Desde la captura de Maduro y el golpe quirúrgico al corazón militar del gobierno de facto, el tablero venezolano entró en una fase que obliga a hacer borrón y cuenta nueva. La inercia anterior —Trump presionando, chavismo cediendo espacio, Edmundo preparándose para asumir y María Corina consolidando un proyecto de transición— quedó rota por una decisión que colocó a Estados Unidos jugando su propio juego, con sus propios tiempos y fichas, y dejó al llamado chavismo 3.0 de Delcy (1.0 Chávez y 2.0 Maduro) tratando de presentarse como interlocutor “viable” ante un mundo que sabe perfectamente que su cúpula está hasta el cuello de causas penales.
- La captura de Maduro: favor involuntario al chavismo 3.0
Maduro no fue “entregado” por nadie; se lo llevaron. La operación que terminó con su captura fue el resultado de meses de inteligencia, infiltración y coordinación militar, diseñada y ejecutada sin que el alto mando chavista decidiera sacrificarlo como ficha consciente; más que nada porque entregarlo significaba entregar un activo de información y datos que no era (ni es) deseable para nadie… Ni para los que están adentro de Venezuela, ni para los personajes mundiales financiados por el dinero mal habido por el chavismo… No… definitivamente a nadie le convenía entregarlo. Punto.
Lo cual no quita que, una vez consumado el hecho, el chavismo haya encontrado en esa pérdida un regalo inesperado que les dio Trump, pero que todos sabemos que no llegarán muy lejos; porque lo que Trump les pide es que se desarmen ellos mismos, y eso… Bueno… eso es muy difícil que ocurra.
Al quitar de la escena a un líder agotado, torpe y crecientemente tóxico, se le ofrece a la corporación criminal la posibilidad de recomponerse con una nueva narrativa: “devuelvan a Maduro”, como antes fue “devuelvan a Alex Saab”. Esa consigna cumple varias funciones: cohesiona a los pocos chavistas que quedan, permite presentarse como víctimas de una potencia extranjera, y abre una disputa sucesoria que, bien manipulada, puede servir para reforzar el control interno de Delcy y Cabello, con Padrino mediando en nombre de la “institucionalidad militar”.
La paradoja es cruel: el golpe exterior que muchos imaginaban como el principio del fin puede convertirse, si se maneja mal, en el principio de un chavismo 3.0 más cínico, más adaptado y más difícil de desmontar.
- Chavismo 3.0: un régimen jurídicamente inviable
El experimento de un chavismo 3.0 bajo tutela externa nace herido de muerte; pues los principales cuadros civiles y militares que hoy se presentan como administradores “racionales” —Delcy, Cabello, Padrino y el resto de la cúpula— están indiciados o señalados en expedientes por narcotráfico, corrupción masiva, violaciones sistemáticas de derechos humanos y delitos financieros transnacionales, tanto en tribunales estadounidenses como en informes de organismos multilaterales y ONG especializadas.
Eso significa que cualquier esquema que los coloque como socios centrales de una transición, arrastra un problema estructural: son jurídicamente tóxicos.
No pueden garantizar seguridad jurídica a inversionistas serios, ni firmar acuerdos de largo plazo en petróleo, electricidad o reestructuración de deuda sin que esos acuerdos queden bajo sospecha o en riesgo permanente de ser desconocidos por futuras administraciones o tribunales.
A esto se suma un dato político que en Caracas todos conocen, aunque algunos prefieran mirar para otro lado: fuera de la cúpula corrupta, el apoyo real al proyecto chavista entre civiles y militares se ha reducido a un núcleo duro menor al 10% del país. El resto —el 90% civil y uniformado— está, con matices y miedos, mucho más cerca de la narrativa y del proyecto de reconstrucción que encarna María Corina Machado que de cualquier promesa de “normalización” de la corporación criminal.
- El escorpión de tres cabezas: Delcy, Cabello y Padrino
Para poner un marco adecuado, es bueno conocer que la fábula de la rana y el escorpión cuenta cómo un escorpión pide a una rana que lo cruce en su lomo para pasar un río, prometiendo no picarla porque ambos morirían; la rana accede, pero a mitad de camino el escorpión la pica, justificándose, mientras también moría, al decir que es su naturaleza, enseñando que no se debe confiar en quienes son inherentemente malvados, pues sus acciones destructivas son inevitables. Demás está decir que la rana es el gobierno de Trump, y el escorpión… bueno…ya sabemos.
El tridente Delcy–Cabello–Padrino sigue siendo el verdadero vértice del poder interno. Delcy concentra la memoria operacional del sistema: flujos de caja, redes petroleras, contactos internacionales, engranaje de sanciones y contra-sanciones, relación con actores ilegales y canales de financiamiento opaco.
