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Opinión

Jesús Elorza G.

En todas las instalaciones deportivas del país, atletas, entrenadores y dirigentes se hacían las mismas preguntas ¿Cómo pasó esto?, ¿No puede ser?, ¿Vamos a seguir estando a la cola de Colombia?, ¿Cómo explicar que Brasil casi nos triplica en medallas de oro (133 a 31)?, ¿Quiénes son los responsables de este fracaso?, ¿No y que éramos Potencia Deportiva?, ¿Generación de Oro?, ¿Venezuela se arregló?... y lo más grave es que ninguna autoridad da respuesta sobre la actuación del país en los recién finalizados XII Juegos Deportivos Suramericanos, celebrados en Asunción, Paraguay.

- Un entrenador caminaba de un lado a otro exclamando: No puede ser, no puede ser. No logro entender como fuimos desplazados por Chile y Argentina, países que en los últimos veinte años siempre estaban por debajo de nosotros y ahora nos desplazan a la quinta posición en la tabla final de los juegos.

-Certifico lo señalado por mi colega, dijo otro entrenador. Para ser más exactos me permito señalarles que en los VII Juegos Suramericanos 2002 logramos alcanzar el 2ª Lugar con 97 medallas de Oro. Pero ojo, este resultado, gústele o no al gobierno, fue producto de los ciclos de preparación desarrollados en los gobiernos anteriores, mal llamados por este régimen como la IV República. Y disfrazaron este logro deportivo con una demagógica consigna, conocida por todos como “Generación de Oro”. Pero la historia que, no perdona, se encargó de desmentirlos, de dejarlos desnudos, ya que a partir de ese momento la debacle suramericana comenzó a hacerse realidad.

En el 2006 pasamos al 4º Lugar de la tabla. En el 2010 solo alcanzamos 89 medallas de Oro. En el 2014, la caída fue mayor, solo logramos 47 medallas y en el ciclo de Potencia Deportiva del Siglo XXI, en los Juegos del 2018, solo logramos alcanzar 43 medallas de Oro. El progresivo deterioro de los resultados deportivos en este proceso “revolucionario” de falsas y vacías consignas no se ha detenido, por el contrario, sigue su lamentable camino y ahora vemos, con una mezcla de tristeza y rabia, como en los Juegos Suramericanos 2022, la debacle se evidencia con mayor fuerza, en una de las peores actuaciones, al solo obtener 31 medallas de Oro y ocupar un 5º lugar, solo representativo de las incapacidades e incompetencias de las autoridades deportivas. Este régimen de gobierno, en veinte años (2002-2022) ha provocado un estrepitoso retroceso de más del 70% en el logro de medallas doradas

-Un dirigente deportivo, intervino para señalar, con mucha emotividad, que, más allá, del análisis estadístico, es importante determinar las causas que han generado este retroceso en el nivel competitivo de nuestro deporte. Factores sociales, económicos, políticos, éticos, morales y laborales han sido señalados, como los causantes principales de la crisis del deporte venezolano. Entre otros y a manera de síntesis, pudiera decirse que, las políticas y programas impuestos por este régimen durante más de dos décadas, se han caracterizado por los siguientes elementos:

  • una constante violación de la autonomía de las Federaciones Deportivas y del Comité Olímpico,
  • suspensión arbitraria del Registro de las organizaciones deportivas dejando en situación de ilegalidad a todo el sector deportivo federado,
  • una burocrática lucha por el poder se transformó en el objetivo principal de los representantes ministeriales y olímpicos. Quedando atrapado el deporte en una maraña de maniobras y agresiones para doblegar o conseguir apoyos de las federaciones deportivas o en su defecto que los altos funcionarios pasen a ocupar cargos en las directivas o comités ejecutivos de las federaciones,
  • tres años sin reunir al Directorio del IND,
  • el encubrimiento de los ilícitos ocurridos con todo lo relacionado al transporte, alimentación y viáticos de las delegaciones que representan al país en eventos internacionales,
  • el leonino convenio para traer 10,000 "entrenadores cubanos",
  • la no transparencia en el manejo de los cuantiosos recursos económicos del Fondo Nacional del Deporte,
  • la estafa continuada con la solicitud de divisas a Cadivi,
  • el encubrimiento de los ilícitos ocurridos con la construcción de las instalaciones deportivas para los Juegos Nacionales o para eventos internacionales como lo fue el caso del Estadio Iberoamericano de Atletismo en Maracay,
  • el grave y progresivo deterioro y abandono en que se encuentra más del 80% de nuestras instalaciones deportivas,
  • la carencia de recursos económicos para los Programas Operativos Anuales de las Federaciones Deportivas,
  • la seguridad social de los trabajadores del sector deportivo obreros, empleados y entrenadores activos y jubilados ha empeorado progresivamente, los contratos colectivos están congelados desde el año 2000, los salarios son de hambre, no se les reconoce la homologación de las pensiones y jubilaciones, se mantiene cerrada la Escuela de Entrenadores, los seguros HCM que, por sus pírricas coberturas, prácticamente los mantienen en condiciones de “condenados a muerte",
  • la suspensión de los Juegos Deportivos Nacionales desde el año 2013 dejo a nuestra juventud sin la posibilidad de competir en el evento de mayor trascendencia para la conformación de nuestro potencial competitivo para los ciclos olímpicos.

-Entrenadores y dirigentes deportivos de todo el país, coinciden en señalar, el destacado desempeño de nuestros atletas que, con mucha entereza logran entrenar a pesar de todas las dificultades a las que permanentemente están sometidos, como son la falta de recursos, instalaciones deficientes, incumplimiento de programas, suspensiones de eventos, becas de hambre, inadecuada e insuficiente protección social. A pesar de todo esto, representan al país y dan todo su esfuerzo por salir airosos en sus diferentes eventos competitivos.

El cuadro final de medallas reflejó la demoledora realidad del estado actual del deporte en el país. Colombia, a quien hasta el año 2013 habíamos aventajado en todos los eventos del ciclo olímpico (Juegos Bolivarianos, Centroamericanos, Panamericanos y Olímpicos) nos superó por 124 medallas (255 contra 131) logrando el 2º lugar en la tabla final de posiciones. Otros países a los que también superábamos en competencias internacionales quedaron por encima en la clasificación final de estos juegos: Chile con 38 medallas de oro y Argentina con 58 alcanzaron los puestos 3º y 4º, quedando Venezuela relegada al quinto lugar.

Es bien cierto que el balance de medallas en los juegos suramericanos no fue el mejor y no menos cierto es que la incapacidad e incompetencia de las autoridades deportivas gubernamentales que en su afán de lucro, de control totalitario y el uso demagógico del deporte han generado la grave y profunda crisis de este en el país. Superar esta crítica situación y avanzar en lograr “Un Deporte Mejor en Una Sociedad Mejor”, solo será posible con la sustitución de este régimen.

