos. Parte de esos cadáveres fue al aparato digestivo de sus familiares, en oleadas caníbales por las hambrunas comunistas. Plata para Stalin, con cerca de treinta millones. Y por “la derecha”, Hitler con cerca de 7 millones de esqueletos al lomo.

Estos crímenes coinciden con una categoría política moderna, la dictadura totalitaria. Un régimen político revolucionario, iliberal, feroz, que reorganiza la sociedad desde su médula para erradicar diferencias sociales e injusticia, que daría a luz al hombre nuevo. No una dictadura sino un poder revolucionario total desde la raíz y los valores. El socialismo redimiría la alianza obrero campesina y el nacionalsocialismo la raza aria oprimida. Las medallas se adjudican a partir del número absoluto de defunciones, pero si juzgáramos a partir de criterios ponderados, relativos al volumen de la población, el terminator camboyano, camarada Pol Pot no tendría rival.


Formado en París por Louis Althusser, filósofo marxista que ahorcó a su esposa (en las memorias, Devenir por largo tiempo, escribe “mi drama es que soy una estafa intelectual”), Saloth Sar o Pol Pot, compañero de curso de Jaques Derrida, Gilles Deleuze, Regis Debray, Michel Foucault, extermina un tercio de los camboyanos. En Ruanda, continente negro, hutus masacraron a tutsis Los holocaustos no tienen padre. Los Estados los niegan directa o indirectamente, o tratan de justificarlos.

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El último en enterarse
Sartre no discutía si fueron o no ciertos los crímenes masivos, sino apoyaba incondicional las tiranías de China y Cambodia. Uno de los influencers políticos más conocidos del siglo XX, y mentiroso infantil, Noam Chomsky, los ignora o los niega. Genocidio se convirtió e categoría técnica, pero Stalin y sus cómplices en los organismos internacionales movieron los dedos para diseñar definiciones que excluyeran los crímenes masivos comunistas del concepto que finalmente se aprobó.

Los pronazis en desgracia, como no gozaron de este poder excomulgados después de la Segunda Guerra, simplemente negaron lo ocurrido, en coincidencia con el fundamentalismo islámico. Para ello se valieron de personajes de muy escasa importancia, por lo que el negacionismo del holocausto judío es más un chiste que otra cosa, tal como los terraplanistas californianos refutan la redondez del planeta. Los que rechazan al pueblo judío tienden a creer todo lo malo que se diga de él.

Según el efecto Kruger-Dunning, cualquiera puede decir una imbecilidad y conseguirá adeptos que la crean, la repitan y mejoren los argumentos, mucho más en la era de la post verdad digital. Nadie con la menor credibilidad ha negado jamás el holocausto judío y para los alemanes sería tan grotesco (y necrófilamente ridículo) semejante debate después de Auschwitz, Treblinca y Dachau, que establecieron delito siquiera mencionarlo.

Uno de los actos más notorios de negación del holocausto judío fue una reunión que convocó Ahmadinejad, aquel presidente ultra, que como todos los radicales, llevó Irán varios peldaños más abajo en su desgracia. Reunió en Teherán en 2008 un foro de atorrantes, aventureros, farsantes académicos y simples gorrones universitarios, para darle respaldo al disparate.

Miente que algo queda
Mucho peor que la de Leopoldo II de Bélgica en Congo, la mayor masacre de África se perpetró en Ruanda y exterminó un millón de tutsis. Pero se reunió en Canadá un grupo de intelectuales para salvar la cara de sus revolucionarios para responsabilizar del genocidio a los medios de comunicación. En Ruanda había un solo medio, la emisora del gobierno revolucionario Radio Televisión Mil Colinas que realizó la campaña de odio y dio instrucciones detalladas para la masacre.

Somos proclives a dudar de fenómenos que refutan nuestros prejuicios firmes, nuestras inclinaciones de fe, incluso cuando se trata de experiencias vividas (santo Tomás dijo “ver para creer” pero la epistemología evidencia que es más bien “creer para ver”). Además, conocemos los fenómenos a partir de lo que la información nos dice de ellos. El negacionismo se caracteriza por desmentir incluso contra toda evidencia. “Miente que algo queda”.

Conocemos los fenómenos a través del lenguaje y hace tiempo Voltaire dijo que “con frecuencia el lenguaje es un ejercicio para ocultar el pensamiento”. Agreguemos que, el pensamiento suele ser un ejercicio para ocultar la realidad. Lo que creemos o queremos creer dificulta conocer los hechos. Fidel Castro y el Che asesinaron miles de cubanos y sumergieron en miseria a toda la población, y en el mundo, hasta hace poco, se les aclamaba como héroes, particularmente gran parte de la intelectualidad.

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Según Arendt y otros, amplios sectores del pueblo alemán no tenían conciencia muy clara de lo que pasaba en los campos de exterminio y, además, no querían tenerla ni dudar del fuhrer. En el caso caribeño, los balseros eran despreciables gusanos, contrarrevolucionarios, agentes del imperialismo. Los nazis hablaban de llevar los judíos a la “tierra prometida”, y de “solución final”.

@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/73415/record-de-sangre

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