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Opinión

Elías Pino Iturrieta

La calamidad que experimenta Venezuela solo se soluciona con propuestas que puedan desarrollarse en la realidad. Esto es de Perogrullo, pero viene a cuento debido a cómo se asoman decisiones en el seno de la oposición que se mantienen en el éter porque no conducen a ninguna parte. Si es evidente que la salida de la crisis que padecemos depende de los políticos, es decir, de quienes tomaron la decisión de ocuparse del bien común como oficio principal y como meta de sus vidas, lo adecuado es que les pidamos que tomen las cosas en serio mediante la propuesta de un desenlace que no solo los acredite en su papel, sino que también nos saque del atolladero. Las fuerzas opositoras han llegado a un estado de postración que los ha convertido en factores periféricos, casi en una sombra oculta en los rincones debido a la ausencia de planes sobre salidas plausibles en torno a los negocios públicos. Justo cuando está a punto de concretarse un proyecto electoral de la usurpación, pensado expresamente para el escamoteo de la legalidad y para una nueva burla de la voluntad popular, más se advierten los titubeos y las inconsistencias de los líderes de nuestra orilla.

Como no se trata de hacer un catálogo de falencias, que pudiera ser infinito, me conformo con la referencia a dos de las sugerencias que acaban de presentar unos líderes opositores: La continuidad del Gobierno interino después del fraude electoral que se pronostica, nacida en los despachos del presidente encargado Juan Guaidó, y la idea de Henrique Capriles de convertir la convocatoria a parlamentarias en un movimiento de protesta. Parecen dos posibilidades dignas de análisis, pero caracterizadas por una indefinición que no augura frutos comestibles. Mientras circula el par de ideas, los partidos fundamentales de la oposición están a punto de anunciar su desconocimiento conjunto del acto electoral, ojalá que con el señalamiento de los caminos adecuados para la acción que los otros han esquivado, pero en esas estamos todavía. Amanecerá y veremos, de manera que lo único sensato que se puede ahora escribir debe detenerse en las aspiraciones que están sobre la mesa.

La continuidad del Gobierno interino tiene dos problemas de importancia: El hecho de que la soberanía popular de la cual depende tiene fecha de caducidad, y el saber para qué puede servir la prolongación de una curiosa forma de administración que apenas se siente en la cotidianidad. La representación popular que se ha resumido en la Asamblea Nacional y de la cual surgió el mandato del presidente Guaidó, debe terminar en el lapso señalado por la Constitución. Lo que se aprobó como gestión de un quinquenio no se puede prorrogar de acuerdo con la voluntad de quienes lo usufructúan, ni por la mudanza de las circunstancias políticas. Tiene un día de expiración que solo se puede desconocer mediante procedimientos tan arbitrarios como la elección parlamentaria que quiere hacer la usurpación, o según salga del capricho de los políticos interesados en la permanencia. Más hay otro problema. Pueden buscarle la vuelta al asunto de los plazos y de las regulaciones hablando de emergencia nacional y de la socorrida fuerza de los hechos, por ejemplo, siempre que expliquen, saliendo un rato del limbo, para qué aspectos concretos se van a mantener en funciones. Cómo debemos suponer que procuran un segundo aire para no seguir en lo mismo, para labrar la parcela de la realidad de la cual se han ausentado, es obligante que detallen los hechos concretos que abordarán, cómo los manejarán y cómo pueden los futuros actos justificar su permanencia. Si es para seguir en las nebulosas no tiene sentido el designio de continuismo y, solo si se detienen en señalar portentos de verdad, se puede tomar en serio la pretensión y ver si se debe respaldar.

La propuesta de Henrique Capriles tiene todo el sentido del mundo y en ocasión anterior, hace unos tres meses, me pareció lo mejor que entonces se pensaba para salir de la dictadura, pero estas son las horas en que no se ha enrumbado hacia puntos concretos de realización. Aprovechar la manipulación electoral para llevar a cabo manifestaciones masivas de repulsa es una posibilidad extraordinaria, si nos dice cómo llevarla a los hechos. Convertir la abstención en una exhibición de resistencia dinámica, en actividades de participación ciudadana que han desaparecido paulatinamente, puede dar en el centro de la diana cuando nos explique las maneras de tirar el dardo entre todos después de superar la inercia antigua y la pandemia nueva. Pero se ha tardado en ofrecer la explicación, en decirnos cómo sucederá el milagro de la trasfiguración que ronda en su cabeza sin llegar a fórmulas practicables que deben ser de consumo general. Quizá si hace consultas en el seno de Primero Justicia, el partido de cuyo liderazgo forma parte, pueda conducirnos a un itinerario posible, pero parece que hasta ahora solo estamos ante un asunto barruntado a solas. En consecuencia, la propuesta se debe colocar en la casilla de las fantasías.

