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Opinión

Si he entendido bien, lo esencial de la estrategia común que se han trazado los hombres del presidente Guaidó y el elenco de operadores estadounidenses encabezado por Mike Pompeo y John Bolton estriba en que una unidad del Ejército bolivariano se sustraiga a lo que los expertos en estas cosas llaman “la cadena de mando”.

Puesto en román paladino, a eso se le llama “pronunciamiento” y, a despecho de algunos inactuales izquierdistas españoles, mexicanos y uruguayos, es lo que patrióticamente desean millones de demócratas venezolanos con el fervor con que un chamán invoca las deidades que propician buena caza y buena pesca.

Ha habido un goteo de declaraciones militares de acatamiento al presidente Guaidó —nuestro legítimo jefe de Estado interino, que no “autoproclamado”—, pero hasta ahora se ha tratado de oficiales que, corajudamente, se han manifestado sin más poder de fuego que el valor civilista de su palabra y su ejemplo. Casi inmediatamente todos ellos se han visto reducidos a prisión.

Lo que la imaginación colectiva echa en falta es un cuerpo acantonado en un sitio significativamente estratégico, con nutrido número de animosos oficiales y efectivos de tropa suficientemente bien armados como para asegurar el control de, digamos, un campo de softbol y una pista de 3000 pies de largo a la que se pueda invitar los C-17 de la fuerza aérea gringa que uno imagina repletos de instrumental quirúrgico, ciclosporina para diálisis y leche de soya formulada para bebés.

A partir de un episodio semejante es razonable esperar que el Ejército chavista, ese partido armado que hoy vocea su disposición a dar la vida por Nicolás Maduro, comenzaría a derretirse como en su momento le ocurrió la Guardia Republicana de Saddam Hussein.

Como quiera que todas las provisiones constitucionales han sido ya cumplidas por la Asamblea Nacional, el nuevo, legítimo Gobierno —provisto ya de recursos financieros con que comenzar a echar adelante la transición democratizadora— vería entonces crecer el imprescindible sustento militar criollo en cuestión de horas y solo faltaría hallar el paraje soleado junto al mar. ¿Varadero?, ¿la Riviera turca?, donde no solo John Bolton imagina el retiro de Nicolás Maduro y el principio del fin de la “troika de las tiranías”: Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Una pléyade de oficiales cuyos rostros y nombres aún no conocemos estaría ya por entrar a escena y, como diría un guionista de teleseries, ese sería el punto de giro de la trama que precipite los últimos quince trepidantes minutos del episodio.

Sin embargo, los generales y coroneles constitucionalistas que la señora Rocío San Miguel —cabeza visible de un prestigioso observatorio de la institución armada venezolana— asegura que existen, como existen los hipogrifos y los unicornios y otros seres mitológicos, no se han dejado ver aún. Al parecer, trabajan en las profundidades de los cuarteles, como nibelungos en el lecho del Rin, aguardando a que la sociedad civil siga poniendo los muertos mientras llega el momento de actuar.

Lo anterior puede sonar impío e indiferente al sufrimiento de centenares de insumisos militares venezolanos que, es notorio, hoy sufren ignominiosa prisión en mi país, pero es también solo una versión de la impaciencia que consume a una inerme población a la que los vertiginosos acontecimientos de enero y lo que va de febrero inducen a pensar que el fin de la trágica crisis humanitaria debería estar cerca.

Ya en otra entrega aplaudimos la brillantez de la estrategia política desplegada tan cabalmente por el presidente Juan Guaidó y que entraña flanquear a los hombres de armas venezolanos con el reclamo legalista de que asuman su deber de restituirle a la nación el apego a la norma constitucional y garantizar el retorno a la alternabilidad democrática.

Para ello, y es lo singular del trance que atraviesa Venezuela, no hace falta cruzar disparos ni comprometer la soberanía territorial. Solamente se requiere despejar resueltamente, contra la crueldad y los designios tiránicos de Maduro, el ingreso de ayuda humanitaria.

El fin de la usurpación y el llamado a elecciones verdaderamente libres vendrían, por añadidura y de modo natural. No sería una salida ilusoria a la crisis: sería el triunfo del talante pluralista, propenso a la paz y la concordia, que desde siempre ha caracterizado a la más noble inteligencia venezolana.

