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Opinión

La muerte de la MUD implosiona a un grupo de operadores políticos inciertos, que se auto-creyeron líderes y ni siquiera sirven como operadores para comprender la complejidad y la refutabilidad del sistema político venezolano, que hoy se expresa por la vía de la guerra civil. Guerra civil que se instaura desde el 4 de noviembre de 2016 cuando el bestiario apoya la definición desde el régimen de la oposición política como enemigo. Si no fueron capaces de comprender su condición de enemigo, mucho menos pueden ser capaces de asimilar el destrozo del caudal político de 2016 en menos de un año.

La muerte de la MUD deja claro, entonces, que la conmoción exponencial de esta masa de inexpertos activistas, dados a la comunicación política, la especulación y la insana participación de recursos cuantitativos terminaron de no comprender que un líder es líder, y sólo líder, cuando amarrado a la epísteme accionando la doxa puede ejercer autorictas para conducir acciones políticas con motivo, dirección y sentido. La muerte de la MUD sirve para que este activismo desenfrenado, miope para comprender al bestiario militarista, termine por planificar y acelerar un proceso de auto-corrección que muestre su convicción para el inmediato devenir político.

La muerte de MUD será útil para que el grupo de activistas que hoy aprecia las maromas y un híper-activismo del Poder Ejecutivo empiece a tener control de la variable tiempo, le importe la historia mediata e inmediata del sistema político y, sobre todo, recurra a la Antropología, a la Sociología, a la Historia, pero fundamentalmente a la Ética Aplicada. La muerte de la MUD impone, obliga a que los hasta ahora activistas enfrenten a los ciudadanos que mal guiaron, que hoy les reclaman coraje cívico, responsabilidad direccional y ética política para preparar el cuerpo de acciones que, necesariamente, descubran al bestiario autocrático-militarista, la desgraciada guerra civil en la cual mantienen a una sociedad ahogada con la miseria y el hambre, así como también un supuesto liderazgo con ambiciones pequeñas, sin sentido de la historia y sin conciencia del impacto de sus acciones en el inmediato futuro.

Una consecuencia deseable y deseada después del 15-O es la reflexión y la planificación necesaria en las fuerzas democráticas, lo cual sugiere el conocimiento del ambiente político real que deviene, a su vez, del análisis sistemático de la política doméstica, la política de gobierno, la política electoral, la política económica, la política internacional y el entorno interno militar. Este último tiene especial importancia habida cuenta que el socialismo a juro devenido en autocracia militarista y en gobierno del partido político en armas propuso tal grado de deformación y depravación política, que llama a quienes responsablemente decidan reavivar las fuerzas democráticas a un permanente y sistemático estudio y seguimiento, a fin de la definición de vectores de acción, acciones políticas oportunas y conductas del sujeto democrático para mostrar fuelle político, decisión democrática y resultados que terminen por avalar la fuerza democrática en la recuperación del sistema político venezolano.

Este reto, el de forjar vectores de acción y acciones políticas oportunas, tendrá que enfrentar la miserable guerra civil que ha impuesto el régimen, en el cual Nicolás Maduro preside junto a Vladimir Padrino el Poder Ejecutivo. Indudablemente, la organización de las fuerzas democráticas, desde quienes la dirijan hasta las organizaciones sociales de masa que participen deberán tener en consideración como extremo, el empleo de la fuerza y las bocas de fuego por quienes han traicionado su responsabilidad de responder por la defensa del Estado-Nación.

El esfuerzo de quienes emerjan de este colapso político tendrá que ser único. Por único deberá entenderse que se amarrarán a la ciencia, definirán la estructura política, construirán paulatina y progresivamente a los hombres y mujeres que -con gran sentido de la responsabilidad- y con el instrumento del Ambiente Político Real irán paso a paso ganando confianza en las acciones, compartiendo la realidad de la complejidad y refutabilidad de la política, se vacunarán contra el facilismo y al final comprenderán qué es lo que significa la palabra líder.

El líder frente al Ambiente Político Real de guerra civil que vive Venezuela tiene que accionar como prohombre, que incluye a hombres y mujeres, donde la cualidad fundamental tiene que ser la ética y el objetivo único contener y derrotar a un proyecto primitivo, militarista que ahoga a Venezuela en una situación de regresión, causándole al país el más grave dolor. Este dolor que hoy aterra al venezolano muestra la miseria de la pobreza, el fracaso de la economía, la violación de las leyes en especial la Constitución y que se manifiesta como un enorme desaliento, los líderes tendrán que transformarlo en una oportunidad. Oportunidad como posibilidad, como coincidencia, como buena ocasión para que con el esfuerzo y la inteligencia de los venezolanos demócratas de bien, entrompemos la muerte de la MUD como el inicio de la reconquista de la democracia.

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 31 de octubre de 2017

 4 min


Los venezolanos que queremos un cambio debemos seguir luchando por encima de las dificultades en todos los terrenos, incluyendo el electoral. Cada quien en lo suyo, es decir, con su visión y misión pero todos juntos, teniendo como objetivo el cambio urgente que reclama el país. Nuestras propuestas deben ser amplias para abrir nuevos caminos y trazar el rumbo que nos llevará a salir de este desastre.

La unidad nacional debe ser mucho más que una alianza de partidos. Se necesita hacer un gran pacto social con toda la sociedad democrática, con líderes políticos pero sobretodo con líderes sociales que tomen como bandera y compromiso, la necesidad de buscar, por medio de la protesta y la presión ciudadana, solución a la crisis humanitaria de falta de alimentos y medicinas que sufre el pueblo venezolano.

Debemos denunciar el vínculo existente entre la corrupción política de la cleptocracia madurista y la violación sistemática de los derechos humanos en áreas tan sensibles como alimentación, salud, servicios públicos y seguridad.

Por todo esto, no podemos reconocer la ilegal asamblea constituyente de Maduro y tampoco convalidar elecciones que se realicen sin haber cambiado completamente al actual CNE y que garanticen comicios libres y justos con observación internacional calificada e imparcial, sin perseguidos, presos políticos ni inhabilitados.

Hay que seguir luchando en todos los espacios, siempre por la vía democrática y pacífica, con dignidad, perseverancia y de manera descentralizada. Para ello es indispensable conservar y reforzar el valioso apoyo internacional que hemos conseguido entre todos.

La unidad debe fortalecerse con toda la participación posible, con una relación transparente, igualitaria, respetuosa y constructiva, que permita tomar decisiones claras y efectivas con amplitud para facilitar así el diálogo entre los que formamos parte de la alternativa democrática. A pesar de nuestras diferencias, debemos mantener los puentes necesarios para reencontrarnos en las horas decisivas que vienen.

Sobre todo, tenemos que escoger en primarias a nuestro abanderado presidencial en las próximas elecciones que deben realizarse en 2018. Para ello, como hemos dicho, hay que exigir con la presión internacional, las condiciones y garantías indispensables para la realización de elecciones transparentes, libres y con toda la legalidad, para iniciar desde allí el cambio de presidente y con ello la necesaria transición, que requiere de un acuerdo de gobernanza y gobernabilidad para superar la emergencia económica y social que padecemos.