 5 min


Benjamín Tripier

Tal vez del lado opositor debería lograrse una disciplina interna que haga que las críticas cruzadas entre tendencias, se mantuvieran encapsuladas, y solo dejaran trascender lo que les suma de cara al chavismo, y de cara a sus propias bases, porque eso es lo que ha practicado el chavismo con mucho éxito. Ellos tienen profundas diferencias internas, pero una verticalidad a toda prueba.

Con lo anterior no quiero decir que los imiten, sino que sean conscientes del riesgo reputacional involucrado, y del impacto que esas peleas internas, que se hacen públicas, tienen sobre la credibilidad de las bases hacia sus dirigentes… la cual, por cierto, está muy golpeada.

A principios de 2016 hubo un conato de unidad, pero ciertas actitudes extremistas, como bajar los retratos de Chávez en forma despectiva, no calaron muy bien en todo el arco opositor, y comenzó la división. Posteriormente, luego de las marchas y presiones de 2017, regresó la unidad con los pronunciamientos de Trump y el nombramiento de Guaidó. Y hubo una férrea disciplina comunicacional, que duró hasta los eventos del puente de Altamira en mayo de 2019, momento a partir del cual, cada dirigente de primera, segunda o hasta tercera línea se sintió con el peso como para ocupar el espacio que quedó abierto cuando se abortó el intento de desestabilización.

Y en vez de reconocer como grupo que se había fallado, decidieron que era mejor echarle la culpa de todo a Guaidó y comenzar, cada quien, a sentir que él sí podía arreglar el país; gente que ni siquiera medía en encuestas o con muy bajo reconocimiento nacional, creyó que, ante el vacío, podía ocupar espacios. Y eso, sigue hasta hoy con más aspirantes a la presidencia que los que las bases, potenciales votantes, puedan reconocer o procesar.

Normalmente, la organización que se reconoce de hecho, tiene más legitimidad que aquella resultante solo del derecho… en este caso, la resultante de las primarias. Porque ante la falta de una organización formal, la misma sociedad, la interna y la del exterior, percibe que hay ciertos líderes, y que el resto son agentes más inclinados a la continuidad del estatus quo, que al cambio o la renovación.

Curiosamente pareciera que las críticas y las peleas internas de la oposición, están alcanzando niveles altos de pérdida de perspectiva, haciendo ver que la terrible situación país que vivimos con una economía del tamaño de Guatemala (eso era hace un tiempo… hoy debemos ser más pequeños), también tiene como responsables a los opositores.Y no hay nada más lejos de la verdad, porque el poder casi absoluto que ejerce el chavismo dentro del país, hace que no haya espacio como para la crítica o la oposición, no como nombre sino como acción. De hecho, con solo seguir los medios, se notará que hay un muy bajo nivel de críticas al gobierno; o por lo menos no el nivel de crítica que se esperaría después de tantos años de retroceso progresivo y acelerado, que está a la vista de cualquier observador casual y no especializado.

Un mínimo sentido de la responsabilidad política del lado opositor debería considerar seriamente que posicionarse uno mismo denostando de los otros potenciales candidatos, como mínimo deja un sabor amargo y aleja a ese aspirante de la simpatía de cualquier votante. Porque para el sentido común, continuar en la vía que vamos donde se ataca más a Guaidó que a Maduro, solo puede conducir a más abstención. Y a aumentar la brecha entre la dirigencia y las bases.

Porque no hay que perder de vista que EE UU es el aliado principal que tiene la oposición, y que tendrá que acompañar a cualquier gobierno que implique un cambio. Eso es importante porque buscar cortarse por su cuenta y chocar en, por ejemplo, el reconocimiento a Guaidó, no solo es hacerle el juego al chavismo gobernante, sino también perder el único anclaje que tiene la oposición con el resto del mundo.

La oposición se volvió complaciente y se acostumbró a la coreografía en la cual, al final de cada acto, siempre Maduro continuaba en el poder, y los opositores… bueno… haciendo como que se oponían… sin éxito… y con temor a un posible éxito… como si no tuvieran vocación de poder.

Y si a lo anterior se le suma que el gobierno está produciendo cambios impensables en lo económico, quitándole lo disruptivo a la oposición… bueno… más le vale a la oposición que se organice de una manera diferente, porque así, basando todo en las primarias, pues no solo no conseguirán la unidad, sino que terminarán mas divididos.

Porque del lado opositor aún sigue haciendo falta la oferta de cambio… qué es lo que se haría diferente, qué es lo que pasaría si no se llegara a un acuerdo interno, y terminaran, con o sin primarias, con varios candidatos. O si no lograran una buena participación y el candidato surgido del proceso no tuviera la legitimidad de base; o si finalmente se desconfiara de los resultados, tanto de las primarias, como de la elección propiamente dicha. Hay como muchas incógnitas y preguntas que se hace el pueblo llano, el cual, con tantos problemas para sobrevivir, ya fue perdiendo interés en buscar las respuestas. De hecho, el escepticismo es la sensación más frecuente.

Aún hace falta un líder que irrumpa, y a quien lo no le importe ser presidente sino cambiar las cosas. Y sin que sea la solución, el único que está haciendo esa tarea, en contra del resto de los dirigentes opositores es Guaidó… el elegido y apoyado por EE UU.

En lo económico estamos viendo un nuevo deslizamiento del valor del dólar, paralelo y oficial, podría responder a una estrategia de búsqueda del valor de equilibrio, pese a que, al haber inyectado nuevamente dólares a la economía, muestra que tratan de contenerlo, pero no tanto; porque al mismo tiempo, los pagos de la tesorería, especialmente los bonos comprometidos, ponen una presión adicional sobre el dólar, porque no hay otras fuentes de refugio transitorio. Y ya cuando se gasten, pues lo harán en dólares directamente, momento en el cual ya se le perderá el rastro, pero nunca se venderán como para que se logre un efecto contrario con una oferta privada de dólares.

Un dólar atrasado es un dólar que facilita e impulsa las importaciones; un dólar devaluado, si bien pudiera significar un impulso a las exportaciones, en nuestro caso, con una infraestructura productiva deprimida y estancada, en realidad podría inducir a inflación de oferta, que es el componente más importante de la inflación total que tenemos. Es cierto que ya no es la hiper que supimos tener, que fue el resultado de los controles y restricciones (principalmente cambiarias); pero aún sigue fuera de control la relación entre la oferta y la demanda de bienes y servicios.

Hace no mucho tiempo podíamos anticipar que para finales de año el tipo de cambio podría estar alrededor de los 10 bolívares por dólar; pero observando el comportamiento de estos últimos días, y estando en claro que el estado, buscando mantener la paz social y llevar las fiestas en calma, pues tendrá que incorporar a la economía los otros tres tramos del bono comprometido a pagarse en cuatro partes. Cosa que no ayuda a la deteriorada economía personal del venezolano promedio.