@ibsenmartinez

El País

11 de febrero de 2019

https://elpais.com/internacional/2019/02/11/america/1549925344_877412.html

 3 min


La tarea de sacar a Maduro es un proceso indetenible en pleno desarrollo. Salir de un régimen totalitario apoyado por muchos corruptos en la Fuerza Armada y en el ilegal Tribunal Supremo de Justicia no es una tarea fácil, pero ya es un hecho irreversible.

Costó que muchos entendieran que esas “ventanas de libertad” que dejaba abiertas el régimen eran solo una pantalla para engañar incautos. Desde sus inicios evidencio que su propósito era destruir o debilitar al sector privado, promover escasez de bienes y servicios y crear hiperinflación, apoderarse de las instituciones del Estado, aplicar una censura informativa selectiva, desacreditar a políticos y poner presos u obligar a exiliarse a quienes le eran incómodos, todo con el objetivo de intentar someter a la indoblegable sociedad venezolana y perpetuarse en el poder

La tarea de sacar a Maduro está por finalizar exitosamente. Solo hay que tener un poco más de paciencia y de perseverancia. La tarea que no se ha iniciado es la de garantizar la gobernabilidad posterior. El ingeniero Juan Guaidó, Presidente de la República(e), dio un primer paso al hacer un llamado a todos los venezolanos a reconciliarse, así como a establecer contactos con el llamado chavismo disidente e instar a la Fuerza Armada a apegarse a la Constitución. La Ley de Amnistía es un avance en esa dirección.

La recuperación del país será muy difícil y requerirá de un acuerdo entre los partidos políticos de la oposición que, además, cuente con el consenso de sindicatos y otras organizaciones no políticas. Este pacto debería ser de al menos diez años, incluyendo el período de transición.

Los objetivos deberían ser: 1- apoyar unánimemente al presidente(e) Guaidó. 2- Aprobar un plan país que ojalá restrinja las funciones Estado a ocuparse de educación, salud, seguridad e infraestructura 3- Lanzar un candidato unitario para la elección cuando finalice la transición.

La transición tendrá muchos impedimentos. Los recursos para la recuperación de la economía se conseguirán, pero los resultados no serán de inmediato, por lo que habrá muchas presiones sobre Guaidó. Su gobierno provisional se desarrollará en circunstancias muy diferentes a los de Larrazabal y de Ramón J. Velásquez. No podrá simplemente surfear al compás de las olas. Ello requerirá apoyo franco y comprensión. La disponibilidad de alimentos se puede normalizar con ayuda humanitaria, control de la inflación y apoyo a la agricultura. Satisfacer la demanda de medicinas y repuestos será de menor complejidad.

Lo espinoso será el manejo del excedente de empleados públicos, así como la situación de los miles de trabajadores del Estado que fueron despedidos ilegalmente, sea por firmar la solicitud de referendo revocatorio en contra de Chávez, por no sacar el Carnet de la Patria, por negarse a asistir a marchas oficialistas, por no obedecer órdenes violatorias de leyes y reglamentos o por sumarse a un paro cívico.

Asumimos que muchos de los nuevos empleados en la administración pública y en empresas del Estado son competentes. Por lo que nada deben temer. Lamentablemente, otros son solo activistas políticos que no agregan valor y por ello tendrán que ser despedidos respetando sus derechos laborales.

Con respecto a quienes fueron despedidos ilegalmente, el nuevo gobierno debe hacer justicia y reconocer la nulidad de esos despidos. Una vez reparado el atropello, cada caso tendrá que ser analizado para determinar si corresponde jubilación o si puede ser reenganchado en el mismo o en diferente organismo u empresa del Estado. La compensación por derechos laborales tendrá que ser producto de una negociación sobre el cómo, cuánto y el cuándo. Al respecto puede servir de guía la experiencia del manejo de la situación de los oficiales y profesores universitarios retirados por el dictador Pérez Jiménez.

