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Opinión

Pedro García Otero

Esta noche, Nicolás Maduro anunció algunos detalles sobre el “Programa Económico de Recuperación”, su plan de ajuste macroeconómico. Habló repetidamente de “anclaje revaluador”, de “transición tardía” (al socialismo) y de “mercado”, palabra que mencionó en varias oportunidades.

En su plan de ajuste, sin embargo, el mandatario olvidó temas claves, y dónde podría haber generado confianza (como en el programa de ajuste fiscal o el de los combustibles) fue excesivamente vago; donde, en cambio, el programa puede convertirse en una bomba, como en el desbocado aumento general de salarios, fue extremadamente concreto, y las primeras reacciones a los anuncios han sido muy negativas.

Más allá, el programa tiene una serie de contradicciones: La más importante de todas es que es un programa que carece de financiamiento. Es como si un tuberculoso se lanzara a conquistar el Himalaya desnudo. Las posibilidades de éxito tienden a cero. Al menos cinco grandes contradicciones se desprenden de los anuncios del mandatario este viernes 17 de agosto:

1) Disciplina fiscal vs. pago de bonos

Este es, sin duda, el punto más álgido de las contradicciones de los anuncios de Nicolás Maduro en el plan de ajuste: En la misma alocución en la que puede anunciar un “bono de reconversión monetaria” de Bs. S. 600 (Bs. F. 60.000.000) a 10 millones de personas (es decir, la friolera de 600 billones con doce ceros de Bs. F.), y ofrecerse a pagar todos los sueldos del país durante tres meses, el mandatario puede señalar que se necesita una “disciplina fiscal draconinana” que “frene la emisión de dinero inorgánico”.

El único equivalente que se le puede ocurrir a uno es el de un alcohólico que decide anunciar que va a dejar la bebida, pero antes se va a tomar 30 botellas de ron. Y me perdonan lo crudo del símil, pero es que el Estado venezolano, bajo el chavismo, decidió gastar hasta morir, como Nicholas Cage decidió beber hasta morir en Leaving Las Vegas. Pareciera, más que a recuperarse, decidido a suicidarse.

Con semejante inicio, la promesa de disciplina fiscal no es más que eso, una promesa. Y la parte de “no emitir dinero inorgánico” un chiste. No solo porque esa ha sido históricamente la política del madurismo, sino porque no hay fuentes de financiamiento.

La ya crítica situación del sector privado del país se verá agravada si, como es previsible, el programa económico de Maduro acelera la crisis.

Al llegar al cómo se va a financiar este programa, Maduro fue (por necesidad) vago: Habló de aumentar la producción y la productividad, sin explicar cómo. Porque el cómo en este momento, y con este Gobierno al frente, no existe. Imploró por la necesidad de incrementar la producción de petróleo, sin una sola propuesta; y habló de un aumento de la tributación para un sector industrial y un país exhaustos, y que de ninguna manera están en condición de financiar a un Estado tan voraz como este.

2) El salario aumentado vs. la realidad

El mismo Maduro que promete austeridad fiscal no se da cuenta de que al ofrecer un salario mínimo de 180 millones de bolívares de los actuales, está desafiando todo su programa.

Maduro es el principal patrono del país, el mismo que no puede subir los salarios de miseria actuales por los cuales médicos, enfermeras, trabajadores de empresas de servicio, empleados en general del sector público, llevan dos meses en la calle.

¿Qué cambió del 16 de agosto (día en el que, cobardemente, Maduro impidió que enfermeras y médicos marcharan a Miraflores) en relación con el 17, para que de un día al otro el, insisto, principal patrono del país decidiera otorgar un incremento general de salarios de 3.362% a los mismos a los que el día anterior se los negaba? Porque no se descubrió petróleo en Los Teques, ni el Gobierno acordó una restructuración de la deuda y una línea de crédito de $60 milllones. Las circunstancias son las mismas.

Y el anuncio no solo es demagógico: da miedo. Que en un momento como el actual, un Gobierno sin límites como este se ofrezca a pagarle el sueldo de sus empleados a un sector privado noqueado por tanta inquina durante dos décadas, debería provocar, como mínimo, un enorme arqueo de cejas de cualquier empresario.

De ahí a la estatificación masiva de empresas, luego de un fracaso anunciado, del que culparía al sector privado, maluco, saboteador, no hay más que un paso. Y el Gobierno podría intentar una maniobra así de artera, a pesar de lo evidentemente débil que luce en todos los campos.

3) Anclaje vs. flotación y tasa Dicom / casas de cambio autorizadas

Habla Maduro de que es el momento de que el bolívar flote, que compita con otras monedas, de “respetar el mercado”; todo esto suena bien. Pero entonces dice que el bolívar soberano estará anclado al petro, y que como cada petro tiene un valor aproximado de 60 dólares, un dólar serán 6.000.000 de los actuales, o 60 soberanos.

¿Por qué? ¿Quién lo decidió así? Evidentemente, no “el mercado”. Mucho más cuando anuncia que habrá tres subastas Dicom, sí, Dicom, semanales, hasta llegar a una diaria en tres meses. Y que se “autorizarán” tres (3) casas de cambio para todo el negocio de cambio del país. “Subastas Dicom”, “anclaje”, “casas de cambio autorizadas” y “mercado” no parecen caber en la misma frase.

Eso, por no mencionar lo mismo, el mismo error de diseño: ¿Con qué se financia esto? ¿Qué recursos sustentan “una subasta diaria de Dicom” para un Gobierno que no las hace regularmente desde 2014?

