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Opinión

I.

Habrá que esperar que más nos dice la realidad, pues no ha parado de hablar desde el domingo 15 de octubre. Por ahora sabemos que el gobierno, contra todos los pronósticos, se alzó con 16 gobernaciones y el 54 por ciento delos votos a nivel nacional. Y que lo consiguió a través de un proceso que, desde su misma convocatoria hasta el propio día de los comicios, estuvo marcado por violaciones a las normas establecidas, puestas de manifiesto en buena medida por el invento de reglas ad hoc ideadas para favorecer a los candidatos del gobierno (ver al respecto la página del Observatorio Electoral Venezolano: oevenezolano.org). Las transgresiones legales han continuado después, obligando a los candidatos opositores que ganaron a juramentarse en la ANC y asomando, entre otros desafueros, la designación desde Caracas de “protectores” en los estados en donde se desempeñaran como gobernadores.

En esencia, se menoscabó el derecho de los votantes y quedó en evidencia la actuación parcializada del CNE y, en general, de los poderes públicos, cuya actuación le dio la espalda a los principios de transparencias, imparcialidad y equidad, establecidos en el manual que rige cualquier evento electoral democrático en cualquier lugar del planeta, hecho del que, por cierto, ha tomado debida nota la comunidad internacional.

II.

Muchos creyeron que al día siguiente tendríamos un país un poco más aliviado, pero parece haber ocurrido todo lo contrario. La duda sobre los resultados deja la sensación de que perdimos todos, los opositores, los oficialistas, los que fueron y los que no fueron a los centros de votación. Así, a los serios aprietos por los que atraviesa nuestra sociedad, hay que sumar ahora la profundización de la crisis política, ocasionada por la manera como tuvo lugar la designación de los gobernadores. Aquel lunes 16 amaneció un país receloso del voto, seguramente también del diálogo, y quien sabe si con la tentación, en algunos sectores, de recurrir a los caminos verdes para solventar nuestras desventuras colectivas. Sería un pésima noticia que lo que digo fuera siquiera probable.

III.

A raíz de lo ocurrido, por los lados opositores crece el convencimiento de que la MUD debe revisarse de pies a cabeza y determinar por qué no capitalizo el abrumador rechazo al gobierno del Presidente Maduro. Urgente, por tanto, dicen muchos, que elabore un relato político que interprete la actual realidad nacional y le dé un sentido a este país que, desde hace varios años, viene transitando por una calle ciega.

En los predios gubernamentales, no se observa sino una gran euforia. El oficialismo fue mejor, sin duda, en el terreno de la estrategia. Logro, es cierto, voltear el escenario dibujado en las predicciones, pero 5 millones de votos no alcanzan a reflejar el humor político del país, ni siquiera, me aventuro a creer, el de todos los que apoyaron a los aspirantes del PSUV. En efecto, es ésta una cifra abultada por una maquinaria apuntalada por el Estado, basada en la manipulación del elector a través de diversos mecanismos de control social, rayando casi siempre en el chantaje, y, como dije antes, favorecida por un sistema electoral cuidadosamente diseñado y pensado desde el ventajismo. Es pues, una cifra parcialmente mentirosa, tal vez no en el sentido aritmético, pero si en su significado político.

IV.

Salta a la vista que el país se le fue de las manos al Gobierno. La crisis se le hace cada vez más aguda y compleja y no dispone para encararla sino de un catálogo de medidas “ideológicas” repetidas, de las que parece cautivo. Desde hacer rato, el chavismo luce consumido como proyecto político, tampoco interpreta bien al país y es incapaz de re inventarse luego de casi veinte años de gestión, no muy exitosos que digamos según lo muestran los diagnósticos a la mano. El chavismo de ahora hace parte de un hibrido confuso e incómodo con el madurismo, envuelto en una épica de la que solo quedan consignas desmesuradas que parecieran, incluso, muy difíciles de vocear. Creo, pues, que cinco millones de votos, logrados en la forma como se lograron, no dan para presumir. Una parte importante de ellos proviene, como señalé, de los trucos legales y de la coacción sobre los ciudadanos y también, cuidado con ignorarlo, de los desaciertos opositores. No se han generado en la convicción, ni tampoco en la fe y, menos que menos, en la confianza en el gobierno. En otras palabras, esos sufragios no alcanzan para disimular su responsabilidad en el desacomodo venezolano. Ni son suficientes, tampoco, para abatir las ganas de cambiar radicalmente las cosas que tiene la gente.