Mirando fuera de Venezuela, la segunda vuelta de las elecciones en Brasil pudiera presentar aristas diferentes a la primera vuelta, porque los minoritarios que no llegan a 10% no tienen el liderazgo ni la homogeneidad como para trasladar sus votos a quien ellos apoyen. El perfil de campaña cambia tanto que Lula tuvo que declararse en contra del aborto, cuando siempre había sido abortista. Lo que ocurre es que la distorsión de la izquierda los ha llevado a incorporar como característica estructural a los movimientos LGTBI, a los reclamos indígenas, a la identidad de género y al abortismo, lo cual choca de frente con las religiones cristianas, católica y evangélicas. Y eso, va a constituir el fiel de la balanza en la elección.

Una lectura comparativa a las redes sociales del Brasil muestra que en Facebook Lula tiene 5,1 millones de seguidores, mientras Bolsonaro tiene 14 millones, siendo Facebook más orientado a mediana edad. En Twitter, más comunicacional y de planteo de opiniones, Lula tiene 4,48 millones de seguidores, mientras Bolsonaro tiene 9 millones. En Instagram, la reina de las redes y la que, casi como Google, marca la existencia y la reputación de una persona, Lula tiene 7 millones, mientras Bolsonaro tiene 21,6 millones. Y en TikTok, la red incipiente, están más parejos con Lula 1,7 millones y Bolsonaro 2,6 millones.

Lo negativo, si ganara Lula, sería el regreso de la corrupción y la desconfianza en el gobierno, y que, como casi seguramente cambiarían la política económica exitosa de Bolsonaro, pues Brasil retrocedería. Y en nuestra Latinoamérica, si retrocede Brasil, retrocedemos todos. Bueno, tal vez Venezuela no tanto, porque estamos aislados como en una burbuja donde nada entra y nada sale.

La realidad de la guerra en Europa comienza a superar a las ficciones que veíamos en las películas. Estamos bajo amenaza de guerra nuclear táctica por parte de Rusia, y la OTAN arranca ejercicios nucleares en Bruselas. Es un juego de límites que, cuando uno lo veía en las películas, pues se ponía nervioso y se movía en el asiento… pero claro… era una película y sabíamos que no corríamos peligro, porque al final todo estaba bien.

Tristemente todo indica que el conflicto escalará aún más y que las armas atómicas tácticas pasarán a ser parte del arsenal de operaciones, y en vez de matar a cientos, como ahora, pues matarán a miles, o decenas de miles. Y la OTAN tendrá que intervenir porque sea o no Ucrania miembro de la OTAN, Rusia está vulnerando todas las zonas de seguridad que ellos tienen definidas.

Sin más, podemos anticipar que la guerra escalará, y que, miles de muertos después, terminará con la rendición incondicional de Rusia, con su desarme y desmilitarización, con su propio Nüremberg y el país dividido al menos en tres partes, donde China, tendrá la suya. Porque China terminará asociada a los aliados y reclamará su parte.

No hay que sacar del radar todo lo demás que está ocurriendo, especialmente las provocaciones de Corea del Norte, el delicado equilibrio del estrecho de Taiwán, y los movimientos reivindicativos en Irán. Así como las nuevas alianzas de Israel con sus vecinos, promovidas por EEUU, que le dan una mejor posición frente a su enemigo declarado, Irán, cuyo propósito de existencia es la destrucción de Israel.

Recomendación

  • Al gobierno: que continúe despolitizando la economía, y le termine de quitar el perfil ideológico. Porque ya pudo comprobar que cuando sale la ideología, entra el mercado y termina de ordenar las piezas del rompecabezas empresarial. Pero claro… hace falta la voluntad política clara que marque el sentido de dirección; que, de una vez, terminen de pasar al sector privado las actividades empresarias en manos del estado.
  • A la dirigencia opositora: que revisen su estrategia y su línea de tiempo. Porque si se adelantan las elecciones como parece que va a ocurrir, pues se producirá una desbandada y cada quien querrá hacer cosas por su cuenta. Lo cierto es que la rigidez burocrática con que se están manejando los opositores no auguran un gobierno flexible si llegaran a hacerse con el poder. Deben estar atentos porque cada vez escucho más gente desilusionada, más dirigentes que quieren ir por su cuenta.
  • A la dirigencia empresarial: que impulse fuentes privadas de financiamiento extrabancario, apoyándose en el mercado de valores como plataforma flexible para adecuar los excedentes de algunos, con las necesidades de otros. El mercado de valores es como una plastilina que poco a poco va haciéndose más maleable y más fácil de adaptarse a las necesidades de las empresas. De las empresas serias con buena institucionalidad y gobernanza, con buen patrimonio, y con generación de flujo de caja sólido y estable en el tiempo.
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 9 min


Laureano Márquez

“Sábete Sancho… todas estas

borrascas que nos suceden son señales

de que presto ha de serenar el tiempo y han

de sucedernos bien las cosas; porque no es posible

que el mal y el bien sean durables, y de aquí

se sigue que habiendo durado mucho el mal,

el bien ya está cerca”.

Cada vez que la humanidad pierde la razón –este parece ser uno de esos momentos– y se acerca peligrosamente al abismo de su autoaniquilación, suele sobrevenir un largo periodo de relativa paz, tolerancia y hasta progreso espiritual. La diferencia del momento presente con otros de la historia, es que en este tiempo tenemos la posibilidad de destruir el planeta, no una, sino varias veces seguidas. Si Hitler hubiese conseguido la bomba atómica, usted, querido lector de seguro no estaría leyendo este artículo ni yo escribiéndolo.

Las armas nucleares están al alcance de locos fanáticos a los que les vale madre, como dirían en México, asesinar a una mujer porque no lleva el velo puesto de manera «correcta». En manos de gobernantes autoritarios, como Putin, que, ante su evidente fracaso en la destrucción de Ucrania, apela a un submarino atómico del que se dice que alberga nada más y nada menos que «el arma del Apocalipsis». El sumergible es capaz de lanzar hasta seis torpedos Poseidón, con cabezas nucleares de dos megatones, que pueden viajar hasta diez mil kilómetros por debajo del mar, a una profundidad de mil metros y con una superficialidad que aterra.

Otro simpático personaje, el líder de Corea del Norte, el mismo que fusiló a su ministro de defensa ¡con un cañón antiaéreo! por quedarse dormido durante una interesantísima alocución suya, tiene al alcance de sus deditos la posibilidad de disparar misiles nucleares y lanza pruebas, cada vez que amanece con ganas de jugar al exterminio, sobre el mar de Japón, único país en el que se han usado hasta el día de hoy las bombas nucleares.

China, por su parte, un régimen comunista que solo piensa en conquistar el planeta con su capitalismo salvaje, mantiene el interés centrado en los negocios y actúa con supuesta cautela; pero aprovecha la confusión internacional reinante para incrementar su acorralamiento a Taiwan. Tiene también su arsenal nuclear, no sabemos si con la intención de usarlo o venderlo al mejor postor para obtener buenas ganancias segundos antes de la hecatombe.