La desaparición de la dictadura depende de una reacción colectiva, pero especialmente de los políticos que tienen la vocación y la misión de hacer que suceda. ¿No se han ofrecido como tabla de salvación, sin que nadie los haya obligado?, ¿no nos han pedido apoyo porque sin nosotros no pueden existir?, ¿no nos enamoran todos los días para que el idilio no se rompa?, ¿no se han formado para el cometido y están dispuestos a inmensos sacrificios para lograrlo? El sacrificio que ahora se les pide es la producción de ideas convincentes, la oferta de combinaciones que sirvan de algo.

2 de agosto 2020

La Gran Aldea

https://lagranaldea.com/2020/08/02/mensaje-a-las-nebulosas/

 4 min


Benjamín Tripier

Análisis de entorno

Dentro del chavismo están pasando cosas que los están llevando a divisiones internas que eventualmente podrían derivar en un cisma, cuyas características y profundidad no pueden apreciarse con claridad, por aquello de la disciplina y la verticalidad, casi militar, que los caracteriza. Y esa dificultad se extiende también para el liderazgo propio, que no está “leyendo” la importancia de las transformaciones que están ocurriendo, no solo en la topología social del chavismo, sino en el país en general. La base chavista, cada vez más reducida, no se siente totalmente representada por el partido, y estos dos, a su vez, no coinciden con las decisiones que toma el gobierno, el cual cada vez se vuelve más liberal en sus medidas, al mismo tiempo que radicaliza su discurso. Y ese doble juego, al final del día, va convirtiendo al gobierno en un híbrido que se aleja de su base ideológica, más cercano al “como vaya viniendo, vamos viendo”, que a un sentido de dirección claro, como el que, en su momento, les daba el Plan de la Patria. Para la base chavista, la política está perdiendo importancia, y se concentra más en la supervivencia, con lo cual termina fusionándose con las bases opositoras, y coinciden en que esto está muy mal, que no puede seguir así, y que las cosas tienen que cambiar. La brecha entre esas bases y el gobierno va creciendo todos los días, el cual se va aislando, y reaccionando defensivamente, apoyándose en lo “militar-policial”, porque en lo “cívico” ya no puede, pues no cuenta con ellos.

Político
En la oposición, que no es un grupo cerrado como ellos, también pasan cosas, hasta el punto de tener las siguientes categorías visibles:

  • La enorme base popular (que incluye chavistas) que quiere que el gobierno se vaya, sin importarles mucho quien venga
  • La dirigencia que verdaderamente se opone, y que responde (a veces mas, y a veces menos) a la línea de Guaidó
  • Los políticos opositores funcionales, con la explicación de que como estamos en “democracia”, la solución es con votos
  • Los “opositores” que forman parte de la oposición a la medida, que se fabricó el chavismo

Esa división es la que permite que el disminuido chavismo, con un grupo ideologizado que pudiera llegar al 20%, pueda mantener el control sobre el otro 80%, que está tan dividido y atomizado que hasta incluye a chavistas, ex chavistas, y desilusionados. Por eso es que es difícil que las cosas cambien, y en diciembre seguramente tendremos que el ecosistema chavista, así sea una minoría, cuente con su propia AN y su propia oposición. En definitiva, un solo país –si es que no se divide- con dos sistemas coexistiendo.

Social
La cuarentena se está sosteniendo con una estrategia de miedo al contagio y a la represión, la cual está perdiendo efectividad porque ese miedo está siendo sustituido por otro más fuerte, que es el miedo al hambre. Cuando un alto porcentaje de la sociedad se va a dormir temprano para no extrañar la cena, porque no pudo comprarla para él y su familia; y sabe que al día siguiente la historia será igual o peor; la sensación de angustia se convierte en negación al principio y en rabia después; y saldrá a la calle a conseguir lo que pueda, de la forma que pueda. Lo social se ha convertido en el nuevo foco de preocupación.

Económico
La cuarentena ha profundizado el uso del dinero electrónico, desplazando al efectivo. Y considerando que el efectivo en dólares ya supera al de bolívares, se podría anticipar que en la medida que las plataformas de transacción se amplíen y fortalezcan, el uso del dólar quedará solo para referencia de precios, y para los pagos en efectivo (con riesgo de contagio al manipularlo). Claro que lo anterior es solo para los urbanos, porque en el interior profundo, las gaberas llenas de billetes y el trueque, seguirán siendo los instrumentos para transar.

