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Opinión

Lester L. López O.

Apreciación de la situación política # 135

La realidad venezolana es tan inmensamente caótica que es difícil, para el común de la gente, percibirla en su total magnitud, pero para los más especializados tampoco resulta fácil ya que la multiplicidad de factores intervinientes impide hacer un seguimiento medianamente actualizado. Quizás una de la más importante es la inminente paralización de la administración pública por la sencilla razón de que los empleados públicos (y los privados también) no tienen el efectivo para pagar el transporte diario, otros, simplemente sacan sus cuentas y entienden que con esos salarios no tienen asegurado el pan para su familia y prefieren que lo boten del trabajo, si los botan, que seguir trabajando en el mismo, o con las subvenciones de los programas del régimen pueden sobrevivir sin ir a trabajar.

Pero el problema mayor es que con la hiperinflación galopante, ya el presupuesto anual de la administración pública se agotó. No hay dinero ni para asegurar la nómina, por lo que hay que recurrir al perverso sistema que está implementando el régimen de las transacciones virtuales, que cada día lo vuelve más obligatorio. De allí que la implementación del Petro es como una tabla de salvación para ellos, pero que no están seguro en que va a terminar eso. Ahora se anuncia un nuevo signo monetario con tres ceros menos para junio. Toda una rochela financiera que no logra ocultar la mayor debilidad del gobierno: que no tiene divisas fuertes para salir de la crisis que han creado.

Por otra parte, la degradación ilegal y sin fundamento jurídico de oficiales de alta graduación retirados y la mayoría exiliados, la detención de comandantes de unidades operativas bajo el cargo de conspiración contra el régimen, pero también la captura de militares en actos delictivos en flagrancia revela que al interno de la FAN no es que hay descontento, que los hay, sino un tremendo desorden y descontrol de los mandos que puede tener consecuencias imprevistas.

En el sector salud y educativo, el caos no es menor, los médicos y los educadores no asisten a sus trabajos porque no tienen con que, como se mencionó anteriormente. La deserción estudiantil universitaria y media, ya es angustiante para una persona que esté pensando que si cambia el gobierno este año el país se pueda recuperar prontamente. Los empresarios y comerciantes que quedan tienen un pie en el país y otro en el extranjero, las colas de jóvenes, que nunca han vivido en democracia, en los registros y notarías públicas apostillando sus documentos para irse del país es francamente desesperanzador.

Pensar que con este caos este país, o cualquier otro, pueda funcionar tres meses más sin que se produzca una alteración grave del precario orden social que aún queda, no es una opción que hay que desechar.

En este escenario, el gobierno sigue su guion preconcebido mayor a tres meses, el candidato de Nirgua sigue en su campaña electoral con gran entusiasmo, aunque le negaron las garantías electorales que exigió para seguir la ruta electoral y las otras oposiciones están tratando de organizarse para ver si, finalmente, presentan un plan viable alterno a su no participación en los fraudulentos comicios.

Los tres como que tienen una cosa en común que no tenemos los otros venezolanos: tiempo para sus planes particulares.

@lesterllopezo

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José Rosario Delgado

Esta dictadura roja y refloja, militar y militarista, se caracteriza desde su aparición como golpista y abstencionista. Su desgraciada aparición en aquel escenario antipolítico el malandro supremo la hizo a través de un golpe de estado, y desde el malhadado momento en que fue sobreseída su causa inició una campaña anti Voto, promoviendo a troche y moche la abstención, gritando y llamando a los cuatro vientos que se tiró sobre la Constitución a que no se debía Votar.

Con el execrable mensaje militar y militarista extendido por todo el país, quienes le acompañaban en su patraña y campaña abominable justificaban su vómito vituperando al “adeco-burgués” Pacto de Punto Fijo como montado sobre elecciones para someter al pueblo a los caprichos del capitalismo e imperialismo yanquis sólo para llevarse los recursos naturales, petróleo, y las reservas auríferas y ferrosas para satisfacer sus ansias económico-financieras.

Ese manido discurso comunista del felón militar y militarista fue el que caló entre la mayoría de los venezolanos que votaron ciegos, sordos y mudos que hoy se quejan no del gobierno ni de la ruina donde nos ha llevado, sino de esa metida de sus cuatros patas, al tiempo que mantienen firmes en su cerebro el abstencionista mensaje que los sedujo y los condujo a creer en los pajaritos preñados que les pintó el sátrapa en ciernes.