Occidente, por su parte, baluarte de la democracia y la libertad es cada vez menos libre y democrático. Los radicalismos de uno y otro extremo cobran fuerza, el fanatismo político se impone y los bandos en pugna dentro de cada nación ya no ven a sus rivales internos como adversarios, sino como enemigos a los que aniquilar. Conducidos por semejante liderazgo, los pueblos comienzan a votar por cosas absurdas, como los ingleses, por ejemplo, que deseando mayoritariamente permanecer dentro de la Comunidad Europea, votaron por salir de ella, sin medir las consecuencias de lo que votaban. En occidente la abstención es el sueño de todo loco que codicia el poder.

Mientras, las desigualdades entre el norte y el sur se incrementan. La gente de los países subdesarrollados, agobiados por gobiernos despóticos que hambrean y torturan a sus pueblos, privándoles de toda esperanza de progreso y libertad, emigran hacia un norte que ofrece un mejor vivir. No otra cosa ha hecho el ser humano a lo largo de la historia, sino huir de sí mismo.

El sentido común, la sensatez, la reflexión y el sosiego han pasado a la clandestinidad. El centro político, al que tantas cosas debemos, se esconde tras las bancadas parlamentarias y cuando asoma la cabeza es solo para recibir una pedrada. La moderación paso de moda y la tolerancia es el escudo de la agresión.

Así pues, Sancho, si salimos bien librados de esta tan mala racha, seguramente, si no el bien, es posible que algo de bondad y compasión nos espere. Apostemos a ello, fiel escudero.

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Simón García

La oposición se mueve de la fantasía a la realidad. La abstención no la defiende abiertamente nadie y los promotores del interinato argumentan que es un recurso para contener la pérdida de activos de la nación en el exterior.

Arribamos al fin del ilusorio desconocimiento de Maduro y a la admisión de que aun si la política se disminuye a lo testimonial, requiere un mínimo de fuerzas para sustentarse.

El desafío actual es avanzar entre las complicaciones, limitaciones y obstáculos en la realidad y cómo recobrar dentro del país a los frustrados por la seguidilla de falsas expectativas. Ahora políticos y partidos opositores de toda clase y tamaño deben mostrar comprensión del momento y flexibilidad para ceder en sus propias metas ante los objetivos que la población les pide. Si desoyen este clamor e insisten en su propia destrucción pueden terminar por lograrla.

Tenemos que retornar a dos sencillas verdades y encontrar nuestros modos de entenderlas: una es que los partidos son una parte pequeña de la sociedad y la otra es que con un régimen autocrático y condiciones de extrema debilidad, la unidad de las fuerzas de cambio, y no solo de oposición, es fundamental. Es el comienzo de la coordinación estratégica para abrir espacios de transición del autoritarismo a la democracia posible: la personificación de este tránsito es un resultado del proceso, no su causa.

La voluntad de entenderse con quienes piensan diferente en la oposición y aun con el adversario en el campo oficialista es una necesidad política y una exigencia ética.

Si esta conducta solo prospera en el interés y en la pasión de unos cuantos políticos, hay que apoyarlos y buscar formas para articularlos con independientes, personalidades de instituciones y dirigentes sociales. Hay que movilizar un activo empeño cívico para construir voluntad de cambio en regiones y municipios. No hay por qué ni por quién esperar.

Unidad, no unanimidad, es conformidad coyuntural con una ruta para lograr una prioridad. Partidos y políticos serán útiles en la medida que combinen métodos y entendimientos cada vez más incluyentes de quienes desean votar contra la reelección de Maduro. Ningún método que organice una exclusión es bueno.

La unidad electoral es condición indispensable para que la oposición no se mantenga como un actor sin capacidad de poder. Unidad centrada en obtener votos y primeros lugares, no en buscar plenas coincidencias en la estrategia.

Necesitamos una alianza unida a unas soluciones concretas a los problemas concretos que más afectan a la gente y a una oferta de cambio para gobernar en una transición plural, no para cobrar contra el gobierno. Necesitamos abandonar la óptica autoritaria que el poder irradia sobre la sociedad.

Es una buena noticia la aprobación de un reglamento por parte de la Plataforma Unitaria. Asegura un precandidato presidencial de ese importante sector, pero falta una parte del mandado: llegar a un candidato presidencial que entusiasme, que logre respaldos en otras oposiciones y tenga un discurso de entendimientos y soluciones.

Simón García es analista político. Cofundador del MAS.

Twitter: @garciasim

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Fernando Mires

Hay cierto acuerdo tácito entre quienes nos ocupamos del no siempre simpático trabajo de caracterizar a movimientos y gobiernos políticos. Ese acuerdo es el de llamar a los nuevos movimientos sociales que se levantan en contra de la democracia que ellos llaman liberal, como nacionalpopulistas.

En un comienzo era tendencia denominar como fascistas, neofascistas o posfascistas a movimientos como los de la Le Pen, en Francia, Demócratas Suecos, Liga Norte en Italia, AfD en Alemania, VOX en España. Más difícil ha sido seguir sosteniendo el calificativo cuando estos movimientos toman la forma de gobiernos como ocurrió con el Fidesz de Orbán, Ley y Justicia de Polonia y recientemente con Los Hermanos de Italia.

Por cierto, todos incorporan elementos fascistoides, entre ellos discriminación racial en políticas migratorias, la misoginia, la homofobia, un furioso anticomunismo sin comunistas. Pero pronto fueron agregados a su repertorio otro elementos de clásico tipo conservador. Entre otros, el culto a los símbolos patrios y a la familia tradicional, agregando a la lista una tenaz lucha en contra de la despenalización del aborto, en nombre del «derecho a la vida».

Nuevo nacionalismo Morawiecki

Justamente ha sido ese acercamiento a los valores religiosos y morales de tipo conservador un obstáculo para denominar a esos movimientos como fascistas, pues, como es sabido, los fascismos «clásicos», sobre todo los de Hitler y Mussolini, fueron moralmente disolutos y radicalmente antirreligiosos. Ideológicamente un Orbán, un Morawiecki, una Meloni se encontrarían más cerca del integrismo franquista que del totalitarismo fascista al estilo de Mussolini y Hitler.

Más difícil todavía fue mantener el concepto de fascismo cuando logró percibirse que los nuevos movimientos unían a su conservadurismo demandas exigidas por las izquierdas occidentales, entre ellas la limitación de la globalización, de instituciones internacionales como el Banco Mundial en lo económico y la UE en lo político, todo acompañado con una negación, compartida por las izquierdas occidentales, a la democracia liberal. Odio o aversión que ha llevado a muchos de esos movimientos y gobiernos a identificarse con la Rusia de Putin, convertida en vanguardia de los gobiernos antidemocráticos de la tierra.

Ahora bien, intentando buscar denominadores comunes, encontramos que todos esos movimientos se declaran nacionalistas. Algunos han llegado a incorporar el nombre de sus naciones en la designación de sus partidos. Alternativa para Alemania, Patriotas por Suecia, Hermanos de Italia, entre otros. Por lo tanto, en cualquiera definición general, algo que no puede faltar es el término nacional o nacionalismo. Estamos frente a una ola antidemocrática y nacionalista a la vez. Que ese nacionalismo sea más retórico que práctico, es otro tema.

