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Opinión

Eddie A. Ramírez S.

La primera directiva de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), presidida por Rafael Alfonzo Ravard, asumió el control de la recién estatizada actividad en 1976. ¿Cómo estaba en ese entonces la situación de nuestra industria petrolera? ¿Cómo fue el comportamiento de esa actividad después del cambio de accionista? ¿Cuál es el balance actual? Hoy, al cumplirse un año más de la desaparición física del citado presidente-fundador, este escribidor de cuartillas se permite hacer un reconocimiento a quienes construyeron la empresa.

En 1971, se aprobó la ley mediante la cual todos los activos de las petroleras extranjeras debían pasar a la nación en 1983. ¿Qué hicieron estas compañías ante esta realidad? Lógicamente, redujeron las inversiones y gastos de mantenimiento. Acertadamente, la reacción del gobierno fue adelantar la estatización. ¿Fue una decisión acertada? Ante un hecho consumado, lo que procede es evaluar los resultados y discutir el futuro.

La máxima producción de Venezuela fue de 3.705.000 barriles por día (b/d) en el año de1970. De allí en adelante empezó a descender. En 1975, último año de las transnacionales, fue de 2.346.000 b/d. Este nivel de producción siguió descendiendo, hasta un mínimo de 1.684.000 b/d en 1985. Gradualmente aumentó hasta ubicarse en 3.342.000 b/d en el 2001, la cifra más alta alcanzada por Pdvsa antes del paro cívico de diciembre 2002 y de los despidos masivos de los trabajadores. En el 2021, la producción fue de solo 656.000 b/d. Desde luego, las cifras anteriores indican una tendencia. Hay que considerar los recortes acordados en la Opep y la política equivocada de nuestros gobiernos de favorecer precios altos sacrificando producción.

Desde 1976 hasta 1999 fue la etapa de construcción de la Pdvsa meritocrática. Se creó el instituto de investigación (Intevep), el centro de educación (Cied), Palmaven como filial para establecer una relación armónica con el medio rural. También las filiales, Deltaven, para la distribución de combustibles y lubricantes, Pdv Marina, Pdvsa Gas y se incorporó la petroquímica después de corregir distorsiones (Pequiven).

Se desarrolló la Orimulsión, producto apropiado para la generación eléctrica y que tenía convenios de suministro con varios países. Se adquirió participación parcial o total en ocho refinerías en Europa, nueve en Estados Unidos y una arrendada en Curazao, correspondiendo a Pdvsa una capacidad de procesamiento de 1.570.000 b/d. Es decir, se adquirió mercado con miras al futuro.

Considerando que Pdvsa no podía disponer de suficientes recursos para invertir en producción en campos que no eran prioritarios, se aprobaron convenios operativos en los cuales empresas privadas, invertían, extraían petróleo y lo entregaban a Pdvsa, que pagaba los costos y un estipendio por barril producido. También, cuatro asociaciones estratégicas para extraer y mejorar nuestros crudos pesado de la Faja del Orinoco.

La mayoría de las críticas a Pdvsa fueron por razones políticas. Se divulgó que era un Estado dentro del Estado, una “caja negra”, que sus trabajadores tenían remuneraciones exorbitantes y que sus directores y presidentes de filiales tenían aviones a su disposición. También, que en viajes al exterior se aceptaban pasajeros que no iban a negocios relacionados con la empresa. Otra crítica era que los empleados de Pdvsa y filiales eran prepotentes. Por último, se creó la matriz de opinión de que la empresa se olvidaba de su responsabilidad social con las comunidades.

La realidad es que la empresa sometía a consideración y aprobación del ministerio de Energía y Minas, como representante del accionista, los planes, presupuestos y resultados, atendía las interpelaciones en el Congreso y publicaba puntualmente su Informe Anual con resultados operacionales y financieros. La Contraloría General de la República tenía una oficina delegada en la empresa, además de las auditorías externas y por la propia Pdvsa. Las remuneraciones estaban dentro del 75 percentil de las mejores empresas venezolanas. Es cierto que quienes ocupaban los cargos citados podían disfrutar de aviones para viajes nacionales, pero con uso limitado. Sí se dieron casos de permitir algunos pasajeros ajenos a la empresa cuando había puestos vacíos. Como en todas partes, había personas sin vocación de servicio. Hubo casos de corrupción, detectados por la empresa y con el consecuente despido.

La Pdvsa meritocrática realizó muchos programas con las comunidades. En los Informes hay información parcial sobre esas actividades. Próximamente publicaremos un libro sobre este tema. Por cierto, Pdvsa borró de los archivos de su página web los informes de esta etapa y desde el 2016 no presenta la gestión de las directivas que destruyeron la empresa.

La etapa meritocrática finalizó en febrero 1999. Una contribución importante fue impedir la injerencia de la política partidista y respetar la meritocracia, con alguna que otra falla. Después vino una transición hasta el 2002, con Roberto Mandini como presidente por solo seis meses, por lo que solo cabe señalar que cometió el error de obligar a jubilar a algunos ejecutivos. Gastón Parra duró dos meses, su nefasta actuación y la presión de los trabajadores obligaron a destituirlo.

Los venezolanos debemos agradecer la labor realizada por los presidentes Rafael Alfonzo Ravard, Humberto Calderón Berti, Brígido Natera, Juan Chacín, Andrés Sosa Pietri, Gustavo Roosen, Luis Giusti y Guaicaipuro Lameda. También a los directores de la casa matriz, presidentes y directores de las filiales. Así como a los casi 23.000 trabajadores que perdieron su carrera por defender principios y valores. Un especial reconocimiento a Alberto Quiros Corradi, Guillermo Rodríguez Eraso y a Gustavo Coronel, quien sigue luchando por la democracia.

