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Opinión

En negociación, y tengo alguna experiencia teórica y práctica, es necesario que los objetivos definidos sean compartidos. La paz social, estabilidad institucional y regreso a la democracia republicana son metas generales que pudieran convenirse. ¡Quiero decir en teoría! Sin embargo, eso dependerá del contenido de esos postulados. Por ahora, para la oposición esas premisas deberán contener el cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Además, Maduro no estaría en un gobierno de transición y no participaría en las elecciones. Nuevo CNE independiente y justo. En otras palabras, jaque mate al rey. La pregunta es, ¿hay probabilidad de que el gobierno las acepte? Definitivamente no. Por el lado del gobierno, insiste en que la oposición impugne las medidas y sanciones de EEUU y de la Unión Europea. Acepte lo que establece la Constitución en cuanto a elecciones: parlamentarias, gobernadores y Presidente de la República. Dejar el mismo CNE. Los objetivos son contrapuestos. ¡Obedecen a estrategias contrapuestas!

Venezuela: problema internacional

Puestas así las cosas, se podría deducir que es poco probable un acuerdo entre las partes dentro del esfuerzo Noruega. Lo cual lamento seriamente, por el efecto que tendría una negociación política entre el gobierno y la oposición. Pero, a mi entender no hay condiciones ni objetivas ni subjetivas que la apuntalen. Son dos modelos de país, Estado, gobierno y ciudadanos que combaten por la aceptación de la gente y la toma del poder. Veo oscuro el camino, lleno de trochas, atajos y carriles. Disfrutado en los inicios, el medio y en los extremos. Además, no hay que olvidar que juegan y juegan fuerte las naciones que forman la geopolítica mundial. Los dos frentes en batalla. EEUU, la Comunidad Europea, la mayoría de América Latina, por un lado y Rusia, China, Cuba, Norcorea e Irán, por el otro. Lo cual indica que Venezuela es hoy por hoy un problema mundial. La internacionalización del conflicto venezolano es una variable determinante en cualquier desenlace. Difícil la situación, compleja e indefinida en su resultado.

Fortaleza del gobierno es la división opositora

Por los vientos fríos y calientes que soplan en la atmósfera política se terminarán de imponer las elecciones en base a lo que establece la Constitución. Esto es lo que insistentemente y desde el comienzo ha estado pregonando el oficialismo. Mi percepción es que el gobierno no dará un milímetro de chance a la oposición. Va a imponer la norma constitucional sobre los periodos de elecciones y para ellos la elección de Maduro, en mayo del 2018, no entra en discusión. No veo perspectivas de cambios en estos dos aspectos. En los diálogos en Barbados, da la impresión, que el gobierno guaralea a la oposición. Lo trata como al papagallo o cometa, le suelta hilo y luego lo recoge. Se reúne en paralelo con elementos y factores opositores y estimula su división. Intriga, cabildea y conspira. Sabe que la fuerza del gobierno descansa en la terrible fractura que padece la oposición. Consciente, que la gran mayoría de la nación repudia al gobierno de Maduro.

Unidad y crecimiento de la esperanza

La oposición no ganará ninguna elección mientras continúe dividida. Y lo peor, no vemos ningún esfuerzo serio para unificarla. Todos quieren capitalizar el descontento… La rivalidad debería ser utilizada contra el gobierno. El archipiélago opositor carece de canales de comunicación, estables y sistemáticos. Los diálogos son insustanciales e improvisados. Cada quien va por su lado. Haciendo malabarismos teóricos y de la coyuntura. Pescando en río revuelto. En una dinámica enrevesada. Embarazosa. Pocos sueltan prenda. Se engañan unos con otros. Lo más serio que se conoce es el frente que lideriza Guaidó. PJ-VP-AD-UNT. Es el reconocido internacionalmente y especialmente por EEUU. Dirige en la práctica a la oposición. Por lo menos a la mayoría. A la más activa, aquella que asiste a las marchas y concentraciones. Las protestas son cada vez menos numerosas. Tengo la impresión que el principal esfuerzo lo están poniendo en lo internacional, en establecer un gobierno paralelo y en mantener caliente la calle. La gente masivamente no se moverá hasta que no tenga clara la salida. La solución de la crisis. Por ahora, observa, medita y espera. Hay que subir la esperanza, hoy disminuida por los errores, el bombardeo manipulador y la falta de ruta cierta.

fcordero@eluniversal.com

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Se habla mucho de estrategia, término de uso habitual en el lenguaje político, y como ocurre con vocablos muy meneados, toma variadas significaciones con diferentes validez y utilidad de acuerdo con las bocas. Con frecuencia se confunden objetivos o meros deseos que uno acaricia, con estrategia, es decir, el procedimiento para conseguirlos eficientemente. Oí una activista decir en 2017 que “la estrategia no era ir a la elección de gobernadores sino tomar el gobierno”, una vaciedad error génica, como se vio.
Ganar sólidamente gobernaciones, alcaldías, legislaturas, A.N y concejos municipales, ponían en jaque mate al gobierno en las presidenciales. Eso era una estrategia. En 2005 el quijotismo iluso creía que su objetivo táctico de llamar a la abstención, materializaría la estrategia de licuar las bases del sistema que se vendría abajo. Antes había sido la movilización masiva de calle durante el paro petrolero lo que produciría la implosión, sin que uno entendiera cómo se produciría el prodigio y por qué.