Podríamos afirmar en sentido gramsciano que los nuevos partidos nacionalistas están ganando en Occidente la lucha hegemónica al apropiarse del concepto de nación. Quizás esa es una de las varias razones que explica por qué tales organizaciones han llegado a constituirse en partidos y gobiernos de masas. Pues al presentarse como defensores de las tradiciones nacionales en contra de los demócratas globalistas y liberales y de las izquierdas internacionales, han construido una narrativa que sitúa a la nación como una entidad amenazada por fuerzas externas frente a las cuales solo cabe defenderse. Partiendo de esa base, los movimientos migratorios son para ellos destacamentos desnacionalizantes, hordas de bárbaros cuyo objetivo es robar «nuestra» identidad nacional, imponiéndonos sus culturas, sus tradiciones y hasta sus religiones, como destaca la buena pero muy tendenciosa novela de Michel Houellebeq, Sumisión. Naturalmente, siempre ha habido y habrá movimientos nacionalistas. Lo nuevo es que el nacionalismo ya no es de grupos sino de masas.

La rebelión de las masas

Uno de los secretos del éxito de los nuevos nacionalismos es que han sabido adaptarse a las formaciones sociales propias a la era de la revolución digital.

Ya sea por la desestructuración de estructuras sociales y clases que ha traído consigo el desarrollo de un capitalismo cada vez más global, nos encontramos ante el aparecimiento de una nueva sociedad de masas solo comparable a la que tuvo lugar en la Europa de fines del siglo XlX y comienzos del siglo XX, cuando la industria destruyó estructuras de origen medieval y arcaicas comunidades agrarias. El modo industrial de producción fue impuesto en contra de la resistencia de sectores laborales desplazados por la maquinaria y después por la automatización. El movimiento ludista inglés, cuyos integrantes eran llamados «destructores de máquinas», fue una de las más conocidas, pero no la única resistencia social frente a la era industrial que se avecinaba.

Por otra parte, a un nivel más bien elitista surgió el movimiento cultural romántico europeo considerado por los historiadores como una protesta intelectual en contra de la modernidad anunciada por la maquinaria industrial, El fascismo recogería parte de la nostalgia elitista preindustrial para convertirla en un relato asequible a las grandes masas. El aparecimiento de las hordas fascistas ocurrió cuando las clases se disolvieron en la masa. Tuvo así lugar, «una alianza entre las élites y el populacho» (Hannah Arendt).

Y aquí llegamos al segundo punto más característico de los nuevos fenómenos políticos: los movimientos nacionales y nacionalistas de Europa y América Latina son, en primera línea, organizaciones de masas en una sociedad de masas del mismo modo como los partidos socialdemócratas fueron en su tiempo partidos de clase en una sociedad de clases. Esta y no otra es la razón que explica por qué los movimientos y gobiernos a los que nos estamos refiriendo pueden ser denominados como nacionalpopulistas.

El populismo es la política en la sociedad de masas, hemos escrito en otros textos. Es cierto. Pero la adhesión de las masas a una organización política no la define de por sí como populista. Si así fuera todos los gobiernos surgidos de elecciones masivas serían populistas. Lo que identifica al populismo, entonces, no es solo la masificación de la política sino la relación que establecen las masas con un liderazgo populista.

Dicho en breve: no hay populismo sin líder populista. Masificación y líder son componentes insustituibles de todo movimiento o gobierno populista. Faltando uno de ellos, no hay populismo. Esa es mi tesis.

Masa y líder

Pero no todos los líderes políticos son populistas. El populismo existe cuando se da una relación de amor intenso entre masa y líder.

El populismo ha sido y es esencialmente antropomórfico. El carácter profético, mesiánico e incluso mágico de los líderes populistas solo se da en relación directa con una rebelión de las masas, como lo explicaron de modo filosófico Le Bon, Ortega y Canetti. Si extraemos al líder de esa relación, podemos contemplarlos en toda su pequeñez. Un Mussolini o un Hitler, un Perón o un Chávez, separados de su relación con la masa, pueden ser mirados como lo que fueron: personajes muy mediocres. Hasta el cine y la literatura se burlan hoy de ellos. Mussolini aparece como un chillón histriónico. Hitler, lo mostró Charlie Chaplin, como un payaso ridículo. Cuando desaparezca del todo el peronismo, Perón será visto como un gesticulador incoherente. Chávez ya es visto como un simple charlatán. Trump como un ignorante pretencioso. Y, sin embargo, todos fueron idolatrados hasta el punto de ser seguidos más allá de la Constitución, de las leyes y de las instituciones de cada nación.

Este último aspecto debe ser tomado en cuenta. El líder populista, al aparecer situado sobre las instituciones, no debe ajustarse a los imperativos que imponen las mediaciones del poder, entre ellas el parlamento. No es casualidad que la mayoría de los movimientos populistas han terminado por ser radicalmente antiparlamentarios. Y desde la perspectiva del populismo hay en esa posición suma coherencia. El parlamento es el lugar donde son hechas las leyes a través del debate. El líder populista es la institución que constituye al pueblo como pueblo sin parlamento ni debate. El pueblo del líder no es y no puede ser, por lo tanto, igual el pueblo constitucional. Así entendemos por qué los populistas, cuando llegan al gobierno o intentan dictar una nueva Constitución hecha a su medida, gobiernan simplemente sin Constitución, solo por decreto, como lo hizo Hitler.

Como su antecesor, el nacionalsocialismo, el nacionalpopulismo es la política de las masas representadas por un líder escogido por las masas. Es, si se quiere, aunque parezca paradoja, la más directa de las democracias. Tan directa que para existir no necesita mediaciones institucionales y constitucionales. El populismo, en fin, lleva a la democracia a su radicalización extrema.

La radicalización de la democracia, según Jascha Mounk, al lesionar las instituciones sobre las que se sustenta la democracia, conduce al fin de la democracia: a la dictadura del líder a través del pueblo y a la dictadura del pueblo a través del líder. En breve: conduce al fin de la política como medio de comunicación racional entre seres ciudadanos. Esa es la tónica del nacionalpopulismo de nuestro tiempo. Su ataque a la democracia liberal es un ataque a la democracia en general, hecho nada menos que en nombre de la democracia.

El retorno de los dioses

El populismo es el gobierno directo de las masas a través del líder. Ahí reside justamente su peligrosidad, pues para que el líder de masas sea tal, ha de representar un poder sobrehumano y eso quiere decir sobrepolítico, y en cuanto lo político se sustenta en instituciones, antinstitucional. Pero como lo único sobrehumano es dios o los dioses, el líder aparecerá dotado de plenos poderes, como un representante divino situado al nivel de lo terreno.