La destrucción la inició Ciavaldini, por instrucciones del presidente Chávez, Alí Rodríguez Araque y Rafael Ramírez la hicieron irreversible. También son responsables Eulogio del Pino, Nelson Martínez, Manuel Quevedo y Asdrúbal Chávez.

Como (había) en botica

Todos tenemos que defender el derecho a votar de los venezolanos en el exterior.

Lamentamos los fallecimientos de Waldina Sánchez de Uribarrí, Antonio Mata Flores y Jancy Hernández, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


J. Gerson Revanales

La politización de la industria, la deficiente gerencia operativa, la inseguridad jurídica y las pocas vías legales disponibles para reclamar las deudas acumuladas, son los riesgos que se asumen por hacer negocios con PDVSA.

Muy por debajo de la mesa pasó el retiro de las empresas petroleras Total Energies, la noruega Equinor y la japonesa Inpex, sumadas estas a las anteriores 15 firmas que se fueron por falta de condiciones y cambios de reglas como sucedió con la Exxon Mobil. De las 44 empresas que migraron a las empresas mixtas, desde 2018, 8 transfirieron o cedieron sus participaciones y otras 7 más pequeñas ya no tienen presencia en Venezuela, quedando 15 proyectos inactivos, según fuentes especializadas

Lo más grave de todo es que estas petroleras, lo más granado de la industria mundial de hidrocarburos, para irse han debido vender o ceder sus acciones y renunciar al pago de las deudas pendientes y dividendos impagos” por parte de Petróleos de Venezuela. Casualmente este movimiento accionario u operacional se está dando en los momentos en que Guyana está llamado a licitaciones públicas en sus campos petroleros off shore y abriéndose a la inversión extranjera. La situación debió ser tan crítica que estas deudas que se tienen que reflejar en el balance de las empresas como un pasivo, las empresas decidieron abandonar (la sociedad) a pesar de la penalidad que les impuso Pdvsa, violando flagrantemente los acuerdos de promoción y protección de inversiones y creando una imagen muy negativa para el país cuando más se necesita de la confianza, garantía y seguridad jurídica. Preguntamos cómo espera el gobierno que con estos antecedentes se pueda captar nuevas inversiones, no solo para el desarrollo petrolero, sino para la Zonas Económicas Especiales

Expertos petroleros coinciden en que la estampida de las petroleras deja en evidencia los riesgos que corren al hacer negocios con Pdvsa; la politización de la industria, la deficiente gerencia operativa, la inseguridad jurídica y las pocas vías legales disponibles para reclamar las deudas acumuladas, que no tienen nada que ver con las sanciones impuestas por violaciones de los derechos humanos.

Los recientes anuncios de la retirada definitiva de una gran mayoría de empresas petroleras que tuvieron confianza en el país al momento de modificarse la ley de hidrocarburos y adoptarse el modelo de empresas mixtas, hoy se van del país tirándolo todo a pérdida total, siendo realmente la única fuente real de divisas (olvidémonos por ahora el cuento de las exportaciones no tradicionales y de las zonas de económicas especiales exclusivas). Se requiere de un cambio de política dirigido a crear confianza y seguridad jurídica. El objetivo es levantar al país, sacarlo del foso donde se encuentra con una inflación sostenida de dos dígitos superiores a la media

Venezuela es el primer país de la región y el tercero en el mundo con más riesgos para hacer negocios. Así lo registra el índice Doing Business del Banco Mundial; y es que quien fuera otrora una potencia petrolera, hoy se ubica en el puesto 188 de 190 economías, solo por encima de Eritrea y Somalia, como consecuencia de fallidas políticas. En América Latina, Venezuela lidera el ranking de los que se consideran con mayor riesgo para las inversiones ante la elevada probabilidad de caer en impago, con un riesgo país que supera los 30.000 puntos.

Con la nueva ida de las petroleras, única fuente real y posible de recursos, la situación se agrava a mediano y largo plazo, ya que su regreso dependería de drásticos cambio en las políticas y legislaciones. No es una novedad, ni algo inesperado, Venezuela, El Salvador y Argentina son los países cuya deuda soberana, tiene mayores probabilidades de caer en un evento de impago, según lo marca el indicador de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI) que elabora JP Morgan Chase.

La solución no es mágica, en el pasado las recetas de Banco Mundial son conocidas, están escritas, probadas y satanizadas; no obstante hoy a la calladita el gobierno las vienen aplicando, como son: el incremento al precio de la gasolina y los servicios básicos; la reducción del gigantismo del Estado; el libre cambio y cambios en el sistema fiscal, lo preocupante son las señales en contrario a las fuentes de inversión como es el caso de la “cuasi” expulsión de las petroleras

El primer paso tendría que estar dirigido a la recuperación de la imagen del país, lo cual depende de la voluntad política del gobierno y su capacidad de maniobrar dentro de su propio partido; si es así su poder tendría que estar dirigido a manejar los asuntos del Estado con la debida transparencia, dar definitivamente las garantías jurídicas necesarias, combatir la corrupción y dar facilidades y garantías al sector energético; de lo contrario esa inversiones se irán a otro lado, donde tengan “mayor control” de sus operaciones.

