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Opinión

Félix Arellano

Varios países de la región se presentan convulsionados, bajo una creciente polarización y agitación social; con altos niveles de corrupción y desgaste de los políticos y los partidos; empero, y paradójicamente, en algunos de los casos de mayor tensión, como Perú y Ecuador, la institucionalidad democrática pareciera estable, tanto el poder judicial, como las instituciones electorales, se presentan relativamente autónomos y eficientes, todo lo contrario, al caso venezolano.

Ahora bien, en la medida que la crisis se incremente, pude abrir espacios a los proyectos radicales que, en buena medida, están promoviendo la crisis, para abrirse camino al poder, manipulando a la población y aprovechando las bondades de la institucionalidad democrática.

Los casos recientes de Perú y Ecuador resultan significativos y sorprenden por lo repetitivo de los escenarios. En el caso peruano impacta que todos los Expresidentes vivos son objeto de investigaciones judiciales, algunos en prisión, otros fugitivos e incluso, previó a su detención, se suicidó el veterano aprista Alan García, quien ejerció la Presidencia en dos oportunidades. Pero el poder judicial se mantiene firme, las fuerzas armadas ocupando su lugar y respetando la institucionalidad.

El enfrentamiento entre los poderes ejecutivo y legislativo peruanos no es nuevo, pero ha llegado en estos días a un nivel extremo, al utilizar el Presidente Martin Vizcarra, la atribución constitucional que le permite disolver al Congreso y convocar a elecciones parlamentarias. El Congreso, por su parte, reaccionó de inmediato, suspendiendo al Presidente y designando provisionalmente a la Vicepresidenta, Mercedes Aráoz, como encargada.

Sorprende como se repite el escenario, pues el Presidente Vizcarra llegó al poder, producto de una crisis previa, en la que el Presidente electo, P.P. Kuczynski, se vio obligado a renunciar y se encuentra bajo investigación judicial.

Pareciera que en la esencia del conflicto de poderes en el Perú, destaca la arrogancia del fujimorismo y sus aliados, que controlan el Congreso, y desde allí aspiran controlar del resto de las instituciones, en particular del Tribunal Constitucional. Pero la jugada no está resultando exitosa. La OEA ha declarado de forma adecuada y conveniente y se espera que el orden constitucional se imponga. En consecuencia, el país se debe preparar para nuevas elecciones, un reto complicado, pues la maquinaria fujimorista está bien organizada y el resto de los partidos fraccionados y enfrentados. Lo admirable del caso peruano es que la institucionalidad democrática prevalece, se impone y se consolida.

Ecuador nos evoca un Déjà Vu, pues la protesta social, particularmente indígena, ya ha generado graves crisis políticas y algunas han desembocado en la salida de Presidentes en ejercicio; al respecto, nos podríamos remontar al caso de Abdala Bucaram en 1997, luego la renuncia de Jamil Mahuad, por las protestas debido a la dolarización del país en el 2000 y posteriormente a la “rebelión de los forajidos”, contra Lucio Gutiérrez en el 2005.

Pudiéramos pensar que faltó manejo político y sensibilidad social, para adoptar las necesarias reformas económicas aprobadas por el Presidente Lenin Moreno, lo que a todas luces resulta evidente, es la participación en la protesta de los grupos radicales, fieles intérpretes del Foro de San Pablo. En esta oportunidad la situación se empeora, por la presunta participación de grupos militares favorables al radicalismo. Estos son los típicos grupos que promueven la violencia, aprovechando la democracia y manipulando el discurso, para llegar al poder y, al lograrlo, inician el desmantelamiento de la institucionalidad y la violación de los derechos humanos, para perpetuarse en el poder.

El caso ecuatoriano se pudiera complicar con la participación de apoyos extranjeros para los radicales, de allí la necesidad que la comunidad internacional democrática mantenga su atención y participación preventiva. Es un tema que se debería abordar en la OEA a los fines de proceder bajo el sistema de la alerta temprana y evitar que la situación se desborde.

Para la lucha democrática venezolana, estos dos conflictos son preocupantes, entre otros, en alguna medida debilitan la fortaleza del Grupo de Lima, complican la agenda. Ahora bien, convendría que este mecanismo se reúna de emergencia, para evaluar las posibilidades de su participación, con el objeto de cuidar por la paz, la convivencia y la estabilidad de la democracia.

https://talcualdigital.com/index.php/2019/10/08/region-agitada-pero-esta...

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Casi todos participamos en grupos de las redes sociales y tenemos acceso a los artículos de distinguidos compatriotas, todos ellos con deseos de salir lo antes posible de esta narcodictadura totalitaria. A través de estas relaciones con los “amigos invisibles del aire" como diría Arturo Uslar Pietri, se percibe que nos debatimos entre la emoción y la razón, sin lograr el equilibrio necesario para acuerdos mínimos.

Es muy probable que estas confrontaciones se deban en gran parte a que las opiniones viajan rápidamente por las redes sociales, las cuales nos bombardean con informaciones que a veces son ciertas, pero otras son medias verdades o inclusive mentiras. Como el cerebro emocional reacciona mucho más rápido que el cerebro racional, disparamos desde la cintura sin pensarlo dos veces.

El cerebro emocional es más primitivo que el racional, ya que se desarrolló tempranamente para permitir la sobrevivencia a los primeros homínidos. El mismo es imprescindible para que no seamos simples robots. El racional se desarrolló gradualmente hasta lograr su máxima evolución con el Homo sapiens, aunque a veces dudamos de su sapiencia.