Y obviemos el siguiente detalle, ligeramente vergonzoso: en la misma cadena en la que Maduro se refería al “dólar criminal”, colocar el dólar, de salida, en 6 millones de bolívares, supera todos los guarismos de Dólar Today, Dólar Promedio, Air TM et alter. Quizás con la intención de que al ser la tasa alta, en los primeros días tienda a bajar y crear un shock de optimismo. Amanecerá y veremos si lo lograron. Pero no parece factible.

4) Incremento de la tributación vs. exenciones

Maduro sube en cuatro puntos el IVA, pero la hiperinflación significa, entre sus múltiples efectos perversos, que la recaudación real baja. Y que la la evasión se multiplica, porque llegado un momento, el despelote monetario es tan grande que se pierden las referencias.

En un entorno tan depauperado como el actual, lo que pueda recoger con cuatro puntos de IVA es marginal para sus necesidades, pero abre otro boquete en la línea de flotación de los más pobres y las clases medias.

Más allá del IVA, sin embargo, el Gobierno anuncia una serie de medidas para aumentar la tributación por Impuesto Sobre la Renta, sin recordar que uno de los anuncios que despertó más interés cuando Maduro comenzó a hablar del tema, fue, precisamente, el de una exención en términos muy generosos del ISLR por un año que al final pareció diseñada para que Pdvsa no tuviera que tributar en 2018 (acabando con el único ingreso en serio del Estado venezolano). ¿A quién le vas a cobrar si acabas de hacer casi una amnistía general?

Finalmente, está la creación del Impuesto a las Transacciones Financieras, que pudiera ser atractivo para el Gobierno porque se indexa a la hiperinflación. Pero igualmente, en medio de este desbarajuste y sin una política en serio de “cero emisión de dinero inorgánico”, las medidas tributarias no son más que wishful thinking.

5) Carnet de la Patria vs. aumento de la gasolina

El jefe de Estado anunció que se prorrogaba el censo de transporte para el nuevo mercado de la gasolina, el que (ahora sí) acabará con el contrabando a Colombia. Sus anuncios fueron deliberadamente vagos y casi evasivos (“ya veremos”, “yo no tengo apuro”, “plan piloto”, etc.).

Es decir, el anunciado aumento de la gasolina no se ve en el horizonte. Seguirá siendo regalada: Decir “yo no tengo apuro” cuando apenas minutos antes habías dicho que “cada año perdemos $10 mil millones por contrabando”, solo está al alcance de un chavista.

La extensión de plazos, también, indica la resistencia de buena parte de la población a inscribirse en el censo, por lo que el video donde muestra que solo se podrá obtener gasolina con el carnet de la Patria es parte de una estrategia, para decirlo sin ambages, de intimidación. La verdad es que incluso en Venezuela, negarle la venta de gasolina a quien no tenga el carnet es tan discriminatorio que no resiste un análisis.

Sin aumento de la gasolina, el contrabando solo crecerá. Y a pesar de que ha sido deliberadamente vago en sus anuncios, lo que se sabe del funcionamiento del mecanismo es que se le depositará a cada inscrito en el censo de transporte del carnet de la patria un monto para comprar un número determinado de litros de combustible (y esto es, como ha señalado acertadamente Maduro, un subsidio directo).

En principio, que Maduro busque que la mayor cantidad de gente posible sea subsidiada no tiene ningún sentido, porque está demasiado urgido de recursos. Nuevamente, lo atrasado del precio relativo tras 20 años de demagogia hace muy difícil un aumento que le permita al mercado interno del combustible ser rentable, o por lo menos, estar cerca del equilibrio.

En conclusión

Los anuncios de Maduro son irreales desde el momento en que ancla todo al Petro, un criptoactivo que la gente no comprende y que en la realidad no existe, porque también lo controla el Gobierno.

Pareciera un compendio de pensamientos mágicos (en algún momento de la alocución Maduro habla de “hicimos magia”), deseos, invocaciones, pero no un programa económico.

Sus aspectos perniciosos, sin embargo, son gravísimos. Fundamentalmente, porque el país, que estaba en hiperinflación, puede entrar en un proceso desconocido en las próximas horas. Y la hiperinflación, sumada al caos de servicios públicos, pueden desencadenar situaciones muy complicadas en los próximos días. Es un programa que, en resumidas cuentas, no contribuye a mejorar la situación, por el contrario, la empeora.

Además, es un programa que requiere un ingente respaldo económico. Uno que, aparte del FMI, solo podría prestar China. Y China no luce interesada. Por lo menos no en este momento. Tampoco se comprometería a establecer un satélite tan evidente en la costa sur del Caribe.

Quisiera uno ser optimista, pero esto parece condenado a un agravamiento muy rápido, y probablemente, a una presión social insoportable. Este Gobierno está demasiado entrampado, carece de credibilidad e internacionalmente es un paria. Nadie se quiere sacar una foto con él. Y los que pudieran querer no tienen cómo costear esto.

Así que lo que viene hará palidecer lo que hemos pasado.

17 de agosto de 2018

Noticiero Digital

http://www.noticierodigital.com/2018/08/analisis-nd-viernes-rojo-sin-par...

