Winston Churchill fue un gran estadista, de una oratoria deslumbrante, una velocidad mental asombrosa y se dice generaba amores y odios extremos, lo sumaban y odiaban con intensidad. Se conoce que en una cena que le ofrecían, una dama que le llevó el café le dijo, si hubiese podido lo traigo con veneno, Churchill le respondió, y si yo fuera usted me lo tomo.
En otra oportunidad un autor cuya obra fue llevada al cine, le envió dos invitaciones para su premier, con una nota que contenía, una para usted y la otra para un amigo, si lo tiene. La respuesta del estadista fue la siguiente: Compromisos adquiridos con antelación me impiden asistir a su premier, trataré de ir a la segunda presentación, si ello algún día llega a existir.
Churchill es considerado como ejemplo de resiliencia y determinación. Su oratoria se hizo famosa en el parlamento británico y muchas de sus frases son clásicas en la motivación personal. Fue Primer Ministro en 1940, en plena guerra mundial. Es famosa su frase de entonces: “Sangre, sudor y lágrimas”, pronunciada ante la Cámara de los Comunes en mayo de ese año, para referirse a la situación, donde era necesario realizar un esfuerzo ingente, pero afirmando que los objetivos, valen la pena de eso y mucho más.
Tras la caída del gobierno de Chamberlain y casi inmediatamente a su nombramiento como Primer Ministro, pronunció la referida frase que es considerada como una entrega extrema. Otra de las frases que consagra a Churchill es “nunca, nunca, nunca te rindas” y “El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”. Fue un hombre muy realista, pero con una carga de optimismo muy elevada.
Sobre el optimismo, propio de Churchill, podemos decir que es la capacidad de ver en cada dificultad una oportunidad y otros sostienen que el optimismo es más un estilo explicativo y por ello los optimistas ven las causas del fracaso como algo temporal. Ahora bien, la tendencia de creer siempre que todo va a salir bien y que el fracaso es improbable, es un sesgo de extremo optimismo no recomendable porque nos puede abstraer de la realidad. Entonces una buena dosis de realismo que valora el optimismo, pero también el pesimismo, puede conducir al éxito.
Al final, un artículo de Psychology Today, contiene “para muchos psicólogos, el optimista refleja la creencia de que los resultados de eventos generalmente serán positivos”, pero como hemos afirmado, lo central es estar en la realidad que valora todas las alternativas.