Von Clausewitz sistematiza académicamente este lenguaje en el campo militar, y en la política lo hacen los marxistas por una razón evidente: estaban fuera de las instituciones y querían derrocarlas. En el siglo XIX los socialistas, comunistas y anarquistas confundidos juegan “en todos los tableros”, elecciones, insurrecciones caóticas, sangrientas y aplastadas, hasta la horrorosa Comuna de París en 1871, tan criminal y delirante que en Montmartre se edificó la Basílica de Sacre Coeur para pedir perdón por los desmanes.

Lenin define en las Tesis de abril de 1917 la estrategia insurreccional, porque la Guerra Mundial había dejado deshecho al ejército, casi único sustento de poder y participaría a favor del derrocamiento, o se inhibiría. Desde allí esa fue por mucho tiempo la línea revolucionaria en todo el mundo: insurrección urbana o rural. Pero desde la socialdemocracia alemana, Eduard Berstein propone la incorporación a las instituciones del Estado para mejorarlas, no para destruirlas.

Gradualismo vs. revolución

En Italia, Antonio Gramsci, el más importante de los pensadores políticos marxistas del siglo XX desarrolla su teoría coincidente con Berstein, con gran profundidad y extensión filosófica. El orden social se basaba en la hegemonía que ejercían las instituciones políticas, culturales, económicas en conjunto, el consenso a su alrededor, y la estrategia revolucionaria consistía en penetrarlas progresivamente, a las que llama “casamatas ideológicas”, para desplazar el consenso hacia nuevas fuerzas.

Al final de su obra, Gramsci había dejado de ser comunista para tornarse artífice de la conversión de la izquierda en gradualista y no revolucionaria. En Venezuela se tuvo una estrategia bersteniana o gramsciana entre 2006 y 2015 que llevó a la oposición a la antesala del poder. A partir de ahí renació una mezcla de leninismo espontáneo, golpismo e inocencia, que llevó a aplastantes derrotas hasta 2019, cuando aparece más claramente expresado, en su dolorosa candidez.

La estrategia consiste en que mientras peor, más bajo y siniestro sea el nivel de vida, más gente coma de los basureros en la calle por efecto del socialismo y las sanciones, más cerca estaremos del cambio, particularmente de la “fractura militar” o, en última instancia, de una intervención extranjera. Es la cubanización como esperanza. Van al diálogo sin mucha convicción, entre otras cosas porque no deciden en él.

Confunden la estrategia con el mantra, tres pasos que según se piensa, garantizarían que el poder pase a un grupo predeterminado. Afirmar que no concurrirán a elecciones parlamentarias porque “estabilizan al gobierno” es expresarse en leninista, como Monsieur Jourdain que hablaba en prosa y no lo sabía. Otra parte de la oposición considera que hay que volver a la política electoral, a la organización de partidos, y tejer acuerdos de gobernabilidad con el chavismo para frenar graves riesgos de desintegración del país.

Gramsci y Berstein los iluminen

Según múltiples ejemplos históricos, aspiran una vía sin persecuciones, violencia y con garantía de concordia que permita gobernar y prevenga la inestabilidad. Esa sería la porción gramsciana o bersteniana. Frente a esa dualidad hay partidos y grupos que se mantienen expectantes y parecen esperar la evolución de los acontecimientos para tomar una decisión. En este cuadro habrá elecciones parlamentarias en 2020 y si el gobierno no mete el casco, se pueden favorecer evoluciones positivas para un cambio.

El gobierno no debería usar el ministerio de triquiñuelas llamado constituyente y sí apoyar la renovación del CNE, de la ley electoral y legalizar los partidos, lo que haría difícil llamar racionalmente a la abstención. El país está a la espera de acontecimientos trascendentes, como la eventual incorporación del PSUV a la AN, institución universalmente reconocida como legítima.

Esto desencadenaría desarrollos políticos complejos que requerirían mucha habilidad por parte de los opositores, pero que auspiciarían otros cambios con el apoyo de la UE y los encuentros de Oslo. Desgraciadamente el mantra tiene paralizada la construcción de salidas, al exigir sine qua non que se vaya Maduro previamente, aun cuando éste sería el candidato que más convendría para el triunfo electoral de la oposición. Ojalá Gramsci y Berstein los iluminen.

