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¿Los veinte años de regalo?

opiniones
Tiempo de lectura: 6 min.

Una vez ampliamente reconocido el valor de avance en el aumento mundial del Promedio de Vida, observamos la correspondiente aparición de una nueva franja demográfica de población (entre 60- 80 años y hasta 100 años).   En consecuencia, hoy día ya se identifica y acepta la existencia de una tercera y una cuarta edad, esta última a partir de los 80 años.

El hecho y, ciertamente la evolución histórica, indican que ese es el resultado y el logro de progresos en medicina, salud, ciencia e higiene global; lo cual produce una sensación y unas expectativas prometedoras. Al mismo tiempo, es un tema que ha adquirido la atención científica y pública en los últimos decenios. Todo ello supone adelanto   cultural, cambios en la definición, estudio y actitud asociados con la etapa de la VEJEZ.

En algunos países como Chile y España, por ejemplo, se adelantan especificas iniciativas   programáticas dedicadas a la población de mayores, las cuales deberían considerarse ilustrativas como ejemplos a seguir, dado que son menos onerosas que lo que implica el gasto en salud y aparentemente    exitosas.

Según los datos de las Naciones Unidas esta población, la considerada vejez, a nivel global, supera los 8.300 millones de personas a principios de 2026 y desde luego seguirá creciendo, aunque de manera diferente entre países

Sin embargo, hay situaciones muy problemáticas que están planteadas con esta nueva realidad; éstas atañen a aquellos que son los sujetos de éstos nuevos veinte años de vida, como también a sus allegados aspectos, los cuales es necesario tomar en cuenta y atender.

El conspicuo poder de la digitalización, en estos siglos campeones de la comunicación, juega un gran papel. Los medios han de reportar la existencia de esta nueva generación de gente, detallando sus demandas, características propias, necesidades, roles diversos según los grupos socioeconómicos y las culturas a las cuales pertenezcan. Estos personajes no deberían ser concebidos exclusivamente como un nuevo nicho clientelar de consumo, sino por las situaciones en las cuales vivirán esos veinte años. Nuestras culturas tienen la obligación psicosocial de tomar estos hechos en cuenta, conjuntamente con el fenómeno de la prolongación del promedio de vida.

Esta generación de personas, con aceptable salud y limitaciones propias del lapso, son de alguna manera sobrevivientes; gente con más años de vida que antes y que posiblemente tienen perfiles de costumbres del siglo XX, por lo cual podrán ser considerados “anticuados”. El aumento del promedio de vida obviamente es un hecho muy favorable; sin embargo, personalmente tengo dudas de si la longevidad esperada agrega o resta seguridad, debido a lo incierto de ese futuro.  Quizás, hasta suma temor el solo término de envejecer, puesto que las condiciones sociales y psicológicas actuales y de lo inmediato, no son las más auspiciosas.

Hay una expresión muy ordinaria y ácida que es común: “¿Más vida para lo que hay que ver?” No quisiera ser sombría pero tampoco evadir la realidad, ignorar lo planteado es irresponsable.

A propósito, detallo lo siguiente:

La jubilación, una gran conquista socio histórica del siglo XX como proyecto de futuro, había promovido un horizonte de seguridad a generaciones de esta misma franja., la de los veinte años de regalo.  Hoy es una promesa fallida; actualmente resulta una falacia y hasta un precipicio inesperado, para quienes le confiaron su futuro debido a las condiciones que enfrenta esa disposición legal.

Por otra parte, la jubilación, en lo económico, resulta un engaño a futuro para los más jóvenes, que aspiren a llegar más allá de los 60 años. Los planes de pago en retiro son razonablemente cuestionados por las diversas economías, como impagables a mediano y largo plazo. Debido a eso están siendo disminuidos y a veces son inexistentes, para cuando más la población los requiere. Los nuevos mayores poco viven con sus allegados y no desean depender de los hijos; en general sus eventuales planes de vejez se evaporaron y, por tanto, actualmente su ánimo se caracteriza por una ansiedad generalizada e incertidumbre, especialmente por los recursos necesarios para financiar los mentados veinte años.