31 de octubre de 2017

www.carlostablante.com

@TablanteOficial

carlostablanteoficial@gmail.com

 1 min


Golfredo Dávila

El contraste entre someterse y pelear, se ha puesto en el debate público a raíz de las disposiciones dictatoriales de la fraudulenta constituyente madurista, que ha colocado al país y particularmente a la oposición en una encrucijada muy enredada y compleja, hemos caído en los errores del insulto y la descalificación, sin que haya mediado un debate serio en la MUD. Ha podido más la guerra del teclado y el micrófono que la posibilidad de conversar, reforzando aquella conseja, muy bien aplicada por el régimen, “divide y vencerás”.

Hoy volvimos al dilema esclavitud o libertad, algo que no podemos dirimir en un artículo, pero lo traemos a colación por las circunstancias que sufre la patria. Sabemos que las formas de dominio de unos sobre otros, se han diversificado y a veces se han hecho indetectables, porque son inducidas por el mensaje subliminal o por el discurso demagógico, aunque el chantaje, el insulto, la amenaza y la subordinación son mecanismos abiertos de esclavitud y más grave es que hoy se nos pretende esclavizar de hecho y de derecho.

Hoy somos esclavos de todos los males y de un régimen que los exaltó, si no veamos las colas, hasta para adquirir nuestro dinero represado en los bancos; somos presos de la escasez, del hambre, la inseguridad, de los malos servicios; razones que llevan a muchos a huir para buscar refugio en otros países y para colmo se dictan decretos y leyes con artículos que tienen la intención de hacernos más esclavos.

Estanos lejos de la libertad o la facultad de hacer lo que creamos conveniente, siendo desde luego responsables de nuestros actos y sin que ellos perjudiquen a otros; y mucho más lejos de aquello que Karl Marx decía, que la humanidad será libre cuando por su capacidad y su lucha, logre garantizar sus bienes materiales y espirituales. Entonces nuestra lucha es por la la libertad.

Claro, alguien pudiera decir que los afrodescendientes en la época de la esclavitud, frente al dilema de someterse o morir, no les quedaba otra alternativa que sojuzgarse al amo, pero se demostró que ese no era el camino. Salvando las distancias históricas, si no hubiera habido hombres o mujeres que se rebelaran, pues aquella forma bestial e inhumana de maltratar y humillar, no se hubiese extirpado.

El camino de la obediencia es el del irrespeto por nosotros mismos, somos indignos en la sumisión al otro, si justificamos la agresión y el abuso, negamos el espacio psíquico de vivir la democracia. El vivir democrático es esencialmente el respeto por la dignidad de uno mismo y del otro en su legitimidad y en coexistencia con uno, es, además, el consenso alrededor de la participación, la inclusión, la colaboración y la comprensión.

Ahora bien, podemos construir nuestros gobiernos de sombra, resolver problemas con la gente, en contraste con la dictadura que agrava los problemas y dicta leyes y decretos de sometimiento, que niegan la libertad, la democracia y la participación. En medio de la barbarie y la anarquía, los ciudadanos podemos rebelarnos y construir un modo de vivir democrático en nuestra convivencia y en nuestra relación con los otros, desconociendo y desobedeciendo a los amos, podemos vivir en un hacer responsable y ético, en el respeto, en la colaboración y la co-inspiración; en la continua configuración de un ámbito de convivencia que genere alegría y bien-estar.

Secretario General de Vanguardia Popular en el Zulia

 2 min


Jesús Elorza G.

Un grupo de trabajadores, conversaban animadamente en las instalaciones del Hipódromo La Rinconada. El tema en cuestión, estaba relacionado con la construcción aun no terminada del Parque “Hugo Chávez”.

-Recuerdo, decía uno de ellos, cuando el día 5 de agosto del 2013, el camarada Nicolás en la edición número 22 del programa Dialogo Bolivariano señaló con bombos y platillos que “La próxima temporada de Futbol y Béisbol se jugarán en los estadios que vamos a construir en estos terrenos. Estas instalaciones serán para el pueblo y no para ningún burgués”

-Pura coba amigo mío, han pasado cuatro años y no le vemos el queso a la tostada, le reclamo uno de los obreros.

-También, recuerdo, que al camarada Jorge Rodríguez Alcalde del Municipio Libertador, fue nombrado presidente de la fundación encargada de ejecutar las obras: un estadio de fútbol con aforo para 53.200 espectadores y un campo de béisbol para más de 30.000 asistentes, con especificaciones de Grandes Ligas. En su primera declaración, Rodríguez afirmó que el proyecto de construcción generaría 3 mil empleos directos y 6 mil indirectos, por un lapso aproximado de tres años.

-Siguen las cobas. Esa oferta anunciada no guarda ninguna relación con lo que hoy en día tenemos: Según cifras oficiales, suministradas el 26 de julio de 2017 por César Salazar Coll, ministro para Obras Públicas, el personal apenas pasa de 400 obreros…..pura muela mi pana, remachó el obrero que intervino anteriormente.

-Solo quiero recordarles, dijo otro de los obreros, que el día del anuncio el camarada Nicolás, también fue muy claro al señalar que: “Le solicitaron 300 millones de bolívares y 30 millones de dólares para arrancar con fuerza la construcción de este poderoso y hermoso parque metropolitano para la ciudad de Caracas: Hugo Chávez. Y lo aprobé sin que me temblara el pulso. Vamos a construir este estadio y la ciudad de Caracas va a tener un estadio como se merece, para que juegue aquí el béisbol aficionado, la Liga Bolivariana, la Liga de Béisbol Profesional, para que tenga su sede el Caracas”

-Al escuchar en la radio, la canción de Héctor Lavoe “Mentiras” la risa de los presentes no se hizo esperar….todos coincidieron que los embustes continuaban.

-Yo, me hago una pregunta, intervino uno de los trabajadores: ¿Por qué si los presupuestos fueron aprobados en su momento y las fundaciones estaban en pleno funcionamiento con sus autoridades designadas, las obras….¡¡¡No han sido terminadas!!!?

-El guiso mi pana, el guiso, gritó uno de los presentes.

-Explícate, ¿Dónde está el quiquiriguique?, le inquirieron sus compañeros de trabajo.

-Bueno, no se olviden que para este negocio del Parque Hugo Chávez se crearon dos fundaciones una llamada Fundapropatria para la construcción del Estadio de Béisbol y otra denominada Fundación Parque Hugo Chávez para el Estadio de Futbol. Esta última como ya sabemos, la preside el camarada Jorge, quizás por su dilatada experiencia en el “manejo” de los contratos que se dieron en la Copa América 2007.

La olla del guiso estaba montada y comenzó a hervir cuando Fundapropatria contrató los servicios de Landscape Vision Corporation S.A. (Lanvicorp), empresa panameña con sede en Venezuela. La filial caraqueña fue creada en julio de 2013 y, en menos de un mes, estaba suscribiendo su primer acuerdo con el gobierno venezolano. En marzo de 2014 se le asignó la construcción del estadio. Otros proyectos en los que trabaja, según informa su página Web, son gimnasios verticales en 15 localidades del país, la recuperación del Hotel Caribe (antiguo Meliá) en Caraballeda, estado Vargas; y la del Hotel Gaicamacuto, en la misma población. Todas son obras acordadas con el Estado. Los hoteles tampoco han sido terminados.