@CarlosRaulHer

 4 min


Sebastiana Barraez

La situación económica del país afecta a toda la estructura de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Aunque un pequeño grupo reciba privilegios, no son más que eso, apenas un número reducido de quienes tienen acceso por razones de cargo, más que de rango, a los beneficios que de su ubicación laboral o de comando tengan.
Lo que alguna vez significó un gran atractivo para entrar a la institución armada, se ha perdido con el tiempo y la crisis. Es por ello que una de las razones más fuertes para desertar, son los bajos salarios. No importa cuántos aumentos se hayan dado en los últimos años, porque la brutal inflación se come el salario. No hay manera que con lo que gana un militar pueda cubrir la canasta básica.
Revisando el tabulador del salario de un General de División, observamos que llega a 177.774 bolívares (10 dólares), que con los descuentos le queda en 145 mil (8 dólares). Si le suma lo depositado por la Caja de Ahorro pues termina recibiendo poco más de 154 mil bolívares, más los bonos. En el caso del general de Brigada su salario es de Bs. 161 mil (USD 9), que con los descuentos se reduce a Bs. 135 mil.
Un coronel gana aproximadamente Bs. 160 mil (USD 9), más un bono compensatorio de unos 55 mil y 25 mil por bono de alimentación. Con los descuentos le queda en cerca de 221 mil.
En el caso de un Primer Teniente, con ocho años de antigüedad, su salario es de 150 mil bolívares (USD 8,5). Un Sargento Mayor de Segunda con 12 años de servicio recibe 120 mil bolívares. Un Sargento Segundo llega a 110 mil bolívares (USD 6,2).
Los salarios tienen pequeñas diferencias de acuerdo a los bonos que les asignan por el cargo que ocupe. Hay que resaltar que en el último día de julio depositaron el llamado bono de lealtad al que llamaron Bono Defensivo Territorial más una Retribución Especial que llegó a ser de unos 57.300 bolívares. A los militares activos les dieron un bono de casi Bs. 200 mil, que no se lo dieron a los oficiales retirados.
Los ingresos varían un poquito en el caso de los militares que reciben primas, por ejemplo aquellos ubicados en frontera.
A los generales que están en Caracas, además de las cajas de CLAP, que reciben todos los militares, les dan una caja de alimentos aparte y más resuelta en cuanto a cantidad y calidad, que la del CLAP.
Un número importante del generalato y almirantazgo, a excepto de aquellos que están comandando, depende de las dádivas de sus subalternos o de amigos que los financian para sobrevivir.
Anteriormente, cuando un miembro del generalato o almirantazgo se iba de la Fuerza Armada, ya cumplido su tiempo de servicio activo, le daban un vehículo Toyota cero kilómetro. El oficial pasaba a disfrutar de su retiro. Algunos montaban empresas, se iban a sus fincas o sencillamente se dedicaban a disfrutar de sus familias.
El alto oficial ahora no sale ni con una patineta en mano, tampoco con un sueldo que le permita vivir ni mantener a su familia. La única certeza que tiene es que debe dedicarse a trabajar en cualquier cosa si quiere sobrevivir.
La seguridad social
El Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada (IPSFA) y los hospitales militares, especialmente el "Dr. Carlos Arvelo" de Caracas, significaban para los militares la garantía de su seguridad social y atención médica segura.
En los lugares donde hay hospitales militares en diversos sitios del país, se caracterizaban por su excelente atención, equipos médicos y servicios necesarios. Eso ha cambiado hoy sustancialmente.
Antes de la llegada de la revolución al poder, esos centros asistenciales eran esencialmente para la atención del militar. Pero a Hugo Chávez se le ocurrió un día abrirle la puerta para la atención de civiles y militares, con la excusa que Fuerza Armada y pueblo se compenetrarían. Hoy en día no sirven los hospitales públicos y tampoco los militares.
En el hospital militar de San Cristóbal "Cap (Av) Guillermo Hernández Jacobsen" ya casi no hay médicos, aún cuando tiene un significado muy importante por estar ubicado en zona de frontera y por ello es constante la atención que deberían prestarle a militares que resulten heridos por los enfrentamientos y actividades propias de la zona fronteriza.
El Hospital Militar Universitario de Caracas Dr. Carlos Arvelo era de tal importancia que muchos médicos militares de otros países venían a entrenarse en él y a hacer posgrados. Hoy a duras penas presta los servicios, con graves deficiencias, a los militares venezolanos.
En cuanto al IPSFA hoy no es ni remotamente lo que alguna vez fue. Hasta hace un par de años, los militares y sus familiares tenían cubierta la hospitalización, cirugías, maternidad, las medicinas, incluso las de enfermedades graves. Hace ya varios años que, ante la escasez de medicamentos, la red de farmacias que los suministraba no puede cumplir los convenios. Así fue como los militares y sus familias empezaron a recorrer las farmacias, a buscar entre amigos, a colocar avisos en las redes sociales y en los medios de comunicación para conseguir el medicamento que requerían.
El seguro médico de la Fuerza Armada es Horizontes que ya no cubre ni las cirugías cuando los pacientes militares lo requieren. Casi ninguna clínica del país lo acepta.
Por razones desconocidas Nicolás Maduro le dio la misión principal al Ipsfa de repartir vehículos, viviendas y otros beneficios que cumplían con un perfil más propagandístico que de seguridad médico asistencia ni social.
Fue un grave error porque se convirtió en un instrumento que dio paso a la corrupción, cuando varios oficiales lograron monopolizar el acceso a los vehículos, a cambio de fuertes sumas de dinero. Y así cada día el IPSFA ha ido perdiendo su más fuerte razón de ser.
Aunque en la Fuerza Armada hacen esfuerzos por satisfacer las necesidades de la tropa o militares de bajo rango, cada día es más difícil evitar que abandonen la institución, por lo que las deserciones son alarmantes y ha llevado a que Nicolás Maduro ordene llenar los espacios vacíos con personal de la Milicia Bolivariana.
La crisis en la institución militar conduce, además, a que haya gran cantidad de militares delinquiendo, bien sea en atracos, extorsiones, robo de armas, narcotráfico, etcétera. Es progresivo y parece inevitable el deterioro de la institución castrense.
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INFOBAE