¿Por qué gente valiosa con cierto nivel de educación se ha vuelto tan agresiva en contra de otros que generalmente tienen el mismo objetivo? ¿Acaso la cizaña sembrada por el régimen afectó nuestra parte del cerebro que actúa como puente necesario entre la emoción y la razón? Quizá la explicación es que nos encontramos en una fase de sobrevivencia, angustiados por la situación económica, la escasez, la persecución política y por la lejanía de muchos de nuestros seres queridos. En estas circunstancias tiende a manifestarse con mayor preponderancia el cerebro emocional.

Por ello descalificamos a quienes no nos suministran una solución a corto plazo y nos inclinamos a simpatizar por quien ofrece el cese inmediato de la usurpación mediante el arrebato del poder, aunque en el fondo el cerebro racional nos indica que “los rusos también juegan”, como dice el profesor Adolfo Salgueiro. Ese relegado cerebro racional debería hacernos notar que el equipo que enfrentamos es malamañoso y sin escrúpulos. Que además cuenta con la incondicionalidad del árbitro y de los guardalíneas, o sea de la Fuerza Armada, del Tribunal Supremo de Justicia, aunque sea espurio, de los paramilitares rojos y del narcotráfico. En estas circunstancias al equipo de la democracia se le dificulta meter gol, aunque contara con Messi y Ronaldo.

Como no hemos podido ganar el partido, el cerebro emocional nos induce a buscar un culpable y rápidamente le echamos la culpa al entrenador, es decir a los partidos políticos. Desde luego que hay argumentos para ello aunque, a pesar de sus errores, los dirigentes de los partidos siguen dando la cara. Sin embargo, las descalificaciones no cesan. Aquí el cerebro emocional nos juega sucio y la emprendemos en contra de los dirigentes que no caen simpáticos o que a veces se contradicen. También hay que reconocer que no ha surgido un líder que nos aglutine, sino que tenemos varios dirigentes unos más valiosos que otros y la identificación con los partidos políticos es baja. Parte de la culpa es de ellos y parte de campañas de antipolítica.

A pesar de todo, hoy contamos con unos diputados que sesionan aunque ni cobran, ni disponen de facilidades de transporte, un grupo de ellos está refugiado en embajadas y otros presos o exiliados. Surgió un joven ingeniero que le ha tocado asumir una tarea difícil y riesgosa. El presidente (e) Juan Guaidó encabeza las encuestas y es una esperanza. No cometamos el suicidio político de descalificarlo. Prometió una ruta y la está cumpliendo. El fin de la usurpación puede producirse por varias vías. No nos ceguemos.

Las sanciones están actuando, pero no pueden dar resultados a la velocidad deseada y no surtirán efecto sin la reactivación de las protestas de calle. Conjuntamente sí podrían obligar al régimen a renunciar o a convocar elecciones muy transparentes. Desde luego que el tema electoral despierta mucho escepticismo por experiencias anteriores, sobre todo si se realizan con Maduro en Miraflores y es candidato, pero ello es superable con estricto control internacional, entre otros puntos. Para que esto pueda materializarse es necesario dejar las descalificaciones que solo producen desánimo. En este sentido, mis admirados y respetados luchadores como María Corina y Antonio Ledezma, y distinguidos articulistas como Carlos Blanco pueden hacer una importante contribución en orientar a los ciudadanos. No parece haber otra opción en el panorama.

Como (había) en botica:

Antonio Pasquali fue un gran venezolano, venido a esas tierras con otros italianos que hicieron una importante contribución a nuestro desarrollo intelectual y material. Nuestro pésame a su distinguida familia.

Felicitaciones a María Corina Machado por merecido premio a la Libertad otorgado por la Liberal International.

¿Hasta cuándo el general Padrino López va a permitir que se violen los derechos al general Hernández Da Costa, a otros oficiales y a gran número de ciudadanos?

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Maxim Ross

En un reciente artículo ¿Cuál Acuerdo? ofrecía una escala de valores para concluir en la necesidad de alcanzar un Acuerdo de Integración Nacional, ahora que la Asamblea Nacional llama a todas las organizaciones que hacen vida en Venezuela a respaldar un Acuerdo Político Integral. En ese sentido, rescatamos un proyecto elaborado en la Universidad MonteAvila, en el cual defendemos que Venezuela se viene desintegrando sistemáticamente, más todavía con la intensidad que ha impuesto esta revolución destructiva “bolivariana”.

Frente a ello, contraponemos el concepto de Integración Nacional, es decir rehacer el país no solo en el plano político, sino iniciar un proceso sistemático y consistente de cambios en los planos institucionales, económicos y sociales, comenzando con un Acuerdo Democrático Nacional (ADN), que restaure nuestro ordenamiento democrático en reconocimiento a la tradición y cultura democrática venezolana.

En el artículo anterior (¿Cuál Acuerdo?) definimos algunos campos a identificar y reformar para alcanzar un mayor grado de Integración Nacional, entre ellos el hiper -presidencialismo, el estatismo, el centralismo y la extrema dependencia petrolera. A nuestro juicio, ellos conforman la “armadura” económica-política-institucional que nos ata”[1] para tomar una frase de un evento que, al respecto, realizaremos en la Universidad.

Sin embargo, no es la suma de esas reformas lo que caracteriza la idea de “integración”, lo que la hace es la necesidad de entenderlas y enfocarlas tan de manera simultánea como sea posible y, si no es así, al menos tener conciencia de que cada plano debe soportar los restantes. Decimos: no habrá descentralización sin una radical reforma que coloque a la provincia económica venezolana en el primero plano. Decimos: no habrá ampliación democrática con el grado de estatismo que hemos experimentado. Decimos: no habrá democracia plena y equidad mientras 16 a 17 millones de venezolanos vivan en pobreza o en las condiciones más precarias. El Acuerdo de Integración Nacional va en esa dirección.