 8 min


Las medidas anunciadas la noche del 17 de agosto podrían hacer creer que, ¡¡al fin!!, Maduro reconoce la necesidad de rectificar sus políticas. Habla de “anclar” el bolívar, de “disciplina fiscal” y de “eliminar definitivamente la emisión de dinero no orgánico”. No se escudó en ninguna “guerra económica” para echarle la culpa a los demás. ¡Albricias! Pero Maduro escucha campanas sin saber de dónde vienen. Vamos por partes:

Anclar una moneda en una variable real --como pretende al relacionar el bolívar (soberano) con el barril de petróleo--, es siempre una apuesta riesgosa. La variable clave es la confianza, es decir, la credibilidad de que pueda sostenerse. De no existir, se generan expectativas adversas que terminan dando al traste con la medida: la gente acudirá masivamente a “cobrar” la paridad anunciada mientras dure, convencida de que el gobierno no tiene cómo sostenerla en el tiempo. Al forzarse la devaluación, se despilfarra esta “bala de plata” –única--, precipitando más desconfianza y mayor deterioro económico.

Además, con la torpeza que lo distingue, Maduro interpone como eslabón en tal anclaje al “petro”, moneda inexistente y ficticia que, de entrada, socava toda seriedad en su propuesta. Y al anunciar que el valor de este esperpento será de un barril de exportación de petróleo venezolano y equivaldrá 3.600 BsS., indica un tipo de cambio implícito que se acercaría a unos 60 BsS/USD[1], o sea, 6.000.000 de los Bs (“fuerte”) moribundos. Algunos dirán que ello es realista –por ahí se aproxima el dólar paralelo, pero lo cierto es que no es sostenible por los impactos de las demás medidas anunciadas.

Elevar el salario mínimo 60 veces, de BsS. 30 a 1.800 (¡medio palo, que digo, petro!), significará, de golpe y porrazo, la destrucción de la empresa privada, salvo que pueda resarcir este incremento en sus costos aumentando los precios de los bienes o servicios que producen. Simplemente, el cierre de empresas y la desaparición de empleos y fuentes de ingresos. La debacle total. Por otro lado, habrá de multiplicarse por similar proporción la masa salarial que saldrá a la calle buscando reponer el nivel de consumo perdido. ¿De dónde saldrá esa “bola de billetes”? Junto al aumento exponencial de la nómina pública, el estado habrá de subvencionar --dice Maduro-- el diferencial de sueldo de la pequeña y mediana industria durante los próximos tres meses. ¿Con qué ingresos?

El incremento en el precio de la gasolina –cuya magnitud todavía no se conoce—podrá aportar algo a las arcas públicas, pero Maduro insiste en que seguirá subsidiada para todo el que tenga “Carnet de la Patria”. Muy poco, entonces, se obtendrá por esta vía. Por demás, de aproximar el precio del combustible a su valor de exportación (costo de oportunidad), ¿de qué vivirán los que se benefician –fundamentalmente militares—de su reventa internacional? Un malabarismo imposible de sostener.

De la supuesta sinceración del tipo de cambio no esperemos nada, pues con la caída en la exportación de crudo y los compromisos externos del sector público –servicio de deuda, pago de gasolina, de solventes importados, etc.- sus cuentas externas resultan deficitarias, es decir, la devaluación aumentará más sus gastos en bolívares que sus ingresos... a menos que se posponga el pago de deuda externa. ¿Será que Maduro escogió esta opción por la vía del default? Porque en absoluto ha hecho referencia a negociar de manera creíble con la banca la restructuración de sus pagos de deuda.

Aumentar el IVA en cuatro puntos podría contribuir con mayores ingresos, pero con el colapso de la actividad económica que sufrimos, no será mucho. Por otro lado, una inflación de más de 100% mensual destruye el valor real de lo recaudado en muy poco tiempo.

De manera que subsisten todos los ingredientes para que se perpetúe un enorme déficit público, cuya única posibilidad de financiamiento previsible será, como siempre, la “maquinita” del BCV. Cierto que el nuevo tipo de cambio habrá de absorber liquidez, atemperando el impacto inflacionario, pero la mezcla anunciada de un precio implícito del dólar en BsS 60 y la permanencia de las subastas del DICOM hace prever que, en vez de avanzar hacia la unificación cambiaria, seguirán existiendo, por el contrario, varias cotizaciones. Ello, de paso, es para las mafias atrincheradas en el poder la razón de ser del control de cambio, pues les ofrece oportunidades inusitadas de lucro a través del arbitraje entre éstas. ¿A dónde apunta el gobierno, entonces, con su política cambiaria? ¿Cuál será su efecto sobre los precios?

De manera que la confianza, fundamento de toda viabilidad de medidas como las anunciadas, está todo menos que garantizada. Si el dólar paralelo ha aumentado más de 35 veces en lo que va del año, empujado por un incremento de la liquidez en proporción parecida, ¿Las medidas de Maduro estarán en capacidad de quebrar las expectativas hiperinflacionarias y atajar el derrumbe económico? ¿Con empresas que, además, están condenadas al cierre por no poder cubrir sus costos salariales?

Lo que no se le escuchó decir a Maduro y nunca se le escuchará, es que sus acciones buscan aumentar la productividad. No hay manera de sostener un incremento del salario –real—, por más loable que sea, si no mejora la productividad. Y no estamos hablando de propiciar la inversión productiva y la innovación tecnológica. No le pidamos peras al olmo. Se trata, simplemente, de propiciar un mayor aprovechamiento de las capacidades de producción de las firmas, actualmente utilizadas en sólo un 30%. ¿De dónde se obtendrán las divisas con las cuales importar los insumos y repuestos requeridos? ¿Acaso se negocian para ello créditos –que tienen que ser masivos— con los organismos multilaterales? ¿Qué demanda sostendrá este aumento de la producción con las distorsiones macroeconómicas y la hiperinflación que mantienen sus medidas? ¿Los servicios públicos –electricidad, agua, seguridad—están en capacidad de sustentar tal incremento? ¿Y la mano de obra especializada que Maduro ahuyentó a países que ofrecen remuneraciones dignas? ¿Dónde están las garantías jurídicas a la propiedad y procesales, la libertad de competir y de desarrollar la iniciativa privada, para incentivar una mayor producción?

