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Palabra cierta

opiniones
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Los discursos del Papa León XIV y otros, que se dieron con motivo de su reciente visita a España, refuerzan el sentido del poder de la palabra como la herramienta de inteligencia natural humana jamás creada, capaz de influir en los sentimientos y comportamiento de todos quienes habitamos en este mundo, la Tierra, a la cual pertenecemos y nos debemos.

Las palabras, ladrillos de la estructura de los discursos suelen no matar directamente, pero si herir profundamente dejando huellas imborrables que apenas se atenúan con el tiempo, gracias a la buena voluntad de quienes alguna vez las escucharon o las leyeron. Afortunadamente, las palabras también sirven para sanar, unas veces definitiva y holísticamente otras, solamente alivian y ayudan a superar las penas individuales o colectivas. Tan poderosas pueden ser las palabras que ellas son la principal medicina que utilizan los psicólogos y los psiquiatras evitando el uso de medicamentos.

Las palabras sanadoras deben formar parte de las conversaciones cotidianas, de las charlas, de las conferencias, de las clases magistrales y principalmente de los discursos de los dirigentes, sean políticos, religiosos, empresariales o académicos. Los discursos de los lideres mundiales son como un torrente inmenso que baña medio mundo y afecta al mundo entero, de la calidad de sus “aguas” dependerá el beneficio o perjuicio de los mismos.

Las palabras son también consejos, enseñanzas y fuente de conocimiento para el sano disfrute y mejoramiento de la vida. Los proverbios bíblicos, las frases célebres, los dichos populares y los refranes son reflejo de esa sabiduría acumulada a través de los tiempos bien sea por tradición oral o escrita en los más diversos textos. Cabe destacar que la Biblia y Don Quijote de la Mancha son ejemplos vivos en el papel de como lo que se expresa en los libros ha influido y seguirá influenciando la vida de las personas.

Por lo tanto, debe prestarse la mejor atención a lo que se dice y lo que se escribe porque lo grabado o escrito puede ser borrado físicamente pero no de los oídos, ojos, mente y corazón de quienes se sientan aludidos. No es solo materia de conocimientos si no de prudencia, sensatez y respeto al prójimo. El amor se forja con la palabra y el odio también. Evitemos lo segundo.

Manuel Delgado Campos

Weston, Florida 

09 de junio de 2026