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Opinión

Massimo Pigliucci

El concepto filosófico de “naturaleza humana” tiene una larga historia. En la cultura occidental, su estudio comenzó con Sócrates en el siglo V a. C., pero fue Aristóteles quien sostuvo que la naturaleza humana se caracteriza por atributos únicos, en particular, la necesidad de socializar y la capacidad de razonar. Para los estoicos de la Grecia helenística, la naturaleza humana daba significado a la vida, y contribuyó a su adopción del cosmopolitismo y la igualdad.

Antiguos filósofos chinos como Confucio y Mencio creían que la naturaleza humana es innatamente buena, mientras que Xunzi pensaba que es malvada y carente de brújula moral. En las tradiciones judeo‑cristiano‑islámicas, se considera que la naturaleza humana está fundamentalmente corrompida por el pecado, pero que podemos redimirnos aceptando a Dios, a cuya imagen hemos sido creados.

Los filósofos occidentales modernos que escribieron en los siglos XVII y XVIII ampliaron estas ideas. El filósofo inglés Thomas Hobbes sostuvo que nuestro estado natural conduce a una vida que es “solitaria, pobre, desagradable, brutal y breve”; por eso necesitamos una autoridad política centralizada fuerte (el así llamado Leviatán).

En cambio, Jean-Jacques Rousseau creía que la naturaleza humana es maleable, pero que en nuestro estado original no tenemos razón, lenguaje o comunidad. Concluyó que la inadecuación entre la condición primitiva y la civilización moderna es la causa de nuestra infelicidad, y propugnó un regreso a la naturaleza en sentido literal. El siempre razonable y moderado David Hume propuso que los seres humanos se caracterizan por una combinación de altruismo y egoísmo, y que esa combinación se puede moldear parcialmente para bien (o para mal) mediante la cultura.

Las investigaciones de Charles Darwin a mediados del siglo XIX volvieron insostenibles muchas de las primeras visiones “esencialistas” de la naturaleza humana. La idea de que los seres humanos poseemos una reducida serie de rasgos exclusivos no se condice con el lento y gradual avance de la evolución darwinista. Aunque el Homo sapiens evolucionó como una especie particular dentro de los primates, eso no implica un quiebre claro entre nuestra biología y la de otras especies.

El debate filosófico sobre la naturaleza humana continúa, actualizado con los hallazgos de la biología. Hoy algunos filósofos interpretan a Rousseau y Darwin en el sentido de que la naturaleza humana misma es inexistente y qué aunque la biología ponga límites al cuerpo, no restringe la mente ni la volición.

Los psicólogos evolutivos, e incluso algunos neurocientíficos, dicen que eso es absurdo. El mensaje que extraen de Darwin (y en parte de Rousseau) es que estamos mal adaptados a un contexto moderno: básicamente, somos monos del Pleistoceno que de pronto nos encontramos equipados con teléfonos móviles y armas nucleares.

Como biólogo evolutivo y filósofo de la ciencia, mi visión es que la naturaleza humana sin duda existe, pero que no se basa en ninguna clase de “esencia”, sino que nuestra especie, igual que cualquier otra especie biológica, se caracteriza por un conjunto de rasgos dinámico y en evolución, que son estadísticamente típicos de nuestro linaje pero ni están presentes en todos sus miembros ni ausentes en todas las demás especies.

¿Qué importancia tiene esto para alguien que no sea científico ni filósofo? Se me ocurren al menos dos buenas respuestas. Una es personal; la otra es política.

En primer lugar, la interpretación que hagamos de la naturaleza humana tiene amplias implicaciones para la ética, en el antiguo sentido grecorromano de un estudio sobre cómo hay que vivir. Alguien que sostenga una visión judeo‑cristiano‑islámica de la naturaleza humana estará naturalmente inclinado a adorar a Dios y guiarse por los preceptos religiosos. En cambio, alguien que siga una filosofía existencialista según los lineamientos de Jean‑Paul Sartre o Simone de Beauvoir pensará que puesto que “la existencia es anterior a la esencia”, somos radicalmente libres para moldear nuestras vidas según nuestras propias elecciones, y no necesitamos la ayuda de Dios en el proceso.

Además, las ideas sobre la naturaleza humana afectan las concepciones éticas. Y en la actualidad, nuestra situación ética es un desastre. Un estudio reciente en Estados Unidos calificó la presidencia de Donald Trump como la “más antiética” de la historia estadounidense; y la encuesta anual de Gallup en el mismo país sobre cuestiones éticas habla de una erosión permanente de los valores morales. Si todos nos tomáramos un momento para analizar dónde nos situamos en el debate sobre la naturaleza humana, podríamos obtener una valiosa comprensión de nuestras creencias, y por extensión, de las creencias ajenas.

Personalmente, me inclino hacia la ética naturalista de los estoicos, para quienes la naturaleza humana limita y sugiere –sin determinar rígidamente– lo que podemos y debemos hacer. Pero cualquiera sea la orientación religiosa o filosófica de cada uno, la reflexión sobre quiénes somos –en sentido biológico y en general– es un buen modo de hacernos más dueños de nuestras acciones, un ejercicio que (no hace falta decirlo) le vendría bien a más de uno.