Con las medidas anunciadas, la oligarquía militar y civil busca posponer el colapso inevitable del desastre que han engendrado, incluso aventurándose a desechar sus gríngolas ideológicas. Pero, como diría Maduro en sus enredos, “el que nace escaso … ¡ni que lo fajen chiquito!”. ¿Quién se va a comer el cuento de que van a desmantelar el sistema de controles y restituir al Estado de Derecho y las potestades de una Asamblea Nacional independiente para ofrecer un entorno económico de confianza que permita abatir la inflación y reactivar la producción? ¿Y sus “negocios”?

Es obvio que el régimen, en su huida hacia adelante para intentar evitar su caída y eventual enjuiciamiento, se colocó más allá del punto de retorno. Sólo es capaz de instrumentar medidas que destruyen aún más el país. El deber patriota es cómo acelerar su partida para rescatar las posibilidades de vida y recuperación de los venezolanos.

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

[1] El precio del barril de crudo se encuentra en torno a los USD 65, actualmente.

 5 min


Mahmoud Mohieldin, Anna Wellenstein

Para la mayoría de la gente pobre y vulnerable del mundo, los derechos de propiedad seguros, incluida la propiedad de la tierra, son un lujo pocas veces accesible. A menos que esto cambie, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) serán imposibles de alcanzar.

La propiedad de la tierra determina quién puede utilizarla, por cuánto tiempo y en qué condiciones. Los acuerdos de propiedad pueden estar basados en leyes y políticas oficiales y también en hábitos informales. Si esos acuerdos son seguros, los usuarios de la tierra tienen un incentivo no solamente para implementar las mejores prácticas para el uso que hacen de ella (prestar atención, por ejemplo, a los impactos ambientales), sino también para invertir más.

Se ha generado un consenso internacional respecto de la importancia que tiene la tenencia de la tierra segura para el desarrollo. En 2012, el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, perteneciente a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, respaldó las Directrices Voluntarias sobre la Gobernanza Responsable de la Tenencia como la norma global en este frente.

Sin embargo, la norma no está siendo aplicada de una manera suficientemente amplia. En verdad, solamente el 30% de la población mundial tiene derechos registrados legalmente a su tierra y sus hogares, mientras que es probable que en especial los pobres y los marginados políticamente sufran como consecuencia de una tenencia insegura.

En Rumania, por ejemplo, muchos romaníes tienen una tenencia de la tierra rural menos segura que sus vecinos no romaníes. De la misma manera, en el sudeste asiático, las tribus de las montañas rara vez tienen derechos legales sobre sus posesiones indígenas, que suelen estar situadas en bosques estatales.

En Zimbabue, un acuerdo de divorcio consuetudinario puede resultar en una asignación de todas las tierras y propiedades familiares (y hasta los hijos) al marido, mientras que la esposa tiene que regresar con su padre u otro pariente masculino. En Sarajevo, miles de departamentos han sido considerados ilegales debido a planos urbanos caducos y a la falta de permisos de construcción, lo que deja los activos más valiosos de las familias fuera de la economía formal.

Al sofocar el crecimiento económico, los sistemas de tenencia de tierras inadecuados perpetúan la pobreza y la marginación. Pero lo contrario también es válido: los derechos de tierras sólidos y ejecutados correctamente pueden impulsar el crecimiento, reducir la pobreza, fortalecer el capital humano, promover la justicia económica (incluida la equidad de género) y respaldar el progreso social de manera más amplia.

Es más, los derechos sobre la tierra seguros son esenciales para reducir el riesgo de desastres y construir una resiliencia climática, que es un imperativo urgente en un momento en el que el clima ya está propiciando más condiciones meteorológicas extremas –y más frecuentes-. Cuando esos desastres provocan un desplazamiento de la gente y destruyen sus hogares, los registros de tierras mantenidos correctamente ofrecen la base para una compensación y reconstrucción de albergues, y ayudan a las comunidades afectadas a lograr una mejor reconstrucción.

Pensando en la importancia de una propiedad segura de la tierra para el éxito de los ODS, el Grupo Banco Mundial ahora está trabajando con los países en desarrollo para mejorar sus sistemas de tenencia de tierras y expandir la cobertura de los derechos reconocidos y registrados legalmente. Por ejemplo, en las provincias Kalimantan y Sumatra de Indonesia, estamos ayudando a promover la estandarización de los derechos sobre la tierra, con una especial atención a las mujeres y las comunidades indígenas, definiendo al mismo tiempo los límites de los bosques estatales mediante métodos participativos para el mapeo y la registración.

Los esfuerzos del Grupo Banco Mundial ya han permitido que un millón de hectáreas de tierras indígenas en Nicaragua –más del 30% del territorio del país- sean demarcadas, certificadas y registradas, un proceso que ha beneficiado a algunos de los grupos más vulnerables del país. Esta iniciativa también apuntó a mejorar la capacidad de Nicaragua de responder de manera pronta y efectiva a las emergencias.