En fin, si yo fuera el Presidente Maduro no me alegraría mucho con lo ocurrido el domingo de hace dos semanas. Estaría preocupado, y mucho.

HARINA DE (¿OTRO?) COSTAL

Los vi alrededor de dos sacos de basura, ubicados en un lugar en donde suelen ir casi todas las tardes, a eso de las cuatro. Se trata de cinco niños, de siete u ocho años, y de un par de adolescentes. Estaban comiendo desperdicios y a la vez recogiéndolos en pequeñas bolsitas para llevarlos a su casa. Me encuentro cerca de ellos y puedo escuchar que uno de los niños dice, con la boca llena, que la basura era mejor antes.

Es terrible que ésta pueda ser una manera de describir a la sociedad venezolana.

El Nacional

Miércoles 25 de octubre de 2017

 4 min


La juramentación de los gobernadores adecos ante la fraudulenta constituyente muestra cómo desde hace tiempo partidos de la MUD se fueron entendiendo subrepticiamente hasta “entregarse” al postchavismo, postchavismo que empleará esta “entrega” para profundizar las grandes contradicciones de los partidos del S.XX con los partidos del S.XXI a objeto de convertirse en la mayor minoría del sistema político y mantener el protagonismo de la barbarie del socialismo a juro. Los entendimientos subterráneos de los partidos de la MUD con el postchavismo fueron los que impidieron que la Asamblea Nacional electa el 6-D de 2015 construyera un proyecto que cumpliendo con la Constitución desalojara al régimen autocrático-militarista del poder.

La juramentación de los gobernadores adecos muestra un estado de descomposición, división, desunión y desarreglo que hoy causa el más alto grado de desconfianza e indignación de un cuerpo societal que se siente ofendido y vejado, por quienes atribuyéndose condición de liderazgo, resultan que no son más que operadores de grupos de interés que nada tiene que ver con la democracia. Con la democracia y mucho menos con la expectativa de más del 83% de los venezolanos que padecen la desgracia del postchavismo ladrón, inepto e irresponsable en su gestión que hoy abraza vía juramentación a los gobernadores adecos.

La juramentación de los gobernadores adecos arrastra al extremo la descomposición de la MUD y decreta su muerte. La muerte de una organización suprapartido que debió comprender la enorme responsabilidad que significaba dirigir el valor democrático frente al bestiario autocrático-militarista y marxistoide. Grupo marxistoide que después de 18 años ha creado una sociedad a nivel de las desgracias. La muerte de la MUD significa el fin de un espacio político en el cual irresponsablemente se ha venido jugando el destino de una sociedad que reclama democracia, que cree en el gentilicio venezolano, que siente desprecio por el militarismo y sobre todo…quiere curar la llaga de la exponencial corrupción que ahoga hoy a Venezuela.

La muerte de la MUD se explica por la enorme desconfianza que hoy sienten los venezolanos frente a la escaza dimensión moral de los supuestos líderes y al oportunismo de unos operadores políticos regionales, además la falta de una institución invisible capaz de ampliar la calidad de acciones dentro del sistema político. Una institución que hubiese privilegiado la moral política por el bien común de los venezolanos y que precisará el tiempo crítico para la resolución de las demandas que hoy aterran a la Nación. La muerte de la MUD obliga a que haya una RENOVACIÓN del supuesto liderazgo y que esa RENOVACIÓN defina una VISIÓN POLITÍCA DE PAÍS y relacionada con ella una ESTRATEGIA donde se defina la META y quede asentado que no existe ninguna posibilidad de negociación con la revolución.

La muerte de la MUD constituye un reto para los partidos del siglo XXI y para todas aquellas agrupaciones políticas que entiendan que las democracias reales en tensiones permanentes demandan de la confianza del ciudadano como un acuerdo del pueblo. La muerte de la MUD lo que propone no es otra cosa más que el ejercicio del poder pero como poder de prevención, poder de prevención que tendrá que estar íntimamente ligado al ciudadano mediante un proceso permanente de retroalimentación para que sepa de manera cierta, cuál es el vector de direccionalidad que afecta a la crisis política venezolana.

