Durante décadas, y salvo por honrosas excepciones, la tragedia venezolana fue analizada como un pleito doméstico o, a lo sumo, como una reminiscencia ideológica tardía de la Guerra Fría. El impacto de lo que se gestaba fue menospreciado abiertamente, cuando no, desvirtuado u ocultado de forma cómplice. Sin embargo, las acciones del pasado 3 de enero, evidencian su calibre y alcance.
Para comprender este sismo político, conviene utilizar la metáfora del Problema de los Tres Cuerpos, un concepto de la física con una aplicabilidad escalofriante a la geopolítica actual, popularizado por Cixin Liu y que Niall Ferguson emplea en su obra Doom: The Politics of Catastrophe.
En la física clásica, la interacción entre dos cuerpos es predecible. Políticamente, esto se traduciría en la Doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD), que mantenía un equilibrio tenso pero previsible durante la Guerra Fría, tras la Segunda Guerra Mundial. De igual manera, la larga relación Venezuela-EEUU: petróleo por dólares, una dependencia mutua que, aunque con fricciones en este siglo, mantenía una órbita estable. Pero el chavismo, en su naturaleza autoritaria, decidió invitar a otros gigantes al baile. El sistema se volvió tripolar y, por definición, inherentemente caótico.
Así las cosas, Venezuela no es un conflicto aislado; es un nodo donde colisionan tres masas gravitacionales de fuerzas políticas, económicas, militares, tecnológicas y culturales de alcance global:
Cuerpo 1 (Eje Liberal-Democrático): EEUU y la red de democracias liberales cuya fuerza es la presión económica y el imperativo de la restauración institucional.
Cuerpo 2 (Eje Panóptico-Autoritario): China, Rusia y otro conjunto de gobiernos autoritarios, proveedores del andamiaje financiero, tecno-militar y mediático, para el control y la vigilancia.
Cuerpo 3 (Eje Ilicitud): redes de ilegalidad como el Cártel de los Soles o el Tren de Aragua, grupos guerrilleros y terroristas (ELN, Hezbolá, Hamas), mafias de corrupción y economías negras (tráfico de oro/narcóticos/armas/personas), con sus correspondientes entes de lavado y legitimación de capitales.
La acción ordenada por el Presidente Trump el 3 de enero no fue solo una operación de captura policial; resulta en una colisión geopolítica que extrae a Venezuela de la órbita de los Cuerpos 2 y 3.
La transición no es un interruptor
A pesar del inocultable impacto, el sistema no sana automáticamente con la remoción de la cabeza. Persiste el caos. La designación de figuras del sistema para estabilizar la transición -como D. Rodríguez- no debe leerse como un pacto de impunidad, sino como una estrategia de desmantelamiento desde lo interno: ‘cuña del propio palo’. El objetivo es claro: desactivar los nodos de inteligencia cubana y rusa antes de que el sistema intente un reacomodo gatopardiano.
Sin embargo, el tiempo es el recurso más escaso y el arma favorita de quienes apuestan al fracaso. Por ello, la prioridad absoluta hoy no es la retórica electoral, sino la Seguridad. No habrá democracia donde las redes de la ilicitud sigan controlando el territorio.
La prioridad: Seguridad
La estrategia que guía esta transición es clara: la democracia no es el punto de partida, es el premio de salida. En un sistema de tres cuerpos, si la «masa» de la ilicitud (el Cuerpo 3) no es neutralizada, cualquier intento de reorganización institucional será devorado por el caos. Por lo tanto, hay al menos 3 ejes a considerar:
Seguridad física y control territorial: La prioridad absoluta es recuperar el Monopolio de la Fuerza por parte del Estado y desarticular las redes horizontales de ilicitud que convirtieron al país en un santuario del crimen. Estas redes son más resistentes que las jerarquías verticales, por lo que la estrategia incluiría el aseguramiento fronterizo, así como la protección de instalaciones críticas: Guri, pozos, refinerías, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones, etc.
Ciberseguridad: El control del ciberespacio es el campo de batalla donde se protege la data del Estado y se neutraliza la influencia extranjera. El aseguramiento de la Bóveda de Cristal, fusión masiva de bases de datos (SAIME, banca pública, Sistema Patria) es crucial. Su control permite realizar transferencias monetarias directas a la población -quebrando el control social del régimen- y asfixiar financieramente a los nodos criminales. En manos indebidas, esta información permitiría la persecución biopolítica (listas de objetivos) y el sabotaje quirúrgico de la infraestructura nacional, financiando una insurgencia prolongada para minar la transición a la democracia.
Paz social y liderazgo: La transición enfrenta una estabilidad precaria que puede ser saboteada por los mismos actores que causaron la crisis, instrumentalizando el malestar social. La existencia de un liderazgo nacional reconocido, personificado por María Corina Machado, es el elemento fundamental para bajar las tensiones internas. Su liderazgo proporciona la confianza necesaria para que la sociedad resista las presiones de los actores del antiguo régimen que intentarán aprovechar la destrucción multidimensional generada por el socialismo del siglo XXI para descarrilar la transición.
Gestión Económica de Transición.
Resulta desaconsejable que los fondos de la reconstrucción se canalicen por las ‘cajas negras’ de PDVSA o el BCV. Se debería crear un fideicomiso de transición, como instancia técnica, mediante una cuenta de custodia internacional (Escrow) en un banco de los EEUU, que opere con transparencia radical, mostrando en tiempo real cada transacción petrolera. Para avalar su transparencia, este flujo ha de ser auditado por una estructura, que podría ser tripartita, combinando profesionales venezolanos (de confianza de Machado, que desarrollaron el programa Venezuela Tierra de Gracia, para definir la canalización de gasto), la supervisión de organismos multilaterales y una contraloría ciudadana activa.
El destino de estos fondos se priorizaría para estabilizar la economía y quebrar el control social del antiguo régimen y los recursos se concentrarían en al menos áreas críticas: transferencias monetarias directas a la población vulnerable para eliminar el control sociopolítico, gasto corriente para mantener el funcionamiento de la administración pública y un fondo para las importaciones y la recuperación de la infraestructura básica. De este modo, el ingreso del periodo de transición se convierte en motor de la estabilización orbital del país.
El liderazgo de la esperanza
En medio de esta física de fuerzas brutales, queda la variable humana, el eje alrededor del cual giran el rescate e impulso a futuro de la sociedad venezolana. Ahí, el liderazgo de Machado se posiciona como elemento central para contener las tensiones de una sociedad herida.
La ruptura ya ocurrió. Ahora toca asegurar que el aterrizaje sea el inicio de nuestra propia ley de gravedad: la de la justicia y la libertad.
https://lapatilla.com/2026/01/11/venezuela-en-transicion-el-problema-de-los-tres-cuerpos-por-sary-levy-carciente/