Hay en todo populismo una fuerte tonalidad religiosa, hecho descuidado por la mayoría de los autores dedicados a analizar el fenómeno. Advirtiendo ese descuido, la socióloga venezolana Nelly Arenas en un notable ensayo titulado Populismo y Religión, nos da a conocer la vinculación de los actuales movimientos populistas con el universo religioso. Escribe Arenas: «Aunque la sociedad en general pareciera experimentar una vuelta hacia el sentimiento religioso, no es posible prever todavía una reversión del proceso de secularización del Estado experimentado por Occidente. Habría que tener en cuenta, no obstante, que la inclinación manifiesta de los populismos, particularmente los de extrema derecha, es la de imponer al conjunto social una moral conservadora y retrógrada en línea con los preceptos confesionales».

El retorno de lo religioso en lo político es uno de las principales amenazas que porta consigo el avance del nacionalpopulismo ¿Estamos frente a una disyuntiva desecularizadora? Es la pregunta formulada entre otros por Garzón Vallejos. Hay indicios que hacen temer esa posibilidad.

El proceso de desecularización, muchas veces encubierto, puede tomar, y ha tomado, dos vías que bien pueden ser paralelas. Una es conferir a un gobernante poderes divinos. Esa fue una de las vías del populismo fascista de la era industrial: Mussolini, Hitler, Perón, fueron idolatrados como dioses. La segunda vía es incorporar instituciones religiosas al poder político.

Podría pensarse que el franquismo tomó esa vía, pero Franco estaba lejos de ser un líder de masas y, como hemos dicho, sin participación de masas no hay populismo. En el paisaje actual hay dos gobernantes con pretensiones populistas que tampoco han llegado a ser populistas porque no han logrado erigirse como caudillos de masas. Me refiero a Erdogan y a Putin. El primero intenta fundar una república islámica desmontando el legado secularizante del mitológico presidente Mustafá Kemal Atatürk, contando para ello con los sectores más conservadores del islamismo turco. El segundo ha llevado a la Iglesia ortodoxa al poder, hasta el punto que su pope superior, Kirill, ha otorgado a la invasión a Ucrania un carácter de cruzada.

Distinta es la situación en Polonia y en Hungría. En Polonia, aún sin ser miembro activo del gobierno, el ultracatólico Kaczynski es un líder de masas. En Hungría, a su vez, Orbán ha logrado establecer una relación directa entre gobierno, Estado, pueblo, religión y líder.

Giorgia Meloni también es religiosa y su compañero de ruta, Salvini, es un fascista de tomo y lomo. El peligro de formación de un movimiento nacionalpopulista (religioso, además) desde el gobierno es una posibilidad latente. No obstante, ese exiguo 25% que la llevó al gobierno hace imposible considerarla por el momento como una líder de masas. La suerte de la futura Italia dependerá en gran parte de la reconstitución de una oposición que, estando disgregada, continúa siendo mayoría.

En Brasil, en cambio, llegando o no al gobierno, Bolsonaro, al igual que Trump en los EE UU, logró a través de elecciones consolidar su liderazgo nacionalpopulista. Incluso ha dotado a su movimiento de algo que faltaba al trumpismo: la introducción de la religiosidad. El papel que podría cumplir la incorporación de las agrupaciones evangélicas a su movilización política debe ser analizarlo con seria atención.

El nacionalismo y la religión han sido grandes inventos de la humanidad. Las dos entidades merecen el más profundo respeto. Pero cuando logran acceso al Estado y comienzan a unirse en un solo poder, surge un fenómeno que lleva a la destrucción de otra invención, muy antigua y muy moderna a la vez. Nos referimos a la llamada por el filósofo Claude Lefort invención democrática.

Probablemente, los triunfos de los nacionalpopulismos no serán totales. No es descartable que en algunos países sean domesticados por las mismas instituciones que hoy adversan. Eso, por lo demás, ya ha ocurrido en el pasado. Por ejemplo, cuando el movimiento socialista se vio obligado a organizarse en partidos socialdemócratas, o cuando los ecologistas se vieron obligados a representar sus ideales a través de partidos parlamentarios.

En otros casos los movimientos nacionalpopulistas no han sido más que antecesores de formas antidemocráticas de gobierno. Muchas de las autocracias que hoy infectan la política occidental han tenido un pasado nacionalpopulista. La mayoría de esos gobiernos autocráticos apoyan hoy a la dictadura de Putin en su guerra imperial contra Ucrania. El nacional populismo, si es que triunfa, puede ser entendido como la fase inicial de la autocracia.

Un fantasma recorre el mundo. Es el fantasma del nacionalpopulismo. Que ese fantasma no sea más que eso, un fantasma, dependerá del curso de las luchas democráticas que hoy tienen lugar en el Occidente político. Nada está escrito todavía.

Referencias:

Iván Garzón Vallejo, ¿Postsecularidad: un nuevo paradigma de las ciencias sociales? Revista de Estudios Sociales, num. 50, sept.-dic. 2014

Jascha Mounk, El pueblo contra la democracia, Planeta, Madrid 2020

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS.

Twitter: @FernandoMiresOl

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Carlos Raúl Hernández

El conflicto entre contrarrevolucionarios de derecha e izquierda, entre radicales fundamentalistas, frena y devora la evolución pacífica de la democracia y los derechos individuales
La democracia atraviesa un camino oscuro en el que en vez de las fieras de Dante corren caballos encabritados y dirigidos por Biden, Trump, Putin, Zelensky y la señora Pelosi. Dos contrarrevoluciones globales, una de ultraizquierda identitaria y otra de ultraderecha se retroalimentan y destruyen los avances de la civilización. Semanas antes de las elecciones norteamericanas, escribí que Donald Trump intentaría un golpe de Estado, como en efecto ocurrió. Y fueron idénticos los tejemanejes de Trump y los de Evo Morales en las elecciones bolivianas de 2019. Ambos hicieron trapicheos golpistas subdesarrollados. Morales quiso reelegirse contra expresa prohibición constitucional, y “ordenó” al organismo comicial paralizar los escrutinios porque había perdido. Conviene recordarlo porque enjuagadores y lavagallos evistas usan las ignominias de Almagro para tapar las de Evo y es previsible que el actual presidente Luis Arce en algún momento tenga que tragárselo o escupirlo, a la manera de Sinatra.

Trump se dedicó en la campaña a desacreditar las bases del sistema político, a sus líderes, con abyectas calumnias personales y promovió que las autoridades estadales hicieran fraude. Su alumno Bolsonaro alabado por el cretinismo trasnacional, hizo lo mismo. Problemas impositivos y escándalos de abuso sexual, señalan a este tercermundista expresidente de la mayor democracia del planeta, hoy por reelegirse, como corresponde a esa condición. Su sombra no se disipa y la democracia tiene en Trump una prueba de fuego, así como la guerra más estúpida del mundo en Ucrania. Es palmaria su responsabilidad en el asalto del Capitolio Federal. Testimonios, declaraciones, videos demuestran que él lo dirigió personalmente para impedir la asunción de Biden y según su voz en las grabaciones, quería ponerse a la cabeza de la toma del capitolio.