La muerte de la MUD impone, obliga a distanciarse del régimen autocrático, dictatorial, comunista que manipula, sobrecarga de información y trastoca mediante la opinión pública el funcionamiento del gobierno. Así mismo la muerte de la MUD obliga la presencia permanente de la Resistencia Civil para contener al régimen autocrático-militarista que viola la Constitución, desprecia las leyes, coopta al venezolano y pretende engañar la postura internacional con el solo interés de mantenerse en el poder. Esta demencia y vacío por la MUD es la que pudiera conducir a Venezuela a una posible explosión social.

Posible explosión social ante el vacío de la muerte de la MUD, más la falta de presencia de acciones políticas concretas, más la incomprensión del nuevo mapa político lo que conduciría a esa posible Explosión social que está llamando a gritos a un liderazgo político emergente —que aún no siendo clase política— pueda producir un halo de rectitud que facilite la posibilidad conducir una Resistencia Civil distante de los enfrentamientos públicos y las provocaciones del partido político en armas como gobierno, que desde el 15-O ha venido amenazando a la ciudadanía democrática venezolana.

@JMachillandaP

Director de CEPPRO

Caracas, 24/10/2017

 3 min


Del 15-O a diciembre 2018¿A quién achacar la culpa de que el 15 de octubre los candidatos demócratas solo lograran ganar en cinco estados? ¿Al fraude realizado por el totalitarismo rojo? ¿A la abstención? ¿A la poca aceptación de nuestros candidatos? ¿A la ausencia de muchos testigos? ¿A la eficiencia de la maquinaria roja para movilizar a los suyos? ¿Al amedrentamiento por parte de los paramilitares rojos? A varios días de los comicios pareciera que hubo una causa principal y otras secundarias.

Estemos claros que la causa principal fue que el Estado utilizó todo su poder para realizar un gran fraude en contra de los electores. Fraude es una “acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete”. Al respecto, la Conferencia Episcopal declaró que “El CNE es un árbitro parcializado. Es indispensable recuperar la justicia y ética del sistema para que la ciudadanía pueda expresarse libre y confiadamente”

El excelente Informe Preliminar de Red de Observación Electoral de la Asamblea de Educación reseñó parte de los abusos: trabas para la realización de la observación, cambios de centros de votación, expulsión de testigos o impedimento para su ingreso a las mesas, descarado voto asistido, actos de violencia y de amedrentamiento, escrutinio no público, máquinas dañadas, corte de energía eléctrica y abusos del Plan República. La Observación concluyó que “El proceso en su conjunto estuvo signado por tal cantidad y variedad de vicios, que superan con creces los conocidos en elecciones anteriores, que hace imposible considerarlas una expresión fiel de la voluntad ciudadana”.

En Bolívar fue descarada la alteración de números por el CNE para arrebatar el triunfo a Andrés Velásquez. En Miranda, Ocariz presentó cifras de electores obstaculizados para votar y de abusos contra nuestros testigos. Ángel Oropeza (MUD) resaltó que las irregularidades afectaron a más de tres millones de votos. Por su parte, el grupo de afectos al chavismo que integran la Plataforma de Defensa de la Constitución aseveró en Aporrea que hubo "un proceso de fraude sostenido".

El fraude fue la causa determinante que explica por qué los rojos se apoderaron “a lo Jalisco” de 18 gobernaciones, pero hay que adicionar otras de menor importancia. En algunos casos, la abstención fue una de ellas. No hay duda de que una parte de los opositores no estaba motivado para votar. Razones no faltaban, sin embargo hubo otras de más peso que indujeron a casi todos los partidos políticos a llamar a votar y lo procedente era apoyar a nuestros candidatos.

En Aragua era cuesta arriba que Ismael Gracía ganara después de los señalamientos en su contra, con o sin razón, de Primero Justicia. Algo similar fue el caso de Bernabé Gutiérrez en Amazonas.

Por otra parte, se repitieron algunas fallas del pasado atribuibles a los partidos. En un considerable porcentaje de Mesas no contamos con los testigos o bien estos no estaban calificados para desempeñar su trabajo. Al día siguiente la MUD no disponía de todas las actas.

Hemos sido defensores de la MUD, pero sin duda que quienes la integran no terminan de trabajar en equipo. Esto demuestra que el liderazgo está atomizado. Las distintas explicaciones de la reciente derrota evidencian la falta de comando ¿Qué vamos a hacer ante las próximamente elecciones de alcaldes y Consejos Legislativos? Capriles declaró que esa vía está cerrada, pero mientras no exista una gran rebelión popular y la Fuerza Armada y el TSJ sean instituciones sumisas, no se visualiza otra vía, desde luego acompañada de protestas y solidaridad internacional. A sabiendas de las dificultades, es necesaria la designación de un nuevo CNE, inexplicablemente demorado, en lo cual la presión internacional debería ayudar.

