Caracas después del ruido
Antonio de la Cruz
Venezuela ha comenzado a parecerse menos a una dictadura clásica latinoamericana y más a un territorio administrado bajo supervisión externa.
En los viejos regímenes autoritarios del siglo XX, el poder necesitaba una historia. El comunismo prometía el paraíso de los trabajadores; el fascismo, la grandeza nacional; incluso las dictaduras militares latinoamericanas se justificaban en nombre del orden y la modernización. Había siempre una promesa hacia adelante, una visión que exigía sacrificios en el presente a cambio de redención futura.
Ese lenguaje ha cambiado.