La Fuerza Armada y Pdvsa son el problema más complejo, tanto por el número de los afectados, como por la politización. Para lograr que se haga justicia y no alborotar el avispero, el presidente (e) Guaidó tendrá que designar un Alto Mando y una directiva de Pdvsa con méritos reconocidos. El personal de la Fuerza Armada y el de Pdvsa y filiales deben percibir que quienes asuman el mando no van a “penalizar” injustamente a quienes hoy ocupan cargos por mérito, ni “premiar” indebidamente a quienes fueron despedidos ilegalmente y regresan a esas organizaciones. Para la Fuerza Armada no es prudente asomar nombres. Para Pdvsa se ha señalado al joven ingeniero Gustavo Baquero, quien tiene experiencia en el área petrolera y la ventaja de no haber trabajado en Pdvsa. Es un buen candidato, entre otros posibles. Desde luego debe ir acompañado por profesionales con experiencia de producción y refinación en Venezuela, así como del manejo de recursos humanos.

Como(había) en botica:

Hoy, martes 12, nuestro embajador en Canadá Orlando Viera -Blanco, estará conversando con los venezolanos en Toronto a las 5:30 PM, en YWCA, 87 Elm St.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

¡Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Esta frase es famosa en nuestro país por ser la que pronunció el general Eleazar López Contreras a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1936.

¿Quién era Lopez Contreras?, venía de ser el Ministro de la Defensa del llamado “Benemérito”. uno de los más feroces dictadores que, hasta esa fecha. había conocido nuestro país. Pero sobre todo. es recordado como el fundador de las Fuerzas Armadas modernas de Venezuela.

Este hombre austero llevó adelante un proceso de transición que iba encaminado al restablecimiento de la democracia en el país. En esa época, como es lógico, había mucho odio acumulado por los crímenes y vejaciones de toda índole cometidos por una tiranía qué subyugó a la nación por un lapso de 27 años, y la sed de venganza unida al deseo de acelerar las reformas que permitieran elecciones universales y secretas en el menor tiempo posible.

Con su lema calma y cordura López Contreras pretendía hacerle entender a los actores políticos que pasar de una dictadura a una democracia no podía hacerse a la carrera y que se requería mucha sensatez, pero sobre todo paciencia, para que los cambios se produjesen sin derramamiento de sangre.

Hoy estamos en una situación parecida, nos encontramos en una dictadura que se niega a rendirse y una democracia incipiente que trata, por todos los medios a su alcance, de lograr el fin menos cruento del régimen e iniciar el proceso de reconstrucción de las instituciones, la reconciliación nacional y la recuperación del bienestar necesario para poder vivir en paz y bajo el manto protector del estado de derecho.

Hoy, los venezolanos debemos, más que nunca, hacer nuestras esas palabras que nos invitan a actuar de manera reflexiv,a y entender que la prisa en la toma de decisiones no es garantía de un cambio sostenible y perdurable. Por ello, para lograr lo que tanto anhelamos es indispensable tener calma, pero sobre todo cordura.

Vamos bien y si seguimos, paso a paso, la ruta que nos señala nuestro presidente interino, Juan Guaidó, más temprano que tarde saldremos de esta pesadilla y podremos ver la luz de un país que amanecerá pletórico de esperanzas.

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Los aciertos y errores de los últimos 60 años nos pueden orientar para construir el país para todos.

El gran acierto del régimen anterior fue avanzar en el pluralismo democrático. Su gran error fue implantar un pluralismo limitado, partidocrático, en vez de alcanzar un pluralismo efectivo en el que cada sector pudiera, con autonomía y verdadero acceso, participar en los procesos de toma de decisiones públicas. En esta limitación se basan las demás.

Por ejemplo, los grandes errores económicos: la política rentista de altos precios y bajo volumen de petróleo, la sobre valuación del bolívar (que castró las exportaciones privadas, promovió las importaciones y el desempleo), el control de cambio y de precios, y el reparto populista no eran verdaderas políticas económicas ni quienes las aplicaron fueron mentalmente torpes. ¡No! Fueron políticos muy inteligentes que convencieron al pueblo de que con esos disparates los defendían contra la avidez empresarial, cuando lo que perseguían era limitar la empresa privada y a un sindicalismo autónomo que pudieran retar el poder de los partidos.

Por supuesto, el chavismo se convirtió en un régimen peor que el anterior en la medida que no cambió sino que profundizó estas reglas de juego: La partidocracia se convirtió en una autocracia y, con ello, profundizó la Polarización, el Presidencialismo, Centralismo, Estatismo, Populismo y Rentismo Petrolero. Nicolás Maduro la transformó la autocracia en un régimen militar para sostenerse.