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Joseph E. Stiglitz

Durante cuatro décadas, la doctrina predominante en Estados Unidos fue que las corporaciones deben maximizar el shareholder value: el valor para los accionistas (es decir, las utilidades y los precios de las acciones) aquí y ahora, a como dé lugar, sin importar las consecuencias para los trabajadores, los clientes, los proveedores y las comunidades. Así que la declaración de apoyo a un capitalismo de “partes interesadas” (stakeholders), firmada a principios de este mes por casi todos los miembros de la organización empresarial estadounidense Business Roundtable, causó bastante revuelo. Al fin y al cabo, son los directores ejecutivos de las corporaciones más poderosas de Estados Unidos, y están diciendo a los estadounidenses y al mundo que una empresa no se reduce a sus resultados financieros. Es un giro bastante radical. ¿Será verdad?

El ideólogo del libre mercado y premio Nobel de Economía Milton Friedman tuvo un papel influyente no sólo en la difusión de la doctrina de la primacía de los accionistas, sino también en conseguir que se incorporara a la legislación en los Estados Unidos. Llegó a decir que hay una “única responsabilidad social de las empresas: usar sus recursos para participar en actividades diseñadas para incrementar sus beneficios”.

Lo irónico es que poco después de que Friedman promulgó estas ideas, y allá por el tiempo en que se popularizaron e incorporaron a las leyes sobre gobernanza corporativa (como si se basaran en una teoría económica sólida), Sandy Grossman y yo, en una serie de artículos de fines de los setenta, mostramos que el capitalismo de los accionistas no maximiza el bienestar social.

Esto es evidentemente cierto cuando hay externalidades importantes como el cambio climático o cuando las corporaciones envenenan el aire que respiramos o el agua que bebemos. Y es evidentemente cierto cuando promueven el consumo de productos nocivos para la salud, por ejemplo bebidas azucaradas que contribuyen a la obesidad infantil o analgésicos que desatan una crisis de opioides, o cuando explotan a personas incautas y vulnerables, como la Universidad Trump y muchas otras instituciones estadounidenses de educación superior con fines de lucro. Y es cierto cuando se aprovechan del poder de mercado, como hacen muchos bancos y empresas tecnológicas.

Pero es cierto también en un sentido más general: el mercado puede impulsar a las empresas a ser imprevisoras y no invertir lo suficiente en los trabajadores y en las comunidades. Así que es un alivio que dirigentes corporativos, presuntamente dotados de una comprensión profunda del funcionamiento de la economía, finalmente hayan visto la luz y se hayan puesto al día con la economía moderna, aunque les haya llevado unos cuarenta años.

Ahora bien: ¿creen realmente estos dirigentes corporativos en lo que dicen, o es su declaración un mero gesto retórico frente a la reacción popular contra numerosos abusos? Hay motivos para pensar que no están siendo muy sinceros.

La primera responsabilidad de las corporaciones es pagar sus impuestos; pero entre las que suscribieron la nueva visión corporativa hay algunas de las empresas estadounidenses que más eluden impuestos, por ejemplo Apple, que a todas luces sigue usando paraísos fiscales como la isla de Jersey. Otras apoyaron el paquete impositivo promulgado en 2017 por el presidente estadounidense Donald Trump, que mientras reduce impuestos a corporaciones y milmillonarios, los aumentará para la mayoría de los hogares de clase media y dejará a varios millones de personas más sin seguro médico cuando se complete su implementación. (Esto, en un país con el mayor nivel de desigualdad, los peores indicadores sanitarios y la menor expectativa de vida entre las grandes economías desarrolladas.) Y aunque estos dirigentes empresariales defendieron la tesis de que la rebaja de impuestos generaría inversiones y aumentos salariales, los trabajadores recibieron migajas. La mayor parte del dinero no se usó para la inversión, sino para la recompra de acciones, que sólo sirvió para forrarles los bolsillos a accionistas y ejecutivos con planes de incentivos basados en acciones.

Un auténtico sentido de responsabilidad más amplia llevaría a la dirigencia corporativa a apoyar una normativa más rigurosa que proteja el medioambiente y la salud y seguridad de sus empleados. Unas pocas empresas automotrices (Honda, Ford, BMW y Volkswagen) lo hicieron, y apoyan normas que son incluso más estrictas que las que quiere el gobierno del presidente Trump (que está ocupado en deshacer el legado medioambiental del expresidente Barack Obama). Hasta hay ejecutivos de empresas de gaseosas que al parecer se sienten mal por su contribución a la obesidad infantil, que como saben, suele provocar diabetes.