Sólo la oportunista ingenuidad del buenazo de Luis Miquelena logró orientar al militar y militarista sobre lo fácil que sería acceder al poder mediante el confiable sistema electoral y la probada y comprobada cultura democrática venezolana; es decir, con palabras de Lenin, ahorcar a los demócratas criollos con sus propios mecates, la lección doctrinaria que alienta y alimenta la perversidad genética de quienes hoy detentan el poder por el poder mismo.

¿Cómo les parece? Ahora, quienes quieren salir de este nefasto y tiránico régimen militar y militarista por cualquier vía pretenden cerrar y desechar alegremente y a la ligera la puerta electoral porque el sistema, el que tiene 20 años utilizándose, no funciona, es poco o nada confiable, no les sirve, no ofrece las garantías exigidas, etcétera, sin tomar en cuenta que lo poco confiable y que no funciona es el agotado y desgastado liderazgo opositor que cada día que pasa tropieza con la misma piedra y con la misma pata.

A estas alturas, cuando apenas empieza el escarceo electoral, el militar y militarista régimen de la infamia, presa del miedo, comienza a hacer aguas, la oposición canta el No Votar como punta de lanza, como eslogan de lucha, asumiendo de una vez posiciones que en cualquier momento podrían cambiar porque no es maña la vieja costumbre de votar que durante 70 años utilizan los venezolanos para dirimir sus desencuentros políticos.

La oposición vuelve a la cabilla virtual y al niple digital para hacerse sentir, para hacer saber que existe, pero con mensajes contra la naturaleza misma de la democracia en un momento en que no se trata de llevar al candidato a la presidencia de la república, sino de sacar a una dictadura militar y militarista que poco a poco trajo esta situación de hambre y miseria y aceleradamente lleva a la ignominiosa degradación existencial.

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Simón García

La gente en la calle clama, con rabia y desesperación, ante la crisis de todo, que hace insoportable la vida de cada uno. Fuenteovejuna murmura el nombre de un mismo culpable: Maduro. Los analistas y las diversas encuestas muestran un porcentaje asombroso de personas que, si fueran a votar, propinarían una derrota Guinness al gobierno del hambre.

Buena parte de los opositores se preocupan de las condiciones ventajistas, del repertorio de arbitrariedades y trampas que habrá que doblegar para que la determinante voluntad de cambio no sea escamoteada. Es un catálogo que conocen bien los que han cubierto mesas por la oposición y las organizaciones con experticia, en defensa del voto y observación electoral, que fueron soportes de la victoria unitaria en las elecciones de 2015. Su ayuda es ahora más necesaria que nunca porque las jiribillas vienen en talla extra-larga.

Pocos se ocupan de las condiciones en las cuales tendrá que participar un gobernante acosado por el fracaso, repudiado internamente por el propio chavismo, con una cúpula en guerra por algún botín, aislado internacionalmente y desenmascarado en el club de hinchas que lo veían como un proyecto de justicia social y ahora se espantan ante los primeros vagones de un tren de delincuentes. El 80% de la población valora negativamente la gestión y el 75% está dispuesta a castigarlo electoralmente. Dos condiciones que licúan un triunfo oficialista aún si marca las barajas.

El país está a un paso de lograr lo que ha deseado durante años, muchas veces prometido y siempre esfumado. Es cierto que hay inconvenientes como la divergencia de los cuatro partidos ejes de la MUD que exigen determinadas condiciones para participar y la posición de Henri Falcón quien, con el apoyo de tres partidos de fuerza modesta, está luchando por cambiar las condiciones a un punto que permita despedir a Maduro y sus políticas económicas en dos meses.

Pero las frustraciones, la pérdida de credibilidad en líderes, el desgaste de la confianza producida por campañas del gobierno para debilitar a la oposición y enfrentarla entre sí, han hecho mella en la certeza del cambio. Buena parte de la oposición se distribuye entre los que dudan en ir a votar y quienes han perdido toda esperanza en el voto.

El obstáculo que bloquea la victoria es la abstención. Un campo minado que puede hacer estallar la realización de un cambio de presidente y de modelo, a menos que se desarme con inteligencia y dedicación. Si no, esa extensa ausencia de política que es la abstención, amputará el ejercicio del voto y sustituirá la posibilidad de cambio por una irresponsable indiferencia.

La situación es compleja, dinámica y acelerada. Una ventaja es que los principales partidos no sean doctrinariamente abstencionistas. Otra, el lugar que va tomando la idea de que se le puede ganar a Maduro, una condición que la dictadura jamás soñó que se llevaría por delante a todas las otras que inventó para sacar a la oposición del campo electoral y una vez separada, disparar a una y otra parte. Pero las balas se le están convirtiendo en un bumerang de votos.