-Hijole manito, que negocio redondo, dijo un trabajador de origen mexicano.

-Déjenme continuar, la falta de transparencia ensombrece aún más la alianza con Lanvicorp. Ya que la misma está siendo investigada en Panamá por presunta corrupción, al estar ligada al gobierno del expresidente Ricardo Martinelli, apresado el pasado 12 de junio, en Estados Unidos, luego de emitirse una orden de detención del Departamento de Justicia como respuesta a la petición del gobierno panameño.

Los chinos también metieron sus manos en el guiso, no se volvió morao como dice el refrán, sino verde lechuga como el dólar. La empresa china Zheijiang Southeast Space Frame Corporation, especializada en el montaje de estructuras de acero, aparece vinculada a la construcción del estadio de béisbol.

-¿Y?.....fue la pregunta de todos.

- En un documento suscrito por Zheijiang Southeast Space Frame Corporation con otra empresa china intermediaria, se evidencia el pago de 71,6 millones de dólares por las estructuras metálicas y 23,75 millones de dólares por su instalación. Ninguno de los montos ha sido difundido por las autoridades encargadas de la construcción del recinto. Las obras tampoco cuentan con su respectivo cartel con las especificaciones del proyecto, que debería exponer, entre otros datos, la inversión exacta para cada edificación. Es un mandato de ley, incumplida en los alrededores de la construcción.

-En términos generales, el presupuesto destinado para la construcción del Parque Hugo Chávez ha sido inexacto. Si bien, cuando se anunció su construcción, el Ejecutivo aprobó el monto dicho por Maduro (300 millones de bolívares y 30 millones de dólares) para costear la edificación (sin especificar la distribución del dinero para cada proyecto), las asignaciones han sido mayores a través de otros entes:

-En 2014 el alcalde Jorge Rodríguez, a través del Fondo Nacional para el Desarrollo Nacional (Fonden), recibió 25,4 millones dólares, destinados para la construcción del estadio de fútbol. Rojas señaló, además, que entre 2015 y 2016 el Consejo Municipal de Libertador aprobó a la Alcaldía de Caracas 11 créditos adicionales, para un monto total de 761,68 millones de bolívares.

-En julio de 2015, la Asamblea Nacional aprobó 100 millones de bolívares adicionales para la obra, que para esta fecha –casi dos años después de su inicio– no presentaba avances evidentes.

-Ese camarada Jorge Rodríguez, es un Triple Coronado: En contratos impulsados, en robo de bases-divisas le gana a Rickey Henderson y en average de bateo supera los 500, pelota de real que ve le cae a palo…..seguro le hacen una estatua en el estadio.

-Finalmente, lo más risible de todo, es cuando los burócratas enchufaos hablan de la culminación de las construcciones, entrega e inauguración de las obras:- El portal Aporrea, citando al periódico de la Alcaldía de Caracas, Ciudad CCS, informaba que en 2017 estarían listas ambas edificaciones, según una consulta realizada a Héctor Rangel, gerente de Planes y Proyectos, y Félix Ducharne, otrora gerente general de la obra (ahora gerente de Obras y Mejoras).

-No obstante, las más recientes declaraciones respecto a los recintos, emitidas el 26 de julio de 2017 por el ministro Salazar Coll, señalan que el estadio de béisbol será inaugurado en 2018. ….. Aun así, aprovechó de estirar la promesa y deslizar que “quien quita que la Serie del Caribe de 2019 sea aquí en este estadio”

En fin, solo quedan mentiras sin fin.

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Porque es urgente buscar una justificación válida, proactiva y constructiva, que motive la decisión de para asumir activamente el desafío de las elecciones municipales.

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El año 2017 probablemente sea recordado en nuestra historia como el año de la consolidación del poschavismo, una fuerza sociopolítica nucleada en torno al presidente Nicolás Maduro, que ha venido construyendo esforzadamente un orden político de legitimidad neopatrimonialista y de vocación totalitaria.

En este año, mes tras mes, venezolanos, tanto del bando chavista como del opositor, buscando imponer sus ideales, participaron en luchas de diversas modalidades y distinta naturaleza. Y si bien la mayoría expresaba de manera reiterada su deseo de un cambio político democrático, las destrezas y fortalezas políticas del gobierno madurista lograron conjurar siempre un desenlace que perjudicara sus planes autoritarios. Con los resultados de las elecciones de gobernadores del 15 de octubre y el anuncio unilateral —por fuera de la Mesa de Unidad Democrática (MUD)— de los gobernadores electos del partido AD, de que acudirían voluntariamente a juramentarse ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), electa fraudulentamente mes y medio antes por el oficialismo, parece cerrarse definitivamente un ciclo de resistencia y lucha partidista unitaria por la democracia.

En este artículo busco reflexionar sobre los retos que la implosión de la MUD abre a la sociedad venezolana en el futuro inmediato. Para ello, en una primera parte describo la secuencia cronológica de las confrontaciones de poder más significativas de este año, hasta el desenlace del pasado 15 de octubre. En una segunda parte, doy cuenta de la instalación de la ANC, la convocatoria a elecciones de gobernadores y resultados de esas elecciones, así como algunas interpretaciones que se han hecho tratando de entender unos resultados asaz sorprendentes. Dibujado ese contexto, trazo tendencias y desafíos del inmediato porvenir.

La secuencia de las confrontaciones

El 2017 inició con una atmósfera de desilusión. Habiéndose suspendido el referendo revocatorio presidencial y “congeladas” las negociaciones gobierno-oposición intentadas el año anterior, la percepción de la ciudadanía era que las fuerzas opositoras, reunidas en la MUD, no habían sabido o podido rematar la faena de abrir cauce hacia la transición democrática. Pese, por una parte, a las multitudinarias manifestaciones de apoyo con la que habían contado y, por otra, a las innumerables muestras de la debilidad gubernamental en el contexto de crisis socioeconómica atroz que se padece, el gobierno de Maduro había sobrevivido sin hacer ninguna concesión relevante.

Sin embargo, pronto volvió a atizarse la lucha, tanto institucional como de calle. El gobierno anunció un nuevo obstáculo en el camino hacia las postergadas elecciones regionales. Ahora las rectoras, servidoras de los intereses gubernamentales, anunciaban la necesidad de un período de “renovación de nóminas” de los militantes de la mayoría de los partidos. Inicialmente pensado para que tal proceso durara diez semanas, se prolongó más de tres meses. De los 64 partidos que existían, el proceso los redujo a 22. Con ello el gobierno ganaba tiempo una vez más, postergando con este pretexto un anuncio de fecha para las elecciones regionales, mientras continuaba disminuyendo el derecho al pluralismo político. Mientras transcurría esta actividad, tres eventos en marzo abrieron una nueva ventana de oportunidades para la confrontación política.