Es necesario dejar de gobernar en gerundio: “Haremos de Venezuela una gran potencia”; «Regresaremos a la Comunidad Andina”; “Haremos de las Zonas Económicas un nuevo motor de la Economía”. A cambio sería preferible escuchar al gobierno decir se construyó, se inauguró, se realizó, se exportó etc. La imposición a las petroleras que en su momento confiaron en el país y migraron de acuerdo con la Ley de Hidrocarburos; y hoy al exigírseles abandonarlo todo, suena a casi una extorsión.

9 de noviembre 2022

Primer Informe

https://primerinforme.com/analisis/analisis-estampida-petrolera-mala-sen...

 4 min


Trino Márquez

La Comisión Nacional de Primarias acaba de instalarse luego de un arduo proceso de consultas que permitió conformar un grupo equilibrado, imparcial y con notable peso específico, que le dará legitimidad a un proceso tan complejo como ese. Al final, se constituyó un equipo presidido por el respetado jurista Jesús María Casal e integrado por compatriotas que gozan del aprecio de los distintos sectores de la oposición, que han manifestado interés en participar en la consulta de la cual saldrá el candidato unitario para las elecciones presidenciales que deberán efectuarse en 2024.

Las labores de ese equipo son en extremo exigentes y delicadas. Tendrán que determinar el cronograma electoral, que corona con la fecha de la convocatoria a las votaciones; lograr que los aspirantes sientan que el organismo actúa con firmeza y ecuanimidad ante cualquier abuso o exceso por parte de alguno de los participantes; depurar el Registro Electoral Permanente con el aval de los aspirantes y organizaciones que los respaldan; acreditar los representantes de los distintos aspirantes y comprometerlos con las tareas que deben cumplirse antes, durante y después de la cita; garantizar que el candidato surgido de la consulta no pueda ser impugnado por algún grado de parcialización del organismo conductor.

Las labores que debe llevar a cabo la CNP, de las cuales solo he hecho una rápida e incompleta lista, combinan aspectos técnicos, operativos, jurídicos y políticos de alta complejidad. Lo más conveniente sería que los partidos y candidatos la dejen trabajar sin presiones indebidas ni amenazas o chantajes. La CNP deberá resolver si busca el apoyo técnico del Consejo Nacional Electoral para llevar a cabo la consulta comicial. Si es factible que los venezolanos que se encuentran en el exterior voten. Hasta dónde, con los recursos y las condiciones existentes, resulta factible garantizar una votación confiable más allá de nuestras fronteras, sin levantar suspicacias o evidenciar cierto ventajismo de tal o cual aspirante u organización.

Estos temas, y otros similares, por su complejidad, deberían ser materia exclusiva de la CNP, sin la interferencia de los actores del proceso. Por supuesto que la CNP deberá contar con canales de consulta con las organizaciones políticas y los candidatos, para resolver asuntos tan espinosos como el del respaldo técnico del CNE o el voto en el exterior. Sin embargo, lo que no me parece conveniente es que los dirigentes sigan ocupándose públicamente de esas cuestiones una vez que la CNP ya se ha constituido y está comenzando a trabajar y a formar los equipos específicos que se colocarán frente a cada uno de los nudos que debe desatar. Si una de las metas del proyecto de recuperación democrática reside en rescatar la independencia del CNE, la realización de las primarias constituye una excelente oportunidad para demostrar, a través de la CNP, que la oposición sí sabe resguardar esa autonomía.

A partir de ahora, quien pretenda convertirse en candidato de la oposición debe dar a conocer sus ideas, sus propuestas fundamentales de gobierno, las razones por las cuales considera que es él, o ella, quien debe salir favorecido por el voto de los electores. Debe señalar cuáles son los proyectos que ha diseñado para reconstruir el Estado y la sociedad, y rescatarlos del nivel de ruina en el que los ha hundido el régimen durante el cuarto de siglo que ha controlado el poder.

La oposición, mediante las primarias, tiene la extraordinaria oportunidad de demostrar que puede preservarse compacta en medio de las diferencias y el contraste de opiniones. Que puede mantenerse unida a pesar de la diversidad. Que no le teme a ventilar en público sus diferentes concepciones porque la democracia consiste en confrontar puntos de vista dentro de una atmósfera de respeto por el contrincante.

En la actualidad, el porcentaje de venezolanos opositores o, en todo caso, desencantados del régimen, dispuestos a participar en las elecciones primarias ronda el 40%. Esta significativa cifra podría elevarse de forma sensible si la CNP realiza el trabajo transparente y eficaz que se espera de ella; y los candidatos se dedican a animar a los electores recorriendo el país con proposiciones sensatas y atractivas.

Cada quien debe dedicarse a hacer lo que le corresponde, sin obstrucción ni injerencia.

A la CNP hay que apoyarla y fortalecerla. El entusiasmo que despierten las primarias podría ser un anticipo de lo que ocurriría en 2024, si vamos con un líder escogido por el pueblo que busca un cambio democrático.

@trinomarquezc

 3 min


Beatriz De Majo

Ya se fueron los primeros cien días de la administración de Gustavo Petro. Abundan análisis sobre este arranque gubernamental, así que nos vamos a circunscribir a lanzar una mirada prospectiva hacia el futuro, más que a formular un análisis del pasado reciente.

El hombre, sin duda, se las ha ingeniado para dejar ya una estela de ejecutorias en el área agraria, tributaria, energética, pensional – no todas buenas, que conste- que muestran un deseo de cambio y una determinación a la acción. Casi siempre es así como se inaugura un gobierno cuando el cambio de modelo quiere ser radical.