Traducción: Esteban Flamini

1 de octubre de 2018

Project Syndicate

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 4 min


Hace ocho años, en los primeros días del mes de octubre del año 2010, se inició la expoliación de la empresa Agroisleña, C.A. por parte del régimen socialista del siglo XXI, que impera en la Venezuela actual y está empeñado en la destrucción total de este país, favorecido con ingentes recursos naturales. Este movimiento del régimen llevó a Agroisleña, C.A. a la quiebra bajo el nombre de Agropatria, C.A., y consecuentemente, la agricultura venezolana se ha visto seriamente afectada por la falta de insumos, de financiamiento, de servicios de asistencia técnica, de transporte, de centros de recepción y almacenamiento de cosechas, en fin, de todo lo que el productor del campo necesita para ser exitoso en su labor, tal como decía el lema de la empresa: “Agroisleña, C.A. Todo para el agricultor”.

Agroisleña, C.A. nace hace más de sesenta años con la venta de semillas de hortalizas de calidad, en las alturas de El Tocuyo en el estado Lara. Fue creciendo progresivamente, ampliando su oferta de insumos a los agricultores, actualizándose constantemente y modernizando su estructura en función de los cambios y adelantos tecnológicos mundiales.

De semillas de hortalizas se amplió a semillas de otros cultivos, principalmente cereales, en los cuales no solo se vendieron semillas, sino que se participó en programas de mejoramiento para la creación de nuevos cultivares y una planta para el procesamiento de semillas certificadas. Se incorporó la oferta de herbicidas, insecticidas y fungicidas, con una variedad tan amplia, que posiblemente se podía atender satisfactoriamente todas las situaciones de daño que se pudieran presentar en los campos cultivados. Se dispuso de plantas propias para la producción y formulación de muchos de estos agroquímicos.

Llegó el riego localizado o riego por goteo a la agricultura, con sus grandes ventajas para los agricultores, y Agroisleña, C.A. incorporó la oferta de estos sistemas de riego con diversidad de emisores para aplicar la fertirrigación, especialmente en cultivos hortícolas. Paralelo a los equipos de riego se incluyó la oferta de invernaderos y de los fertilizantes especiales requeridos para que la fertirrigación sea eficiente. Estos fertilizantes eran importados por la empresa, pero Agrosileña, C.A. emprendió un programa para producirlos evaluando muchos componentes nacionales, instalando además una planta para su formulación y producción.

Se incorporó la oferta de fertilizantes hasta que el régimen permitió su importación por particulares. Se colocaron en el mercado productos innovadores como los nitrogenados con inhibidores de la nitrificación, proyectándose la construcción de una planta para producir estos productos ecológicos en Venezuela, aprovechando que nuestra industria petroquímica fue líder en la producción de urea. Sumado a esto, para adaptar mejor la oferta de abonos a las regiones y diversificar las fórmulas NPK/Mg S, se estableció una moderna planta para producir mezclas físicas según las demandas regionales.

Tradicionalmente, la empresa ofreció una variada gama de equipos agrícolas, pero más recientemente había incorporado la oferta de maquinarias, tractores para las diversas labores de campo y combinadas para la recolección de las cosechas.

Los agricultores enfrentaban muchas veces problemas por transporte insuficiente y escasez de sitios para colocar las cosechas, con la urgencia de evitar que sus productos se deterioraran. Para contribuir en este aspecto, se facilitó una flota de vehículos para transporte y se construyeron centros de recepción y almacenamiento distribuidos en las regiones de mayor movimiento de cosechas, superando la capacidad de los silos oficiales.

Paralelo a todas esas facilidades, se iba contratando personal de alto nivel para cada área, se hicieron programas de mejoramiento profesional, se realizaron talleres y seminarios internos para actualización de conocimientos de los técnicos de la empresa, y en muchos casos, para la atención de agricultores que tuvieran que enfrentar alguna práctica especial o usar un producto nuevo, desconocido. Por supuesto, esto representaba tener un servicio de extensión y de asistencia técnica ejemplar para el necesario intercambio entre agricultor y empresa.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar los planes de financiamiento de Agroisleña, C.A. para atender las necesidades de los productores antes, durante y después de cada ciclo de cultivo.

Toda esa riqueza generada en el transcurrir de los años para la atención de los productores del campo, todas las industrias conexas dedicadas a la producción de insumos y equipos agrícolas de última generación, toda la formación de un personal capacitado para apoyar nuestra producción de alimentos, todas esas oportunidades de empleo para miles de personas, ha dejado de estar presente en nuestros campos. Todo eso se acabó, fue destruido con la expoliación de la empresa, y se ha afectado profundamente la agricultura venezolana.

05 de octubre de 2018.

 3 min


Irma Argüello | Infobae

Por más que Nicolás Maduro y su círculo de poder se esfuercen en negarlo, el colapso institucional, económico y humanitario de Venezuela traspasa todo límite tolerable. No en vano se estima que 2,3 millones de venezolanos han abandonado el país escapando del desastre. Los datos hablan por sí solos. Las malas decisiones del régimen han destruido el aparato productivo y llevando al país a la hiperinflación. El FMI estima que esta llegará a un millón por ciento al cierre del año, mientras que el PBI nacional habrá caído a casi la mitad respecto de 2013.

La escasez de alimentos y medicinas azota a la población, excepto a una élite de pocos miles cercanos al poder. Las cifras son alarmantes: se estima que el número de venezolanos infra-alimentados llega a los 3,7 millones y que 55% de los niños menores de cinco años sufre malnutrición. Así las cosas, Cáritas estima que 300 mil personas mueren de hambre en el país cada año.