El primero ocurrió a mediados del mes, cuando el secretario general de la OEA, Luis Almagro, publicó un segundo informe sobre la crisis venezolana. Allí narró el deterioro sostenido de la situación interna del país, desde su informe primero en mayo del año anterior. Señaló cómo todas las gestiones realizadas, utilizando los instrumentos contemplados en el artículo 20 de la Carta Democrática, habían fracasado en persuadir a Maduro de regresar al hilo constitucional. Sugirió a los países miembros hacerle un llamado de atención más firme a Venezuela y comenzar a evaluar la posibilidad de suspenderla de la OEA, si en 30 días no daba señales de comenzar a volver a la Constitución. Para el 28 de ese mes convocó a un Consejo Permanente, iniciativa que el gobierno venezolano rechazó y trató de cancelar sin éxito.

Mientras se daba en Washington DC la sesión de la OEA, en Caracas fueron difundidas dos sentencias de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), dictaminando el desmantelamiento definitivo de la AN. La sentencia número 155 del 28 de marzo otorgó al Ejecutivo Nacional potestad para legislar en toda materia penal y le ordenó gobernar conforme al Estado de Excepción y Emergencia Económica, que había declarado el año anterior, avalado por una sentencia también del TSJ. Esta sentencia iba en contravención a la Constitución (CRBV), que exige que la aprobación de un Estado de Excepción venga de la AN, la cual lo rechazó. La sentencia 155 del TSJ, además, quitó la inmunidad parlamentaria a los diputados opositores, basándose en un supuesto “desacato” de la AN al máximo tribunal, por no haber formalmente retirado a los diputados de Amazonas luego de haber encontrado indicios de un supuesto fraude en las elecciones parlamentarias de 2015. La otra sentencia, la 156, interpretó el artículo 33 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, dándole a Maduro potestad para crear empresas mixtas y realizar otras actividades en materia de hidrocarburos sin autorización de la AN. Y, aprovechó la Sala Constitucional del TSJ para decidir que ella, o quien ella dispusiera, asumiría las competencias de la AN mientras durase el supuesto desacato. Con estas sentencias, Maduro cancelaba de hecho al Poder Legislativo. Fue entonces, cuando se prendieron las alarmas de preocupación y alerta de la comunidad internacional.

El tercer evento ocurrió el viernes 31, en el marco de la presentación del informe de gestión 2016 de la Fiscalía General de la República. La Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, declaró que las sentencias emitidas por el TSJ constituían una “ruptura del orden democrático constitucional”. Recordó que Chávez había sido el impulsor de la Constitución de 1999 y que ese proceso había sido un “proceso abierto, popular, participativo y protagónico”. Con esta posición una autoridad de un poder público, perteneciente al Poder Ciudadano, que hasta entonces había estado subordinado a las directrices de Maduro, tomaba distancia, fisurándose el bloque de dominación.

Las reuniones de la OEA de fines de marzo mostraron una representación gubernamental venezolana desencajada y ofensiva hacia los miembros de la organización que no respaldaban sus posiciones. Esto favoreció la creciente solidaridad internacional con lo que estaba sucediéndole a la AN venezolana. Comenzaron a producirse pronunciamientos de agencias internacionales, otros parlamentos y gobiernos a favor de las fuerzas políticas opositoras. Aumentaban llamados a Maduro a detener su deriva autoritaria. El presidente de Colombia, por ejemplo, llamó a Bogotá a su embajador en Caracas al conocerse los contenidos de las dos sentencias. Este cambio de tono en el mundo exterior modificó las condiciones sociopolíticas de la lucha opositora.

Al fin las fuerzas civiles democráticas venezolanas lograban que la comunidad internacional se preocupara por la profundidad del deterioro socioeconómico, institucional y político del país y valorara más la lucha de la MUD. Esto contribuía a favorecer internamente condiciones para que la ciudadanía volviera a las calles, pues se percibía una solidaridad internacional. En abril, al llamado de la AN, multitudes ocuparon los espacios públicos para exigir la destitución de los magistrados irregularmente nombrados en 2015 y el retorno de elecciones. Se abrió un ciclo de movilizaciones, que continuó hasta julio, confluyendo las de carácter político con las socioeconómicas incentivadas por la crisis. El resultado fue una espiral incontenible de acciones colectivas mayoritariamente pacíficas, pero confrontacionales y, en algunos casos, violentas.

El gobierno contribuyó a atizar el fuego de la protesta violenta al actuar con creciente y desproporcionada represión. Las protestas diarias eran repelidas con bombas lacrimógenas, gas pimienta, agua a presión, por parte de la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Se veían armas en manos de protestantes y grupos civiles prochavistas que, en complicidad con los cuerpos de seguridad, disparaban y ejercían otras formas de violencia contra la población civil desarmada, en particular contra estudiantes y jóvenes. El gobierno cerraba estaciones del Metro de Caracas, o establecía “puntos de control” en las carreteras de acceso a esta ciudad, en un intento de evitar que los ciudadanos se incorporaran a las protestas. Los medios audiovisuales, la mayoría controlados o amedrentados por el gobierno, no informaban de estas acciones colectivas en un esfuerzo fallido por ocultar la magnitud de la movilización popular. Para julio, Provea y el Foro Penal contabilizaron 139 muertes en manifestaciones, la mayoría atribuibles a los cuerpos de seguridad del Estado y grupos paramilitares armados prochavistas. Además registraron más de 11.900 detenidos, 1.260 presos de los cuales aún continúan al día de hoy más de 400; 15% de ellos han sido sometidos a tratos crueles.

El gobierno hizo esfuerzos por movilizar apoyos, con recursos y todo tipo de facilidades, seguridades y amenazas para que empleados y clientelas chavistas concurrieran a llamados del gobierno a llenar calles. Sin embargo, la participación ya no podía equipararse a los años dorados del chavismo. También, entre sus estrategias, mantenía al grupo de expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Lionel Fernández, haciendo gestiones a ver si lograban que la oposición volviera a la mesa de conversaciones. Ésta se rehusó. Así, cada vez más comprometido Maduro, el 1 de mayo, en la marcha de los trabajadores chavistas, informó de su voluntad de convocar una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que, según dijo, sería el instrumento para alcanzar la paz del país porque derrocaría la “guerra económica”.

La convocatoria a una ANC y el establecimiento de la fecha de elección de sus diputados para el 30 de julio, como tantas otras acciones del gobierno, violentaba el espíritu y la letra de la CRBV al no cumplir con el requerimiento de obtener previamente el consentimiento popular mediante referendo. Sobre sus bases comiciales, señaló la ONG Observatorio Electoral Venezolano lo siguiente:

“…las Bases Comiciales presentadas por el Presidente… constituyen una evidente violación de las reglas democráticas, entre ellas usurpar la soberanía popular, dividir a la ciudadanía en sectores o corporaciones arbitrariamente seleccionados, descartar el principio democrático ‘un elector, un voto de igual peso’ o proponer que cada municipio elija a un constituyentista independientemente de su significado poblacional respecto al total de la Nación. Se trata de una propuesta armada alrededor de un registro electoral amañado e imposible de auditar, que busca sobre representar el peso político del oficialismo, con el propósito de tener un escenario seguro en el que se apruebe la Constitución de acuerdo con el dibujo previo elaborado a partir del interés gubernamental” (OEV, 25 de mayo 2017).