Hoy se están preparando nuevos proyectos en Mozambique y Tanzania para ofrecer acuerdos consuetudinarios con títulos comunales que garantizarán el reconocimiento legal de sus posesiones comunes, fortaleciendo de esta manera la protección y la administración de estos activos. En el período 2017-2019, se proyecta que la cartera de préstamos para inversión del Banco Mundial destinados a la administración de tierras y a la seguridad de la tenencia crecerá un 39%.

Este es un progreso importante. Pero concretar las metas esenciales de los ODS –que están plenamente alineadas con los propios objetivos duales del Grupo Banco Mundial de poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida- requerirá de un programa de inversión mucho mayor focalizado en fortalecer la tenencia de la tierra en todo el mundo en desarrollo. Con ese objetivo, el Grupo Banco Mundial está haciendo alianzas a nivel local, nacional y global para fortalecer los compromisos de los países y movilizar recursos para alcanzar el objetivo ambicioso de lograr derechos sobre la tierra y de propiedad adecuados para todos en 2030.

La tierra está en el corazón del desarrollo. Una tenencia de tierras segura es, por ende, vital para construir las comunidades inclusivas, resilientes y sostenibles que impulsarán el progreso económico y social en el futuro.

16 de agosto de 2018

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/land-tenure-serves-sustaina...

 4 min


I.

El Gobierno tiene una vieja pelea con la realidad. Se ha divorciado de ella y siempre se inventa un relato que la ignora, la corrige o la desmiente. Diríase que es fiel a los tiempos de la posverdad.

No es extraño, entonces, que ignoremos lo que sucedió el pasado 4 de agosto, el día de los drones golpistas, según lo recogerán, tal vez, algunos historiadores. Hay versiones para todos los gustos y conveniencias y hasta para todos los prejuicios. Se desdibujan los hechos y desconocemos, por tanto, si nos encontramos ante un acto inventado desde el gobierno, de un “atentado permitido y controlado” por éste o de una iniciativa terrorista de algunos opositores, con el agravante de que no se tienen instituciones fiables, capaces de aclararnos lo acontecido. Pero en cualquier caso habrá que señalar que fue un hecho peligroso, pues abona en la dirección de ubicarnos en terrenos de la anti política, dirección en la que el país lleva andando temerariamente varios años.

II.

Al rato, en cuanto se dejó de escuchar el ruido de las explosiones, el Gobierno determinó que se trataba de un “magnicidio en grado de frustración”, del que eran responsables la ultra derecha venezolana, el gobierno colombiano y el imperialismo norteamericano, molestos con nuestro país. ¿El motivo de esta molestia? Cito la opinión del Presidente Maduro, sin cambiarle siquiera una coma: “Yo estoy seguro que un elemento que los desespera mucho, mucho, mucho, estoy seguro es el programa de recuperación, crecimiento y prosperidad económica que he activado y que el 20 de agosto va a tener un momento especial con la reconversión monetaria y una reconversión económica, financiera y fiscal integral”. O sea, incomodados, entiende uno, ciudadano de a pie, por el cono monetario y la derogatoria de la Ley de Ilícitos Cambiarios

En pocas horas fueron identificadas varias personas y arrestadas de cualquier manera, al margen del debido proceso y del cuido de esos detallitos a los que obliga el respeto humano, corroborando, de paso, que el Estado de Derecho ya no es, entre nosotros, ni siquiera un disimulo. Imposible no mencionar, en este sentido, el indignante caso de la detención del Diputado Juan Requesens, humillado y maltratado por sus carceleros, según da cuenta un video que no ha sido desmentido.

El Gobierno se afanó, pues, en construir su posverdad. Elaboró un relato opaco a partir de verdades, medias verdades y mentiras, que le viene muy bien para justificar, vistas las agresiones a las que está supuestamente sometido, su talante autoritario, expresado en represión, miedo, control sobre la ciudadanía, que vacían cada vez más la democracia.

III.

A todas éstas, la crisis venezolana avanza y hace más dramática y compleja la existencia de la gente. La hiperinflación destruye todo lo que encuentra a su paso, pero es sólo una parte, la más aparatosa, sin duda, de la situación nacional. Esta se manifiesta igualmente en un rosario largo de otros aspectos muy relevantes: anomia, violencia, miedo, incertidumbre, impunidad, desesperanza, corrupción, desinstitucionalización … Un sociólogo diría, en resumen, que se ha fracturado el tejido social y la convivencia se ha vuelto muy cuesta arriba, se ha desvanecido el espacio común, se han debilitado los sistemas de arbitraje colectivo, no hay consensos sobre casi nada y el país pareciera circular por una calle ciega, todo en medio de un proceso que nos vuelve una sociedad cada vez menos civilizada.

Los problemas rebasan al Gobierno, no tiene ni siquiera como pensarlos en sus términos reales, los diagnostica capoteando su responsabilidad y, por supuesto, los encara mediante un guion desatinado. En suma, se encuentra atrapado en la Telaraña de las Grandes Palabras de la Revolución, fundamento de la narración de un país que es y discurre de otras maneras.

Por eso me parece que, después de todo lo ocurrido el día que volaron los drones en la Avenida Bolívar, lo que ahora cuenta es el cuento oficial, escrito para que el episodio sirva a los fines de que el Gobierno gobierne con el propósito de mantenerse en el poder, su casi única preocupación. Lo demás es apenas adornito y maquillaje, necesarios para guardar ciertas apariencias ideológicas, a fin de que las inconsecuencias políticas no se pongan muy de bulto.