Pero no olvidemos que a Colombia no está aislada del mundo y le toca insertarse en una escena global en proceso de profundo cambio y de cuestionamiento de las tesis y tendencias del pasado. El país vecino no se salva de resentir los coletazos de la crisis y cualquier cambio de rumbo debe ser aquilatado por la administración Petro con detenimiento y sin pasión.

Portafolio y los egresados de la Universidad de los Andes se han adelantado a imaginar el año 2023 en el terreno del emprendimiento, expectativas del mercado y apuestas productivas para la región y el país. Para los analistas privados es clarísimo que el país entrará en una “situación económica de desaceleración y de un crecimiento bajo” y por ello resulta esencial que “tengamos los caminos necesarios para soportar ese bajón tanto desde el punto de vista empresarial como también en los hogares y, especialmente los vulnerables».

Por ejemplo, es un hecho incontestable que el crecimiento de la inflación y el aumento de las tasas pondrá en jaque al sistema financiero quien deberá hacer frente a dificultades para manejar sus créditos. El aumento del gasto de los hogares en artículos de primera necesidad – el precio de los alimentos ha aumentado 27% en un año- impactará su capacidad de pagar sus obligaciones al tiempo que el costo de estas también se verá incrementado por el crecimiento de las tasas de interés. Colombia conocerá las penas del desconsumo.

El accionar gubernamental deberá tener conciencia de que las inversiones que el país necesita para diversificar la economía, lo que parece ser una prioridad para el cordobés Petro, vengan estas de fuentes nacionales o de las extranjeras, requerirán de un ambiente de negocios estable y de un posicionamiento gubernamental cuerdo en términos de negocios. La estabilidad del cuadro normativo para los inversionistas foráneos es esencial en estas épocas caracterizadas por la impredictibilidad de las variables.

Mi impresión es que una vez que Petro ya marcó el rumbo, una segunda mirada de los expertos gubernamentales sobre la realidad que les espera les está haciendo ser más prudentes con las próximas iniciativas. El Presidente nuevo goza de credibilidad y esta es una disposición de ánimo de la población que hay que tratar de mantener en épocas de vacas flacas. Llama poderosamente la atención, por ejemplo, que esta semana el director del Departamento Nacional de Planeación Jorge Iván González, utilizó una reunión cumbre del sector de energía, gas y petróleo para llamar a sus actores a ser parte de la construcción del Plan Nacional de Desarrollo.

Espero que mis ilusiones no sean vanas. Pareciera haber coincidencia en que hacia adelante es preciso andar con pies de plomo en el terreno de lo económico, porque en el de lo político, y más precisamente en el de la Paz Total, el talismán del nuevo Presidente, es donde se encontrarán las más fuertes turbulencias en la arena colombiana.

