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Messi en la Casa Blanca

opiniones
Tiempo de lectura: 4 min.

Recientemente el presidente Donald Trump celebró una reunión en la Casa Blanca, a la cual invito a los integrantes del equipo Inter de Miami, campeón el año pasado de la liga norteamericana de futbol.

En la ceremonia se exhibió el trofeo obtenido, se le otorgo al mandatario una camiseta con el número 47, como último presidente norteamericano y la palabra "Trump" ⁠en la espalda. Además, se le entrego un balón rosa con la inscripción "Freedom to Dream" (Libertad para soñar) y un reloj con su nombre grabado, todos obsequios del club.

Refiriéndose a Lionel Messi, quien estaba a su lado en el escenario, Trump, cuya cultura futbolística es mínima, dijo que era el más grande jugador de la historia, por encima de Pele, afirmación algo temeraria, que el argentino recibió con una leve sonrisa.

 La guerra de Trump

No había que ser brujo para saber que Trump aprovecharía la ocasión para referirse a la guerra contra Irán mientras los futbolistas lo escuchaban ubicados detrás de él y con Messi a su lado. 

Seguramente no dijo que el bombardeo estadounidense se llevó a cabo sin la autorización del Congreso y dicen las malas lenguas, que por lo general aciertan, que se vale de la guerra confiando en que la victoria mejorara la mala imagen de su gestión y quien sabe si hasta lo saquen de la Lista Epstein. Igualmente cree que, gracias a ella saldrá bien librado de las elecciones de medio termino y alejara la amenaza del llamado impeachment, el cual supone un juicio político que puede llevar a su destitución como presidente. Bajo estas consideraciones, generadas desde lo más íntimo de su ego, dio luz verde al bombardeo de Irán y sus alrededores.    

Mediante informaciones que lucían contradictorias, Trump indicó que, dada la superioridad de los ejércitos de Israel y Estados Unidos, estaba garantizada una victoria rápida y contundente, lo que ha repetido unas cuantas veces, a pesar de que, al momento de escribir estas líneas, el conflicto ya lleva quince días y todo hace pensar que le faltan unos cuantos más. Adicionalmente no esta para nada claro cuál será su final, Trump nos confunde porque pareciera que él mismo esta confundido.

Pero como se sabe, las guerras, no se le consultan a la gente, apenas se avisan, ignorando los problemas que agobian la vida de gran parte de los ciudadanos de a pie. Son ellos los que mueren, aún sin estar en los campos de batalla, los que sufren las penurias económicas, los que tienen que migrar sin saber a dónde, llevando un morral al hombro, como si allí cupiera su vida y la de los suyos

Un Nuevo Desorden Mundial

Ciertamente, este conflicto se veía venir. Bastaba con asomarse al planeta, rodeado de conflictos por todas partes, que se desenvuelven soslayando las normas internacionales establecidas por la ONU en 1945. Así las cosas, no debe extrañar que asome la idea  de un “Nuevo Desorden Mundial”.

La actual guerra define dos bloques. Por un lado, Estados Unidos y sus aliados tradicionales y por el otro, Rusia y China, con sus respectivos socios, entre ellos Irán. Esta división es militar, política, económica y tecnológica y muestra de manera evidente, que el proceso de globalización carece de gobernanza. Hoy en día la ONU semeja un “jarrón chino”.

Dado este entorno vale la pena destacar la importancia geopolítica de la revolución digital, la cual se apoya en los combustibles fósiles y los recursos hídricos, cada vez más escasos en comparación con su demanda, los cuales se requieren en grandes cantidades con el fin de alimentar los centros de datos. Los misiles y los drones que de día y de noche surcan los aires del Medio Oriente no tienen otro motivo que el dominio sobre los recursos petroleros, como ocurrió también en la “extracción” de Nicolás Maduro y Cilia Flores de Venezuela.

Messi crucificado

Como ya lo señalé, la mencionada la celebración deportiva, tuvo como telón de fondo la situación que someramente ha quedado descrita en las líneas anteriores. 

Trump habló de la guerra, tratando de argumentar su necesidad y mostrando un optimismo a prueba de bala. Dentro de estas circunstancias aparece la figura de Messi, quien ha sido objeto de severas críticas a raíz de su presencia junto al presidente norteamericano. 

La FIFA, institución que gobierna en el enorme escenario del balompié, establece en su código de ética que la organización debe ser políticamente neutral y por otro lado, cabe suponer que en alguna parte debe haber una norma no escrita que impida a los jugadores ensuciar la cancha introduciendo la política.

 A Messi lo están crucificando, no por haber hecho algún comentario después el discurso guerrero de Trump, sino por todo lo contrario, por haberse quedado callado frente al discurso del responsable de una posible Tercera Guerra Mundial. Su silencio ha sido interpretado de varias maneras, cuyo común denominador pareciera ser su complicidad política.

Quienes están familiarizados con el futbol saben que Messi ha sido, más bien, una persona tímida y muy poco inclinada a la interacción social, más allá del balón. Es un tormento tener que entrevistarlo, cuesta sacarle las palabras, según lo han señalado muchos periodistas. Alguna vez se habló de que padecía de asperger, una suerte de autismo limitado, observado en personajes muy importantes que se han caracterizado por tener “una inteligencia promedio o superior, intereses muy focalizados y rutinas severas”. En verdad, nunca se supo de un dictamen médico que certificara lo anterior, pero lo que sí parece ser es que semejantes características hicieron mejor futbolista a Lionel Messi, así como a Einstein lo convirtieron en mejor científico. 

Cambiando de tema, aunque no tanto, en el próximo mundial de futbol participarán Qatar, Arabia Saudita y posiblemente Iraq, tres países contra los que Irán ha lanzado misiles durante estos días. Por otro lado, la selección iraní participará en una competencia organizada por un Gobierno que ha bombardeado a su país.

Cosas veredes, amigo Sancho.