Sin descalificar, ni quitarle méritos a quienes han luchado con tesón, pensamos que la dirigencia debe considerar que, si hay elecciones presidenciales en el 2018, la única posibilidad de ganarlas es con un candidato que aglutine, que sienta las necesidades del pueblo y sea percibido como capaz de remediarlas y de reconstruir el país. Las circunstancias parecen aconsejar que los actuales líderes pospongan sus legítimas aspiraciones, se olviden de primarias y apoyen a un candidato independiente. Es ridículo que, por ejemplo, después de su derrota aplastante, Falcón declare que aspira ser candidato presidencial.

Como (había) en botica: Los demócratas no votaron para conservar espacios, sino como un frente más de lucha para salir del totalitarismo. La iniciativa de nuestros gobernadores de "consultar a sus sectores locales" si se juramentan ante la espuria Constituyente no era procedente. Es comprensible que los intereses económicos que giran alrededor de las gobernaciones prefieran que los candidatos asuman a cualquier costo. Sin embargo, estos deben considerar que el régimen limitará sus competencias y restringirá el presupuesto, por lo que es muy poco lo que podrán hacer para solucionar los problemas del pueblo y el costo político de la sumisión sería elevado. Ojalá tengan coraje y no cedan ¡Bravo por Andrés Velásquez! Lamentamos el fallecimiento del distinguido petrolero Franco D’Orazio.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Moisés Naím

El mundo tiene un problema de líderes. Hay demasiados que son ladrones, ineptos o irresponsables. Algunos están locos. Muchos combinan todos estos defectos, pero también tenemos un problema de seguidores.

En todas partes las democracias están siendo sacudidas por los votos de ciudadanos indolentes, desinformados o de una ingenuidad solo superada por su irresponsabilidad. Son los británicos, que al día siguiente de haber votado a favor de romper con Europa, buscaron masivamente en Google qué significa eso del Brexit. O los estadounidenses que votaron por Donald Trump y ahora están descubriendo que su presidente les hará perder el seguro de salud. O quienes le creyeron cuando prometió que no gobernaría con las élites corruptas de siempre y ahora ven cómo lobistas que representan voraces intereses particulares y ocupan importantes cargos en la Casa Blanca. Son los ciudadanos que no pierden el tiempo votando, ya que “todos los políticos son iguales” o quienes están seguros de que su voto no cambiará nada. Seguramente usted conoce gente así.

Por supuesto que hay que esforzarse en buscar mejores líderes, pero también hay que mejorar la calidad de los seguidores. Ciudadanos mal informados o políticamente apáticos los ha habido siempre. Al igual que aquellos que no saben por quién están votando o contra quién. Pero ahora las cosas han cambiado y los votos de los indolentes, los desinformados y los confundidos nos amenazan a todos.

Internet hace más fácil que los peores demagogos, oscuros intereses y hasta dictaduras de otros países manipulen a los votantes más desinteresados o distraídos. La Red no es solo una maravillosa fuente de información, sino que también se ha convertido en un tóxico canal de distribución de mentiras transformadas en armas políticas. En Internet todos somos vulnerables, pero lo son más quienes por estar muy ocupados o por simple apatía no hacen mayor esfuerzo por comprobar si es verdad lo que dicen los seductores mensajes políticos que les llegan.

Y no son solo los apáticos. En el polo opuesto están los activistas, cuyas posiciones intransigentes hacen más rígida la política. Quienes están muy seguros de lo que creen encuentran en la red refugios digitales en los que solo interactúan con quienes comparten sus prejuicios y en los que solo circula la información que refuerza sus creencias. Más aún, las redes sociales como Twitter, Instagram y otras obligan a usar mensajes muy breves, los famosos 140 caracteres de Twitter, por ejemplo.

Esta brevedad favorece el extremismo, ya que cuanto más corto sea el mensaje, más radical debe ser para que circule mucho. En las redes sociales no hay espacio ni tiempo, ni paciencia para los grises, las ambivalencias, los matices o la posibilidad de que visiones encontradas tengan puntos en común. Todo es o muy blanco o muy negro. Naturalmente esto favorece a los sectarios y hace más difícil llegar a acuerdos.