@garciasim

marzo 20, 2018

https://polisfmires.blogspot.com/2018/03/simon-garcia-el-pais-un-paso-del-cambio.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+blogspot/xSpmE+(POLIS)

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La situación del país es muy delicada, la crisis económica y social no hace más que profundizarse con sus nefastas consecuencias para la calidad de vida del ciudadano común. No podía esperarse otra cosa en vista de que el régimen está superado por la misma y solo atina a reproducir las políticas que la han causado. Maduro afirmaba hace unos días: “el capitalismo no es la alternativa la alternativa son los CLAP”.

Tan delicada y grave es la coyuntura que el Gobierno parece tener serios problemas en el ámbito castrense, cuya evolución se antoja impredecible.

A lo anterior hay que sumarle que cada día que pasa se confirma la condición fraudulenta de la mega elección convocada para el 20 de mayo. El régimen pretende cumplir con la obligación de realizar este año comicios presidenciales mediante un proceso electoral carente por completo de los procedimientos, condiciones y garantías que establece la legalidad vigente para que los mismos sean libres, justos, competitivos y transparentes.

En diversas ocasiones voceros importantes del oficialismo, incluyendo a Maduro, han declarado públicamente que solo convocarán elecciones cuando los favorezca; ahora le ha tocado a la presidenta de la Constituyente quien afirmó la semana pasada: “más nunca entregaremos el poder político”. Mayor claridad imposible.

Tanto la comunidad internacional democrática como la mayoría determinante de la oposición democrática han condenado y rechazado la farsa electoral de marras.

Las fuerzas democráticas han decidido no participar y oponerse activamente mediante la conformación de un frente nacional que agrupe a todos los sectores del país opuestos al régimen y partidarios de unas verdaderas elecciones que permitan la manifestación de la voluntad ciudadana y abran paso a la superación de la crisis.

Ambas decisiones son apropiadas y también las que más daño hacen al oficialismo. El país espera del frente amplio una política y una estrategia unitaria y eficaz para derrotar al régimen. En cuanto a qué hacer de cara al 20 de mayo han surgido diversas propuestas destinadas promover una amplia movilización nacional en ese sentido.

El plan de lucha que se decida – y debe ser pronto- deberá estar impregnado de realismo político, eso quiere decir que no hay plantearse objetivos inalcanzables. Lo viable es deslegitimar aún más la farsa del 20/5 y lograr que la mayoría abrumadora no asista a las urnas. Las fuerzas opositoras no están en capacidad de impedir la realización del proceso, solo un pronunciamiento o presión castrense puede lograrlo.

Coincido con quienes han propuesto como eje central de la movilización contra el fraude realizar una consulta nacional y ciudadana similar a la magnífica jornada del 16 de julio pasado, pero de mayor envergadura, participación y organización. El centro de la consulta sería un cuestionario con una pregunta sobre la continuidad de Maduro en la Presidencia.

Orientar la movilización ciudadana hacia una consulta de ese tipo tiene varias virtudes, entre otras: permite enfrentar al fraude de manera activa y pacífica, es ampliamente convocante, estimula la participación militante de la ciudadanía en la promoción, organización y realización del evento y por último pero no menos importante evita que las posturas vanguardistas y violentas tomen cuerpo.

Sería una especie de contra campaña electoral usando todos los recursos y actividades propias de las mismas: propaganda, actos, recorridos y todos aquellos eventos posibles y necesarios.

Hay quienes con razón se preocupan por el pos 20/5 y sobre qué hacer. Todo dependerá de lo que finalmente ocurra ese día y lo más probable es que la resistencia se incremente. Es responsabilidad del frente considerar los posibles escenarios y los cursos de acción a seguir.

Caracas, 20 marzo de 2018

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En un encuentro celebrado en Madrid el pasado miércoles, presentamos a Luis Almagro, Secretario General de la OEA, el informe sobre el impacto de la corrupción en la violación de derechos humanos (DDHH), que pronto publicaremos con valiosos aportes de expertos académicos y políticos internacionales, gracias al apoyo de la Dra. Mariela Morales Antonazzi del Instituto Max Planck de Alemania.

