A principios del 2024, antes de la segunda elección de Trump, escribimos lo siguiente:
"En nuestro país, un número importante de opositores a la dictadura de Maduro ha apostado por Donald Trump como el caballero andante que nos liberará de los tiranos. Se les olvida que ya tuvo esta oportunidad en el pasado, y que, afortunadamente sus acciones no pasaron mas allá de sus palabras. Y digo, afortunadamente porque una acción militar gringa sólo acentuaría nuestras diferencias como pueblo y tendría consecuencias impredecibles. Y es que además es ingenuo pensar que una acción contra la dictadura venezolana por parte de Trump sería una acción altruista y a favor de la democracia. Lo dijo claramente en junio de 2023 (transcribo literalmente) “Cuando salí de la presidencia, Venezuela estaba lista para colapsar y hubiéramos agarrado todo ese petróleo. ¡Pero ahora le compramos petróleo a Venezuela! ¿Pueden creerlo?”
Los pueblos se equivocan. A mí me resulta doloroso pensar que la gran democracia norteamericana apueste de nuevo a un individuo errático, mitómano, prepotente e intolerante como su líder. Porque los valores que debe encarnar un líder no pueden ser muy diferentes a los que uno desearía reflejar en sus hijos. Un líder mundial no puede desconocer las evidencias científicas de fenómenos como el cambio climático, como tampoco menospreciar las diferencias sexuales, religiosas o raciales de un planeta diverso. Un mundo en paz requiere de líderes solidarios y sensibles con los seres humanos que vinieron al mundo con oportunidades disminuidas.
Es obvio que nos equivocamos en varias cosas: Trump fue el hombre que se atrevió a decapitar a Maduro y gracias a ello tenemos la esperanza de una verdadera luz al final del túnel. Pero también acertamos en afirmar que esa acción traería consecuencias impredecibles.
Ahora bien, ni en las peores escenarios hubiéramos podido imaginar que el narcisismo ultraderechista de Trump nos llevara a una situación tan surrealista como la que estamos enfrentando a tres meses de la defenestración de Maduro: sus herederos directos, aquellos una vez sancionados por la administración americana por crímenes de toda índole, ahora son sus héroes, pues han permitido sin ambages, que nuestras riquezas fluyan hacia sus arcas imperiales sin ninguna clase de alcabalas, como en los tiempos coloniales de Carlos V.
Donald Trump acaba de afirmar el día de hoy que el proceso neo colonial en Venezuela va tan bien, que es posible "que la situación se prolongue indefinidamente".
Nuestro personaje (lo hemos dicho en muchas ocasiones) es alérgico al término democracia, a la independencia de poderes. El hecho de que millones de venezolanos sigan sobreviviendo en la miseria a consecuencia de los bajos salarios, no es para él ninguna prioridad, como tampoco lo es el destino de cientos de presos de conciencia que aún languidecen en nuestras cárceles.
Durante estos tres lagos meses se ha evidenciado además que MCM, la verdadera heroína de esta gesta, representa un liderazgo que le estorba a Trump, el cual necesita más bien perritos falderos sin escrúpulos como los que ahora confirman la corte de nuestro protectorado tropical.
Yo no tengo ninguna duda de que Donald Trump pasará a los libros de historia como un mal y trágico chiste. El orden mundial del que hasta ahora gozábamos, donde con lógica excepciones imperaba la decencia, está siendo vapuleado sin misericordia. Será el mismo pueblo norteamericano el que en noviembre de este año tendrá en sus manos el inicio de la recuperación de una democracia que, hasta el año pasado, había sido ejemplo y admiración para todo el orbe.
Solo así podremos en Venezuela soñar con ser, nuevamente, los rectores de nuestro destino.
Aunque (no tengo duda) más de uno de ustedes estará tentado por tomar la vía más fácil: la del ir al Walmart de La Urbina desde Chacao, en la mañana tomando la autopista Donald Trump mientras observa en su costado ondear la bandera americana pero ahora con cincuenta y un estrellas.