¿Qué hacer? Para comenzar, cuatro cosas.

Primero: Una campaña de educación pública que nos haga a todos menos vulnerables a las manipulaciones que nos llegan vía Internet. Es imposible lograr un completa inmunidad contra los ataques cibernéticos que, usando mentiras y tergiversaciones, tratan de influir en nuestro voto o en nuestras ideas. Pero eso no significa que la indefensión sea total. Hay mucho que se puede hacer y divulgar las mejores prácticas de defensa contra la manipulación digital es un indispensable primer paso.

Segundo: Es inútil ofrecer mejores prácticas a quienes no están interesados en usarlas. Una sostenida campaña que explique las nefastas consecuencias electorales de la indolencia igualmente indispensable.

Tercero: Hay que hacerles la vida más difícil a los manipuladores. Quienes orquestan las campañas de desinformación deben ser identificados, denunciados y, en los casos de abusos más flagrantes, demandados y enjuiciados. Estos manipuladores florecen en la opacidad y se benefician del anonimato. Por tanto, hay que hacer más transparentes los orígenes, las fuentes y los intereses que están detrás de la información que consumimos. Es necesario disminuir la impunidad con la que operan quienes están socavando nuestras democracias.

Cuarto: Impedir que las empresas de tecnología informática y de redes sociales sigan actuando como facilitadores de los manipuladores. La interferencia extranjera en las elecciones de Estados Unidos o en otros países no hubiese sido posible sin Google, Facebook, Twitter y otras empresas similares. Hoy sabemos que al menos estas tres compañías se lucraron al vender mensajes de propaganda electoral pagados por clientes asociados a operadores rusos. Hay que obligar a estas empresas a que usen su enorme poder tecnológico y de mercadeo para proteger a sus consumidores. Y hay que hacerles más costoso el que sigan sirviendo de plataformas para el lanzamiento de agresiones antidemocráticas.

@moisesnaim

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/peor-que-los-malos-lidere...

 3 min


Willy McKey

Seguro usted pudo ver la fotografía. En el lado derecho están los gobernadores electos, militantes de Acción Democrática. En el lado izquierdo destacan Delcy Rodríguez juramentándolos y Elvis Amoroso sosteniendo un libro rojo que aún no consigue lugar en nuestro imaginario.

Y entre ambas partes un enorme vacío, un espacio insalvable.

Un abismo. Ese abismo.

Sin embargo, existe un elemento singular que no debería pasar desapercibido. En el centro del encuadre hay una verdadera revelación: un retrato de Simón Bolívar es resemantizado por el contexto político de aquello que el fotógrafo ha decidido registrar.

No tiene sentido explicar las miradas de los gobernadores puestas en el suelo. Tampoco el vaso de vidrio abandonado en la pequeña mesa por descuido protocolar. Ni Alfredo Díaz jurando con la mano izquierda. Dejemos eso a un lado. Veamos el cuadro y el abismo. Aprovechemos esa lectura que abre la puesta en escena y cómo transforma de manera poderosa al poco conocido retrato de El Libertador.

Tito Salas, autor de ese retrato de Simón Bolívar que está basado en que le hiciera Guérin, optó por representar a El Libertador en una pose retórica. Sin embargo, ahora el contraste entre la mano derecha del prócer puesta en la cintura y la izquierda apoyada en diagonal deja de parecer simple y neoclásico. Al estar viendo hacia los gobernadores, su actitud la transforma en un gesto reprobatorio, como si desde los territorios de la Independencia el evento generara algo de vergüenza en ese hombre que los mira. Algo similar sucede con los ojos: parecen abandonar el manido recurso plástico de la mirada histórica puesta en la eternidad. La juramentación y la manera en la que decidieron distribuirse en el espacio hacen que luzca displicente, altanera, acusatoria. Para terminar, detrás del Padre de la Patria, las soleadas montañas recuerdan inevitablemente la Campaña Admirable, aquella que según algunos biógrafos fue capaz de afectar sus pulmones hasta asfixiarlo. A veces funciona así la historia de nuestros líderes: aquello que alguna vez pudo parecerse a la victoria termina trayendo consigo causas que conducen a la nada.

Desde ahí parece verlos el prócer retratado: desde este largo rosario de equivocaciones que define nuestra breve y tantas veces vergonzante historia política.