Ampliamos así el debate sobre el vínculo entre la corrupción y la violación de DDHH que iniciamos en 2013 con la publicación del libro Estado Delincuente: Cómo actúa la delincuencia organizada en Venezuela, y luego en 2015 con El Gran Saqueo: Quiénes y cómo se robaron el dinero de los venezolanos. En ambos libros presentamos propuestas de Ley: una para la transparencia y el buen gobierno, y otra para la recuperación de los bienes vinculados a la corrupción.

Ratificamos: La crisis humanitaria que hoy azota a Venezuela no se debe solo al fracaso de un modelo político obsoleto, sino también a la forma como la corrupción y la impunidad se adueñaron del país.

Coincidimos con Luis Almagro en que la OEA y la ONU deben establecer acciones menos declarativas y más contundentes para minimizar el impacto que tiene la corrupción sobre los DDHH.

El Dr. Almagro, al frente de la OEA, ha puesto en el tapete con firme compromiso, la crisis humanitaria venezolana, resultado de la dictadura del hambre y la corrupción de Maduro. Quiero transcribir algunas de las palabras que pronunció en un emotivo acto realizado en Madrid al recibir el premio FAES de la Libertad, que reflejan la dramática situación que sufre Venezuela:

“La corrupción y la incapacidad del régimen de Maduro han ocasionado una crisis humanitaria de graves consecuencias donde casi cinco millones de personas apenas hacen una comida al día y todos los días mueren de desnutrición entre 5 y 6 niños (…) La mortalidad materna ha aumentado en un 66% por falta de suministros médicos para proporcionar los tratamientos más básicos, y en 2016 murieron siete bebés cada día antes de cumplir un año de edad”.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó el viernes pasado una resolución considerando que “la corrupción es un complejo fenómeno que afecta los DDHH en su integridad – civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales-, que debilita la gobernabilidad y las instituciones democráticas, fomenta la impunidad, socava el Estado de Derecho y exacerba la desigualdad”.

En nuestro diálogo con Almagro insistimos en sumar esfuerzos por la unidad de todos los venezolanos para alcanzar un desenlace viable que saque al país de manera urgente del abismo en el que se encuentra.

La fuerza es la unidad: De frente en todos los frentes

20 de marzo de 2018

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante Oficial

Web: www.carlostablante.com

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El 20 de febrero 2018, el padre Luis Ugalde invitó a los dirigentes políticos y a todas las organizaciones sociales, a superar las diferencias e intereses y activarse para “salvar al país” exigiendo elecciones democráticas este año y la construcción de un frente nacional.

Además, el padre Ugalde destacó que el desafío del presente es levantar, entre todos los actores, las bases de la gobernabilidad y la reconstrucción nacional a los fines de “pasar del caos y la muerte a la vida para todos”[1].

“La gran unidad, es la única posibilidad que tenemos para salir de esta catástrofe”, afirmó Ugalde el 15 de marzo de 2018, y valoró los encuentros realizados en la UCV y en el Centro Cultural Chacao, como un “despertar esperanzado de Venezuela que se pone de pie para marchar de la muerte hacia la vida libre y digna[2]”.

El Frente Amplio aspira a unir a todos los actores de la sociedad civil, a los fines de rescatar la democracia, cambiar al Presidente y el modelo anticonstitucional que se nos ha impuesto, tal y como expresamente lo señala el propio Manifiesto del Frente Amplio Venezuela Libre del 8 de marzo de 2018.

No cabe duda de que hay consenso entre todos los actores de la sociedad civil sobre la necesidad de exigir el libre ejercicio del voto, para que a través de la soberanía popular se cambie al Presidente, y se facilite el camino para el reencuentro entre los venezolanos y hacia la reformas políticas, sociales y económicas que el país reclama para salir de esta grave y aguda crisis.

Todo parece indicar que la reconstrucción del país se convierte en una suerte de pegamento para el Frente Amplio Venezuela Libre, pero para que el mismo sea suficientemente resistente, es urgente restaurar niveles óptimos de confianza entre todos sus actores, a los fines de facilitar la suficiente cohesión social entre los integrantes del Frente para generar la credibilidad necesaria para convocar a todos los venezolanos hacia la transformación política del país.

El Frente Amplio Venezuela Libre claramente es una iniciativa que intenta superar la desconfianza ciudadana hacia los partidos políticos y su dirigencia, pero preocupa que los días van pasando y desde la acera de enfrente no se percibe una estructura organizativa concreta y, menos aún, una hoja de ruta a corto plazo que no sea la tradicional estrategia de movilizarnos por una estricta razón electoral.