Decimos: que la sociedad civil venezolana tome la iniciativa de promoverlo, constituyendo una Plataforma Civil que articule y coordine a distintas instituciones organizadas, sean gremios, asociaciones, comunidades, para que identifiquen sus problemas comunes y sus necesidades generales. Sobre este tema volveré en la próxima entrega.

[1] La integración nacional: una necesidad histórica para el Progreso y la Paz de Venezuela.

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Hugo Prieto

La primera pregunta abrió el espacio para que Luis Zambrano Sequín, profesor de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello y de la Universidad Central de Venezuela e Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, trazara un recorrido, necesario y obligado, por el devenir de una sociedad que por más de 100 años ha vivido del petróleo. Hubo crecimiento sostenido y posibilidades, aunque no siempre bajo un régimen político democrático. La estatización del petróleo y el cambio estructural que produjo en la administración política, además de la falta de una cultura ciudadana se combinaron para abrirle las puertas a un falso discurso que ha desembocado en el desastre que vivimos actualmente.

El petróleo, a pesar de su abundancia en el subsuelo, no ofrece los recursos necesarios para apuntalar el crecimiento. El país, de acuerdo a Zambrano Sequín, va a tener que entregar la renta petrolera a inversionistas privados que estén dispuestos a arriesgar recursos, entre otras cosas, porque no hay instituciones ni estabilidad política. Ese es el precio que hay que pagar por darle alas al populismo del señor Hugo Chávez.

La economía venezolana es como esos televisores que repentinamente se quedan en blanco, sin señal. Es sólo eso: Un parpadeo incesante. No hay una continuidad y las investigaciones de economistas como Héctor Malavé Mata, Ricardo Hausmann o Asdrúbal Baptista, por mencionar a unos pocos, son cosa del pasado. ¿Estamos viviendo la peor crisis económica en la historia de Venezuela?

Haciendo un poco de historia diría que durante la época colonial la economía de lo que entonces era Venezuela tuvo una estabilidad generada por el dominio de imperio español, que además duró siglos. Posteriormente, Venezuela se enfrentó al cisma de la Independencia, inducida por la invasión napoleónica a buena parte de Europa, incluida España. Ese cisma produjo un caos político profundo que generó una crisis severa en lo que fue la sociedad venezolana. Es el intento de construir un Estado nacional sobre algo prácticamente inexistente y en medio de una diatriba sobre el modelo político a seguir. En eso se nos fue el siglo XIX que termina, como se ha dicho tantas veces, con la muerte de Juan Vicente Gómez, pero también con la conversión de una pobre economía agrícola en una importante economía petrolera. Ese hecho tuvo un impacto tremendo en Venezuela, desde la integración política y territorial, hasta la creación de un país urbano. Consolidar ese país, que fue de la mano con la madurez de la industria, nos lleva a la primera mitad del siglo XX y luego a algo más de dos décadas de estabilidad, de crecimiento sostenido, y a gobiernos que ciertamente no eran del todo democráticos.

¿Cuál sería el carácter de la economía venezolana durante la segunda mitad del siglo XX?

Surgió un país nuevo, basado en la industria petrolera, cuyos ingresos impactaron las finanzas públicas, con un sector privado que funcionaba con bastante autonomía que aportaba al fisco, al Estado. Un Estado que no tenía mayor injerencia en la actividad económica en general, que se dedicó a crear infraestructura, equipamiento, pero lo que no tuvimos, justamente, fue un liderazgo político que acompañara todo ese proceso con instituciones sólidas.

Uno podría asociar la democracia al ciclo de vida de Rómulo Betancourt. Se echaron las bases, pero el edificio estaba por construirse. Había más sueños que realidad y el liderazgo que tomó el testigo parece que no tenía un plan para llegar a la meta ¿Pedirle a Betancourt que dejara como legado una sociedad como la de los países nórdicos no es acaso un exabrupto? Es cierto, faltó liderazgo político, ¿Pero qué más faltó?

Faltó un liderazgo político, en el sentido de la construcción de ciertos aspectos de la sociedad, que estamos pagando y vamos a pagar muy caro. Probablemente no se hizo un esfuerzo más consistente en la educación ciudadana. Allí hay un déficit muy importante y eso va de la mano con la creación de instituciones. Me refiero a instituciones sólidas que pudieran dirimir los conflictos sociales de una manera más eficiente. Pero quizás no hubo el tiempo suficiente para crear esas cosas. Otro factor, que produjo un cambio importante en la economía venezolana, es la estatización del petróleo. Se empoderó el Estado de una manera muy significativa. Se generaron una serie de incentivos en el mundo de la política, en el mundo de la gerencia pública, que trajo como consecuencia que desde el Estado se empezaran a introducir una serie de rasgos que inhibieron, considerablemente, el desarrollo del sector privado. Digamos, como un sector realmente empresarial.

Ese desequilibrio no es propiamente un factor atribuible a las variables económicas —al empleo, al gasto público, al ahorro, por ejemplo— sino a una particularidad, a una especificidad muy de la economía petrolera venezolana. ¿Usted cree que ese ingrediente, por llamarlo de alguna manera, fue el que desencadenó esta crisis?

El hecho de que el Estado pasara a asumir la propiedad y la gerencia del sector que había sido la causa fundamental de la modernización y la construcción de la Venezuela post agrícola, implicó un cambio que tiene que ver con el devenir posterior.

¿Qué tiene más de negativo que positivo?

Sí, pero no por el hecho de que estas riquezas pasaran a manos del Estado, sino básicamente por la manera, por la forma, en que se gerenció ese Estado. Es decir, el hecho de que esas riquezas pasaran a ser administradas por venezolanos no es por definición una condena en el futuro. Pero ciertamente, hubo un cambio estructural con la imposición de controles, y la injerencia del Estado en la vida económica tienen mucho que ver con lo que estamos viviendo.