Hay algo paradójico en que, apenas horas después, ese mismo régimen que los juramentó se encargó de nombrar “protectores” en cada uno de los estados representados. Es decir: ahora les tocará co-gobernar junto al mismo candidato que pudieron derrotar gracias a un proceso unitario que incluyó un apoyo popular que rebosaba las limitadas filas de su partido. Ese apoyo que hoy aparece traicionado.

¿Qué debe generarle a un votante, demócrata y esperanzado, una acción tan salida de goznes y bochornosa como ésta? ¿Cómo se incorpora a la vida civil la idea de unos gobernadores electos que asumen la opción de la humillación y van, como un pequeño rebaño, al matadero de la Democracia? ¿Quién vuelve a poner sus ánimos en la misma dirección?

Son preguntas para las cuales un retrato parece tener mejores respuestas que cualquiera de estos cabizbajos líderes de provincia.

Ahora bien: entendido el asunto del cuadro, durante largo rato me seguía preguntando por el abismo.

Es decir: si el retrato había adquirido un nuevo sentido, ¿cuál era la función de estos metros de separación?

¿Cómo aparece esa distancia que, de manera tan artificial, separa a los constituyentes de los gobernadores?

¿Para qué mantener la distancia, cuando ya habían asumido estar juntos bajo el techo de la Casa Amarilla?

Fue esa última pregunta la que dio lugar a la alegoría: ese espacio entre ambas partes está ahí para poner en evidencia a los fantasmas de la historia.

Ese abismo podría ser ocupado por los rebullones de 1810. Vicente Emparan y José Cortés de Madariaga convertidos en espantos, capaces de susurrarle al oído aquello de lo que ninguno parece haberse dado cuenta.

Tras la traición a la unidad, estos gobernadores decidieron ir a juramentarse a la Casa Amarilla, el único edificio que figura en nuestra épica porque alguna vez se dijera en sus balcones “Yo tampoco quiero mando”.

No somos el mismo pueblo que en 1810 supo interpretar la cobardía de Emparan con tino, pero la Casa Amarilla sigue siendo el escenario ideal para poner en evidencia a unos gobernadores cuando se ven sobrepasados por un pueblo que les quedó grande y se hartó de ser jodido.

http://prodavinci.com/blogs/el-juramento-por-willy-mckey-1/

 3 min


¿Alguien puede explicar, sin epítetos innecesarios, las razones que condujeron a los gobernadores vinculados con AD a prestar juramento ante una ANC, vapuleada y cuestionada moralmente por todos los demócratas y, de manera justa e implacable por el Secretario General HRA?

¿No bastaba el obsceno ventajismo oficialista que exhibe sin rubor su carencia de principios para, en alianza vergonzosa con las 4 conjuradas CNE, cometer todas las tropelías existentes para continuar disfrutando del Poder?

¿No era suficiente la falta de objetividad política del abstencionismo exquisito que, de forma arrogante, veló armas contra quienes decidieron participar, abrogándose la condición de supremos depositarios de virtudes y certezas en el campo opositor?

¿Para qué ahora se sume el bochorno triste de los Juramentados, cuya acción puede provocar mayor desconfianza, frustración, desmovilización y exilio interno en los sectores democráticos opuestos al Gobierno?

¿Los 4 juramentados y la Dirección política de su Partido, estarán conscientes del innegable daño ocasionado a quienes, con épico afán y sacrificio hicieron todo cuanto pudieron para derrotar, precisamente, a los prohijadores de la irrita ANC?

¿No se orientó, parte esencial de sus respectivas campañas para optar a gobernadores a denunciar el origen arbitrario y las ejecutorias de la ANC?

Agrego que los Juramentados fueron electos por una alianza opositora. No se deben a un solo partido, están obligados con todos sus electores y con las otras organizaciones políticas. No se les otorgó un derecho absoluto, Una decisión de esta magnitud debió consultarse. La arrogancia parece estar presente en todos los grupos sin distinción, con los matices habituales

¿Habrán considerado el efecto negativo sobre un universo opositor, de suyo poblado de dudas, muchas legítimas otras inducidas por el desasosiego, pero interrogantes que deben responderse aguzando la transparencia y probidad en las decisiones ?

El Gobernador Tomas Guanipa, excepción notable y honrosa, argumentó que enfrentó a Arias Cárdenas, representante de la ANC y actuó en consecuencia

No es fácil, con estas acciones, obtener el juicio aquiescente de un País atropellado, expectante por la peor crisis desde la etapa post independentista temprana, que espera gestos ejemplificantes de toda la dirección opositora.