El Nacional, viernes 15 agosto 2108

 3 min


Max Fisher

The Interpreter

Las crisis inflacionarias, como la que se cierne sobre Turquía, son negativas para cualquier gobierno, pero son aún más peligrosas para un subconjunto específico de gobernantes autoritarios: los tiranos populistas y caudillos.

Este grupo se distingue por una particular tendencia a crear este tipo de crisis, por su resistencia inusual a corregirlas y porque el proceso para recuperarse de ellas es mucho más lento. En promedio, sus países registran tasas de inflación más altas y sus monedas experimentan una mayor infravaloración artificial. Sus bancos centrales son menos independientes, por lo que a quienes dirigirían la política monetaria les es menos posible intervenir.

Antes del caso de Turquía, observamos cómo Nicolás Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, llevaron a Venezuela de la prosperidad a la ruina, en parte debido a una crisis inflacionaria.

Cuando este fenómeno se presenta en una democracia, por lo regular se remplaza a los dirigentes electos con otros nuevos que en algún momento logran controlar la inflación. En América Latina ha sucedido varias veces en Nicaragua, Chile, Perú y Argentina. Otros tipos de autoritarismo, ya sea que los encabece un partido, el ejército o la monarquía, pueden derrumbarse, como ocurrió en Brasil, aunque muchas veces tienen suficiente voluntad y flexibilidad para imponer alguna especie de reforma.

Debido a la relación que tienen con sus gobernados y sus aliados de las élites, así como su propio sistema de definición de políticas, los tiranos populistas difieren entre sí. Maduro imprimió más dinero, lo que agravó drásticamente la crisis. Una década antes, en Zimbabue, Robert Mugabe había hecho prácticamente lo mismo y los resultados fueron casi idénticos.

Aunque todavía no sabemos si el presidente turco Recep Tayyip Erdogan decidirá seguir el mismo rumbo, ya está repitiendo los patrones conocidos de un gobernante que, constreñido y guiado por su sistema, no siempre actúa de manera conveniente para el país en el largo plazo.

La crisis de Turquía, más que deberse solo a la concentración del poder en Erdogan, es un microcosmos de las patologías inherentes a su estilo de gobierno y al de otros tiranos populistas. Es un recordatorio de que, a pesar de que su sistema parezca ir ganando terreno en el mundo, conlleva riesgos particulares que, en general, hacen más probable que termine por derrumbarse el gobierno o el país.

Los peligros de la inflación

Todo dictador sabe que la inflación puede presentar riesgos a su permanencia debido a que disminuye su legitimidad a los ojos del público y hace enfadar a las élites del poder que esperan verse beneficiadas. Lo peor que puede pasarles a los dirigentes electos es perder el cargo (en la mayoría de los casos), pero cuando se trata de un Estado autoritario, lo más probable es que sencillamente se derrumbe.

En 1989, algunos trabajadores molestos por la inflación en China unieron fuerzas con estudiantes idealistas para organizar manifestaciones, a las que el gobierno respondió con una de las represiones más sangrientas de la era moderna.

La inflación puede ser tan peligrosa para los gobernantes autoritarios que es posible que también los obligue a aplicar reformas inimaginables en otras circunstancias.

Los dirigentes vietnamitas, ante el temor de que una ola de inflación durante la década de los ochenta pudiera acabar con el sistema comunista, adoptaron una economía basada en el mercado. El aumento repentino de la inflación en Irán, en 2013, agravó la inconformidad del pueblo a tal punto que el estricto líder supremo no pudo hacer nada para evitar que los electores llevaran a un candidato relativamente moderado a la presidencia.

Todas las formas de autoritarismo son susceptibles a este fenómeno: las naciones con un partido único (como China o Cuba), las monarquías (Arabia Saudita) o las dictaduras militares (Tailandia hoy; otros países en el pasado reciente).

Sin embargo, el problema de un tirano, un líder carismático que busca consolidar su poder y acabar con las instituciones que podrían oponerse a su control, es que puede desencadenar con más facilidad esas crisis y hacer más difícil controlarlas.

Cuando el crecimiento se vuelve peligroso

Lo anterior se debe en gran parte a las circunstancias que por lo regular permiten el ascenso de los tiranos al poder: una democracia plagada de fallas o, en algunos casos, un régimen militar o de partido único. Como consideran al viejo sistema como una amenaza, deciden desmantelarlo. En muchos casos, justo ahí comienzan los problemas.

“La incertidumbre acerca de lo que les depara el futuro puede incentivarlos a tomar decisiones negativas en el largo plazo”, aseveró Erica Frantz, experta en autoritarismo y catedrática de la Universidad Estatal de Michigan.

Conforme van deshaciéndose de instituciones y rivales, en detrimento de su propia legitimidad, aumentan su desesperación por lograr un mayor crecimiento y su ansiedad ante la posibilidad de no conseguirlo.

Muchas veces, esto los motiva a tomar la peligrosa decisión de gastar de más o, en el caso de Erdogan, obtener demasiados préstamos. Su gobierno alentó a las empresas a invertir de forma desmedida en préstamos denominados en divisas, que fomentaron un crecimiento económico tremendo, lo cual protegió la popularidad de Erdogan a pesar de las restricciones impuestas a los derechos políticos. Por desgracia, esa situación también preparó el terreno para la crisis monetaria que acaba de estallar.

Si se tiene la percepción de que el banco central de una dictadura es creíble e independiente, es más fácil contener la inflación.