La iniciativa fue impugnada por la MUD, que solicitó a la AN que activara el referendo popular consultivo, la cual hizo en sesión plenaria del 5 de julio, fecha conmemorativa de la independencia, en medio de un asalto violento de grupos chavistas al hemiciclo posibilitado por la complicidad de dirigentes chavistas y cuerpos de seguridad del Estado. Al no poderse contar con el CNE para que cumpliera el mandato legislativo, los partidos, el movimiento estudiantil y la sociedad civil, bajo la coordinación del equipo técnico de la MUD, se organizaron para realizarlo, fijándose la fecha del 16 de julio.

Los resultados de la Consulta Popular marcaron un hito en el arduo camino de resistencia al régimen autoritario de Maduro. De acuerdo con la Comisión de Garantes del proceso, constituido por rectores universitarios, más de siete millones y medio de ciudadanos ejercieron su derecho a exigirle al gobierno nacional desistir de su convocatoria a la ANC. Demandaron, así mismo, en otras dos preguntas formuladas en la Consulta, que la AN y la FFAA, dos instituciones clave del Estado, cumplan con sus obligaciones. Es decir, redoblen sus esfuerzos para que la nación, la sociedad y el Estado, vuelvan al cauce constitucional. Del total de votantes, contra todo pronóstico, más de 600.000 votaron en las decenas de países del exterior donde hoy vive la diáspora venezolana como resultado de las penurias actuales y escasas garantías de futuro digno que hoy tiene el país.

El 30 de julio se realizó la elección de los diputados para la ANC. Si bien conducido por el CNE, en esta ocasión careció de condiciones de pulcritud y transparencia que, como en procesos anteriores, permitían confiar razonablemente en sus resultados. De acuerdo con el OEV, el CNE eliminó del cronograma 14 auditorías previstas para generar confianza en el Sistema Automatizado de Votación, redujo el número de mesas electorales a casi la mitad, habilitó centros de contingencia, que no aseguraron el principio de “un elector, un voto” y, como ya se señaló, avaló unas bases comiciales excluyentes y discriminatorias, que no fueron sometidas a referendo consultivo. Esa noche el CNE informó de una votación por encima de los 8 millones de personas sin que, hasta la fecha, haya respaldado su cifra con números discriminados a nivel de mesas y centros de votación.

Las elecciones regionales y sus resultados

La ANC se instaló inmediatamente. De acuerdo con el presidente Maduro, su carácter era “originario”, es decir, podía contravenir la CRBV y las leyes, destituir autoridades de los Poderes Públicos, nombrar otras, convocar procesos electorales y hacer o deshacer cualquier cosa. Entre sus primeras acciones destituyó a la Fiscal General, cuyas acciones obstaculizaban los objetivos presidenciales. Sus denuncias de ruptura del hilo constitucional y sus acciones de revisar casos de corrupción le hacían daño político al gobierno en la comunidad internacional, al alinearse con las denuncias opositoras. No se atrevió, sin embargo, la ANC a cerrar la AN, dado los apoyos crecientes que venían obteniendo de la secretaría de la OEA, gobierno de EEUU, gobiernos de la región y la Comunidad Europea (CE). Así, se avinieron a convivir en la misma sede, el Capitolio Nacional, la AN y la fraudulenta ANC.

Si bien el CNE había finalmente anunciado en mayo que se harían las elecciones regionales pendientes el próximo 10 de diciembre, en agosto, la ANC decretó otra cosa y solicitó al CNE que las adelantara para octubre. Éste actuó diligentemente y el 12 de ese mismo mes, el directorio ordenó la reprogramación de la fecha. El 6 de septiembre, fijó la fecha para el 15 de octubre y el cronograma se publicó un par de días después. “Contenía ese cronograma, además de la compresión de varias de las actividades, un insólito aparte de ‘actividades previas’, detallando 17 que ya se habían realizado. Algunas para nada menores, como la postulación de candidatos y actividades relacionadas que, en el anuncio del 12 de agosto, habían sido programadas para los días domingo 13 y lunes 14 las postulaciones y las subsanaciones de recaudos correspondientes el 14 y 15. Es decir, actividades realizadas antes de la convocatoria misma de las elecciones, violando con ello nuevamente lo estipulado en la LOPRE. Las elecciones convocadas, además, ya no son las regionales. Se reducen a elecciones de gobernadores, prolongándose el ilegal diferimiento de las elecciones de los consejos legislativos” (Lander, 2017).

Para las fuerzas políticas opositoras fue un desafío saber cómo encarar esta situación tan inconstitucional. Ir podía percibirse como la aceptación de una ANC fraudulenta y reglas de juego arbitrarias. Pero, no hacerlo arriesgaba perder posiciones de poder, sin garantías de que tuviera repercusión política en pro de la meta de llegar a una transición democrática. Con importantes tensiones entre los partidos y dirigentes, y la expectativa de alcanzar un importante triunfo electoral, finalmente la mayoría concurrió. Se hicieron primarias para escoger candidatos unitarios en 19 estados y en los otros cuatro se consiguió el candidato unitario por consenso.

El proceso electoral estuvo plagado de irregularidades, entre las que destacaron la reubicación a última hora de más de 700.000 electores, sin información oportuna, buscando desincentivar el voto opositor; la presencia de colectivos armados en algunos centros para amedrentar votantes opositores con igual fin; el reparto de bolsas de comida en los últimos días de campaña y el mismo día de la votación; la exigencia del llamado “carnet de la patria”, un documento sin validez legal alguno y que es una modalidad de carnet del partido oficialista, desde donde se encauzan prebendas, como becas, comida y misiones. El presidente Maduro declaraba que, gracias a ese documento, podía saber quiénes votaban, insinuando además que el secreto del voto podría violarse.

Como siempre, recursos del Estado, medios públicos y la mayoría de los privados estuvieron al servicio de los candidatos oficialistas. Dada la magnitud de los atropellos, abusos, ventajismos e, incluso, la constatación de un fraude con los votos ejercidos en el estado Bolívar, denunciado por el candidato opositor, Andrés Velásquez, no puede saberse con propiedad cuáles fueron los resultados de este proceso. Los datos oficiales, empero, proclamaron el triunfo de cinco candidatos opositores y 19 oficialistas. Las gobernaciones ganadas por candidatos de la MUD serían: Zulia, Táchira, Anzoátegui, Mérida y Nueva Esparta.