Gran parte de los republicanos cree que les robaron las elecciones, entre otras porque era un partido agónico hasta que el populista radical los sacó de su catalepsia. Una figura histórica del país en el siglo pasado, Charles Evans Hugues, decía que “los magistrados estamos por debajo de la constitución, pero nosotros decimos qué es la constitución”. Ante la arremetida de la ultra izquierda, los dinosaurios que dejó Trump en el Tribunal Supremo hacen retroceder las libertades individuales, en una ruptura de la cohesión social que comparten las dos contrarrevoluciones globales. La democracia recibe rudos reveses, como poner en manos de los estados la legalidad de la decisión sobre el embarazo, aunque la experiencia demuestra que quienes están dispuestas a hacerlo lo harán, legal o ilegalmente, solo que ahora 36 millones de mujeres quedan desprotegidas, a merced de medios domésticos o clandestinos. Que la “defensa de la vida” es una mera excusa política para la contrarrevolución trumpista, se aprecia en la asimetría con una estruendosa amenaza, el derecho ilimitado de portar armas, pese a las masacres en escuelas y centros públicos.

Hay 300 millones de armas en las calles y siguen las matanzas colectivas. El control de armas requiere reformas constitucionales o mayorías complejas bipartidistas para reconocer cambios sociales producidos durante doscientos años y que la constitución no puede contemplar, como que no había ametralladoras, ni fusiles de asalto, y las armas era escopetas o revólveres y que la defensa de la vida y la propiedad dependían de los ciudadanos porque no existía el Estado. La “defensa de la vida” es un subterfugio porque se puede cargar cualquier arma en todo el territorio nacional y derogan la prohibición específica en el estado de NY, contra las gestiones de Reagan, Clinton, Bush y Obama, a la que Biden llamó trágico error. Atribuyen la decisión sobre el embarazo a acompañar la masiva religiosidad de la ciudadanía norteamericana.

Pero eso no tiene ni pies ni cabeza, porque la soberanía de la comunidad para practicar su fe no se afecta en nada, ni que 80% de los norteamericanos profesa una y 50% participa en oficios religiosos por lo menos a la semana. La democracia norteamericana se basa en un Estado laico que separa la religión del poder, y aunque es así, nunca el país eligió un ateo para la presidencia. Y quien entienda algo los Estados Unidos sabe que en materia religiosa tienen muy poco que ver los estados entre sí, California, Texas, Florida y Utah, por ejemplo. El magistrado ultraconservador Clarens Thomas quiere que se revisen disposiciones sobre parejas homosexuales y los seis jueces conservadores han impuesto leyes que van contra el desarrollo social alcanzado por el país durante los siglos XX y XXI. El aborto no es un derecho constitucional y se puede cuestionar el tope de seis meses de gestación para hacerlo, pero en casi todas las naciones democráticas, y en las otras, es un derecho de las mujeres en setenta países. La lucha entre contrarrevoluciones de derecha e izquierda, entre radicales fundamentalistas, frena y devora la evolución pacífica de la democracia y los derechos individuales.

@CarlosRaulHer

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Ismael Pérez Vigil

Resultó imposible sustraerme a la mefistofélica trampa de opinar sobre el tema del indulto a los “infaustos sobrinos”, convictos, confesos y condenados por narcotráfico en los Estados Unidos, y su posterior canje por un grupo de estadounidenses, encarcelados en Venezuela, acusados de corrupción, sin que hubiera todavía concluido el respectivo juicio, si es que se inició en algún momento, cosa de la que no estoy muy seguro, pero que ya no importa.

¿Tiene este hecho reprochables implicaciones morales? ¿Sienta un precedente negativo? ¿Debilita a la oposición y fortalece al régimen venezolano? estos y otros son los interrogantes que al menos yo me considero incapaz de responder y es que no es fácil referirse a un tema tan espinoso y además salir incólume, airoso, y sin unos cuantos insultos; pero, bajadas las aguas del acontecimiento −y también las de las tormentas que azotaron al país, que esas sí trajeron verdaderas pérdidas y desgracias− de todo lo que he leído, en artículos y grupos de WhatsApp, sobre el tema, extraigo las siguientes conclusiones:

Los hechos.

- Estados Unidos ha canjeado prisioneros o rehenes, convictos o acusado de delitos comunes, de narcotráfico, etc. en diversas oportunidades y con muy diversos gobiernos, todos ellos dictaduras y tiranías de diverso pelaje; de modo que, no es la primera vez que lo hace y seguramente no va a ser la última. Sobre eso hay abundante literatura y sobran los ejemplos que no vale la pena repetir.

- Aunque sea correcta, me parece una discusión estéril hacer distinción sobre si se trataba de rehenes, si se trataba de prisioneros, si los liberados eran narcotraficantes, hampones comunes, asesinos o lo que fuera; o si se trata de un hecho inmoral, porque la moral de los gobernantes norteamericanos queda, en su criterio, a salvo, por el hecho de que para ellos es más importante rescatar a sus conciudadanos en donde quiera que se encuentren que, por lo visto, cualquier otra consideración.

- En este caso, además, se trataba de dos reos que ya habían sido juzgados y condenados y habían cumplido parte de su condena; por lo tanto, para el criterio del presidente de los Estados Unidos, la justicia norteamericana estaba servida y si un indulto a estos señores y su liberación servía para rescatar a unos prisioneros norteamericanos, encarcelados en otro país, era razón suficiente para proceder.

La moral y la ley.

- De manera que, la decisión del presidente de los Estados Unidos se ajusta a lo que ellos consideran su práctica y su ley, pues hay en efecto una ley que regula esta actividad – la “Robert Levinson Hostage Recovery and Hostage -Taking Accountability Act” −. Estoy seguro que el presidente norteamericano cubrió los extremos de esa ley, de lo contrario sus rivales y enemigos políticos −que no son pocos ni tranquilos− ya habrían demandado la nulidad de ese acto, cosa que no ha ocurrido, se han limitado a hacer señalamientos y consideraciones morales y políticas, que al parecer poco importan a la mayoría del pueblo norteamericano.

- Por cierto, ya que estamos en los extremos legales, valga aclarar que los individuos que fueron indultados y liberados por el presidente norteamericano, los famosos sobrinos, no es que fueron indultados sin más, sino que firmaron un documento según el cual deben cumplir ciertas condiciones, que si no las cumplen se restituye la pena y tienen que cumplir el castigo al que fueron originalmente condenados.

Rechazo a la decisión

- Otra cosa es que la decisión haya sido del agrado de muchos o pocos, en diversas latitudes. Por ejemplo, a un sector de los norteamericanos no les ha gustado la decisión, sobre todo a los rivales políticos del presidente −particularmente en la Florida, y seguramente entre la población de origen cubano y venezolano−, porque piensan que es un acto político −sin duda lo fue− con miras a la campaña electoral que concluye el 8 de noviembre y es una acción a la que el presidente intentará sacarle partido electoral, al igual que sus enemigos tratarán de que pague el precio electoral correspondiente por haberlo hecho.

