En estos días estuve leyendo “La Sociedad del Cansancio”, un libro escrito hace unos años por Biyung-Chul Han, un filósofo alemán de origen coreano, en cuyas páginas se retrata la sociedad actual, la cual no sale muy bien librada que digamos, por cierto. En pocas palabras se refiere a ella como una sociedad en la que el ser humano vive sometido a un agotamiento crónico debido a la autoexigencia por producir y rendir al máximo, sometido a una hiper actividad que le destruye su capacidad de descanso profundo y de atención contemplativa, elementos imprescindibles para darle sentido a la vida.
En uno de sus capítulos aborda el tema de la vigilancia sobre las personas indicando como gracias las nuevas posibilidades tecnológicas, en las sociedades actuales se vigila a todos los ciudadanos. A partir de la huella digital que vamos dejando, se conocen hasta los detalles más íntimos de la vida de cada quien haciendo posible, lo que no resulta muy grato que digamos. Mientras me dedico a la lectura de las páginas del libro de Chul-Han, no con muchas ganas, debo confesar, me entero por las redes - por dónde sino -, de las andanzas de Peter Thiel.
Peter Thiel predica en Argentina
Me entero, pues, de que el presidente de la empresa Palantir, uno de los multimillonarios del planeta, se encuentra en Argentina (prácticamente vive allá desde hace un buen tiempo), reiterando una idea que ya había sometido anteriormente a la consideración del Presidente Milei, la cual describió como una iniciativa que pretende la “colonización digital" del país sureño en donde los algoritmos y vigilancia, mediante la violación de la soberanía popular, transforman el comportamiento humano en un sistema matemático predictivo..
En suma, un menú cada vez más variado de dispositivos inteligentes sería el complemento de una gran red para recoger información de la vida privada de los ciudadanos. Y si hemos de darle la razón a algunos autores que han escrito sobre el tema, estaríamos, además, desarrollando capacidades biológicas que revelan el funcionamiento del cerebro, lo que refuerza la intervención en la vida de cada uno de nosotros.
Por estos días Thiel ha estado en Buenos Aires, prácticamente vive allí, dedicado a promocionar el “Manifiesto Palantir, el cual constituye una síntesis de las ideas desarrolladas por Alex Karp y Nicholas Zamiska en su libro “The Technological Republica. El mismo se presenta como una intervención ideológica sobre el destino de Occidente (se refieren a Estados Unidos), a la relación entre tecnología y poder estatal, y al papel de las élites técnicas en la
conducción de la sociedad.
La tesis central pudiera resumirse en la propuesta de una estrecha alianza entre empresas tecnológicas, aparato militar y Estado, reivindicando la necesidad de una movilización civilizacional frente a las supuestas amenazas externas (China y Rusia) e internas (las ideas progresistas).
Vigilancia y racionalidad predictiva
Uno de los rasgos centrales del documento es la transformación de los problemas políticos en problemas técnicos. La seguridad, la gobernanza y la competencia geopolítica son problemas que pueden ser resueltos mediante sistemas de información, inteligencia artificial y capacidades analíticas avanzadas. Están hablando del surgimiento de una élite tecno-estatal, lo que deriva en una redefinición del papel de las élites. En este sentido, y con gran modestia, Thiel afirma que no existe un software de análisis de datos en el mundo que se pueda comparar, en complejidad y alcance, con el de la compañía estadounidense Palantir, particularmente en lo que se refiere a seguridad e inteligencia militar.
La sociedad termina, entonces, siendo un conjunto de flujos de enormes cantidades de datos susceptibles de ser observados, modelizados y gestionados. La realidad social puede ser gobernada mediante sistemas que identifican patrones antes de que los actores mismos los reconozcan. En ese contexto, la autonomía individual y la incertidumbre democrática comienzan a ser percibidas como ineficiencias. Textualmente, Thiel y sus socios, estiman que “cuando la seguridad se convierte en principio organizador de la vida colectiva, otros valores (igualdad, la república, la política…) tienden a subordinarse a ella”.
Algunos críticos argumentan, me parece que, con razón, que la cuestión fundamental no es si la tecnología debe participar en la gobernanza contemporánea (algo inevitable), sino bajo qué mecanismos de control democrático, rendición de cuentas y deliberación pública puede hacerlo sin sustituir a la política misma. En concordancia con lo anterior, en una entrevista Thiel afirmo que: “Yo no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”.
Que diría Mr. Smith
Dicho lo dicho, imposible no recordar “1984”, la novela de George Orwels y a su protagonista el señor Winston Smith, quien se desempeñaba como censor en el Ministerio de la Verdad, el ente encargado de reescribir la historia para adaptarla a la narrativa del régimen totalitario del Gran Hermano, una obra catalogada como de “ciencia ficción”, pero que es más bien de “ciencia pronóstico, vista la semejanza que guarda con las claves que fundamentan la política en el mundo de hoy.
Siendo socialista convicto y confeso, denunció el totalitarismo en varios países, convirtiéndose en una piedra dentro del zapato para los sectores dominantes de la izquierda de entonces. De nombre Mr. Eric Arthur Blair, ciudadano inglés, se hizo inmortal con el pseudónimo de Orson Wells.
Falleció en 1948, a los 46 años, apenas unos meses después de que se publicara su libro más exitoso, titulado “1984”, que aún vale la pena leer por estos días.
¿Tecnofascismo?
Obviamente Orwel sólo alcanzo a vislumbrar desde muy lejos, las trasformaciones tecnológicas que están cobrando forma actualmente. Me refiero, sobre todo y de manera resumida, a las posibilidades que abre la Inteligencia Artificial, para rastrear todas las actividades de los ciudadanos, lo cual resulta muy adecuado para brindarle seguridad, pero muy peligroso
cuando se trata de su vida privada, abriéndole, así, la puerta a la vigilancia de la población, cosa que está teniendo lugar en un gran número de países, entre ellos el nuestro, asunto al que, por cierto, deberíamos ponerle más atención.
China es el ejemplo más socorrido para mostrar lo que se ha dado en llamar el autoritarismo digital. Pero no hay que pasar por alto otros muchos países (de izquierda, de derecha a o de lo que sea), sin llegar al grado alcanzado por esta nación, también ejercen control sobre sus habitantes. Por lo emblemático que resulta cabe mencionar en este sentido a Estados Unidos, cuyos niveles de escrutinio sobre la sociedad se han elevado sensiblemente a partir del ataque a las Torres Gemelas.
En este contexto el abogado, además de filósofo, dueño de Palantir, empresa que presta un servicio de plataformas de análisis de datos masivos y de Inteligencia Artificial para gobiernos, ejércitos y policías, aboga por el denominado “tecnosolucionismo”, indicando que todos los problemas se resuelven con “más tecnología” y señala que la población se divide entre unos pocos hombres (las mujeres como que no cuentan), que hacen avanzar a la especie, y millones de personas que son un lastre y se quedarán atrás.
Vivimos en tiempos del “dataísmo”, sostienen los entendidos, y uno de ellos, Evgenzy Morosov, deja ver la sustitución de la democracia por un gobierno algorítmico. La algocracia, según lo mientan algunos. Otros se decantan por el nombre de “tecnofascismo”.