A pesar de los ofrecimientos internacionales, el régimen siempre se opuso a recibir ayuda humanitaria para paliar la situación. A medida que el chavismo se consolidaba en el poder, Venezuela se fue transformando en un Estado totalitario, sin ley y sin libertad, donde funcionarios civiles y militares comandan bandas dedicadas al narcotráfico y a otras formas de crimen organizado, como el Cártel de los Soles. Hoy se estima que el 60% de la droga que se produce en Colombia se exporta vía Venezuela.

Asimismo, a través de sus relaciones estrechas con Irán y otros países de Medio Oriente, el país se ha convertido en puerta de entrada del terrorismo islámico de Hezbollah y Hamas en América Latina, lo que representa una amenaza de índole regional.

La injerencia del castrismo desde el inicio del Gobierno de Hugo Chávez ha sido tal que muchos consideran a Venezuela como un país ocupado por el ejército cubano, con la presencia de más de veinte mil efectivos ubicados en cargos estratégicos, de inteligencia y como entrenadores de los llamados colectivos que controlan a la población. La intimidación y la persecución feroz han llevado en los últimos años a 15 mil detenciones arbitrarias y 280 mil muertes violentas. En este sentido, el reciente informe de Amnesty International indica que, entre 2015 y mediados de 2017, tuvieron lugar 8200 ejecuciones extrajudiciales.

En paralelo, la situación institucional se ha deteriorado a tal punto que órganos de gobierno legítimos como la Asamblea Nacional, hoy de carácter opositor, han sido reducidos a la irrelevancia o funcionan en el exilio como el Tribunal Superior de Justicia. Tales instituciones han sido reemplazadas por sucedáneos, obviamente funcionales al régimen.

En vista de la dramática situación, una posible intervención internacional humanitaria gana adeptos día a día, dentro y fuera de Venezuela. Los muchos defensores de esta posibilidad argumentan que la vía democrática está agotada y que la resistencia civil y militar en el país no puede sola contra un régimen que ha robado a los venezolanos el presente y el futuro, la vida, la esperanza y los sueños.

En esa línea se han alzado voces como la del secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien semanas atrás, desde Cúcuta, un punto candente de la frontera entre Colombia y Venezuela, dejó la puerta abierta a una intervención militar dentro del marco de la legalidad. Donald Trump hizo lo propio en su reciente paso por la Asamblea General de las Naciones Unidas, como antes lo habían hecho el senador Marco Rubio y otros altos funcionarios de los Estados Unidos. El presidente de Colombia, Iván Duque, también se mostró abierto a la posibilidad de una acción colectiva y no unilateral. Una de las voces más firmes en esa línea ha sido la del ex alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, ferviente activista por la vuelta a la institucionalidad de Venezuela.

Con una visión contrapuesta, 11 de los 14 países del Grupo de Lima expresaron “preocupación y rechazo ante cualquier curso de acción o declaración que implique una intervención militar o el ejercicio de la violencia, la amenaza o el uso de la fuerza”. A su vez, reafirmaron “su compromiso para contribuir a la restauración de la democracia en Venezuela y a la superación de la grave crisis política, económica, social y humanitaria que atraviesa ese país, a través de una salida pacífica y negociada”.

Admitiendo que la salida para Venezuela es que Maduro, sus adláteres y aliados externos abandonen el poder, cabe preguntarse si resulta realista pensar que una dictadura de tales características se avendría a retirarse en forma pacífica y negociada, como propone la declaración del Grupo de Lima. Lamentablemente, las experiencias históricas ponen en duda esta hipótesis.

Las violaciones a los derechos humanos y a las libertades individuales en Venezuela han quedado debidamente documentadas en informes de organismos multilaterales tal el de la OEA y el del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la Naciones Unidas. Sobre estas bases fácticas se sustentó la reciente remisión de la situación de Venezuela ante la Corte Penal Internacional por parte de seis Estados: Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Paraguay y Perú.

Los que sostienen la postura de una intervención internacional humanitaria resaltan, como lo han hecho Almagro y Ledezma, la necesidad de aplicación de la doctrina de la responsabilidad de proteger. Tal doctrina, que fue aprobada por consenso en la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas de 2005, plantea un compromiso político global que busca prevenir genocidios, crímenes de guerra, depuración étnica y crímenes de lesa humanidad.

La aplicación de la responsabilidad de proteger en el marco de la ONU habilita a los Estados a actuar colectivamente interviniendo en un país, de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, cuando las autoridades nacionales fallan en el cometido de proteger a su población de la violencia sistemática y la persecución, o bien la generan.

Conceptualmente, cuando se han agotado todos los medios pacíficos, la comunidad internacional, a través del Consejo de Seguridad, puede ordenar el uso de la fuerza. Esto implica en la práctica el consenso entre los cinco miembros permanentes con derecho a veto, Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia. Tal acuerdo difícilmente se logre en el caso de Venezuela, con aliados como Rusia, su principal proveedor de armas y China, su principal acreedor externo.

La responsabilidad de proteger es un concepto que genera fuertes controversias. Se lo contrapone con el principio de no intervención en aras de la preservación de la soberanía de una nación. Sin embargo, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, expresó: “Si una intervención humanitaria es un asalto a la soberanía, cómo se debe responder a las groseras y sistemáticas violaciones a los derechos humanos, que ofenden nuestra percepción de humanidad”.