Cabello cumple el rol de policía malo, garante del miedo, operador territorial y vocero del odio, manteniendo a raya a la base y a los mandos medios; mientras Padrino se reserva el papel de árbitro castrense, moviendo su lealtad donde crea que la institución militar y su propia supervivencia estén mejor protegidas.
Este escorpión de tres cabezas puede liberar presos políticos, firmar gestos humanitarios y hablar de elecciones, pero su naturaleza no cambia: vive de la renta ilícita del petróleo, la droga, el contrabando y la corrupción, y está dispuesto a clavar el aguijón a cualquiera —Trump incluido— que intente cruzarlo al otro lado del río pretendiendo domesticarlo.
Lo que hoy se vende como “chavismo racional” ante Washington es, en la práctica, la misma corporación criminal adaptándose a un nuevo marco de fuerza, intentando sobrevivir “un día a la vez” mientras ve hasta dónde puede estirar el experimento de chavismo 3.0.
- Petróleo y electricidad: sin los planes de MCM no hay salida
Petróleo y droga funcionan como un sistema hidráulico. Cierras una válvula, la presión sube y el flujo busca otra salida: cambian las rutas, los intermediarios, las banderas en los buques, los bancos corresponsales, pero el líquido —sea crudo o cocaína— sigue intentando avanzar.
Los golpes de fuerza, las sanciones, los embargos y hasta la destrucción puntual de infraestructura pueden alterar temporalmente el caudal o redirigir los beneficiarios, pero no desmontan por sí solos la estructura de incentivos que sostiene al cartel de los soles.
Hoy se habla de tanques llenos, de 35 millones de barriles en almacenamiento con disponibilidad de despacho inmediato, de acuerdos puntuales con nuevas contrapartes, de “paradas técnicas” en la producción; y mañana, cuando baje el ruido, el sistema volverá a buscar sus filtraciones naturales. Si no se rompe la arquitectura financiera, logística y política que sostiene ese circuito, el petróleo y la droga seguirán fluyendo, solo que con otros nombres en las facturas y otros beneficiarios en la cima.
En el plano económico y técnico, los números son brutales; Venezuela sigue teniendo las mayores reservas probadas de crudo del planeta, pero su infraestructura está devastada, su producción se mueve en una franja de 500.000 bpd a algo más de 800.000 de barriles diarios, y buena parte de su parque refinador y del sistema eléctrico nacional opera por debajo de umbrales mínimos de seguridad. La minería ilegal y los pasivos ambientales agravan todos los indicadores de riesgo.
Los ingresos petroleros de 2024 se estiman en unos 17.500 millones de dólares, con China absorbiendo cerca del 80% de las exportaciones, aunque ya se abren negociaciones para redirigir parte de esos flujos hacia Estados Unidos y otros compradores, ahora bajo el nuevo esquema de control tutelado, que no está muy claro cómo será esto cuando se lleve a la práctica. Que en principio luce como improvisado y desprolijo.
Nada de esto se detuvo con la captura de Maduro; apenas se reconfiguró. La presión de sanciones y ataques puntuales sobre instalaciones genera cuellos de botella —tanques llenos, barcos esperando, acuerdos “bloqueados”—, pero en cuanto aparece una rendija política, el líquido vuelve a correr: nuevos contratos, nuevos intermediarios, nuevas triangulaciones.
Ese es el corazón del sistema hidráulico: el cartel de los soles no vive de comunicados, sino que vive de que el petróleo y la droga nunca dejen de encontrar camino, aunque cambien de bandera, de banco o de puerto.
No hay forma realista de reparar el sistema eléctrico, recuperar producción petrolera de manera sostenible y reinsertar a Venezuela con credibilidad en los mercados energéticos sin usar, casi al detalle, los planos que equipos técnicos vinculados a María Corina han ido elaborando en estos años: cronogramas de inversiones, paquetes regulatorios, esquemas de asociación público-privada, limpieza institucional y disolución de PDVSA y de los entes del sector eléctrico, y anclajes macroeconómicos.
Cualquier intento de “arreglo petrolero” encabezado por la cúpula chavista, sin ese soporte técnico y sin un mínimo de legitimidad, chocará rápidamente con dos muros: la incapacidad gerencial del cartel y la desconfianza jurídica de los actores serios; así Trump les presente un panorama diferente.
La hoja de ruta propuesta por MCM y sus colaboradores, directos e indirectos, no se limita a sacar a Maduro: plantea desmontar la corporación criminal, reconstruir instituciones, reintegrar a la diáspora, reinsertar la economía en el mundo y reordenar la relación con Estados Unidos y el resto del hemisferio en términos de soberanía responsable, no de tutela mafiosa.
Por eso, paradójicamente, mientras el chavismo se maquilla ante Washington y Trump experimenta con la idea de “manejar” al escorpión, el único proyecto con capacidad de ofrecer una transición genuina —civil, constitucional, con mandato popular— es el que hoy está más marginado del nuevo juego formal de poder.