Es cierto, por fin se cumple la profecía de Betancourt en “Venezuela Política y Petróleo”: El Estado venezolano pasa a ser el gran actor de la política petrolera. Pero allí está el germen del cambio estructural que menciona, allí está el germen de los controles y las intervenciones. ¿No hubo una profundización de ese factor al aprobarse la Constitución del 99, la más presidencialista, la más estatista de América Latina?

La doctrina de Betancourt tampoco es que se desarrolla desde la nada, hay un contexto internacional, un contexto ideológico y político determinado, donde la aspiración de la dirigencia política venezolana, que se genera después de la muerte de Gómez, es justamente el deseo de independizarse, de controlar los recursos de la nación, reducir la relevancia de las empresas petroleras internacionales. Allí hay elementos de todo este discurso antiimperialista y muy nacionalista. ¿Qué ocurre? Que el Estado, ahora todopoderoso, pasa a regular todos los aspectos de la vida económica, a hacer del sector privado un sector rentista, un apéndice del Estado, buscador de protección, muy distante de lo que es el concepto de un empresariado innovador que además arriesga.

Sí ya el sector privado, de alguna manera, estaba inserto en la economía mundial y actuaba con autonomía o independencia del Estado, ¿cómo fue que se entregó sin disparar un tiro?

Así como teníamos una dirigencia política… bueno, también teníamos una dirigencia empresarial probablemente pobre, que miraba más sus negocios que los intereses del país, que miraba más el corto plazo que el largo plazo. Y aún más, la renta petrolera era de tal magnitud que tener acceso a ella se convirtió en el negocio más rentable del país. Sí tenías que invertir en una nueva maquinaria, en una nueva tecnología versus invertir en un ministro, en un senador o en un diputado que pudiera pasar una regulación, un subsidio que te favoreciera, pues invertir en un funcionario ofrecía una rentabilidad, estrictamente hablando, mucho más alta que arriesgarte con un nuevo proyecto.

En medio de la crisis financiera del año 94, el gobierno anunciaba la intervención de un banco y se desataba el pánico, el público corría a retirar su dinero en las agencias bancarias. Ahora se anuncia una medida similar y no pasa nada. Las pocas señales de vida están en el sector público, en lo que haga o no haga el Estado, lo demás no cuenta. Hasta allá ha llegado el poder del Estado.

La injerencia del Estado en la vida económica del país no es un fenómeno del chavismo, eso viene de mucho antes. Tiene muchísimo que ver y se profundizó con este cambio estructural que produce la estatización del petróleo, digo estatización porque hay que ser precisos en eso. Esa estatización no sólo tiene que ver a lo interno, sino que va acompañada de cambios en lo internacional. Es decir, una vez que se produce la ola de estatizaciones a escala mundial, conocemos el shock de los precios del petróleo —el embargo petrolero árabe de 1973— que cuadriplicó los precios del barril y eso trajo como consecuencia una recesión en la economía mundial que duró casi una década. Casi todos los países petroleros se endeudaron, si no todos, porque fueron mucho más allá de los recursos que obtenían por la venta del petróleo. Venezuela terminó en una profundísima crisis debido a que no pudo digerir bien la renta petrolera.

¿Usted no cree que el año 83, el viernes negro, para ser más preciso, fue una oportunidad para darle un vuelco a esa situación?

La crisis del 83 no sólo es consecuencia de la estatización sino de todo lo que afectó el mercado petrolero mundial. Obviamente, eso afectó al Estado y afectó al país y prácticamente va a paralizar la economía interna. Allí hubo una posibilidad cierta de acabar con esa crisis.

De acabar con esa noción del Estado mágico. ¿Está de acuerdo?

Quizás si hubiese habido más claridad sobre lo que implicó la estatización y la necesidad de corregir un conjunto de errores que eran ya visibles se pudo diversificar la economía venezolana. La administración de la crisis fue muy ineficiente.

No solamente deficiente, diría que vergonzosa. El Estado venezolano, bajo el gobierno de Jaime Lusinchi, fue el único en América Latina en reconocer la deuda externa privada.

Exactamente, pero lo que quiero decir es que esa crisis va a tener efectos que se van a prolongar a lo largo del tiempo, porque resquebraja las expectativas que había en el país. Incluso la actitud de muchos empresarios. Se produjo una fuga de capitales de la cual no nos vamos a recuperar jamás. Ni siquiera en el reciente boom petrolero, por todas las razones atribuibles al chavismo y también de índole política. La crisis financiera de los 90 es hija de esa crisis. El sistema financiero venezolano acompañó el boom petrolero y se sobredimensionó ciertamente. En lugar de aplicar una política que corrigiera ese sobredimensionamiento de manera progresiva a la nueva realidad del país, que era muy diferente, no se hizo lo necesario y al final explotó la crisis financiera de la forma más cruda.

Venezuela surfeó la ola en los picos más elevados del precio del petróleo. La estrategia fue correr la arruga y nos anclamos en esa noción del Estado mágico, del Estado que todo lo puede. ¿Cómo fue que en medio de la crisis del año 98 no se hizo nada?

La crisis, insisto, fue la consecuencia de un boom petrolero extraordinario y no lograste administrar el ajuste que significó la caída del precio del barril. Además, tenías una deuda externa tremendamente alta. ¿Qué vas a tener? Problemas de inestabilidad que, en algunos momentos, se va a mostrar con mucha más crudeza que en otros, en una economía absolutamente incapaz de retomar el crecimiento.

Los economistas dicen que la economía avisa primero y luego viene la crisis política.