Internacional
En Venezuela, cada vez se escucha menos hablar de China; de Turquía hace tiempo que no sabemos, de Rusia solo en forma esporádica y disminuyendo, y ahora, últimamente, solo escuchamos hablar de Irán. Con quien compartimos la lista negra vinculada a temas horribles como terrorismo y lavado; y por supuesto, estamos juntos en la lista de sancionados. Ellos son el enemigo declarado de EEUU, y están permanentemente a un paso del conflicto armado; por lo que esa cercanía pudiera involucrarnos en uno que no es nuestro; pero que podría servir como excusa, para complicar el conflicto local. Lo cierto es que el escenario de violencia sigue consolidándose y la gran masa de la sociedad no puede hacer nada para evitarlo.

Recomendación

  • Al gobierno, que revise su estrategia frente a la pandemia, incorporando sociólogos, antropólogos y economistas al equipo de apoyo
  • A la dirigencia de la oposición, que se organice para comenzar a hacer cosas, en vez de solo decir cosas
  • A los empresarios, que reconozcan que tenemos por delante un largo “mientras tanto” y que hay que organizarse para llegar enteros al final del camino

https://www.eluniversal.com/economia/77037/analisis-de-entorno

 4 min


Carlos Raúl Hernández

En la ciencia ficción de Marx, las revoluciones corresponden a la “ley histórica”, y son un estadio ineludible de las naciones avanzadas en su ruta al comunismo y la felicidad. Fuerzas motrices desatadas, incontrolables, que convierten a los hombres en briznas de paja en el huracán. Nacen, según él, de condiciones materiales objetivas (la industrialización convierte al proletariado y sus familias en mayoría social, más la “lucha de clases”, la pobreza, la explotación, la tiranía, la injusticia, etc.)

Ocurrieron, no obstante, justo en países que carecían del patrón de “condiciones” supuestas por Marx. Las revoluciones castigan la crueldad del “capitalismo. Pero la “etapa superior de la historia”, se desplomó porque fue una pesadilla desde 1793 hasta el socialismo XXI. Pone orden analítico la estasiología que estudia los partidos políticos y su relación con revueltas, jackeries, turbas, golpes de Estado, guerras civiles.


Diferencia enfáticamente los desórdenes, de las revoluciones propiamente dichas, que quebrantan la propiedad, la familia, las relaciones de poder y el derecho a la vida, con el fin de crear la nueva sociedad. Esta perspectiva permite varias conclusiones. Por ejemplo, que la relación de las revoluciones con la pobreza se limita a dos aspectos: la demagogia de los candidatos a dictadores y el futuro de los países que sucumben.


No estallan en la miseria, sino por el contrario, en sociedades de riqueza creciente, pues seres postrados de hambre se concentran en buscar proteínas para sus hijos. Es por eso que asedios económicos no promueven cambios sino los dificultan. Los gobiernos cercados actúan con síndrome de Stalingrado, la desesperación del cul de sac. En reciente curso posdoctoral que impartí, analizamos autores paradigmáticos del tema, Crane Brinton, Gordon Tullock, Samuel Huntington, Chalmers Johnson.

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¡Cómpreme Ud. Señorito!
Ellos desmontan los mitos de la pobretología política. Por ejemplo, Rusia pre revolucionaria vivía un incipiente y rápido proceso industrial y por impacto de la producción petrolera de Bakú. El comité central de los bolcheviques era de señoritos ideólogos, mantenidos por familias y amigos y tenían simbólicamente un solo obrero, Tomsky. Fueron los jefes de la pequeña minoría que asaltó el poder sin un tiro ante adversarios inútiles.

Francia en 1789 era rica por años de crecimiento, pero tuvo el invierno más rudo del siglo, perdió el trigo, y el gobierno ese año padecía un alto déficit fiscal. El régimen cae en 1793 por las torpezas de los defensores y el talento político de los revolucionarios. Aunque un tanto anacrónicomente, perdura el momento a través de la imagen romántica de Jean Valjean de Víctor Hugo, preso y perseguido toda su vida por una sociedad miserable, al robar un pan.

Cuba en 1958 era un edén turístico y de negocios con altos niveles de vida, pero los ideólogos impusieron el ícono lastimero del “guajirito”, mientras los negros ascendían meteóricamente con el boom de música afrocubana. Es común que se confundan movilizaciones de calle impulsadas por activistas de partidos, con “el pueblo”. Según Tullock surgen resentimientos por lo que llama “privación relativa”: en los ciclos de modernización devienen gaps de ingresos entre sectores de las clases medias.

Profesionales de punta y empresarios ganan más que otros menos calificados y líderes e intelectuales convencen a parte sustancial de las élites y clases medias de que la situación es desastrosa, para resquebrajar así el bloque de poder que mantiene el orden. Ocurrió en Venezuela cuando la democracia corregía sus errores en un período de renacimiento, con descentralización, reforma municipal, reforma del Estado, desempleo mínimo y crecimiento económico más alto del mundo, 10%, igual que China.