Pero aunque muchos ejecutivos quieran hacer lo correcto (o tienen familiares o amigos que quieren hacerlo), saben que no todos sus competidores harán lo mismo. Hay que emparejar el terreno de juego para que las empresas con conciencia no queden en desventaja frente a las irresponsables. Por eso muchas corporaciones quieren normas contra el soborno y reglas que protejan el medioambiente y la salud y seguridad de los trabajadores.

Por desgracia, esto no incluye a muchos de los grandes bancos, cuya conducta irresponsable produjo la crisis financiera global de 2008. Apenas aprobada la Ley Dodd‑Frank (2010) de reforma financiera, que fijó normas más estrictas para reducir la probabilidad de repetición de la crisis, los bancos ya estaban trabajando para lograr la derogación de sus disposiciones clave. Uno de esos bancos fue el JPMorgan Chase, cuyo director ejecutivo es Jamie Dimon, presidente actual de Business Roundtable. Previsiblemente, dada la influencia del dinero en la política estadounidense, los bancos tuvieron bastante éxito. Y un decenio después de la crisis, algunos todavía pelean en los tribunales contra las demandas planteadas por víctimas de su conducta irresponsable y fraudulenta: esperan que su capacidad económica les permita aguantar más que los demandantes.

Por supuesto que la nueva postura de los directores ejecutivos más poderosos de Estados Unidos es bienvenida. Pero habrá que esperar hasta saber si es otro truco publicitario o si realmente creen en lo que dicen. Mientras tanto, necesitamos una reforma legislativa. Las ideas de Friedman no sólo dieron a ejecutivos codiciosos una excusa perfecta para hacer lo que siempre habían querido hacer, sino que también produjeron leyes de gobernanza corporativa que incorporaron el capitalismo de accionistas al marco legal de Estados Unidos y de muchos otros países. Eso debe cambiar, para que las corporaciones no tengan sólo la opción, sino también la obligación real, de pensar en los efectos de su conducta sobre otras partes interesadas.

Traducción: Esteban Flamini

Agosto 27, 2019

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/how-sincere-is-business-rou...

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Mario Vargas Llosa

El segundo hombre fuerte de Venezuela, Diosdado Cabello, enfurecido porque, debido a la vertiginosa inflación que azota a su patria, el bolívar ha desaparecido de la circulación y los venezolanos sólo compran y venden en dólares, ha pedido a sus compatriotas que recurran al “trueque” para desterrar del país de una vez por todas a la moneda imperialista.

Es seguro que los desdichados venezolanos no le van a hacer el menor caso, porque la dolarización del comercio no es un acto gratuito ni una libre elección, como cree el dirigente chavista, sino la única manera como los venezolanos pueden saber el valor real de las cosas en un país donde la moneda nacional se devalúa a cada instante por la pavorosa inflación —la más alta del mundo— a la que han llevado a Venezuela sus irresponsables dirigentes multiplicando el gasto público e imprimiendo moneda sin respaldo. La alusión al trueque de Cabello es una diáfana indicación de ese retorno a la barbarie que vive Venezuela desde que, en un acto de ceguera colectiva, el pueblo venezolano llevó al poder al comandante Chávez.

El trueque es la forma más primitiva del comercio, aquellos intercambios que realizaban nuestros remotos ancestros y que algunos pensadores, como Hayek, consideran el primer paso que dieron los hombres de las cavernas hacia la civilización. Desde luego, comerciar es mucho más civilizado que entrematarse a garrotazos como hacían hasta entonces las tribus, pero yo tengo la sospecha que el acto decisivo para la desanimalización del ser humano ocurrió antes del comercio, cuando nuestros antecesores se reunían en la caverna primitiva, alrededor de una fogata, para contarse cuentos. Esas fantasías los desagraviaban del espanto en que vivían, temerosos de la fiera, del relámpago y de los peores depredadores, las otras tribus. Las ficciones les daban la ilusión y el apetito de una vida mejor que aquella que vivían, y de allí nació tal vez el impulso primero hacia el progreso que, siglos más tarde, nos llevaría a las estrellas.

En este largo tránsito, el comercio desempeñó un papel principal, y buena parte del progreso humano se debe a él. Pero es un gran error creer que salir de la barbarie y llegar a la civilización es un proceso fatídico e inevitable. La mejor demostración de que los pueblos pueden, también, retroceder de la civilización a la barbarie es lo que ocurre precisamente en Venezuela. Es, en potencia, uno de los países más ricos del mundo, y cuando yo era niño millones de personas iban allá a buscar trabajo, a hacer negocios y en busca de oportunidades. Era, también, un país que parecía haber dejado atrás las dictaduras militares, la gran peste de la América Latina de entonces. Es verdad que la democracia venezolana era imperfecta (todas lo son), pero, pese a ello, el país prosperaba a un ritmo sostenido. La demagogia, el populismo y el socialismo, parientes muy próximos, la han retrocedido a una forma de barbarie que no tiene antecedentes en la historia de América Latina y acaso del mundo. Lo que ha hecho con Venezuela el “socialismo del siglo XXI” es uno de los peores cataclismos de la historia. Y no sólo me refiero a los más de cuatro millones de venezolanos que han huido del país para no morirse de hambre; también a los robos cuantiosos con los que la supuesta revolución ha enriquecido a un puñado de militares y dirigentes chavistas cuyas gigantescas fortunas han fugado y se refugian ahora en aquellos países capitalistas contra los que claman a diario Maduro, Cabello y compañía.