Normalmente tienes un rezago entre el momento en que estalla la crisis y cómo luego esa crisis se va expresando en términos de empleo, en términos de ingresos, incluso, en términos institucionales y políticos. El caso venezolano es clarísimo. El boom petrolero, sobre todo el primero, produjo que los venezolanos se dotaran de activos. Del rancho de cartón pasó al rancho de bloques. Pudo tener un televisor, una nevera, un carro. Estalla la crisis, pero tú todavía tienes esos activos. Porque el televisor, por ejemplo, no se echa a perder de la noche a la mañana. El salario cayó pero no tuve que reponer el televisor. ¿Pero qué ocurre a la vuelta de tres o cuatro años? Que el televisor se dañó y ahora no tengo cómo reponerlo. Me quedé sin televisor. Entonces las crisis, sobre todo las crisis sociales, se producen con un rezago.

Llega el año 98, el ascenso de Chávez y otro nuevo boom petrolero. El Estado, gracias a la Constitución del 99, la más presidencialista y estatista, termina por asfixiar la economía del país.

¿Pero Chávez que significa? Chávez es el populismo llevado a uno de sus extremos en un escenario ideal marcado por una sociedad que se ha estancado, que no ha crecido, porque tiene problemas distributivos, problemas de empleo crónicos, una economía que no es capaz de reaccionar y una falta evidente de hacer políticas económicas. Ahí es donde el populismo que representa Chávez tiene la probabilidad de hacer metástasis y llegar al poder, con un discurso montado sobre falsas promesas, sobre un falso diagnóstico que, para cualquiera que tuviera un mínimo de educación ciudadana, resultaba obvio que era imposible de cumplir.

Era obvio, pero eso fue lo que ocurrió.

Yo creo que esa es la expresión más clara de una sociedad que no tenía una ciudadanía con la suficiente educación política, como para entender las graves implicaciones de ese discurso y unas instituciones extremadamente débiles que no pudieron ni contrarrestarlo ni evitar la toma del poder. Para establecer un parangón, el populismo hoy en el mundo está resurgiendo como consecuencia de una crisis de la civilización occidental, crisis que está muy relacionada, entre otras cosas, con la globalización, la cuarta revolución tecnológica y la inteligencia artificial, que están afectando enormemente las estructuras sociales, el mercado de trabajo y la vida cotidiana en general. Lo de Venezuela fue un preanuncio, pero por razones muy diferentes. ¿Cómo se defienden las sociedades occidentales, si es que se defienden? Mediante las instituciones. En Inglaterra, por ejemplo, el señor Boris Jhonson cierra el parlamento y hay un tribunal que le dice: Usted está equivocado. El señor Trump enfrenta la amenaza de un impeachment.

En el papel, Venezuela tiene unos activos. Un aparato productivo, unas fábricas industriales paralizadas, pero esos activos están obsoletos y a lo mejor es mejor que no los tuviera. La economía venezolana está en el piso.

El populismo de Chávez consiguió la manera de afianzarse y desarrollarse. ¿Qué hace el chavismo? No solamente controla fácilmente todas las instituciones sino que además potencia en extremo la intervención en la economía, con la finalidad de consolidarse en el poder. Y lo hace por dos razones: O bien para anular cualquier amenaza que pudiera poner en peligro ese poder, o bien para someterla a su voluntad. Y esa es, básicamente, la estrategia de Chávez con relación al mundo empresarial venezolano.

Si esa era la intención, el resultado está a la vista. Este es un país en ruinas. ¿Qué se puede reconstruir en medio de este desastre?

En buena medida, creo, que no se trata de una reconstrucción sino de una construcción.

¿Qué se puede construir entendiendo que la continuidad del actual modelo está garantizada?

El modelo chavista se levantó sobre la base de una renta petrolera muy elevada, cuyo nivel mínimo requerido fue creciendo en la medida en que se destruía la capacidad interna de producir. Y eso ocurrió no sólo en el sector privado sino también en el sector público. Se fue deteriorando el equipamiento, la infraestructura, las empresas del Estado colapsaron, casi desde cualquier punto de vista y, por supuesto, la inversión privada en equipos y capacidad de producción mermó muy rápidamente por décadas. Es decir, la industria que tenemos o que teníamos, ciertamente es obsoleta por falta de inversión, que sólo podía mantenerse con subsidios, energía y mano de obra barata y créditos prácticamente gratis. Es la única forma de mantenerse, porque si no has invertido allí, ¿cómo te haces competitivo? Todo eso se podía mantener por vía de subsidios generalizados que llegaban por todas las vías posibles. Y, además, con un mercado cautivo que, en buena medida, lo representaba el propio Estado. Es decir, si con esa industria y con ese empresariado es que pensamos retomar el crecimiento sostenido, ciertamente no vamos a llegar muy lejos.

¿Bajo este régimen no le ve ninguna posibilidad a la economía venezolana?

Ninguna. Bajo el régimen chavista la economía funcionó y sigue funcionando, sólo si tiene una sustentación financiera importante, básicamente fundamentada en el petróleo.

Vamos a utilizar la imagen del enfermo terminal. La familia se reúne y dice. Hay que desconectarlo, porque de esta no sale. ¿Eso es lo que está planteado aquí?

La economía chavista, repito, cada vez más sustentada sobre una renta petrolera mínima, ya no es posible, entre otras cosas, porque el mercado petrolero mundial cambió y de forma radical y eso lo vamos a seguir viendo de forma progresiva. Ya no nos ayuda. Pero, además, nuestra capacidad de producir petróleo se ha reducido en forma dramática. Hoy está, y con dudas, en un millón de barriles diarios. Llegar a las cifras que teníamos en 2012, que ya eran cifras mermadas, cuesta muchísimo dinero, que el petróleo ya no ofrece. Eso sólo es posible, en el mejor de los casos, si cambias radicalmente el escenario donde se está moviendo la sociedad y la economía venezolana.