Pero esa marginalidad institucional no elimina su centralidad social, pues sigue siendo el plan que reconoce la naturaleza del escorpión, entiende el sistema hidráulico del petróleo y parte de la premisa de que no hay salida sostenible si el cartel de los soles permanece dominando la caja, la fuerza y el territorio.
- Trump como “hacedor de cisnes negros”
Donald Trump se ha consolidado como una figura con un poder gigantesco hacia adentro y hacia afuera de Estados Unidos, y, a diferencia de su primera presidencia, ahora está demostrando que sus amenazas pueden materializarse de forma brutal. Lo que antes funcionaba sobre todo como disuasión y retórica —“todas las opciones están sobre la mesa”—, hoy se ha convertido en acciones concretas: el ataque a Irán y la operación que terminó con la captura de Maduro son ejemplos claros de que ha decidido restaurar valor a su palabra haciéndola cumplir en el terreno.
Eso lo convierte en un verdadero “hacedor de cisnes negros”: un actor capaz de producir eventos altamente improbables, de impacto enorme y difícil de anticipar en sus consecuencias.
El problema, para bien y para mal, es que ese poder se ejerce sobre un tablero donde conviven instituciones estadounidenses, lobbies energéticos, comunidades de inteligencia, aliados regionales y un escorpión criminal del otro lado del río.
Si Trump decide corregir rumbo y volver a poner a María Corina en el centro del diseño de transición, el tablero puede girar a favor de una salida democrática robusta; si persiste en el experimento de manejar al escorpión, la región corre el riesgo de entrar en un ciclo prolongado de inestabilidad administrada.
- Excarcelaciones y teatro humanitario: alivio real, cambio limitado
Las excarcelaciones de presos políticos de los últimos días son, para las víctimas y sus familias, un alivio profundamente humano que no puede minimizarse. Al mismo tiempo, forman parte de un guion en el que el chavismo 3.0 intenta maquillar su rostro ante la comunidad internacional, ofreciendo rehenes a cambio de legitimidad y oxígeno político, mientras mantiene intacta la arquitectura represiva y mafiosa en el interior del país.
Las excarcelaciones de decenas de presos políticos, entre ellos figuras opositoras y algunos extranjeros, son presentadas por el gobierno interino como un gesto de “paz” y “convivencia”, y por la Casa Blanca como una respuesta a sus pedidos.
Pero los mismos reportes recuerdan que todavía quedan entre 800 y 900 personas detenidas por motivos políticos, y que muchos de los liberados podrían seguir bajo medidas de restricción y vigilancia… y de algunos seguimos sin tener pruebas de vida.
Para Delcy y su entorno, esta ola de excarcelaciones funciona como una operación de cosmética: baja presión internacional, genera titulares positivos, le da a Trump una narrativa de éxito humanitario y no altera la estructura central de poder, que sigue en manos del mismo tridente Delcy–Cabello–Padrino.
La naturaleza del escorpión no cambia porque libere rehenes; es el típico movimiento del escorpión: afloja la presión justo lo suficiente para seguir vivo en el río, pero nunca deja de tener el aguijón listo cuando la atención internacional se distraiga y la gente vuelva a la rutina del “día a la vez”, pero esta vez, para el país como un todo.
Estados Unidos presenta estas liberaciones como resultado de su presión y como señal de que el nuevo esquema de fuerza empieza a producir concesiones. El riesgo es confundir este teatro humanitario con una verdadera transición: sin desmontaje del aparato de inteligencia interna, sin depuración judicial y sin garantías de no repetición, las liberaciones puntuales pueden ser, otra vez, una válvula del sistema hidráulico del poder, no el inicio de un cambio estructural.
- Escenarios: entre el borrón y la eternidad maquillada
A partir de este “borrón y cuenta nueva”, los escenarios se ordenan sobre una pregunta clave: ¿se acepta la naturaleza del escorpión y se decide matarlo (desmontar el cartel de los soles y su poder político), o se insiste en cruzar el río con él esperando que no pique?
- Escenario A – Transición tutelada con chavismo 3.0 fuerte (riesgo alto).
EEUU consolida a Delcy y la cúpula como socios operativos para asegurar petróleo, gestión mínima y control territorial, a cambio de gestos humanitarios y promesas vagas de elecciones futuras. El país mejora marginalmente en el día a día, pero la estructura criminal permanece, y el proyecto de María Corina queda fuera de la arquitectura formal de poder. Es el escenario de la eternidad maquillada - Escenario B – Ruptura tardía con el escorpión (turbulencia prolongada).