Las últimas noticias que se han publicado en Europa sobre Venezuela muestran que la barbarización del país adopta un ritmo frenético. Las organizaciones de derechos humanos dicen que hay 501 presos políticos reconocidos por el régimen, y, pese a ello, se hallan aislados y sometidos a torturas sistemáticas. La represión crece con la impopularidad del régimen. Los cuerpos de represión se multiplican y, el último en aparecer, ahora operan en los barrios marginales, antiguas ciudadelas del chavismo y, debido a la falta de trabajo y la caída brutal de los niveles de vida, convertidos en sus peores enemigos. Las golpizas y los asesinatos a mansalva son incontables y quieren, sobre todo, mediante el terror, apuntalar al régimen. En verdad, consiguen aumentar el descontento y el odio hacia el Gobierno. Pero no importa. El modelo de Venezuela es Cuba: un país sonámbulo y petrificado, resignado a su suerte, que ofrece playas y sol a los turistas, y que se ha quedado fuera de la historia.

Por desgracia, no sólo Venezuela retorna a la barbarie. Argentina podría imitarla si los argentinos repiten la locura furiosa de esas elecciones primarias en las que repudiaron a Macri y dieron 15 puntos de ventaja a la pareja Fernández / Kirchner. ¿La explicación de este desvarío? La crisis económica que el Gobierno de Macri no alcanzó a resolver y que ha duplicado la inflación que asolaba a Argentina durante el mandato anterior. ¿Qué falló? Yo pienso que el llamado “gradualismo”, el empeño del equipo de Macri en no exigir más sacrificios a un pueblo extenuado por los desmanes de los Kirchner. Pero no resultó; más bien, ahora los sufridos argentinos responsabilizan al actual Gobierno —probablemente, el más competente y honrado que ha tenido el país en mucho tiempo— de las consecuencias del populismo frenético que arruinó al único país latinoamericano que había conseguido dejar atrás al subdesarrollo y que, gracias a Perón y al peronismo, regresó a él con empeñoso entusiasmo.

La barbarie se enseñorea también en Nicaragua, donde el comandante Ortega y su esposa, después de haber masacrado a una valerosa oposición popular, han retornado a reprimir y asesinar opositores gracias a unas fuerzas armadas “sandinistas” que se parecen ya, como dos gotas de agua, a las que permitieron a Somoza robar y diezmar aquel infortunado país.

Evo Morales, en Bolivia, se dispone a ser reelegido por cuarta vez como presidente de la República. Hizo una consulta a ver si el pueblo boliviano quería que él fuera de nuevo candidato; la respuesta fue un no rotundo. Pero a él no le importa. Ha declarado que el derecho a ser candidato es democrático y se dispone a eternizarse en el poder gracias a unas elecciones manufacturadas a la manera venezolana.

1 de septiembre de 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/08/30/opinion/1567177708_069548.html

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Brendan Zietsch

Se sabe desde hace tiempo que en las preferencias sexuales de una persona –si prefieren compañeros sexuales masculinos, femeninos, o ambos– influyen los genes. La evidencia más directa es que es más probable que estas sean iguales en parejas de gemelos idénticos, cuya composición genética es la misma, que en gemelos no idénticos, que solo la comparten en aproximadamente un 50 %.

Lo que ha permanecido oculto es el conocimiento de qué gen específico, o genes, están implicados. Un estudio de 1993 encontró que la preferencia sexual masculina estaba afectada por un gen particular en el cromosoma X, que los medios por supuesto apodaron “gen gay”. Otro trabajo posterior no pudo replicar este descubrimiento, y las revisiones subsecuentes arrojaron resultados variados.

El problema era que estos estudios eran demasiado pequeños para sacar conclusiones firmes. Hay millones de partes de nuestro ADN que difieren entre personas. Esto significa que encontrar los genes asociados con las preferencias sexuales es como buscar una aguja en un pajar.

Así que un equipo internacional de investigadores, dirigidos por mí, pretendimos encarar este problema. Nuestros resultados se han publicado esta semana en Science

A la fuerza

Nuestra aproximación fue simple: fuerza bruta. Si el resto de condiciones son las mismas, cuanto más grande sea un estudio más podremos confiar en los resultados. Así que en vez de muestrear unos pocos cientos o miles de individuos –como en estudios previos sobre las preferencias sexuales— usamos casi medio millón.

Para obtener semejante muestra utilizamos datos que han sido tomados como parte de proyectos mucho más grandes. Estos incluyen datos de ADN y respuestas a cuestionarios de participantes en Reino Unido (como parte del estudio UK Biobank)) y EE UU (de clientes de la empresa de tests de ancestros 23andMe) que consintieron en responder preguntas sobre su sexualidad.

