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Ricardo Hausmann: “Si Trump no facilita la transición a la democracia, vamos a tener que oponernos a su estrategia”

Estrategia
Tiempo de lectura: 7 min.

Como a buena parte de los venezolanos, la celebración por la caída de Nicolás Maduro le duró poco a Ricardo Hausmann (Caracas, 69 años), uno de los economistas más destacados de la región y voz insigne del exilio venezolano en Estados Unidos. Desde Boston, donde dirige desde hace más de dos décadas el Centro para el Desarrollo de la Universidad de Harvard y da cátedra en la Escuela de Gobierno Kennedy, ha seguido con cautela la seguidilla de acontecimientos ocurridos en su país natal desde la madrugada del 3 de enero, cuando las piezas del tablero político se movieron de una forma insospechada.

“Estos días empezaron con una enorme felicidad y se han ido convirtiendo en unos de gran preocupación. Todo ello me ha hecho pensar en cuáles serán las próximas acciones de la diáspora y el movimiento democrático para enfrentar este panorama, porque sería un error creer que podemos quedarnos tranquilos ante los planes de Trump”, declara Hausmann en videollamada con EL PAÍS.

El exministro no ve completamente errada la estrategia de Washington para Venezuela, pero sí la cataloga de imprevisible. “Donald Trump le dijo a The New York Times que el único límite de sus acciones en el extranjero lo marcará su propia moral, no ninguna ley internacional. El problema que eso tiene es que si él hace lo que le da la gana, su comportamiento no es predecible. Cuando este país liberó a Europa, tenía una ética que lo orientaba. Ya no. Este Gobierno tiene una narrativa depredadora. Ello hace que todos tengamos que administrar ese riesgo. Y no creo que la forma de hacerlo sea sencillamente rezando por la buena voluntad de Trump, o confiando ciegamente en él”, asegura.

Pregunta. ¿Cómo vio el primer encuentro entre el presidente Trump y María Corina Machado?

Respuesta. María Corina ha tenido que manejar con mucha inteligencia el narcisismo patológico de Trump, quien tiene una obsesión con el premio Nobel y cree que se lo merece porque “paró ocho guerras”. María Corina es lo suficientemente noble como para tratar de quitar ese tema de la discusión para que no se convierta en un obstáculo para la democracia venezolana. A Trump le encanta que lo adulen, pero no respeta a quienes lo hacen. Él solo entiende de transacciones y María Corina es la líder de un movimiento político importantísimo. En este intento que tiene Trump de manejar Venezuela, le conviene que ella esté de su lado y no haciéndole oposición. De ello dependerá si le dan una silla en la mesa en este proceso de transición.

P. ¿Y si no se la dan?

R. Inevitablemente, tendrá que tomar distancia para defender los intereses políticos de su movimiento. Creo que en este momento, ella le ha sido muy útil a Trump. Espero que Trump también le sea útil al movimiento democrático, aunque el escenario aún no esté claro.

P. Uno de los puntos de negociación de Machado con la Casa Blanca es su regreso a Venezuela.

R. Si María Corina no puede regresar, ¿quién puede hacerlo? Si Estados Unidos no logra que Delcy Rodríguez libere a los presos políticos y permita el regreso de los exiliados, no habrá recuperación económica. Es muy importante que el Gobierno de Trump demuestre que puede cambiar las cosas dentro del país. No han sido capaces de sacar a Diosdado Cabello [ministro del Interior], que ha sido incluido en la misma acusación de Nicolás Maduro. Tampoco a Vladimir Padrino López [ministro de Defensa]. Hay cientos de militares presos por orden de Cabello, quien controla el brazo armado que tiene el chavismo. Delcy tampoco ha podido sacarlo, pero el día que le dé la gana, Diosdado sí puede sacarla a ella. Estamos en una situación de una gobernabilidad rarísima dentro de Venezuela, en la que el flujo de caja, que viene del petróleo, lo administra Trump. Este dice que Delcy está haciendo todo lo que le piden, y me parece interesante porque si no terminan de liberar a los presos políticos en unos días más, esos presos serán ahora de Trump.

P. ¿Por qué Washington sigue sin darle prioridad a la ruta democrática?

R. Trump cree que tiene unos plazos que no están en la Constitución. Esta establece claramente que cuando hay una falta absoluta del presidente, se tiene que llamar a elecciones en 30 días. Y cuando la falta no es absoluta, se le puede esperar por 90 días a ver si reaparece y hasta por 90 días más. Pero en 180 días tiene que haber elecciones sí o sí. Esos no son los plazos de Trump. La Casa Blanca está actuando fuera de todo marco constitucional, que es justo lo que hacía Maduro. Las empresas serias no van a querer invertir en petróleo hasta que no haya legalidad. De pronto, les resultará más fácil concentrar la producción en PDVSA, y que el Gobierno gane dinero del flujo de caja, pero eso hará mucho más lenta la recuperación de la producción.