Con el tiempo, Trump y su entorno constatan que el chavismo 3.0 incumple acuerdos, mantiene dobles juegos con otros actores (Rusia, China, Irán) y no entrega resultados en seguridad ni en energía. Se produce una segunda ronda de tensión, sanciones y amenazas, sobre un país aún más agotado y una oposición que ha pagado el costo de haber sido marginalizada del diseño inicial. Pese a haber ganado legítimamente la elección del 28J24, lo cual pareciera estar siendo dejado de lado - Escenario C – Corrección estratégica hacia una transición genuina (mejor, aunque exigente). Sectores institucionales en EEUU, aliados europeos y la propia resistencia interna logran instalar la idea de que ninguna transición será estable si no incorpora el mandato del 28J24 y el proyecto de reconstrucción que articula MCM. Trump, en su lógica de cisnes negros, podría sorprender reintroduciendo a María Corina como pieza central o al menos imprescindible de la arquitectura de salida, combinando fuerza dura con un rediseño civil y democrático
- Escenario D – Normalización del infierno administrado (el peor a largo plazo).
El mundo se acostumbra a una Venezuela menos escandalosa pero igual de mafiosa: algunos presos liberados, algo más de ingreso petrolero, menos titulares de crisis abierta, pero el cartel de los soles intacto y un país condenado a sobrevivir un día a la vez. Es el escenario de la derrota silenciosa. - Recomendaciones estratégicas en la nueva fase
En este contexto, el peor error sería seguir actuando como si el libreto original siguiera vigente. Las recomendaciones deben actualizarse a una realidad donde el poder externo ya no es aliado lineal, sino actor autónomo:
- Dejar de romantizar a Estados Unidos sin caer en el antiamericanismo reflejo.
Hay que asumir que Washington tiene su propia agenda, que no siempre coincide con la del pueblo venezolano. Eso exige una relación madura: cooperación cuando ayuda a desmontar al cartel, crítica firme cuando consolida a la cúpula criminal - Insistir en el mandato del 28 de julio 2024 como ancla de legitimidad.
Aunque el tablero sea turbio, la única base sólida para una transición real es el mandato popular ya expresado. Esa bandera no puede abandonarse ni canjearse por cargos menores en una “transición” administrada por el escorpión - Poner en valor los planes de MCM.
Hacer visible, de forma concreta, que los únicos planes integrales para reconstruir petróleo, electricidad, instituciones y economía provienen del trabajo acumulado alrededor de María Corina y su equipo. Eso no es una consigna: son hojas de ruta, cronogramas, equipos humanos y redes técnicas que existen y que ningún otro actor tiene ordenados
- Reconstruir una estrategia opositora que entienda el nuevo juego.
No sirve seguir hablando solo hacia adentro, ni tampoco limitarse a la queja moral hacia afuera. Hace falta una línea que combine presión interna, articulación internacional inteligente y claridad sobre el verdadero rostro de Delcy, Cabello y Padrino
- Exponer sistemáticamente la naturaleza del escorpión.
Cada gesto “moderado” de la cúpula debe leerse a la luz de su historial criminal, su control de la droga y el petróleo, y su capacidad de represión. La narrativa de “Delcy moderada” no puede quedar sin respuesta ni dentro ni fuera del país
- Con Trump hay que hablar en el lenguaje que entiende: costo-beneficio, seguridad, energía y legado histórico.
Mostrarle, con datos, que apostar al escorpión es inviable y que incorporar el mandato popular y los planos de reconstrucción le permitiría convertir su jugada de fuerza en una victoria geopolítica duradera, no en otro pantano
- Mantener viva la mayoría social pro-transición.
Ese 90% que, en el fondo, sabe que el país solo sale adelante con un cambio de sistema y no de verdugos, necesita narrativa, liderazgo y organización para no caer en el cinismo ni en la resignación. Documentar abusos, cuidar liderazgos, sostener redes, explicar el tablero con honestidad y evitar las falsas ilusiones son parte central de esa tarea
- Prepararse para un juego largo, sin perder el horizonte.
El “día a la vez” no puede ser solo resignación; tiene que transformarse en resistencia inteligente. Proteger vidas, sostener redes sociales, documentar abusos, cuidar liderazgos, preparar el terreno para cuando la correlación de fuerzas vuelva a moverse Dialogar con el “hacedor de cisnes negros” sin idolatría ni odio
Si algo enseñan estas semanas es que el tablero puede cambiar brutalmente en cuestión de días, pero que el escorpión sigue siendo escorpión y el sistema hidráulico siempre busca por dónde seguir fluyendo. La tarea, dura pero ineludible, es evitar que ese movimiento termine consolidando para siempre lo que, por primera vez en mucho tiempo, parecía estar a punto de desmoronarse.
De aquí en adelante, el único análisis de entorno útil será el que parta de una verdad sencilla y dura: no hay transición viable con el escorpión vivo, y no hay reconstrucción posible sin los planos y la legitimidad que hoy solo encarna María Corina Machado y su proyecto.
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