La ilegitimidad de la elección de Maduro de 2013, y consecuentemente de su presidencia, que fuera dictada por un fallo del Tribunal Superior de Justicia en el exilio, abre una segunda opción legal de intervención que no requiere el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU. En efecto, los órganos legítimos de Venezuela cuentan con sobrados elementos como para destituir a Maduro y nombrar un gobierno, un nuevo gobierno legítimo, dentro o fuera del país, con reconocimiento internacional, que podría requerir asistencia externa para restaurar el orden constitucional y también aceptar la imprescindible ayuda humanitaria.

Aunque la posibilidad de intervención humanitaria dentro del marco de la legalidad está abierta, es claro que los Estados de la región han optado hasta ahora por la vía de la denuncia ante la Corte Penal Internacional. Tal actitud se puede explicar por las experiencias adversas de ciertas intervenciones del pasado en las que argumentos humanitarios encubrieron intereses de poder o económicos de algunos de los actores clave.

Sin embargo, debemos preguntarnos si los millones de personas sufrientes en Venezuela pueden esperar los tiempos que marcan los procedimientos en la Corte, que se miden por años. Y si resultara en una condena de Maduro, cuáles son los mecanismos que permiten en la práctica detener tales crímenes. Casos como el del dictador de Sudán, Omar al Bashir, que continúa en el poder aún con órdenes de arresto emitidas por la Corte, abren dudas acerca de la efectividad para resolver la situación de los países afectados. En las tragedias humanitarias cabe reflexionar que los tiempos del hambre y la enfermedad no son los tiempos de la ley.

Como conclusión, la intervención internacional humanitaria bajo la responsabilidad de proteger puede realizarse en el marco de la legalidad, teniendo en cuenta las consideraciones planteadas. Si se realizara en forma colectiva y no unilateral, con objetivos claros y espíritu de reconstrucción democrática, permitiría detener en plazos cortos el genocidio en cámara lenta que hoy vive Venezuela y del mismo modo se avanzaría hacia una rápida vuelta a la institucionalidad.

Por otra parte, un dictamen en contra del régimen de Maduro en la Corte Penal Internacional llevaría una condena moral y a la asignación concreta de responsabilidades a los causantes de la tragedia.

La crisis venezolana ha llegado a un punto tan crítico que todos los caminos planteados son dolorosos y requieren de un gran coraje y sacrificio por parte de los venezolanos en Venezuela, de sus compatriotas en el exterior y de la comunidad internacional, todos orientados hacia un mismo fin.

La gravedad de la situación demanda decisiones concretas y firmes con la mayor celeridad posible, ya que cualquier demora representa hoy la dolorosa e inaceptable pérdida de incontables vidas.

 7 min


Harold James

Pocas veces a la economía populista le ha ido tan bien. La economía estadounidense ruge, la bolsa se dispara y el proteccionismo de la administración Trump aparentemente ha tenido un impacto insignificante en el crecimiento. La máxima de Trump de que “las guerras comerciales son buenas” inclusive parece estar sentando bien a nivel político, confundiendo a algunos de sus críticos. Todavía insisten en que los aranceles no son deseables en general, pero ahora admiten que este tipo de medidas podrían ser apropiadas y útiles para bloquear el ascenso de China.

Un paisaje similar ha surgido en Europa, donde el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el líder de facto de Polonia, Jarosław Kaczyński, están atravesando un buen momento gracias al pleno empleo y la escasez de mano de obra. En estas condiciones, uno de los argumentos más fuertes de los populistas es simplemente señalar que todas las advertencias de la elite globalista, los cosmopolitas de Davos, lo neoliberales y los multimillonarios sobre los peligros de la economía populista eran puros inventos. Los británicos a favor de quedarse en el Brexit detrás de “Proyecto Miedo” sobreestimaron los costos del Brexit; la economía del Reino Unido no ha colapsado después de todo.

Pero, por supuesto, es sólo una cuestión de cuándo llegará el ajuste de cuentas económico, no de si se producirá o no. El populismo no tiene que ver solamente con promesas de darle más a más gente; pero, sin esas promesas, todos los elementos culturales del populismo parecerían sencillamente caducos y reaccionarios. Y ni a los reaccionarios les gusta la política reaccionaria si los lastima en la billetera.

En Estados Unidos, el factor decisivo en las elecciones parlamentarias de mitad de mandato en noviembre dependerá de si el entusiasmo sobre el estado de la economía es lo suficientemente fuerte como para compensar la desaprobación generalizada del estilo personal y la retórica divisiva, sexista y racista de Trump. Sin embargo, es precisamente en torno a esta cuestión donde se desmorona la sabiduría convencional.

El liberalismo económico clásico supone que las malas políticas serán castigadas inmediatamente con malos resultados. En los últimos 25 años, los vigilantes del mercado de bonos han sostenido que los mercados financieros omniscientes y con visión de futuro siempre anticiparán las consecuencias futuras de las políticas populistas e impondrán primas de riesgo. Según esta lógica, en la medida que aumentan los costos de endeudamiento, los gobiernos populistas no podrán cumplir con sus promesas imprudentes, y la cordura y la ortodoxia finalmente regresarán.

Los economistas que estudian el populismo por lo general extraen lecciones de América Latina, donde los episodios pasados de un exceso de promesas nacionalista han derivado rápidamente en gigantescos déficits fiscales que no se podían financiar. En estos casos, la economía populista siempre produjo ciclos de inflación, depreciación de la moneda e inestabilidad, porque los mercados financieros globales y otros agentes externos eran escépticos desde el principio.