Desde entonces, son muchas las interpretaciones que diferentes políticos, encuestólogos y analistas han dado a estos resultados. Se les percibe como asombrosos e incompatibles con lo registrado días antes por encuestas de preferencia del voto y ese día a boca de urna; con la muy alta impopularidad del gobierno y los efectos políticos de la crisis atroz que sufre la población, que presagiaba un voto castigo importante contra el gobierno. Sin embargo, dificultades de la oposición por las tensiones y fragmentaciones que visibilizaba la MUD, fatiga y desencanto del voto opositor, también pudieron haber contribuido en algunos estados a no participar, pero en general, la abstención no fue alta. Al contrario, la participación, según el CNE se colocó en 71%. No es mi objetivo desmenuzar estos análisis, muchos, sin duda, bien sustentados en lo que afirman. Una mirada panorámica de ellos induce a sospechar que, en efecto, se produjo un proceso fraudulento en todas las etapas, incluido el día de votación, una especie de trampa de alta sofisticación, planificado con anterioridad por los técnicos del gobierno, en complicidad con el CNE y ejecutado exitosamente. La oposición, los 15 países del grupo de Lima, y la UE desconocieron la legalidad o legitimidad de este evento y los resultados. El gobierno, sin embargo, celebró su triunfo y advirtió a los gobernadores opositores electos que, de no juramentarse ante la ANC, perderían sus derechos a gobernar sus entidades. Hasta un funcionario tuvo la insólita ocurrencia de decir que no jurar ante la ANC era “traicionar al pueblo”.

¿Cómo seguir? Dirección política y participación

La democracia ha venido agonizando sin prisa y sin pausa. La combinación de la dominación carismática y la construcción de grandes redes clientelares alimentados con el tesoro nacional, como los consejos comunales y, más recientemente, el control social alcanzado por el gobierno en materia electoral a través de la distribución por parte de organizaciones oficialistas de las bolsas/cajas de alimentos CLAP y el mecanismo del carnet de la patria, han establecido un sistema de desigualdad y privilegios que en nada corresponde con los principios rectores de un sistema democrático. Por otra parte, desde que Maduro asumiera el poder, la dominación carismática ha dado paso a otra de naturaleza neopatrimonial, donde se han borrado definitivamente las fronteras entre lo público y lo privado, ambos controlados ahora por el chavismo madurista. Se han transformado los familiares, amigos y colegas militares de Chávez y de Maduro en tribus políticas que controlan el aparato del Estado para su usufructo privado. Se han superpuesto los intereses personales de las tribus a los de una supuesta “revolución”. Incluso, algunas de las tribus se han venido metamorfoseando en organizaciones criminales, dada la impunidad de la que gozan para hacer sus fechorías.

Bajo este marco o contexto, nuclear las estrategias opositoras en torno al hecho electoral carece de sentido. Esta elección de gobernadores ha revelado cómo el mecanismo electoral, en control de Maduro, es ya un instrumento eficiente para avanzar en un sistema político similar al de hegemonía de partido único, que configuró y consolidó el PRI en México por varias décadas. No sin razón las habilidades de ese partido, que ancló su legitimidad en la revolución mexicana, fue muchas veces tildado de dictadura perfecta. Una versión más reciente y chabacana, pero también exitosa, ofrece Nicaragua.

La debilidad de la MUD, en mi criterio, se debe principalmente en su incapacidad de trascender el rol de plataforma electoral unitaria de los partidos y erigirse en una dirección política más compleja. En esta nueva fase de la lucha democrática que se ha abierto a partir de la derrota por vía electoral, esta incapacidad la mantiene ineficaz. Al comprobarse con los resultados de gobernadores, que el mecanismo electoral se ha engranado en una estrategia autoritaria y totalitaria, la MUD se ha visto sobrepasada y, como consecuencia, sus partidos están desorientados y más divididos que nunca. Su implosión se desenvuelva ante nuestros ojos.

El dilema de participar o no en futuras elecciones pareciera un planteamiento incorrecto, que más bien puede ayudar a ocultar el verdadero problema que hoy tienen las fuerzas sociopolíticas que pugnan por llegar a una transición democrática: la falta de una estrategia política unitaria para alcanzar tal propósito. Una estrategia que coloque el hecho electoral no como centro sino como parte de un juego mucho mayor, más complejo, y centrado en otra parte. Las elecciones debieran ser hoy sólo una pieza del rompecabezas mayor que hay que armar para acabar con una dictadura de vocación totalitaria que avanza en su consolidación. La dictadura de las tribus maduristas ha ido construyendo varios y poderosos mecanismos que necesitan ser desmantelados, deslegitimados, reventados o debilitados. Lo electoral es importante pero no es fin, sino uno de los muchos medios que deben usarse.

¿Cómo se hace esa dirección política más compleja? He ahí el dilema. No soy política y por tanto sólo puedo hacer sugerencias que sabrán ser consideradas y concretadas en acciones por los partidos y quienes tienen vocación y ejercen la política.

Para mí, salta a la vista la imperiosa necesidad de deponer ambiciones personales, en particular las presidenciales. Los Ramos Allup y Capriles Radonski de la política parecieran en tiempos recientes convencidos de un camino hacia la transición democrática que pasa por las próximas elecciones presidenciales de 2018. Andan todo el tiempo en campaña y dándose codazos, o golpes bajos peores. No comparto esta percepción, que le está haciendo un gran daño a la posibilidad de desandar el camino totalitario que llevamos.

La transición democrática se aleja de nuestro horizonte cada vez que pensamos sólo en estrategias de corto plazo: que si las regionales, que ahora las municipales, que cómo escogemos el próximo candidato presidencial… así se va alejando el objeto de nuestros deseos: ¿cómo abonamos el terreno para que las tribus maduristas se convenzan de que deben irse? ¿Cómo las obligamos? Pensemos, para terminar este artículo, en algunas respuestas a esta pregunta.

Un aspecto clave tiene que ver con los privilegios y prebendas de que goza hoy el entorno de los Maduro-Flores, sus familiares, amigos y los militares que los apoyan. Se trata de una impunidad que en Venezuela es total, lo que les ha permitido lucrarse ejerciendo todo un conjunto de actividades ilegales. ¿Cómo se revierte esto? Los crímenes de cuello blanco —tipo Odrebrecht donde están ensartados más de 20 ministros o los delitos cambiarios donde muchos más han amasado grandes fortunas— y los de sangre —los casos del vicepresidente y del ministro de Relaciones Interiores, incorporados a la lista OFAC del Departamento del Tesoro de EEUU por sus vínculos con el narcotráfico— por su cuantía no tienen paragón en la historia latinoamericana. El nepotismo es otro privilegio descarnado: las hijas de Chávez están en la Casona y/o en funciones públicas, sin tener mérito alguno, Nicolás Maduro hijo tiene múltiples cargos, escoltas y carros. Los llamados narcosobrinos, familiares que los chinos llaman “hijos de cuadro superior”, vivían como aristocracia revolucionaria. Y así, otras prebendas: las cajas CLAP, la bequita, la vivienda para los enchufados más bajos y las clientelas. ¿Cómo se enfrenta políticamente esto? ¿Qué piensan hacer los dirigentes sobre ello, además de denunciarlo discursivamente? Si hubiera que negociar en esta materia ¿qué puede negociarse y qué no?