La MUD como plataforma electoral y aquel Frente Nacional de la Defensa de la Constitución[3] impulsado en el 2017 por la Asamblea Nacional, deben servirnos de experiencia para entender que esa unidad política y social que la gran mayoría exige, necesariamente debe superar una estrategia estrictamente electoral.

La hoja de ruta electoral debe complementarse con una estrategia política y social, que reivindique el ejercicio de la política, la noción de ciudadanía y la vigencia de la Constitución, todo ello enmarcado en el artículo 333 de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela.

Esa estrategia política y social no debe limitarse a la protesta pacífica, por el contrario, debe complementarse con una acción política concreta, que sea capaz de sembrar esperanza, a través de la construcción de consensos básicos para un Gran Acuerdo Nacional por la Reconstrucción del País, que como documento público reitere a los gobiernos del mundo la decidida voluntad de reconstruir el país en un marco de unidad electoral, política y social, expresada en un compromiso nacional.

Pensar en un Gran Acuerdo Nacional aprobado por la Asamblea Nacional, como producto de un debate nacional previo, en cuyo contenido se legitime el Frente Amplio Venezuela Libre –reivindique la Asamblea Nacional y presente los consensos sobre las líneas programáticas generales para abordar en un futuro Programa de Gobierno para la Reconstrucción Nacional– podría ser un ejercicio político importante a los fines de sembrar esperanza y restaurar niveles básicos de confianza entre todos y cada uno de los actores que integran el Frente, y entre éste y la sociedad civil en general.

Un Gran Acuerdo Nacional por la Reconstrucción del País, además, vendría a ser un instrumento útil para alimentar el espíritu democrático que debe inspirar la acción y la movilización política-electoral.

Las piezas del rompecabezas llamado Gran Acuerdo Nacional para la Reconstrucción del País, están allí al servicio del país, lo que hace falta es definir quién o quiénes son los actores que facilitarán el proceso político para la construcción de ese rompecabezas.

Pareciera que la Conferencia Episcopal Venezolana y los rectores de las Universidades, son los actores más adecuados para asumir la noble tarea de facilitar ese proceso político de construcción de los consensos básicos sobre los lineamientos generales para reconstruir a Venezuela, que luego sean registrados para ser aprobados en un Gran Acuerdo Nacional.

Es claro que una pieza fundamental es la Asamblea Nacional, que como único poder público legítimo, puede en el marco constitucional revestir ese proceso político de debate en un Gran Acuerdo Nacional. Por su parte, la sociedad civil puede, a través de asambleas de ciudadanos o cabildos abiertos donde sea posible, validar ese acuerdo demostrando políticamente que hay unidad nacional y reivindicando así la vigencia de la Constitución.

Las distintas exigencias programáticas de los actores sociales se convierten en piezas efectivas de ese mismo rompecabezas. En tal sentido, si comparamos la Proclama de la Sociedad Civil, presentada el 6 de marzo en la UCV, con el Manifiesto del Frente Amplio Venezuela Libre, presentado el 8 de marzo de 2018 en el Centro Cultural Chacao, se puede identificar con claridad el consenso de todos los actores en la necesidad de priorizar el tema de la ayuda humanitaria y la transformación económica del país.

Hay una pieza útil de ese rompecabezas que no debería perderse de vista, pues resulta uno de los documentos útiles para la discusión y el debate político nacional sobre un Gran Acuerdo político y social, ese documento es el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad que fue presentado por la Unidad Democrática el pasado 19 de julio 2017.

Si empezamos a unir las piezas, encontraremos que incluso la propuesta programática que Soy Venezuela ha divulgado por los medios sociales, resulta complementaria a las propuestas o exigencias de la sociedad civil en su proclama del 6 de marzo y a las mismas propuestas presentadas en el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad del 2017. En otras palabras, no son contradictorias y menos aún incompatibles.

Si cada pieza se pudiera unir en una suerte de agenda para el debate de un Gran Acuerdo Nacional político social, como base o pegamento para el Frente Amplio Venezuela Libre, el resultado de la comparación de las distintas propuestas podría resultar de la siguiente manera:

Situación humanitaria: con énfasis en salud y alimentación.

Economía: superar hiperinflación, desarrollo productivo, mejorar salarios. Autonomía del Banco Central de Venezuela. Economía de Mercado Abierto.

Reinstitucionalización del país: BCV. Separación de poderes. Recuperación del Senado de la República. Refundar la justicia. Recuperar la confianza en la FANB. Reivindicar la participación ciudadana.