En lo político, la regla de desconfiar todos los sectores de todos los demás sectores ha sido el origen de nuestros errores

Si queremos aprender algo de los últimos 60 años, es obvio que necesitamos un Plan País que sea pluralizador y no partidocrático, militarista ni autocrático; descentralizador; privatizador; despresidencializador, despopulizador y que arranque de raíz el rentismo petrolero, ahora también de otras fuentes (minas de esclavos y eunucos políticos). Pero, lo que no es obvio es que, para que ese Plan sea implementado, se necesita arrancar y seguir con un gobierno multisectorial y no sólo de partidos.

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La torpe decisión política por parte del régimen autocrático militarista de bloquear e impedir el paso en el costado nor-sur Occidental de la Ayuda Humanitaria, ha creado dos graves realidades políticas inmediatas, que impactan la fragmentada situación del régimen que azota al país incrementando el riesgo de “conflicto militar en el costado nor-sur Occidental”. Al igual que ha hecho explotar un vector de indignación ciudadana en contra de los uniformados bajo la responsabilidad de Padrino López. Todo ello como consecuencia de una conducta primitiva e inhumana de impedir el paso de la Ayuda Humanitaria así ha impactado entonces a la Venezuela política y se abre a una confrontación entre la ciudadanía democrática y al cuerpo armado y en sus cuarteles de dominación.

La torpe decisión política desestima el profundo drama de la salud y el requerimiento de medicina e instrumental médico, para apoyar una responsabilidad vital que este régimen criminal no ha podido cumplir, y por ello, siente que con la Ayuda Humanitaria que requiere el venezolano se verificara su brutal incapacidad como gobierno fracasado para cumplir con una de las más importantes demandas: la salud. Cobarde y arbitrariamente el régimen ordena de forma primitiva militarmente cerrar el paso a la Ayuda Humanitaria para demostrar que le importa poco la salud del venezolano y mucho menos… el rechazo de ayuda a millones de ciudadanos que hastiados de la dictadura Castrochavista por incapaz ,corrompida e inmoral no pueden entender su fracaso en su función de gobierno.

La decisión política de bloquear la Ayuda Humanitaria muestra a efectivos del cuerpo armado en apoyo a tan grave acción armada y peor aún… a la condición inhumana de un régimen totalitario que ha perdido el respeto, a tal extremo que emplea las bocas de fuego para intimidar al venezolano enfermo, necesitado y en crisis de salud, que por necesidad y en atención a lo previsto en la Constitución tiene derecho a la salud. Derecho a la salud que lo potencia a estar dispuesto…hasta cercar los cuarteles o agrupaciones armadas para exigirle que cumplan con la Constitución y con los deberes propios de quienes están obligados a la defensa de la República, y no y nunca a bloquear el paso de la Ayuda Humanitaria dándole pie a que el demócrata cerque los cuarteles.

¡Cercar los cuarteles! y los espacios en donde operan hombres armados, es entonces la respuesta política cierta que tendrán que conducir quienes en su función de líderes y/o Operadores Políticos Regionales junto a Líderes Políticos Vecinales conduzcan al cerco de la instalación militar y le demanden desobedecer órdenes arbitrarias teñidas de intencionalidades políticas subyacentes, casi criminales para defender una tiranía que tiene todo el repudio de la mayoría de los venezolanos. Pero además el desconocimiento de múltiples y/o la mayoría de Estados democráticos. ¡Cercar los cuarteles! es entonces una responsabilidad ciudadana en la que se muestra la Constitución en una mano y en la otra la Participación Política Contendiente de una sociedad, que está harta de la arbitrariedad y del sin sentido de un régimen oprobioso que ahora por cobarde e inepto frente a la Ayuda Humanitaria será cercado por la ciudadanía democrática.

¡Cercar los cuarteles con mujeres y hombres ciudadanos! en donde se muestren los niños y ancianos enfermos que tienen el derecho a vivir, que tienen la necesidad de medicinas, medicamentos y tratamientos que este gobierno tirano de Nicolás Maduro, por ladrón y corrupto no los ha podido apertrechar para cumplir con una de las más importantes demandas prescritas del ciudadano venezolano como lo es: la salud. Cercar el cuartel será entonces la figura de Participación Política Contendiente en la cual cada uno de los hombres, mujeres, niños y enfermos, que cerquen el y los cuarteles mostraran su decisión democrática de desplazar una tiranía inmoral, inhumana, atrabiliaria y cobarde que poco o nada tiene que perder y por lo tanto arriesga la vida de mujeres, hombres y niños venezolanos como muestra del cinismo y la locura de un desgobierno.

