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Lo que Venezuela no perdió

Caritas
Tiempo de lectura: 2 min.

En los últimos días me he sorprendido pensando menos en todo lo que Venezuela ha perdido y más en aquello que, contra todo pronóstico, ha logrado conservar.

No es una reflexión optimista. Es la consecuencia de mirar con atención lo que sí resistió.

Durante casi tres décadas hemos visto deteriorarse las instituciones, empobrecerse a millones de venezolanos, partir a una parte importante de nuestra población. Pocas naciones soportan un desgaste tan prolongado sin perder también la esperanza.

Por eso vale la pena una pregunta distinta: ¿qué no logró destruir esta larga crisis?

Lo he pensado desde el terremoto. La devastación fue inmensa. Pero lo que sorprendió a los equipos internacionales de rescate no fue la magnitud de la tragedia, sino la actitud de los venezolanos: serenidad, disposición a ayudar, capacidad de organizarse espontáneamente, hasta buen humor en medio del dolor.
No era resignación. Era fortaleza.

Ese mismo espíritu aparece en gestos pequeños, y por eso más reveladores: todavía es habitual que un desconocido dé las gracias, que alguien ofrezca ayuda sin esperar nada a cambio. Podrá parecer menor. No lo es. Es el cemento invisible que mantiene unida a una sociedad incluso cuando sus instituciones han dejado de funcionar.

Lo mismo ocurre con los millones de venezolanos que hoy viven fuera. La inmensa mayoría reconstruyó su vida con trabajo y dignidad, sin perder su identidad, creando redes de apoyo para quienes llegaron después. Venezuela también viajó con ellos.

Todo esto me lleva a una convicción: el mayor patrimonio de una nación no son sus recursos ni sus instituciones. Es el carácter de su gente.

Nuestra historia ofrece razones para creerlo. Venezuela atravesó guerras civiles, dictaduras, crisis profundas. En distintos momentos pareció no haber retorno. Y sin embargo, una y otra vez, encontró la fuerza para comenzar un nuevo capítulo. Nunca fue fácil. Pero siempre existió una reserva moral que hizo posible el renacimiento.
Por eso no comparto el fatalismo de quienes creen que el país perdió definitivamente su capacidad de reconstruirse. Tampoco creo que nuestro futuro dependa solo de lo que decidan otros gobiernos, ni de una negociación política, por necesaria que sea. La comunidad internacional puede acompañarnos. Pero ninguna nación recupera su libertad porque otros se la concedan. La recupera cuando existe una sociedad capaz de sostenerla.

Y esa sociedad ya existe.

Está en quienes no dejaron de trabajar con honestidad cuando era más fácil resignarse. Está en quienes tendieron la mano a un vecino durante el terremoto. Está en quienes comenzaron una nueva vida en otro país sin dejar de sentirse venezolanos.

Con demasiada frecuencia hablamos de todo lo que Venezuela perdió. Quizá haya llegado el momento de hablar también de lo que conservó.

La democracia no será un regalo. Será una conquista de los venezolanos.

Y cuando ese día llegue, descubriremos que el verdadero cimiento de la reconstrucción no estaba en el petróleo, ni en los recursos minerales, ni siquiera en las instituciones que deberemos reconstruir. Estaba, silenciosamente, en la calidad humana de los venezolanos.

Eso fue, precisamente, lo que Venezuela nunca perdió.

www.analitica.com/opinion/lo-que-venezuela-no-perdio/