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Imagino a los que sienten la situación y no pueden expresarse

Artículos de opinión
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“Los militares están formados para defender la República, nunca para gobernarla”, así lo sentenció nuestro Libertador Simón Bolívar y lo hizo de una manera muy firme y categórica porque sabía que estaba hablando del deber ser y de la justicia que es la verdad.

Efectivamente, en la Fuerza Armada nuestra no se admite lo que en democracia y en política es lo normal y rutinario; no existe dialogo, ni disidencia, ni discusión, solo respeto y acatamiento sin reparo. Las ordenes se cumplen sean las que sean y gente formada de esa manera nunca puede servir para gerenciar el país, que además supone tolerancia, reconocimiento del otro y acuerdos.

Esta sentencia de nuestro Libertador fue desconocida y pisoteada por el felón de Hugo Chávez que intentó hacerse del poder mediante un alzamiento militar que afortunadamente fracasó y luego por razones, que todo el mundo hoy se arrepiente, alcanza el poder a través de elecciones en 1998 e instala un régimen autoritario y militarista, incorporando a miles de militares activos a cargos ejecutivos de mucha importancia y los hace vincularse a la política partidista, claro de su lado de manera incondicional. 

Esa estada de militares en el régimen y en la política los cambió para peor de una manera increíble, más bien pienso que ya venían descompuestos y dieron riendas sueltas a sus infames deseos. Se metieron en innumerables negociados y en cosas tan graves que propiciaron el apresamiento de Maduro, montaron infinidad de negocios lucrativos y hoy exhiben sus fortunas con desfachatez y grosería.

Mucha gente en la institución armada ve y observa de manera estupefacta la situación donde se encuentran, pero se sienten constreñidos a no hablar y mucho menos denunciar las irregularidades, porque son sometidos a severos castigos que pueden a llegar ser definitivos.

Imagino que piensan los de hoy que son institucionalista, honestos y decentes ante todo lo que los rodea. Vivir comprimido y represado porque las circunstancias se lo imponen, es desenvolverse frenado y sin libertad de expresarse y actuar como lo desea.

El cambio radical y profundo que se debe realizar en nuestra institución armada es de altísima necesidad y urgencia y además gigantesco, casi refundarla, y dada la rígida verticalidad en materia de ordenes de obligatorio cumplimiento, se debe empezar por los más altos cargos y rangos, con la seguridad que los de más abajo lo aplaudirán y se sentirán contentos.