P. La exigencia de legalidad que han reclamado empresas como ExxonMobil para reinvertir en Venezuela se alinea con el interés nacional por la transición democrática.

R. Las petroleras quieren entrar a un país con Estado de derecho. La ley actual de hidrocarburos hace que Venezuela no sea invertible. Delcy ya anunció que la van a modificar, pero quién lo hará, ¿una Asamblea Nacional ilegítima que nadie reconoce? Eso no tiene presentación. Si el portaviones y todo lo demás que Estados Unidos mantiene en el Caribe no es capaz de sacar a Diosdado, me parece que es una señal de que el régimen está esperando que Trump se distraiga y cambie de prioridades para ellos seguir consolidados en el poder. No veo la presión estadounidense por liderar una negociación del pacto político en el país, pero reconozco que han pasado muy pocos días.

P. Usted fue ministro en los años noventa, justo cuando Panamá vivía un proceso de transición luego de la captura de Noriega. ¿Qué lección podría rescatar de aquella intervención estadounidense?

R. Guillermo Endara había ganado las elecciones y, tras deponer a Noriega, los americanos lo pusieron en el poder. En Venezuela pudo haber ocurrido lo mismo con Edmundo González Urrutia, pero fue una decisión del Gobierno de Trump no hacerlo así, y todavía no sabemos qué tan largas son las patas de esta decisión. Si Trump no facilita la transición a la democracia, los venezolanos no vamos a tener otra opción que oponernos a esta estrategia más temprano que tarde. Solamente con esa presión vamos a lograr que las cosas se encaminen hacia donde queremos.

P. En 2018, declaró a EL PAÍS que los países que colapsaron como Venezuela nunca tuvieron una recuperación en menos de una década. ¿Aún lo suscribe?

R. Hay que separar la tendencia y el nivel. Venezuela era cuatro veces más rica el día que Maduro llegó al poder (en abril de 2013) de lo que es hoy. El PIB cayó 75%, lo que quiere decir que, para llegar a donde estuvimos, hay que cuadruplicar el tamaño de la economía. Eso va a tomar más de una década por la emigración masiva. El capital humano que tenía el país en ese momento no está, y llevamos ocho años depreciando el capital físico institucional sin reponerlo. Hay mucho trabajo que hacer, pero la recuperación de Venezuela pasa, sin lugar a dudas, por el regreso de su diáspora. Pero si seguimos siendo un país en el que, por ejemplo, los periodistas no pueden publicar que María Corina Machado ganó el Premio Nobel de la Paz, todo indica que no se puede volver. El retorno de la diáspora está condicionado por la reinstauración de los derechos, sin estos no habrá una recuperación fuerte.

P. ¿Entonces el futuro de Venezuela no pasa solo por el rescate del sector petrolero?

R. Se lo voy a poner así. Cuando yo nací [1956], Venezuela producía tres millones de barriles de petróleo. Ahora produce menos de uno y en aquel momento teníamos siete millones de habitantes. Actualmente, sumando a la diáspora, somos alrededor de 35 millones. Esto quiere decir que somos cinco veces la población de cuando nací, pero con un tercio de la producción de petróleo de entonces (21 barriles per cápita menos que en los años cincuenta). Si quieres crear prosperidad, por más que recuperes el sector petrolero, ahora somos mucho más grandes que eso. Venezuela tiene unas 12 millones de hectáreas de buena tierra, y actualmente solo se explotan 300.000. Tenemos el mejor río hidroeléctrico del mundo y no estamos sacando esa hidroelectricidad. Nuestro potencial turístico es absolutamente fenomenal y no estamos haciendo nada con eso. También gozamos de una diáspora superconectada y capaz de insertar al país en el mundo del software, la inteligencia artificial y los nuevos negocios. Si queremos realmente entusiasmar a los venezolanos tienes que dibujar un futuro mucho más grande que el petróleo. Para la recuperación del país hacen falta millones, y esta va a venir de la mano de la reestructuración.

P. ¿Se siente optimista con lo que viene?

R. No ha llegado el momento de bajar la guardia. Sería una actitud peligrosa. Tenemos que hacer del tema de nuestros derechos y nuestras libertades uno político e importante dentro de Estados Unidos. También uno dentro de los debates y las negociaciones entre Estados Unidos y Europa. Los europeos están en un momento de gran debilidad. No se han querido pelear con los americanos por la guerra en Ucrania. Venezuela tiene 5.000 millones de dólares en el Fondo Monetario Internacional y Europa podría negarle al Gobierno de Delcy Rodríguez el acceso a estos fondos. Para ello necesitamos crear una coalición internacional prodemocracia en Venezuela. El Partido Demócrata debería tomar esa carta, porque si Trump pierde las elecciones legislativas de noviembre, habrá más control democrático sobre sus acciones. Vamos a tener que seguir peleando. Este partido no está ganado aún.

https://elpais.com/us/2026-01-22/ricardo-hausmann-si-trump-no-facilita-la-transicion-a-la-democracia-vamos-a-tener-que-oponernos-a-su-estrategia.html