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Carlos Raúl Hernández

A los estrategas se les pasó un detalle del Manual de guerra para mermados mentales: cómo enfrentar un invierno sin calefacción.
Las declaraciones iniciales sobre la guerra Rusia-OTAN en territorio ucraniano, agitaban la “defensa de occidente y sus valores”, y con eso, de entrada, excluían semióticamente, se enajenaban, África, Asia, y confundían a los latinoamericanos, siempre confundidos. Ampliar una brecha con oriente “más que un crimen, es una estupidez”, sobre todo porque es mayoría planetaria, y Rusia y China principales proveedores de materias primas y manufacturas para occidente. Un montón de países asiáticos son economías y mercados más abiertos que “occidente”, e India, Japón, y varias más se rigen por democracias constitucionales. La dualidad greco-romana de oriente vs. occidente es un anacronismo perturbador de los liceístas que dirigen hoy Europa y comprueba que la ramplonería política del siglo XXI es tan global como el Covid 19. Rusia y China la agarraron al vuelo y son ellos los que insisten en el abismo entre ambos hemisferios políticos y el fin de la “hegemonía” anterior. Nada de eso indica fortalecimiento de la democracia ni de los valores del Estado de Derecho.
Por el momento quedan agrietados por su más que eventual derrota y porque contribuyeron a cuajar gran parte del planeta en un mega bloque “extra occidental”: la mayoría de los dieciocho países del Grupo de Shangai, de los BRICS, de la OPEP, del Tratado de Libre Comercio Asiático y de África, mientras Latinoamérica “observa” porque su segundo socio comercial es China. Esa guerra no “estalló” como dice la lengua raída, sino fue meticulosamente planificada con la pobre Ucrania como caballo de Troya “proxy”. El plan se cumplió: amenazar con que esta sería parte de OTAN, algo intragable para Rusia, como para EE. UU los misiles atómicos en Cuba 1963. Eso obligaría a Putin a atacar por su sobrevivencia, “caer en la trampa”, y muchos se frotaban las manos. Rusia dio cuerda, gruñó, amagó con la movilización de tropas en la frontera como recurso disuasivo, pero la OTAN estaba muy segura del plan.
A comienzos 2021 el recién estrenado presidente Biden había dejado caer una frase reveladora, después de hablar dos horas por teléfono con Xi Jimping: “!si no hacemos algo nos aplastan!” (NYT). Los estrategos norteamericanos saben que no pueden confrontar directamente a China porque gran parte de la economía global depende de ella y es una potencia demográfica (circa 1500 millones). Santiago Carrillo cuenta en su autobiografía que el bárbaro Mao Tse tung dijo en la internacional comunista que “podía asumir 200 millones de muertes para acabar con el imperialismo”. La señora Pelossi arma un kit de provocaciones, boomerang con filos envenenados que puede volver al cuello de Taiwan y su autonomía, lo que tampoco “fortalece los valores occidentales”, ni hace avanzar la democracia. Decidieron comenzar más bien por el que suponían equivocadamente el “soldado más lento”, Rusia, y calcularon exactamente revés, que el boicot de los compradores europeos de hidrocarburos la arrodillaría ante Europa.
Putin defenestrado iba a ser un leñazo brutal por mampuesto a China, dos por el precio de uno, pero más bien se recordará como una de las patochadas tremebundas de estos dos siglos. Hasta las vacas mugían preocupadas porque Europa montaba el auto patíbulo y su instinto de conservación habría previsto y evitado la magnitud autodestructiva de tal incordio. Hubieran entendido mejor las dificultades insuperables para sustituir los suministros siberianos. En vez de la bancarrota esperada, se fortalecen los ingresos rusos, el rublo, se conforma un nuevo club de potencias medias no necesariamente democráticas, el Nuevo Orden Mundial, y Rusia se gradúa de gran potencia. Lesionan sus democracias al sacrificar el bienestar social en los altares de una guerra asombrosamente simplista y ajena, que se ha llevado ocho gobiernos occidentales y contando. Clases medias y demás trabajadores europeos sufren inflación brutal, encarecimiento de la energía, porque la norteamericana es cuatro veces más cara y en varios países la gente recurre a ayudas gubernamentales para adquirir alimentos.
Los países se desindustrializan y la ley norteamericana “anti inflación” incentiva que las empresas se vayan de Europa a EE. UU. Dice el FMI que "…la confrontación… lleva… a… bloques enfrentados, una nueva Guerra Fría… (y a) la fragmentación de la economía mundial…a un mundo más pobre y más inseguro". Las brigadas de gacetilleros mangasmeadas y bocasucias denostaban a cualquiera que repitiera esa verdad, aunque fuera del tamaño del Millenium Falcon y los aplastara: la necesidad de un freno político a la guerra, porque Ucrania podría desaparecer, la Unión Europea quedar gravemente herida y desde las primeras operaciones aliadas es claro que el desquiciado plan se devolvería. Hoy Biden y el Departamento de Estado, difícilmente calificables de “putinistas”, invocan negociación, porque Ucrania es una pesadilla para sí misma, para el mundo, y no era ningún misterio que esta operación zoológica terminaría así. Efectos perversos, los llamaría el maestro.
El plan bélico hace ceder los sutiles mecanismos que mantenían el orden internacional y el interno de los países. Con las atolondradas declaraciones de los líderes estudiantiles de la UE, coherentes como loros tomados por la cola, contrasta la intimidante frialdad de Putin y Xi Jimping, que lucen tan pétreos como Hannibal Lecter. Entre las peores noticias, la pérdida de credibilidad de medios otrora respetables por la falsificación sistemática de los hechos, que obliga a un redoblado trabajo para “deconstruir” gatuperios. Engañan y hacen creer a la gente que “su equipo” gana por arrase. Al chino le viene de sastrería la guerra en la que formalmente no es beligerante, aunque el objetivo real es su país. Aprovecha la coyuntura para endurecer su imagen y para ello urbi et orbis, hizo sacar por la oreja del congreso del partido a su maestro Hu Jintao, bastante menos “neoliberal” que aquel, quien se proclamó jefe del liberalismo mundial. en la meca kapitalista, Davos,
La propaganda disfrazada de información hizo del reagrupamiento de tropas rusas, la evacuación civil y la retirada de Jersón como victorias ucranianas pese a que se anunciaron hace más de un mes, porque la inteligencia rusa supo que Zelensky pensaba volar la represa del Donetz e inundar la ciudad. Por lo pronto se despejaron incógnitas sobre cuáles son los pesos geopolítico y militar de la OTAN, la UE, el G7, y también de Rusia, que iría a las negociaciones después de anexar 20% del territorio ucraniano, país que queda hemipléjico, sin agua, calefacción ni electricidad y con su infraestructura destruida. Viene la negociación porque Europa y Ucrania no quieren enfrentar el invierno sin gas ruso, ni Putin cargar con las culpas. Los dirigentes estudiantiles de la U.E hubieran podido ahorrarnos y ahorrarse todo eso. Para evitar la guerra, Rusia proponía sólo la neutralidad de Ucrania y ni siquiera reconocía la independencia de Lugansk y Donetsk, proclamada desde 2014, pero ahora será distinto. Tarea difícil demostrar que la guerra robusteció “los valores occidentales”.
@CarlosRaulHer

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Ismael Pérez Vigil

Emitir opinión política no es un acto trivial, como algunos piensan o como otros lo hacen de manera ligera; mucho más hoy que las redes sociales permiten que cualquiera opine, sobre lo que sea, de la manera más profunda o ligera y que cualquiera tenga acceso a esa información para replicarla, apoyarla o negarla. De allí que opinar y cuidar lo que se dice es un tema a considerar.

Los regímenes declaradamente hegemónicos, autoritarios, totalitarios o dictaduras, ejercen la “censura” sin ningún tipo de disimulo; simplemente, nadie puede estar diciendo y expresando públicamente, lo que le pase por la cabeza, sobre todo, si se refiere al desempeño, la acción u omisión del régimen de turno y quien lo haga recibe persecución, cárcel o exilio, en el mejor de los casos.