Consejos de la abuela
Tan poderoso fue el impacto ideológico y político del socialismo XXI, que treinta años no bastan para el aprendizaje. Lo apoyaron entonces, han roto con sus consecuencias, pero por ciertos síntomas y lenguajes, demasiados parecen creer que habría que hacer lo mismo, pero mejor (eso sí: ¡sin corrupción!) Es la misma matriz conceptual de los que quieren revolución en Chile, país con óptimos niveles de calidad de vida, democracia, oferta de bienes, salubridad, servicios, y más bajas tasas de desempleo, inflación, pobreza.

Antisociales salen desnudos a quemar dispositivos de alta tecnología, iglesias, comercios, el metro, pedir “libertad sexual” y que se elimine el IVA a los libros. Ruego que Chile se salve de volver a un allendismo “mejor hecho”. Esperemos que los políticos e intelectuales instigadores no cuenten con una eventual torpeza de quienes resisten al Frankenstein, que trabaja con pericia de relojero para descomponer los mecanismos de poder.

Revolución es la idea política más funesta de la modernidad. Por dos siglos contagió los programas de los partidos democráticos con colectivismos y estatismos que pusieron en jaque la civilización hasta finales de los 80 –siguen latentes- y laceraron el avance de Europa que había inventado la industrialización. Tan persistente es su carcundia, que cuando se creía apagada, reaparece en Venezuela, avanzó en Latinoamérica y cruza el Atlántico hacia España.

@CarlosRaulHer

 3 min


Tolullah Oni

La pandemia del COVID-19 ha puesto en relieve las importantes falencias de nuestra infraestructura urbana y resaltado nuestra falta de atención al modo en que interactúan la salud humana, los sistemas naturales y el entorno edificado para determinar la salud del planeta. Ahora que es evidente que nuestro sistema económico eleva la inseguridad alimentaria, nuestras calles priorizan el tráfico motorizado por sobre el ejercicio físico y nuestras casas aumentan el riesgo de transmisión de enfermedades, podríamos lanzar un ambicioso programa de nuevas inversiones que garanticen la salud en todo el planeta.

El enfoque casi universal que la pandemia ha motivado nos da una oportunidad para movilizar a todos los sectores de la sociedad para adoptar métodos proactivos que permitan alcanzar un bienestar inclusivo. Para ello será clave el desarrollo de sistemas sanitarios resilientes y sostenibles, particularmente en el contexto de las ciudades y el desarrollo urbano.

Mirado desde una perspectiva optimista, el hecho de no haber abordado plenamente las implicaciones adversas de los entornos edificados actuales representa una ventana de oportunidad para desarrollar comunidades sanas. Desde un ángulo negativo, esa omisión contribuye activamente al riesgo de contagio y desarrollo de la enfermedad. Por ejemplo, en el Reino Unido el que la mayor mortalidad por COVID-19 ocurra en la población más pobre ilustra la miopía de las políticas de vivienda que no pusieron como prioridad central las consideraciones sanitarias y ambientales.

Un rasgo positivo de la actual crisis ha sido la rápida adopción de medidas innovadoras (por ej., versiones de un ingreso universal) para mitigar el impacto económico inmediato de la pandemia, lo que demuestra que, cuando la voluntad existe, podemos dar una rápida respuesta a las fallas del sistema.

De manera similar, tenemos que reimaginar radicalmente nuestros entornos edificados para que fortalezcan la respuesta inmediata a la pandemia y sirvan como vehículos para la mejora de la salud en el largo plazo. Y si bien las ciudades serán el campo de pruebas principal de las reformas que apunten a promover la salud y el bienestar, también será necesario transformar los sistemas de gobernanza sanitaria actuales.

Si bien varias iniciativas filantrópicas globales han buscado mejorar la salud y resiliencia urbanas, sin duda que con resultados positivos, los agrietados sistemas actuales precisan de una intervención más fundamental. En pocas palabras, el mundo necesita un nuevo Plan Marshall para la salud planetaria, similar a un Nuevo Trato para una recuperación pospandemia.

Un programa así serviría como guía global, alineando incentivos y cambiando las actitudes predeterminadas hacia el logro de la meta común de un desarrollo urbano sano y sostenible. Requerirá el acuerdo y la participación de gobiernos nacionales y locales, empresas privadas de urbanización, inversionistas y organizaciones multilaterales, lo cual tomará tiempo. Más todavía, la iniciativa adoptaría múltiples formas y vías institucionales, algunas de las cuales aún no existen.

Los gobiernos y los actores del sector privado tendrán que abordar tres temas en particular.