China tampoco ha sido ajena al derroche en proyectos de infraestructura y a la sobreinversión. No obstante, las dictaduras a cargo de un miembro de la realeza afianzado en el poder, el ejército o una burocracia partidista cuentan con un elemento que los caudillos muchas veces ansían destruir: las instituciones.

Aunque las instituciones autoritarias no sean nada justas, por lo menos son predecibles y, hasta cierto punto, pueden ser independientes. Por lo tanto, tienen más posibilidades de manejar o prevenir problemas, en especial, el banco central.

De acuerdo con investigaciones, si se tiene la percepción de que el banco central de una dictadura es creíble e independiente, es más fácil contener la inflación. Por el contrario, si se cree que el banco central es susceptible a intervenciones políticas arbitrarias o erráticas, como muchas veces es el caso de las instituciones de los sistemas dominados por caudillos y tiranos, entonces la inflación puede dispararse sin control.

Líderes como Chávez o Erdogan, quien designó ministro de Finanzas a su yerno, tienden a inmiscuirse en los asuntos de sus bancos centrales, no solo para promover el crecimiento a corto plazo, sino por su tendencia a percibir a las instituciones independientes como una amenaza y no como colaboradores. En cuanto aumenta la inflación, tenemos una señal de que algo peor se avecina.

Cómo crean crisis los caudillos

Este tipo de dirigentes también socavan sus economías de otras formas. Según un estudio realizado en 2008, la inflación tiende a subir cuando se erosiona el sistema legal de un país.

Incluso si el Estado de derecho se debilita solo en unos cuantos sectores, sus efectos alcanzan al banco central, cuyos encargados comienzan a comportarse como secuaces leales o temerosos más que como custodios independientes.

Las dictaduras burocráticas, como la de China, por lo regular intentan reforzar su sistema legal para cimentar su autoridad, incluso si esos sistemas legales exhiben profundas fallas. Sin embargo, los dirigentes como Erdogan, quien se deshizo de muchos jueces en su país, tienden a ver al poder judicial como una amenaza.

En cuanto aumenta la inflación, tenemos una señal de que algo peor se avecina.

La administración económica de los caudillos tiende a ser menos competente, por lo que es más probable que cree una burbuja o genere deuda en vez de crecimiento. Los funcionarios de menor rango saben que su principal obligación es complacer y glorificar al líder, así que son más propensos a prometer más de lo que pueden hacer o a disfrazar errores. La lealtad está por encima de la competencia.

En consecuencia, muchas veces los tiranos no solo gastan de más o piden demasiados préstamos, sino que lo hacen de manera errática e imprudente, casi sin intervención de los bancos centrales ni de otras instituciones. Pueden sumirse en crisis que otros países por lo menos tratarían de evadir.

Un sistema político de gran riesgo

La relación del caudillo con las élites de poder puede agravar la situación. Maduro, por ejemplo, comenzó a temer más un golpe de Estado cuando la economía empezó a debilitarse, así que canalizó muchísimos recursos a los dirigentes militares y a unos cuantos miembros de los grupos de poder con los que podía contar.

Debido a que los caudillos y líderes autoritarios se dedican a acabar con sus rivales, por lo regular solo cuentan con el apoyo de algunos miembros de la élite de su país, así que necesitan mantenerlos contentos. Esta situación puede distorsionar la economía, ya que esas personas por lo regular pertenecen a sectores que eran lucrativos, pero quizá se han vuelto obsoletos. La afición de Erdogan por la construcción, el sector que recibió gran parte de los préstamos, podría ilustrar este punto.

Durante años, varios analistas pensaron que este patrón podría ser la perdición de China. Sus figuras más poderosas controlaban enormes imperios del acero y la construcción, que se vieron beneficiados gracias a políticas nada coherentes con las industrias de consumo necesarias para que el país lograra la transición de su economía. Muchos dieron por hecho que los viejos industrialistas impedirían los cambios.

Por el contrario, las autoridades metieron en cintura a los barones del acero, una medida que puede tomar con más facilidad una amplia burocracia autoritaria que un tirano solitario preocupado por su círculo cercano. Incluso Arabia Saudita, una monarquía con sus propios grupos e instituciones que tiene varios problemas, ha aplicado reformas que son desfavorables para una determinada vieja élite.

New York Times

16 de agosto de 2018

https://www.nytimes.com/es/2018/08/16/inflacion-turquia-liderazgo/?actio...

 7 min


Daniel Gascón

El concepto de apropiación cultural no es el más peligroso de los que surgen de las políticas de la identidad, pero quizá sea el más empobrecedor. Los editores de la revista The Nation pidieron disculpas por publicar un poema que utiliza rasgos dialectales asociados a los negros. Scarlett Johansson recibió críticas porque iba a interpretar a una transexual. La actriz Ruby Rose sufrió un escrache en Twitter porque pretendía encarnar al personaje de Batwoman, pero al parecer no era lo bastante judía ni lesbiana para hacerlo. Otros protestaban porque Disney ha escogido a un heterosexual para interpretar a un personaje gay. En España, la cantante Rosalía ha sido acusada de apropiarse de la cultura gitana.

Aunque los casos son diferentes, el procedimiento es el mismo: un grupo se arroga en exclusiva un estilo o un tema. Como es un grupo que ha sufrido o sufre opresión e injusticias, somos indulgentes con su intento de limitar la libertad de expresión. A veces, la condición de víctima se ve como una línea de crédito inagotable.

La idea de apropiación cultural muestra una incomprensión del funcionamiento de la cultura, que vive de préstamos, mezclas, parodias y reinterpretaciones: la cultura siempre es apropiación cultural; las formas puras no existen.