¿Y las incontables denuncias contra la ANC en los organismos internacionales? De los cuales recibimos la mayor solidaridad. ¿Qué le dirán uds y HRA? ¿Ya no es tan írrita?

No es fácil!! Como decía el Ciudadano.

Pero debemos seguir impermeables al desaliento, aun cuando algunos se empeñen en promover la desesperanza.

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La Asamblea Nacional Constituyente se ha convertido en un actor político que opera como comodín del régimen para justificar acciones que persiguen el control absoluto del Estado. Su ilegitimidad e inconstitucionalidad poco importan al régimen, pues su utilidad política como espacio para cohesionar a sus seguidores es lo que más les interesa.

En tal sentido, el PSUV encomendó a la dirigencia de su partido decir que las elecciones las había autorizado la Asamblea Nacional Constituyente, de manera que se pudiera ir posicionando la tesis de que gracias a la Constituyente es que se logró realizar esas elecciones que tenían en mora al menos 10 meses.

La intención de posicionar esa tesis es facilitar el camino para exigir como requisito que los gobernadores electos se subordinen a la Asamblea Nacional Constituyente antes de juramentarse en el cargo[1]. En el mes de agosto, el Poder Ciudadano, el Poder Electoral, el Poder Judicial y el propio presidente Maduro, han visitado a la Asamblea Constituyente para expresar su reconocimiento y subordinación a sus decisiones.

El modelo federal descentralizado del Estado y el principio de separación de poderes son ignorados y desconocidos de manera expresa por esa Asamblea Nacional Constituyente, que además de inconstitucional e ilegítima, es desconocida como válida por otros gobiernos del mundo, y su existencia en la dinámica política profundiza la ruptura del orden democrático y constitucional que denunció sistemáticamente la Asamblea Nacional durante el año 2016 e inicios del 2017.

El 12 de agosto de 2017, mediante un documento al que llaman Decreto Constituyente, la ilegítima e inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente ordenó la reprogramación de las elecciones regionales para octubre 2017 en el marco del calendario electoral; en tal sentido, Tibisay Lucena, en su condición de presidenta del CNE, admitió que la elección regional, que originalmente iba a realizarse en diciembre, se adelantó para octubre, en virtud de la solicitud que la supuesta constituyente le hizo mediante el decreto señalado previamente.

Hay que recordar que el 11 de agosto de 2017, Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), acudió a la sesión especial de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para reconocer a ese poder y subordinarse a su mandato. Con esa decisión el CNE claramente aniquiló su autonomía como Poder Público.

Ahora, peligrosamente la Asamblea Nacional Constituyente pretende subordinar a los gobernadores, exigiendo mediante otro documento, llamado Decreto Constituyente de fecha 18 de octubre 2017, que los Consejos Legislativos Estadales no juramenten a gobernadores proclamados hasta tanto ellos no se hayan juramentado ante la Asamblea Nacional Constituyente. Se asfixia así cualquier posibilidad de reivindicar el modelo federal descentralizado de Estado.

El 12 de octubre de 2017, el presidente Nicolás Maduro ya había advertido que los nuevos gobernadores deberían pasar por la supuesta constituyente para cumplir el requisito de reconcerla y subordinarse a ella. En este sentido, hay que ser contundentes y repetitivos, informando y alertando que no existe en el ordenamiento jurídico venezolano norma válida alguna que obligue a ningún gobernador a prestar juramento ante la Asamblea Nacional Constituyente para poder juramentarse conforme al marco normativo vigente.

Es absolutamente contrario a los valores, principios y garantías de nuestro ordenamiento jurídico y de nuestra propia tradición republicana, que el Consejo Legislativo imponga a los gobernadores la necesidad de cumplir como requisito previo para ser reconocidos y juramentados como máxima autoridad civil, la juramentación ante la supuesta Constituyente, tal y como lo anunció el 19 de octubre el Presidente del Consejo Legislativo del estado Táchira a la gobernadora electa de esa entidad federal, Lady Gómez.

En el caso de Táchira, es necesario acudir a la Constitución del Estado, que en su artículo 146 expresamente reconoce que el juramento se hace ante el Consejo Legislativo. El texto permite afirmar con certeza absoluta que no hay ningún otro requisito o condición o exigencia constitucional previa que deba hacerse a la gobernadora electa, a los fines de cumplir con el deber de recibirla para que se juramente ante el órgano legislativo estadal.