No voy a entrar, por el momento, en lo que esto plantea a los allegados, quienes transitan la mediana edad y menos lo que significa para a los jóvenes de hoy, los cuales deberán plantearse su futura vejez, sino voy a concentrarme en la franja regalada.

La tecnología y el avance científico: no hay duda de que es una tormenta perfecta, dispuesta a poblar el inmediato futuro de robots, y con la IA promete sustituir casi todo lo funcional con la distancia de un click; se envían costosos cohetes a la estratósfera, se invierten billones en su producción, mientras se lucha con los gastos en la administración de los presupuestos en la tierra.

La digitalización total sustituye casi todo lo habitual de un solo tajo, con una rapidez increíble, lo cual plantea fuertes riesgos, que ya son notorios. No ha habido previsión de los fuertes desajustes socioeconómicos, psicosociales y culturales que están sucediéndose y que no son comparables a los de ninguna otra generación. Aunque si hay atisbos de preocupación en ese sentido, en los laboratorios   de la IA escasamente se toma en cuenta la ubicación pragmática y socio psicológica de la franja a la que aludimos. Es decir, cómo van a vivir esas personas. Es posible que ya, los dieran por fallecidos, o en etapa terminal o sólo se diga que deben adaptarse en el tiempo que les quede de vida. Parece que la prolongación del promedio de vida, solo se considera como nuevo nicho de mercado de consumo pudiente de electrónicos, y suponemos para pagar robots cuidadores, seguir los consejos en el teléfono y la reciente moda.

El desarrollo de teorías económico-financieras: no parece haber producido soluciones viables a la financiación masiva para atender las necesidades básicas de la nueva franja etaria, dada la desaparición inminente de los presupuestos de jubilación y la disminución voluntaria de la reproducción de la natalidad.  Como es de esperar, los más jóvenes no están dispuestos, ni parece que pudieran socioeconómicamente, hacerse cargo de los medios necesarios para solventar esta situación.

Por otro lado, tampoco en el mercado hay desarrollos para vivienda accesible con servicios, para quienes pudieran pagarlo. La gran mayoría va a quedar en el aire porque la franja demográfica solo parece existente como candidato a consumidor pudiente.

Sin embargo, una medida de salud pública para compensar la descolocación del presupuesto pudiera ser retrasar la fecha de jubilación entre 5 a 10 años, hecho perfectamente factible porque la vejez en la mayoría de los casos es ahora acompañada por una buena cognición, aunque, depende de las condiciones de vida, que al ser saludables permiten llegar al final de la tercera con salud y bienestar. Esta podría ser una salida ante un escenario que de lo contrario pareciera tan desolador.

Los medios de comunicación y el consumismo:  sabemos que son el mayor recurso de publicidad y de captación de clientela. Actualmente observamos que se ha desarrollado un desaforado interés por difundir contenidos de asesoría informal; en otras palabras, de consejos dirigidos a cómo manejarse en la mencionada franja de la tercera edad. Si esto lo consideramos, unido a la mayor disponibilidad de tiempo, y a la necesidad de atención diaria de los sujetos receptores (personas mayores), entendemos el gran espacio que hoy día explotan estos mensajes digitales, los cuales usualmente no tienen supervisión profesional conocida. Los mismos, aunque potencialmente útiles, pueden influir en el balance de decisiones a tomar y en la vulnerabilidad de la salud mental. Mientras tanto, no parece haber un avance comparable en el desarrollo de programas de apoyo psicobiológico y médico especializado accesibles en el mercado general.

En resumen, las perspectivas del regalo de los veinte años son poco claras y los grandes líderes del milenio no parecen suficientemente preparados, ni interesados en atender esa realidad.

En una entrega subsiguiente, nos enfocaremos en el desarrollo científico que, si existe y que debería apoyar las sugerencias para atender las necesidades arriba destacadas, puesto   que, consecuente con la prolongación de la vida, su atención y acciones que también deben   avanzar.

https://miradorsalud.com/los-veinte-anos-de-regalo/