Pero, en ciertos regímenes, más disimulados, se ejerce la modalidad de la “autocensura”; la sociedad, especialmente la política, recibe “avisos” suficientemente claros −que en algunos casos se vuelven amenazas− que les indica a los interesados, lo que dijimos en el párrafo anterior: nadie puede estar diciendo y expresando públicamente, lo que le pase por la cabeza, con relación al gobierno de turno.

Cuando se ejercen ciertas responsabilidades, que implican a una “colectividad” o grupo de personas no se debe, por imprudencia, comprometer los objetivos de esa actividad y se debe medir bien lo que se dice. Sobre todo, en países y culturas en los que somos muy dados a la crítica fácil y palabras altisonantes y, especialmente, a reclamar a otros para que sean ellos los que hagan esa crítica. Se impone entonces un cauto silencio, un medir al extremo las palabras para evitar que se comprometan los objetivos que se deben cumplir.

Siempre hablando de política, ese comedimiento es también válido para hacer las críticas al propio sector político al que se pertenece, pero en ese caso para evitar desestimular, desanimar, ser injustos o simplemente hacerle el juego al gobierno, demoliendo a las propias filas opositoras.

Pero lo que no se puede aceptar es que se pretenda impedir que defendamos las propias ideas sobre lo que debe ser la democracia, si las consideramos justas y válidas; o no permitir que, por mal entendida prudencia, no difundamos mensajes de esperanza, de estímulo, para infundir un ánimo que buena falta nos hace. Por ejemplo, algunos denigran de la vía electoral para enfrentar los problemas políticos del país, obviamente están en su derecho; pero pretenden que los que creemos en esa vía, no digamos nada, no defendamos el voto como esencia y principio fundamental de la democracia y hasta se ofenden si lo hacemos.

Se impone expresar la validez de los que defienden el voto; de los que piden y exigen elecciones libres, justas, supervisadas nacional e internacionalmente; de los que reclaman, por ejemplo, que se abra el Registro Electoral, en Venezuela y el exterior, para que todos aquellos que lo necesiten se puedan inscribir o hacer las modificaciones pertinentes para ejercer su derecho; y así, pudiera seguir listando las actividades que se deben defender para fortalecer el voto o para evitar su conculcación.

Nadie puede tampoco impedir que alentemos a mantener la esperanza; sí, esa esperanza en que Venezuela tiene y se merece un futuro luminoso, importante, que nos libre del oprobio y la ignominia en la que hoy vivimos. Después de más de dos décadas, acumulando problemas, penurias y necesidades, ya somos muchos −y cada vez más− los que aspiramos un cambio político en el país, que permita recomponer su estructura institucional, social y económica. ¿Y cómo no desearlo y querer hacerlo, después conocer las últimas cifras de Encovi2022, del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB)?

Las cifras de esa encuesta o estudio deben alarmar, como para que nos sintamos en la obligación de propugnar por ese cambio político y, en nuestro caso, hacerlo por la vía que consideramos más sólida y segura en el largo plazo, la vía electoral. Pero veamos que dice la encuesta.

En la encuesta, más allá de algunos resultados que parecen favorables, se nos revela que “…la pobreza por razones sociales aumenta de 31% en 2019 a 42% en 2022.” −un incremento del 35% −. Y que esa pobreza, cada vez tiene más que ver con “…factores sociales y de infraestructura, como la vivienda, educación y servicios…”, además de los económicos que ya conocemos.

La encuesta nos advierte que, aunque se note una cierta mejora económica, en general, en el país y en los indicadores de trabajo, la desigualdad no cede y la brecha se hace más grande, pues “…las cifras demuestran que Venezuela es el país más desigual del mundo… [y que]… la diferencia entre los hogares más pobres y los más ricos es de 70 veces el salario…”, [pues] …en los hogares con pobreza solo 45% está laborando”.

En materia educativa es alarmante que más de “…1.500.000 niños no están en el sistema escolar… [debido a]… la poca oferta educativa… que se agrava porque el 73% de los hogares no cuentan con Internet y un 69% carece de dispositivos de comunicación…” que serían factores o instrumentos que permitirían aliviar en algo la situación.

El informe señala que “…se redujo de 59 a 49% el porcentaje de migrantes que envían ayudas a sus familiares en Venezuela, lo que indica que van dejando de ser un complemento para los hogares venezolanos.”

No hay excusa válida para cruzarnos de brazos con pesimismo, cuando las necesidades del país, como nos muestra Encovi2022, son tan grandes. Frente a estas cifras es necesario darnos un baño de optimismo y esperanza, en que las cosas, si las hacemos bien y unidos pueden funcionar y ayudarnos a superar la situación.

Se nos abre un período, desde ahora y una buena parte del año 2023, para realizar un proceso de “elección primaria”, para escoger el candidato unitario de la oposición que enfrentara al del gobierno en la elección presidencial de 2024. Se abre un período para que los diferentes candidatos y aspirantes a ser representante de la oposición democrática recorran el país de sur a norte y de este a oeste, que se asomen a las entrañas de cada ciudad y pueblo importante, hasta el último caserío o barrio, ellos o sus seguidores, para decirle a sus habitantes que en el país sí hay futuro y animarlos a enfrentar la situación. Pero esos candidatos deberán tomar en cuenta que, una buena parte de los venezolanos no han conocido un sistema democrático como el que conocimos los venezolanos de las generaciones políticas que nos levantamos en el país después de 1958; y hay muchos que cuando se realizó la última elección primaria de la oposición, en 2012, tenían apenas ocho o diez años de edad; de manera que tampoco conocen lo que es escoger un candidato por una vía electoral y ahora tendrán la primera oportunidad para hacerlo.