El problema es que la experiencia latinoamericana no es universal. Los mercados de bonos no son tan predecibles como muchos parecen creer; tampoco se puede confiar en ellos como una máxima fuente de disciplina. Como los mercados en general, los mercados de bonos pueden ser capturados por un discurso popular (o lo que eufemísticamente podría llamarse el manejo de las expectativas) que sobreestima las perspectivas de un determinado desenlace.

Al igual que hoy, en el período entre guerras hubo liberales que predecían que la respuesta poco convencional a la Gran Depresión terminaría de manera trágica, sólo para quedar expuestos como transmisores de mentiras cuando sus profecías no se concretaron en lo inmediato.

La respuesta más extrema a la Depresión vino de la Alemania de Hitler. Los nazis no se perdían oportunidad de hacer alarde de la rapidez con que sus programas habían acabado con el desempleo y construido nueva infraestructura. El gobierno alemán mantenía la inflación bajo control a través de un precio excesivo y de controles salariales, y se hablaba mucho de un milagro económico.

Para muchos analistas convencionales, el aparente éxito de los nazis a la hora de desafiar a la ortodoxia económica parecía una ilusión. Los críticos fuera de Alemania sólo veían un sistema de gobierno profundamente inmoral que perseguía un proyecto destinado al fracaso. Tenían razón sobre la inmoralidad, por supuesto; pero estaban equivocados respecto de la inminencia del colapso económico del proyecto.

En 1939, el economista Claude Guillebaud de la Universidad de Cambridge publicó La recuperación económica de Alemania, que sostenía que la economía alemana era muy robusta y no colapsaría como consecuencia de una sobrecarga o un sobrecalentamiento en caso de un conflicto militar. Guillebaud fue muy vilipendiado. The Economist, ese bastión del liberalismo clásico, lo ridiculizó en un análisis inédito de dos páginas, donde concluía que ni siquiera el responsable de la propaganda nazi Joseph Goebbels podría haber mejorado su interpretación. Su trabajo, lamentaban los editores, era emblemático de una “tendencia peligrosa entre los economistas democráticos a prestarse al juego de los nazis”.

Guillebaud también fue execrado por otros académicos que eran mucho más famosos que él, como el economista británico Dennis Robertson. Y, sin embargo, Guillebaud estaba esencialmente en lo cierto: la Alemania nazi no era una economía al borde del colapso, y las potencias occidentales habrían hecho bien en empezar a movilizar una defensa apropiada.

El debate contemporáneo es similar. Los antecedentes de una economía populista en Europa no son ni particularmente malos ni particularmente sobresalientes. Más precisamente, los populistas de hoy se han beneficiado de una recuperación general que comenzó antes de que aparecieran en escena. Cuando se produzca la próxima crisis, rápidamente se darán cuenta de que sus propias políticas imprudentes han limitado seriamente su capacidad de respuesta. En ese momento, Orbán, Kaczyński y otros populistas centroeuropeos tal vez decidan buscar opciones más agresivas.

Si el populismo tuviera un avatar, sería El Coyote, el personaje inmortal de dibujos animados que, en su persecución inútil del Correcaminos, siempre corre hasta el borde de los acantilados sin detenerse, suspendido por la lógica de su propia creencia. Finalmente, se da cuenta de que no hay piso bajo sus pies y cae. Pero eso nunca sucede de inmediato.

En los años 1990, cuando Rusia sentía el pinchazo de las reformas económicas, el provocador político ruso Vladimir Zhirinovsky preguntó: “¿Por qué deberíamos infligirnos sufrimiento a nosotros mismos? Hagamos sufrir a otros”. El máximo peligro del populismo nacionalista siempre se revela cuando se produce un contratiempo. Cuando las cosas empiezan a ir mal, la única manera de salir adelante es a costa de los demás.

Como en el pasado, cuando termine la ilusión de la expansión económica indolora de hoy, la política regresará al frente, y las guerras comerciales pueden conducir a despliegues de tropas.

Octubre 2, 2018

Project Syndicate

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 5 min


Luis R. Mendoza

En marzo de 1918 aparece una gripe en Estados Unidos de Norteamérica que se diseminaría rápidamente por ese país y cuyo virus sería llevado por soldados estadounidenses a Europa, donde se desarrollaba la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial. Por el continente europeo se expandió rápidamente el virus, haciéndose mortal, especialmente en los diversos frentes de guerra, aunque llegó a las naciones que no estaban inmersos en el conflicto bélico, como España. Mientras en los países en guerra no se informaba sobre los efectos mortales de la influenza para no afectar la moral de la población y los soldados, en el país ibérico se daban las noticias sobre los estragos de la enfermedad por lo que ganó la fama como la Gripe Española.