Para comenzar, las autoridades no deben ver la resiliencia solo como un resultado final. Muchos de los impactos y factores de estrés que producen emergencias sanitarias agudas y prolongadas se originan en opciones intencionales de los actores locales y globales. Más allá de la adaptación a ellos, el desarrollo de la resiliencia debe implicar hacer frente a las decisiones que debilitan los sistemas y facilitan las enfermedades y las alteraciones ecológicas.

Además, las autoridades deben abordar la “ceguera al problema”, causada por la distancia espacial y temporal entre la exposición a los riesgos sanitarios y sus consecuencias subsiguientes, especialmente para enfermedades con una larga curva. Por ejemplo, existe una desconexión entre el desarrollo urbano actual y las hospitalizaciones futuras por asma y enfermedades cardíacas que se puede exacerbar con la contaminación del aire, la exposición a ambientes húmedos y la falta de acceso a áreas seguras para la actividad física. Una consecuencia de la ceguera al problema es la atenuación de la responsabilidad sobre la salud de más largo plazo.

Por último, las autoridades deben abordar el “problema del bolsillo incorrecto”, por el cual el sector que se beneficia de una intervención puede no ser el que cargue con los costes de implementarla. Esto plantea un desafío a la promoción de la salud a través del planeamiento urbano, particularmente en el contexto de presupuestos compartimentalizados del sector público, y precisará de un rediseño del financiamiento sanitario.

Ya existen alternativas al actual enfoque de desarrollo económico basado en el PIB. Bután ha desarrollado un índice de Felicidad Nacional Bruta para guiar a sus autoridades, mientras que la Alianza para una Economía del Bienestar promueve un sistema económico basado en el bienestar que está siendo adoptado por los gobiernos de Nueva Zelanda, Islandia, Escocia y Gales. Sin embargo, para dar respuesta a los tres problemas arriba descritos se necesitarán fondos e inversión en sistemas sanitarios.

Aquí podrían ser de ayuda las instituciones multilaterales de financiación del desarrollo (IMFD), como los Bancos para el Desarrollo Africano y Asiático. Como organizaciones no comerciales que proveen capital para proyectos de desarrollo económico a una amplia gama de estados miembros, se encuentran en una posición privilegiada para impulsar un programa similar al Plan Marshall.

En primer lugar, las IMFD poseen el poder de convocatoria para reunir a jefes de estado y líderes del sector privado para desarrollar en conjunto y ratificar un plan así, al tiempo que toman en cuenta los matices regionales. Segundo, las IMFD podrían establecer como condición para la concesión de préstamos de desarrollo de infraestructura urbana contemplados en el programa a la consideración explícita de los efectos del proyecto sobre la salud, así como estrategias de promoción sanitaria.

Bajo el plan, las instituciones crediticias y prestatarias decidirían cómo movilizar y asignar el capital financiero basándose en dónde se encuentran los problemas de salud más costosos y quién está mejor posicionado para prevenir su propagación. Además, explorarían estrategias creativas para fomentar medidas intersectoriales y financiar proyectos colaborativos que promuevan la salud humana y planetaria. Un enfoque así podría impulsar más aún las políticas públicas, por ejemplo, haciendo que su contribución a la salud sea el indicador de desempeño principal de las estrategias, políticas e iniciativas de desarrollo de infraestructura urbana.

Los efectos devastadores del COVID-19 han evidenciado la urgente necesidad de reformas ambiciosas e integrales más que de medidas graduales y específicas. Un Plan Marshall Global para la salud planetaria constituiría un enfoque radicalmente nuevo y sería un paso importante para proteger la sanidad en las ciudades en rápido crecimiento del futuro. Además de fondos de los sectores público y privado, será necesario un movimiento social (impulsado por los jóvenes) para canalizar la constante demanda de una recuperación saludable tras el COVID, apoyada por investigación en los ámbitos científico, artístico y de las humanidades. Es esencial prevenir las decisiones tóxicas en el planeamiento urbano y el desarrollo de infraestructura, a fin de reducir la vulnerabilidad a las enfermedades, aminorar la necesidad de atención de salud y generar mejores ciudades y una mejor salud para todos.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

24 de julio 2020

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/urban-development-new-marsh...

 5 min


Kate Ferguson

Este mes, el Tribunal Federal de Justicia de Alemania emitió un fallo que puso fin a una disputa de una década entre dos de las marcas favoritas de chocolate del país, Ritter Sport y Milka. En el meollo del caso había una pregunta que parece más bien sacada de un libro de filosofía que de un tribunal de justicia: ¿cuál es el valor de un cuadrado?

En 1996, Ritter Sport introdujo una patente para su empaque de forma cuadrada. La iniciativa enfureció a los competidores, que se consideraban injustamente restringidos a los rectángulos. Milka, propiedad de Mondelez, escaló la batalla.