Cumplido este proceso, le tocará a la oposición democrática enfrentar con ese candidato unitario y un Programa Mínimo de Gobierno, acordado por todos los aspirantes y los factores políticos del país, para lograr en la elección presidencial de 2024 una victoria como las obtenidas en 2007, en 2015 y en otras elecciones en una buena cantidad de Estados y municipios importantes del país. Salgamos de nuestra comodidad o desprendámonos del pesimismo y la desesperanza, desempolvemos nuestros mejores ánimos y que los venezolanos recorran el país, junto a esos candidatos de la oposición democrática, tras el que más les guste, pero tras alguno de ellos. Rescatemos para nosotros, para nuestros hijos y nuestros nietos, el valor del voto.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Fernando Mires

El encuentro de los líderes de la economía mundial en Bali tuvo como nunca antes un carácter no económico sino fundamentalmente político. Ese carácter político se lo había dado, sin proponerse, Vladimir Putin cuando en repetidas ocasiones anunció que la guerra de invasión a Ucrania era solo el comienzo de un levantamiento en contra de la, por él denominada, dominación de Occidente.

Probablemente Xi, de quien se dice piensa con una calculadora en su cabeza, imaginó un nuevo orden económico con China en la vanguardia. Pero en ningún caso la destrucción económica de Occidente, como deliraba Putin. Definitivamente Putin no entendió a Xi ni tampoco al mundo que lo rodea. Pues si hay alguien que necesita de la economía occidental, como un ser vivo al aire, ese es Xi. Sin la economía occidental no existiría la China de hoy. El capitalismo chino es un producto del capitalismo occidental.

China vive y vivirá de las inversiones de Occidente en China y de las de China en Occidente. China –es lo que advirtió el ultranacionalista Donal Trump como un peligro– es el campeón de la globalización económica. Lo que no quiere ni puede aceptar Xi –y desde su perspectiva, con razón - es la dominación cultural y política de Occidente sobre China.

La doctrina china es simple: intensas relaciones económicas con todos los países del mundo, siempre y cuando estos respeten las tradiciones políticas y culturales de China sin inmiscuirse en los asuntos internos del enorme país. Doctrina que entendió muy bien el pragmático canciller de Alemania Olaf Scholz, quien no se cansó de mover la cabeza en sentido afirmativo durante su encuentro con Xi, una semana antes de que fuera iniciada la reunión del G20.

No es posible asegurarlo, pero hay sospechas fundadas de que el, al comienzo muy criticado viaje de Scholz a China, fue planeado en común acuerdo con personeros de otros países occidentales, o por lo menos con el gobierno norteamericano. Como representante de la que se supone es la economía más fuerte de Europa, Scholz fue a entrevistarse con el representante de la economía más fuerte de Asia. Y al parecer ambos llegaron a un acuerdo: Un acuerdo que sería consagrado por los gobiernos reunidos en Bali y que reza más o menos así: “los negocios son los negocios y todo lo que interfiera “nuestros” negocios deberá ser apartado de la mesa.

Bien, Putin y su decimonónica guerra contra Ucrania, interfiere en los negocios del siglo XXl. Por eso, con elegancia alcapónica, Scholz y Xi, luego Xi y Biden, lo apartaron de la mesa. En suma: no hay ni habrá un nuevo orden económico mundial a la Putin. En su lugar habrá lo que siempre ha habido pero a mucha mayor velocidad e intensidad que antes: negocios. Negocios que establecerán diversas “figuraciones” (para emplear el término sociológico de Norbert Elías) vale decir, alianzas, contratos, acuerdos. Muchos acuerdos. En esa constelación nadie necesita a Putin. Por el contrario, es un estorbo. Así debe haberse sentido Lavrov caminando a lo largo de las mesas donde compartían los gobernantes- mercaderes de oriente y occidente.

Putin llegó a ser, de actor privilegiado, un estorbo internacional. Evidentemente, en el juego ajedrecista contra Occidente, parece ser evidente que Xi intentó utilizar a Putin como alfil, o más bien como amenaza frente a la posibilidad del conflicto surgido por el estatus de Taiwan. Pero algo deben haber conversado Xi y Biden sobre Taiwan para lograr al final un “acuerdo de caballeros”. Un acuerdo tácito según el cual Xi se comprometería a no anexar (todavía) a Taiwan y Biden a no enviar más algo parecido a la señora Pilossi a armar innecesarios líos con China. ¿Y el nuevo orden económico mundial sobre el que conversaron Xi con Putin en las Olimpiadas? Pues que Putin se olvide.

Dicho en términos más politológicos: aquello que aparece como resultado de la reunión de los 20 es, en primer lugar, la coexistencia económica entre gobiernos con distintas estructuras e ideologías. Para China eso no significa ningún problema pues, reiteramos, es y será su doctrina mundial. Para Occidente, en particular para los EE UU, puede sí ser algo más problemático.

Mientras que para China la autocracia como forma de gobierno corresponde con las más profundas tradiciones históricas del país (el libro de Kissinger, “China”, una maravilla histórica y literaria, lo muestra con precisión) la democracia de Occidente es, o ha llegado a ser, un producto de exportación. La democracia tiene, aunque los presidentes democráticos no lo quieran, un carácter expansivo.