- Por supuesto, en nuestra parte, a la mayoría de los venezolanos −es decir a toda la oposición− no nos gustó ese indulto y ese canje. Pero lo ocurrido, es importante destacarlo, tal como dije, ya ha ocurrido en oportunidades anteriores, pero es la primera vez que nos afecta directamente. Valga decir que cuando se han canjeado prisioneros acusados de narcotráfico, incluso hampones comunes y hasta terroristas, por parte del gobierno norteamericano y otros gobiernos democráticos con diversas dictaduras y tiranías, en Venezuela nunca dijimos nada; no era nuestro asunto. sobre todo, porque no nos afectaba directamente.

- Como ya dije, la moral norteamericana está salvada, porque se trató de un acto que les permitió liberar a unos conciudadanos presos en otro país y se ajustó a sus leyes. Por lo tanto, no voy a evaluar el tema desde el punto de vista de la ética o los principios morales que pudieran estar en juego, y espero no sonar muy cínico cuando digo que hay que considerarlo, solamente, desde eso que algunos llaman la “realpolitik” o como un evento estrictamente político.

El desagrado en Venezuela.

- Y cuando digo lo anterior me refiero a lo siguiente ¿Por qué no nos gustó a los venezolanos lo ocurrido? ¿Fue por los aspectos morales, éticos, implicados en la decisión? Seamos sinceros, por supuesto que no. Porque si fuera así, como ya dije, nos hubiéramos referido y criticado duramente procesos similares, ocurridos en EEUU o en otros países, que como no nos afectaron no dijimos nada; con lo cual los principios morales esgrimidos con este caso, quedan bastante relativizados, por decirlo suavemente. Obviamente no creo que haya sido la moral la razón por la que no nos gustó lo ocurrido; por supuesto hablando en términos generales −sé muy bien que toda generalización es injusta y hasta grosera−, así que dejo a salvo algunas excepciones, que las hay, que se refieren a la ética y los argumentos morales, que entraron en juego.

- Otra de las razones por la cual no nos gustó lo ocurrido es porque no se trataba de cualquier reo; se trataba de los sobrinos de la esposa del presidente Maduro. Muchas −de nuevo, no todas−, las consideraciones que se hicieron en este caso, y mucho del escándalo que se armó −y que, por cierto, ya parece haberse enfriado− fue bastante mayor que el que se armó, por ejemplo, cuando se puso en libertad al llamado “tuerto Andrade”. O cuando se retrasa ad infinitum y no se termina de concretar la extradición del señor Carvajal, detenido en España. O cuando se liberó de sanciones de la OFAC a otro “sobrino”, de la esposa del presidente Maduro, pero que fue un caso menos sonado que el de estos sobrinos, detenidos y acusados de narcotráfico. Y los ejemplos mencionados son solo por referirme a los casos más notorios, ocurridos últimamente y no a los casos de otros venezolanos que cometieron delitos. Algunos se fueron a los Estados Unidos, donde fueron juzgados y están ya libres; otros están viviendo allá o en Europa, tras cumplir condenas o tras haber sido indultados, por proporcionar “información”. La mayoría están libres y disfrutando de sus fortunas, supuestamente mal habidas, sin que nos hayamos rasgado las vestiduras como ha ocurrido en esta oportunidad.

- Otra razón por la cual no nos gustó −es mi caso− seguramente tiene que ver con habernos dado cuenta de la pérdida de importancia relativa que la situación venezolana tiene ante la llamada “comunidad internacional”. Brutalmente nos dimos cuenta como nuestros problemas, de absoluta y obvia prioridad para nosotros, como sería de esperar, no son de la misma importancia y prioridad para los gobiernos de otros países. Esos países piensan antes en resguardar sus propios intereses y en obtener sus propios beneficios, independientemente de cuál sea nuestra suerte en ese proceso.

Otro ejemplo.

- Abundando en el tema del punto anterior, otro buen ejemplo es nuestra reacción de rechazo cuando el presidente Petro de Colombia decidió normalizar relaciones y abrir las fronteras, en función de sus intereses −y posiblemente por otras consideraciones políticas−. De igual manera, hay que considerar la invitación que hizo al presidente venezolano de servir de intermediario en el diálogo con el ELN; son decisiones que no hacen muy feliz a la oposición venezolana, aun cuando seguramente, la primera de ellas −el normalizar las relaciones con Colombia−, podría favorecer a muchos Venezolanos que están en ese país como inmigrantes o refugiados, que no tienen documentación y que por eso no han podido regularizar su situación o continuar su tránsito, desde Colombia hacía otro destino.

En síntesis, de lo ocurrido y las reacciones, caben las siguientes interrogantes:

- ¿Afectará esto la popularidad del presidente de los EEUU, hasta el punto de incidir negativamente en sus resultados electorales del 8 de noviembre?, este punto solo lo podremos evaluar cabalmente tras los resultados de las elecciones de ese día; pero personalmente, lo dudo. Pensando racionalmente más bien creo que lo beneficia, pues una buena parte de la población norteamericana considera que el primer deber del presidente de su país es proteger a sus ciudadanos. Entre la población de origen cubano y venezolano, que seguramente está molesta por lo ocurrido, posiblemente los radicalizará más, pero ese es un voto que ya está decidido, dada la extrema polarización que vive el pueblo norteamericano.

- ¿Lo ocurrido debilita a la oposición democrática venezolana, al fortalecer la posición del gobierno de Nicolás Maduro, que logra la libertad de esos detenidos?, seguramente sí, pues la frustración y el impacto de esa decisión que hemos visto, expresada en la opinión de calificados analistas, y en general en la oposición democrática venezolana, es notoria e inocultable.

- ¿Afectará el futuro, si es que hay tal, de las negociaciones entre el régimen y la oposición democrática, que supuestamente se reanudarían en algún momento en México?, a pesar de que el gobierno norteamericano lo niega y sigue presionando por su realización, posiblemente sí se vean afectadas, toda vez que parece haber una línea sólida de negociación directa entre el gobierno venezolano y el norteamericano −que siempre fue un objetivo del régimen venezolano− y por el hecho que el diálogo en México tiene ya un año paralizado.

Conclusión

¿Qué fuerza tiene la oposición democrática para presionar ese diálogo, ahora que su aliado más notorio parece haber decidido negociar directamente? Esa pregunta nos martilla y flota en el ambiente.

Para responderla, digerida la normal molestia que un acontecimiento como el ocurrido nos pudo causar, se hace necesario asimilar la lección, de la cual ya hemos hablado en oportunidades anteriores: Si nosotros, opositores democráticos, no nos unimos para hacer frente a nuestros propios problemas, mejor y más eficazmente de lo que lo hemos hecho hasta los momentos, nadie nos va a venir a “rescatar” de nuestro calvario particular; pues, parafraseando al poeta Campoamor, en este “mundo traidor…todo es según el color del cristal con que se mira” y cada quien se ocupa, en primera y última instancia, de sus propios problemas.

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