De España llegó en 1918 la epidemia de gripe a Venezuela, a principios de octubre, afectando primeramente a los habitantes de sus dos principales ciudades-puerto de La Guaira y Puerto Cabello. En el primero de ellos, “El propio día 16 (de octubre), el Dr. José Antonio Tagliaferro, Director de la Oficina de Sanidad Nacional, informaba al Dr. Urdaneta Maya, Secretario de la Presidencia, que había el 15 de octubre cuando ‘supo esta oficina de la epidemia en La Guaira’…A juicio de Tagliaferro ‘se trata de la gripe española’… Y le pedía a Urdaneta Maya: ‘Asegure al General Gómez que se tomarán todas las medidas con la energía que el caso requiera”.[1]

En referencia a las medidas tomadas por el gobierno nacional, se destaca que el día 21 de octubre, el General Juan Vicente Gómez, residenciado en Maracay, ordena al Presidente Provisional de la República Dr. Victorino Márquez Bustillos, que “para evitar que estos lugares de por acá se contagien también con la referida epidemia, dicte las medidas respecto de pasajeros y mercancías que vengan por tren para estos pueblos del centro, que interesa salvar a toda costa de la referida infección”[2] y que se establezca “un cordón sanitario y servicio de fumigación en Antímano, tanto para pasajeros como para mercancías que viajan por tren, por los viajeros en automóvil, a caballo, carretas, arrieros, etc., que salgan de Caracas por esa vía”.[3]

Una semana después, el 28 de octubre, por Decreto Presidencial, se crea la Junta de Socorro del Distrito Federal, presidida por el Dr. Felipe Rincón González, Arzobispo de Caracas y por los médicos Luis Razetti y Francisco Antonio Rísquez; Vicente Lecuna, Santiago Vegas, entre otros. Esta junta estableció acciones inmediatas, como: Distribución de víveres, utensilios, medicinas, servicios para enterramientos, instalación hospitalaria, regularización de los precios de las medicinas, etc.

El Dr. Razetti, quien para aquel entonces ocupó el cargo de Director Técnico de la Campaña Sanitaria, caracterizó dicha influenza en tres formas principales, a saber “Forma nerviosa. La más común y la menos grave. Intensos dolores: cabeza, ojos y masa muscular y articulaciones. Forma pulmonar: determinaciones faríngeas, laríngeas y pulmonares y Forma gástricas-perturbaciones en el tubo digestivo: vómitos, diarreas”. [4]

Acotaba el egregio médico que “En general la afección es benigna y dura de dos a diez días. Lo más expuestos a las formas graves, son los debilitados, los ancianos y los imprudentes”.[5] La cualidad de benigna quedaría contradicha en los días y semanas siguientes, cuando la mortalidad en Caracas por la gripe, llegó a contabilizarse en 100 decesos diarios.

Esta introducción viene al caso para permitirnos modestamente historiar en esta nota, las consecuencias que produjo hace un siglo la “gripe española” en la población de San Mateo, estado Aragua, que para ese año contaba con una población aproximada de 2.100 habitantes, según el IV Censo Nacional de población de 1916.

En este sentido, de acuerdo con un telegrama formulado en la vecina ciudad de La Victoria dirigido al General Juan Vicente Gómez, residenciado en la ciudad de Maracay, de fecha 5 de noviembre de 1918, da noticia oficial de la presencia de la influenza en nuestra localidad y la urgencia de medidas sanitarias para proteger a la población de esta pandemia. Veamos el contenido del mismo:

“…Junta de Sanidad (La Victoria) se trasladó a San Mateo y de acuerdo con la autoridad dictó medidas sanitarias y nombró juntas subalternas de sanidad y socorros, asimismo, designó una faja de terreno adyacente al cementerio, por ser éste muy reducido, para dar sepultura a los que mueran de la gripe. En este momento les envían medicinas y socorros, ningún caso nuevo que registrar, murió uno a consecuencia de gripe”. (3) Ob-cit, p 35.

Esta Junta Subalterna de Sanidad y Socorros la integraba el Pbro. Luis Rafael Romero Sánchez, Párroco de San Mateo, quien la presidió, y los ciudadanos Demetrio Sánchez, como tesorero, Pedro Alcántara Pino, responsable de la logística, y Guillermo Oviedo, practicante de la medicina, enviado por el Jefe Civil del Distrito Ricaurte y señalado por el Corresponsal del Diario La Religión, como un héroe en la lucha contra este mal endémico. Asimismo, hay que dar reconocimiento a las paisanas y paisanos con voluntad altruistas que contribuyeron con sus esfuerzos para asistir a los enfermos; como es el caso de un familiar cercano, nuestra recordada abuela materna Ana Teresa Mendoza, quien para entonces laboraba como cocinera en la Casa Parroquial de San Mateo.

Ahora bien, la gripe española llegó a San Mateo a finales de octubre de 1918, a través de cuatro soldados sanmateanos que posiblemente estaban contagiados y quienes viajaron en el ferrocarril desde la ciudad de Caracas a disfrutar unos días de permiso en su terruño. Este dato me lo suministro el Profesor Rafael Sanabria Martínez, estudioso y divulgador de la historia de su pueblo natal, El Consejo, estado Aragua.

A pesar de que el gobierno gomecista había ordenado el 21 de octubre de ese año, el cordón sanitario, no logró prevenir los efectos de este mal a estos jóvenes militares, quizás como lo señaló el Dr. Razetti, porque se refleja el malestar al segundo día de su contagio; además, ya que como decía: “Lo más expuestos a las formas graves, son los debilitados, los ancianos y los imprudentes”. Por las razones que hubiese sido, fue lamentable su consecuencia.

La referencia a los soldados señalados por el Prof. Sanabria M, la corroboramos a través de un telegrama fechado el 10 de noviembre de 1918, emitido en La Victoria para Maracay, destinado al “Benemérito” y publicado por el Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, n° 107-108, p 50, que dice lo siguiente: “En San Mateo no ha ocurrido ningún nuevo caso de gripe, hubo 7 defunciones de la misma enfermedad, entre militares y ciudadanos”.