Propone un mundo literal: es un movimiento contra la imaginación. Postula que no podemos imaginar la experiencia de los demás: debes callar y escuchar, sin que importe que lo entiendas o no, como en una ceremonia para una deidad ajena. Esa imaginación —que es estética pero, como han explicado Richard Rorty o Lynn Hunt, también moral— nos permite comprender a los demás y conocernos a nosotros mismos: es una forma de exploración y una manera de escapar de un destino preasignado.

Pero puede haber otra manera de mirarlo: quizá los que rechazan la ficción y la representación tengan parte de razón desde su punto de vista. Quienes han convertido su identidad en una representación absolutamente seria no pueden aceptar la representación lúdica: muestra que esa identidad unidimensional tiene algo de impostura y de kitsch, y que hay un elemento de falsedad en ese mundo que ha convertido lo auténtico en un fetiche.

@gascondaniel

El País

17 de agosto 2018

https://elpais.com/elpais/2018/08/16/opinion/1534421433_487492.html

 1 min


Alberto Hernández

nicas del Olvido

-a mi hija Tatiana, periodista-

I

Por ahí va, sí, por ahí va la cosa. Se trata de gases del oficio en medio de un torbellino del que emergen todos los presentimientos. Sí, eso de ser periodista en estos tiempos que trotan sin parar por el asfalto de esta realidad tan incómoda, en la que hay que entender que el lead debe reponernos del empellón del cuerpo que finaliza en cola. Pero nada del otro mundo con aquello de las pirámides invertidas, que los faraones nada supieron de estos asuntos tan vanidosos.

Y si de gases se trata, morigerar la dieta de informaciones que nos arrancan tantos imperativos, frases casi elocuentes y una que otra palabrota para aliviar el desgano de una pauta en pleno desarrollo de los eventos.

Ser joven o adolescente en estos momentos podría parecer trágico, pero es todo lo contrario. Vivimos tiempos buenos para aprender y aprehender de lo que sucede. Mirarnos en los ojos de quien quiere titularnos la vida con su mediocridad y hasta hacer de nuestro corazón un intertítulo desagradable. Trabajar con tesón, pero sobre todo con pasión y dejar atrás las malas noticias. Es decir, tratar de que en el momento del oficio no ser más importante que la información, pero sí destacarse para ser parte del desempeño de nuestras pequeñas historias. El oficio exige trasnochos, sobresaltos y mucho cariño por la lengua que escribimos y besamos. Saborearnos con las palabras, hacernos parte del texto que forjamos, sin miedo alguno.

II

Hay otros gases que no tienen oficio, pero podrían hacerse parte de lo que confundimos con la verdad. Esta es tan noble que se multiplica. Ver una fotografía es intervenirla. Con sólo leer el reportaje, ya éste es otro en nuestro imago. Elan vital, no somos una verdad sino muchas, aunque debemos acogernos a la que nos ponen frente los ojos y decirla, sin trucarla. Sin soplarle cosas al oído. La verdad es tan delicada que no le gusta verse al espejo. Pero cuando el del oficio hace opinión o ensayo, vaya la verdad de quien la inventa, la re-crea, la hiperboliza, la acaricia o la borra.

Gases del oficio, un trauma estomacal, por aquello del friíto que entra cuando nos toca por vez primera entrevistar, o iniciar la pauta, redactar la noticia, porque buscarla es la aventura, la verdadera, la que incita a moverse con todas la teclas por el lomo de la realidad, tan perversa ella, tan estúpida. Pero ese es el oficio, tratar de dignificar la realidad sin atender al público de galería que aúpa sin saber por qué.

Multípara, la verdad gana terreno en boca del periodista, del que sabe que tiene en sus manos un diamante en bruto. Darle forma, con la elegancia que pueda imprimirle el estilo, o la coloquialidad de nuestro humor.

En estos días de Internet y digitalización, algunos “bajan” la información y ni la tocan. Ni siquiera la leen. La pasan, la distribuyen en su sección, y sale, como sale en el resto de los medios de la competencia. Se trata de darle la forma del intelecto, pero también la del espíritu. En eso se nos va la pasión, porque ella y sólo ella es la protagonista de estos gases del oficio periodístico, sin miedo alguno.

III

La sonoridad de las palabras, la hondura de sus pasos, la riqueza de sus significados, el don de saborearlas y hacerlas parte permanente de los sueños, la duermevela y la realidad. Allí está el más importante rasgo de este oficio, en el que muchos van y vienen, otros se desperezan y algunos verifican la inutilidad de saberse lejanos.

Y sin miedo alguno, decir. Escribir, como decía un viejo camarada del oficio, Kotepa Delgado, “escribe que algo queda”, y mientras el aliento nos alargue la vida, seguir haciéndolo, con los libros de cabecera y hasta en los pies, que no estorban.

Otros, fantasmas de la academia, estrujo vocinglero de quienes tienen en la universidad un preescolar, aguzan sólo oído para placerse en el cuerpo. Espíritu convertido en carnet de afiliado que perdió el nombre de tanto manosearlo en grupos de fervor efímero.

Y si de culminar este asunto se trata, no hay último párrafo en este trabajo, tan afanoso que el viejo Aristóteles concibió casi eterno en el esquema de su flujo y reflujo de imágenes verbales. Nada termina, como la materia. La verdad se transforma, se hace otra verdad, o termina siendo una mentira desastrosa. Sin miedo alguno, derrotarla.

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