El inconveniente de usar estas enormes colecciones de datos fue que los estudios no estaban específicamente diseñados para encontrar genes relacionados con las preferencias sexuales, así que estábamos limitados por las preguntas que los participantes habían contestado. Tanto en el caso de UK Biobank como de 23andMe, los voluntarios reportaron si habían tenido alguna vez un compañero sexual de su mismo sexo.

El ADN de una persona consiste esencialmente en millones de letras de código, y las letras difieren entre individuos diferentes. Por resumir, el siguiente paso fue probar en cada posición si una letra era más común en los participantes que hubieran reportado haber tenido compañeros del mismo sexo que en aquellos que no.

No un gen sino muchos

Lo que encontramos es que no hay un “gen gay”. En vez de eso, hay muchos, muchos genes que influyen en la probabilidad de que una persona tenga compañeros del mismo sexo.

Individualmente, cada uno de estos genes solo tiene un efecto muy pequeño, pero este es substancial cuando se combinan. Pudimos estar estadísticamente seguros sobre cinco posiciones específicas del ADN. También pudimos decir con alta confianza que hay cientos o miles de otras posiciones que también desempeñan un papel, aunque no pudimos precisar dónde están todas.

Los participantes de la colección de datos de 23andMe respondieron preguntas no solo sobre su comportamiento sexual, sino también sobre atracción e identidad. Al tomar todos los efectos genéticos en combinación, vimos que los mismos genes subyacen tras las variaciones en el comportamiento sexual, atracción e identidad.

Algunos de los genes sobre los que pudimos estar seguros nos dieron pistas sobre las bases biológicas de las preferencias sexuales. Uno de esos genes, además de estar asociado con tener parejas masculinas en hombres, también estaba relacionado con la alopecia androgénica. Además, estaba cerca de otro gen implicado en la diferenciación sexual –el proceso de masculinización y feminización de machos y hembras biológicos, respectivamente–. Las hormonas sexuales están relacionadas tanto en la calvicie como en esta diferenciación, por lo que nuestro descubrimiento implica que dichas hormonas podrían estar también relacionadas con las preferencias sexuales.

Otros hallazgos reforzaron la extrema complejidad de la biología que subyace a las preferencias sexuales. En primer lugar, las influencias genéticas solo se solapaban parcialmente en machos y hembras, lo que sugiere que la biología de estos comportamientos del mismo sexo es diferente en hombres y mujeres.

En segundo lugar establecimos que, a nivel genético, no hay un continuo desde gay a heterosexual. Lo más probable es que haya genes que predisponen a una atracción hacia el mismo sexo y genes que predisponen a una atracción hacia el sexo contrario, y que estos varían independientemente.

Debido a la complejidad de las influencias genéticas no podemos predecir significativamente las preferencias sexuales de una persona a partir de su ADN, ni era este nuestro objetivo.

Posibles malinterpretaciones

Los descubrimientos científicos son a menudo complejos y es fácil que sean tergiversados por los medios. Las preferencias sexuales tienen una larga historia de controversia y malinterpretación pública, así que es importante trasmitir una imagen matizada y precisa de nuestros resultados.

Pero la gente tiende a querer respuestas en blanco y negro sobre temas complejos. Por eso, el público podría reaccionar ante nuestros descubrimientos diciendo: “¿No hay un gen gay? ¡Supongo que no es genético después de todo!” o “¿Muchos genes? ¡Supongo que las preferencias sexuales están fijadas genéticamente!”. Ambas interpretaciones son erróneas.

Las preferencias sexuales están influidas por los genes pero no determinadas por ellos. Incluso los gemelos genéticamente idénticos a menudo tienen preferencias diferentes. Tenemos pocas ideas acerca de cuáles son las influencias no genéticas, y nuestros resultados nada dicen acerca de eso.

Para responder a más preguntas que el público pueda tener sobre el estudio hemos creado una página web con respuestas a cuestiones habituales, y un vídeo explicativo. Para desarrollar esta web recibimos comentarios de grupos y miembros del colectivo LGTBQ y talleres organizados por Sense about Science donde representantes del público, activistas e investigadores discutieron los hallazgos.

The Conversation

https://theconversation.com/que-quiere-decir-y-que-no-el-mayor-estudio-d...

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“Una política del resentimiento, el miedo y la ira. Ése es el esqueleto fascista: incitación a la violencia, un vulgar materialismo, un nacionalismo asfixiante, xenofobia, la necesidad de señalar chivos expiatorios, la banalización del arte, el odio por la vida intelectual y una feroz resistencia al cosmopolitismo.” Rob Rieman[1]

Nada mejor que el epígrafe para entender el absurdo fallo de la sala constitucional del tsj (en minúscula todo, por lo írrito de su constitución y acción) ordenando elecciones en las universidades autónomas (públicas) en los próximos seis meses. Es menester señalar, en primer lugar, que en las universidades o prospectos de universidades que controla directamente, el fascismo nunca ha realizado elecciones: designa ejecutivamente al equipo rectoral por su lealtad política. El artículo 34.3 de la Ley Orgánica de Educación chavista (base del fallo mencionado), alega que una “democracia participativa, protagónica” significa igual peso al voto de cada empleado, estudiante, egresado y profesor.

