El orden democrático mundial ha tenido siempre enemigos, pero nunca tantos y tan bien organizados como hoy, ya sea a escalas nacionales, ya sea a escalas internacionales.
Todos los caminos hacia la paz mundial, nos guste o no, llevan a Beijing. Xi, quien según confesión de Biden es un dictador, pero un dictador muy inteligente, debe saberlo mejor que nadie. Para el dictador chino la paz pasa principalmente por un nuevo reparto de las zonas de influencia y clientela entre Estados Unidos y China.
Nadie, para decirlo con ejemplos, se planteó hacer una revolución neolítica, ni una revolución industrial, ni una digital, y quienes actuaron en esos procesos no sabían seguramente que estaban viviendo en medio de una revolución.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced el bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen (Mateo 5:44-48)
Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra; y si alguien te quita la capa, déjale también que se lleve tu camisa (Lucas 6:29)
El segundo es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento más importantes que estos. (Marcos 12:31)
Un líder es elegido como tal cuando los grupos creen que ese líder conoce mejor que los conducidos el lugar y la ruta hacia donde deben ser conducidos. De modo que en cada líder, político o no, hay una suerte de Moisés en busca de la tierra prometida.
La política en tiempos de guerra es necesariamente una política híbrida pues así como la guerra híbrida contiene elementos políticos, la política híbrida contiene elementos de la guerra, sin dejar de ser política.
El totalitarismo, en estricto sentido político y politológico, es una afirmación sin negación; o lo que es casi lo mismo: describe la existencia de un gobierno sin oposición y sin opositores. No es ese precisamente el caso de Venezuela.
Ningún gobierno del mundo, menos el de Israel, podía dejar sin responder a una agresión tan criminal como la cometida por Hamás, el más grave ataque contra Israel desde la guerra de Yom Kippur, hace 50 años.
Es por eso que, si me pidieran una palabra que condense lo que el humano puede llegar a ser sin instituciones y sin constituciones que lo protejan de los demás y de sí mismo, se me viene a la mente una sola: Haití.
No voy a escribir solo sobre Venezuela, pero sí a propósito de un fenómeno que llama la atención a muchos observadores, a saber, el fervor que en estos momentos despierta la figura política de María Corina Machado en gran parte de la oposición de su país.