En cuanto a la cuantía de personas contagiadas y fallecidas en San Mateo, la prensa caraqueña La Religión, El Universal, El Nuevo Diario y el citado Boletín, coinciden en detallar que los enfermos y enfermas pasaron de mil y de 35 los fallecidos y fallecidas.

Entre las víctimas de la “gripe española” nos permitimos visibilizar y recordar la memoria a las siguientes personas y recordar la fecha del deceso:

Fecha de deceso

Víctimas

(04/11/1918)

-Soila Arroyo (edad 23 años)

(05/|11/1918)

-Ignacio Pereira (edad 22 años) y Ventura Regalado (edad 44 años) y Ángel Romero (edad 7 años)

(08/11/1918)

-Jesús Ramírez (edad 40 años), Carlos Domingo Sánchez (edad 30 años), Jesusita Liznero (edad 9 años) e Ignacio Rodríguez (edad 30 años)

(09/11/2018) y (10/11/1918)

-Eladio Tovar (edad 38 años), Miguel Porras (edad 24 años), Basilia Parra, Julián León (edad 25 años), Bonifacio Madriz (edad 30 años) y Felipe Orasma (edad 21 años)

(11/11/1918)

-Juan Aponte (edad 23 años, militar), Juan Manuel Jaspes (edad 35 años, militar), Abelina Rosales (edad 19 años), Francisco Romero (edad 3 años), Juan Moreno (edad 3 años), Miguel Pérez y Basilia Tovar

(12/11/1918) y (13/11/1918)

-Gabriel Mosquera (edad 22 años), Belén Báez (edad 22 años) y Juana Vera (edad 40 años)

(14/11/1918)

-María Muñoz (edad 29 años), José Camacho (edad 20 años-militar) y Jacinta Cobos (edad 2 meses)

(15/11/1918)

-Silvestre Ramos, Pedro Trujillo (edad 30 años) y Jorge Pedroza (edad 30 años)

(17/11/1918)

-José Díaz (edad 4 años) y Estefanía Moreno ( edad 7 años)

(23/11/1918)

-Natividad Sánchez (edad 55 años) y Cecilio Aristiguieta (edad 7 años)

Fuente: Cuadro Elaborado por el autor a partir de: información proveniente del Registro Civil de San Mateo, año 1918, actas de defunciones fueron certificadas por el Dr. Emilio Correa, el Jefe Civil del Municipio, General Alberto Urdaneta, el Secretario, José R Vivas y los testigos Fidel María Miguelena y Pedro N Castillo. Datos suministrados por el Prof. Rafael Sanabria Martínez, Ángel Sosa y el personal que labora en dicho Registro. Vaya nuestros agradecimientos.

Las cantidades de enfermos y fallecidos hablan por sí solas, significa que el 50 % de su población sufrió esta enfermedad pandémica, que asolaba el mundo. Esto es una muestra más de que la gripe azotó a nuestra población con dureza, especialmente en el marco socioeconómico que vivía el país y del cual no estaba exenta este pueblo de los Valles de Aragua.

Fueron dos meses de calamidades sufridas en los hogares sanmateanos, a pesar de las previsiones tomadas y las atenciones tenidas con la población, como: suspender las actividades escolares, los actos públicos, privados y religiosos, incluyendo a las festividades de noviembre dedicado en honor a nuestra imagen “Virgen de Belén”, la cual se debió suspender y celebrar al año siguiente, entre el 26 de enero y el 9 de febrero de 1919.

A un siglo de la llegada de dicha influenza a San Mateo, no podemos dejar de mencionar y reconocer la actuación y liderazgo de incuestionable valor ético, comprometido con el bien colectivo, cómo fue la acción altruista del Pbro. Luis Rafael Romero Sánchez y del equipo que lo acompañó. Con sobrada razón, mi recordado tío Miguel A. Mendoza, se expresaba sobre él como un “Santo” en la tierra. Su loable labor societaria estuvo en las calles del pueblo. En una ocasión nos comentó la recordada Sra. Carmen Báez: “él, con una carretilla repartía alimentos y medicinas a la comunidad”.

Asimismo, la prensa precitada reconocía los apoyos recibidos por los habitantes de San Mateo, como, el económico, consistente en Bs 2.000,00 donados por el General Gómez; el del practicante de la medicina ciudadano Guillermo Oviedo; el de la Junta de Socorros de La Victoria, presidida por el Pbro. Gregorio Adam, el Arzobispo de Caracas, de los comerciantes y hacendados de la localidad y un pueblo organizado a favor de sus conciudadanos.

Un siglo se está cumpliendo de la llegada de la gripe española desde Europa a suelo venezolano, que también azoto a San Mateo en octubre-diciembre de 1918. Con esta nota esperamos contribuir modestamente en dar a conocer parte de nuestra historia local, y de un hecho que causó dolor y luto a nuestras familias sanmateanas.

San Mateo, 05 de octubre de 2018

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Desde que, en octubre de 2017, estallara de forma viral un movimiento conocido por la etiqueta #MeToo, no han cesado los debates y las reacciones en torno a él. La caída de Harvey Weinstein, el día 5 de aquel mes, tras ser acusado por más de 40 mujeres de protagonizar situaciones de abuso que iban desde el acoso hasta la violación, transformó el hashtag en el símbolo de la denuncia global contra los casos de violencia sexual. Fue el día 15 cuando la actriz Alyssa Milano publicó el emblemático tuit que daría nombre al movimiento: “Si todas las mujeres que han sido acosadas o agredidas sexualmente escribieran un tuit con las palabras me too, podríamos mostrar a la gente la magnitud del problema”. A partir de ese momento, Internet se convirtió en el lugar donde millones de mujeres del mundo entero compartían sus experiencias, rompiendo con la cultura del silencio que velaba una realidad omnipresente, pero eficazmente soterrada bajo la coartada del pudor de la víctima y la doble penalidad: cuando se atrevían a hablar, no se las creía o, peor, se las culpabilizaba por lo sucedido.