¡Cercar los cuarteles! es el grito angustiado de la indignación máxima de demócratas que no aceptan ni toleran más esta tiranía que juega con la vida, por la vía del engaño y la propaganda del venezolano. ¡Cercar los cuarteles! es una acción de Participación Política Contendiente que compromete la ética del venezolano democrático y que deja claro al Régimen que no tiene espacio, ni maniobra frente a la gravísima crisis de un régimen en condición de usurpador que debe ser impactado por el cerco a los cuarteles.

¡Cercar los cuarteles! donde el régimen ha ordenado responder con bocas de fuego con acciones para impedir el ingreso de la medicina. Torpeza extrema, falaz y cobarde de un régimen que no termina de entender el gentilicio democrático del venezolano. El amor del venezolano por la democracia pero sobretodo… la convicción de que la democracia se defiende no con balas ni con tiros sino con participación, con el ejercicio de la política, con la expresión sincera por el respeto de la humanidad y por la vida.

¡Cercar los cuarteles! será darle vida a la reconstrucción de la democracia que requiere de Líderes Políticos Emergentes, de Operadores Políticos Regionales pero sobretodo de Líderes Políticos Vecinales, ¡lideres todos! que entiendan que la usurpación de nm terminara en el tanto crezca la Transición Política y que esa Transición Política será posible mediante la integración del líder y el protagonismo del ciudadano, es decir, los hombres y mujeres que no han aceptado la cooptación del militarismo golpista-chavista ni del ladronismo organizado madurista, la mayor vergüenza de este régimen .¡Cercar los cuarteles! es entonces la gran tarea política frente a la inhumanidad, provocación, desafuero y criminalidad de quienes usurpando el poder, todavía… se imaginan que pueden limitar la Participación Política Contendiente hasta de quienes de espalda a la Constitución y la ética y usando uniforme pero no siendo militares… pretenden bloquear la Ayuda Humanitaria.

Es original

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 08de febrero de 2019

 4 min


Loris Zanatta

Si la "izquierda" está con los Maduro, que no se queje de que la "derecha" se incline hacia los Bolsonaro y la gente los vote en masa. Los únicos que deberíamos quejarnos somos nosotros: los que no amamos ni a los unos ni a los otros y no creemos que haya Dios o "pueblo" por encima de todo; los que miramos a la realidad más que a los deseos, a los hechos más que a las palabras y a la razón más que a la fe; los que no nos casamos con un partido de por vida, no le debemos nuestra felicidad a un redentor, no abrazamos una ideología como una religión, no llevamos puesta la camiseta de un líder ni vamos a la cancha a hinchar por él. Y si vamos, no cubrimos de insultos al árbitro porque cobra faltas a nuestro equipo: nunca aceptaríamos ganar jugando en una cancha inclinada, como lo ha estado haciendo el chavismo durante veinte años, antes de cerrar la cancha, porque ni siquiera así lograba ya ganar.

Liberté, egalité, fraternité: ¿cuál de estos nobles principios el régimen chavista no ha pisoteado, humillado, prostituido? Miseria, violencia, muerte, tortura, éxodo, corrupción, narcotráfico: ¿qué más necesitan para quitarse la venda de los ojos? ¿No entienden que al quedarse sobre ese carro llevarán al barranco hasta las buenas intenciones y los mejores ideales? ¿Que vacunarán contra ellos a quién sabe cuántos en el mundo? Recobren el juicio; tómense un antídoto contra el hechizo; salgan de la resaca de la borrachera ideológica; maten al zombi que ha tomado posesión de su cuerpo y de su mente.

