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Las grietas de la democracia

Artículos de opinión
Tiempo de lectura: 5 min.

#CiudadaníaYPolítica

Como hemos expresado en diferentes artículos el Estado, manto protector de millones de almas, quedó congelado en la insatisfacción de los ciudadanos, que ven cómo se toman decisiones sin tomarlos en cuenta. Con ello, los principios que constituyeron la base de la democracia, concebida como el régimen político que reúne el mayor cúmulo de virtudes cívicas para la convivencia en paz, quedaron en el olvido gubernamental atendiendo los intereses de las élites. 

     Es la ausencia del ciudadano en el entramado estatal que tiene un efecto terrible para el funcionamiento sistémico el mismo, obligándolo asegurar su bienestar por sus propios medios, pensando en su superación personal fuera del Estado. Con ello, una sociedad individualista viéndose el ombligo cada uno a lo suyo, en un sálvese quien pueda. Realidad, que, sin querer justificarlo, atiende al sentido racional de beneficio propio que tienen los seres humanos, ya que, si el Estado no piensa en mí, yo tampoco pienso en él, obteniendo beneficios como sea, saltando a quien sea (pleonexia).  

     Es la falta de reconocimiento del valor de los seres que le damos vida al Estado, lo que allí palpita. No en valde Fukuyama alertó sobre las contradicciones que podían aparecer con la democracia si no se daba reconocimiento a los derechos humanos, Thymos, dándole el filósofo más importancia a la dignidad, ya que los seres humanos buscan más el reconocimiento de su propia valía que a la prosperidad. 

Pensando en el verdadero sentido de la política que no puede ser otro sino la felicidad de los individuos que le dan vida al Estado, cuando conjugamos los deseos individuales con el bien común, como bien dice Josu Landa.

Es allí, donde están las grietas en ese espacio que queda por el alejamiento de los ciudadanos, que no quieren saber de política, ni de los políticos, por donde se han colado el personalismo, el autoritarismo y la corrupción. Grietas agigantadas en tiempos post modernos con lo que llama Moisés Nain los autócratas 3P: el dirigente político que llega al poder mediante elecciones y luego desmantela los contrapesos a su poder ejecutivo mediante el populismo, la polarización y la posverdad. Es el fracaso de la democracia en las urnas, ya no en manos de generales, sino de líderes electos, de presidentes o primer ministro que subvierten el proceso mismo que los llevó al poder (Levitsky, Ziblatt). 

      Grietas donde se fortifica ese liderazgo fuerte que no se expresa sólo a través de dictaduras, sino en democracias. Políticos que viven en democracia mostrando desprecio por ella y decididos a erosionarla (Rachman). Con ello, hemos regresado a la ley del más fuerte, de quien toma todo lo que necesita para consolidar su poder mediante el uso de fuerza, el chantaje y la amenaza. Un estilo que se caracteriza por el culto a la personalidad, desprecio por el Estado de derecho, en la falsa afirmación de que representa al pueblo real contra las élites (también conocida como populismo); y una política impulsada por el miedo y el nacionalismo (Rachman).

    Nuestro planteamiento es que esas gritas se cerrarían con la presencia de los ciudadanos en el entramado estatal. Una ciudadanía vigilante de lo que es de todos. Se trata de un cambio en la cultura política que exige de un Estado que organice, apoye, ayude en ese rumbo, aportando para ello los medios institucionales para la organización y formación del subsistema social, no como un discurso o arenga partidista, sino como un ejercicio democrático pleno de inclusión y reconocimiento.

Lo cual precisa de un cambio hacia un ejercicio político en democracia que produzca un Estado done prevalezca a justica, quiere decir, dotados de ethos justo (Josu Landa). Un Estado que priorice las necesidades y objetivos de la sociedad, más sociedad menos élites, para que el individuo logre su bienestar personal y su pleno desarrollo individual, con sentido de lo que es de todos, con sentido de país.  

 La inclusión de los ciudadanos en la toma de decisiones produce gobiernos legítimos con fuerza social, con capacidad para canalizar sus demandas sociales; pero también, los mecanismos y la influencia para repeler al autoritarismo. Llenando el espacio de los desgobiernos, por liderazgos competitivos, oportunidades, ideas, invención, emprendimientos… Ciudadanos y Estado interactuando por el bien de todos. 

      Voces autorizadas como la de Carlos Santiago Nino habla sobre la legitimidad perdida, con la propuesta de constitución de la democracia deliberativa a través de la cual se pueden lograr mecanismos de acercamiento con la ciudadanía, una especie de democracia directa, que permita el dialogo plural sin manipulaciones, ni limitaciones, mediante un proceso de descentralización política que generaría unidades políticas suficientemente pequeñas como para hacer posible un proceso de discusión cara a cara  y de decisión colectiva. 

     Como la de O’Donnell que desde los años 80 alertó sobre un nuevo animal, como es la democracia delegativa que se basa en la premisa de que la persona que gana la elección presidencial está autoriza a gobernar como él o ella crean conveniente. El presidente es considerado la encarnación de la nación, principal decidor y único custodio y guardián de sus intereses. Esta realidad llevó a O’Donnell, según Diego Nieto y Juan Pablo Milanese, a retomar una mirada más estructural de la democracia considerándola no sólo un régimen político sino un modo particular de relación entre Estado y ciudadanos, donde el fracaso del primero en términos de desarrollo, equidad y violencia se constituía en la mayor amenaza para democracia. 

     En la concepción de una democracia ideal, donde se requiere como mínimo la participación efectiva de la ciudadanía, igualdad en la votación, información al ciudadano, control de la agenda pública por parte del ciudadano, inclusión, plural y con pleno ejercicio de los derechos fundamentales (Dahl). Un nuevo orden social donde la sociedad este presente con la finalidad de reducir la pobreza, evitar guerras, mejorar la salud y la educación de los países, como lo hizo Mario Bungue con lo que llamó la democracia integral, considerando tres principales cuestiones sociales de nuestros tiempos: la cooperación internacional (en lugar de la guerra permanente), la sostenibilidad ambiental (en lugar de la inexorable degradación del entorno) y la justicia social (en lugar de explotación a escala nacional e internacional). 

      Visiones que develan la insatisfacción porque la gente no es tomada en cuenta en las decisiones que afectan su vida. Insatisfacción que los lleva a refugiarse en su individualismo perdiéndose la idea del colectivo con lo que cada grupo reclama para sí sus intereses (Hermet).

 Hay grietas que no se ven, pero se sienten, son los espacios donde la ausencia de la sociedad ha enfriado el trato humano. Cerrarlas exige un pegamento invisible, no es tarea de cemento y ladrillo, sino de voluntad y encuentro, hecho de inclusión, reconocimiento y solidaridad, volviendo a mirarnos a los ojos. En lo que el Estado moderno ceda sus rígidas estructuras para que sus habitantes sean verdaderos protagonistas de su destino en ejercicio de la mayoría de la edad, por la abogaba Kant, conformando una sociedad que no sólo piense en sí mismo, sino en el vecino, en la ciudad y en el crecimiento con equidad de toda la nación. 

Carlotasc@gmail.com             @carlotasalazar