La gente pudiera sospechar que el señor Maduro no quiere sacar los dólares a la calle, que hay que aguantar hasta que se produzca un nuevo boom petrolero. Pero a nadie le importa la verdad y decir que esto ya no es posible. Pudiera ser como en Japón, como en Corea, después de la II Guerra Mundial, cuando la gente trabajaba a cambio de un plato de comida. ¿Hemos llegado a ese punto?

Obviamente, el nivel del salario real en Venezuela está muy por debajo de cualquier salario que se pudiera obtener en ocupaciones equivalentes, no sólo en América Latina sino en cualquier parte del mundo. Ya hay publicaciones que señalan que el salario en Venezuela está por debajo de países que se consideran miserables. ¿Cómo se puede recuperar el salario y llegar a niveles socialmente aceptables? Para poder seguir produciendo petróleo se necesitan cifras impresionantes. ¿Cómo se va a hacer eso, si el Estado no tiene ni la capacidad ni los ingresos para hacerlo? La única manera de hacerlo es con inversión privada extranjera. Pero nadie va a invertir aquí sin pedir una rentabilidad alta, entre otras cosas, porque este es un país inestable que tiene una gran cantidad de defectos, de desequilibrios. A mayor riesgo, mayor rentabilidad. Así es como funcionan todos los negocios. ¿Eso qué significa? Que el Estado va a tener que entregar la renta petrolera al inversionista para que pueda producir.

¿De qué vamos a vivir?

Ahí es donde interviene el tema del salario. El país necesita invertir no sólo en petróleo, sino en servicios, en energía, en acueductos, en vialidad, en comunicaciones, hay que reconstruir el sistema de salud y restablecer las redes educativas. Eso cuesta dinero. Los venezolanos no pensábamos en esas cosas, porque se creía que había un Estado para hacerlo. Pero ya eso no va hacer así. El Estado venezolano está condenado a ser un Estado pobre y a vivir de los impuestos a la renta y al valor agregado, la renta petrolera se va a minimizar. No hay otra manera, si queremos recuperar la industria petrolera. Pareciera que no tenemos otra opción porque es lo único que tenemos a la mano.

¿Todo eso pasa por el cambio político?

Bueno, ¿Por qué? Si yo quiero inversión extranjera, si el Estado no puede jugar el papel que jugaba antes y ahora tengo que contar con un sector privado que debe asumir los espacios que antes ocupaba el Estado para que esta sociedad pueda funcionar, pues obviamente, yo tengo que cambiar todo, prácticamente, en materia regulatoria, este país tiene que cambiar sus instituciones y todo eso pasa por un cambio en la administración política.

Empezar desde cero pudiera tener su atractivo. ¿Podemos sacar algo positivo de todo esto?

Yo creo que Venezuela tiene un reto. Es un país que sigue teniendo recursos. Afortunadamente, el petróleo pudiera jugar un papel importante en las próximas dos décadas en el mercado energético mundial. No es mucho, pero es una opción. Hemos perdido recursos humanos importantes y en la medida que alarguemos este proceso, donde no se ve ningún cambio, cada día se pierden más recursos humanos, no porque se fueron, sino porque se enraízan en los países donde migraron.

La gente cree que el cambio es de una cara conocida por otra, de una clase política por otra… no caballero, el cambio es de otra naturaleza, de otro carácter y de una magnitud diferente.

Hay que crear instituciones y para poder aspirar a salarios socialmente aceptables tienes que tener un país creciendo en forma sostenida, con un empresariado fuerte y capaz, con estabilidad política y algo que ofrecerle al capital internacional porque vamos a depender más que nunca de eso para poder recuperar el aparato productivo.

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Cuando hablamos del desarrollo nos referimos a los procesos económicos, sociales, culturales y políticos que conducen a la realización de la mayoría de los miembros de una sociedad, procesos que son protagonizados por las personas ejerciendo su libertad, apalancándose en sus propias capacidades y en la cooperación con otras personas.

Tres consideraciones basadas en este concepto son importantes para definir el rol que debería jugar el Estado en las iniciativas futuras de desarrollo que acometa Venezuela. La primera es que los protagonistas del desarrollo son los ciudadanos y no el Estado, quien debe dar apoyo sin pretender ser el actor principal de los procesos; la segunda es que las capacidades humanas son palancas fundamentales de los procesos involucrados y por lo tanto ameritan estrategias para su creación y consolidación; y la tercera es que -por lo tanto- no basta definir el rol del Estado en la economía, hay que definirlo en el conjunto de los procesos del desarrollo.

En el marco de las consideraciones anteriores, hay que realizar un conjunto de reformas institucionales que son particularmente importantes para apoyar el éxito de las estrategias de creación de capacidades y las de reconstrucción del tejido social.

Se trata de las reformas que constituirán los marcos regulatorios de la Nueva Economía, incluyendo las que son indispensables en el proceso de transición a la democracia; las reformas que son requeridas para apoyar la creación de un nuevo sistema de seguridad social, aquellas que más ayudarán a maximizar los impactos reales de la educación en nuestro desarrollo, las que serán sustento de las políticas dirigidas a fortalecer el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, y aquellas que darán soporte a la estrategia de reconstrucción del tejido social, incluidos la Reconciliación con Justicia y el Pacto para el Progreso de Todos y la Superación de la Pobreza.