Oí evocar a Girón, a Vietnam, a La Moneda. La historia es un supermercado: cada uno le saca lo que le sirve. Cuánta excitación con solo escuchar el nombre de Estados Unidos; debe ser un complejo. Como el toro frente al paño rojo, pierden la luz de la razón, comienzan a perseguirlo bufando y babeando; con tal de cornearlo, pasarían por encima de madre e hijos. ¡Qué no darían por ser atacados, qué no harían para ser invadidos y actuar de víctimas sobre la piel de su propio pueblo! Lo peor es que en la Casa Blanca circula tanta locura que le podrían dar el gusto. No les importa lo que es mejor para los venezolanos, no intentan ponerse en su lugar, no tienen sensibilidad para su destino: los pobres y los perseguidos son tales solo si profesan su fe; los derechos son humanos solo si son de su equipo.

No hacen caso a que, junto con Estados Unidos, docenas de gobiernos de diferentes colores se han expresado del mismo modo; que hay una manera muy simple de eliminar toda "injerencia" y ahuyentar a los fantasmas violentos: celebrar elecciones regulares, permitir la ayuda humanitaria, respetar los derechos humanos, plegarse a la democracia dejando de pisotearla. La solución más obvia no les viene a la mente.

El "perfecto idiota latinoamericano" es un genio, en comparación. Vayan a YouTube, hagan clic en cualquier video de Maduro: ¿no sienten el rubor subir a las mejillas? ¿A quién recuerda más: a Ricardo Lagos o a Benito Mussolini?; ¿a Felipe González o a Francisco Franco? Esa retórica vacía, esos rituales barrocos, esos gestos pomposos, esos lemas anticuados y gastados, esa mala fe incontenible mezclada con hipócrita paternalismo hacia "los pobres", carne de cañón sobre los que fabrican sus imperios.

La estética de la "izquierda" populista latinoamericana no ha dejado nunca de ser falangista; el lenguaje de sus líderes es una muestra del fascismo "eterno", diría Umberto Eco: machismo, vitalismo, maniqueísmo, arrogancia, fanfarronadas, teatralidad. La antecámara de la ineptitud. ¡Cuánta ineptitud en Venezuela! Será que al fin y al cabo son liturgias religiosas adaptadas a la era secular; evocan un mundo antiguo: pecado, culpa, sacrificio, confesión, conversión, martirio, sangre, muerte, resurrección. Los caudillos revolucionarios latinoamericanos son españoles viejos, de un tipo que España ha dejado de producir hace mucho tiempo. ¿La "izquierda" quiere hundirse con la bandera del antiguo imperio español entre las manos? Además, ¿invocando a Bolívar? Como quiera: una carcajada la enterrará.

Cuando escuché tildar de "golpe" la proclamación de Guaidó, mi memoria voló al viejo Fidel Castro: le encantaba recordar a un antiguo jurista español; jesuita, por supuesto. Interpretado a su manera, claro, decía más o menos esto: la insurrección justa se hace en nombre del bien y se llama revolución; la insurrección injusta se hace en nombre del mal y se llama golpe de Estado. ¿Quién establecía qué era el bien y qué el mal? Dios, o sea él. Así ven el mundo ciertas personas: en blanco y negro. Pero si es así, lo que llamaron "golpe" es una revolución extraordinaria. Una revolución con mucho pueblo. ¿Cómo llamar al río humano que se volcó a las calles en todos los rincones de Venezuela? Ese pueblo no pide por Trump ni por Bolsonaro: quiere deshacerse de Maduro y su camarilla, volver a vivir y respirar. Lo haría en las urnas si le dieran la oportunidad; si lo hace en la plaza, es porque las bayonetas vigilan las urnas que el régimen manipula. "Revolución" y "pueblo": en Venezuela la "izquierda" logró quedarse huérfana de ambos. ¡Qué torpeza!

Con Venezuela, la "izquierda" latinoamericana se está suicidando. Tocó el fondo y continúa cavando. Quién sabe si a fuerza de hacerlo no acabe por encontrar la luz y descubrir las razones que, hace mucho tiempo, indujeron a la izquierda reformista europea a liberarse de los demonios maximalistas y las utopías redentoras; a medirse con el mundo tal como es y no como debería ser de acuerdo con sus biblias. Me gusta verlo así, pensar que, ciertos traumas duelen al salir a la luz, pero ayudan a crecer. Quién sabe si Maduro no cumplirá al menos esa función, que daría sentido a su paso -aparentemente sin sentido- por la historia: la de archivar con sus fechorías la oscura historia de la izquierda antiliberal en América Latina y favorecer la germinación de la izquierda liberal: hija del humanismo, no de la Inquisición; sobrina de Erasmo, no de Torquemada. Una izquierda tolerante y racional, pluralista y reformista. Nos liberaría de un solo golpe de los Maduro y de los Bolsonaro.