Desde el #MeToo estadounidense al #AbortoLegalYa de Argentina o nuestro #Cuéntalo, se han ido sucediendo numerosos movimientos de impronta feminista que utilizan el poder de las redes para crear un punto de encuentro para mujeres de todo origen y condición. El feminismo 4.0 o la Cuarta Ola se inserta así en los nuevos tipos de movilización social que ya experimentamos en las primaveras árabes o el 15-M, aprovechando la estructura comunicativa de Internet para compartir experiencias, mensajes y palabras de ánimo entre todas las mujeres que, habiendo decidido hablar, fueron cuestionadas. Aquel “yo también” utilizaba el poder de la empatía para expulsar del cuerpo social una incomprensible lacra medieval: el miedo de la víctima a denunciar por temor a la humillación pública y privada. Ahí radica el profundo cambio social que se ha producido gracias al #MeToo: que la indispensable presunción de inocencia del acusado deje de convertirse en escarnio y presunción de culpabilidad para la mujer denunciante.

#MeToo representa la reacción de las mujeres ante las injusticias que desgraciadamente padecen y que han decidido compartir en voz alta. Sabemos que casi cuatro de cada diez mujeres experimentan violencia física o sexual a lo largo de su vida, una de cada tres en el caso de las europeas. Y es aquí, en la moderna Europa, donde más de la mitad de las mujeres ha sido acosada sexualmente, y donde una de cada veinte ha sido violada. Muchas de estas manifestaciones de abuso se producen, además, aprovechando posiciones de poder, lo que hace más difícil denunciarlas.

Sin menoscabo alguno de la importancia del derecho al juicio justo y la presunción de inocencia, feministas como Margaret Atwood han señalado algo importante: “Con demasiada frecuencia, las mujeres y otros denunciantes de abuso sexual no pudieron obtener una audiencia imparcial a través de las instituciones, incluidas las estructuras corporativas, por lo que utilizaron una nueva herramienta: Internet”. Es esa herramienta la que también nos brinda respuestas en un momento en el que la lucha por los derechos civiles es intensa. Las mujeres se han empoderado para defender con voz propia su libertad y dignidad. Ese es el legado de #MeToo.

EL PAÍS

5 de octubre 2018

https://elpais.com/elpais/2018/10/04/opinion/1538671427_761068.html

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La última semana de septiembre fue histórica para Venezuela. A las recientes sanciones de EEUU y Europa contra los principales miembros de la cleptocracia de Maduro, se agregan dos episodios inéditos protagonizados por la comunidad internacional, que reflejan la tragedia que vivimos los venezolanos.

Seis países presentaron una solicitud conjunta ante la Corte Penal Internacional (CPI) para enjuiciar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen de Nicolás Maduro. Colombia, Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Canadá, apoyados por Francia que se pronunció un día después, piden investigar la violación de derechos humanos perpetrada en Venezuela desde el 12 de febrero de 2014. La solicitud fue acompañada de dos informes – uno de la Oficina del Alto Comisionado para los DDHH de la ONU y otro del secretario general de la OEA, Luis Almagro – que documentan las ejecuciones extrajudiciales, torturas y detenciones arbitrarias.

Se trata de la primera vez en los 16 años de historia de la CPI que un grupo de Estados-Parte remite la situación de un tercer país a la Fiscalía. Es una clara señal de la gravedad de las circunstancias que sufre Venezuela y del sólido apoyo mundial con el que cuentan los venezolanos, víctimas de la dictadura del hambre y la corrupción de Maduro.

A esto se suma la resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU del jueves pasado, también inédita, que insta a un gobierno venezolano a aceptar ayuda humanitaria internacional para paliar la escasez de alimentos y medicinas. Como dice Adama Dieng, Asesor Especial de la ONU sobre la Prevención del Genocidio, el Estado tiene la obligación de proteger a su propio pueblo y no puede usar la soberanía como excusa. Si un Estado falla en cumplir, otros tienen la obligación de actuar. Desde la perspectiva del Derecho Internacional Humanitario, se valorizan los Derechos Humanos por encima de la no intervención. Los Estados ya no son responsables solo de sus ciudadanos, sino de los seres humanos en general.

El chavismo ha sufrido la peor derrota diplomática en sus veinte años de gobierno autoritario. El régimen de Maduro no tiene ninguna legitimidad. La comunidad global no lo reconoce y el 80% de los venezolanos lo rechaza.

Además de la falta de alimentos y medicinas, la hiperinflación, la violencia y el ataque sistemático a la libertad de expresión, la corrupción y la impunidad se han adueñado del país aplastando la Constitución y el Estado de Derecho. La Carta Magna prevé (arts. 333 y 350) los mecanismos para proteger su vigencia frente a los abusos del autócrata en contra de los intereses individuales, colectivos y difusos de la nación.

El mensaje enviado desde la comunidad internacional convoca al régimen a ceder y facilitar sin más traumas, una solución política, y por lo tanto pacífica, a la grave emergencia que sacude a Venezuela.

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante

Web: www.carlostablante.com

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