El artículo 146 de la Constitución del Táchira expresamente advierte que el juramento de la gobernadora electa debe hacerse “dentro de los cinco (5) días siguientes de la instalación del Consejo Legislativo en su primer año del período constitucional”.

Por lo tanto, un Poder Legislativo estadal, cuyo período ya está vencido y cuya renovación fue intencionalmente omitida por el Poder Electoral –por razones que hoy son claras– carece de toda legitimidad para imponer nuevas condiciones a la gobernadora electa; pero además, institucionalmente no puede obstaculizar la concreción formal del mandato popular expresado legítima y constitucionalmente a través del voto.

Lady Gómez, como gobernadora electa, debería hacer todas las gestiones para juramentarse ante el Juez Rector o un Juez Superior de la Circunscripción Judicial del Estado –para cumplir con la Constitución del Estado, si no puede juramentarse ante el Consejo Legislativo– o, en su defecto, juramentarse ante el Presidente de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Estado. Si no hubiera voluntad política para aceptar cumplir con el mandato constitucional, se concretaría una responsabilidad directa de estos funcionarios del Poder Judicial.

Es oportuno destacar que esa norma de la Constitución del Táchira resulta absolutamente coherente con el artículo 2 de la Ley de Regularización de los períodos constitucionales y legales de los Poderes Públicos Estadales y Municipales, publicada el 23 de diciembre del año 2010, en Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.013, en cuyo contenido expresamente ordena que los consejos legislativos y los gobernadores deben ser electos de manera conjunta.

Este artículo de la ley señalada evidencia y prueba que la convocatoria del CNE para la elección de gobernadores resulta contraria al mandato legal. Gravemente, la rectora Tibisay Lucena, con sus declaraciones, reconociendo que reprogramó su calendario electoral por solicitud de la Constituyente, actuó con parcialidad e intencionalidad, en una estrategia fraudulenta para ignorar el resultado legítimo de la voluntad popular en las elecciones del 15 de octubre 2017.

El papel que juega políticamente, fuera del marco constitucional, la supuesta Constituyente, es un ejemplo terrible que alerta con mucha claridad que la formalidad institucional se agotó y entramos en un régimen dictatorial que cuenta con una estrategia cuidadosamente definida para que el comodín político de la ruptura definitiva del orden constitucional y democrático sea la Asamblea Nacional Constituyente.

¿Qué pueden hacer los tachirenses? Si actuamos reivindicando el modelo federal descentralizado y el orden constitucional, atendiendo a los artículos 350 y 333 de la Constitución Nacional aún vigente, es importante que los tachirenses agreguen en su discurso, narrativa y motivación cívica, el artículo 246 de la Constitución del estado Táchira, pues en ese artículo se garantiza la desobediencia civil.

En consecuencia, el artículo 76 de la Constitución estadal plantea un mecanismo para reclamar y reivindicar el ejercicio del voto directo, secreto y universal del pasado 15 de octubre. Se trata del reconocimiento constitucional en la entidad federal, de asambleas consultivas comunitarias para abordar temas de interés estadal. Éste es, sin duda alguna, por su gravedad, uno de esos temas.

Tal vez es el momento de convocar esas asambleas consultivas, de manera organizada, estratégica, en distintas comunidades del estado. Se trata de ratificar, de manera aún más contundente, los resultados de la consulta del 16 de julio de 2017, rechazando la ANC –con la indignación que supone el irrespeto a la voluntad popular– y desconociendo al Consejo Legislativo como receptor del juramento, por no ser un Poder Legislativo relegitimado en los términos de nuestro ordenamiento jurídico. Se trata de respaldar legitimamente a la gobernadora Lady Gómez y elevar la voz cívica de reclamo e indignación por tan grosero intento de anular el voto como herramienta política de participación.

El irrespeto a la soberanía popular ha sido ya una política del Consejo Nacional Electoral, pero ahora la existencia de la supuesta Constituyente, obliga, sin ingenuidad, a asumir creativamente acciones cívicas, políticas e institucionales, que reivindique los valores, principios y garantías que hoy son desconocidos por el régimen en esta tarea moral y ética de restituir el orden democrático y constitucional del país.

Artículo escrito para PolitikaUCAB

21 de octubre 2017

https://politikaucab.net/2017/10/20/el-comodin-del-regimen-la-anc/

 6 min