La democracia, eso no lo van a entender nunca los sátrapas y déspotas del planeta, es erótica. No estamos haciendo aquí una figura literaria. Lo que intentamos afirmar es que la democracia no tiene solo un carácter político sino algo muy difícil de ser entendido por economistas y científicos sociales. Me refiero a su inherente sentido ontológico.

En tenor filosófico hay una relación indivisible entre el ser como ser y el ser político, en este caso, el ser democrático. El ser, sigamos hablando ontológicamente, para ser, necesita ser. Y solo se llega a ser más cuando hay libertad para ser. O para que se entienda mejor: la democracia, no es en sí la libertad. Pero es un sistema político que organiza y garantiza institucionalmente a libertades no solo políticas que no existen bajo otras formas de gobierno. Sin esas libertades no puede haber democracia. De todos los regímenes de organización política, la democracia es la forma organizativa que menos niega la voluntad del ser, la mejor de todas las peores, si reinterpretamos a Churchill. Para los que vivimos en democracia, ese es un sobrentendido. Para los que en cambio no viven bajo su amparo, es un deseo que, cuando es sistemáticamente negado, puede llegar a convertirse en una fuerza de acción colectiva. A veces como consecuencia de una indignación nacional ante el caso de una muchacha asesinada por no llevar bien puesto un velo. O frente a un dictador que envía a jóvenes a pelear en una guerra de invasión por la que ellos no quieren luchar.

Los gobernantes de países democráticos son conscientes de representar un orden político que, aún en contra de su voluntad, puede convertirse en objeto del deseo para muchos habitantes de países dominados por autocracias. Las migraciones masivas que avanzan hacia los países occidentales, por ejemplo, no surgen siempre como consecuencia del hambre y la miseria, ni tampoco por razones directamente políticas sino, muchas veces, porque esas multitudes de seres casi siempre jóvenes, son atraídos por las luces de las grandes ciudades occidentales, por una promesa de vida que intuyen pero no conocen, por una realidad que imaginan como negación de las oscuridades de las cavernas del no-ser, desde donde provienen. Biden, ni ningún gobernante occidental, puede hacer algo en contra si los jóvenes de China, o Irán, se sienten atraídos por un Occidente al que, sin conocerlo, aman.

Los gobernantes autocráticos pueden apropiarse de la técnica, de la ciencia, de las finanzas occidentales, pero nunca del espíritu político occidental sin negarse a sí mismos. Esas son las razones que explican por qué, como si fuera un sentimiento que pareciera surgir de un atávico instinto de supervivencia, los autócratas del mundo odian a Occidente. Y lamentablemente no lo pueden evitar, aunque sí, cuando se trata de autócratas tan inteligentes como Xi Chinping, disimular (¡qué bien se veía en Bali con traje y corbata!)

Los gobiernos democráticos están obligados a practicar normas de autocontención cuando tienen que dialogar con los autócratas del mundo no-occidental. En muchos casos deben entender que la democracia no está inscrita en ningún programa genético de la humanidad y, por lo mismo, ninguna nación está determinada a “evolucionar” hacia un orden democrático. Los gobiernos asiáticos e islámicos son lo que son de acuerdo a sus propias historias, culturas y tradiciones.

Puede suceder incluso que nunca el mundo llegue a ser definitivamente democrático. De ahí que, por lo menos en los grandes encuentros globales, hay que dejar atrás ese misionarismo político que ha caracterizado a muchos gobiernos norteamericanos, como el de Carter, en parte el de Reagan, los de los Bush, e incluso el de Biden.

En la gran película de Martin Scorcese “Silencio” (2016) hay un diálogo intenso entre un maestro budista japonés y un sacerdote jesuita portugués, un misionero. Fue en el año 1638. En ese diálogo, el budista dijo al jesuita: “Nosotros no queremos matarlos a ustedes, pero es que ustedes vienen a predicarnos una religión que no ha nacido, crecido y madurado en nuestros huertos” El jesuita responde: “nuestra religión es universal porque Dios es solo uno”. No era tan cierto, el argumento jesuita. La religión que predicaba había nacido en huertos judíos, griegos y romanos, pero no japoneses. Si era una religión universal lo era tanto como la budista. Hoy, seis siglos después, no hay problemas en predicar el budismo en Occidente y un poco menos el cristianismo en Japón. Pero sí hay problemas para predicar filosofías democráticas en China. Tal vez un día será posible predicar la filosofía democrática occidental en China. Pero para eso hay que tener paciencia china. No es, el nuestro, tiempo de misioneros.

Xi Chinping, como buen chino, tiene paciencia. No intentó acercarse a Occidente cuando parecía que Putin iba a ganar rápidamente la guerra a Ucrania. Solo lo hizo cuando los ucranianos demostraron en los campos de batalla que Putin no iba ser el vencedor. Chinping decidió entonces reiniciar las buenas relaciones diplomáticas con Occidente. En cierto modo -ironía de la historia- la paz mundial se la estamos debiendo a los soldados ucranianos. Slava Ucraini.

Tres puntos de la declaración final, firmada por la mayoría de los gobiernos en Bali, fueron golpes muy duros para el dictador ruso. Entre ellos: 1. No al uso de armas nucleares (clara advertencia al chantaje favorito de Putin) 2. El curso de la economía mundial debe estar puesto por sobre las guerras. 3. No a la guerra en Ucrania.

Cuando Lavrov viajaba en su avión de regreso a Moscú y fue dada a conocer la declaración de Bali, Putin debe haber sentido un frío siberiano sobre sus ya no muy musculosas espaldas.

16 de noviembre 2022

Polis

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