Tomando en cuenta lo dicho, el Estado no debe limitar su papel en el desarrollo a proteger los derechos económicos de los ciudadanos. Él tiene mucho que aportar creando condiciones propicias para que las personas acumulen capacidades y ejerciten con éxito las libertades de emprendimiento económico, social, cultural y político, y para que los resultados de las iniciativas beneficien a toda la sociedad.

Lo que no debe hacer el Estado es asumir el protagonismo de iniciativas que corresponden a los ciudadanos y que ellos pueden acometer por sí solos, y menos aún impedir a estos ejercerlo. Por lo tanto, la regla general debe ser que el Estado no ocupe los roles del empresario que invierte, arriesga y concurre a competir en los mercados de bienes y servicios, y que sólo actúe como productor en servicios sociales como la salud y la educación, o en servicios que implican grandes inversiones en externalidades que no pueden desarrollar por sí solos los privados, casos en los cuales debe preferir la actuación en alianzas público-privadas.

Solo en casos excepcionales debería el Estado asumir el rol de empresario, nunca con reserva exclusiva de la actividad que realice, y siempre sujeto a leyes especiales y sistemas regulatorios que impidan que su rol limite indebidamente las iniciativas de los actores privados. Ese podría ser el caso de la producción de hidrocarburos, un tema que amerita un debate amplio y sustantivo que lleve a una estrategia de consenso en el futuro.

Caben basicamente tres clases de acciones del Estado para dar esos aportes en el nuevo estilo de desarrollo. La primera es proteger la vida, la integridad personal y los derechos de todo tipo de los ciudadanos y garantizarles seguridad jurídica y acceso a la justicia; la segunda es crear oportunidades para que todos ellos puedan acrecentar sus capacidades humanas, por ejemplo a través del acceso sin discriminación ni barreras a la educación de calidad, la seguridad social, los servicios de salud y los mercados de financiamiento. La tercera es crear externalidades que favorezcan la eficiencia de las iniciativas que emprenden los ciudadanos, como por ejemplo la promoción de la competencia y la provisión de infraestructuras que incrementan la productividad y la competitividad de la economía.

El Estado puede dar aportes de los tres tipos a través de la creación y la supervisión de marcos regulatorios, como son los conjuntos de leyes y reglamentos que gobiernan la descentralización o la competencia, o de la implementación de políticas activas, como son por ejemplo las políticas de educación, de estabilización macroeconómica y de fomento a la innovación tecnológica.

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Jesús Elorza G.

El largo camino recorrido para llegar al Mundial de Atletismo en Doha, Qatar, desde su comienzo, estuvo plagado de hechos poco transparentes que llevaron a pensar que detrás del “Espíritu Deportivo” de los solicitantes, estaba presente el “Negocio Fácil” de ponerle la mano a grandes sumas de dinero que girarían alrededor del evento.

Cuatro siniestros personajes resaltan en esta historia de corrupción deportiva que, llevada a la realidad del atletismo, pudiéramos decir que fueron los artífices ganadores de una importante “Medalla de Dólares” en el Relevo 4x100.

El primero, en tomar la posición de salida fue el presidente del club francés de fútbol París Saint-Germain.(PSG) Nasser Al-Khelaïfi, quien ha sido acusado de "corrupción activa" en la investigación por las sospechas sobre la elección de Doha como sede de los Campeonatos del Mundo de Atletismo 2019, según han confirmado las fuentes judiciales francesas.

Se investigan dos pagos realizados en 2011 por un total de 3,5 millones de dólares a través de la sociedad Oryx Qatar Sports Investment, propiedad del presidente del PSG y de su hermano Khalid, a beneficio de una sociedad de marketing deportivo dirigida por el segundo corredor del Relevo 4x100, Papa Massata Diack.

Este corredor que recibió el testigo de tres millones y medio de dólares de mano de Al-Khelaifi, es nada más y nada menos, que el hijo del expresidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), Lamine Diack. Con toda razón, se le vio correr el segundo tramo de la carrera, tranquilo y sin nervios, estaba protegido por su papá. Las autoridades francesas lo imputan por corrupción activa y blanqueo en bandas organizadas.

A pesar de sus 86 años de edad, el expresidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) Lamine Diack, tercer hombre del relevo, se movió como un peso pluma con el testigo de dólares en los bolsillos. Este corredor está imputado principalmente por varios cargos: corrupción activa y pasiva, blanqueo en banda organizada y complicidad con el gobierno ruso para el ocultamiento de los casos de dopaje. También, tiene un expediente abierto por los casos de sobornos en la compra de votos para otorgar la sede de los Juegos Olímpicos en Río 2019 y Tokio …sin lugar a dudas, tiene garantizado su ingreso al Salón de la Infamia.

El rematador de la prueba, es Sebastian Coe quien no solo fue vicepresidente y miembro del Consejo con el corrupto Lamine Diack entre 2007 y 2015, sino que, además formaba parte de la comisión que evaluaba las candidaturas y avaló otorgar la sede del Mundial a Doha. Habría que preguntarse si fue ¿Cómplice o Ingenuo?

Sin embargo, hay que destacar que Coe recibió un abrumador apoyo en el congreso extraordinario de la IAAF celebrado en diciembre de 2016, a sus planes de reforma encaminados a hacer más transparente el gobierno de la organización y a recuperar el crédito perdido en los últimos tiempos con los escándalos de corrupción y dopaje…pero la realidad nos lleva a pensar que más que un relevo generacional lo que ocurrió fue un cambio gatopardiano para que todo continuara igual. Su defensa a ultranza para justificar los errores del mundial de Doha (Altas temperaturas, horarios, contaminación ambiental, ausencia de público) y pretender hacer ver que Doha fue algo así como la octava maravilla del mundo en lo que a atletismo se refiere.