¿Cómo se puede incentivar la vuelta a la calle de la ciudadanía democrática? En su última salida, quedaron 140 muertos, miles de detenidos y heridos, decenas torturados, todavía hay cientos de presos políticos, algunos sometidos a tribunales militares. ¿Qué están haciendo los partidos para crear condiciones menos arduas para promover protestas no violentas masivas, imprescindibles para volver a ejercer presión sobre el gobierno? ¿Sólo discursos? Los partidos necesitan fortalecer sus bases para, entre otras difíciles funciones, organizar, proteger, coordinar y conducir, junto a actores sociales, multitudes en los espacios públicos. Si no, los resultados seguirán siendo magros, la presencia en las calles, cada vez más reducida y pudiera debilitarse la actual firmeza de la comunidad internacional.

Sabemos que la MUD cuenta con equipos técnicos que discuten políticas necesarias para salir de la crisis. Sabemos que la AN también lo hace. Sin embargo, hablan poco de esto al ciudadano de a pie. Me parece que la imagen de los políticos más destacados sigue siendo la de un amateur, valiente, pero poco formado y enfocado más que nada en discursos efectistas. Si han de ser gobierno deben presentarse como capaces de serlo, deben hablar sobre sus propuestas, qué harían primero, qué después, deben proyectarse unidos y respetuosos unos de otros. Imaginarse como estadistas. ¿Cuál es el futuro que podemos esperar con ellos? Parecieran anclados en la imagen de víctimas, que es una sola de las dimensiones de su liderazgo y quizás no la principal para una población, que sufre una crisis extrema de alimentos, medicinas, y todo tipo de necesidades básicas. Necesitan dar respuestas más claras, responsables y constantes sobre esto.

Últimamente circula la idea de la necesidad de un liderazgo único para conducir a las fuerzas democráticas a las presidenciales de 2018. ¿Creen los políticos opositores, realmente, que el oficialismo va a dejarlos ganar esas elecciones? Quizás esperan más de lo que puede dar las presiones de la comunidad democrática internacional, que son limitadas y en mucho dependen de la firmeza en lo interno del país. ¿Es un liderazgo único, escogido en primarias o con consenso la solución a nuestros males? Serias dudas me asaltan sobre esta nueva estrategia que se está desarrollando. La experiencia en otros países, y aún en Venezuela, es que la dictadura se combate con una dirección política, es decir, deponiendo los intereses personales y de partidos, para crear un frente amplio de actores políticos y sociales, que concentre decisiones y coordinaciones en aras de los intereses del país, que busca salir de la oprobiosa situación mediante el esfuerzo de todas las fuerzas actuando conjuntamente. Unas elecciones primarias no van a desvanecer, como si fuera una varita mágica, las serias desavenencias que hoy carcomen a la MUD, las ciegas ambiciones de un puñado de líderes que en esta hora menguada piensan que ellos van a ser el candidato presidencial y no se resignaran a que sea otro. Necesitamos acá mejor perspectiva, saldar desacuerdos, sellar compromisos. Una mesa de negociación entre estos líderes, y entre sus partidos, en torno al diagnóstico y la estrategia unitaria que es hoy imprescindible. Y quien no esté de acuerdo con lo acordado, que forme su tienda aparte.

Desafortunadamente, las elecciones presidenciales no están garantizadas y sólo se darán si el gobierno se asegura antes de ganarlas. Luchar por mejores condiciones electorales debería formar parte de una estrategia más global que incluye lo electoral, pero es mucho más que eso. No tiene lógica seguir un cauce únicamente electoral, que no lleva sino a lo mismo que hemos vivido en 2016 y 2017. Una mirada más madura y consciente de la gravedad de la nueva etapa que ahora vivimos ha de convencer a políticos y ciudadanos en la necesidad de deponer intereses individuales o particulares de un partido u otro, y hacer el esfuerzo por trascender el inmediatismo. La luz al final del túnel aún no se avizora. Por el contrario, parece haberse alejado. Es clave enfriar las ambiciones y que los dirigentes se crezcan ante las dificultades, pero menos con valentía y más con inteligencia, habilidad, paciencia. Sólo así merecerán el respeto de la ciudadanía que volverá a seguirlos y redoblará sus esfuerzos para alcanzar el umbral de una transición democrática. El camino ha resultado más largo y difícil de lo pensado, pero la distancia es hoy menor a cómo se empezó.

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Referencias

Lander, Luis E. (2017): “¿Son aceptables los resultados del 15O?”, Sic, en prensa.

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Héctor Briceño

La noche del 15 de octubre de 2017 la presidente del Consejo Nacional Electoral de Venezuela anunció un resultado que sorprendió al país y al mundo entero: el desprestigiado chavismo lograba la mayoría de las gobernaciones de Venezuela con una victoria 55% a 45% de los votos a nivel nacional, desenlace totalmente opuesto a lo pronosticado por todas las encuestas y por el más mínimo sentido común.

Ninguna elección está libre de incertidumbre para los competidores, ni siquiera en un sistema autoritario, pero lograr un resultado como este en medio de la peor crisis económica y social registrada en el país demanda revisar con detenimiento todas las posibles hipótesis que puedan explicar el fenómeno.

Para ello vale la pena comenzar realizando un breve recuento de la volátil y convulsa historia electoral venezolana de los últimos 11 años.

En 2006 el chavismo obtuvo su victoria más contundente cuando Hugo Chávez derrotó a Manuel Rosales en las elecciones presidenciales 63% a 37%. La impresionante brecha fue sucedida 12 meses más tarde en diciembre de 2007, por la primera derrota electoral nacional del chavismo, al perder por estrecho margen el referéndum de reforma constitucional 51% a 49%. Catorce meses después, en febrero de 2009, el país regresaría a las urnas y el chavismo se reconciliaría con la victoria al ganar el referéndum que le permitiría a Chávez ser candidato presidencial nuevamente en 2012, al aprobar la reelección sin límites 55% a 45%. En diciembre de 2010 la convocatoria fue para elegir un nuevo parlamento. En esta oportunidad el resultado registró un país dividido en dos mitades: 48% de votos para el gobierno, 47% para la oposición.

En octubre de 2012 Chávez acudiría a su fiesta de despedida en la temprana elección presidencial en la que el punto de diferencia gobierno-oposición de 2010 se multiplicó por 10, para darle la última victoria a Chávez 55% a 45%. Tres meses después, en diciembre de 2012, se seleccionaron gobernadores en un proceso marcado por la reciente elección presidencial y la desesperanza opositora, otorgando al gobierno 20 de las 23 gobernaciones, manteniendo su ventaja con la cábala 55% a 45%. Otro trimestre pasaría para realizar una nueva elección presidencial tras la muerte de Chávez en marzo de 2013. Nuevamente el resultado se redujo a la mínima diferencia, al computar el 51% a 49% que colocó a Nicolás Maduro al frente del país. En diciembre de ese mismo año se realizaron las elecciones municipales que ampliaron la brecha a favor del chavismo 49% a 39%.

