a mis colegas
Aquí entre nos, a los cuatro años yo quería ser jugador de futbol y desde entonces, mi vida ha transcurrido en la cancha, girando en torno al balón. Pero el destino rehusó complacerme y me ubicó en otro escenario, el de la Sociología.
A riesgo de que me expulsen del gremio, diré que soy sociólogo porque las cartas así lo dispusieron. Un conjunto de episodios imprevistos me llevó a estudiar esa carrera y a graduarme luego de gambetear unos cuantos inconvenientes. De la misma manera, y sin que me hubiera pasado por la cabeza, me convertí en profesor y, para mi sorpresa, me he quedado en la docencia muchos años, tantos que no me atrevo a contarlos, disfrutándola mucho, gracias a los colegas y a los alumnos que me han tocado en suerte, buena para mí, espero que también para ellos.
- Una ciencia que molesta
Cuento lo anterior porque a comienzos de esta semana se conmemoró el Dia del Sociólogo. Lo celebré haciendo a un lado al futbolista que me ha perseguido desde niño, determinando que mis referentes sean Pele, Garrincha, Maradona, Cruyff y Ronaldinho y tratando de recordar a autores como Comte, Weber, Parsons, Durkheim, Gramsci, Merton o Habermas, a quienes leí durante la carrera.
Imposible no acordarme que, recién empezando el primer año, un profesor nos dijo que un tal Pierre Bourdieu (más tarde sabríamos que se trataba del gran intelectual francés), calificaba a la Sociología como una “ciencia que molesta”, porque muestra cosas que no están a la vista y que no se pueden demostrar, según han sostenido, más antes que ahora, los investigadores de las llamadas ciencias duras (física, química, biología…), refiriéndose a las ciencias blandas, entre ellas a la sociología.
- Un mundo en (poli) crisis
Hoy en día nuestro planeta confronta serios problemas que se entrecruzan, repercutiendo en todos los escenarios de la vida humana, poniendo en jaque la economía, la educación, el medio ambiente, la salud, la política, la vida familiar, el deporte y paremos de contar. Se trata, así pues, de una Crisis Civilizatoria, consecuencia, sobre todo, de las profundas y súbitas transformaciones tecnocientíficas, relacionadas con la nanotecnología, la biotecnología, las neurociencias y la inteligencia artificial.
Por primera vez el ser humano tiene, supuestamente, la oportunidad de realizarse, reduciendo al mínimo las limitaciones que derivan de la naturaleza o de la propia sociedad. Así las cosas, han aparecido las utopías tecnológicas (inspiradas, por cierto, en la literatura de ciencia ficción), según las cuales el fantasma del hombre nuevo del que se ha hablado a lo largo de la historia, es hoy en día representado por el hombre numérico, neuronal o biónico, elaborado por los nuevos “demiurgos de la tecnociencia”.
Dicho lo anterior, hay más certezas respecto al curso que van a tomar los cambios tecnológicos, que con referencia a cuáles van a ser sus interacciones con lo social, lo económico, lo político, lo cultural, lo ético y cuales sus secuelas sobre la vida humana, la de cada uno de nosotros y la de la sociedad en la que estamos.
Tales cambios no se dan en el vacío, ni son sólo el resultado del trabajo de científicos y tecnólogos que se muestran capaces de torcer inercias históricas. Se dan en contextos que definen su rumbo. Según diría Perogrullo el avance, la orientación y la aplicación del desarrollo tecnocientífico debe darse a partir de mecanismos técnicos, obvio, pero también culturales, legales y políticos, imprescindibles para ejercer el control social sobre la tecnología, esencial en esta época caracterizada por saltos exponenciales. Tal es el espacio en donde las ciencias sociales (entre ellas la sociología), se necesitan para entender la naturaleza de las transformaciones tecnológicas y establecer las regulaciones que hagan falta a lo largo de su evolución.
La Sociedad Vigilada
Steve Bannon, quien ha ejercido una gran influencia sobre Elon Musk (gran amigo de Donald Trump), es considerado como uno de los ideólogos de Silicon Valley. Sostiene que, por encima de las diferencias políticas, culturales o ideológicas, hay que mantener un liderazgo autoritario. Adicionalmente reivindica la supremacía blanca, considera que la democracia es una amenaza y propone una organización social a partir de monarquías autoritarias lideradas por los “gigantes tecnológicos”, cuyas actividades no deben ser limitadas por ninguna regulación.
En el mismo talante, pero con mayor descaro, Peter Thiel, mentor también de Musk, propuso hace varios años un futuro sin Estado, sin normas que obstaculicen el dominio de las grandes tecnológicas, sin equilibrio de poderes, controlado por una élite dueña de servidores, centros de datos y de la riqueza “digital”, haciendo con la Inteligencia Artificial más o menos lo que se les venga en gana.
Ni Bannon ni Thiel predicaron en el desierto, basta con revelar que las inversiones de los llamados “gigantes tecnológicos”, con Musk a la cabeza, destinarán este año 65 billones de euros con el objetivo de potenciar sus capacidades en IA y señalar, además, el grado en que han logrado erosionar la democracia a nivel mundial, al punto de que algunos termómetros advierten que apenas un poco más del 20 por ciento de la población vive bajo sus instituciones.
Abundan los estudios que muestran como las redes sociales nos han instalado en un mundo “fake”, trazado por la desinformación”, ignorando la verdad e impidiendo que tengamos una perspectiva compartida sobre la realidad que nos rodea. Numerosos estudios han mostrado que la actual puede describirse como una “sociedad vigilada”. China es el ejemplo perfecto.
A manera de epílogo
“El futuro ya no es como era antes”, dice la manida frase. Cierto, las nuevas tecnologías nos asoman un horizonte completamente distinto, que resignifica nuestra vida, cuestionando, incluso, nuestra inteligencia y hasta nuestra genética, tal como lo predica el llamado Transhumanismo, un movimiento casi religioso que agrupa a los defensores del mejoramiento tecnológico radical.
En fin, hay que echar mano del microscopio y del telescopio que nos da la Sociología con el fin de ver qué pasa y por qué pasa lo que pasa.