La ceremonia de premiación del Relevo 4x100, no se pudo realizar, porque las autoridades judiciales francesas sentaron en el banquillo del Tribunal Correccional de Paris a tres de los corredores

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Carlos Raúl Hernández

1. Rómulo Betancourt es el más grande líder político que ha dado Latinoamérica. Escritor, activista, organizador, ideólogo, gobernante de crisis. Con pocas excepciones, las demás leyendas de la región, Fidel, Perón, Villa, Velasco, Torrijos, Guevara, Cárdenas, son caudillos autoritarios, déspotas o simples bandidos. Valiente en el peligro, decidido, honrado, profundo, trabajador, clarividente, triunfante, generoso, es lo más parecido posible a un héroe. Pensó que la atrasada hacienda Venezuela, debía ser un país libre como las grandes naciones.

2. Se rodeó de importantes hombres de su época, Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, Raúl Leoni, Luis Beltrán Prieto, Alberto Carnevalli, Leonardo Ruiz Pineda y de la inteligencia política más prodigiosa del siglo XX, Gonzalo Barrios, quien lo contrariaba y complementaba. La democracia no hubiera sobrevivido sin la llave Betancourt-Barrios. Fundó el primer partido moderno AD, el régimen de partidos, la democracia, y la defendió de la barbarie de izquierda y derecha cuando llegó a la Presidencia. Demasiadas hazañas en la vida de un solo hombre.

3. Desconfiaba de la Asamblea Constituyente de 1946 porque era un poder absoluto, una figura anacrónica en el siglo XX. Por eso en 1958 se empeñó en que el Congreso, institución sometida a Estado de Derecho, elaborara la Constitución de 1961.

4. En la caída de Gallegos en 1948, además de la impericia del gran novelista, jugaron papeles estelares Rafael Caldera y Jóvito Villalba. Por su generosidad y genialidad estratégica, lejos de guardar rencores, Betancourt incorporará ambos al Pacto de Puntofijo y al gobierno.

5. La oposición a Betancourt en el partido era tan poderosa que su candidatura presidencial se aprobó por apenas un voto en la Convención de 1958. La otra mitad proponía un candidato independiente, como Rafael Pizani o Francisco De Venanzi. Ya electo inició la política de desarrollo industrial llamada sustitución de importaciones. Mientras, su ministro Leopoldo Sucre Figarella emprendía la masiva construcción de cloacas, acueductos, represas, escuelas, viviendas populares, aeropuertos, sistemas de riego, tendidos eléctricos. Eso cambió la fisonomía y la fisiología de Venezuela. Proseguido por Raúl Leoni, convirtieron en diez años a Venezuela, de un país atrasado en el más moderno de América Latina. Una hazaña pocas veces lograda en algún lugar del mundo.

6. Fundó un partido que venía inficionado de marxismo y tuvo que vivir en batalla sin cuartel para derrotar en la lucha interna esas ideas que él compartió en su juventud. Fue el único líder político de la región que se enfrentó abiertamente a Fidel Castro cuando su prestigio y el de la revolución cubana estaban en el cenit. Con eso ganó el odio de la izquierda cultural y artística del mundo entero.

7. Entre 1958-1963 derrotó más de veinte conspiraciones militares de izquierda y derecha, entre ellas golpes efectivos como el del general Castro León en Táchira, el “porteñazo”, el “barcelonazo” y el “carupanazo”. También la insurrección armada del MIR y el PCV y superó dos divisiones del partido, las del MIR y ARS. AD concurre a las elecciones de 1963, en medio del boicot armado, con la tarjeta electoral negra, porque el Consejo Electoral le quitó la blanca. “Por encima de las tumbas”, dejó la banda presidencial en manos de Leoni.

8. Valoraba las resistencias que despertaba en izquierda y derecha, y en su segundo gobierno designó Secretario de la Presidencia a R. J. Velásquez, bien visto por ambos sectores. Hombres clave, el mismo Velásquez y Leandro Mora, avisaban a Pompeyo Márquez, Teodoro Petkoff y otros jefes de la insurrección cuando la policía develaba sus “conchas” e iban a apresarlos. Lo hacía porque en los cuerpos de seguridad abundaban renegados izquierdistas y otros que actuaban con saña asesina.

9. En las elecciones de 1968, decididas por 30 mil votos adulterados en Socopó de Barinas, Betancourt y Barrios tomaron la decisión dramática para la historia y contra la opinión del partido, de reconocer el triunfo de Caldera aunque no hubiera ganado. “Prefiero una derrota discutida que un triunfo cuestionado”; dijo Barrios en una frase más duradera que el bronce.

10. Toda alegría trae su tristeza pero la nuestra es trágica. A la obra creadora de Betancourt durante 40 años de democracia, la liquidó el Leviatán, el espíritu de la destrucción que se apoderó del alma de los venezolanos, en pleno proceso de reformas, descentralización, aperturas desde 1989. El de Caldera en 1993 es el primer gobierno chavista. Y se empañan sus aportes al proceso político haber sido esencial en la exterminio de la democracia en 1948 y 1993 y de Copei, el partido que creó.

11. Por desgracia las generaciones posteriores no pudieron mantener la democracia ni el monumental legado de Betancourt. A la muerte de Barrios el país quedó sin horizonte en manos de seudo elites ineptas que acabaron todo y continúan en eso. Ahora falta que dividan el territorio nacional.

12. Y la pregunta inevitable: ¿aparecerá un estadista entre nosotros? ¿Alguien que ponga orden y restañe las heridas? ¿Con talento y habilidad suficientes para mantenerse en los mandos en medio de la zozobra?

13. Si no hubiera hecho nada más, Betancourt estaría en la historia del pensamiento por su extraordinario libro; Venezuela, política y petróleo.

@CarlosRaulHer

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