Tras una inusual pausa de dos años el país retornó una vez más a las urnas para elegir un nuevo parlamento en diciembre de 2015. En esa oportunidad la oposición obtuvo su mejor desempeño electoral al invertir el marcador y lograr la victoria 57% a 43% que le otorgó el control total del poder legislativo y la convirtió por vez primera desde la llegada del chavismo, en clara e irrefutable mayoría.

A partir de entonces la Venezuela electoral-adicta promovida por el chavismo cuando disfrutaba del apoyo popular, ingresó al centro de rehabilitación autoritario para comenzar un estricto tratamiento cuya primera etapa fue la abstinencia electoral total, entre 2016 y mediados de 2017, momento a partir del cual ha comenzado a administrarse, bajo rigurosa vigilancia, pequeñas dosis placebo-electorales.

Así cuando el gobierno aprobó la realización de las elecciones regionales vencidas desde diciembre de 2016, el país experimentó un ambivalente sentimiento de frustración y entusiasmo. Desde 2016 se pedían muchas elecciones, pero luego de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) a finales de julio, todo sonaba mal.

Los partidos políticos opositores basando su análisis en los aplastantes resultados electorales del 2015, los distintos estudios de opinión pública y los claros indicadores del desastre económico y social, recibieron y festejaron con alegría triunfal (aunque también con una intensa tensión interna) la nueva dosis.

Los escasos dos meses que precedieron a las elecciones del 15-O, líderes opositores, al igual que expertos y analistas, discutieron sobre las consecuencias y escenarios que se abrirían frente a la inevitable derrota del chavismo. Y aunque algunos incrédulos criticaron la recaída en la adicción por parte de la oposición, alegando que los dolorosos sacrificios experimentados durante las protestas del primer semestre de 2017 no tenían como objetivo elegir gobernadores, ninguno se atrevió a dudar que los resultados favorecerían ampliamente a la oposición.

La desconcertante noche del 15 de octubre enmudeció a todos por igual. Hasta el momento ninguna explicación luce convincente nacional e internacionalmente. Se tienen retazos de una olla maloliente, pero aún no se sabe muy bien que se cocinó dentro.

Entre las casi infinitas hipótesis explicativas de lo sucedido durante la elección, cuatro se erigen con mayor fortaleza.

En primer lugar, el acostumbrado ventajismo del que gozan los candidatos del oficialismo que les permite hacer uso de los recursos públicos para sus candidaturas sin el más mínimo pudor. A esto se suma el sistemático uso de las instituciones del Estado para entorpecer y boicotear a los partidos y candidatos opositores: inhabilitaciones, cambios en la normativa electoral, desinformación y un largo etc. La más reciente y sofisticada incorporación a la lista de tropelías ha sido el cambio masivo de electores de sus centros de votación, pocos días antes de la elección, en medio de un estado de total desinformación, afectando al menos a 700 mil votantes provenientes, casualmente, de centros electorales de tradicional apoyo a la oposición.

En segundo lugar, regresa el fantasma urbano del fraude. En esta oportunidad sin embargo, pareciese que es posible proporcionar por primera vez una pistola humeante con huellas dactilares y logo del CAVIM (Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares).

Las denuncias realizadas por el candidato opositor Andrés Velázquez desde el estado Bolívar de forjamiento de actas electorales pueden proporcionar las evidencias de la alteración de resultados para desconocer la voluntad de la mayoría. En la misma dirección apunta las denuncias realizadas por el Presidente de la Asamblea Nacional Julio Borges, según las cuales hay problemas en más de 1,6 millones de huellas dactilares recogidas por el Sistema de Autenticación Integrado-SAI (captahuellas) durante la elección, pues no se sabe si esas huellas pertenecen realmente a la persona que fue autorizada para votar o si se cometió el delito de usurpación de identidad.

La tercera gran hipótesis es la abstención. La gran enemiga a vencer dentro de la campaña opositora.

La abstención contó extrañamente con aliados en ambos lados de la herradura política chavismo-oposición. Y aunque la participación se ubicó por encima del registro de la elección de gobernadores anterior (54% en 2012 vs. 61% el pasado 15-O) cuando analizamos los circuitos tradicionalmente más opositores del país, aquellos que concentran la mayoría de los votos opositores, observamos que estos presentan claramente una tasa de abstención mucho más alta que el promedio nacional. También por encima de esos mismos circuitos en elecciones anteriores.

Pero las causas de la abstención no se reducen a la campaña convergente entre radicales opositores y el chavismo. También encuentra explicación en el fuerte proceso migratorio que está padeciendo el país como consecuencia de la crisis. Adicionalmente, la participación se vio afectada por la reubicación de electores.

Entre las consecuencias de la abstención debemos mencionar dos importantes: en primer lugar ella puede explicar parcialmente la derrota opositora en estados como Miranda y Carabobo que cuentan con amplios circuitos como los descritos anteriormente. Pero más importante es el impacto de la abstención en la participación de la ciudadanía en los procesos de observación y control ciudadano del proceso de votación. Es decir, no se trata únicamente de las tasas de votación, sino muy especialmente de la participación activa en la defensa de la voluntad popular. Un ciudadano que acude a las urnas en el marco de una campaña abstencionista puede conformarse sólo con votar, pero en Venezuela eso no es suficiente.

Una prueba de esto es la realización de un escaso 56% de las auditorías ciudadanas (apertura de urnas para cotejar los resultados emitidos por el sistema automatizado) programadas. En este sentido, la abstención es el fraude. La ausencia de ciudadanos que controlen y vigilen el proceso electoral es el escenario soñado para quienes quieren manipular los resultados para torcer la voluntad del pueblo.

En cuarto y último lugar se erige la hipótesis de la construcción de un sofisticado aparato clientelar de dominación y coerción que redistribuye miedo y miseria a través del control de los mecanismos para una mínima existencia.

Según esta hipótesis el domingo 15 de octubre el gobierno, con un listado en una mano y una bolsa de alimentos (CLAP) en la otra, movilizó a la población para intercambiar su voto por una semana menos de hambre.

Para lograrlo el gobierno tendría que haber alcanzado los pensamientos más profundos de los electores hasta inocular un terror de tan alto grado de intensidad del que no es posible liberarse ni siquiera, en la soledad del recinto electoral frente a la máquina de votación.

Lo más alarmante de esta hipótesis es que habría pasado desapercibida. Ningún estudio o análisis de opinión pública lo ha reflejado y los testimonios aún no aparecen. Lo que para muchos es precisamente la prueba irrefutable del temor inoculado.

Hasta el momento ninguna de la cuatro hipótesis tiene capacidad explicativa o cuenta con evidencias suficientes para justificar el resultado electoral. Lo más probable es que la verdad se encuentre en alguna concatenación de eventos que las incluya a todas.

Lo que si aparece muy claro es que el gobierno se ha convertido en una máquina de invención de mecanismos para manipular y burlarse de los electores y que con ello intenta, desesperadamente, que la oposición deseche la vía electoral como el mecanismo de resolución de la tragedia venezolana.

@HectorBriceno

Investigador Centro de Estudios del Desarrollo, Universidad Central de Venezuela

La Razón

http://www.larazon.es/internacional/el-chavismo-una-maquina-de-manipular...

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