Según la ley alemana del consumidor, las empresas pueden patentar formas. Pero hay una salvedad importante, pero confusa: la forma en cuestión no puede por sí misma conferir valor al producto. En otras palabras, la forma cuadrada de una barra de chocolate Ritter Sport no puede ser la razón por la que la gente la compra. Milka sostuvo que la forma cuadrada de Ritter Sport era inherente a su valor. Después de todo, su eslogan "Quadratisch, praktisch, gut" (cuadrado, práctico, bueno) la celebra explícitamente.

Para los libros de historia

El cuadrado también representa una parte importante de la historia corporativa de Ritter Sport. Cuando visité por primera vez el café y el museo de la compañía en el centro de Berlín, la historia de cómo a Clara Ritter se le ocurrió la idea de crear una barra de chocolate que encajara perfectamente en los bolsillos de los abrigos de los entusiastas del deporte estaba exhibida con orgullo en un panel en la pared.

Pero, ¿es la forma cuadrada la razón por la que tomas la barra y la llevas a la caja para pagarla? Los abogados alemanes pasaron 10 años debatiendo el tema.

En general, los alemanes muestran preferencia por Milka. El año pasado, el 36 por ciento de los alemanes encuestados había comido una barra de Milka en las últimas cuatro semanas, comparado con el 28 por ciento para Ritter Sport. Si bien la diferencia puede parecer leve, en el país con la mayor tasa de consumo de chocolate en Europa (11 kg al año en promedio), incluso una diferencia relativamente pequeña en la participación en el mercado tiene un impacto importante en los ingresos.

Ver valor en formas

Entonces, ¿cuál es el valor de un cuadrado? No tiene, decidió el Tribunal Federal ubicado en Karlsruhe. Los consumidores compran Ritter Sport por su contenido, no por su forma. La ropa puede hacer al hombre, pero los cuadrados no hacen el chocolate. El monopolio cuadrilateral puede continuar.

Naturalmente, es un golpe para Milka. Pero la compañía puede tener algo de empatía. En 2004, defendió con éxito su patente del tono particular de púrpura que ha adornado su envoltorio desde 1901. Más de un siglo después, y con el apetito alemán por el chocolate sin mostrar signos de disminuir, podría haber más disputas amargas por delante.

DW

02.08.2020

https://www.dw.com/es/la-amarga-pregunta-en-la-guerra-del-chocolate-en-a...

 2 min


La actual situación venezolana, por su complejidad, dificulta visualizar salidas concretas al gravísimo atolladero en que nos encontramos. Para empezar, es imposible digerir que quienes detentan el poder, deliberadamente adopten políticas y conductas perjudiciales a la población. Pareciéramos estar en un mundo invertido, en el cual el fin del gobierno fuese destruir la economía, apropiarse de los dineros públicos y acabar con la producción petrolera. Y lo ha logrado: la economía es, hoy, apenas un tercio del tamaño de cuando Maduro ocupó la presidencia y la producción petrolera, para junio, sólo un 15% del existente cuando comenzó su gestión. Convertir a Venezuela, otrora el país más próspero del continente, en el más pobre --como constata la ENCOVI 2019—, constituye una proeza insólita. Lo único que hace dudar de que fuese este su propósito es que, al haberse logrado en tan poco tiempo, revela una eficiencia (macabra) impensada en la gestión del régimen.

Más allá, turba el desprecio absoluto de Maduro por el parecer de la inmensa mayoría del país, que clama desesperada por un cambio político. Niega todo lo que se espera de un mandatario. Asimismo, desconcierta su desdén por una opinión pública mundial que lo insta a respetar la constitución y los derechos humanos, a pesar de que ello repercute en sanciones que cercan su margen de operaciones.

La situación que se evoca es la de un mundo bizarro que no obedece a criterios de racionalidad, por lo menos de aquellos basados en el bienestar y la libertad de los venezolanos. Con un “anti-gobierno” de tal naturaleza, es harto problemático entenderse. ¿Con base en qué objetivos, metas? El hecho de que, contra todo pronóstico, continúa en el poder, representa un insulto a la razón y a nuestro sentido de justicia. Que los malos de la partida parecieran salirse con las suyas en estos momentos --con tan terribles costos para la población--, contraría nuestra fe básica en la convivencia en sociedad. Hablo de “malos” a conciencia: no hay forma de pensar que los destrozos causados --por su magnitud y extensión-, hayan sido por accidente o producto de la ignorancia de sus ejecutores. Han sido resultado de políticas deliberadas.

En ese mundo al revés, Maduro se mantiene, como es sabido, con base en la fuerza bruta. Desata, desde el poder, la violencia de sus esbirros y órganos represivos, conformando --bajo tutoría cubana-- una eficaz maquinaria de terrorismo de estado para someter a la población. Hoy, lo auxilia el estado de emergencia implantado con la excusa de combatir el Covid-19. El confinamiento extendido, el racionamiento de la gasolina, los toques de queda y las medidas de represión para su cumplimiento –las arbitrariedades y atropellos cometidos por la Guardia Nacional--, complementan el ansiado control social despótico.

