Perspectivas para el sector agroalimentario en lo que resta de 2019

Nuevamente y a pesar de las advertencias, el país comprobará que los sectores comprometidos con la producción de alimentos se verán muy limitados, y en algunos casos impedidos, para cumplir con su función de proveer al pueblo venezolano con los componentes de su dieta diaria en cantidad, calidad y a precios accesibles para la mayoría.

A estas alturas del año y ya a las puertas del comienzo de la temporada de lluvias, el campo venezolano no ha sido preparado para recibir las semillas de arroz, maíz y sorgo que se siembran en esta época, en primer lugar por la escasez de maquinaria operativa para dicha preparación, pero no menos destacable, por la carencia de simientes de calidad y otros insumos agrícolas tales como fertilizantes, indispensables para la nutrición de las plantas y de plaguicidas para protegerlas de la competencia de las malezas, así como del ataque de plagas y enfermedades.

Los cultivos no estacionales como hortalizas, frutales, café, cacao y caña de azúcar sufren las mismas carencias por lo que estamos ante un cuadro de reducción aguda de sus producciones, tanto en cantidad como en calidad.

Lo señalado para el campo vegetal no es menos cierto para el caso de la producción animal, la cual debería nutrirse de parte de esa producción que no ocurrirá y que adicionalmente se verá muy mermada por la falta de vacunas, medicinas e individuos de reemplazo.

Como consecuencia de lo señalado la falta de oferta nacional, tanto de insumos como de productos, nos obligará nuevamente y con mayor intensidad a depender de importaciones para tratar de satisfacer lo que necesitamos y para ello demandaremos divisas que tampoco tenemos.

Las razones están absolutamente claras. Los “arrebatones” gubernamentales de fincas, haciendas, empresas e industrias, unidos a una inseguridad personal y de los bienes cada vez mayores, a los controles de precios y a una reducción muy drástica del crédito bancario han conducido al colapso casi total del campo venezolano, dejándonos a merced de las condiciones del comercio internacional para suplirnos de lo indispensable no ya para una vida normal sino inclusive para la subsistencia misma.

En lo inmediato y solo para alimentar a los venezolanos será necesario importar grandes cantidades de alimentos y ello requerirá de créditos internacionales que nadie en las actuales condiciones está dispuesto a conceder.

Por lo tanto, y sin pretender ser un predictor apocalíptico, todavía no hemos visto lo peor de la crisis, y el hambre, la desnutrición y las enfermedades consecuentes seguirán aumentando cada vez a una velocidad mayor, con las secuelas de descomposición social que de seguro las acompañarán.

Venezuela y el mundo tienen claro que el régimen usurpador es el responsable y mientras este siga pretendiendo mantenerse en el ejercicio del poder la situación solo empeorará. Un gobierno de transición representa la única oportunidad para empezar el difícil camino de la recuperación del país y una vez establecido, las oportunidades volverán a presentarse para la agricultura, para el resto de la cadena agroalimentaria y para los consumidores venezolanos, último y único eslabón que realmente justifica su existencia.

El común de los ciudadanos puede tener la tranquilidad de que restablecido el orden constitucional que favorezca el clima de seguridad jurídica, seguridad personal y seguridad social indispensables, la estructura agroalimentaria venezolana responderá produciendo para el consumo y la exportación lo que nuestras condiciones ambientales permiten y que unido a lo que necesariamente tendremos que seguir importando, tal y como hacen todos los países del mundo, pondrá a nuestra disposición los alimentos y otros productos que hoy tanto notamos en falta.

Tenemos futuro y construirlo, respetando la diversidad, es obligación de todos.

Facebook Twitter Share