Modelo federal descentralizado: Reconocimiento de los actores regionales y municipales. Descentralización.

Electoral: No reelección, segunda vuelta presidencial.

Política internacional: Mejorar las relaciones internacionales.

Políticas sociales: Seguridad ciudadana. Inclusión de la sociedad civil.

Resulta oportuno señalar que el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad propuso, en julio 2017, un programa común desarrollado en tres etapas, que podría ser objeto de un claro debate entre los actores del Frente Amplio, a saber: atención de la emergencia social, estabilización del país bajo un nuevo modelo social y económico que procure el progreso y ejecución de reformas necesarias para lograr el bienestar del país.

Las piezas de este rompecabezas están sueltas, no se contradicen, por el contrario, se complementan. ¿Seremos capaces de valorarlas para construir la gran unidad a la que hace mención el padre Ugalde y lograr con ellas sembrar esperanza en un futuro posible y viable para Venezuela?

@carome31

[1]El Nacional. Alianza democrática para la liberación. 20 de febrero 2018.

[2]El Nacional. Venezuela despierta. 15 de marzo de 2018.

[3]Caraotadigital.net. Juramento al Frente Nacional en defensa de la Constitución. 25 de mayo

PolitiKa UCAB, marzo 20, 2018

https://politikaucab.net/2018/03/20/el-frente-amplio-y-la-necesidad-del-...

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José Rosario Delgado

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desde hace mucho tiempo mantiene un sospechoso e inentendible culipandeo en torno de los procesos electorales y es por eso que, lamentablemente, pierde credibilidad en densos sectores de la población venezolana, incluso entre quienes los siguen ciegamente, a pie juntillas, como única posibilidad de crear una fuerza que no sólo capaz de derrotar a la dictadura que nos acogota, sino que logre transformar a este país en lo que realmente queremos todos los venezolanos, dentro y fuera del país.

Eso de deshojar margaritas cada vez que se asoma un proceso no es propio de gente responsable y seria; no puede ni debe ser que no tenga agendizado el movimiento de sus estrategias frente a la gravísima crisis de institucionalidad y electoralidad existente y de cara a las trampas que a cada rato arma el gobierno a través de sus sigüises instalados en el Consejo Nacional Electoral (CNE), Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Fiscalía General de la República (FGR) y ese adefesio que llamamos La Prostituyente.

Triste es el recuerdo de la abstención inducida por la MUD en 2005 y aquellos polvos trajeron estos lodos que cubren de fétida asquerosidad la conformación de los ya mencionados órganos del Poder Público durante años y, por supuesto, permitieron anular totalmente las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional (AN), atando de manos y pies al pueblo venezolano y a sus instancias de esperanza útil.

Ahora, cuando se anotaron unos sí y otros no a las elecciones regionales y municipales, y cuando no se inscriben para las presidenciales, comienzan a asustarnos con el fantasma de la programada e inducida abstención y satanizan la posibilidad candidatural de Henrí Falcón, quien se constituye, hasta hoy (es candidato), en la única opción cierta de enfrentar las aviesas pretensiones del gobierno dictatorial de eternizarse en el poder por el poder mismo.

Henrí Falcón se inscribió, respondió a la apertura del proceso eleccionario viciado, tramposo, tracalero, manipulado, fraudulento, “puyao”… pero eso es lo que hay durante los últimos 18 años, por lo menos, y le ha servido a unos y a otros; no sabemos por qué antes sirvió y ahora no les sirve. Quizás porque el candidato no es el que quiere ser o el que ellos quieren que sea; por eso, tal vez, pudieran promover animadversión hacia Falcón “no vaya a ser que gane”.

No se detienen a pensar en que también pudieran ser Henrí Falcón y su Avanzada el chivo expiatorio del sistema y del tamaño y la capacidad que tiene el venezolano cuando se le presenta un compromiso de semejantes dimensiones; compromiso que les permita a los millones de electores descontentos con la tiranía echar mano a su poderosísima y oportuna arma secreta que durante muchos años ha salido a relucir en momentos difíciles.

Están acostumbrados a escoger e imponer al candidato para que la gente vote por él, pero jamás han permitido que la gente escoja e imponga su candidato para hacer de él un Presidente de la República a través de su única, insustituible, poderosa y secreta arma: el Voto. Al pueblo no se le puede disuadir para que no vote; todo lo contrario, para preservar la democracia hay que persuadirlo para que vote. Voto e invito a Votar…

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