La presteza en acudir a la fuerza obedece a dos factores: la defensa del régimen de expoliación del que son beneficiarios los detentores del poder; y la legitimación que otorga una construcción ideológica perversa, destinada a exculpar los atropellos cometidos en la prosecución de lo anterior. El régimen de expoliación explica la obstinación de Maduro y su camarilla por el poder, desafiando el deber ser. Para ello, desmanteló el Estado de derecho y cultivó cuidadosamente una sociedad de cómplices dedicados a depredar la riqueza social, corrompiendo a las cúpulas militares y segregando o castigando (cárcel, tortura, amenazas a familiares) a los honestos. Destruyó, así, a la economía, mientras pisoteaba los derechos de los venezolanos. Hoy impera sobre nosotros una nueva oligarquía, militar y civil, conformando verdaderas mafias que dominan las fuentes de su expoliación sobre las riquezas del país: extorsión y confiscación de empresarios, saqueo de las riquezas minerales de Guayana, despojo de PdVSA, robos de dineros públicos, estafas, tráfico de drogas, etc.

El constructo ideológico patriotero y comunistoide pretende absolver, entre las filas oficialistas, esta depredación, creando una falsa realidad que aísla a los perpetradores de estos delitos contra la nación de toda increpación, cobijándolos como “revolucionarios” que obran en beneficio del pueblo. La destrucción de la institucionalidad democrática y de la rendición de cuentas se justifica ¡alegando la construcción del socialismo! Lejos de sentir arrepentimiento por sus atropellos, emergen imbuidos de una pretensión de supremacía moral” (¡!) que los lleva a insultar a todo aquel que los critique.

Esta postura alimenta sentimientos de desesperación entre algunos opositores, porque pareciera que un régimen que no tiene razón de existir, que representa un sinsentido, está ganando la partida. La confusión y merma en la iniciativa del liderazgo democrático contribuye con esta percepción. Los venezolanos no la hemos tenido fácil en esta lucha contra el fascismo, más con la experticia y represión que ha aprendido de los cubanos.

Pero, al poner las cosas en perspectiva, se observa que el fracaso aparente de la oposición se mide sólo en su incapacidad de desalojar a los mafiosos del poder, no porque su proyecto haya sido derrotado, perdido vigencia o apoyo. La supuesta victoria del fascismo reside exclusivamente en que todavía detenta los mandos del Estado. Pero ¿ha fortalecido su proyecto, ha ganado más adeptos, convencido a la opinión pública mundial? ¿Ha logrado insuflarle sentido a su gestión, asegurar su futuro? Al contrario, el chavomadurismo no tiene factibilidad alguna como propósito. Su único objetivo es sobrevivir, pero ya no como proyecto político, sino para mantener el régimen de expoliación, que es su razón de existir. No tiene vida más allá, pero tampoco alternativa. Cual parásitos, los chavistas son incompatibles con la prosperidad de su anfitrión; Venezuela. Pero al matar a ésta, acaban con su propia existencia.

La oposición democrática está obligada a reunir fuerzas para darle el empuje final a estos trogloditas y rescatar a la nación de su aniquilación. No obstante las dificultades, debe aprovechar todas las oportunidades para debilitar aún más al fascismo e impedir que asuma la iniciativa. Debe arrinconarlo políticamente. Esto significa asumir una política proactiva ante la convocatoria arbitraria a elecciones parlamentarias hecha por Maduro, exentas de toda garantía para que se exprese la voluntad popular. Como señala Henrique Capriles, no basta denunciarlas por fraudulentas y cruzarnos de brazos a esperar que, a cuenta de tener nosotros la razón, se derrumbe definitivamente el apoyo al régimen o intervengan fuerzas externas que lo desalojen. Con esa convocatoria tan burda, Maduro se ha puesto el mismo contra la pared. Solo si la oposición se mantiene inerme, podrá sacarle provecho político.

No se trata de decidir entre ir o no al diálogo con la mafia militarizada, o de acudir, o no, al llamado electoral. Obviamente, no hay la más mínima intención, por parte de los fascistas, de ceder poder por cualquiera de estas vías. Acabar con el juego democrático es un propósito crucial, por ende, de su mandato. Pero eso les coarta sus posibilidades de respuesta ante las amenazas crecientes que representan las sanciones, el encogimiento de sus bases de depredación y el malestar de la población. No tienen como labrar consensos que alivien sus problemas de gobernabilidad y su apoyo, tanto interno como externo, es cada vez más menguado. La verdadera disyuntiva está, entonces, en cómo aprovechar las coyunturas que se presenten, sean cuales fueran éstas, para fortalecer la opción democrática y debilitar, aun mas, las posibilidades de esta mafia de mantenerse. Refugiarse en el uso de la fuerza, cada vez más compartida con cuerpos irregulares, tiene un indudable costo político.