La Nación

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La industria de fertilizantes en Venezuela comenzó en 1956, cuando se creó el Instituto Venezolano de Petroquímica (IVP) a partir de la recién fundada Industria Petroquímica Nacional en 1953. El IVP comienza la producción interna de fertilizantes sobre la base de la existencia de los recursos gas natural y roca fosfórica, que son fundamentales para la elaboración de fertilizantes nitrogenados y fosfatados.

Efectivamente, para producir los fertilizantes nitrogenados disponemos de gas natural que contiene más de 80% de metano (CH4) como fuente de hidrógeno (H) y abunda en nuestro subsuelo libre o asociado a la extracción de petróleo; y disponemos del aire que respiramos que contiene alrededor de 79% de nitrógeno (N) por lo que se considera una fuente inagotable de este elemento. Con H y N se sintetiza amoníaco, a partir del cual se produce el resto de fertilizantes nitrogenados y otros productos.

Para producir los fertilizantes fosfatados disponemos de inmensas reservas de roca fosfórica ubicadas en más de 50 localidades del país, con los yacimientos más importantes en los estados Barinas, Falcón, Mérida, Táchira y Zulia.

La evolución de la industria de fertilizantes ha llevado a que Venezuela tenga una capacidad potencial de producción de fertilizantes nitrogenados y fosfatados bastante grande, pero es muy desalentador ver como la producción real ha venido disminuyendo progresivamente por problemas en las plantas productoras, especialmente falta de mantenimiento oportuno y escasez de materia prima, como ha ocurrido en el caso de suministro insuficiente de gas natural a la planta de nitrogenados de El Tablazo. Así, para el año 2004, Venezuela llega a tener una capacidad potencial de producción de abonos nitrogenados de 2.510.000 toneladas, que representa el 32% de la capacidad de producción de toda Latinoamérica, pero ese año solamente se produjeron unas 370.000 toneladas, lo que representó aproximadamente el 15% del potencial de producción. Ese mismo año, solamente se llegó a procesar 350.000 toneladas de roca fosfórica micronizada para producir ácido fosfórico, fosfato diamónico especial (conocido en el mercado como DAPITO), y roca fosfórica parcialmente acidulada (conocida en el mercado como Superphosfertil), cifras que están muy por debajo de la capacidad potencial de producción de fertilizantes fosfatados.

La industria de fertilizantes nitrogenados de Venezuela, en lugar de crecer en su producción como lo demandaría una agricultura creciente, lo que ha hecho es decrecer en los últimos años, a pesar que recientemente se ha puesto en funcionamiento parcial una nueva planta de amoníaco y urea en Morón, estado Carabobo. Posiblemente una solución sería repotenciar las plantas de amoníaco y urea más antiguas de Morón y El Tablazo, para incrementar la producción de urea, así como la de Fertinitro en Barcelona, estado Anzoátegui, para incrementar la capacidad de exportación de este producto, y en conjunto, para que se pueda colocar la urea oportunamente en la regiones agrícolas del país. La nueva planta de amoníaco y urea de Morón, de una gran capacidad de producción, aparentemente requiere el suministro de suficiente energía eléctrica para su cabal funcionamiento, lo cual es actualmente una crisis nacional.

La roca fosfórica es la materia prima para la producción de los fertilizantes fosfatados. Se han realizado diversos estudios para estimar y conocer las reservas de rocas fosfóricas en nuestros yacimientos, encontrándose que en Venezuela existen recursos fosfáticos indicados e inferidos del orden de 2.652 millones de toneladas. Si estimamos un consumo deseable de fosfatos en unas 400.000 toneladas de P2O5 por año, los recursos posibles serían capaces de cubrir la demanda actual de P2O5 durante más de 1.432 años estimando un tenor de 21,6% de P2O5 en las rocas. La mayor parte de estas rocas se encuentran en el estado Táchira en los yacimientos de Montefresco, Navay y Lobatera, siendo los más importantes los de San Joaquín de Navay que se estiman en 115 millones de toneladas de reservas probadas, por lo que solo estos yacimientos de Navay cubrirían toda la demanda nacional actual durante unos 65 años.

