Yaacob Harary, ciudadano argentino e israelí excarcelado el 11 de enero
Otro excarcelado contó su historia tras las rejas del régimen. Entrevistado por Clarín, de Buenos Aires, el ciudadano argentino e israelí Yaacob Harary relató una parte de sus padecimientos en El Rodeo I. Estuvo 15 meses y 3 días encarcelado, luego de entrar al país desde Colombia junto con su socio venezolano Douglas Javier Ochoa, quien sigue preso e intentó quitarse la vida en su presencia.
De 71 años de edad, Harary es un empresario del sector de alimentos que tenía planes de instalar en Venezuela una fábrica de productos lácteos y una explotación agropecuaria junto con Ochoa. En lugar de eso fue acusado de conspiración, terrorismo, financiación de terrorismo y asociación.
De sus declaraciones al medio argentino, quedan claro un conjunto de asuntos que definen la conducta criminal del régimen venezolano, encabezado entonces por Nicolás Maduro, en octubre de 2024 cuando apresaron a Harary y su socio, y ahora por Delcy Rodríguez que ha procedido, después de los bombazos del 3 de enero, a las excarcelaciones.
El primer asunto, es que Yaacob Harary fue detenido por ser extranjero. “Les importaba una sola cosa, que sos extranjero. Al ser extranjero, pueden presionar ante tu gobierno para que apoye o que no se entremezcle en los asuntos de Venezuela. Había presos políticos de 45 nacionalidades diferentes.”
El segundo asunto es que el proceso judicial es una pieza teatral. “Nos dijeron que estamos detenidos por asociación ilícita para el terrorismo, financiamiento de terrorismo, terrorista y otras cosas más. Éramos como 120 personas y nos dijeron lo mismo: 'Tenemos 121 pruebas con fotos y los estamos siguiendo desde el año 2023'. Yo en el año 2023 ni pensaba en la palabra Venezuela.
El tercer asunto es el maltrato carcelario. “Es psíquico y físico, porque dormíamos en una cama de cemento, con una colchoneta de 4 centímetros, sin sábana (...) una pieza de 1,60 por casi 4 metros. Había una enorme cantidad de mosquitos, moscas, cucarachas voladoras. El baño es un agujero en el piso y uno se baña arriba de eso. No hay agua corriente, ni luz. La llave de paso la abren unos 40 minutos por día”.
A Harary le cambiaron el nombre en el registro carcelario. Le negaron la debida atención médica. Salió con los pulmones destrozados y con avanzadas cataratas que le impiden ver por el ojo izquierdo. Antes de la excarcelación le hicieron firmar un papel en el que constaba que lo trataron bien en apego a la Constitución y las normas internacionales. “Voy a firmar. Pero antes de firmar, yo voy a poner mis objeciones”, y las puso. Y luego decidió contarlo todo porque cree que es la forma de ayudar a los que siguen presos, a su socio Ochoa y a su compatriota, el gendarme Nahuel Gallo, con el que compartió celda algunos días.
Harary fue entregado, según relata, al rabino de Caracas por Diosdado Cabello. “Yo no lo sabía. Y el rabino me dice.: ‘Aquí el que lo está entregando a usted es el ministro del Interior’. Me dio (Cabello) la mano, me saludó, me dijo: ‘Que estés bien’ y nada más. Le dije ‘gracias”. El rabino le haría saber luego que la orden era sacarlo del país cuanto antes.
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