Además de pervertir de forma absoluta el carácter académico que debe tener la designación de sus autoridades, constituye un pretexto increíblemente cínico, cuya invocación debería avergonzar a la ponente[2]. El avance del conocimiento científico, tecnológico y humanístico no obedece a procedimientos democráticos. La cura del cáncer, la derrota de la inflación o la composición de una cautivante obra literaria no se deciden por mayoría. Resultan de algo que el oscurantismo chavo-madurista aborrece: el talento y la creatividad.

Basta una mirada a algunos elementos de la LOE, aprobada en 2009, para apreciar la inquina del fascismo gobernante en contra de la educación. La “fuerza productiva” por excelencia hoy es el talento humano. Su aplicación generalizada es la base de la llamada Sociedad del Conocimiento de hoy. Pero en esta ley no hay referencia alguna a la necesidad de capacitar al país para afrontar exitosamente los desafíos de esta sociedad globalizada, ni a formar una ciudadanía universal, insertada ventajosamente en la generación y aprovechamiento de los avances científicos y tecnológicos de la humanidad.

Por el contrario, la LOE prioriza los valores nacionales y los “saberes populares, artesanales y ancestrales”, elementos de una “venezolanidad” primitiva y restringida, aislada del mundo.[3] En las casi 10.000 palabras de la ley, la palabra “aprendizaje” (o “aprendizajes”) sólo aparece cuatro veces; la “escuela”, nueve veces y la palabra “enseñanza”, apenas cuatro veces. La insistencia en valores propios de un nacionalismo atávico, la ausencia de referencia a los desafíos de la sociedad del conocimiento moderna, los atisbos racistas que se asoman aquí y allá en esa ley, permite argüir el carácter retrógrado y oscurantista de la concepción “educativa” chavista.

Pero, además, con el absurdo esquema electoral del mencionado artículo 34.3 de la LOE, el fascismo saldría todavía más aplastado que en las elecciones universitarias realizadas conforme a la Ley de Universidades vigente: en ninguno de los cinco padrones electorales especificados ganaría (estudiantes, profesores, empleados, obreros, egresados). A pesar de la cantada intención de trampear cualquier elección que pudiese presentarse bajo esta pachotada, en absoluto pudiera legitimar su eventual “triunfo” en las circunstancias de hoy. No es ganar la universidad a través de un sistema electoral insensato lo que se pretende. Es simple y llanamente su destrucción.

El disparate jurídico del fallo --viola el art. 109 de la Constitución que consagra la autonomía universitaria; es extra petita, al sentenciar fuera de lo solicitado[4]; anula preceptos de la Ley de Universidades; y otros desatinos más, ampara la intención de destruir a nuestras más prestigiosas Casas de Estudio que siempre exhibió el chavismo. Poco a poco, cual “tragavenado” constrictora, fue estrechando ámbitos de gestión autónoma, reduciéndoles el presupuesto, atacándolas con bandas violentas que destruían equipos y enseres e intimidaban sus estudiantes, para finalmente, condenar a sus profesores con sueldos de hambre, obligando a muchos a buscar horizontes foráneos que podrían proporcionarle una vida digna.

El fascismo se alimenta del resentimiento, la envidia, la sed de venganza y los temores que resultan de la inseguridad que provocan los cambios asociados al progreso de la humanidad. No hay nada que lo amenace más que la búsqueda de la verdad, la contraposición de ideas, la asimilación crítica de los avances del pensamiento universal, el cultivo de la belleza, del respeto, la convivencia y la libertad. Son éstos, precisamente, los valores y fines que, precisamente, corresponde cultivar una verdadera universidad. El primitivismo, la ignorancia y la visión de secta que alimenta el oscurantismo –bases del imaginario castro-comunista y chavista-- son su antítesis.

El único y verdadero sentido del fallo es terminar por destruir a la universidad venezolana de calidad, con todo lo que significa. De un régimen que se atrinchera invocando la violencia, el atraso y su divorcio de todo lo que huele a progreso y a libertad, no podía esperarse nada distinto.

Lo irracional del fascismo se pone de manifiesto, por demás, cuando en momentos en que está claramente de salida en Venezuela, en sus estertores finales y cada vez más arrinconado, decide abrirse un nuevo frente con este estúpido fallo, en vez de procurar acuerdos que les ofrezcan ciertas garantías a sus integrantes una vez se produzca la liberación del país. Invocando de nuevo la fábula de la rana y el escorpión: está en su naturaleza destruir.

[1] Para combatir esta era. Consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo. Penguin Random House, Grupo Editorial, 2017.

[2] La ponente del fallo fue Carmen Zuleta de Merchán

[3] La presidenta de la Comisión de Educación, Cultura y Deportes de la AN de entonces, María de Queipo, sostenía que “la sabiduría popular sobrepasa los saberes académicos”. Diario El Nacional, Pág. 5 Nación, 16/08/09

[4] Recurso de nulidad introducido por rectores de las universidades nacionales sobre el artículo 34.3 de la LOE.

Economista, profesor de la UCV

humgarl@gmail.com

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