En el estado Falcón se encuentran las minas de Riecito, cuya roca es utilizada en la planta de fertilizantes del Complejo Morón, en el estado Carabobo, pero solo tienen reservas probadas por unos 17 millones de toneladas por lo que están resultando insuficientes para satisfacer la demanda de esta planta. La gran reserva de roca fosfórica de las minas de Navay, se proyecta utilizarlas con un gran complejo petroquímico en las cercanías de San Joaquín de Navay, municipio Abejales en el sur este del estado Táchira.

Como vemos, en Venezuela tenemos recursos de materia prima y algo de infraestructura que nos proporcionan un gran potencial para la producción de fertilizantes fosfatados, que pudieran cubrir la demanda interna y hasta pudieran exportarse los excedentes. Sin embargo, importamos fertilizantes fosfatados para cubrir buena parte de la demanda interna porque a pesar de tanto potencial para su fabricación la industria es muy ineficiente, entre otros, por los dos siguientes aspectos:

1.-Complejo Morón: esta planta no puede trabajar a total capacidad ya que por años no se le ha dado el mantenimiento que requiere y su futuro está muy comprometido porque las reservas de las minas de Riecito están escaseando y no se le ha buscado solución. Aparentemente, se debe hacer algunas modificaciones a nivel de las minas para ampliar su vida útil, y otra opción sería utilizar otras minas cercanas como el caso de Lizardo, en el mismo estado Falcón. Por supuesto, es impostergable reponteciar la planta en su totalidad.

2.-Complejo Petroquímico Navay: la primera piedra para la construcción de este complejo fue colocada el 23 de septiembre del año 2007, y dos años más tarde, el entonces presidente de la república, anunciaba su progreso y sus bondades alabando la tecnología de los bielorusos que estaban encargados de adelantar dicho proyecto, que pronto estaría en funcionamiento.

Con todos estos beneficios de disponer de inmensos depósitos de fosforita de buena calidad para su procesamiento y cientos de millones de dólares aportados para la construcción y puesta en marcha del complejo industrial de Navay, con capacidad proyectada para procesar 2,5 millones de toneladas de roca anualmente, en diciembre del año 2013 el gobernador del estado Táchira anunciaba apoyar la culminación de esta importante obra. A pesar de todas esas acciones, que no van más allá de su proclamación propagandística, llegamos al año 2019 sin la conclusión de la construcción del complejo y sin esperanza de una fecha cierta para su culminación.

Por esas dos razones mencionadas, entre otras, la industria nacional de fertilizantes fosfatados no es capaz de satisfacer la demanda interna, perdiéndose todo ese potencial que tenemos y recurriendo a la importación de un insumo tan importante para el tratamiento de nuestros suelos ácidos y pobres en este nutriente esencial.

En el corto y mediano plazo, para la recuperación de la agricultura venezolana, se deben sembrar con los cultivos más importantes, sin incluir forrajes, unos 3,5 millones de hectáreas. Para fertilizar esa superficie se requiere como mínimo unas 700.000 toneladas de fertilizantes nitrogenados y alrededor de 1.250.000 toneladas de fertilizantes NPK. En estos últimos se puede incluir un 60% o 750.000 toneladas de fosfatos de amonio o de superfosfatos, para aplicarlos como fertilizantes simples o para producir complejos NPK y mezclas físicas. Si consideramos que la producción nacional actual de nitrogenados más fosfatados está alrededor de 480.000 toneladas, tenemos un déficit en estos dos tipos de productos del orden de 970.000 toneladas, que resulta de restar 1.450.000 (700.000+750.000) que pudiéramos producir, menos 480.000 toneladas que es lo que aparentemente se está produciendo.

Los recursos naturales constituidos por gas natural, nitrógeno atmosférico y los yacimientos de roca fosfórica, son más que suficientes para producir esas 970.000 toneladas de nitrogenados y fosfatados faltantes, pero la limitante es la capacidad de las plantas para producir dichos insumos. Entonces, Pequiven tiene el gran reto de acondicionar y completar su infraestructura para que esos fertilizantes se produzcan en el país y aprovechemos los recursos naturales disponibles.

Febrero de 2019

pedroraulsolorzano@yahoo.com

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

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