Sé que es muy cómodo hacer recomendaciones desde afuera. Ofrezco mis excusas por tal atrevimiento. Pero me ampara una enorme confianza en esa nueva generación de jóvenes políticos que han asumido un rol protagónico en la lucha por desalojar al fascismo, conscientes de que su permanencia acaba con toda posibilidad de construirse un futuro provechoso. Demás está repetir que la unidad de propósitos y de acciones será decisiva para que su liderazgo rinda los frutos esperados.

Economista, Profesor(j) de la Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min


La moderna biotecnología ha dado inmensos aportes a la agricultura mundial, con el desarrollo de organismos genéticamente modificados (OGM) en importantes especies vegetales cultivadas. Se han obtenido cultivares con características particulares superiores a los cultivares tradicionales, como por ejemplo mayores rendimientos, tolerantes a diversas condiciones externas adversas, de más fácil manejo, de mejor valor nutritivo, entre otras. Todas estas características, además de poder generar mayores rendimientos, también ofrecen grandes ventajas a los productores en el manejo de sus campos.

En Venezuela se ha prohibido el uso de OGM en la agricultura, vetados legalmente según lo establecido en la Ley de Semillas aprobada el 23 de diciembre de 2015 por la Asamblea Nacional, la cual impide “la liberación, el uso, la multiplicación, la entrada al país y la producción nacional de semillas transgénicas”. Esto incluye a los OGM desarrollados por medio de los alcances de la biotecnología.

Con esta postura oficial, hay algunas contradicciones. Una de ellas se refiere a que el mismo sector oficial importa múltiples alimentos, especialmente aceite de soya y granos forrajeros (maíz amarillo), producidos en otros países con cultivares transgénicos. En esos lugares de producción, los agricultores disfrutan de las bondades de los OMG, lo que no pueden disfrutar nuestros agricultores.

Otra contradicción se basa en que el sector oficial, desde el inicio de este régimen en 1999, ha querido mostrar una cara de protector del ambiente, de responsable en la conservación de los recursos naturales, y sin entrar en detalles del ecocidio que han autorizado y disfrutado en la Guayana Venezolana con la explotación de minerales valiosos, con algunos de los OMG oficialmente proscritos, además de mayores rendimientos, se puede lograr un más eficiente combate de plagas y malezas, con un menor uso de plaguicidas químicos que pudieran contaminar suelos, aguas y causar daños irreparables a la fauna benéfica y a la salud de los operadores del campo si no se toman las precauciones correspondientes.

Un ejemplo interesante de esto es el Maiz Bt, transgénico que es capaz de producir la proteína Cry, naturalmente producida por la bacteria Bacillus thuringiensis, la cual es tóxica a las larvas de lepidópteros que taladran los tallos y consumen follaje de las plantas. En el caso del Maiz Bt, no se requiere aplicar insecticidas para combatir estas plagas, el auto combate que realiza la planta es más eficiente y redunda en mayores rendimientos y facilidad de manejo del cultivo. La proteína Cry es inofensiva para el hombre y para el resto de la fauna. Ha sido utilizada por más de 40 años como ingrediente de algunos insecticidas biológicos de amplio uso.

Este año, 2020, se ha sembrado muy poco maíz en todo el país, lo que promete un marcado desabastecimiento de este grano, que es base fundamental de la alimentación del venezolano. En adición a esto, se ha reportado que las siembras en Portuguesa y resto de regiones maiceras, están siendo atacadas fuertemente por taladradores del tallo y consumidores de follaje. Hemos visto fotos con ataques severos, los taladradores debilitan el tallo, obstruyen el flujo de agua y nutrientes, y promueven el volcamiento de las plantas, pudiendo causar grandes pérdidas para el productor. Los campos están muy altos y no se debe entrar con tractores para aplicar insecticidas porque se dañaría un alto porcentaje de la población de plantas. La solución serían las aspersiones aéreas, pero los aviones no tienen gasolina. Conclusión: el uso de Maiz Bt hubiera evitado estas pérdidas tan marcadas en la producción de maíz del año 2020.

A pesar de estas contradicciones y limitaciones legales que existen en el país con respecto a los OMG, algunos agricultores, en su necesidad de facilitar la actividad agrícola ante tantos obstáculos y carencias de insumos originadas en su mayoría por las malas políticas agrícolas del régimen, subrepticiamente han evaluado materiales transgénicos con excelentes resultados.

Pedro Raúl Solórzano Peraza

Agosto 2020

 3 min